Colaboradores Invitados
El guion que eliges en la tormenta: Cuando el escenario cambia y te toca dirigir
Cuando el escenario cambia sin previo aviso y el libreto pierde sentido, ¿qué hace un verdadero líder con su propia presencia? Maigualida Gamero reflexiona sobre la oratoria contemporánea, la gestión emocional y el arte de dirigir desde la conciencia.
Cuando el escenario cambia sin previo aviso y el libreto pierde sentido, ¿qué hace un verdadero líder con su propia presencia? Maigualida Gamero reflexiona sobre la oratoria contemporánea, la gestión emocional y el arte de dirigir desde la conciencia, no desde el pánico.
¿Alguna vez has sentido que el mundo cambia las reglas del juego justo cuando ya te sabías los diálogos de memoria?
A mí me ha pasado. Estar en un escenario y de pronto ver cómo los decorados se mueven, la luz parpadea y el libreto, ese que ensayé durante meses, pierde todo sentido. Es el miedo escénico en acción. Es ese instante exacto de vértigo donde el caos entra por la puerta trasera y te pregunta como ese otro yo que te acompaña: «Y ahora, ¿qué vas a hacer?».
Como licenciada en letras, he pasado media vida estudiando cómo las palabras construyen mundos. Como escritora, sé que las historias necesitan un conflicto para avanzar. Pero cuando ese conflicto te sacude a ti en la vida real, la teoría literaria se vuelve insuficiente. Ya no se trata de escribir sobre un personaje que sobrevive a la tormenta; se trata de ser tú la que sostiene el timón cuando el barco hace agua.
Aprendimos que la comunicación profesional consistía en construir una armadura inquebrantable. Nos enseñaron a repetir discursos perfectos, a ocultar las costuras y a fingir que la incertidumbre no existe. Nos dijeron que ser un buen orador o un líder eficaz es sinónimo de control absoluto. Pero déjame decirte algo desde mi propia trinchera: eso es una ficción mal escrita.
El gladiador y el guion roto
Para aterrizar esto en un ejemplo que todos reconozcamos, pensemos en una película que es una obra maestra absoluta sobre este tema: Gladiator de Ridley Scott, estrenada en el año 2000.
Pensemos en el personaje Máximo Décimo Meridio. Al principio de la historia, Máximo es un general romano con un «guion» perfecto: tiene el favor del emperador, un ejército que lo respeta, una familia que lo espera y una vida estructurada bajo las reglas del imperio. De pronto, la tragedia destruye su escenario por completo. Traición, pérdida absoluta, esclavitud.
Cuando Máximo llega a la arena de los combates por primera vez, está roto. El mundo que conocía ya no existe. Si hubiera intentado subirse a la arena del Coliseo a interpretar al mismo general impecable y pomposo de antes, su discurso habría sonado falso y patético, y habría muerto en el primer segundo. El viejo guion ya no le sirve.
¿Qué hace un verdadero líder de su propia presencia en ese momento de quietud? Se quita la armadura inútil. Máximo no niega su dolor ni su sed de venganza; lo canaliza. Cuando se quita el casco frente al Emperador Cómodo y dice su famosa frase: «Mi nombre es Máximo Décimo Meridio… y tendré mi venganza, en esta vida o en la otra», no está recitando un protocolo elegante. Está comunicándose desde su verdad más visceral y cruda. Su emoción —el dolor convertido en furia contenida— se vuelve el motor de su presencia.
La arena de tu vida profesional
¿Qué nos enseña este ejemplo para nuestra vida profesional? Que a ti, en tu día a día, en tu oficina, frente a tus proyectos o en medio de la crisis de tu entorno, te han arrancado de tu «Ítaca» o te han cambiado los decorados muchas veces. Y cuando te toca salir a la arena —a dar una conferencia, a liderar una reunión difícil o a hablarle a tu equipo—, la tentación es ponernos esa coraza rígida de «aquí no pasa nada».
El reto del orador contemporáneo, del profesional de hoy, es entender que la gente no conecta con tu perfección artificial. Conecta con tu capacidad de pararte en el centro del caos, mirar de frente, aceptar lo que te habita y dirigir tu escena con absoluta soberanía.
Como Máximo en la arena: no finjas que tienes el control absoluto del imperio. Toma el control de tu propia voz.
La verdadera gerencia de la presencia —esta nueva orilla en la que hoy me encuentro como conferencista y mentora— no nace de la rigidez. Nace de la capacidad de entender que la comunicación es, ante todo, una puesta en escena viva. Y en el teatro de la vida real, el mejor director no es el que niega el caos, sino el que sabe qué hacer con él cuando la escenografía se desmorona.
El cuerpo habla antes que los labios
Párate un segundo a pensarlo. Cuando la realidad aprieta, tu cuerpo habla mucho antes que tus labios. Tu postura se encoge, tu respiración se acorta, tu voz se quiebra. Si intentas forzar un personaje artificial en medio de la crisis, tu audiencia —o tu equipo, o tus estudiantes— lo notan de inmediato. La falsedad se huele. Por lo tanto, se siente la desconexión.
¿Cuál es la salida entonces? Dejar de improvisar desde el pánico y empezar a dirigir desde la conciencia.
Cuando el escenario cambia sin previo aviso, tu primer acto de soberanía no es dar una conferencia magistral ni fingir fortaleza. Es hacer una pausa. Es mirar la página en blanco que la realidad te acaba de imponer y decidir, con elegancia y audacia, qué parte de ti va a tomar la batuta.
En mis mentorías de comunicación humana siempre lo digo: no puedes liderar a otros si primero no eres capaz de habitar tu propia voz en los momentos de quietud. Tu presencia no es estática; es un acto creativo constante.
¿Cómo ser yo si nunca me lo enseñaron?
Esa es la objeción silenciosa que sé que muchos de ustedes se hacen al leerme. «Me hablas de gerenciar mi presencia, Maigua, de no usar una armadura, de reescribir el guion… pero ¿cómo se supone que sea yo mismo si nadie me enseñó a hacerlo?».
Y tienen toda la razón. A generaciones enteras nos educaron para encajar en moldes rígidos. Nos enseñaron a memorizar datos, a modular el tono, a mantener las manos quietas y repetir discursos impecables que olían a cartón piedra. Nadie nos enseñó a transitar la vulnerabilidad. Nadie nos dio una clase en la escuela sobre el mapa interno que llevamos dentro.
El gran reto del orador contemporáneo ya no es la perfección técnica, sino la coherencia humana. Y para lograrlo, tenemos que abordar la gran pregunta incómoda: ¿Qué son realmente las emociones y qué papel juegan en la oratoria de hoy?
Las emociones no son el enemigo
Las emociones no son una falla en el sistema. Las emociones no son el enemigo de la oratoria; son el guion oculto de tu mensaje.
Una emoción no es solo un estado pasajero de ánimo; es energía en movimiento (e-motion). Es la brisa que altera la escenografía de tus ideas. Cuando hablas desde un escenario —sea físico o virtual—, tu audiencia no procesa primero tus argumentos lógicos; lo primero que lee es tu frecuencia emocional. Si tus palabras dicen «estoy segura», pero tu cuerpo respira pánico y tus ojos están desconectados, se genera una disonancia insoportable. La gente no te cree.
En la oratoria contemporánea, la gestión de las emociones no consiste en controlarlas a golpes de fuerza de voluntad, sino en alfabetizarlas. Es aprender a reconocer qué te está queriendo decir ese nudo en la garganta antes de encender un micrófono.
¿Es miedo al juicio? ¿Es la pasión desbordada por un proyecto? ¿Es la urgencia de conectarse con un entorno que sufre?
Cuando entiendes qué emoción te habita, deja de pelear contra ti misma. El miedo se convierte en respeto por el momento; la incertidumbre se transforma en apertura para escuchar a quien te ve. Ya no interpretas un personaje acartonado; te conviertes en un canal honesto.
Porque la verdad que vengo a compartirte en esta nueva orilla de mi carrera es sencilla: nadie compra discursos perfectos. Hoy compramos verdad. Compramos humanidad. Compramos la valentía de alguien que se atreve a mostrar las costuras de su propio proceso.
Así que la próxima vez que te preguntes cómo ser tú, recuerda esto: no se trata de buscar afuera un manual de instrucciones que nunca existió. Se trata de mirar hacia adentro, nombrar lo que sientes y permitir que tu voz, por fin, cuente tu verdadera historia.
El telón está abierto. ¿Te atreves a ser la protagonista?
Maigualida Gamero · @Maigua_Gamero · 25 de julio de 2026
Alfredo Yánez
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FIRMAS · MAIGUALIDA GAMERO
Cuando el miedo le enseña a hablar al alma. Del Samhain celta a la Sayona y el Silbón, lo que el relato de lo sombrío enseña a quien se para frente a un público.
¡Dulce o truco! Bienvenidos de nuevo a este espacio donde la palabra se habita, se siente y se celebra. En estos días de finales de octubre y principios de noviembre, cuando el calendario global se llena de calabazas, disfraces y el ya inevitable «dulce o truco», me descubro mirando hacia atrás con esa nostalgia cálida de quien creció frente a la pantalla del televisor en aquellas tardes inolvidables. ¿Quién de nosotros no guarda en el cuerpo el recuerdo de Los cazafantasmas, la elegancia gótica de Los locos Addams, las criaturas inocentes de The Munsters o ese universo fascinante y poético que más tarde nos regaló Tim Burton?
Para muchos, Halloween se reduce a un producto comercial importado, a una fiesta ajena. Sin embargo, si lo miramos con los ojos de la literatura, del cine y de la gerencia de la presencia, nos encontramos con algo mucho más profundo: el miedo y lo fantástico como territorios donde la condición humana se pone a prueba y donde la imaginación aprende a comunicarse.
Vale la pena recordar que lo que hoy consumimos como fiesta de disfraces y dulces importados tiene sus raíces en el antiguo Samhain celta, ese ritual de cambio de estación en el que la frontera entre el mundo de los vivos y el de los espíritus se volvía difusa. Antes de convertirse en una industria pop, el origen de esta fecha no era otro que la necesidad ancestral de las comunidades de sentarse alrededor de la hoguera, nombrar a sus muertos y conjurar los miedos colectivos a través del relato oral. Una costumbre que, con otros nombres y en otros escenarios, compartimos todos los pueblos de la tierra.
El miedo como escenario de la verdad
Recuerda: quien comunica, quien enseña o quien se para sobre un estrado necesita habituarse a explorar la sombra. No para quedarse a vivir en el terror, sino porque el monstruo en la literatura o en el cine nunca es solo un monstruo: es la personificación de nuestras ausencias, de lo que reprimimos o de lo que no logramos nombrar.
Del cine pop a nuestra propia mitología sombría
Si la literatura fantástica universal nos ha enseñado a mirar la penumbra desde la fascinación, en Venezuela y en América Latina a menudo sentimos que el Día de los Muertos o las festividades de difuntos no tienen el mismo empaque festivo o comercial de otras latitudes. A simple vista, podríamos pensar que nuestra cultura no contempla esa tradición. Pero nada más alejado de la realidad: nuestro misterio no está en las calabazas, sino en el llano, en la noche profunda y en la memoria oral que nos heredaron las abuelas.
¿Qué son acaso la Sayona, el Silbón, la Bola de Fuego o la Llorona sino los grandes protagonistas de nuestro propio imaginario gótico? Durante generaciones, estas historias sufrieron el prejuicio del «cuento de camino» o del folclore menor. Sin embargo, vista sin complejos y desde el rigor de la oratoria escénica, nuestra mitología oral es una verdadera obra maestra de la narración, del suspenso y de la catarsis colectiva.
Traer a estos personajes al ágora contemporánea —imagínenlo por un segundo en la estructura de una charla TED— es reivindicar la voz de nuestra tierra. El Silbón no es solo una leyenda para asustar a los niños: es el ritmo del paso, el manejo de la distancia en el sonido y la tensión dramática pura. La Sayona es la personificación del drama, del despecho y del límite entre la presencia viva y el fantasma.
La presencia frente a lo desconocido
Para cualquier persona que trabaje con la palabra y el gesto —sea un profesor, un actor, un conferencista o un creador de contenido—, tener en el imaginario personal una relación sana con lo desconocido es indispensable. Saber contar el miedo, saber usar las pausas dramáticas y permitirnos habitar la sombra sin prejuicios es lo que otorga densidad y cuerpo a nuestro discurso.
No se trata de elegir entre el «dulce o truco» de la cultura pop y las ánimas de nuestros llanos. Se trata de entender que la necesidad humana de nombrar lo invisible es universal. Cuando un orador o un escritor abraza sus propios fantasmas, su voz deja de ser plana y se llena de textura, de verdad y de una presencia imborrable.
Así que esta semana, mientras las luces se apagan y las historias de apariciones o de monstruos queridos regresan a la conversación, no le temas a la oscuridad. Mírala, habítala y conviértela en palabra. ¡Nos leemos en la próxima entrega de INCÍSOS!
Maigualida Gamero · Caracas, 31 de octubre de 2026 · @Maigua_Gamero
Colaboradores Invitados
La vuelta cambia el problema, no lo resuelve
El regreso de María Corina Machado a Venezuela eleva las expectativas y abre una nueva fase de disputa política. Pero popularidad no equivale a capacidad efectiva de negociación, organización o cambio institucional.
Por Orlando Viera Blanco
El regreso de María Corina Machado a Venezuela cambia el problema, pero no lo resuelve. Hay una diferencia sustantiva entre la dirigente que estaba en el extranjero y la que vuelve ahora al territorio: afuera era víctima de un sistema que la expulsó y, al mismo tiempo, voz de una diáspora que encontró en ella una referencia. Dentro del país le corresponde asumir un reto distinto: pasar de la resistencia y la presión internacional a una ofensiva política por el poder.
Eso no significa que haya llegado al epicentro de las decisiones. La transición avanza con centros de gravedad que no controla plenamente: Washington, el gobierno encargado que ejerce Delcy Rodríguez, los sectores institucionales y la mesa de Caracas. Su retorno le devuelve presencia y capacidad de iniciativa, pero no le entrega por sí solo una silla desde la cual decidir el rumbo del proceso.
Desde el exterior, su instrumento principal era la presión internacional. Podía sostener conversaciones, activar respaldos, fijar posiciones ante gobiernos y organismos y mantener el caso venezolano en la agenda. Desde Venezuela puede intentar combinar esa presión con organización política, movilización ciudadana y negociación directa. Esa combinación es más poderosa, pero también mucho más exigente.
El retorno la expone a las autoridades, a eventuales restricciones de actividad y a una responsabilidad inevitable frente a una población que espera resultados. Aumentan las expectativas y también el costo de no cumplirlas. El liderazgo que desde lejos podía ser visto como símbolo deberá medirse ahora por su capacidad de producir respuestas, ordenar fuerzas y sostener una estrategia en condiciones mucho más complejas.
El dilema es especialmente relevante porque el proceso de transición ha seguido avanzando sin que ella controle sus decisiones centrales. Su regreso le permite intentar recuperar espacio, pero no garantiza que Washington, Delcy Rodríguez, los sectores institucionales o incluso algunos aliados acepten su estrategia. Es posible imaginar escenarios en los que desde Washington se privilegien primero elecciones regionales o se postergue una elección presidencial. Que Machado esté en Venezuela no elimina esas tensiones; las vuelve más visibles y más urgentes.
La pregunta esencial, por tanto, no es si su popularidad subirá de inmediato. La pregunta es si puede transformar el capital político que conserva en capacidad efectiva de negociación, organización y cambio institucional. Si logra hacerlo, el regreso fortalecerá su liderazgo. Si no lo consigue, la distancia entre la expectativa y los resultados puede erosionar su credibilidad.
Hay, además, un terreno que exige especial cuidado: la agenda económica y la ansiedad de una población que quiere mejorar su calidad de vida. Para una mayoría que vive bajo presión cotidiana, la narrativa de «elecciones ya» no puede presentarse como si fuera la única prioridad. La nevera, el empleo, los servicios y la posibilidad de recomponer la vida material forman parte de la política. Ignorarlo sería renunciar a comprender el tamaño real del país que se pretende conducir.
Por eso conviene separar variables. Un eventual aumento de popularidad no equivale automáticamente a una apertura democrática. Del mismo modo, un desgaste temporal no demostraría que Machado ha perdido relevancia política. Popularidad, apertura institucional, poder de negociación y capacidad de imponer agenda son planos distintos. Habrá que observarlos por separado.
La consolidación o el desgaste de este nuevo momento dependerán de su capacidad de adaptación, de la calidad de sus respuestas y de la posibilidad de imponer prioridades en un proceso que ya tiene actores, intereses y ritmos propios. Vuelve a un país que la espera, pero también a una transición que no se detuvo mientras ella estaba fuera.
En todo caso, bienvenida a tu país. Mucho juicio y Dios te bendiga.
Orlando Viera Blanco
Colaboradores Invitados
Las 7 reglas de YouTube que rompí para conseguir cien mil suscriptores
Pablo Sánchez Noguera cuenta las siete reglas de YouTube que decidió romper para alcanzar cien mil suscriptores de forma orgánica.
Por: Pablo Sánchez Noguera
— Ludwig van Beethoven (atribuida)
El 15 de enero de 2024 publiqué mi primer video en YouTube en un canal llamado @ClickIngles. Novecientos noventa y dos días después (el 3 de octubre de 2026), mi contador de suscriptores rompió la marca de los 100 mil seguidores.
No me voy a explayar en lo que significa tener una audiencia orgánica de 100 mil personas (en especial si tu canal es para dar a conocer tus servicios profesionales). Todos sabemos que es una de esas cosas que te pueden cambiar la vida para siempre.
Antes de aquel 15 de enero, yo ya había experimentado como creador en YouTube (más para conocer cómo funciona la plataforma que otra cosa), pero el 15 de enero de 2024 publiqué con un estado mental distinto: esta vez usaría Youtube como herramienta de marketing para promocionar mis clases de inglés (que es lo que me genera más del 90 % de mis ingresos actuales).
Llevaba años estudiando YouTube (y las redes sociales en general), así que en esta ocasión estaba decidido a seguir una estrategia definida. Estaba dispuesto a probar las recetas más populares, pero siempre con pensamiento crítico. Y ahí estuvo la clave.
Muchos gurús te dicen que hagas las cosas a su manera, pero pocos parecen recordar aquella famosa reflexión del filósofo Bertrand Russell, quien, cuando le preguntaron si estaría dispuesto a morir por sus ideas, respondió que no, porque podría estar equivocado.
Es por ello que, ante todo, mi principal norte sería guiarme por mi propia experiencia y mis propios resultados. Y, a nivel de audiencia, la cosa ha funcionado.
Lograr los 100k de suscriptores es un hito para cualquier creador de contenido. De acuerdo con un análisis publicado por vidIQ en julio de 2026, apenas el 1,3 % de los 61,2 millones de canales analizados había alcanzado esa cifra.
Yo lo logré en menos de 3 años y de un modo 100 % orgánico. Jamás invertí ni un centavo en publicidad para conseguir suscriptores.
Invertí tiempo, muchísimas horas de trabajo y no pocas de pensamiento y análisis.
Dicho esto, hay 7 cosas que hice de modo consistente y que contradicen algunos de los consejos más repetidos sobre cómo crecer en YouTube.
No pretendo demostrar que esos consejos sean equivocados. Simplemente quiero mostrar que existen otros caminos para alcanzar los mismos resultados.
Si tu objetivo es hacer crecer tu audiencia, te recomiendo que consideres estas siete decisiones, pero, pensando en Bertrand Russell, te digo: no le hagas caso a ningún gurú de Internet (ni siquiera a mí) si lo que te dicen no tiene sentido para ti.
Las 7 reglas que rompí
1. Enfócate en videos largos. Los cortos no sirven para fidelizar a la audiencia ni para conseguir seguidores.
Yo me enfoqué en videos cortos: formato vertical de menos de 3 minutos.
Es cierto que no vas a poder monetizar con la misma facilidad que con los videos largos, pero también es cierto que este formato puede conseguir un alcance extraordinario.
Y al principio, cuando tu principal objetivo es que te conozcan, los videos cortos pueden ser una de las mejores herramientas para alcanzar más gente en el menor tiempo posible.
El formato corto tiene un enorme potencial viral, se consume rápido y puede resultar muy satisfactorio para el espectador.
Yo solo tengo 4 videos largos en mi canal, pero más de mil videos cortos.
Es mentira que los Shorts no te traen seguidores. Yo llegué a los 100k gracias a que puse mi foco en ellos.
2. Publicar todos los días no es sostenible. Es mejor publicar contenido pocas veces a la semana para no agotarte.
Desde el 15 de enero de 2024 hasta la fecha de hoy (y contando), he publicado un video diario (como mínimo), sin faltar ni un solo día.
Es cierto que la mayoría de la gente piensa que publicar contenido a diario es algo insostenible y agotador. Muy pocos lo logran sin un equipo de trabajo.
Yo lo he hecho todo por mi cuenta: investigar, escribir los guiones, grabar, editar, manejar las redes, etc.
Y por eso sé, por experiencia, que no es imposible.
La cosa no es tratar de hacer algo imposible, sino lograr que sea parte de tu rutina semanal.
Si quieres crecer en serio, debes trabajar en serio. De otro modo, no se trata de un compromiso, sino de un pasatiempo.
El cansancio existe por supuesto… e incorporar un nuevo hábito de trabajo a tu vida es difícil, también. Pero si logras hacerlo de modo tal que simplemente sea parte de tu vida (como ir al mercado todas las semanas), entonces verás que sí se puede.
Y esa constancia te diferenciará de la inmensa mayoría de los creadores que abandonan sus proyectos mucho antes de ver resultados.
3. A la gente le gusta más la naturalidad. No leas guiones en cámara.
Yo hice videos 100 % guionizados. Nunca he dejado nada a la improvisación.
Quienes conocen mi trayectoria como periodista saben que trabajé más de 15 años en televisión (primero en Televen, Venezuela, y luego en HBO Latin America), y allí aprendí que en los programas más exitosos cada palabra que se dice está planificada, revisada y corregida antes de salir al aire.
No discuto que ser natural y espontáneo funciona para muchos, pero yo soy vieja escuela.
A este particular, me gusta mucho una famosa anécdota que suele atribuirse a Winston Churchill.
Se cuenta que una periodista le preguntó cuánto tiempo necesitaba para preparar un discurso de cinco minutos. Churchill habría respondido que unas ocho o nueve horas.
Luego le preguntó cuánto le tomaría preparar uno de treinta minutos y respondió que unas dos o tres horas serían suficientes.
Finalmente, la periodista le preguntó:
—¿Y si el discurso no tuviera límite de tiempo?
A lo que Churchill supuestamente respondió:
—Un discurso así puedo recitártelo de inmediato, si quieres.
Aunque no he podido confirmar la autenticidad de esta anécdota, ilustra perfectamente algo en lo que creo: cuanto más breve y preciso debe ser un mensaje, más importante resulta prepararlo cuidadosamente.
4. No uses material con derechos de autor porque te vas a meter en problemas.
El 99 % de mis videos contiene material protegido por derechos de autor (en especial, de Los Simpson).
En Estados Unidos existe una doctrina legal llamada fair use, que permite determinados usos de obras protegidas por derechos de autor, especialmente en contextos como la crítica, el comentario y la enseñanza.
Yo simplemente utilicé pequeños clips (generalmente de menos de 10 segundos) porque me parecen una herramienta excelente para crear microlecciones de inglés basadas en el uso real del idioma y no en los típicos audios artificiales diseñados para estudiantes.
Confieso que tuve miedo de tener problemas por mucho tiempo, hasta que pude asistir a una sesión con gente de YouTube que explicaba cómo debía abordarse el uso de material de terceros.
YouTube está lleno de creadores exitosos que utilizan material protegido por derechos de autor para comentarlo, analizarlo o crear contenido educativo a partir de él.
La cosa es aportar verdadero valor sobre el material original y no dedicarse a plagiarlo o exhibirlo sin ningún tipo de transformación.
Eso no elimina automáticamente los riesgos legales ni las posibles reclamaciones de derechos de autor, pero sí marca una diferencia fundamental entre simplemente reproducir una obra y crear contenido nuevo a partir de ella.
5. No hagas producción compleja ni edición elaborada porque la tendencia actual es mostrarte como alguien de la audiencia.
Yo hice justo lo opuesto.
Prácticamente todos mis videos fueron grabados con pantalla verde, con mucho cuidado en el proceso de edición, cuidando la posproducción de sonido e iluminando del modo más profesional que mis equipos y mi experticia me lo permiten.
Vengo de un medio tradicional en donde el cuidado de los detalles es fundamental, y es ahí donde me siento más cómodo.
No digo que la tendencia de mostrarse natural, sin demasiada producción, sea incorrecta. De hecho, funciona extraordinariamente bien para muchos creadores.
Pero creo que ser fiel a lo que te gusta y sabes hacer debe estar por encima de las modas de producción de contenido.
Si te gusta hacer videos elaborados, hazlos. Si prefieres algo más espontáneo, también está bien.
La cuestión es encontrar un estilo de producción con el que te sientas cómodo y que puedas mantener a largo plazo. No escuches las modas si ya sabes quién eres.
6. Haz contenido rápido y que no te represente mucho tiempo de trabajo para que te puedas dedicar a otras cosas.
Yo he trabajado una cantidad absurda de tiempo para hacer cada video corto que he publicado.
Y es que, si haces exactamente lo mismo que hace todo el mundo, ¿qué razones tendrá la audiencia para prestarte atención a ti y no a cualquier otro creador?
En una Internet saturada de gente que se apunta con el teléfono y habla de lo que le sale en el momento, tu video puede distinguirse si está cuidadosamente investigado, escrito, producido y editado.
Yo creo en el valor del trabajo.
No creo que dedicar más horas garantice mejores resultados. Pero sí creo que dedicar el tiempo necesario para hacer las cosas bien puede convertirse en una ventaja competitiva.
Si a mí me toma tiempo investigar una buena idea, escribir un guion que funcione y editarlo cuidadosamente, a los demás también les tomará tiempo conseguir un resultado similar.
Eso te ayuda a diferenciarte.
Todo el mundo quiere los resultados, pero muy pocos están dispuestos a trabajar para conseguirlos.
Y mientras más difícil sea reproducir la calidad de lo que haces, más difícil será para los demás copiarte.
7. Habla de tus opiniones, de tu vida íntima. Eso conecta más que ninguna otra cosa con la audiencia.
Yo jamás hablé de mi vida personal, de mis opiniones políticas, de mi mundo interno, de mis crisis, de mis problemas, de lo que tengo o de mis motivaciones más íntimas.
Yo creo firmemente en esto: las cosas más importantes de la vida no se dicen sino se hacen, porque al hacerlas se dicen solas.
Si alguien decidió seguirme en 2024 y me ha visto a diario durante mil días o más, sabe mucho de mis valores sin que yo tenga que andarlos pregonando.
El ejemplo habla.
Creo que haber publicado más de mil videos durante más de mil días consecutivos habla mucho más de lo que pienso sobre el trabajo, la constancia y el estar siempre de este lado de la pantalla de lo que un video egocéntrico podría haber dicho.
No creo que sea necesario exhibir tu intimidad para conectar con las personas.
También puedes hacerlo a través de tu trabajo, de lo que enseñas, de la manera en que tratas a tu audiencia y, sobre todo, de tu constancia.
La regla más importante de todas
Si algo aprendí durante estos 992 días es que las reglas no son leyes de la naturaleza. Son recomendaciones que pueden funcionar para unos y no funcionar para otros. Conocerlas es importante. Entender por qué existen, todavía más. Pero lo verdaderamente importante es desarrollar el criterio suficiente para decidir cuándo seguirlas y cuándo no.
Yo no sé si mi manera de hacer las cosas es la mejor. Lo que sí sé es que me ha funcionado, que es sostenible para mí y que me ha permitido construir una audiencia de más de cien mil personas sin invertir un solo centavo en publicidad para conseguir seguidores.
Así que mi recomendación final es esta: estudia a los expertos, aprende de quienes ya consiguieron lo que tú quieres conseguir, pero no renuncies nunca a pensar por tu cuenta.
Pablo Sánchez Noguera · Colaborador invitado.
Imagen destacada: ilustración conceptual de tecnología y cambio, archivo editorial de INCÍSOS.
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