Política
1967: el desastre que sí dejó una lección
El terremoto cuatricentenario que obligó a Caracas a construir de otro modo.
Ficha 6W
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Un terremoto de magnitud 6,3 sacudió Caracas y el litoral central durante unos 35 segundos. |
| Quién | La población de Caracas y La Guaira; el gobierno del presidente Raúl Leoni. |
| Cuándo | El 29 de julio de 1967, días después del cuatricentenario de la ciudad. |
| Dónde | Caracas, con mayor daño en Altamira, Los Palos Grandes y el litoral de Caraballeda. |
| Por qué | La actividad de las fallas del norte del país y la vulnerabilidad de las construcciones. |
| Cómo | El desastre impulsó la creación de Funvisis y la actualización de la norma sismorresistente. |
Las esferas del reloj de la Catedral de Caracas se detuvieron a las 8:02 de la noche del 29 de julio de 1967. La ciudad acababa de cumplir cuatrocientos años cuatro días antes, y por eso el sismo pasó a la historia como el terremoto cuatricentenario. Duró entre 35 y 55 segundos, alcanzó una magnitud cercana a 6,3 y golpeó con especial dureza las zonas de Altamira, Los Palos Grandes y el litoral de Caraballeda.
El balance de una noche
El terremoto dejó 236 muertos registrados, unos 2.000 heridos y cerca de 80.000 personas sin vivienda. Seis edificios se derrumbaron por completo, cuarenta fueron declarados inhabitables y 180 sufrieron daños graves. En Caraballeda, en el litoral, se registraron fenómenos de licuefacción del suelo, el mismo comportamiento del terreno que décadas después volvería a multiplicar la destrucción en la costa central.
Los daños se concentraron en un patrón revelador: los edificios altos y modernos de las zonas del este caraqueño, levantados durante el auge constructor de los años cincuenta y sesenta sin normas sísmicas adecuadas, fueron los que colapsaron. Venezuela no había reglamentado la construcción sismorresistente de forma seria hasta entonces.
La excepción venezolana: una lección aprovechada
Aquí ocurre lo que distingue a 1967 de casi todos los demás desastres de la historia venezolana. El presidente Raúl Leoni ordenó crear dos comisiones para evaluar los daños, y de sus conclusiones surgió una recomendación concreta: fundar un instituto dedicado al estudio de los sismos. Años después, durante la primera presidencia de Rafael Caldera, nació por decreto la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, Funvisis, la institución que aún hoy monitorea la actividad sísmica del país.
El terremoto también forzó la actualización de la norma de construcción a un reglamento más moderno y exigente. Por una vez, Venezuela convirtió una tragedia en política pública. El problema, como muestra el resto de esta historia, es que la lección duró poco.
Lo que vino después de la lección
En las décadas siguientes, la presión demográfica y la ausencia de control urbano deshicieron buena parte de lo aprendido. Se construyó sobre laderas, sobre cauces, sobre los abanicos aluviales de la costa. La norma existía en el papel, pero la ciudad informal creció por fuera de ella. Para cuando llegó diciembre de 1999, el litoral central estaba densamente poblado precisamente en los lugares donde la montaña vuelve a bajar.
1967 demostró que Venezuela sí puede aprender de sus catástrofes. La pregunta que abre el resto de este especial es por qué, teniendo la prueba, eligió olvidarlo.
Fuentes principales: Funvisis; Academia Nacional de Ingeniería y el Hábitat, «El terremoto de Caracas de 1967: 50 años después»; Comisión Presidencial para el estudio del sismo de 1967; hemerografía de archivo.
Alfredo Yánez
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180 días sin Maduro: el terremoto que le compró tiempo al rodrigato
El 3 de julio se cumplen 180 días de la captura de Maduro. La fecha llega con una paradoja: el terremoto que devastó a Venezuela le entregó al gobierno de Delcy Rodríguez una fuente inesperada de legitimidad internacional y empujó la transición aún más lejos en el horizonte.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | El terremoto se convirtió en una fuente inesperada de oxígeno político para el gobierno de transición. |
| Quién | La presidenta encargada Delcy Rodríguez, el rodrigato y los analistas que leen el escenario. |
| Cuándo | Al cumplirse 180 días de la captura de Maduro, el 3 de julio de 2026. |
| Dónde | En Venezuela, en el marco de la transición tutelada por Washington. |
| Por qué | La catástrofe reordenó las prioridades y postergó la discusión sobre la transición política. |
| Cómo | Con una respuesta internacional que reforzó la interlocución del gobierno con la comunidad global. |
Este viernes 3 de julio se cumplen 180 días desde que, en la madrugada del 3 de enero de 2026, una operación militar estadounidense extrajo a Nicolás Maduro de Caracas. Ciento ochenta días. Seis meses. Media vuelta a un país que, como analizó INCÍSOS en su especial «180 grados», quedó suspendido en la mitad de una frase de la Constitución. La fecha, que debía ser una estación de balance sobre el rumbo de la transición, llega marcada por un acontecimiento que nadie previó y que lo reordenó todo: el terremoto del 24 de junio. Y con él, una de las paradojas más amargas de este proceso: la catástrofe que devastó al país terminó, al menos por ahora, apuntalando al gobierno que debía ser transitorio.
El reloj que se detuvo
Conviene recordar dónde estábamos antes de que temblara la tierra. El 3 de julio no es una fecha cualquiera: es el día en que vencía el segundo plazo de 90 días que el artículo 234 de la Constitución fija para una falta presidencial, el reloj que la Sala Constitucional decidió no activar cuando inventó la figura de la «ausencia forzosa» para dejar a Delcy Rodríguez como presidenta encargada. La transición, en el papel, tenía en esta fecha una cita ineludible. En la práctica, esa cita se ha diluido.
Más aún: en los días previos al sismo, había señales de movimiento. Se hablaba de la llegada de la dirigente opositora Dinorah Figuera como encargada de entablar, con respaldo de Washington, una negociación de transición con figuras del chavismo. Era, con todas sus limitaciones, un indicio de que el proceso avanzaba. El terremoto congeló esa conversación. Como resumió el analista Phil Gunson, de Crisis Group, la primera impresión es que el desastre exacerba el instinto defensivo del gobierno, y es posible que cualquier movimiento hacia una transición política se detenga o, al menos, se ralentice.
El oxígeno inesperado
La paradoja de fondo es que una tragedia humanitaria de esta magnitud —más de dos mil muertos, cientos de miles de damnificados— se haya convertido en un activo político para el gobierno de transición. Pero varios analistas coinciden en señalar precisamente eso. La catástrofe puso a Delcy Rodríguez en el centro de una operación internacional de ayuda sin precedentes, y le dio una interlocución con Estados Unidos, Europa y América Latina que, en circunstancias normales, habría tardado mucho más en construir. La emergencia, en cierto modo, la hizo indispensable.
Diversos análisis apuntan en esa dirección. Se ha señalado que la reapertura de relaciones diplomáticas facilita la llegada de ayuda y podría darle al gobierno margen para consolidar su gestión y postergar las discusiones sobre elecciones. La catástrofe, en esta lectura, le compró tiempo al rodrigato: mientras la prioridad sea rescatar, alojar y reconstruir, la pregunta por la legitimidad de origen y por el cronograma de la transición queda, inevitablemente, aplazada. Nadie exige elecciones en medio de una emergencia.
Los límites del oxígeno
Sería un error, sin embargo, leer la situación como un triunfo asegurado del gobierno. El mismo terremoto que le dio oxígeno le impuso una prueba de gestión que puede volverse en su contra. Las encuestas eran, ya antes del sismo, severas: un relevamiento de ORC Consultores compartido con CNN situó la imagen positiva de la gestión de Rodríguez en 13 % en junio, un nivel comparable al del propio Maduro capturado. Y las primeras 48 horas de la emergencia, en las que los vecinos de La Guaira denunciaron la ausencia del Estado, alimentaron un malestar que puede crecer.
El analista Tiziano Breda, de ACLED, advierte que la ayuda le da margen al gobierno, pero también lo expone: si la población percibe politización de la asistencia o corrupción en su manejo, el oxígeno puede convertirse en un búmeran. Y hay una segunda cara, más incómoda todavía: el hecho de que la ayuda provenga en gran medida de Washington refuerza la imagen de un gobierno sin autonomía, dependiente, que gobierna bajo la sombra del tutelaje estadounidense. Rodríguez se ha esmerado en agradecer también la ayuda de países como El Salvador, Cuba y España, en un intento visible de diluir esa percepción de dependencia.
El aniversario incómodo
Así llega Venezuela a sus 180 días sin Maduro: con un gobierno de transición que la tragedia volvió, paradójicamente, más necesario y más cuestionado a la vez; con una transición política que se aleja en el horizonte; y con una reconstrucción por delante que, según un análisis del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, implica daños por unos 6.700 millones de dólares y exigirá una capacidad institucional que hoy luce remota. El plan de tres fases de Washington —estabilización, recuperación, transición— ha retrocedido a sus casillas iniciales: donde debía haber recuperación, hay emergencia.
Media vuelta. Eso significa, literalmente, 180 grados: lo bastante para mirar atrás y ver de dónde se vino, no lo suficiente para completar el giro. Seis meses después de aquella madrugada de enero, Venezuela sigue sin completar la vuelta. Y el terremoto, que sacudió su suelo, parece haber frenado también el poco impulso que la transición había logrado reunir. La pregunta que queda abierta —la que marcará los próximos 180 días— es si esa parálisis es el preludio de una consolidación autoritaria o si, como también advierten algunos analistas, la indignación ciudadana ante un Estado que falló terminará empujando el cambio que la política, por ahora, posterga.
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Nota: Esta nota analiza el escenario político a partir de la lectura de analistas citados y de datos verificables. Distingue entre los hechos y su interpretación, y recoge lecturas diversas sobre un proceso en desarrollo, sin asumir como propia ninguna de ellas. Las cifras de la emergencia corresponden a los balances disponibles y pueden variar.
Fuentes principales: Análisis de Phil Gunson (Crisis Group), Tiziano Breda (ACLED) y ORC Consultores, recogidos por CNN en Español y El Observador; datos del PNUD sobre daños materiales; especial «180 grados» de INCÍSOS (junio-julio de 2026).
Política
Delcy Rodríguez enfrenta a la prensa internacional: la rueda de prensa que no cerró la brecha
A ocho días del terremoto, el Gobierno de transición convocó su primera rueda de prensa de gran formato. Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello enfrentaron a corresponsales de CNN, Telemundo, El País y AFP. Lo que quedó: dos narrativas irreconciliables.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Rueda de prensa del Gobierno de transición para dar balance de la emergencia y responder a críticas de la prensa internacional. |
| Quién | Presidenta encargada Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello; corresponsales de EFE, AFP, El País, Milenio, CNN Internacional y Telemundo. |
| Cuándo | 2 de julio de 2026, octavo día tras el terremoto. |
| Dónde | Caracas, Venezuela. |
| Por qué | Presión de la prensa internacional por la brecha entre el balance oficial y los testimonios de abandono en zonas afectadas. |
| Cómo | Con defensa enérgica de la gestión oficial, rechazo frontal a las críticas y anuncios de negociaciones con EE.UU. y el FMI para la reconstrucción. |
A ocho días del terremoto que devastó Venezuela, el Gobierno de transición convocó su primera rueda de prensa de gran formato ante la prensa internacional. La presidenta encargada Delcy Rodríguez, acompañada por Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, enfrentó durante más de dos horas un interrogatorio sostenido de corresponsales de EFE, AFP, El País, Grupo Milenio, CNN Internacional y Telemundo. Lo que quedó fue un retrato de las dos narrativas que se disputan el relato de la emergencia: la del Gobierno, que defiende una respuesta inmediata y eficaz, y la de los damnificados y la prensa, que documentan abandono y desatención en las horas decisivas.
El pulso con la prensa internacional
La comparecencia arrancó con el anuncio del balance oficial: poco más de 2.500 muertos, más de 11.000 heridos y cerca de 80.000 familias atendidas. Pero el tono lo marcaron las preguntas. Los corresponsales presionaron sobre los retrasos en la llegada de funcionarios y de maquinaria de rescate en los días críticos. El periodista Julio Vaqueiro, de Telemundo, resumió el reclamo con una frase que se volvió el centro de la jornada: en las zonas afectadas, dijo, se han visto militares «con armas y no con palas, como lo piden los venezolanos».
La respuesta de Rodríguez fue de rechazo frontal. Calificó de «miserable, desalmado, desconsiderado» que se negara el despliegue de la fuerza pública, y sostuvo que las denuncias respondían a «laboratorios y matrices» creados para politizar la emergencia. «Que alguien diga que se le negó acceso, ayuda, que alguien diga que no hay; no, eso no existe», afirmó. Defendió que el Estado se activó «inmediatamente» tras los sismos, con un decreto de emergencia y el despliegue de los sistemas de protección civil, y pidió no caer en «generalizaciones» que, dijo, ofenden a quienes trabajan de buena fe.
Las explicaciones y las cifras
Rodríguez ofreció explicaciones para las demoras que denunciaron los damnificados. Atribuyó el retraso en la llegada de rescatistas desde estados distantes, como Mérida y Zulia, a los graves daños en la infraestructura de transporte: tanto el aeropuerto internacional como el nacional resultaron afectados por los temblores, lo que obligó a improvisar puentes aéreos desde terminales más cercanas, en Aragua y Carabobo. Insistió en que la respuesta institucional «estuvo activa desde el primer momento» y reivindicó el papel de la Fuerza Armada como «pilar» del rescate.
En el plano de las cifras, la mandataria enfrentó uno de los cuestionamientos más incómodos. Corresponsales de Milenio y CNN preguntaron por la brecha entre los datos oficiales —poco más de 2.500 muertos— y las cerca de 10.000 bolsas para cadáveres que, se mencionó, habría enviado el sistema de Naciones Unidas. Rodríguez defendió la rigurosidad de sus números, explicó que se realizan cruces de datos mediante huellas dactilares y aseguró que incluso se han detectado casos de personas registradas como fallecidas que luego aparecieron con vida. Negó, además, de manera categórica, el uso de fosas comunes, y afirmó que se siguen protocolos de identificación para que cada familia reciba un expediente de su allegado.
El dato personal y el trasfondo
En un momento de la comparecencia, Rodríguez introdujo un elemento personal: reveló que padece una «afección de salud», de la que no dio detalles, y que le afecta visiblemente la voz. «Ahora mismo tengo un dolor interno muy profundo y la voz quebrada porque tengo una afección de salud», dijo, para añadir que prefiere «convertir ese dolor en acción» y trabajar sin descanso. La revelación, sobria y sin precisiones, introdujo una nota humana en una jornada por lo demás combativa.
Más allá del pulso con la prensa, la mandataria dejó también anuncios de fondo. Aseguró que el Gobierno mantiene contactos con el Departamento de Estado de Estados Unidos y con el Fondo Monetario Internacional para recuperar recursos que financien la reconstrucción, y agradeció el apoyo de 147 países. La coincidencia de esa colaboración internacional con el tono confrontativo hacia la prensa extranjera ilustra la posición ambivalente del Gobierno de transición: dependiente de la ayuda externa y, a la vez, a la defensiva frente al escrutinio que esa misma apertura trae consigo.
Una brecha que no se cierra
La rueda de prensa del 2 de julio confirmó que, a ocho días de la tragedia, la gestión de la emergencia se ha convertido en un campo de disputa. De un lado, un Gobierno que insiste en que su respuesta fue inmediata y eficaz, y que atribuye las críticas a una operación de desinformación. Del otro, un conjunto de testimonios —recogidos por la prensa nacional e internacional y por las propias comunidades— que describen abandono y desatención en las horas decisivas. Entre ambos relatos, la verdad de lo ocurrido en cada zona afectada se dirime testimonio a testimonio, y difícilmente se resuelva en una sala de prensa. Lo que la comparecencia sí dejó claro es que el Gobierno ha optado por la defensa enérgica antes que por el reconocimiento de fallas, una estrategia cuyo costo político dependerá de cuál de los dos relatos terminen creyendo los venezolanos.
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Nota: Esta nota informa sobre una rueda de prensa oficial a partir de reportes de agencias y medios presentes en el acto. Reproduce declaraciones textuales de las autoridades y de los periodistas, y contrasta las distintas versiones sin asumir como propia ninguna de ellas. Las cifras corresponden al balance oficial disponible y pueden variar.
Fuentes principales: Rueda de prensa de Delcy Rodríguez, Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello (2 de julio de 2026), recogida por EFE, AFP y corresponsales de El País, Grupo Milenio, CNN Internacional y Telemundo; reportes de El Nacional, La Patilla, El Tiempo, RPP y El Universal.
Política
«Voy a volver a Venezuela»: Machado habla de duelo, reconstrucción y regreso
En una extensa entrevista con Erika de la Vega desde Panamá, María Corina Machado habló del duelo colectivo por el terremoto, reafirmó su intención de regresar a Venezuela y llamó a transformar la rabia social en organización cívica. Sus palabras, y lo que revelan sobre el momento del país.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Machado reafirmó que volverá a Venezuela y llamó a canalizar la rabia hacia la organización cívica. |
| Quién | La líder opositora María Corina Machado, entrevistada por Erika de la Vega. |
| Cuándo | Una semana después del terremoto del 24 de junio de 2026. |
| Dónde | En una entrevista grabada en Panamá, para el programa «En Defensa Propia». |
| Por qué | La tragedia reordenó el debate político y colocó el duelo y la reconstrucción en el centro. |
| Cómo | Con un mensaje que combina consuelo espiritual, llamado a la unidad y apuesta por lo cívico. |
Una semana después del terremoto que devastó a Venezuela, María Corina Machado escogió un tono distinto al de la arena política habitual. En una extensa entrevista con la presentadora Erika de la Vega para el programa «En Defensa Propia», grabada en Panamá, la líder opositora habló menos de estrategia y más de duelo, resiliencia y reconstrucción. El resultado es una conversación que funciona en dos niveles: como mensaje de consuelo a un país en shock y como definición del papel político que Machado aspira a jugar en lo que viene. Vale la pena leer ambos.

«Voy a volver a Venezuela»
La declaración más noticiosa de la entrevista fue también la más directa. Consultada sobre su regreso al país —después de dos intentos fallidos en los días previos—, Machado fue categórica: «Yo voy a volver a Venezuela. Y estamos para que eso ocurra». Enmarcó ese deseo en el terreno de lo emocional, relatando el mensaje de una madre que, frente al edificio donde buscaba a sus hijos, le pedía estar a su lado. «Yo quiero que mis manos sean útiles, poner mi energía, mi fuerza, mi amor en esto», afirmó.
Ese reiterado anhelo de volver adquiere un peso particular a la luz de lo ocurrido en los días recientes, cuando sus intentos de ingresar al país se toparon con obstáculos que, según diversos reportes, no provinieron únicamente de Caracas. En la entrevista, Machado no entró en esos detalles ni atribuyó culpas por el bloqueo; prefirió mantener el registro en la voluntad de regresar antes que en los impedimentos. Es una decisión comunicacional coherente con el tono general de la conversación, centrado en la unidad y no en la confrontación.
El duelo y la rabia
Buena parte del diálogo giró en torno al estado anímico del país. Machado describió una Venezuela «en duelo», con pérdidas «profundamente dolorosas» cuya magnitud aún se desconoce, y sostuvo una idea que recorrió toda la entrevista: que la tragedia, con ser terrible, ha revelado lo mejor de la sociedad venezolana. «Ante la ausencia absoluta del Estado, fue la ciudadanía la que primero reaccionó», afirmó, en la línea de lo que numerosos testimonios han descrito sobre los primeros días de la emergencia.
El pasaje más sustancioso, desde el punto de vista político, fue su reflexión sobre la rabia social. La entrevistadora le preguntó, sin rodeos, cómo evitar que la frustración derive en un «estallido». Machado reconoció que esa rabia es «100% válida», pero planteó que debe ser «canalizada», «encauzada» y «liderada». Sostuvo que la sociedad venezolana, pudiendo haber optado por la anarquía, eligió «una forma constructiva de organización, de solidaridad», y reivindicó la necesidad de «fuerzas ordenadoras que encaucen». En esa formulación se lee, con claridad, su apuesta: convertir el malestar social en organización cívica antes que en estallido, con un liderazgo —el suyo— que oriente ese cauce.
La verdad como cimiento
Un eje conceptual atravesó la conversación: la idea de la verdad como base de la reconstrucción. «Se derrumbaron edificios e instalaciones. También se derrumbaron caretas, se derrumbaron mentiras», dijo Machado, para argumentar que el país solo podrá reconstruirse sobre «fundaciones robustas» de verdad y confianza. Vinculó esa reconstrucción no solo a lo material, sino a lo institucional: la necesidad de «construir instituciones», «reglas de juego» y «estado de derecho» para que «jamás esto vuelva a repetirse». Insistió, además, en que la reparación de las víctimas es condición para «la reconciliación y el perdón».
Es un marco que trasciende la coyuntura del terremoto y conecta con el discurso de fondo de la dirigente: la idea de que la crisis venezolana es, en su raíz, una crisis de confianza y de instituciones. Al ligar la reconstrucción física con la institucional, Machado inscribe la tragedia dentro de su narrativa política más amplia, aquella que plantea la necesidad de refundar el país sobre bases distintas.
Un relato que conviene contrastar
Hubo un punto de la entrevista que merece una lectura más atenta. Consultada sobre el estado de sus relaciones internacionales, Machado las describió como «fluidas, continuas, además francas», y afirmó mantener comunicación «del más alto nivel» con presidentes de América Latina, Europa y Estados Unidos. Preguntada por qué se dice lo contrario, respondió que «habrá actores o intereses que quieren generar fricciones donde no las hay», reconociendo diferencias de posición que, dijo, «se conversan, se resuelven y se avanza».
Ese retrato de armonía conviene contrastarlo con lo que han documentado diversos reportes en los días recientes. La prensa internacional ha dado cuenta de tensiones concretas en torno a su regreso, incluida la renuencia de la Administración estadounidense a respaldar su ingreso al país en plena emergencia, por temor a politizar la ayuda. No se trata de desmentir a Machado —las relaciones diplomáticas admiten, a la vez, cooperación y fricción—, sino de señalar que su descripción de una sintonía sin sobresaltos ofrece solo una cara de un cuadro más complejo. Para el lector, sostener ambas versiones a la vez —la de la interlocución fluida y la de las tensiones reales— es la única forma de entender el momento con precisión.
Entre el consuelo y la política
La entrevista de Machado con Erika de la Vega debe entenderse, en definitiva, como lo que es: una pieza de comunicación cuidada, en un momento de enorme sensibilidad. En el plano humano, es un mensaje de consuelo y unidad dirigido a un país en duelo, y como tal cumple una función real. En el plano político, es una reafirmación de liderazgo: Machado se posiciona como la voz capaz de encauzar la rabia social, de encarnar la reconstrucción y de mantener viva la aspiración de cambio, incluso desde la distancia que le impone su situación. Ambas dimensiones conviven en cada respuesta.
En una semana en que la política venezolana se debate entre el duelo y el cálculo, la aparición de Machado en este registro —espiritual, unitario, centrado en la gente— es en sí misma un movimiento significativo. Confirma que, aun fuera del país y con su regreso en suspenso, la dirigente sigue buscando marcar el tono de la conversación nacional. Si lo logrará, y si podrá finalmente volver para hacerlo desde el terreno, es una de las grandes preguntas abiertas de la Venezuela que emerge del terremoto.
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Nota: Esta nota analiza declaraciones de una entrevista pública. Reproduce expresiones textuales de la entrevistada y las contextualiza con información verificada, distinguiendo entre sus afirmaciones y los hechos documentados por otras fuentes. Las cifras de la tragedia corresponden a los balances disponibles y pueden variar.
Fuentes principales: Entrevista de María Corina Machado con Erika de la Vega en el programa «En Defensa Propia» (grabada en Panamá, difundida hacia el 1 de julio de 2026); reportes de prensa internacional sobre las gestiones en torno a su regreso, contrastados en la cobertura previa de INCÍSOS.
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