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Inciso

In-Maduros

El desfile que estamos presenciando raya en la falta de respeto. Los dos años de ausencia de proselitismo no fueron apatía: fueron decepción, depresión, frustración y enorme reflexión. Quienes regresan con musiquita, besos a viejas y muchachitos cargados, pueden devolverse por donde vinieron. Venezuela necesita plan, no comparsa. El Inciso firmado del domingo 31 de mayo.

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In-Maduros

El desfile que estamos presenciando raya en la falta de respeto. Los dos años de ausencia de proselitismo político no se deben a la apatía ni a la indiferencia. Ha sido un tiempo de profunda decepción, depresión, frustración y enorme reflexión.

No se crean que el exilio, la clandestinidad, la persecución y todo ese andamiaje de represión y terror únicamente ha servido para que la censura opere a sus anchas. Todo eso ha sido instrumento para que esta sociedad entendiera que no todo es aplauso, consignas y agitar de banderas.

Quienes están llegando con el ánimo de revivir campañas con musiquita, besos a las viejas y cargando a un par de muchachitos, se pueden devolver por donde vinieron.

Venezuela lo que necesita es un plan de reconstrucción bien explicado, donde cada quien sepa cuál es el rol que le corresponde jugar. Luego de todo lo vivido, nadie está esperando que la cosa sea coser y cantar.

El venezolano es un pueblo que lo ha sufrido todo y no se merece esta invasión absurda de política populista, enmarcada en los ochenta. El Manifiesto de Panamá, como marco de esta nueva fase política —se infiere— implica madurez de parte de la sociedad para comprender sus alcances, pero sobre todo de la dirigencia, para enfrentar el inmenso desafío de tomar el poder.

No estamos para comparsas ni fiestas electoralistas. La campaña de 2024 para que Edmundo González Urrutia ganara la elección, sin medios, con todo en contra, con múltiples limitaciones, debe haber dejado una inmensa lección. Una que establece que este pueblo está suficientemente maduro para tomar las decisiones que corresponden, sin la parafernalia de otros tiempos.

Pónganse serios, que el país acompaña a quien le sirve con auténtica madurez.

María Corina lo dijo el sábado, al cerrar el ciclo del Manifiesto: «muy pronto nos reencontraremos allí, en nuestra tierra, con nuestra gente, en nuestros hogares». La frase es promesa, pero también es advertencia. El reencuentro al que ella se refiere no es el de la tarima con altoparlante y bandera al hombro. Es el reencuentro de un país adulto con la posibilidad de gobernarse en serio.

Quien quiera estar en ese reencuentro tiene que llegar con el repertorio que el momento pide. No el de los ochenta. No el de la campaña populista de toda la vida. Tiene que llegar maduro. Y si no lo está, tiene tiempo de aprender, pero tiene también la obligación de callar mientras aprende.

El país está pendiente. Lo está leyendo todo. Está viendo quién entendió y quién no entendió lo que pasaron estos dos años. Y la respuesta del país, cuando llegue el momento, no va a ser indulgente con quienes confundieron el silencio con apatía y trataron de revivir la fiesta cuando el país estaba todavía recogiendo a sus muertos, a sus presos, a sus exiliados, a sus desaparecidos.

In-maduros, los llamo. Sin acento. A propósito. Para que se vea que la palabra describe a un tipo específico de dirigente, no al régimen criminal cuya simiente todavía no termina de extirparse. Es palabra que se va a escuchar más en los próximos meses, porque va a hacer falta.

Que cada uno se pregunte si va a regresar a Venezuela con la dignidad que el momento exige, o si va a regresar a hacer lo que sabe hacer hace cuarenta años. La diferencia entre los dos regresos la va a sentir el país en el bolsillo, en la mesa, en la escuela y en la cama. No es asunto menor.

Conviene tomarlo en serio.

Alfredo Yánez Mondragón · Editor en jefe de INCÍSOS · Domingo 31 de mayo de 2026.


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0800 Cinismo

Sobre la línea 0800 contra la extorsión policial y el cinismo del régimen venezolano.

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Primero, lo fáctico. Un anuncio sobre una línea, una plataforma de denuncia que no explica de qué va, cómo funciona, qué tipo de registro se obtendría ni —fundamentalmente— cuál sería el alcance de esas denuncias. Solo por ahí ya opera el cinismo.

Pero es que, después de 27 años de extorsión sistemática convertida en modelo de negocio por esa mafia que se enquistó en el poder, el asunto casi daría risa. Lo cruel del anuncio y lo cínico del planteamiento no lo permiten.

Quieren acabar con la «matraca». Habría que preguntarles entonces cómo fue «el acuerdo» para que Edmundo González terminara en un avión rumbo a España en septiembre de 2024. Cómo se llaman las comparsas de PDVAL, la famosa llamada a aquel presidente del Banco Provincial, los intentos de compra de RCTV, el método Cha-Az. Cómo se llama, si no extorsión, supeditar a un «voto» la bolsita maltrecha de comida de los CLAP.

Porque si algo saben hacer ellos, desde antes y también ahora, es extorsionar. La propia ONU lo dijo con todas sus letras a propósito del caso de la jueza María Lourdes Afiuni: lo que le hicieron funcionó como un mecanismo de extorsión psicológica contra todo el poder judicial. Le pusieron nombre: el «efecto Afiuni». La extorsión no es aquí una metáfora indignada; es la categoría técnica con que se describe el método.

Así que conviene preguntar a quién va dirigida esta iniciativa extorsionadora. ¿Es un reclamo hacia lo interno, una advertencia entre ellos? ¿A quién creen que van a convencer de que están dispuestos a erradicar prácticas que se riñen con la probidad, cuando esas prácticas son su gramática?

¿Quieren mostrar algún propósito de enmienda? Liberen definitivamente a María Lourdes Afiuni. Cierren ese caso de extorsión —no por ella, que ya cumplió la pena tres veces y un poquito más, según sus propias palabras, sino porque es la factura política a una jueza que prefirió la línea recta de la justicia a la línea impuesta—. Su solicitud de amnistía sigue engavetada con el pretexto de siempre: que la ley «excluye delitos de corrupción», la misma etiqueta fabricada en 2009.

¿No quieren más extorsión? Liberen a los presos políticos y acaben con la cantidad de delitos conexos que rodean las visitas, la comida, las medicinas.

Nada más desdibujado. Nada más cruel. Nada más exacto a lo que han sido y siguen siendo.

0800 Cinismo. Eso son ustedes: con su call center, con su cara e’ tabla, con su desvergüenza.

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Sexto mes: el tiempo de los condicionales

Arranca junio y casi todo lo que importa está en fase de definición, no de cierre. Colombia, Venezuela, el comercio, las urnas: el mes de los «por».

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Arranca junio y casi todo lo que importa está en fase de definición, no de cierre. Colombia, Venezuela, el comercio, las urnas: el mes de los «por».

Empieza el sexto mes del año y conviene decir algo incómodo: casi nada de lo que importa ha terminado de pasar.

Lo que tenemos, más bien, es una sala de espera. Colombia votó ayer y no eligió: eligió volver a votar el 21. María Corina Machado dice que regresa, y la noticia no es el regreso sino el adverbio —«pronto»—, esa palabra que lleva cargando desde diciembre. El T-MEC no se renueva ni se rompe: se «revisa», con tres rondas agendadas y ninguna conclusión. Las urnas de noviembre en Estados Unidos todavía no son urnas; son encuestas, primarias, pronósticos. Hasta los aviones que querrían volar a Caracas están, por ahora, conjugados en futuro.

Junio es el mes de los condicionales. El mes en que todo el mundo está «por» hacer algo.

Y no lo digo como reproche. Hay etapas que son, en efecto, de tránsito, y pretender que se resuelvan antes de tiempo es una forma de impaciencia que suele salir cara. El problema no es que las cosas estén a medias. El problema es la tentación de leer el anuncio como si fuera el hecho. De confundir la intención con el acto. De celebrar la puerta entreabierta como si ya hubiéramos cruzado.

Hemos aprendido —a fuerza de golpes— que entre el «voy a» y el «hice» cabe un país entero. Cabe una negociación que se cae. Cabe una segunda vuelta que invierte la primera. Cabe una licencia que no se firma, una fecha que no se anuncia, un acuerdo que se queda en la foto. El venezolano que mira esto desde Columbus, o desde Madrid, o desde Santiago, lo sabe en el cuerpo: ya le vendieron antes el final feliz, y el final tardó.

Así que este mes vamos a hacer lo que sabemos hacer. No vamos a apurar los desenlaces que no nos toca apurar. Vamos a mirar de cerca cada condicional —el de Bogotá, el de Caracas, el de Washington— y a preguntar lo único que importa cuando algo está «por» pasar: ¿qué falta, exactamente, para que pase?

Porque ahí, en lo que falta, está siempre la verdad del asunto. Lo demás es entusiasmo, y el entusiasmo no es análisis.

Y empiezo por casa, porque no se predica lo que no se practica. Nosotros mismos, aquí en INCÍSOS, somos una propuesta editorial. Tenemos seguidores en X, lectoría en el newsletter, amigos y conocidos que nos levantan el teléfono, una reciente alianza informativa con The Daily Journal, ilusiones de sobra. Y aun así somos, todavía, promesa. Somos también un condicional. La diferencia —la única que me importa— es que lo sabemos, y por eso seguimos preguntándonos qué falta.

Decíamos, hace dos meses, que algunas puertas se abrieron. Es cierto. Pero abrir una puerta no es haber llegado. Es, apenas, poder empezar a caminar.

Sexto mes. Cuaderno nuevo. Mismas preguntas, hechas con más cuidado.

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La doble tutela

Washington exige a la oposición venezolana que negocie con el rodrigato. Al rodrigato le exige que entregue presos políticos, exiliados y desarme paramilitar. Es la postal de la doble tutela. La que ejercen los padres cuando obligan a dos hijos peleados a darse la mano antes del almuerzo, sin que ni

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Dos sillas enfrentadas con mesa vacía — imagen de la doble tutela de Washington sobre Venezuela

Washington exige a la oposición venezolana que negocie con el rodrigato. Al rodrigato le exige que entregue presos políticos, exiliados y desarme paramilitar. Es la postal de la doble tutela. La que ejercen los padres cuando obligan a dos hijos peleados a darse la mano antes del almuerzo, sin que ninguno crea del todo en la reconciliación. Como en toda casa, la pregunta queda flotando: ¿qué pasa cuando los padres se van? El Inciso firmado del sábado 30 de mayo.

Por Alfredo Yánez Mondragón · Editor en jefe de INCÍSOS

Las casas tienen su pedagogía. Cuando dos hermanos se pelean, alguien adulto los sienta frente a frente, les dice que se den la mano y los obliga a almorzar en la misma mesa. Ninguno de los dos cree del todo en la reconciliación. Los dos saben que el gesto es para los padres, no para ellos. Pero el almuerzo ocurre. Y el almuerzo, con los años, termina siendo lo que pasó. La pelea se convierte en recuerdo. La reconciliación de mentira se convierte en convivencia de verdad.

A veces.

Veintiocho años después del primer arranque opositor venezolano que reconstruimos en el Especial Arqueología del viernes 29 de mayo, lo que ocurre en mayo de 2026 entre Caracas, Ciudad de Panamá y Washington tiene una forma que conviene nombrar con precisión: es la doble tutela.

La administración Trump, a través del secretario Marco Rubio, le exigió a un lado que negocie. A la oposición venezolana, encabezada por María Corina Machado y respaldada por la Plataforma Unitaria y la Alianza ConVzla, le pidieron que se siente a la mesa. Que reconozca el Plan de Tres Fases como marco estratégico. Que diseñe una ruta de transición ordenada, no insurreccional, no maximalista. Que firme un Manifiesto que reconozca al rodrigato como contraparte interlocutora, no solo como régimen ilegítimo. La oposición lo hizo. El Manifiesto de Panamá se firmó el jueves 28 de mayo.

Al otro lado, Washington le exige al rodrigato que ceda. Que libere a los presos políticos civiles y militares. Que permita el retorno seguro de los exiliados. Que desmantele el aparato represivo y los grupos armados ilegales. Que acepte un nuevo Consejo Nacional Electoral con personalidades independientes. Que se siente con Machado, a quien hace cuatro meses calificó de prófuga.

Los dos lados saben que el otro no actúa por convicción propia. Los dos lados saben que el otro está sentado en la mesa porque Washington puso la silla. Y los dos lados saben que Washington ha hecho lo más difícil en cualquier mediación de familia: dejar la silla puesta sin decir cuánto tiempo se va a quedar a vigilar.

Ahí aparece la pregunta incómoda. ¿Qué pasa si Washington se levanta antes de que el almuerzo termine?

La historia opositora venezolana que reconstruimos en el Especial Arqueología tiene una constante. Cada vez que el actor externo se retiró, el proceso se diluyó. La Coordinadora Democrática de 2002 perdió tracción cuando el Centro Carter cerró la mesa y el Grupo de los Amigos se desbandó. El interinato de 2019 sobrevivió mientras la primera administración Trump lo sostuvo y dejó de existir cuando dejó de sostenerlo. La negociación con la administración Biden en Doha entregó Barbados como gesto y nunca completó la ruta. Cuando los padres se van, los hermanos vuelven a la pelea.

Esto no es crítica al Plan Rubio. Es lectura de archivo.

Y el archivo dice tres cosas operativas.

La primera. La doble tutela funciona mientras el tutor sostiene presencia activa. No solo política. Operativa. Calendarios, plazos verificables, costos concretos para quien no cumple. El Manifiesto reconoce el Plan Rubio como marco estratégico pero también registra, en silencio, que el plan no tiene fechas de cierre por fase. Esa omisión no es del Manifiesto. Es del plan.

La segunda. Cuando la tutela es asimétrica —cuando un tutor empuja más a un lado que al otro—, el proceso pierde legitimidad doméstica. La oposición venezolana entró a la mesa porque Washington empujó. El rodrigato no ha entrado todavía. Si Washington empuja al rodrigato solo después de noviembre, cuando las elecciones de medio término ya hayan pasado, la simetría se rompe. Y el lado que entró por presión externa termina siendo, paradójicamente, el lado más débil.

La tercera. Los procesos tutelados solo terminan bien cuando los tutelados aprenden a sostener la mesa sin el tutor. Es lo que los padres llaman, en su pedagogía casera, «que ya no me necesiten». La oposición venezolana puede aprender eso. El rodrigato también. Pero ninguno de los dos lo va a aprender si el tutor no enseña a soltar.

La doble tutela, en este momento, es lo que hay. Y es mejor lo que hay que el silencio anterior. Pero no conviene confundirse: lo que en mayo de 2026 parece reconciliación es, todavía, reconciliación de comedor. Funciona hasta el postre. La sobremesa empieza después.

Vale la pena estar preparados.


Alfredo Yánez Mondragón · Editor en jefe de INCÍSOS · Sábado 30 de mayo de 2026.


Fuentes principales

  • INCÍSOS, Especial Arqueología de la unidad opositora venezolana, edición del 29 de mayo de 2026.
  • INCÍSOS, «El Manifiesto de Panamá pone a Machado al frente de la negociación», pieza del 29 de mayo de 2026.
  • INCÍSOS, «Las fuerzas democráticas cierran filas detrás del Manifiesto de Panamá», pieza del 30 de mayo de 2026.
  • INCÍSOS, «El rodrigato deja la respuesta al Manifiesto en silencio operativo», pieza del 30 de mayo de 2026.
  • Manifiesto de Panamá, texto íntegro suscrito por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, Ciudad de Panamá, mayo de 2026.
  • Plan de Tres Fases del Gobierno de Estados Unidos para Venezuela, anunciado por el secretario de Estado Marco Rubio el 7 de enero de 2026 ante el Congreso.
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