Colaboradores Invitados
El Salvador da seis diputados propios a la diáspora en 2027
El Salvador convierte a su diáspora en actor político con representación directa. Seis diputados propios, voto remoto por internet, primera elección en 2027.
El Salvador consolida un cambio radical en su estructura democrática. Este viernes 15 de mayo de 2026 entró en vigencia oficial la reforma constitucional al artículo 79 que abre las puertas a la representación política directa de los salvadoreños en el exterior. Paralelamente, la Comisión Política de la Asamblea Legislativa ya ha comenzado a debatir las reformas a las leyes secundarias que ponen cifras exactas a la histórica «Circunscripción 15», provocando un intenso debate entre las diferentes fuerzas políticas del país.
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David E. Torres
Especial para INCISOS
El Salvador ha consolidado un cambio radical en su estructura democrática. Este viernes 15 de mayo de 2026 entró en vigencia oficial la reforma constitucional al artículo 79 que abre las puertas a la representación política directa de los salvadoreños en el exterior. Paralelamente, la Comisión Política de la Asamblea Legislativa ya ha comenzado a debatir las reformas a las leyes secundarias que ponen cifras exactas a la histórica «Circunscripción 15», provocando un intenso debate entre las diferentes fuerzas políticas del país.
Seis escaños propios mediante redistribución nacional
A diferencia de las propuestas iniciales que sugerían ampliar el número total de legisladores para albergar a los representantes del extranjero, el Congreso ha optado por mantener el límite rígido de 60 diputados en la Asamblea Legislativa.
Para abrir espacio a la diáspora, se ejecutará una redistribución de los escaños en los departamentos con mayor densidad poblacional del territorio nacional. La Circunscripción del Extranjero contará oficialmente con seis diputados propietarios, con sus respectivos suplentes. Para ceder estas plazas, el departamento de San Salvador pasará de tener 16 a 11 diputados, mientras que La Libertad se reducirá a 6. La adjudicación de las curules para los candidatos del exterior se realizará mediante el sistema D’Hondt, una fórmula matemática de medias mayores que busca asignar los escaños de forma proporcional a los votos obtenidos por cada partido político.
Reacciones encontradas en el Parlamento
La aprobación y puesta en marcha de esta reforma ha generado posturas diametralmente opuestas dentro del salón azul de la Asamblea Legislativa, reflejando la polarización en torno a las reglas electorales.
Desde la bancada mayoritaria de Nuevas Ideas, los legisladores han defendido la medida como un acto de justicia hacia los más de tres millones de salvadoreños fuera del país. El presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, enfatizó durante las discusiones que con este paso se salda una deuda histórica. «Estamos sumando una representación real; hoy la diáspora va a elegir a quienes los van a dirigir directamente», aseguró, señalando que la comunidad migrante ya no puede ser vista únicamente como un motor económico emisor de remesas, sino como un actor político con pleno derecho.
Por el contrario, los diputados de las fracciones de oposición, como Vamos y ARENA, han expresado fuertes reparos tanto al mecanismo de distribución como a la premura de las reformas. Legisladores de oposición argumentan que restarle escaños a departamentos densamente poblados como San Salvador y La Libertad atenta contra la proporcionalidad de la representación de los ciudadanos que residen físicamente en el país.
Asimismo, han cuestionado que la fórmula beneficie las estructuras partidarias con mayor capacidad de campaña en el extranjero, calificando la jugada de «cálculo electoral» para garantizar la hegemonía en la próxima legislatura, además de advertir sobre la complejidad técnica que implicará para el Tribunal Supremo Electoral auditar de forma transparente el voto por internet en esta nueva circunscripción.
Cómo se asignarán los votos
Las reformas que ya estudia el Órgano Legislativo para modificar la Ley Especial para el Ejercicio del Sufragio en el Extranjero y el Código Electoral dejan claros los criterios de votación para los comicios legislativos de 2027.
Todos los salvadoreños cuyo Documento Único de Identidad registre un domicilio fuera de El Salvador sumarán su voto de manera directa a la nueva circunscripción especial del exterior. Quienes decidan ejercer el sufragio utilizando su pasaporte, ya sea emitido dentro o fuera del territorio nacional e independientemente de si está vencido o vigente, también verán su voto asignado automáticamente a la circunscripción del extranjero. Los connacionales que residan fuera pero que aún mantengan en su Documento Único de Identidad una dirección de El Salvador continuarán asignando su voto al departamento local que indique su documento.
Requisitos para los candidatos de la diáspora
Con esta adecuación, los salvadoreños que viven en el extranjero y aspiren a convertirse en uno de los seis diputados de la diáspora deberán cumplir con los requisitos estándar de la legislación del país: ser salvadoreño por nacimiento, mayor de 25 años, de moralidad e instrucción notorias, y someterse a las elecciones internas de un partido político legalmente inscrito. La normativa elimina definitivamente el candado de la obligatoriedad de residencia física previa en el país.
El inicio de la ruta a 2027
Con la reforma constitucional ya publicada y en vigor, el Tribunal Supremo Electoral tendrá la monumental tarea de coordinar la logística técnica e informativa a nivel internacional.
Las modalidades tecnológicas como el voto remoto por internet, disponible durante un mes previo a la elección para la dirección en el extranjero, y el voto electrónico presencial en consulados, serán las herramientas clave para canalizar la voluntad de una masa de votantes en el exterior que, a partir de 2027, tendrá gobernantes rindiéndoles cuentas directamente a ellos.
David E. Torres colabora con INCÍSOS desde El Salvador.
Fuentes principales
- Asamblea Legislativa de El Salvador, reforma constitucional al artículo 79.
- Comisión Política de la Asamblea Legislativa, debate sobre reformas a leyes secundarias.
- Ernesto Castro, presidente de la Asamblea Legislativa.
- Tribunal Supremo Electoral (TSE) de El Salvador.
- Ley Especial para el Ejercicio del Sufragio en el Extranjero y Código Electoral.
Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →
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La urdimbre y la tribuna: hacia una elocuencia femenina
Maigualida Gamero examina si existe una oratoria propia de las mujeres y por qué reducirla al sentimiento es una forma de infantilizar su inteligencia estratégica.
¡Hola a todos! Bienvenidos de nuevo a este espacio de encuentro donde la palabra se habita, se siente y se proyecta. Hoy quiero abrir el debate sobre un territorio que durante siglos ha estado marcado por una sola cartografía: la oratoria. Cuando pensamos en el discurso público tradicional, en el estrado imponente, en la retórica de la confrontación y el mando, estamos evocando una estructura profundamente patriarcal y masculina. Pero, en pleno siglo XXI, con figuras luminosas como Michelle Obama, Emma Watson o Michelle Bachelet rediseñando el mapa de la palabra, cabe preguntarnos: ¿Existe una oratoria propia para las mujeres? ¿Cómo dialoga el discurso femenino frente al molde clásico masculino? ¿Es verdad que se habla desde el corazón, o hay una estrategia de poder y presencia mucho más profunda detrás?
El desafío al molde tradicional y la sombra de la plaza pública
Durante generaciones, el estándar de la elocuencia ha sido el modelo de plaza pública: competitivo, vertical, enfocado en convencer mediante la fuerza argumental o la imposición jerárquica. La mujer que accedía a la tribuna solía verse en la encrucijada de imitar ese tono imperativo para ser tomada en serio, perdiendo en el camino su voz genuina.
Esta imposición se vuelve especialmente compleja en naciones con una fuerte impronta histórica de gestas independentistas y republicanas —como nuestra propia América Latina—, donde el relato fundacional fue escrito y declamado por hombres de sable y tribuna militar. En estas repúblicas nacientes, la oratoria pública heredó la épica del campo de batalla: un discurso marcial, de arenga encendida, vertical y solemne, diseñado para un ágora concebida exclusivamente por y para varones.
La voz oculta en la gesta. En sociedades donde la historia oficial elevó al prócer y al orador guerrero al altar de la patria, las mujeres que poseían una lucidez política desbordante —como nuestras heroínas independentistas— a menudo tuvieron que ejercer su elocuencia en los intersticios: en las tertulias clandestinas, en el correo epistolar cifrado, en la acción sorda de la resistencia. El espacio público formal les vedaba el estrado, obligándolas, cuando finalmente lograron alzar la voz en los siglos posteriores, a calzarse un traje retórico ajeno que no les pertenecía.
La gerencia de la presencia en voz de mujer
Cuando observamos a líderes contemporáneas como Emma Watson defendiendo la equidad ante la ONU, o a Michelle Obama conectando con millones a través de la narrativa íntima de su propia vida, entendemos que la gerencia de la presencia femenina no busca imitar la arenga marcial del viejo caudillo, sino resonar más hondo. No se trata meramente de «hablar desde el corazón» como un cliché emotivo, sino de integrar la vulnerabilidad y la vivencia como herramientas legítimas de autoridad.
El discurso femenino contemporáneo subvierte el viejo paradigma porque:
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Integra la experiencia vivida. Conecta lo personal con lo político, transformando la vivencia cotidiana en un argumento de peso universal.
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Sustituye la verticalidad por la circularidad. En lugar de pararse sobre la audiencia para aleccionar, la oradora se sitúa con la audiencia, creando un espacio de complicidad y escucha activa.
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Reivindica el silencio y la pausa. Al igual que nuestros poetas que habitaban los espacios en blanco, la mujer elocuente domina el tiempo escénico sabiendo que lo no dicho también comunica.
Más allá del mito: ¿corazón o estrategia?
Reducir la oratoria de las mujeres a un asunto exclusivo de «sentimiento» es caer en la trampa de infantilizar su intelecto estratégico. Cuando Michelle Bachelet articula su visión política o cuando una mujer toma la palabra en un escenario corporativo o artístico, lo que hay sobre la mesa es una maestría en la gestión de la empatía como tecnología de poder. Es la capacidad de desmontar la coraza de la confrontación para abrir paso a la verdadera persuasión.
Construir nuestra oratoria escénica desde la identidad femenina significa apropiarnos de nuestro propio registro, sin disculpas ni imitaciones al viejo modelo de la plaza militar. Es entender que nuestra palabra tiene el peso de un escudo solar y la precisión de una flecha certera. ¡Hasta nuestra próxima entrega en INCÍSOS!
Maigualida Gamero
Caracas, Venezuela · 12 de septiembre de 2026
@Maigua_Gamero
Colaboradores Invitados
El cuerpo delata el síndrome del impostor antes de la primera sílaba
El síndrome del impostor no es solo un constructo psicológico. Se instala en los hombros caídos, en la respiración superficial y en la urgencia de ocupar el menor espacio posible. Tres claves desde las tablas para desarmarlo.
COLABORACIÓN · ORATORIA ESCÉNICA
El autoconocimiento y la fisicalidad como antídoto contra el síndrome del impostor en la mujer contemporánea.
Por Maigualida Gamero
Hay un instante que conozco bien. Las luces de la sala bajan, el silencio se apodera de las butacas y, tras el telón, una mujer —directora, ejecutiva, madre, investigadora o creadora— repasa mentalmente su discurso con el corazón latiendo a mil por hora. No teme no saber del tema; lo domina a la perfección. Su terror más profundo, casi silencioso y paralizante, es que descubran que «no encaja», que no es suficiente, que todo ha sido un golpe de suerte. Es la sombra persistente del síndrome del impostor, un inquilino invisible que habita con demasiada frecuencia en la mente de la mujer contemporánea.
Durante décadas, nos han enseñado a pensar la comunicación desde el intelecto. Nos han dicho que para ser escuchadas debemos acumular títulos, pulir argumentos y tener respuestas para todo. Sin embargo, en mis años sobre las tablas y guiando procesos desde la oratoria escénica y la gerencia de la presencia, comprendí una verdad radical: el cuerpo no miente, y la verdadera transformación no empieza en la garganta, sino en la planta de los pies.
El escenario como espejo: cuando el cuerpo revela lo que callamos
En el teatro, el actor aprende temprano que la voz no es un ente separado del cuerpo; la voz es el cuerpo en vibración. Cuando una mujer sube a un escenario —ya sea corporativo, académico o artístico— y se encoge, cruza los brazos como escudo protector o desplaza todo su peso hacia atrás buscando una salida invisible, su cuerpo está emitiendo un mensaje antes de pronunciar la primera sílaba. Está manifestando inseguridad.
El síndrome del impostor no es solo un constructo psicológico abstracto; tiene una geografía física muy concreta. Se instala en los hombros caídos, en la respiración clavicular superficial que ahoga el timbre natural y en la necesidad urgente de ocupar el menor espacio posible para no incomodar.
Desde la perspectiva de la gerencia de la presencia, el autoconocimiento deja de ser un ejercicio de introspección pasiva para convertirse en una práctica de soberanía corporal. Reconocernos en el espacio no es un acto de ego, sino de legitimidad.
Tres claves desde las tablas para recuperar la escena
Para desarmar esa voz interna que nos disminuye, debemos cambiar las reglas del juego. No se trata de «fingir seguridad hasta lograrlo» —un consejo vacío que solo agrava el desgaste emocional—, sino de habitar la fisicalidad con conciencia dramática.
1. El enraizamiento: ocupar el suelo con derecho propio
En el teatro, la primera tarea de un intérprete antes de entrar a escena es conectar con el eje de gravedad. ¿Dónde están tus pies? ¿Sientes el peso de tu cuerpo distribuido equitativamente sobre el suelo? Cuando una mujer contemporánea sufre el síndrome del impostor, suele flotar en una urgencia mental constante, desconectada de su base física.
La práctica: sentir el suelo firme bajo tus pies te ancla en el presente. Al respirar de manera consciente y descender la energía hacia la tierra, la postura se endereza de forma natural, sin rigidez. El cuerpo le comunica al cerebro: «Estoy aquí, este espacio me pertenece y tengo derecho a habitarlo».
2. La expansión del gesto: del repliegue a la apertura
El miedo nos contrae. Nos hace encoger el pecho, cerrar los brazos y apagar la mirada. Romper esta inercia requiere un acto deliberado de dirección escénica personal. La oratoria escénica nos enseña que los gestos amplios, fluidos y congruentes con el discurso no solo proyectan seguridad hacia la audiencia, sino que envían una señal interna de poder y calma.
La práctica: abre el pecho, expande tus brazos con naturalidad y permite que tus manos habiten el aire. Al ensanchar tu presencia física, el cerebro interpreta que estás a salvo, disolviendo el pánico escénico desde la raíz somática.
3. La pausa y el silencio: el dominio del tiempo
Quien padece el síndrome del impostor suele hablar rápido, atropelladamente, como si pidiera disculpas por ocupar el tiempo de los demás. En las tablas, aprendemos que el silencio no es un vacío temible, sino un recurso dramático de altísimo valor. El silencio es poder.
La práctica: atrévete a hacer una pausa antes de responder, a sostener la mirada de tu interlocutor o de tu auditorio sin vacilar. Dominar el ritmo de tu propia voz es el reflejo más fiel de que confías en tu propio criterio y en el valor de lo que tienes para decir.
La mujer contemporánea como directora de su propia narrativa
La mujer de hoy vive atravesada por demandas múltiples: liderar, producir, cuidar, crear y destacar. En esa vorágine, es fácil perder el centro y delegar nuestra validación en la mirada ajena.
Reconocerse a través de la fisicalidad y la oratoria escénica es un viaje de retorno a casa. Es entender que no necesitamos convertirnos en otra persona para brillar; necesitamos quitar los bloqueos físicos y mentales que impiden que nuestra verdadera potencia salga a la luz.
Cuando una mujer pisa firme, respira con conciencia, estructura su mensaje con la fuerza de una dramaturgia viva y alza la voz sin pedir permiso, deja de ser una impostora en su propia vida para convertirse en la directora indiscutible de su propia escena.
El escenario está listo. El telón ya se ha abierto. Es tu turno de habitarlo.
Maigualida Gamero es escritora, actriz, locutora, productora teatral, coach y conferencista. Escribe sobre comunicación, oratoria y presencia personal. En redes: @Maigua_Gamero.
Caracas, 5 de septiembre de 2026.
Las colaboraciones invitadas expresan la posición de quien las firma. Este texto tiene fines divulgativos y no sustituye la orientación de un profesional de la salud mental.
También puede leer: «Todo gran discurso esconde la estructura de una obra teatral».
Colaboradores Invitados
Machado debe ser garante de la transición
Oponerse en bloque preservaría la pureza política y arriesgaría el respaldo de Washington. Aceptar sin condiciones legitimaría una arquitectura sin elecciones. Hay una tercera vía.
Por Orlando Viera Blanco
La respuesta de María Corina Machado al acuerdo petrolero anunciado por Washington debería partir de una premisa incómoda pero esencial: el entendimiento entre Trump, Delcy Rodríguez y NABEP no se enfrenta eficazmente desde la indignación, sino desde la realpolitik. Son momentos que exigen mucha retina estratégica y bastante menos apasionamiento.
Washington ha dejado claro cuál es su prioridad inmediata. Energía, estabilidad regional y reconstrucción económica. La transición democrática aparece como un objetivo posterior y condicionado. Conviene decir, además, algo que la dirigencia política suele omitir: para la gran mayoría del pueblo venezolano la prioridad también es el estómago y la nevera.
La Casa Blanca presenta el acuerdo como parte de una estrategia de estabilización y transición. Lo anunciado el 31 de agosto concede a NABEP derechos sobre diecisiete campos y unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas, con una inversión proyectada cercana a los 100.000 millones de dólares. Estados Unidos obtendría una participación de 35% en la matriz de la empresa, acceso al 20% de la producción a costo y derechos preferenciales sobre el resto.
Para Machado, rechazarlo frontalmente sería políticamente comprensible y estratégicamente peligroso. Trump podría interpretar una oposición absoluta como resistencia a un proyecto que considera central para la seguridad energética de su país. Y una vez que Washington ha decidido que Delcy Rodríguez constituye un interlocutor funcional, confrontar al presidente estadounidense podría terminar aislando precisamente a quien necesita conservar influencia sobre la transición futura.
La distinción que hay que hacer es entre inversión petrolera y legitimidad política. La alternativa inteligente no consiste en aprobar ni en condenar el acuerdo en bloque. Consiste en sostener una posición precisa: Venezuela necesita inversión, producción y capital estadounidense, y no necesita una operación económica que sustituya la soberanía popular ni determine por anticipado quién gobernará el país.
Ese planteamiento le permitiría convertir el problema en una oportunidad. Desde ahí puede exigir transparencia contractual, auditoría independiente, competencia, protección de los ingresos fiscales, reglas ambientales, participación de la industria estatal y rendición de cuentas. Y por encima de todo, garantías de que los recursos derivados del petróleo financiarán la reconstrucción nacional y no servirán para perpetuar una estructura política.
Hay además una dimensión ética que no conviene esquivar. Machado no debería sacrificar sus principios democráticos por conveniencia. Pero la ética política también exige evitar que el maximalismo termine perjudicando a una población devastada económicamente. Si la inversión genera empleo, producción, infraestructura y recursos fiscales, oponerse por el solo hecho de que participe un empresario cuestionado sería difícil de justificar ante los venezolanos.
Los escenarios son tres y conviene enunciarlos sin adornos.
El primero es la confrontación. Preserva la pureza política y arriesga la pérdida del apoyo de Trump.
El segundo es la aceptación. Otorga acceso al proceso económico y corre el riesgo de legitimar una arquitectura política sin elecciones.
El tercero, que me parece el más inteligente por sensato y moderado, es la cooperación condicionada. Reconocer la necesidad de la reconstrucción económica mientras se exige que la riqueza petrolera sea compatible con una transición democrática.
La clave está en que María Corina Machado emerja como garante político del acuerdo en términos de viabilidad de la transición. No como su adversaria ni como su avalista, sino como la condición que lo vuelve sostenible.
Su mensaje podría ser inequívoco. Presidente Trump, Venezuela necesita su inversión, su mercado, su apoyo y su liderazgo. Pero una Venezuela económicamente reconstruida solo será estable si también es políticamente legítima. Hagamos que ambas cosas ocurran juntas.
Queda un último punto. Machado debe regresar, y no de manera inmediata ni unilateral. Debe convertir el regreso en una operación política negociada y no en un gesto de desafío.
Su liderazgo supera cualquier individualidad. Es la garantía de un salto histórico hacia una refundación republicana moderna y liberal. Un reto de esa magnitud demanda prudencia, visión y aplomo.
Orlando Viera Blanco
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