Colaboradores Invitados
Theodore Roosevelt: Un bronco en la Casa Blanca. Legado y obra
Theodore Roosevelt llegó a la presidencia en 1901 y transformó la Casa Blanca en el centro dinámico del poder político mundial. Un siglo después, su legado sigue siendo símbolo de carácter, energía y compromiso con la grandeza nacional.
Columna de opinión
Orlando Viera-Blanco
Abogado · Activista DDHH · Ex Embajador de Venezuela en Canadá · @ovierablanco
En sus palabras
Roosevelt: El bronco que transformó a Estados Unidos
Theodore Roosevelt llegó a la presidencia de Estados Unidos en 1901, a los 42 años de edad, tras el asesinato del presidente William McKinley. Lo que parecía una transición inesperada terminó convirtiéndose en uno de los momentos más trascendentales de la historia norteamericana. Antes de Roosevelt, la presidencia era vista principalmente como una oficina administrativa; después de él, la Casa Blanca se transformó en el centro dinámico del poder político mundial.
Desde sus primeros días en el cargo, Roosevelt desafió a las élites políticas y económicas que creían poder controlarlo. Considerado por sus detractores como un «bronco salvaje», asumió el gobierno con una energía inagotable y una visión clara: el Estado debía servir al interés nacional y no a los privilegios de unos pocos.
Su principal batalla interna fue contra los monopolios y los abusos corporativos. Utilizando la Ley Sherman Antitrust, enfrentó a gigantes económicos que dominaban sectores enteros de la economía. Para Roosevelt, la regulación no era una cuestión ideológica sino moral. Defendía un equilibrio entre el capital y el bienestar ciudadano, principio que sintetizó en su famoso Square Deal, una propuesta de trato justo para trabajadores, empresarios y consumidores.
Roosevelt también revolucionó la relación entre la presidencia y la opinión pública. Comprendió antes que muchos el poder de la prensa y utilizó los medios para acercarse directamente a los ciudadanos, convirtiéndose en el primer presidente verdaderamente moderno en el manejo de la comunicación política.
En materia social, protagonizó gestos de enorme simbolismo, como la histórica invitación al líder afroamericano Booker T. Washington a cenar en la Casa Blanca, desafiando las barreras raciales de su época, aunque manteniendo contradicciones propias del contexto histórico en que vivió.
Su pasión por la conservación ambiental fue igualmente extraordinaria. Creó parques nacionales, refugios de vida silvestre y reservas forestales que protegieron cerca de 230 millones de acres de territorio estadounidense. Convencido de que la prosperidad de una nación dependía de la preservación de sus recursos naturales, dejó una huella imborrable en la política ambiental moderna.
En política exterior, impulsó la doctrina del «Gran Garrote» (Big Stick), combinando diplomacia y poder militar. Apoyó decisivamente la independencia de Panamá para facilitar la construcción del Canal, fortaleció la presencia estadounidense en el Caribe y desempeñó un papel relevante en la mediación de la guerra ruso-japonesa, esfuerzo que le valió el Premio Nobel de la Paz.
Tras dejar la presidencia, continuó influyendo en la vida pública y protagonizó episodios legendarios, como continuar un discurso político después de haber recibido un disparo durante la campaña de 1912.
Cuando murió en 1919, Theodore Roosevelt dejó mucho más que una trayectoria política. Legó una concepción del liderazgo basada en el coraje, el servicio público, la voluntad de reformar y la capacidad de convertir la adversidad en fuerza. Más de un siglo después, sigue siendo símbolo de carácter, energía y compromiso con la grandeza nacional, demostrando que la historia pertenece a quienes se atreven a moldearla con determinación y propósito.
Orlando Viera-Blanco es abogado, activista de derechos humanos y ex Embajador de Venezuela en Canadá. Twitter/X: @ovierablanco
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Conoce el guion antes de salir a escena
Oratoria Escénica en cápsulas. Primera entrega de una serie de cinco.
Serie · Cápsula 1 de 5
Conoce el guion antes de salir a escena
Oratoria Escénica en cápsulas
¿Qué tienen en común un actor y un orador? Mucha gente me ha preguntado eso, sobre todo por aquello de mi tendencia a estudiar la Oratoria Escénica. Algunos se asustan porque dicen que no son actores, que no se dedican a este arte. Y otros, que sí son actores, dicen que no lo necesitan, precisamente porque ya lo son.
Pero existe algo muy importante que debemos saber: todos debemos prepararnos por igual para estar sobre un escenario. Un orador también es un actor que debe aprender a bailar sobre el escenario de la acción.
A continuación tomo algunas recomendaciones extraídas de mi experiencia en talleres dictados y en lecturas realizadas. A partir del tópico planteado, reflexiono sobre él. Espero que disfrutes este regalo: Oratoria Escénica en cápsulas.
Nos encontramos con lo siguiente: al guion generalmente se le relaciona con el texto que interpreta un actor o una actriz. Ese texto, creado por un dramaturgo, cuenta las peripecias, anécdotas y todo el recorrido de uno o varios personajes. Por lo general, el texto dramático tiene un conflicto que resolver.
Entonces, ¿qué sugiero hacer a quienes no son actores? Lo siguiente: que día a día vayan proyectando su meta, esa pequeña meta diaria que se convertirá en la gran meta en un tiempo determinado. Por ello, esta cápsula de hoy.
Escribe y aprende tu guion antes de salir a la escena de la vida: tu trabajo, tu escuela o tu escenario de acción.
- ¿Qué vas a hacer el día de hoy?
- ¿Cómo lo vas a hacer?
- ¿Cuáles son los posibles obstáculos que se te presentarán?
- ¿Cómo te planteas superarlos?
Esto no es una estructura rígida: tiene, por supuesto, flexibilidad. Avanza y me cuentas cómo te fue.
Nos leemos en la siguiente cápsula.
Especialista en Oratoria Escénica, tallerista y colaboradora de INCÍSOS. Su serie «Oratoria Escénica en cápsulas» propone herramientas breves para hablar en público y proyectar metas, dentro y fuera del escenario.
Colaboración invitada. El contenido y las opiniones de esta cápsula son responsabilidad de su autora. Primera entrega de una serie de cinco. · Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa.
Colaboradores Invitados
Tenemos que hablar
«Tenemos que hablar» son tres palabras que el 99% de los venezolanos asocia con una ruptura amorosa. La columnista Maigualida Gamero indaga en el origen de esa lectura colectiva, propone tres elementos para sostener una conversación difícil y plantea un ejercicio íntimo que conviene practicar en familia, en pareja y en el trabajo. Columna de colaboradora invitada.
Tenemos que hablar. Tres palabras que avecinan tempestad o que, por el contrario, conducen a un mar sereno. En todo caso, tú diriges el barco. Reflexionemos un poco.
Al preguntarle a las personas «¿Recuerdas cuándo dijiste o te dijeron la frase tenemos que hablar?», inmediatamente viajan al recuerdo del momento en el que las dejaron o dejaron a alguna pareja. No quiere decir que esto tenga que ser así. Sin embargo, la prueba la hice en Facebook y al colocar la pregunta, las respuestas fueron en un 99% respecto a este tema amoroso.
Se dice que el lenguaje crea la realidad, no solamente la describe. Lo cierto es que no nos imaginamos la frase «tenemos que hablar» en un contexto amigable, amoroso, en el que nos propongan un nuevo empleo o una nueva oportunidad de amar. Creamos narrativas personales a partir de las creadas mediáticamente a través de una película, una telenovela o una radionovela.
Por ello es importante recordar que el texto se convierte en un pretexto y lo que importa es el contexto. De lo que se trata es de evitar elucubrar o juzgar sin saber a ciencia cierta de qué se tratará aquello que nos quieren contar. No hacemos más que atormentarnos. Y para nada, porque no podremos evitar lo inevitable.
En el caso de que seamos nosotros los que digamos la frase «tenemos que hablar», debemos estar claros a qué queremos jugar, si colocamos el elemento literario del suspenso, el drama o la comedia.
A mí particularmente me han llamado por teléfono y en tono de suspenso me han dicho «tenemos que hablar», y estaba yo en una peluquería secándome el cabello para una actividad especial. Finalmente se hizo realidad una suposición, y no podía parar de imaginar de qué se trataría esa conversación. No obstante, también han utilizado esta frase para anunciarme una buena noticia de un nuevo cargo profesional a ejercer.
Para evitar las malas interpretaciones es mejor sugerir antes que exigir, recriminar o criticar. De igual manera, cerciorarse antes de dar por sentado algo.
En la comunicación es importante tomar en cuenta tres elementos que marcarán la diferencia: hablar la misma lengua, un código no verbal común y la voluntad de cooperar. No huir al posible conflicto ni fingir que no pasa nada. Todo ello en el caso de que la frase «tenemos que hablar» efectivamente se enmarque en una situación difícil. El primer paso es serenarse y disponerse a escuchar profundamente. Un ejercicio difícil, pero no imposible.
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Maigualida Patricia Gamero Mondragón · Colaboradora invitada · patymaigua@gmail.com
Colaboradores Invitados
Chat Vs El Español: ¿Una contienda en la era digital?
Los jóvenes no solo crecen rodeados de aplicaciones: han llegado a entender el mundo como un conjunto de ellas. En ese tablero, ¿qué lugar le queda a las reglas gramaticales, ortográficas y de estilo que rigen el idioma español? Una reflexión a partir de Gardner, Davies, Mayans i Planells y Ávila.
Por Maigualida Gamero
En esta oportunidad me acercaré al tema del uso del español en los medios digitales, con el propósito de reflexionar sobre la importancia de nuestra lengua materna en la era de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. En este sentido revisaré algunas propuestas de autores como Howard Gardner y Kate Davies (2014), los cuales analizan cómo los más jóvenes gestionan su identidad, privacidad y su imaginación en el mundo digital, desde las aplicaciones que nos traen la mayoría de los teléfonos inteligentes o smartphone. Por ello se les llama «La generación APP». En este sentido relacionaré este hecho tecnológico con el uso que se le da en la actualidad (2026) a una de las lenguas más importantes del mundo: el español.
Nuestra teoría es que los jóvenes de ahora no solo crecen rodeados de aplicaciones, sino que además han llegado a entender el mundo como un conjunto de aplicaciones, a ver sus vidas como una serie de aplicaciones ordenadas o quizás en muchos casos, como una única aplicación que se prolonga en el tiempo (…) (Gardner y Davies, 2014:21)
Desde esta óptica me pregunto entonces cómo los más jóvenes pueden conjugar el hecho de aprender todas las reglas gramaticales, ortográficas, de redacción y estilo en una era que ha sido llamada desde la superautopista de la información a comienzos de los 2000 y ahora veintiséis años después la generación post-humana. En dichas eras existe la velocidad, la urgencia y la ley del menor esfuerzo. Todo ello englobado en un concepto que algunos autores llaman el lenguaje del Chat, o como lo explica Joan Mayans i Planells, en su libro Género Chat (2002). Y hoy, en 2026 ya la IA generativa resuelve a decir de muchos, esta situación… pero la contienda aún sigue.
Por otra parte nos enfrentamos al más inorgánico y espontáneo de los registros escritos. Resulta próximo, desprovisto de convenciones y reglas gramaticales o, al menos, de la obligación de su cumplimiento. (…) En un entorno como los chats, el sistema de argumentación es más similar al de una conversación oral: el contenido se improvisa más, se distribuye fragmentado. En un chat no es conveniente hacer frases o intervenciones muy largas, tal y como ocurre en las conversaciones orales, éstas pierden interés y atención del público. (Mayans i Planells, 2002:42-43)
Así entiendo la contienda, entre un mundo como el digital, que según lo leído va enfocándose más a la oralidad y a lo espontáneo. Por este motivo imagino que se dice, que el escenario de la oralidad es menos riguroso que el discurso escrito, el cual debe cumplir las reglas de la lengua española, contenidas en la Gramática y que se rige por los lineamientos de la Real Academia Española de la Lengua (RAE).
En este orden de ideas, puedo referir lo leído en el texto «Español correcto para Dummies» (2012), redactado por Fernando Ávila, quien nos recuerda que «La ortografía no ha sido jubilada aún» (p.104). Lo más interesante que encontré con relación a este tema fue el hecho de que muchos de los jóvenes siempre dejan la ortografía para que la corrija el computador. Es decir, no se preocupan por aprender, sino de dejarle todo a la máquina, pensando así que ésta nos resolverá todas las debilidades que sobre el tema tengamos (se lo dejan al ChatGPT, Gemini, entre otras).
Al retomar lo expuesto en el libro de Howard Gardner y Kate Davies (2014) en donde se refiere el hecho de un alumno universitario quien le dijo a su profesor, que pronto ya no sería necesario estudiar la gramática, en este caso la inglesa, porque él tenía un «smartphone», por allá en la primera década de este siglo, verifico la poca importancia que le dan los jóvenes a nivel mundial a la escritura y a la reflexión.
El ejemplo, anteriormente referido, me lleva a pensar que ocurre igual en español, creemos que no debemos distinguir entre C, Z y S, por ejemplo, porque el teléfono, el computador o la IA «me lo corregirá»; pero no siempre ha sido así. O en todo caso, como ocurre cuando vamos caminando o en un auto y leemos pancartas que dicen «Se vende nestí», allí encontramos esa diferencia y entiendo que escribir no es hablar, no es un contexto digital; pero me pareció importante reseñarlo debido a que muchos escribimos como hablamos. Y según lo leído los medios digitales apuntan a la oralidad, a permitirnos muchas cosas.
Por ende me gustó la respuesta que le dio el profesor a ese alumno que afirmaba que no sería necesario ir a la escuela con tanta tecnología en sus manos. La respuesta fue: «Sí, tendrá las respuestas a todas las preguntas… excepto a las importantes» (Gardner y Davies, 2014:22).
La respuesta del profesor resume que podemos preguntar mucho al señor «Google», por así decirlo, pero la reflexión y la argumentación es el toque personal que nos distinguirá como profesionales.
He titulado este ensayo: «Chat Vs El Español: ¿Una contienda en la era digital?», porque así lo veo, como una pelea. Los jóvenes pasan muchas horas de nuestro día a día en el mundo digital y no le prestan la debida atención a desarrollar un discurso coherente que responda a las preguntas más básicas como: qué, quién, cómo, cuándo o porqué. Se nos hace difícil porque todo es inmediatez, rapidez y poco sosiego.
He podido leer en el texto de La generación APP (2014) que se ha disminuido la capacidad de elaborar discursos, crear argumentos, a pesar de que las aplicaciones son funcionales y desarrollan la imaginación de los usuarios, en los más jóvenes parece que, en vez de acercarlo al pensamiento reflexivo de la antigüedad, lo está llevando al extremo de la velocidad, que no permite escribir bien, ni pronunciar bien, por lo tanto la contienda está en pleno proceso. ¿Quién ganará?
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