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Política

Delsa Solórzano: «Sin reinstitucionalización no hay estabilización; sin estabilización no hay recuperación; sin recuperación no hay elecciones libres»

La presidenta de Encuentro Ciudadano explica los ocho puntos que la oposición venezolana ha puesto sobre la mesa para que la transición tutelada que comenzó el 3 de enero termine en elecciones reconocidas. Habla del año y medio en resguardo, de la designación inconstitucional del fiscal y los magistrados, del liderazgo de María Corina Machado y de por qué la legitimidad sigue viniendo del 28 de julio.

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Hay una frase que Delsa Solórzano repite a lo largo de la conversación, y que vale la pena tomar en serio: luchar por Venezuela no es un favor, es un deber. Lo dice quien estuvo año y medio en resguardo, sin teléfono visible, administrando comida que se acababa, esperando que el 3 de enero —el día en que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores en Caracas— marcara un antes y un después. Lo marcó. Pero la transición, advierte, todavía no ha llegado.

Solórzano —presidenta del partido Encuentro Ciudadano — respondió desde una gira nacional. La semana pasada estuvo en Carabobo. Esta conversación se sostuvo a distancia, a propósito de la Hoja de Ruta de la Plataforma Unitaria Democrática presentada el 12 de abril en Caracas, y que articula en ocho puntos lo que la oposición considera condiciones mínimas verificables para que la transición tutelada termine en elecciones reconocidas.

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La conversación es larga. Aborda la amnistía y sus fallas jurídicas, la designación inconstitucional del nuevo fiscal y de la defensora del pueblo, además del proceso de selección de los magistrados del Tribunal Supremo, el papel de María Corina Machado en esta nueva etapa, la diferencia entre los diálogos de antes —Vaticano, República Dominicana, México, Noruega— y el acompañamiento internacional que hoy ejerce el gobierno de Estados Unidos. Y aborda, sobre todo, una pregunta concreta: qué falta para llegar de verdad a la transición.

Lo que sigue es la transcripción editada de la entrevista. Las preguntas se identifican como AYM (Alfredo Yánez Mondragón) y las respuestas como DSL (Delsa Solórzano).

I. La Hoja de Ruta como responsabilidad colectiva

AYM — La semana pasada estuviste en Carabobo presentando la hoja de ruta. ¿Es una gira del partido o de la Plataforma Unitaria?

DSL — Era una gira del partido, pero la hoja de ruta es de todos nosotros. No es un instrumento de un solo partido político. Es un instrumento que propone la Plataforma Unitaria para todo el país, para toda Venezuela. Cada partido la está presentando a todos los sectores. Para mí es un tema de responsabilidad política: que todos asumamos esa hoja como propia y que la difundamos, que la expliquemos en cualquier espacio donde estemos. Y que la gente entienda que esta hoja de ruta también es una responsabilidad ciudadana.

AYM — Si tuvieras que aterrizar la hoja de ruta en pocos puntos, ¿cómo se la explicas a alguien que no es político?

DSL — Es que no es una tabla teórica. Es la explicación de cómo alcanzar los tres pasos a los que se refirió el secretario de Estado, Marco Rubio: estabilización, recuperación y transición. Esas palabras pueden ser difíciles de entender, no asibles para la ciudadanía. Lo que ha hecho la Plataforma Unitaria es darle contenido a cada uno de esos tres pasos. Hasta ahora hemos visto un vínculo bilateral entre Delcy Rodríguez y el gobierno de Estados Unidos, pero allí también tiene que estar presente la voz de los venezolanos, porque hay asuntos internos que solamente conocemos nosotros.

Cuando preguntamos cómo vamos a llegar a la transición, la respuesta tiene un orden lógico: sin reinstitucionalización no hay estabilización real; sin estabilización no hay recuperación; sin recuperación no hay elecciones libres; y sin elecciones libres no hay transición democrática. Hay ocho puntos concretos. Empieza por la liberación de los cerca de 500 presos políticos que todavía hay en Venezuela. Cuando hablamos de estabilización no nos referimos a que Delcy se estabilice en el poder. Nos referimos a la estabilización democrática, a las condiciones mínimas para que el país pase al último paso, que es la transición.

«Cuando hablamos de estabilización no nos referimos a que Delcy se estabilice en el poder. Nos referimos a la estabilización democrática.»

II. La amnistía como espíritu y como ley fallida

AYM — El 8 de enero la administración anunció una nueva etapa y un proceso de amnistía. ¿Cómo evalúas esa ley?

DSL — Yo la veo más como un espíritu que como ley. La ley tiene gravísimas fallas que en su momento hicimos notar. No se vale por sí misma y viola los principios generales de la amnistía. La amnistía es un hecho legislativo con implicaciones inmediatas en lo judicial, e incurre en la ficción jurídica de borrar un hecho. Y al borrar el hecho, deberían borrarse también sus consecuencias jurídicas: penales, civiles, administrativas.

Lo que está ocurriendo es absurdo. Hay expedientes con tres, cuatro, cinco personas, donde le otorgan la amnistía a una y se la niegan a otra. ¿Qué borraste entonces? Y a las personas a quienes liberan no les devuelven sus bienes; te dicen que el bien está sometido a juicio. ¿A cuál juicio, si el hecho ya se borró? Sin embargo, debido a esa ley o, mejor dicho, a su espíritu, ha habido varias liberaciones. Pero todavía hoy hay cerca de 500 presos políticos en Venezuela. Y siguen ocurriendo detenciones como la de Paparoni en el aeropuerto, liberado 24 horas después con una medida cautelar y sin saber aún por qué se lo llevaron. Es obvio que hay todavía un proceso de persecución, y que el aparato represivo del Estado —que incluye al Poder Judicial— sigue dedicado a la persecución política y no a la persecución de la delincuencia.

III. El «maquillaje» institucional

AYM — Hablas de reinstitucionalización integral. ¿Qué fue lo que ocurrió con la designación del fiscal, del defensor del pueblo y la que sigue de los magistrados del TSJ?

DSL — Te voy a hablar como abogado, porque no puedo evitar la desviación profesional. La Constitución dice muy claramente cuál es el procedimiento, y ese procedimiento no se cumplió. Para la designación de cualquiera de los órganos del Poder Moral, el propio Poder Moral debe convocar a un comité de postulaciones independiente conformado por la sociedad civil. Ese comité recibe las postulaciones y presenta una terna a la Asamblea Nacional, que decide. Eso no ocurrió. La Asamblea Nacional designó una comisión parlamentaria entre ellos mismos, esa comisión recibió postulaciones y eligió.

Y, perdón, ningún jurista serio puede decir que ese procedimiento fue constitucional. Es evidente que no hubo una designación conforme a derecho. Lo mismo ocurre con los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia: la ley orgánica del TSJ es muy clara, incluso especifica el número de personas que tienen que conformar el comité de postulaciones por parte de la Asamblea y por parte de la sociedad civil. Tampoco se cumplió. Hoy en Venezuela no hay reinstitucionalización del país: hay un cambio de fichas. Para hablar de reinstitucionalización tenemos que adecuarnos a los procedimientos constitucionales. Eso, hoy, no se está dando.

AYM — Entonces, ¿estamos asistiendo a un maquillaje? ¿Y llegado el momento habrá que hacer una segunda reinstitucionalización?

DSL — Para el Consejo Nacional Electoral sí se podría designar uno provisorio que le dé a la ciudadanía confianza. Y a partir de ahí ir a un proceso electoral del que emerjan autoridades definitivas. Pero hoy no hay reinstitucionalización: hay un cambio de fichas que no respeta los procedimientos constitucionales.

«Hoy en Venezuela no hay reinstitucionalización. Hay un cambio de fichas.»

IV. La diferencia entre el acompañamiento de antes y el de ahora

AYM — Has dicho que después del 3 de enero hay una nueva etapa en el país. ¿En qué se diferencia este momento de los diálogos previos —Vaticano, República Dominicana, México, Noruega?

DSL — Hoy hay, por primera vez, un acompañamiento de la comunidad internacional con un objetivo claro. La diferencia con aquellos procesos es enorme. En aquellos años, la comunidad internacional nos decía: cálmense, este es un problema de los venezolanos, quédense tranquilos mientras tanto. Hoy el gobierno de Estados Unidos, a través de Marco Rubio, ha planteado con claridad que el objetivo es llevar a Venezuela a la transición.

La propia Delcy Rodríguez lo reconoció. En su rueda de prensa, frente al cuerpo diplomático, le mandó saludos a Trump y le dijo que tenga la garantía de que ellos están cumpliendo con los acuerdos. No lo digo yo: lo dice el propio gobierno de facto. Hoy la pregunta no es si la comunidad internacional acompaña. La pregunta es cómo los venezolanos le damos contenido al proceso para llegar a una transición real.

V. La legitimidad viene del 28 de julio

AYM — Hay un grupo en la Asamblea Nacional. Hay una administración que despacha desde Miraflores. Y hay unas fuerzas democráticas con un mandato popular incuestionable, pero sin representación formal. ¿De dónde se agarra la legitimidad para sentarse a designar un CNE provisorio que genere confianza?

DSL — La legitimidad viene del pueblo. La Plataforma Unitaria es la alianza política más votada en la historia de Venezuela. Desde 2010 para acá no ha habido una alianza con más votos. Esa legitimidad emerge del pueblo, no de un cargo. Esto no significa que la Plataforma sea el ombligo del mundo: significa que tiene la obligación de ser recíproca con la ciudadanía que le ha dado el respaldo. Por eso me viste en Carabobo. Por eso ves a cada partido haciendo sus actividades, difundiendo la hoja de ruta. Esto no es un cheque en blanco: es estar en permanente contacto con la ciudadanía, conscientes de que tenemos la responsabilidad de la conducción política.

Del 28 de julio quedó un mandato popular que implica dos cosas. Una, el reconocimiento al liderazgo de quienes encabezamos ese proceso. Y dos, la voluntad de cambio de una nación, una voluntad que hoy no se ha podido concretar. Por eso has visto incluso al propio Edmundo González pidiendo elecciones el 12 de abril, cuando presentamos la hoja de ruta.

VI. María Corina Machado, hoy

AYM — Tú participaste en la primaria del 22 de octubre, fuiste de las primeras en llegar a Bejucal a respaldar el triunfo de María Corina Machado, y luego te involucraste de manera decidida en la campaña del 28 de julio. Pero la política es la política y los momentos cambian. ¿Cómo se valora hoy el liderazgo de Machado?

DSL — Hay un proceso que se reconoce, que es el del 22 de octubre. De allí emerge un liderazgo que el país respeta. ¿Cómo se niega un liderazgo que se construyó con un proceso de votación ciudadana? Eso no fue un invento. En la Plataforma siempre hablamos del trípode democrático: la Plataforma como espacio de toma de decisiones, Edmundo González y María Corina. Tienen un liderazgo muy claro. Y hoy todos somos conscientes de que estamos pidiendo lo mismo.

La utilización del azul celeste de la Plataforma tiene una significación concreta. Es un azul que da paz, que genera esperanza y que nos agrupa a todos los partidos. No es de ninguno de nosotros y, por eso, nos pertenece a todos. Los colores de Encuentro son azul marino, blanco y amarillo; los de Voluntad Popular naranja, PJ amarillo y negro; los de Acción Democrática, blanco y negro; los de Copei, verde. Ese azul celeste nos pertenece a todos.

VII. Año y medio en resguardo

AYM — Pasaste año y medio entre el 28 de julio y el 3 de enero en resguardo. ¿Qué fue eso, en términos concretos?

DSL — Yo prefiero hablar de resguardo y no de clandestinidad. Tuvimos que protegernos —nosotros, nuestros equipos y nuestras familias— porque la persecución después del 28 de julio fue brutal. La mayoría de los dirigentes de la Plataforma se tuvieron que ir al exilio o estaban presos. En mi caso pasé año y medio sin cara visible en el teléfono, dependiendo de la inestabilidad del internet venezolano y de la luz. Yo vengo de una campaña presidencial: la mía en la primaria, y la de Edmundo. De estar con miles de personas, de gente que te abraza, pasé a estar sola. Sola, administrando la ración de comida de los alimentos perecederos, porque no sabía cuánto tiempo iba a estar ahí.

Si no hubiera llegado el 3 de enero, no sé qué estaría comiendo hoy. No es queja: yo no estoy aquí para que Venezuela se preocupe por mí. Yo estoy aquí para ocuparme de Venezuela. Ese es nuestro deber. Por eso el lema de la Plataforma es Es nuestro deber: porque la conducción política, en cada partido, en cada líder grande o pequeño, y la responsabilidad ciudadana de involucrarse, no es de uno solo. Es de todos. La gente tiene que saber que estamos haciendo esto por compromiso con Venezuela.

«Yo no estoy aquí para que Venezuela se preocupe por mí. Estoy aquí para ocuparme de Venezuela.»

VIII. Qué falta para llegar a la transición

AYM — El encargado de negocios de Estados Unidos dijo recientemente que ya estaban dadas las condiciones iniciales de las dos primeras fases para ir a la tercera. Tú me has dicho que el CNE es una condición necesaria. ¿Qué falta entonces para llegar de verdad a la transición?

DSL — Falta todo lo que te he venido diciendo. Falta que liberen a los presos políticos. Falta que se permita el retorno seguro de los exiliados. Falta que inicie un proceso de otorgamiento de condiciones electorales mínimas, que empieza por la designación de un Consejo Nacional Electoral independiente. Y cuando digo independiente no me refiero a que mañana yo renuncie a mi partido y diga que ya no tengo vinculación política. Eso es mentira. Independiente significa con garantías de transparencia, equilibrio y profesionalismo, con un comité de postulaciones que cumpla los procedimientos constitucionales.

Esto no se hace solo. Se necesita el concierto de todas las partes, con la intermediación de Estados Unidos y de la comunidad internacional, Europa también, por supuesto. Pero hoy somos conscientes de que ese acompañamiento existe por primera vez con un objetivo claro: llevar a Venezuela a una transición democrática. Y la responsabilidad de los venezolanos es darle contenido a ese acompañamiento.

AYM — ¿Y cuál es el balance de la reactivación política desde el 27 de enero, cuando pudiste salir de tu resguardo?

DSL — Muy satisfactorio. Encuentro Ciudadano se reactivó de inmediato. Está en la calle difundiendo la hoja de ruta, está articulado en los 335 municipios del país, en los 24 estados, en cada núcleo ciudadano alrededor de los centros de votación. Si tú ves las fotos de las giras de los dirigentes de otros partidos, vas a ver Encuentro Ciudadano en todos lados. Para mí, además, es un orgullo: somos el partido más joven de la Plataforma, fundado en 2018 cuando Maduro ya estaba en el poder y los medios de comunicación habían sido cerrados. No crecimos con la rueda de prensa de los lunes ni con micrófonos en la puerta de la sede. Crecimos con un trabajo en las bases. Y, además, fuimos el primer partido de la Plataforma dirigido por una mujer.

Para cerrar

La hoja de ruta de la Plataforma Unitaria Democrática es, en lo formal, un documento de ocho puntos. En lo político es algo más: una respuesta concreta a la pregunta que el chavismo y parte del oficialismo internacional siguen tratando como inexistente. Si la transición tutelada que comenzó el 3 de enero termina en un «cambio de fichas» —el término es de Solórzano—, no habrá habido transición. Si termina en elecciones libres, competitivas y reconocidas, con un árbitro electoral nuevo, presos políticos liberados y exiliados de regreso, sí.

Recuadro editorial 6W

Esa diferencia no es retórica. Es operativa. Los ocho puntos de la hoja de ruta son condiciones verificables, no aspiraciones. Y la conversación con Solórzano deja una idea que conviene retener: el acompañamiento internacional, por sólido que sea, no sustituye la conducción política venezolana. La sustancia tiene que ponerla la oposición. Y la legitimidad, dice ella, sigue viniendo del 28 de julio.

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Política

Delcy Rodríguez admite el giro que el chavismo negó por años

Delcy Rodríguez reconoció el 22 de junio que el chavismo retomó los canales con EE.UU. tras la captura de Maduro. El partido que se construyó sobre el antiimperialismo defiende ahora la negociación.

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Delcy Rodríguez admite el giro que el chavismo negó por años

La presidenta encargada defendió ante un auditorio chavista la diplomacia con Estados Unidos como «el camino correcto». El partido que hizo del antiimperialismo su identidad ahora justifica abiertamente la negociación con Washington.

Qué Delcy Rodríguez reconoció públicamente que el chavismo retomó los canales diplomáticos con EE.UU. tras el 3 de enero y defendió esa vía como acertada.
Quién Delcy Rodríguez, presidenta encargada, ante un auditorio de cuadros y aliados del chavismo.
Cuándo Lunes 22 de junio de 2026, en la clausura del Coloquio Internacional «Patria es América».
Dónde Teatro Teresa Carreño, Caracas.
Por qué El gobierno interino necesita legitimar ante sus propias bases un acercamiento que contradice tres décadas de discurso.
Cómo Reencuadrando el 3 de enero como «inflexión histórica» y la diplomacia como herramienta de soberanía, no como rendición.

Una confesión envuelta en discurso histórico

El lunes 22 de junio, en la clausura del Coloquio Internacional «Patria es América» en el Teatro Teresa Carreño, Delcy Rodríguez dijo en voz alta lo que el chavismo había evitado nombrar durante meses. «El 3 de enero del 2026 marcó una inflexión en la política nacional y en nuestra visión de las relaciones internacionales», afirmó, antes de defender «retomar el camino diplomático» con Estados Unidos.

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La frase parece técnica. No lo es. Durante casi tres décadas, el proyecto fundado por Hugo Chávez construyó buena parte de su identidad política sobre la confrontación con Washington. El «imperio» no era un interlocutor: era el enemigo estructural que explicaba sanciones, escasez y aislamiento. Que la cabeza del gobierno interino defienda ahora la negociación como virtud no es un ajuste de matices. Es la inversión de un dogma.

«El camino correcto»

Rodríguez fue más lejos que un simple reconocimiento. Evaluó el giro como un acierto: «Han transcurrido ya casi seis meses y siento que ha sido el camino correcto, dirimir las controversias, dirimir las diferencias, que las hay, que existen, a través del espacio diplomático». Enmarcó la diplomacia como mecanismo para «garantizar la tranquilidad, la paz, la soberanía y la independencia de Venezuela».

El vocabulario es revelador. Soberanía e independencia eran, en el léxico chavista clásico, lo que se defendía frente a Estados Unidos. Ahora son lo que se preserva negociando con Estados Unidos. La misma palabra cambió de dirección.

El costo interno de la confesión

Este reconocimiento no se produce en el vacío. Dentro del chavismo, el acercamiento a la Casa Blanca ha abierto grietas visibles. Figuras que fueron leales durante años ventilan su desacuerdo, y algunas voces afines han llegado a hablar en televisión estatal de una posible traición interna que habría facilitado los hechos del 3 de enero. Comunicadores históricos del oficialismo han denunciado que «al comandante lo están borrando».

En ese contexto, el discurso del Teresa Carreño cumple una función doble. Hacia afuera, ratifica ante Washington la disposición a negociar. Hacia adentro, intenta dotar de relato y cobertura ideológica a un viraje que una parte de las bases vive como rendición. Reencuadrar el 3 de enero como «inflexión histórica» es, antes que nada, una operación dirigida a los propios.

Por qué importa para el hispano en EE.UU.

Para el venezolano que sigue el proceso desde la diáspora, la admisión tiene un valor que va más allá del gesto. Confirma que el chavismo ya no discute si negocia con Washington, sino cómo administra esa negociación ante sus propios cuadros. El eje del debate dejó de ser ideológico y pasó a ser de supervivencia política.

Esa es la medida real del cambio. Un movimiento que durante treinta años definió su existencia por oposición a Estados Unidos hoy presenta el entendimiento con Estados Unidos como prueba de sensatez. La pregunta que queda abierta —y que ningún discurso resuelve— es qué queda del proyecto cuando su adversario fundacional se convierte en su socio de transición.

Fuentes principales: La Patilla (22 de junio de 2026); Infobae (22 de junio); CNN en Español (3 de junio de 2026); El Nacional.

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Política

La UCV le cerró las puertas al hijo de Maduro

El 22 de junio, una protesta estudiantil canceló la conferencia «La vida y obra de Nicolás Maduro» en la UCV. Nicolasito no se presentó. La autonomía universitaria sigue viva.

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La UCV le cerró las puertas al hijo de Maduro

Una conferencia donde el diputado Nicolás Maduro Guerra iba a exaltar «la vida y obra» de su padre terminó cancelada por la presión estudiantil. En la universidad asfixiada presupuestariamente, la memoria fue el argumento.

Qué Estudiantes de la UCV impidieron un foro en el que Nicolás Maduro Guerra honraría la trayectoria de su padre; el evento se canceló y el diputado no se presentó.
Quién Estudiantes y dirigentes de la FCU-UCV, la Cátedra Pío Tamayo (organizadora) y el diputado Nicolás Maduro Guerra.
Cuándo Lunes 22 de junio de 2026.
Dónde Universidad Central de Venezuela, Caracas.
Por qué La comunidad universitaria considera incompatible homenajear a quien asoció con la asfixia presupuestaria de la institución.
Cómo Mediante asambleas espontáneas, pancartas y concentración en los accesos que forzó la suspensión.

Una conferencia que no pudo empezar

El acto estaba anunciado: «La vida en obras del presidente Nicolás Maduro Moros», con su hijo, el diputado Nicolás Maduro Guerra, como ponente invitado por la Cátedra Pío Tamayo. La sede era la principal universidad del país. El lunes 22 de junio, sin embargo, la conferencia nunca arrancó. Desde temprano, los pasillos de la UCV se llenaron de asambleas espontáneas, pancartas y consignas. La presión obligó a cancelar el encuentro. El diputado no llegó.

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Las pancartas resumían el rechazo mejor que cualquier comunicado: «La UCV es un espacio libre de torturadores», «¿Cuáles son los logros de tu padre? ¿Asfixiar a la universidad?», «La UCV tiene memoria». La consigna que más se repitió fue de tres palabras: «La UCV no olvida».

La memoria como argumento político

Lo que ocurrió no fue un arrebato. Fue una operación de memoria. La activista universitaria Rosa Cucunubá, dirigente de la Federación de Centros Universitarios, lo explicó con precisión al señalar que rechazaban honrar a Maduro y enumerar lo que la universidad sí recuerda: «la memoria de las aulas vacías porque los estudiantes se fueron, la memoria de profesores que tuvieron que dejar de dar clases porque los sueldos son un chiste, y la memoria de todos los estudiantes detenidos y perseguidos».

El dirigente estudiantil Octavio González apuntó al sentido del acto: el diputado «pretendía lavarle la cara» a su padre en la UCV. Y advirtió que lo sucedido era «una muestra de lo que le va a suceder a cualquier persona que quiera reivindicar los 27 años de miseria».

El telón de fondo: una universidad asfixiada

El episodio no se entiende sin el conflicto de fondo. La UCV y el resto de las universidades autónomas llevan años denunciando una asfixia presupuestaria que golpea el mantenimiento de la infraestructura, los comedores, el transporte estudiantil y los laboratorios. A eso se suma una crisis salarial que ha empujado a renunciar a profesores y a migrar a buena parte del talento académico hacia el sector privado o el exterior.

Para los manifestantes, la incongruencia era el punto central: no se puede homenajear en un aula semivacía a quien, sostienen, contribuyó a vaciarla. El intento de presentar la gestión madurista como legado se topó con la realidad material de la institución que pretendía servir de escenario.

Lo que dice este rechazo sobre el momento venezolano

Mientras el gobierno interino administra su relación con Washington y el chavismo reformula su discurso, la jornada en la UCV mostró otro plano del mismo proceso: el de una sociedad civil que no firma el olvido. El intento de rehabilitar la figura de Maduro —preso en Estados Unidos desde el 3 de enero— a través de su hijo encontró un límite que no vino del poder ni de la diplomacia, sino de un grupo de estudiantes en un pasillo.

Esa frontera importa. En un país donde las cúpulas negocian la transición desde arriba, la memoria universitaria recordó que hay decisiones que la calle todavía se reserva. El relato del régimen sobre sus propios «logros» puede escribirse en los despachos. En la UCV, el 22 de junio, no encontró aula.

Fuentes principales: Runrun.es, TalCual, El Nacional, El Pitazo, La Patilla (todas del 22 de junio de 2026).

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Política

El voto colombiano en EE.UU. eligió a la derecha por goleada

La elección colombiana se definió por menos de un punto, pero entre los colombianos en EE.UU. no hubo duda: De la Espriella arrasó. Qué dice ese voto de la diáspora latina.

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El voto colombiano en EE.UU. eligió a la derecha por goleada

La segunda vuelta colombiana se decidió por menos de un punto porcentual. Pero el voto de los colombianos en Estados Unidos no fue cerrado: respaldó al candidato de derecha de forma abrumadora. Esa asimetría dice algo sobre la diáspora latina.

Qué Abelardo de la Espriella ganó la presidencia de Colombia; en el voto exterior de EE.UU. obtuvo una ventaja muy superior a la nacional.
Quién Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria), Iván Cepeda (Pacto Histórico) y los más de 450.000 colombianos habilitados en EE.UU.
Cuándo Segunda vuelta del domingo 21 de junio de 2026; primera vuelta el 31 de mayo.
Dónde Colombia y los consulados en Miami, Houston, Nueva York y Washington, entre otros.
Por qué El perfil socioeconómico de la diáspora y su relación con el sistema estadounidense inclinan su voto hacia la derecha.
Cómo A través del voto consular, que se contabilizó junto al escrutinio nacional.

Una elección nacional al filo, una diáspora sin dudas

El domingo 21 de junio, Colombia eligió presidente por el margen más estrecho de su historia reciente. Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, se impuso a Iván Cepeda, del Pacto Histórico, con 49,66% frente a 48,70%: una diferencia de unos 250.000 votos, menos de un punto porcentual. De la Espriella asumirá el 7 de agosto, en sucesión de Gustavo Petro.

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A escala nacional, el país quedó partido casi por la mitad. Pero hubo un territorio donde el resultado no fue ajustado: Estados Unidos. Allí, el candidato de derecha ganó por goleada. En la primera vuelta, De la Espriella había obtenido el 72% del voto colombiano en suelo estadounidense, frente a un porcentaje muy menor de Cepeda. La diáspora en EE.UU. no replicó el empate nacional: lo rompió.

Por qué el exterior vota distinto

Estados Unidos concentró el mayor número de colombianos habilitados para votar fuera del país: 454.262 personas, por encima de España y de Venezuela. Y para esta segunda vuelta, la participación en el exterior creció un 18% respecto a la primera.

¿Por qué ese electorado se inclina tan marcadamente a la derecha? El politólogo Yann Basset, de la Universidad del Rosario, atribuyó la diferencia a la composición de la diáspora: empresarios y personas de negocios con mayor afinidad hacia un programa de orientación económica liberal, encarnado por un candidato que también es empresario. El votante colombiano de Miami o Houston tiende a tener un perfil distinto al del votante de Bogotá o Cali, bastiones de Cepeda.

Una señal que excede a Colombia

El dato interesa más allá de la política colombiana. La diáspora latina en Estados Unidos no es un bloque homogéneo ni automáticamente progresista, como a veces se asume. El comportamiento del voto colombiano en el exterior se suma a una tendencia observada en otras comunidades: a medida que el migrante se integra al sistema económico estadounidense, su voto puede desplazarse hacia opciones de derecha, por afinidad económica, por rechazo a la izquierda de origen o por ambas.

De la Espriella llega además con un respaldo explícito de Donald Trump y una felicitación inmediata de Marco Rubio, que anticipó cooperación en seguridad regional y migración. Ese alineamiento con Washington es justamente lo que parte de la diáspora valora.

El escrutinio aún no cierra

Conviene la cautela. Cepeda reconoció el resultado preliminar pero anunció que impugnará 33.000 mesas durante el escrutinio oficial, y advirtió que las cifras del preconteo no son «oficiales ni vinculantes». Petro, por su parte, condicionó su reconocimiento al cierre de las verificaciones legales. El resultado definitivo dependerá de ese proceso.

Para el lector hispano en Estados Unidos, sin embargo, la lección del voto exterior ya está dada. La comunidad colombiana —una de las más numerosas y de mayor crecimiento entre los latinos del país— mostró el domingo dónde está su centro de gravedad político. Y ese centro, fuera de Colombia, se inclinó sin ambigüedad hacia la derecha.

Fuentes principales: Registraduría Nacional del Estado Civil (preconteo); La Nación, Semana, El Colombiano, Primicias (21 de junio de 2026); declaraciones de Yann Basset (Universidad del Rosario).

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