Política
Oropeza llama a construir una fuerza disuasiva que rete la exclusividad del Rodrigato
Ángel Oropeza asegura que Venezuela vive una «estabilización autoritaria». Advierte que los procesos de transición por continuidad, como el que se desarrolla bajo el Rodrigato tienen un 50% de probabilidad de fracaso. Dice que la única vía para evitarlo es construir una fuerza disuasiva que rete la exclusividad del proceso.
Sofía C. Torres
Especial para INCISOS
Ángel Oropeza, psicólogo y doctor en Ciencia Política, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello y exsecretario político de la Mesa de la Unidad Democrática, asegura que Venezuela vive una «estabilización autoritaria». Advierte que los procesos de transición por continuidad, como el que se desarrolla bajo el Rodrigato tienen un 50% de probabilidad de fracaso. Dice que la única vía para evitarlo es construir una fuerza disuasiva que rete la exclusividad del proceso, hoy reservado a dos actores: el Rodrigato a lo interno y Washington como tutor externo.
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¿Comenzó la transición en Venezuela? La respuesta depende del cristal con el que se le mire. Eso es lo que intenta explicar Ángel Oropeza, psicólogo de profesión y doctor en Ciencia Política, actualmente director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.
Oropeza, recordado por su vocería como secretario político de la extinta Mesa de la Unidad Democrática en 2017, conversó con INCÍSOS y apuntó sin vacilaciones que el país está en una etapa de estabilización autoritaria, que se mantendrá hasta tanto se consolide una fuerza disuasiva —que por ahora no se vislumbra en el panorama— capaz de romper con la condena de esperar por los designios del gobierno encargado y de Washington.
Para el especialista, tras los sucesos del 3 de enero hubo un cambio de presidente pero no de régimen, y eso conlleva insertar el proceso en lo que la literatura politológica ha definido como transición por continuidad. La mala noticia, alerta, es que esta modalidad registra el más alto porcentaje de reversión autoritaria —50%— de acuerdo con estudios que han examinado más de 140 casos en el mundo.
El desafío para no caer en la estadística del fracaso radica, según Oropeza, en la construcción de una fuerza disuasiva y articuladora que rete la exclusividad de la transición venezolana, hoy reservada a solo dos actores: el que dirige a lo interno —el Rodrigato— y el que externamente tutela, Washington. Esa fuerza, insiste, debe ir más allá de los partidos políticos y tener capacidad de plantear propuestas, exigencias y elevar costos al gobierno.
¿Nuevo momento político o transición?
Actualmente se han posicionado en la agenda pública dos definiciones, «nuevo momento político» y «transición». Ambas denotan cambios. ¿Cómo define el tiempo en el que está Venezuela?
Las dos cosas pueden ser verdad en el sentido de que es un nuevo momento político. De hecho, no está el presidente que estaba en diciembre. Hay una situación irregular que nadie pensaba que iba a ocurrir en diciembre, o sea, hay un nuevo momento político. Lo que pasa es que ese término, que es el que utiliza la presidencia encargada para no hablar de transición, tiene un interés, por supuesto, oculto.
Transición se apega a la definición etimológica de la palabra, que es transitio, pasar de un estado a otro. Estamos en otro estado, pero desde el punto de vista politológico ciertamente no estamos en transición, un proceso que implica una serie de condiciones que ahora no existen, por ejemplo, la sumisión del poder militar al poder civil, instituciones escogidas democráticamente por voto libre y vigiladas. Entonces, lo más que podemos decir es que estamos en una situación que podría desembocar en una transición o no.
Por eso, aquí en el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB usamos la palabra hipótesis: la transición es una hipótesis que puede llegar a materializarse o no. Desde el punto de vista politológico estricto, estamos en una situación de normalización autoritaria.
La transición exige las tres fases establecidas por el gobierno de Trump: estabilización, recuperación y transición política. La primera está asociada para ellos —Estados Unidos— con ausencia de desorden, una paz social y cierta estabilidad política; dicen que esta fase ya se cumplió, algo discutible. La segunda es en la que en teoría estaríamos ahora, una recuperación macro que toca a las grandes empresas, pero la realidad de la gente es otra. Y la última, como ha dicho el mismo Trump, JD Vance y Rubio, algún día será.
Autoritarismo y el riesgo de la continuidad
Oropeza asegura que Venezuela se encuentra en una etapa de estabilización, pero autoritaria, porque no ha habido cambio de modelo. En ese sentido, repasa las teorías de las transiciones y las clasificaciones que propone la literatura politológica:
«Las transiciones cooperativas, típicamente las transiciones, ocurren porque hay un acuerdo entre el régimen gobernante y quien aspira a sucederlo. Se ve en los casos más conocidos, el español y el chileno, y entre los más exitosos está el venezolano con el Pacto de Puntofijo —muy demonizado por el chavismo—, uno de los ejemplos de ingeniería política cuando se estudia Ciencia Política en el exterior».
«Hay transiciones por continuidad, sale el presidente pero permanece en el poder gente de su régimen. Esa es la que vivimos hoy en Venezuela con el Rodrigato. No es un cambio de modelo, es un cambio de personas».
«Hay la modalidad de invasión extranjera, lo que sucedió en Irak. Y están las que inician por colapso, hay una revuelta popular, un quiebre en la cúpula gobernante o cualquier situación que da al traste con el gobierno, muy rápido, por lo demás».
«Se han estudiado, el número varía un poco y depende del investigador, entre 140 y 150 casos en el mundo. Cerca de 50 son transiciones por continuidad. ¿Por qué el dato es importante? Porque esa es la modalidad de transición que se registra en Venezuela en 2026, y tiene el porcentaje más alto de fallas o de regresión autoritaria, un 50%. ¿Por qué ese porcentaje? Porque la cúpula gobernante, que es la misma que estaba antes, siente que las presiones empiezan a descender, la fuerza externa cede un poco en su beligerancia, la gente comienza a acostumbrarse, y la tentación de volver a las prácticas habituales autoritarias es muy grande».
La tercera pata de la mesa
¿Y cómo se evita esa reversión en una transición por continuidad en Venezuela?
Es urgente que aparezcan actores que reten la exclusividad de la transición. ¿Cuál es el problema con la transición por continuidad? En Venezuela hay solamente dos actores, el que dirige a lo interno y el que externamente tutela, pero el actor interno no tiene dialogante interno, o sea, el Rodrigato no tiene con quién discutir la transición internamente.
Los partidos políticos están muy debilitados y divididos, y la sociedad civil muy desconectada. Todos quieren lo mismo, pero cada quien por su lado. No hay una fuerza para hacer la caja de resonancia o contraparte del gobierno. No es lo mismo 50 enanos uno al lado del otro que los enanos puestos uno encima del otro construyendo un gigante.
Para no caer en la estadística de la reversión debe aparecer un actor dialogante con fuerza capaz de elevar los costos al gobierno. Por ejemplo, si se retoman los mecanismos de represión y el costo es bajo porque no hay quien pase la factura, ni siquiera el tutor externo, esos mecanismos se repetirán cada vez más. Entonces veremos una regresión autoritaria lenta.
El liderazgo de Machado, sus límites reales
Se reconoce un liderazgo legítimo, reafirmado el 28 de julio de 2024, pero no detenta un poder real. ¿Qué papel juega ese liderazgo en la etapa que atraviesa el país?
Sí, el liderazgo existe en la persona de María Corina Machado, que está haciendo un trabajo encomiable, mantener vivo el tema venezolano en foros internacionales, así como la necesidad de una elección presidencial tan pronto como se pueda. Lo que pasa es que, primero, no está en el país. Segundo, el actor externo pareciera que no la reconoce como el actor pivote de la transición, y el actor interno no le da legitimidad.
Su influencia en términos de eficacia política real es limitada. Limitada para ejercer ese liderazgo con su partido y con sus aliados para reactivar la movilización, entre otras cosas. Mientras esté fuera y mientras el actor externo no le dé el rol que no se lo está dando en este momento, el rol central en la transición, ese papel va a ser siempre acotado.
¿Es preferible tener el liderazgo de María Corina Machado que no tenerlo? Es preferible tenerlo, por supuesto. Lo que no se puede es confundir el liderazgo de Machado con la necesidad de un actor interno articulado que no tenemos, ese que incluya partidos políticos integrados con la sociedad civil organizada, empresarios, sindicatos, estudiantes, ONG, iglesias, universidades.
Es lo que hemos llamado la ausencia de la tercera pata de la mesa. Para que una transición se dé, tiene que contar por lo menos con un trípode. Una mesa de dos patas se cae. Una pata es una parte del gobierno en el poder que acepta cambiar por la fuerza o por convicción, en nuestro caso por la fuerza. La segunda pata es una fuerza externa, que también la tenemos, Estados Unidos, que incide en que el cambio ocurra. Y una tercera pata, dice la literatura, es una población organizada que es la que legitima o no, apoya u obstruye, colabora o se opone a lo que estos actores proponen.
Es urgente que se construya la tercera pata, porque si no, la población quedará entonces a merced de la buena fe o la suerte de lo que decidan los otros dos actores.
El reto de la oposición y la reconexión con la base
¿Cuál es el reto entonces de la oposición en este caso para constituirse como ese dialogante interno articulador?
No solamente la oposición en términos de partidos políticos, es el país organizado. Creo que la oposición, percibida como la dirigencia, reconoce que está muy debilitada. No todo es su culpa. Mucha gente, a veces, por comodidad se la adjudica. Si una profesión es peligrosa en Venezuela es la política, es más peligrosa que el narcotráfico. El dirigente político ha sido perseguido, criminalizado, exiliado y muchos, asesinados.
Todo ello ha provocado un distanciamiento con la gente, entre la cúpula de los partidos y la base que dicen representar. El reto, y ellos lo saben, es comenzar a reconectar con eso. Algunos lo están haciendo, y me consta, Juan Pablo Guanipa, por ejemplo, lo está haciendo muy bien, creo que es quizás el que mejor o el que más lo hace. También están Andrés Velázquez y Delsa Solórzano. No conozco a muchos en ese plan.
¿Están girando el país? Sí, sin grandes concentraciones, pero sí reuniéndose con sus bases, sus equipos. Por ahí hay que empezar. Creo que no estamos arrancando de cero, estamos montados en la dirección correcta. Eso sí, falta mucho.
La siguiente fase, por supuesto es más fácil decirlo que hacerlo, es la conexión con sindicatos, empresarios, ONG, comunidades organizadas, para empezar a hacer una alianza que permita construir la tercera pata que no tenemos.
Olvidé algo importante, y es que los partidos, si bien están haciendo un sano reconocimiento de sus debilidades, no aceptan recomponer una que es grave, la desunión.
El «supérenlo» de Jorge Rodríguez
El gobierno ha adoptado una narrativa que alude al perdón, habla de apertura, restablecimiento de relaciones internacionales. Pero recientemente, incluso días antes de conocer la noticia del fallecimiento de Víctor Hugo Quero en custodia del Estado, Jorge Rodríguez pronunció una frase que generó indignación, especialmente en la diáspora: «Supérenlo, perdónennos y vuelvan». ¿Cómo interpretar esa frase?
La declaración de Rodríguez es una salida inteligente, pero muy cínica y muy irresponsable, porque es un intento de reducir la complejidad de la situación política a un asunto de emociones. Y las emociones no se discuten.
La situación de la diáspora no se reduce a un asunto de mera emoción. O sea, tenemos ocho millones de venezolanos en el exterior, eso es fácilmente una cuarta parte del país. Eso nos ha convertido en el pueblo emigrante más grande del planeta. Quizás con algunos números ya superamos el caso de Siria. Es una tragedia de dimensiones gigantescas.
La Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello ha hecho algunas investigaciones sobre familias deshechas, niños abandonados, y niños que sin ser abandonados, por la ausencia de los padres, desarrollan problemas de personalidad, dificultades del lenguaje, retrasos en el aprendizaje, conductas disruptivas. Es un saldo grave, no solamente para la gente que se fue, que perdió su país, sus bienes, sus seres queridos, sino para la gente que se quedó.
Rodríguez con el «supérenlo» apela a las emociones, no a los hechos, porque si habla de hechos, pierde. Rebajar la complejidad del problema a ese nivel es muy tramposo.
La gente no solamente mostró indignación por la ligereza de esa afirmación, sino que exige que el problema no se resuelva así. Porque justicia es una cosa y olvido es otra. La justicia implica reconocimiento de responsabilidades, reparación de los daños, aseguramiento de no repetición. El olvido es pasar la página, lavarse las manos.
La declaración evidencia una intención política del gobierno: llevarnos a la reconciliación. Otra cosa es la necesaria reconciliación, que debe haber, pero basada en el reconocimiento de responsabilidades y en la búsqueda de justicia.
Trump, las elecciones de medio término y la apuesta del Rodrigato
Las expectativas van en picada, tras el 3 de enero, se padecen los mismos problemas cotidianos: servicios públicos deficientes, salarios insuficientes, un dólar sin contención, la espera por un verdadero cambio político. Se ha empezado a cuestionar el tutelaje. ¿Qué decirle al venezolano frente a ello?
No basta con esperar que Trump se apiade de nosotros porque no somos prioridad en su agenda. Y en la agenda de los Rodríguez tampoco. Tenemos que construir una fuerza, a través de la unión, que no se limite a esperar y comience a exigir.
Trump no va a hacer nada distinto porque tiene una elección en noviembre, faltan pocos meses para eso, está en plena campaña electoral, y no las tiene todas consigo. Parece que va a poder conservar el Senado, la Cámara de Representantes, según las encuestas, puede perderla.
Esa es la apuesta de los Rodríguez: si Trump se debilita cerca del final del período, se le enreda el asunto con China y con Irán, y los va a dejar tranquilo. Pórtate bien hasta que la maestra se distraiga.
En este momento, Trump necesita, de cara a su audiencia interna, que es la que le interesa, vender el caso venezolano como exitoso, para convencer al votante americano de su eficiencia.
La desgracia es que en este momento estamos condenados a esperar, si él hace o no hace. Esa es una posición pasiva, dependiente y riesgosa. El reto es construir una fuerza que vaya más allá de los partidos políticos, que haga propuestas, exigencias, demandas.
No basta con pedir que haya elecciones, hay que empezar a exigir las condiciones para que las haya. ¿Cómo construyes una fuerza que pueda ser disuasiva? ¿Qué es una fuerza disuasiva? Que yo te diga, mira, aquí vamos a elecciones o puedo hacer el país difícil. Entonces, ¿esa fuerza disuasiva la tenemos? No. ¿Está construyéndose? Sí. ¿Estamos mejor que antes? Sí. ¿Falta mucho? También.
Sin elecciones a la vista en 2026
¿Son posibles unas elecciones en 2026?
No las veo posibles, por una razón muy sencilla, aquí habrá elecciones cuando el tutor quiera. Y el tutor no quiere, porque está en campaña electoral. Y si el tutor no quiere nunca, no habrá elecciones nunca.
Insisto, hay que formar una fuerza disuasiva, político-social, que las exija, no verbalmente, con comunicados, reuniones en salones y rutas teóricas, sino que eleve el costo político al gobierno de no hacerlas.
Sofía C. Torres es Periodista, editora y locutora. Asesora y estratega de Comunicación
Fuentes principales
- Entrevista presencial con Ángel Oropeza, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, realizada en mayo de 2026.
- Centro de Estudios Políticos y de Gobierno UCAB, marco analítico sobre transiciones democráticas y autoritarismo competitivo.
- Plan Rubio de tres fases anunciado el 7 de enero de 2026 ante el Congreso de Estados Unidos.
- Plataforma R4V (Response for Venezuelans), Naciones Unidas, datos acumulados de la diáspora venezolana.
- Investigaciones de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello sobre impacto familiar de la migración venezolana.
Alfredo Yánez
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Ohio decide dos cargos en noviembre y tu voto puede ser el margen
En noviembre Ohio elige gobernador y senador, y las encuestas muestran dos carreras parejas. Una guía clara de qué está en juego y por qué tu voto cuenta más de lo que crees.
En noviembre, Ohio no elige un cargo, sino dos: la gobernación y un escaño en el Senado de Estados Unidos. Las encuestas más recientes muestran las dos carreras sorprendentemente parejas, algo poco común en un estado que venía votando claramente de un lado. Eso cambia el cálculo para la comunidad hispana de Columbus: en una contienda cerrada, cada bloque de votantes pesa más. Esta es la guía de lo que está en juego.
Las 6 preguntas
Dos elecciones el mismo día
Conviene no confundirlas, porque son cargos distintos con consecuencias distintas.
La primera es la gobernación. El actual gobernador, Mike DeWine, no puede volver a postularse, así que el cargo queda abierto. Se disputan el puesto la demócrata Amy Acton, conocida por haber dirigido el Departamento de Salud de Ohio en los primeros meses de la pandemia, y el republicano Vivek Ramaswamy, empresario que fue precandidato presidencial en 2024. Es la primera vez en mucho tiempo que ninguno de los dos principales aspirantes a gobernador ha ganado antes una elección.
La segunda es el escaño en el Senado de Estados Unidos. Se trata de una elección especial para completar el período que dejó vacante J.D. Vance al asumir como vicepresidente; quien gane ocupará el cargo hasta 2028. Compiten el demócrata Sherrod Brown, que fue senador por Ohio durante años, y el republicano Jon Husted, designado para ocupar la vacante. El ganador de noviembre tendrá que volver a las urnas en dos años para conservar el asiento.
Dos carreras más reñidas de lo esperado
El dato que cambia el panorama es la cercanía. Una encuesta de Fox News realizada a finales de mayo y principios de junio mostró la carrera por la gobernación en un empate prácticamente perfecto, con Acton y Ramaswamy separados por un punto. En la del Senado, la misma encuesta dio a Brown una ventaja de ocho puntos sobre Husted, un giro respecto a meses anteriores, cuando el republicano lideraba.
En un estado que en las últimas elecciones venía inclinándose con claridad hacia un lado, dos contiendas dentro del margen de error son una señal de que noviembre no está decidido. Y cuando una elección se define por pocos puntos, los bloques de votantes que suelen quedar en segundo plano —entre ellos el hispano— pasan a tener un peso real.
Qué le importa al votante de Columbus
Más allá de los nombres, hay temas que tocan el bolsillo y la vida diaria. Las encuestas coinciden en que la inflación y el costo de vida son la principal preocupación del votante de Ohio. Hay también un asunto local que genera consenso poco habitual: por más de dos a uno, los votantes del estado se oponen a que se construyan grandes centros de datos de inteligencia artificial en sus zonas, un rechazo que cruza líneas partidistas y que conecta con el debate sobre el crecimiento tecnológico en la región.
Para la comunidad hispana de Columbus, el mensaje práctico es sencillo. En una elección cerrada, quedarse en casa también es una decisión, y suele ser la que menos conviene a quien quiere que sus prioridades cuenten. El primer paso no es elegir candidato: es verificar que el registro de votante esté al día y conocer las fechas del voto anticipado. Lo demás —comparar propuestas sobre costo de vida, salud, educación y empleo— viene después, pero no sirve de nada sin ese primer trámite resuelto.
Esta guía es informativa y no constituye una recomendación de voto. Para verificar tu registro y conocer fechas y lugares de votación, consulta la oficina electoral del condado de Franklin o el sitio del secretario de Estado de Ohio.
Fuentes principales: encuesta de Fox News (28 de mayo al 1 de junio de 2026) sobre las carreras de gobernador y Senado en Ohio; sondeos de Emerson College; coberturas de NBC4 (WCMH) y The Center Square sobre el calendario electoral y los candidatos.
*Esta guía es informativa y no constituye una recomendación de voto. Para verificar tu registro y conocer fechas y lugares de votación, consulta la oficina electoral del condado de Franklin o el sitio del secretario de Estado de Ohio.* *Fuentes principales: encuesta de Fox News (28 de mayo al 1 de junio de 2026) sobre las carreras de gobernador y Senado en Ohio; sondeos de Emerson College; coberturas de NBC4 (WCMH) y The Center Square sobre el calendario electoral y los candidatos.*
Política
El álbum del Mundial cuesta 5 dólares, pero llenarlo es otra historia
Vuelve la tradición del álbum de barajitas del Mundial, ahora con 980 figuras. El álbum cuesta cinco dólares; llenarlo, mucho más. Cómo disfrutarlo sin vaciar la cartera.
Vuelve una de las tradiciones más entrañables del fútbol: el álbum de barajitas del Mundial. Esta vez es el más grande de la historia —980 figuras— porque el torneo creció a 48 selecciones. El álbum cuesta apenas cinco dólares. El problema no es comprarlo: es llenarlo. Y ahí, la nostalgia puede salir carísima si uno no sabe jugar. Una guía para disfrutarlo sin que la cuenta se dispare.
Las 6 preguntas
Una tradición que volvió más grande que nunca
Para varias generaciones de aficionados, el Mundial no empieza con el pitazo inicial sino con el primer sobre de barajitas. Pegar las figuras, perseguir las que faltan, cambiar repetidas en el recreo o en la oficina: es un ritual que une a abuelos, padres e hijos alrededor de una mesa. En 2026 ese ritual vuelve, y lo hace a lo grande.
El álbum oficial de Panini para este Mundial es el más extenso jamás producido: 980 figuras para completar. La razón es el nuevo formato del torneo, que por primera vez reúne a 48 selecciones en lugar de 32. Más equipos significan más jugadores, más escudos, más páginas. La colección incluye además figuras especiales de estadios y momentos del torneo, y trae una novedad para el coleccionista: cada sobre ahora trae siete stickers en lugar de los cinco de siempre.
La cuenta que conviene hacer antes de empezar
Aquí está la parte que todo padre de familia debería leer con calma. El álbum cuesta cinco dólares y cada sobre, alrededor de dos. Hasta ahí, accesible. Pero la matemática del coleccionismo es traicionera.
En el escenario ideal —sin una sola figura repetida—, completar las 980 requeriría unos 140 sobres. A dos dólares cada uno, son exactamente 280 dólares. El problema es que ese escenario no existe: las repetidas son inevitables y se multiplican a medida que el álbum se llena. En la práctica, quien intenta completarlo comprando sobres y nada más puede gastar varios cientos de dólares, y en los casos más extremos la cuenta supera los dos mil. Para una sola colección. Conviene saberlo antes de que la ilusión de un niño se convierta en un agujero en el presupuesto familiar.
Cómo jugar sin arruinarse
La buena noticia es que la propia tradición trae la solución: las barajitas se hicieron para cambiarse, no solo para comprarse. Esas son las reglas del juego inteligente.
Lo primero, fijar un presupuesto mensual y respetarlo, tratándolo como entretenimiento y no como una meta a cualquier costo. Lo segundo, apoyarse en el intercambio: organizar trueques entre familia, vecinos, compañeros de trabajo o en grupos de la comunidad reduce drásticamente el gasto, porque las repetidas de uno son las que le faltan a otro. Lo tercero, aprovechar que Panini permite pedir las figuras finales que se resisten, en vez de seguir comprando sobres a ciegas con la esperanza de que aparezcan. Y conviene desconfiar de las ofertas demasiado buenas de figuras sueltas en plataformas de reventa: el mismo entusiasmo del Mundial que llena los álbumes también atrae a los vivos.
Al final, el valor del álbum nunca estuvo en completarlo a toda costa, sino en el rato compartido: la mesa llena de figuras, el «la tengo, la tengo, me falta» coreado en familia. Esa parte, por suerte, sigue costando lo mismo de siempre. Nada.
Fuentes principales: World Soccer Talk, Sports Illustrated y guías especializadas de coleccionismo sobre el álbum oficial Panini del Mundial 2026: precio del álbum y los sobres en EE.UU., total de 980 figuras, formato de siete stickers por sobre y estimaciones de costo para completar la colección.
*Fuentes principales: World Soccer Talk, Sports Illustrated y guías especializadas de coleccionismo sobre el álbum oficial Panini del Mundial 2026: precio del álbum y los sobres en EE.UU., total de 980 figuras, formato de siete stickers por sobre y estimaciones de costo para completar la colección.*
Política
La tregua de abril enfrenta su peor prueba en dos meses
La frágil tregua entre Irán e Israel vivió su peor prueba: cerca de treinta misiles cruzaron el cielo este fin de semana. El detonante estuvo en Líbano, y Washington insiste en que un acuerdo está cerca.
El alto el fuego que detuvo en abril la guerra entre Irán e Israel acaba de vivir su peor momento. En cuestión de horas, Irán lanzó cerca de treinta misiles balísticos contra territorio israelí, los hutíes de Yemen sumaron los suyos, e Israel respondió. El detonante no estuvo en Teherán ni en Tel Aviv, sino en Beirut. Y en medio, Washington insiste en que un acuerdo está más cerca que nunca.
Las 6 preguntas
Una tregua que nunca terminó de cuajar
El alto el fuego que puso fin a la guerra entre Irán e Israel lleva vigente desde principios de abril, pero nunca dejó de ser frágil. La prueba llegó este fin de semana, cuando se rompió el silencio de armas que se sostenía entre los dos países desde hacía dos meses.
Según las Fuerzas de Defensa de Israel, Irán lanzó cerca de treinta misiles balísticos hacia territorio israelí entre la noche del domingo 7 y la madrugada del lunes 8 de junio. A ellos se sumaron dos proyectiles disparados por los hutíes de Yemen, aliados de Teherán. Los sistemas de defensa israelíes operaron para interceptar la andanada, y la población de ciudades como Tel Aviv volvió a los refugios, una imagen que no se veía desde la primavera.
El detonante estaba en Líbano
La clave para entender esta escalada no está en la frontera entre Irán e Israel, sino en un tercer país: Líbano. El domingo, un ataque aéreo israelí golpeó un edificio en Dahiyeh, el suburbio sur de Beirut, bastión de Hezbolá. Para Teherán, ese golpe cruzó una línea.
La Guardia Revolucionaria iraní lo dijo con claridad: el alto el fuego de abril era condicional a un cese de hostilidades en todos los frentes, y la ofensiva sobre el Líbano lo rompía. El lanzamiento de misiles, según esa lógica, no fue el inicio de una nueva guerra sino una advertencia. Horas después, el comando militar de emergencia de Irán anunció que detenía sus operaciones, pero con una amenaza explícita: si la agresión continúa, incluso en el sur del Líbano, las represalias serán mucho más severas.
Es la mecánica de un polvorín. La tregua no abarcó todos los frentes, y eso dejó una mecha encendida en Líbano que ahora amenaza con prender de nuevo el conflicto regional.
Israel no se quedó quieto. La noche del domingo lanzó ataques aéreos contra Irán y, según su ejército, golpeó objetivos militares en el oeste y el centro del país. El contraataque llegó pese a los llamados de Washington a la contención: Trump había pedido al primer ministro Benjamin Netanyahu no responder, citando el avance hacia un acuerdo con Teherán. La respuesta israelí, de todos modos, se produjo.
Washington, entre la mediación y el desconcierto
En el centro del tablero está Estados Unidos. El presidente Donald Trump pidió a ambos países «dejar de disparar inmediatamente» en un mensaje publicado en su red social, y sostuvo que tanto Israel como Irán buscan un alto el fuego inmediato. Insiste, además, en que un acuerdo para cerrar la guerra está cerca.
Pero la escalada expone las costuras de esa diplomacia. Trump reconoció ante la prensa que los ataques no ayudan a las negociaciones, y en privado el cuadro es más crudo: un funcionario de la Casa Blanca, citado bajo anonimato, admitió que el presidente subestimó la disposición de Irán a reactivar el conflicto, y que el comportamiento de Teherán dejó a Washington sin una salida inmediata. La tregua que se presentó en abril como un triunfo diplomático luce hoy como un equilibrio precario que cualquier chispa puede romper.
Por qué importa, más allá del titular
Para el lector hispano en Estados Unidos, un intercambio de misiles en Oriente Medio puede sonar lejano. No lo es tanto. Una reactivación plena de esa guerra mueve el precio del petróleo, y con él el del combustible que se paga en cualquier surtidor del país. Toca la política exterior de una administración que tiene la migración y la economía como ejes de su mandato. Y ocurre, además, en una semana cargada de simbolismo: la misma Irán que intercambia fuego con Israel tiene a su selección viajando para jugar el Mundial en suelo estadounidense. El deporte y la guerra, el mismo país, la misma semana. Pocas veces la distancia entre la cancha y el frente fue tan corta.
Fuentes principales: CNN, CNBC, The Times of Israel, NPR, Associated Press y Just the News sobre el intercambio de misiles del 7 y 8 de junio de 2026, el ataque israelí en Beirut, el contraataque israelí sobre objetivos en Irán y los llamados de la Casa Blanca a un alto el fuego. Datos de las Fuerzas de Defensa de Israel sobre el número de proyectiles.
*Fuentes principales: CNN, CNBC, The Times of Israel, NPR, Associated Press y Just the News sobre el intercambio de misiles del 7 y 8 de junio de 2026, el ataque israelí en Beirut, el contraataque israelí sobre objetivos en Irán y los llamados de la Casa Blanca a un alto el fuego. Datos de las Fuerzas de Defensa de Israel sobre el número de proyectiles.*
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