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Política

El hombre del dinero llegó a Miami sin que nadie en Caracas lo despidiera

** Alex Saab fue deportado el sábado 16 de mayo desde Caracas a Miami. El gobierno encargado de Delcy Rodríguez lo entregó a Estados Unidos sin acto público, sin despedida, con un comunicado del SAIME de cuatro líneas.

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** El gobierno encargado de Delcy Rodríguez entregó el sábado 16 de mayo al colombiano Alex Saab Morán a las autoridades estadounidenses, en el aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. Aterrizó esa misma noche en Opa-locka, condado de Miami-Dade, escoltado por agentes de la DEA. La operación se ejecutó sin acto oficial venezolano, sin comparecencia, sin acompañamiento. Tampoco hubo despedida del oficialismo que durante seis años exigió su retorno.

Ficha 6W · Lo esencial
Qué Deportación del empresario colombiano Alex Saab Morán desde Venezuela a Estados Unidos para enfrentar una nueva acusación federal en el Distrito Sur de Florida.
Quién El gobierno encargado de Delcy Rodríguez, el SAIME, la DEA, la Fiscalía del Distrito Sur de Florida. Saab y su esposa Camilla Fabri.
Cuándo Sábado 16 de mayo de 2026. Llegada a Opa-locka a las 21:15 hora local.
Dónde Caracas (El Helicoide, Fuerte Tiuna, aeropuerto de Maiquetía), Opa-locka, Miami-Dade.
Por qué Saab ha sido descrito por el Secretario de Estado Marco Rubio ante el Senado como el «hombre del dinero» de Maduro. La justicia estadounidense lo procesa por una acusación nueva presentada en enero de 2026.
Cómo Traslado desde El Helicoide a Fuerte Tiuna durante la semana previa, entrega en Maiquetía y vuelo en un Gulfstream de matrícula estadounidense N550GA hacia Opa-locka.

El sábado 16 de mayo de 2026, un Gulfstream con matrícula estadounidense N550GA aterrizó en el aeropuerto Internacional de Opa-locka, en el condado de Miami-Dade, a las 21:15 hora local. Adentro venía Alex Naim Saab Morán, el empresario colombiano de origen libanés que durante seis años fue el rostro más alto de la operación financiera del chavismo. Lo escoltaban agentes de la Administración de Control de Drogas. No fue una extradición. Fue una deportación, ejecutada por el gobierno encargado de Delcy Rodríguez en Caracas.

El Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería de Venezuela, SAIME, lo informó en un comunicado breve a las 18:32 hora de Caracas, divulgado en su cuenta de X. El texto se cuidó del verbo: no escribió extradición, escribió deportación. Lo presentó como medida administrativa adoptada «en cumplimiento de las disposiciones normativas de la legislación migratoria venezolana», y la justificó porque Saab «se encuentra incurso en la comisión de diversos delitos en los Estados Unidos de América, tal como es público, notorio y comunicacional».

El zair Mundaray, ex fiscal venezolano en el exilio, observó en su cuenta de X que jurídicamente no se trataba de extradición formal, porque el Tribunal Supremo de Justicia venezolano no había emitido sentencia autorizando el procedimiento. Mundaray escribió que sin ese acto de derecho internacional, basado en reciprocidad, convencionalidad y derechos humanos, lo que hubo fue «una entrega pura y simple del reo a la jurisdicción que lo procesa». La operación se ejecutó por la vía administrativa, no por la vía judicial.

La operación

Saab estaba bajo custodia venezolana desde el 4 de febrero de 2026. Esa madrugada, alrededor de las 2:30 a.m., funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional ejecutaron en la urbanización Cerro Verde de Caracas un operativo conjunto con el FBI. En la misma operación cayó Raúl Gorrín, dueño del canal de televisión Globovisión y reclamado por la justicia estadounidense desde 2018 por sobornos y lavado de dinero. Saab fue trasladado a El Helicoide. Gorrín, a la cárcel subterránea conocida como La Tumba.

Durante la semana del 11 al 15 de mayo, fuentes citadas por medios venezolanos reportaron que Saab fue trasladado de El Helicoide a Fuerte Tiuna. Desde ahí salió rumbo al aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. El Gulfstream N550GA, una aeronave de matrícula estadounidense, había ingresado al espacio aéreo venezolano con destino a esa terminal. Allí lo recibieron y partió.

Su esposa, la italiana Camilla Fabri, encabezaba hasta inicios de año el programa gubernamental Misión Vuelta a la Patria, que recibe vuelos de migrantes venezolanos deportados desde Estados Unidos. El sábado 16 no apareció en ningún acto público. El oficialismo tampoco emitió pronunciamiento. La diferencia con 2020, 2021 y 2022 es absoluta: en aquella época, la liberación de Saab era política de Estado y movilizaba marchas, vigilias, columnas en cadena nacional. Esta vez, su entrega fue una operación administrativa.

La acusación que viene

La acusación que Saab enfrenta en la Corte del Distrito Sur de Florida no es la que motivó su extradición desde Cabo Verde en 2021. Aquel expediente, sobre conspiración para lavado de dinero vinculado al sistema de control cambiario venezolano entre 2011 y 2015, fue desestimado definitivamente el 29 de marzo de 2024 por el juez Robert Scola, tras el indulto que el entonces presidente Joe Biden firmó en diciembre de 2023 dentro del intercambio de prisioneros.

La acusación vigente fue presentada por fiscales federales en enero de 2026, días después de la captura de Maduro y Cilia Flores en Caracas. Según los documentos del Distrito Sur de Florida reseñados por agencias internacionales, los nuevos cargos incluyen conspiración criminal, lavado de dinero internacional y pago de sobornos a funcionarios venezolanos. La fiscalía sostiene que Saab habría falsificado documentos y utilizado intermediarios para facilitar transferencias internacionales de fondos públicos, canalizados a través de empresas en Panamá, Hong Kong, México, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos entre 2013 y 2020.

El esquema descrito por la fiscalía no se limita al período del CLAP. Cubre los años en que Saab actuó como contratista del Estado venezolano para Misión Vivienda, para la importación de alimentos y para las operaciones de venta de oro y petróleo bajo sanciones. Las autoridades federales le han imputado años de operación financiera continua, lo que sitúa parte de los hechos por fuera del alcance del indulto de 2023.

El hombre del dinero

En su comparecencia ante el Senado estadounidense durante el debate sobre el plan Rubio de tres fases, el Secretario de Estado Marco Rubio se refirió a Saab como el «hombre del dinero» o el «testaferro» de Maduro. La caracterización tiene base documental.

El portal venezolano Armando.info reveló desde 2017 que Saab era el operador principal de Group Grand Limited, la empresa que se adjudicó contratos millonarios con el gobierno de Maduro para el programa de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, CLAP. Una segunda investigación documentó que Saab recibió 159 millones de dólares del gobierno venezolano entre 2012 y 2013 para importar materiales de vivienda, y que solo entregó productos por el equivalente a tres millones. El Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a Saab y a su socio Álvaro Pulido de haber lavado hasta 350 millones de dólares defraudados al sistema cambiario venezolano.

Tras regresar a Caracas en diciembre de 2023 por la vía del indulto, Saab fue incorporado al gabinete. Maduro lo nombró primero presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva en enero de 2024. En octubre de 2024 lo designó ministro de Industria y Producción Nacional. Estuvo ahí hasta el 16 de enero de 2026, cuando Delcy Rodríguez, presidenta encargada tras la captura de Maduro, fusionó esa cartera con la de Comercio Nacional y desplazó a Saab del cargo. Le agradeció en Telegram «por su labor al servicio de la Patria» y prometió que asumiría «nuevas responsabilidades». Las nuevas responsabilidades nunca llegaron. Diecinueve días después fue detenido.

Lo que puede contar

El valor estratégico de Saab para la Fiscalía del Distrito Sur de Florida no se reduce a su propia causa. Saab estuvo cerca del centro durante más de una década. Conoce las rutas, los intermediarios, las empresas pantalla, las contrapartes en Teherán, Ankara, Dubái y Hong Kong, los bancos cooperantes y los funcionarios venezolanos beneficiados. Fuentes citadas por el Miami Herald en marzo de 2026 lo describieron como un personaje en posición de «detallar cómo se movieron los fondos a través del sistema financiero internacional».

Hay un caso paralelo abierto en Nueva York contra Maduro y Cilia Flores, ambos detenidos en Estados Unidos desde el 3 de enero. La causa neoyorquina, de narcotráfico y de operación criminal continuada, tiene volumen documental propio. Saab no es testigo necesario para sostenerla. Pero su cooperación podría ampliar el universo de imputados y reabrir líneas hacia funcionarios todavía activos en Venezuela. La sola posibilidad explica que en Caracas, este sábado, no haya hablado nadie.

Fuentes principales: Comunicado del SAIME, 16 de mayo de 2026 (cuenta oficial en X). Reportes de EFE, Reuters, The New York Times, Univision, Miami Herald, El Tiempo, Infobae, El Colombiano, BBC Mundo, Caracol Radio y El Pitazo entre febrero y mayo de 2026. Documentos judiciales de la Corte del Distrito Sur de Florida (acusación de enero de 2026 y desestimación de Robert Scola de marzo de 2024). Investigaciones de Armando.info publicadas desde 2017. Declaraciones de Marco Rubio ante el Senado estadounidense en enero de 2026. Comentario público del ex fiscal Zair Mundaray, 16 de mayo de 2026.

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Política

Lo que se devaluó no fue el periodista: fue el país que lo expulsó

Circula un post que compara con desprecio a los periodistas venezolanos de hoy con las grandes figuras del pasado. Pero esa comparación ignora lo esencial: cambiaron las herramientas, las plataformas, las audiencias y, sobre todo, el país.

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Circula en redes un post que contrapone con sorna a los grandes periodistas venezolanos del pasado con los de hoy, y concluye que hubo una «devaluación». La comparación es injusta, y no porque ofenda a unos o a otros, sino porque ignora lo esencial: entre una generación y otra cambiaron las herramientas, las plataformas, las audiencias y, sobre todo, el país. Comparar a quien transmitía libre desde Caracas con quien resiste desde el exilio no mide personas: mide dos eras distintas.

LAS 6 PREGUNTAS
Qué
Un post viral compara con desprecio a los periodistas venezolanos de hoy con los de antaño.
Quién
Figuras clásicas como Ottolina, Rangel o Imber, y actuales como Angola, Batiz o Escobar.
Cuándo
La comparación contrasta la era de la TV abierta con la del periodismo digital y el exilio.
Dónde
De los estudios de Caracas de antaño a las redacciones dispersas del exilio actual.
Por qué
El contexto político y tecnológico cambió por completo las condiciones del oficio.
Cómo
Comparando figuras de épocas incomparables sin considerar sus circunstancias.

El post y su trampa

Hay un género de publicación que prospera en redes sociales: la comparación lapidaria. Una imagen, dos columnas, y un veredicto. En las últimas semanas circula una de esas piezas aplicada al periodismo venezolano: de un lado, los nombres mayúsculos del pasado; del otro, los rostros de hoy; en medio, la palabra «devaluación», como si se tratara del bolívar. El mensaje implícito es demoledor: antes había gigantes, ahora hay enanos.

La publicación es ingeniosa y, por eso mismo, peligrosa. Porque su ingenio descansa en una trampa: arranca a las personas de su tiempo y las pone a competir en un terreno que ya no existe. Es como comparar a un corredor que tuvo pista lisa con otro que corre entre escombros, y reprocharle al segundo que llegue más lento. Este reportaje no busca defender a nadie en particular, sino devolverle a la discusión lo único que la vuelve honesta: el contexto.

La era de los gigantes, y sus condiciones

Los nombres del pasado merecen todo el respeto. Renny Ottolina, «el número uno», inauguró prácticamente la televisión venezolana en los años cincuenta y construyó un imperio de audiencia con su show. Carlos Rangel y Sofía Imber convirtieron su programa de entrevistas en una cita ineludible durante décadas, por donde pasaron desde jefes de Estado hasta premios Nobel. A su alrededor, figuras como Marcel Granier, Alfredo Peña, Marianella Salazar o Nelson Bocaranda definieron el oficio para varias generaciones. Fueron, sin duda, enormes.

Pero conviene recordar las condiciones en que fueron enormes. Trabajaban en un país que, con todas sus imperfecciones, tenía televisión abierta plural, periódicos robustos y una clase media que consumía noticias en horario estelar. Tenían estudios, presupuestos, equipos técnicos y, sobre todo, la posibilidad de ejercer desde su propia ciudad sin temer la cárcel ni el exilio. Su grandeza fue real, y también lo fue la plataforma que la hizo posible. No brillaron en el vacío: brillaron en un sistema que permitía brillar.

Infografía

La era de hoy, y sus escombros

Miremos ahora las condiciones de los periodistas actuales. César Batiz, director de El Pitazo y premiado internacionalmente, ejerce desde hace años en el exilio. Carla Angola conduce su programa desde Miami, lejos del país que la formó. Melanio Escobar, como tantos otros, huyó tras el hostigamiento. No es una elección de estilo: según los estudios de los gremios, una mayoría de los periodistas venezolanos que se fueron al exilio ni siquiera sigue ejerciendo el oficio, porque rehacer una carrera en otro país es brutalmente difícil.

Y quienes siguen, lo hacen con el viento en contra. Sus medios fueron cerrados o comprados por testaferros. Sus canales de YouTube han sido eliminados por algoritmos: a El Pitazo le borraron de un golpe, en 2021, un archivo de más de diez mil videos. Trabajan dispersos, sin los presupuestos de antaño, inventando modelos de financiamiento para sobrevivir. Y aun así, el periodismo venezolano sigue ganando los premios internacionales más prestigiosos, como el Rey de España o el Ortega y Gasset. No es decadencia: es resistencia en condiciones que los gigantes del pasado nunca tuvieron que enfrentar.

Lo que de verdad cambió

Puestas una al lado de la otra, las dos eras revelan que lo que cambió no fue la talla de las personas, sino el mundo en que trabajan. Cambiaron las herramientas: del estudio de televisión con decenas de técnicos al teléfono que graba, edita y transmite en vivo. Cambiaron las plataformas: de la señal abierta que entraba a todos los hogares al algoritmo de una red social que decide, sin rendir cuentas, qué noticia se ve y cuál desaparece. Cambiaron las audiencias: del público masivo y cautivo a una diáspora fragmentada en veinte países y husos horarios.

Y cambió, sobre todo, el país. Los gigantes ejercieron en una Venezuela con espacios de libertad; los de hoy ejercen contra un aparato que persigue, censura y empuja al exilio. Si hay una devaluación en esta historia, no es la del periodista: es la del entorno que lo rodea. Lo que se desplomó no fue el talento, sino las condiciones para ejercerlo.

Contra la comparación odiosa

De ahí que la comparación del post no solo sea injusta, sino que esté mal planteada desde su raíz. Medir a un periodista del exilio con la vara de uno que tuvo estudio propio en Caracas es como reprochar a un náufrago que nade peor que un campeón olímpico en su piscina. La pregunta honesta no es quién era mejor, sino quién hizo más con lo que tenía. Y bajo esa luz, sostener un periodismo libre desde el destierro, esquivando la censura digital y sin red de apoyo, tiene un mérito que la nostalgia no alcanza a ver.

Respetar a los gigantes del pasado no exige despreciar a los que resisten en el presente. Al contrario: honrar de verdad aquel periodismo significa entender que su mejor herencia no es una lista de nombres para usar como garrote, sino la convicción de que informar con libertad vale cualquier esfuerzo. Esa convicción sigue viva, hoy, en condiciones mucho más duras. Y eso, lejos de devaluar a nadie, debería bastar para callar las comparaciones odiosas.

Fuentes principales: archivos biográficos sobre Renny Ottolina, Carlos Rangel y Sofía Imber y la historia de la televisión venezolana; LatAm Journalism Review e IPYS Venezuela sobre el exilio de periodistas venezolanos y el ejercicio del oficio fuera del país; El Pitazo sobre el cierre de su canal de YouTube en 2021; reportes sobre los premios internacionales recientes al periodismo venezolano (Premio Rey de España, Ortega y Gasset).

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Política

Vance admite que Washington y Israel ya no quieren lo mismo en Irán

El vicepresidente JD Vance admitió en público, por primera vez, que los intereses de Estados Unidos e Israel «divergen» en Irán. Detrás de la frase diplomática asoma una grieta real entre Trump y Netanyahu sobre cómo terminar la guerra.

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El vicepresidente JD Vance dijo en televisión algo que ningún alto funcionario del gobierno de Trump había admitido en público: que Estados Unidos e Israel no persiguen lo mismo en Irán. Lo envolvió en lenguaje diplomático —los intereses «divergen»—, pero la frase confirma una grieta real entre Trump y Netanyahu sobre cómo terminar la guerra. Y esa grieta, lejos de ser un asunto lejano, toca el precio del petróleo, el riesgo de una guerra mayor y el bolsillo de cualquier hispano en Estados Unidos.

LAS 6 PREGUNTAS
Qué
Vance admitió que los intereses de EE.UU. e Israel «divergen» en el conflicto con Irán.
Quién
El vicepresidente JD Vance, el presidente Trump y el primer ministro israelí Netanyahu.
Cuándo
En una entrevista televisiva el lunes 8 de junio de 2026.
Dónde
En Estados Unidos, en medio de las negociaciones nucleares mediadas por Pakistán.
Por qué
Washington prioriza un acuerdo nuclear; Israel desconfía de dejar a Irán con misiles.
Cómo
Con una declaración pública que rompe la imagen de alineación total entre ambos países.

La frase que rompió el libreto

En una entrevista en Fox News el lunes por la noche, al vicepresidente JD Vance le preguntaron por la relación entre Trump y Netanyahu. Su respuesta tuvo la forma de un lugar común diplomático, pero el fondo era una confesión. Estados Unidos e Israel, dijo, comparten muchos intereses, pero hay situaciones en las que esos intereses divergen. Es, según los analistas, la primera vez que un alto funcionario del gobierno de Trump reconoce en público que Washington y Jerusalén no comparten el mismo objetivo final en la guerra contra Irán.

Vance fue más explícito sobre cuál es la prioridad estadounidense: el objetivo principal de Estados Unidos, afirmó, es asegurar que Irán no tenga un arma nuclear. Y luego trazó la línea con una franqueza inusual: a Israel «puede gustarle o no», pero la política la define lo que conviene a Estados Unidos. Traducido del lenguaje diplomático: el aliado tendrá que acomodarse a la decisión de Washington, no al revés.

Qué hay detrás de la divergencia

La diferencia no es de estilo, es de meta. Para el gobierno de Trump, el éxito es un acuerdo que impida la bomba nuclear iraní y cierre la guerra; Vance llegó a llamarlo un «jonrón» para el pueblo estadounidense. Para el gobierno de Netanyahu, en cambio, un acuerdo que deje a Irán con su capacidad de misiles balísticos intacta es una amenaza de largo plazo que no se resuelve sino que se aplaza. Israel quiere desarmar; Washington quiere pactar. De ahí la tensión.

Esa tensión estalló días atrás de forma concreta. Aviones israelíes atacaron las afueras de Beirut y reavivaron brevemente la guerra con Irán, pese a que Trump —según múltiples reportes— había advertido a Netanyahu que no lo hiciera mientras Washington empujaba la negociación. Se sumaron informes de inteligencia sobre presunto espionaje israelí a los negociadores estadounidenses. El propio Trump, según la prensa, llegó a calificar a Netanyahu en términos muy duros en una llamada acalorada. La imagen de los dos gobiernos marchando al unísono se resquebrajó a la vista de todos.

Infografía

Por qué le importa al lector hispano

A primera vista, una disputa entre Washington y Jerusalén sobre Teherán parece un asunto ajeno a la vida de una familia hispana en Estados Unidos. No lo es. Una guerra abierta en Oriente Medio presiona el precio mundial del petróleo, y ese precio se traduce, en cuestión de días, en lo que cuesta llenar el tanque de gasolina y en la inflación que encarece el mercado. Que Washington empuje hacia un acuerdo en lugar de hacia una guerra mayor tiene, por tanto, un efecto directo en la economía doméstica de millones de personas.

Hay además una lección de fondo sobre cómo se toman las decisiones en este gobierno. La frase de Vance —»esto es lo que conviene a Estados Unidos», aunque al aliado no le guste— es la misma lógica que se aplica en otros frentes que sí tocan de cerca a la comunidad hispana, desde el comercio hasta la migración. Es el principio de que la conveniencia nacional, tal como la define la Casa Blanca, manda sobre cualquier otra consideración. Entender esa lógica ayuda a anticipar cómo actuará Washington en los temas que de verdad desvelan a la diáspora.

Lo que viene

Por ahora, las dos capitales se preparan para hablar. Trump y Netanyahu tienen previsto reunirse en la Casa Blanca, y el propio Trump declaró que un acuerdo con Irán podría estar a pocos días, asegurando estar «en la recta final» de las conversaciones. Vance sostuvo que Teherán está poniendo «cosas reales» sobre la mesa, aunque advirtió que no da por sentada la buena fe de nadie: «todos tratan siempre de jugarle al otro», dijo. El desenlace dirá si la divergencia que admitió en voz alta termina en un pacto histórico o en una nueva escalada. Lo que ya no se puede ocultar es que existe.

Fuentes principales: declaraciones de JD Vance en «Jesse Watters Primetime» de Fox News (8 de junio de 2026), recogidas por Al-Monitor, The Times of Israel, Cleveland Jewish News y Fox News; The Hill sobre las tensiones entre Trump y Netanyahu y la lectura de exfuncionarios como Eric Edelman; reportes sobre la advertencia de Trump a Netanyahu y las negociaciones nucleares mediadas por Pakistán.

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Política

El segundo frente venezolano no está en los pozos: está en las minas

El petróleo venezolano se abre a la inversión con estabilidad. El oro de Bolívar se abre entre disparos, bandas armadas y militarización. Dos industrias, dos riesgos, un mismo objetivo: el capital extranjero.

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Mientras el mundo mira los pozos de petróleo venezolanos, el verdadero campo de batalla de la apertura económica está más al sur, en las minas de oro del estado Bolívar. Allí, la inversión extranjera que promueve Washington no avanza con calma sino entre detonaciones, sobrevuelos de helicópteros y bandas armadas que controlan el territorio. Una foto falsa hecha con inteligencia artificial enturbió esta semana el panorama, pero no debe distraer de lo esencial: en Bolívar hay un conflicto real, y es el segundo frente de la reconstrucción venezolana.

LAS 6 PREGUNTAS
Qué
La apertura del oro venezolano a la inversión extranjera avanza en una zona en conflicto armado.
Quién
El Estado venezolano, la FANB, bandas armadas, el ELN y comitivas inversoras de EE.UU.
Cuándo
La tensión escaló en junio de 2026, tras meses de acercamiento militar con Washington.
Dónde
En el Arco Minero del Orinoco, estado Bolívar, al sur de Venezuela.
Por qué
El oro es el siguiente recurso que se abre al capital, pero el territorio lo controla el crimen.
Cómo
Con militarización de las zonas mineras para imponer el control estatal por la fuerza.

Dos industrias, dos riesgos

Venezuela se está abriendo al capital extranjero en dos frentes a la vez, pero con perfiles de seguridad opuestos. El primero es el petróleo, concentrado en la zona urbana y en la Franja del Orinoco, que opera con relativa estabilidad —alrededor de 1,1 millones de barriles diarios— y donde una ley en trámite busca atraer inversión privada para hacer crecer la producción. Ese frente avanza con calma.

El segundo frente es distinto, y mucho más peligroso. El Arco Minero del Orinoco, esa franja del sur rica en oro, diamantes, coltán y tierras raras, no lo controla del todo el Estado: lo dominan el ELN, disidencias de las FARC y bandas armadas locales que imponen impuestos, gobiernan el territorio y deciden quién entra y quién no. Abrir esa zona a la inversión no es un trámite económico: es meterse en un territorio en disputa armada. Por eso, mientras el petróleo se abre con papeles, el oro se abre con plomo.

La situación de esta semana

En los últimos días se reportó una situación irregular en la zona minera de Bolívar. Según información atribuida a Venevisión, hubo sobrevuelos de helicópteros y detonaciones en el área. Conviene ser claros con lo que se sabe y lo que no: al momento de esta publicación no hay confirmación oficial ni corroboración independiente plena de un episodio puntual. Es un reporte en desarrollo, y como tal debe leerse, a la espera de que las fuentes permitan confirmarlo.

Lo que sí está sólidamente documentado es el patrón. La Fuerza Armada venezolana ha ejecutado durante años operaciones contra la minería ilegal en la región, y organizaciones de derechos humanos han denunciado que varias de esas incursiones, presentadas como «enfrentamientos», dejaron decenas de muertos y desplazamiento forzado de comunidades. La violencia en El Callao y los sectores mineros vecinos no es una novedad de hoy: es una condición permanente, con guerras entre bandas por el control de los yacimientos que estallan con regularidad. Cualquier operación militar reciente, de confirmarse, se inscribiría en esa historia larga y sangrienta.

Infografía

El bulo que enturbió el panorama

En medio de esa tensión real circuló, el 8 de junio, una imagen que aseguraba mostrar a militares estadounidenses y venezolanos «tomando» las minas de El Callao. La foto es falsa: fue generada o modificada con inteligencia artificial, según verificaron de forma independiente medios como El Pitazo y el portal de verificación Cotejo.info. La «primicia» había salido de una publicación extraoficial y se viralizó sin sustento.

El episodio deja una lección que vale la pena subrayar, sobre todo cuando el tema es serio: una imagen falsa no solo engaña, sino que ensucia el terreno informativo y le resta credibilidad a los hechos verdaderos. Y los hechos verdaderos en Bolívar son suficientemente graves como para no necesitar invenciones. Desconfiar de la imagen impactante y esperar la verificación de fuentes confiables es, hoy más que nunca, un acto de defensa propia.

El telón de fondo: Washington mira al sur

Lo que vuelve este frente especialmente delicado es el contexto de cooperación militar entre Caracas y Washington de los últimos meses. La cadencia de contactos es notable: el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Francis Donovan, visitó Venezuela en febrero y de nuevo el 23 de mayo, durante un inédito ejercicio de respuesta rápida sobre Caracas. El 3 de junio llegó el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, en su primera visita. Y antes, en marzo, el secretario del Interior Doug Burgum había declarado que el gobierno de Delcy Rodríguez se comprometió a garantizar la seguridad de las empresas mineras, incluso en zonas que el propio Estado reconoce bajo control ilegal.

Sobre ese tablero, el análisis del medio especializado Geostrategos, con lectura del capitán retirado Daniel Pinto Chacón, plantea una hipótesis inquietante: para asegurar las inversiones, Washington tendría tres caminos —contratistas privados, tropas propias o emplear a la Fuerza Armada venezolana—, y la opción de menor costo sería usar a la fuerza local. Bajo esa lectura, una operación militar de limpieza en Bolívar funcionaría a la vez como señal al capital extranjero y como prueba de coordinación con Washington. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero encaja con la secuencia de visitas militares y conviene tenerla sobre la mesa.

El ejecutor comprometido

Hay, además, una paradoja de fondo que ninguna inversión puede ignorar. La seguridad de las minas se le encargaría a la misma institución que durante años ha lucrado con la economía ilícita del oro. Está documentado que oficiales de la Fuerza Armada han cobrado a organizaciones criminales por el acceso a las minas, y que la enorme mayoría del oro venezolano se produce de manera ilegal, con el control delegado de hecho a grupos armados a cambio de lealtad. Pedirle a ese actor que desmantele las estructuras de las que se ha beneficiado es una apuesta de resultado, cuando menos, incierto.

Para el lector hispano, y en especial para el venezolano de la diáspora, este frente importa tanto como el petrolero, aunque reciba menos atención. Porque revela la verdadera naturaleza de la reconstrucción que se está negociando: no ocurre en el vacío ni sobre una hoja en blanco, sino sobre territorios reales, disputados por las armas, donde el Estado y el crimen llevan años entrelazados. El oro de Bolívar es la prueba de que abrir Venezuela al mundo será, en muchas zonas, mucho más difícil y más sangriento que firmar un contrato petrolero. Y de que el segundo frente, el silencioso, puede terminar siendo el más decisivo.

Reporte en desarrollo. Algunos elementos sobre la situación reciente en la zona minera de Bolívar no cuentan, al momento de esta publicación, con confirmación oficial ni corroboración independiente plena; se presentan como tales y serán actualizados. Esta nota es informativa.

Fuentes principales: análisis de Geostrategos con lectura del capitán (ret.) Daniel Pinto Chacón; El Pitazo y Cotejo.info sobre la verificación de la imagen falsa generada con IA; Reuters sobre las visitas de los generales Francis Donovan (18 de febrero y 23 de mayo de 2026) y Dan Caine (3 de junio) y las declaraciones del secretario Doug Burgum (marzo de 2026) sobre la seguridad de las mineras; Observatorio Venezolano de Violencia y Provea sobre la violencia estructural y las operaciones militares en el Arco Minero del Orinoco.

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