Política
Oropeza llama a construir una fuerza disuasiva que rete la exclusividad del Rodrigato
Ángel Oropeza asegura que Venezuela vive una «estabilización autoritaria». Advierte que los procesos de transición por continuidad, como el que se desarrolla bajo el Rodrigato tienen un 50% de probabilidad de fracaso. Dice que la única vía para evitarlo es construir una fuerza disuasiva que rete la exclusividad del proceso.
Sofía C. Torres
Especial para INCISOS
Ángel Oropeza, psicólogo y doctor en Ciencia Política, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello y exsecretario político de la Mesa de la Unidad Democrática, asegura que Venezuela vive una «estabilización autoritaria». Advierte que los procesos de transición por continuidad, como el que se desarrolla bajo el Rodrigato tienen un 50% de probabilidad de fracaso. Dice que la única vía para evitarlo es construir una fuerza disuasiva que rete la exclusividad del proceso, hoy reservado a dos actores: el Rodrigato a lo interno y Washington como tutor externo.
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¿Comenzó la transición en Venezuela? La respuesta depende del cristal con el que se le mire. Eso es lo que intenta explicar Ángel Oropeza, psicólogo de profesión y doctor en Ciencia Política, actualmente director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello.
Oropeza, recordado por su vocería como secretario político de la extinta Mesa de la Unidad Democrática en 2017, conversó con INCÍSOS y apuntó sin vacilaciones que el país está en una etapa de estabilización autoritaria, que se mantendrá hasta tanto se consolide una fuerza disuasiva —que por ahora no se vislumbra en el panorama— capaz de romper con la condena de esperar por los designios del gobierno encargado y de Washington.
Para el especialista, tras los sucesos del 3 de enero hubo un cambio de presidente pero no de régimen, y eso conlleva insertar el proceso en lo que la literatura politológica ha definido como transición por continuidad. La mala noticia, alerta, es que esta modalidad registra el más alto porcentaje de reversión autoritaria —50%— de acuerdo con estudios que han examinado más de 140 casos en el mundo.
El desafío para no caer en la estadística del fracaso radica, según Oropeza, en la construcción de una fuerza disuasiva y articuladora que rete la exclusividad de la transición venezolana, hoy reservada a solo dos actores: el que dirige a lo interno —el Rodrigato— y el que externamente tutela, Washington. Esa fuerza, insiste, debe ir más allá de los partidos políticos y tener capacidad de plantear propuestas, exigencias y elevar costos al gobierno.
¿Nuevo momento político o transición?
Actualmente se han posicionado en la agenda pública dos definiciones, «nuevo momento político» y «transición». Ambas denotan cambios. ¿Cómo define el tiempo en el que está Venezuela?
Las dos cosas pueden ser verdad en el sentido de que es un nuevo momento político. De hecho, no está el presidente que estaba en diciembre. Hay una situación irregular que nadie pensaba que iba a ocurrir en diciembre, o sea, hay un nuevo momento político. Lo que pasa es que ese término, que es el que utiliza la presidencia encargada para no hablar de transición, tiene un interés, por supuesto, oculto.
Transición se apega a la definición etimológica de la palabra, que es transitio, pasar de un estado a otro. Estamos en otro estado, pero desde el punto de vista politológico ciertamente no estamos en transición, un proceso que implica una serie de condiciones que ahora no existen, por ejemplo, la sumisión del poder militar al poder civil, instituciones escogidas democráticamente por voto libre y vigiladas. Entonces, lo más que podemos decir es que estamos en una situación que podría desembocar en una transición o no.
Por eso, aquí en el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB usamos la palabra hipótesis: la transición es una hipótesis que puede llegar a materializarse o no. Desde el punto de vista politológico estricto, estamos en una situación de normalización autoritaria.
La transición exige las tres fases establecidas por el gobierno de Trump: estabilización, recuperación y transición política. La primera está asociada para ellos —Estados Unidos— con ausencia de desorden, una paz social y cierta estabilidad política; dicen que esta fase ya se cumplió, algo discutible. La segunda es en la que en teoría estaríamos ahora, una recuperación macro que toca a las grandes empresas, pero la realidad de la gente es otra. Y la última, como ha dicho el mismo Trump, JD Vance y Rubio, algún día será.
Autoritarismo y el riesgo de la continuidad
Oropeza asegura que Venezuela se encuentra en una etapa de estabilización, pero autoritaria, porque no ha habido cambio de modelo. En ese sentido, repasa las teorías de las transiciones y las clasificaciones que propone la literatura politológica:
«Las transiciones cooperativas, típicamente las transiciones, ocurren porque hay un acuerdo entre el régimen gobernante y quien aspira a sucederlo. Se ve en los casos más conocidos, el español y el chileno, y entre los más exitosos está el venezolano con el Pacto de Puntofijo —muy demonizado por el chavismo—, uno de los ejemplos de ingeniería política cuando se estudia Ciencia Política en el exterior».
«Hay transiciones por continuidad, sale el presidente pero permanece en el poder gente de su régimen. Esa es la que vivimos hoy en Venezuela con el Rodrigato. No es un cambio de modelo, es un cambio de personas».
«Hay la modalidad de invasión extranjera, lo que sucedió en Irak. Y están las que inician por colapso, hay una revuelta popular, un quiebre en la cúpula gobernante o cualquier situación que da al traste con el gobierno, muy rápido, por lo demás».
«Se han estudiado, el número varía un poco y depende del investigador, entre 140 y 150 casos en el mundo. Cerca de 50 son transiciones por continuidad. ¿Por qué el dato es importante? Porque esa es la modalidad de transición que se registra en Venezuela en 2026, y tiene el porcentaje más alto de fallas o de regresión autoritaria, un 50%. ¿Por qué ese porcentaje? Porque la cúpula gobernante, que es la misma que estaba antes, siente que las presiones empiezan a descender, la fuerza externa cede un poco en su beligerancia, la gente comienza a acostumbrarse, y la tentación de volver a las prácticas habituales autoritarias es muy grande».
La tercera pata de la mesa
¿Y cómo se evita esa reversión en una transición por continuidad en Venezuela?
Es urgente que aparezcan actores que reten la exclusividad de la transición. ¿Cuál es el problema con la transición por continuidad? En Venezuela hay solamente dos actores, el que dirige a lo interno y el que externamente tutela, pero el actor interno no tiene dialogante interno, o sea, el Rodrigato no tiene con quién discutir la transición internamente.
Los partidos políticos están muy debilitados y divididos, y la sociedad civil muy desconectada. Todos quieren lo mismo, pero cada quien por su lado. No hay una fuerza para hacer la caja de resonancia o contraparte del gobierno. No es lo mismo 50 enanos uno al lado del otro que los enanos puestos uno encima del otro construyendo un gigante.
Para no caer en la estadística de la reversión debe aparecer un actor dialogante con fuerza capaz de elevar los costos al gobierno. Por ejemplo, si se retoman los mecanismos de represión y el costo es bajo porque no hay quien pase la factura, ni siquiera el tutor externo, esos mecanismos se repetirán cada vez más. Entonces veremos una regresión autoritaria lenta.
El liderazgo de Machado, sus límites reales
Se reconoce un liderazgo legítimo, reafirmado el 28 de julio de 2024, pero no detenta un poder real. ¿Qué papel juega ese liderazgo en la etapa que atraviesa el país?
Sí, el liderazgo existe en la persona de María Corina Machado, que está haciendo un trabajo encomiable, mantener vivo el tema venezolano en foros internacionales, así como la necesidad de una elección presidencial tan pronto como se pueda. Lo que pasa es que, primero, no está en el país. Segundo, el actor externo pareciera que no la reconoce como el actor pivote de la transición, y el actor interno no le da legitimidad.
Su influencia en términos de eficacia política real es limitada. Limitada para ejercer ese liderazgo con su partido y con sus aliados para reactivar la movilización, entre otras cosas. Mientras esté fuera y mientras el actor externo no le dé el rol que no se lo está dando en este momento, el rol central en la transición, ese papel va a ser siempre acotado.
¿Es preferible tener el liderazgo de María Corina Machado que no tenerlo? Es preferible tenerlo, por supuesto. Lo que no se puede es confundir el liderazgo de Machado con la necesidad de un actor interno articulado que no tenemos, ese que incluya partidos políticos integrados con la sociedad civil organizada, empresarios, sindicatos, estudiantes, ONG, iglesias, universidades.
Es lo que hemos llamado la ausencia de la tercera pata de la mesa. Para que una transición se dé, tiene que contar por lo menos con un trípode. Una mesa de dos patas se cae. Una pata es una parte del gobierno en el poder que acepta cambiar por la fuerza o por convicción, en nuestro caso por la fuerza. La segunda pata es una fuerza externa, que también la tenemos, Estados Unidos, que incide en que el cambio ocurra. Y una tercera pata, dice la literatura, es una población organizada que es la que legitima o no, apoya u obstruye, colabora o se opone a lo que estos actores proponen.
Es urgente que se construya la tercera pata, porque si no, la población quedará entonces a merced de la buena fe o la suerte de lo que decidan los otros dos actores.
El reto de la oposición y la reconexión con la base
¿Cuál es el reto entonces de la oposición en este caso para constituirse como ese dialogante interno articulador?
No solamente la oposición en términos de partidos políticos, es el país organizado. Creo que la oposición, percibida como la dirigencia, reconoce que está muy debilitada. No todo es su culpa. Mucha gente, a veces, por comodidad se la adjudica. Si una profesión es peligrosa en Venezuela es la política, es más peligrosa que el narcotráfico. El dirigente político ha sido perseguido, criminalizado, exiliado y muchos, asesinados.
Todo ello ha provocado un distanciamiento con la gente, entre la cúpula de los partidos y la base que dicen representar. El reto, y ellos lo saben, es comenzar a reconectar con eso. Algunos lo están haciendo, y me consta, Juan Pablo Guanipa, por ejemplo, lo está haciendo muy bien, creo que es quizás el que mejor o el que más lo hace. También están Andrés Velázquez y Delsa Solórzano. No conozco a muchos en ese plan.
¿Están girando el país? Sí, sin grandes concentraciones, pero sí reuniéndose con sus bases, sus equipos. Por ahí hay que empezar. Creo que no estamos arrancando de cero, estamos montados en la dirección correcta. Eso sí, falta mucho.
La siguiente fase, por supuesto es más fácil decirlo que hacerlo, es la conexión con sindicatos, empresarios, ONG, comunidades organizadas, para empezar a hacer una alianza que permita construir la tercera pata que no tenemos.
Olvidé algo importante, y es que los partidos, si bien están haciendo un sano reconocimiento de sus debilidades, no aceptan recomponer una que es grave, la desunión.
El «supérenlo» de Jorge Rodríguez
El gobierno ha adoptado una narrativa que alude al perdón, habla de apertura, restablecimiento de relaciones internacionales. Pero recientemente, incluso días antes de conocer la noticia del fallecimiento de Víctor Hugo Quero en custodia del Estado, Jorge Rodríguez pronunció una frase que generó indignación, especialmente en la diáspora: «Supérenlo, perdónennos y vuelvan». ¿Cómo interpretar esa frase?
La declaración de Rodríguez es una salida inteligente, pero muy cínica y muy irresponsable, porque es un intento de reducir la complejidad de la situación política a un asunto de emociones. Y las emociones no se discuten.
La situación de la diáspora no se reduce a un asunto de mera emoción. O sea, tenemos ocho millones de venezolanos en el exterior, eso es fácilmente una cuarta parte del país. Eso nos ha convertido en el pueblo emigrante más grande del planeta. Quizás con algunos números ya superamos el caso de Siria. Es una tragedia de dimensiones gigantescas.
La Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello ha hecho algunas investigaciones sobre familias deshechas, niños abandonados, y niños que sin ser abandonados, por la ausencia de los padres, desarrollan problemas de personalidad, dificultades del lenguaje, retrasos en el aprendizaje, conductas disruptivas. Es un saldo grave, no solamente para la gente que se fue, que perdió su país, sus bienes, sus seres queridos, sino para la gente que se quedó.
Rodríguez con el «supérenlo» apela a las emociones, no a los hechos, porque si habla de hechos, pierde. Rebajar la complejidad del problema a ese nivel es muy tramposo.
La gente no solamente mostró indignación por la ligereza de esa afirmación, sino que exige que el problema no se resuelva así. Porque justicia es una cosa y olvido es otra. La justicia implica reconocimiento de responsabilidades, reparación de los daños, aseguramiento de no repetición. El olvido es pasar la página, lavarse las manos.
La declaración evidencia una intención política del gobierno: llevarnos a la reconciliación. Otra cosa es la necesaria reconciliación, que debe haber, pero basada en el reconocimiento de responsabilidades y en la búsqueda de justicia.
Trump, las elecciones de medio término y la apuesta del Rodrigato
Las expectativas van en picada, tras el 3 de enero, se padecen los mismos problemas cotidianos: servicios públicos deficientes, salarios insuficientes, un dólar sin contención, la espera por un verdadero cambio político. Se ha empezado a cuestionar el tutelaje. ¿Qué decirle al venezolano frente a ello?
No basta con esperar que Trump se apiade de nosotros porque no somos prioridad en su agenda. Y en la agenda de los Rodríguez tampoco. Tenemos que construir una fuerza, a través de la unión, que no se limite a esperar y comience a exigir.
Trump no va a hacer nada distinto porque tiene una elección en noviembre, faltan pocos meses para eso, está en plena campaña electoral, y no las tiene todas consigo. Parece que va a poder conservar el Senado, la Cámara de Representantes, según las encuestas, puede perderla.
Esa es la apuesta de los Rodríguez: si Trump se debilita cerca del final del período, se le enreda el asunto con China y con Irán, y los va a dejar tranquilo. Pórtate bien hasta que la maestra se distraiga.
En este momento, Trump necesita, de cara a su audiencia interna, que es la que le interesa, vender el caso venezolano como exitoso, para convencer al votante americano de su eficiencia.
La desgracia es que en este momento estamos condenados a esperar, si él hace o no hace. Esa es una posición pasiva, dependiente y riesgosa. El reto es construir una fuerza que vaya más allá de los partidos políticos, que haga propuestas, exigencias, demandas.
No basta con pedir que haya elecciones, hay que empezar a exigir las condiciones para que las haya. ¿Cómo construyes una fuerza que pueda ser disuasiva? ¿Qué es una fuerza disuasiva? Que yo te diga, mira, aquí vamos a elecciones o puedo hacer el país difícil. Entonces, ¿esa fuerza disuasiva la tenemos? No. ¿Está construyéndose? Sí. ¿Estamos mejor que antes? Sí. ¿Falta mucho? También.
Sin elecciones a la vista en 2026
¿Son posibles unas elecciones en 2026?
No las veo posibles, por una razón muy sencilla, aquí habrá elecciones cuando el tutor quiera. Y el tutor no quiere, porque está en campaña electoral. Y si el tutor no quiere nunca, no habrá elecciones nunca.
Insisto, hay que formar una fuerza disuasiva, político-social, que las exija, no verbalmente, con comunicados, reuniones en salones y rutas teóricas, sino que eleve el costo político al gobierno de no hacerlas.
Sofía C. Torres es Periodista, editora y locutora. Asesora y estratega de Comunicación
Fuentes principales
- Entrevista presencial con Ángel Oropeza, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello, realizada en mayo de 2026.
- Centro de Estudios Políticos y de Gobierno UCAB, marco analítico sobre transiciones democráticas y autoritarismo competitivo.
- Plan Rubio de tres fases anunciado el 7 de enero de 2026 ante el Congreso de Estados Unidos.
- Plataforma R4V (Response for Venezuelans), Naciones Unidas, datos acumulados de la diáspora venezolana.
- Investigaciones de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello sobre impacto familiar de la migración venezolana.
Alfredo Yánez
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Las auditorías que estaban previstas y no se hicieron
Dieciséis auditorías previstas. Ninguna posterior a la elección se completó.
*El cronograma electoral venezolano de 2024 no era improvisado. Se publicó en 101 pasos e incluía un plan de dieciséis auditorías al sistema. La parte que importaba —la que se hace después de votar— no se completó.*
ESPECIAL INCÍSOS · DOS AÑOS DEL 28-J · 3 DE 6
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| Qué | De las dieciséis auditorías previstas en el cronograma, ninguna posterior a la elección llegó a completarse. |
| Quién | El Consejo Nacional Electoral y su vicepresidente Carlos Quintero, que presentó el plan de auditorías. |
| Cuándo | El cronograma se anunció el 5 de marzo de 2024. Las auditorías poselectorales estaban fijadas para el 29 de julio y el 2 de agosto. |
| Dónde | Venezuela, en el 1% de las mesas electorales sorteadas el propio día de la elección. |
| Por qué | La verificación ciudadana es el procedimiento diseñado precisamente para confirmar que el conteo coincide con los votos. |
| Cómo | Contrastando actas, cuadernos de votantes con firmas y huellas, papeletas físicas y datos de transmisión. |
### El plan que sí existía
El 5 de marzo de 2024, el organismo electoral convocó la elección presidencial para el 28 de julio y publicó el cronograma en 101 pasos. El vicepresidente del organismo, Carlos Quintero, presentó un plan de dieciséis auditorías a lo largo del proceso.
Conviene subrayarlo porque desmonta un argumento habitual: el sistema venezolano no carecía de mecanismos de verificación. Los tenía, estaban diseñados, tenían fecha y procedimiento escrito.
### Las dos que quedaron sin hacer
**29 de julio de 2024 · fase 1 de auditoría de telecomunicaciones.**
**2 de agosto de 2024 · fase 2 de auditoría de verificación ciudadana.**
La segunda es la decisiva, y merece que se explique en detalle porque casi nadie la conoce.
El procedimiento funciona así: el día de la elección se sortea el 1% de las mesas electorales. Sobre esas mesas sorteadas se realizan cuatro comprobaciones. Se verifican las actas. Se contrasta el número de electores contra los cuadernos de votación, con firmas y huellas dactilares. Se cuentan físicamente las papeletas dentro de las cajas y se compara ese número con el de votantes registrados. Y se verifica la transmisión de los datos.
Es decir: se comprueba que el papel, la firma, la huella, la boleta física y el dato transmitido cuenten la misma historia.
Ninguna de las auditorías posteriores al 28 de julio se realizó.
### Por qué esta ausencia pesa tanto
Porque una auditoría de verificación ciudadana no depende de que alguien crea en el resultado. Es un procedimiento mecánico, con muestra sorteada al azar y con testigos de todas las organizaciones políticas presentes.
Si el conteo anunciado fuera correcto, esa auditoría lo habría demostrado en dos días y habría cerrado la discusión. No requería concesiones políticas ni negociación: solo ejecutar un paso que ya estaba en el cronograma oficial.
Que el paso no se ejecutara es, en sí mismo, información. No prueba qué ocurrió con los votos —esta pieza no afirma eso—, pero sí establece que existió un mecanismo disponible para despejar la duda y que no se usó.
### El estado del asunto
A más de cincuenta días de la elección, el periodista Eugenio Martínez señalaba que el organismo tampoco había definido cómo realizar las auditorías poselectorales suspendidas.
Dos años después, no hay registro público de que esas auditorías se hayan reprogramado ni completado.
### La lección para lo que viene
La mesa que se instala el 1 de agosto de 2026 discutirá la renovación del árbitro electoral. Buena parte de la conversación pública sobre ese punto se centra en los nombres de los futuros rectores.
Los nombres importan menos de lo que parece. Lo que decide la credibilidad de una elección es si los procedimientos de verificación se ejecutan, quién puede exigir su ejecución y qué consecuencia tiene no ejecutarlos.
En 2024 los procedimientos existían y no se cumplieron. Un diseño institucional que no prevé consecuencia para ese incumplimiento produce el mismo resultado con rectores nuevos.
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**Fuentes principales:** Wikipedia en español, entrada sobre las elecciones presidenciales de Venezuela de 2024, con el cronograma de 101 pasos y el plan de dieciséis auditorías presentado por Carlos Quintero; Efecto Cocuyo (declaraciones de Eugenio Martínez sobre las auditorías poselectorales suspendidas).
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ESPECIAL INCÍSOS · DOS AÑOS DEL 28-J · 3 DE 6
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Política
El documento que nunca se publicó
Qué es un acta de escrutinio y por qué su ausencia, y no el resultado anunciado, es el hecho central de estos dos años.
*El sistema electoral venezolano genera, al cierre de cada mesa, un comprobante impreso con el conteo de esa mesa. Hubo 30.206 de esos comprobantes el 28 de julio de 2024. El organismo electoral no publicó ninguno.*
ESPECIAL INCÍSOS · DOS AÑOS DEL 28-J · 1 DE 6
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| Qué | Las 30.206 actas de escrutinio automatizado de la elección presidencial nunca fueron publicadas. |
| Quién | El Consejo Nacional Electoral y su entonces presidente Elvis Amoroso; los testigos de mesa de ambas candidaturas. |
| Cuándo | Desde el 28 de julio de 2024 hasta la fecha, dos años después. |
| Dónde | Venezuela. La Gaceta Electoral y el portal del organismo, que permaneció caído. |
| Por qué | Sin el desagregado por mesa, ningún resultado anunciado puede verificarse de forma independiente. |
| Cómo | Se difundieron dos boletines con totales agregados en lugar del desglose por centro, mesa y región. |
### Qué es un acta de escrutinio
Al cerrar la votación, cada máquina imprime un comprobante con el conteo de esa mesa: cuántos votos obtuvo cada candidato en ese punto concreto. Ese papel se firma, se entrega a los testigos acreditados de las organizaciones políticas y constituye el registro primario del resultado.
La suma de todas las actas es el resultado nacional. No hay otro camino aritmético.
Conviene subrayar un punto que suele perderse en la discusión: esas actas son documentos oficiales. Las emite la máquina del organismo electoral, no un partido. Quien las recoge es un testigo acreditado por el propio sistema.
El 28 de julio de 2024 se produjeron 30.206 actas de escrutinio automatizado.
### Lo que se difundió en su lugar
La madrugada del lunes 29 de julio de 2024, el entonces presidente del organismo electoral, Elvis Amoroso, comunicó un primer boletín con 80% de los votos escrutados y declaró una tendencia irreversible.
El viernes 2 de agosto, cinco días después, se presentó un segundo boletín con cerca de 97% de las actas transmitidas.
Ambos boletines contienen totales agregados. Ninguno contiene el desglose por centro, por mesa y por región que permitiría contrastarlos.
### Lo que quedó pendiente y sigue pendiente
El periodista Eugenio Martínez, especializado en asuntos electorales, resumió el estado del asunto a más de cincuenta días de la elección: el organismo no había publicado la Gaceta Electoral, no había oficializado el resultado de las 30.206 actas de escrutinio automatizado y no había definido cómo realizar las auditorías poselectorales suspendidas.
Añadió un detalle que ilustra la dimensión práctica del problema. El presidente de la Asamblea Nacional sostuvo que el organismo sí había publicado los resultados en la Gaceta Electoral. Esa publicación no se pudo verificar porque el portal del organismo permanecía caído.
Un resultado que solo existe en un sitio web inaccesible no es un resultado publicado.
### El argumento oficial
La explicación ofrecida desde el oficialismo fue que el sistema electoral sufrió un ataque cibernético originado en Macedonia del Norte.
Corresponde registrarla como lo que es: una explicación sobre por qué no se publicó el desagregado. No sustituye al desagregado. Un ataque informático puede afectar la transmisión de datos, pero las actas son documentos físicos impresos en cada mesa y firmados por testigos. Su existencia material no depende de ninguna red.
### El pronunciamiento de la observación internacional
El Centro Carter, con sede en Estados Unidos, participó como observador acreditado en la elección. Su conclusión fue que no pudo verificar ni corroborar la autenticidad de los resultados declarados, que la elección no se ajustó a parámetros y estándares internacionales de integridad electoral, y que no puede considerarse democrática.
Un informe de panel internacional estableció, en la misma línea, que los resultados anunciados no pudieron verificarse de forma independiente conforme a lo previsto en el Acuerdo de Barbados.
Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y gobiernos de varios países —incluidos Brasil, México y Chile— reclamaron públicamente la publicación de las actas.
### Por qué esto sigue importando dos años después
Porque la mesa que se instala el 1 de agosto de 2026 tiene entre sus objetos declarados la renovación del árbitro electoral. Y un árbitro nuevo hereda una deuda documental del anterior.
Mientras las 30.206 actas no se publiquen, cualquier elección futura arrancará con la misma pregunta sin responder: qué pasa si el organismo anuncia un resultado y no muestra el respaldo.
La respuesta a esa pregunta no es un asunto del pasado. Es la condición de credibilidad de lo que venga.
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**Fuentes principales:** Efecto Cocuyo (declaraciones de Eugenio Martínez y estado de la publicación de resultados); Misión de Observación Electoral de Colombia, informe del 2 y 3 de agosto de 2024; Maldita.es y Chequeado (cronología de los boletines); Centro Carter (comunicado sobre la elección presidencial de 2024); coberturas de CNN en Español sobre los reclamos de organismos internacionales.
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Política
El árbitro que falta
Los contendientes no eligen al árbitro. Esa ausencia simétrica es lo único que puede hacer defendible el resultado.
*El sábado 1 de agosto de 2026 se instala la mesa técnica y política paritaria entre representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015 y el gobierno encargado. Uno de sus objetos declarados es la renovación del organismo electoral. Ni María Corina Machado ni Delcy Rodríguez estarán sentadas, y el 26 de julio quedó claro por qué en un caso: rechazaron la autoría del mecanismo antes que reclamar un lugar en él.*
ESPECIAL INCÍSOS · DOS AÑOS DEL 28-J · 5 DE 6
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| Qué | Se instala una mesa paritaria que discutirá la renovación del árbitro electoral venezolano. |
| Quién | Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez como negociadores; Machado y Delcy Rodríguez ausentes; Washington como facilitador. |
| Cuándo | Sábado 1 de agosto de 2026, cuatro días después del segundo aniversario del 28-J. |
| Dónde | Caracas, con acompañamiento del Departamento de Estado. |
| Por qué | Quien va a competir en una elección no puede designar al organismo que la arbitra. |
| Cómo | Con delegaciones paritarias y un canal paralelo de consulta a los sectores democráticos. |
### La ausencia que se lee mal
La formulación que circuló en la cobertura es que Machado queda fuera de la mesa. Es exacta como descripción y engañosa como análisis, porque omite la otra mitad.
Delcy Rodríguez tampoco se sienta. Por el chavismo negocia Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional que ejerce control efectivo en el país. Por el campo democrático negocia Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, que regresó a Caracas el 18 de junio de 2026 tras años de exilio.
Los dos principales están afuera. Eso es simetría, no desequilibrio.
### Por qué el contendiente no elige al árbitro
La regla es elemental y este especial la enuncia después de cuatro piezas sobre actas y auditorías, porque solo así se entiende su peso.
Si Machado participara en la designación de los nuevos rectores, cada decisión posterior de ese organismo a su favor quedaría contaminada por su intervención en el diseño. Y si el organismo fallara en su contra, su impugnación perdería fuerza moral: habría avalado a quienes la juzgan.
Lo mismo aplica del otro lado. La presidenta encargada representa a la administración que debe entregar el poder. Su presencia directa convertiría la negociación en autotutela.
Después de una elección cuyo árbitro anunció un resultado y nunca mostró el respaldo, la independencia del próximo organismo no es un detalle de procedimiento. Es la única moneda que le queda al proceso.
### Lo que sí se abrió
El jueves 23 de julio de 2026, desde la reunión de cancilleres de la ASEAN en Filipinas, Marco Rubio sostuvo que cada elemento de la sociedad venezolana necesita estar representado y que Machado representa un elemento importante. Antes había dicho que la Premio Nobel de la Paz puede tener un rol en el proceso.
Figuera respondió ese mismo día en X: desde el 1 de agosto convocarán a todos los sectores democráticos a participar y aportar propuestas para enriquecer la hoja de ruta, y añadió que Machado es muy importante en ese proceso.
Efecto Cocuyo recoge que la propia Figuera aclaró que la líder de Vente Venezuela no forma parte directa de la mesa técnica, aunque ha mantenido conversaciones personales con ella.
Entre el asiento y la exclusión existe una tercera figura, y es la que opera: la representación delegada.
### La pregunta útil, y su respuesta
No es «¿estará Machado?». Es «¿quién la representa y con cuánto mandato?».
Esa pregunta quedó contestada el domingo 26 de julio de 2026, dos días antes de este aniversario. En un comunicado conjunto, Machado y el presidente electo Edmundo González Urrutia sostuvieron que no participaron en el diseño, la construcción ni el funcionamiento del mecanismo, y que por lo tanto no les corresponde explicar sus alcances ni sus decisiones.
La respuesta, entonces, es que nadie los representa. Y conviene entender bien la operación: no reclamaron un asiento, rechazaron que se les atribuya la autoría.
La diferencia es sustancial. Reclamar un asiento los habría convertido en parte del diseño y los habría obligado por sus resultados. Rechazar la autoría preserva intacta su capacidad de evaluarlo desde afuera.
El mismo comunicado añadió algo que ninguna declaración previa había hecho: en lugar de vetar o adherirse, publicó cinco criterios de evaluación. Recuperación de las instituciones democráticas. Liberación de todos los presos políticos. Garantías reales para todos los actores, sin exclusiones. Un cronograma electoral presidencial oportuno. Y pleno respeto a la soberanía popular.
Cuatro de los cinco se comprueban en el mundo físico. Un preso está libre o no lo está. Un cronograma tiene fecha o no la tiene. Una organización política está habilitada o inhabilitada.
Ese es el poder real, y no requiere estar en la sala: un aval posterior convierte el acuerdo en obligatorio para su base; su ausencia lo deja inaplicable. La novedad es que ahora las condiciones de ese aval están escritas y son verificables por cualquiera.
### La advertencia de Capriles, con su alcance preciso
Henrique Capriles sostuvo que cualquier negociación que excluya a Machado y a lo que ella representa está condenada a fracasar.
La advertencia se sostiene, pero conviene afinarla. El riesgo no es la silla vacía: es que la representación delegada sea nominal, que se invoque a Machado como aval sin consultarla como mandante. Un proceso sobrevive a la ausencia física de una líder. No sobrevive a que su base descubra que fue usada como firma.
### Lo que le falta a la mesa
Una fecha.
Una mesa que negocia al árbitro de una elección sin convocatoria negocia en condicional. Y esa es la limitación más seria del formato: no la ausencia de Machado, sino el calendario vacío que dejó la declaración de Trump del 24 de julio.
Dos años después del 28-J, el país tiene una mesa instalándose, cuatro convocatorias a la calle para este mismo martes 28 y ninguna fecha en la pared.
De las cuatro —la de Vente Venezuela en los 335 municipios, la de la Coalición Sindical Nacional, la del Comité de Pensionados y Jubilados y el llamado a la desobediencia civil de la exmagistrada Blanca Rosa Mármol de León— lo único que comparten es la exigencia de un cronograma electoral.
Cuatro convocantes sin coordinación entre sí pidiendo lo mismo dice algo sobre lo que falta.
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**Fuentes principales:** comunicado de María Corina Machado y del presidente electo Edmundo González Urrutia del 26 de julio de 2026; TalCual, La Patilla, El Nacional y El Diario (declaraciones de Marco Rubio y Dinorah Figuera del 23 de julio de 2026); Efecto Cocuyo (aclaración de Figuera sobre la mesa técnica); MercoPress (anuncios de Rubio del 19 y 20 de julio sobre el formato paritario); Diario de Cuba (declaraciones de Henrique Capriles); Reuters y AFP (declaraciones de Donald Trump del 24 de julio); Contrapunto, La Verdad y El Impulso (convocatorias a la movilización del 28 de julio).
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