Inciso
Venezuela no es el ombligo del mundo
El inciso del especial: Venezuela ocupa demasiado espacio en la conversación política de la diáspora. Hay más mundo afuera.
Venezuela no es el ombligo del mundo
Para quienes vivimos pendientes de Caracas, cuesta aceptarlo. Pero entender a Trump exige verlo entero, y Venezuela es apenas uno de sus cinco frentes.
Tengo que empezar por una confesión que va contra el instinto de este medio. Llevamos meses escribiendo sobre Venezuela casi todos los días, porque es uno de nuestros tres ejes y porque es, para buena parte de quienes nos leen, la herida que no cierra. Pero si quiero entender qué está haciendo Donald Trump en el mundo, tengo que aceptar algo incómodo: Venezuela no es el centro de su tablero. Es una casilla. Importante, sí; decisiva en su relato sobre el petróleo y la fuerza, también. Pero una casilla entre cinco.
Lo digo porque el reflejo de la diáspora —el mío incluido— es leer cada movimiento de Washington a través del único lente que nos duele. Si Rubio sube en las encuestas, pensamos que es por Venezuela. Si Trump habla de petróleo, creemos que habla de nosotros. Y a veces es verdad. Pero la verdad más grande es otra: Trump tiene abiertos al mismo tiempo Irán, Cuba, una guerra moral con un papa de Chicago, una purga dentro de su propio partido y una sucesión que no quiere resolver. Venezuela vive dentro de esa maraña, no por encima de ella.
Este especial nace de esa disciplina: poner los cinco frentes uno al lado del otro y mirar el patrón, no la casilla. Cuando se hace, aparece algo que ninguna lectura venezolana aislada permite ver. Que el mismo hombre que capturó a Maduro no logra cerrar Irán. Que la diplomacia petrolera de la transición tutelada —el viaje de Delcy Rodríguez a India, por ejemplo— no es un asunto venezolano, sino una pieza de la arquitectura energética que Washington diseñó tras el bloqueo del estrecho de Ormuz. Que el ascenso de Marco Rubio como posible heredero se explica, en parte, por su exposición en estos frentes, Venezuela entre ellos.
Hay una lección política en esto, y es la que más me interesa dejar escrita. La obsesión por el propio drama empequeñece el análisis. Un pueblo que solo se mira a sí mismo termina creyendo que el mundo gira a su alrededor, y esa creencia es una forma de ceguera. La transición venezolana se entiende mejor cuando se la ubica en el mapa completo: como una pieza de un jugador que sabe tomar y no sabe entregar, que abre frentes con destreza y los deja a todos a medio cerrar.
No es una invitación a mirar menos a Venezuela. Es una invitación a mirarla mejor: dentro del cuadro, no fuera de él. Porque el destino de Caracas no se decide solo en Caracas. Se decide, también, en un surtidor de gasolina de Ohio, en una urna de São Paulo, en una encuesta sobre quién heredará el manto de un presidente que prefiere no nombrar a nadie. Venezuela importa. Pero no es el ombligo del mundo. Y aceptarlo, paradójicamente, es la mejor manera de servirla.
El Inciso es la columna firmada del editor. No lleva bloque 6W. Las opiniones aquí expresadas son del autor. · Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa.
Alfredo Yánez
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INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
En Washington, el Tesoro le quitó las sanciones a Jorge Rodríguez. En Panamá, Mulino le dio las gracias a Delcy. En Caracas se abrió la tercera ronda. Y en San José, ante las víctimas del 11 de abril, el Estado venezolano no se presentó.
Hay días que resumen una época. El miércoles 14 de octubre fue uno.
Por la mañana, en San José de Costa Rica, Yenfri Querales le contó a la Corte Interamericana cómo murió su hermano Juan David el 11 de abril de 2002, desangrado cerca de El Silencio, y cómo la investigación se apagó hasta que «al final no supimos más». Delvalle Canelón lloró al recordar las amenazas que recibió por querer declarar. La silla del Estado venezolano estaba vacía.
A esa hora, en un hotel de Caracas, Jorge Rodríguez se sentaba frente a la delegación de Dinorah Figuera para empezar la tercera ronda. Y en Washington, el Tesoro lo sacaba de su lista de sancionados, sin explicar por qué.
En Panamá, el presidente que reconoce a Edmundo González y guarda las actas del 28 de julio en las bóvedas de su Banco Nacional le agradeció «al gobierno de Venezuela» los 51 expertos que mandó Delcy Rodríguez tras el terremoto.
Los premios y la cuenta
Cada uno de esos gestos se puede defender por separado. La ayuda en un terremoto no se rechaza. Las sanciones son herramientas, y quitarlas puede ser un incentivo. Una mesa necesita interlocutores sin grilletes.
Pero juntos dibujan algo que conviene nombrar: la transición venezolana está recibiendo sus premios antes de pagar su cuenta. Washington levanta sanciones nombre por nombre. Los gobiernos vecinos ensayan la palabra «gobierno». Y el Estado que los recibe no fue capaz de mandar a un funcionario a escuchar a doce familias que esperan desde hace 24 años.
No pido que no se negocie. Escribí ayer que lo que falta es una fecha, y lo sostengo. Lo que digo es que una transición se reconoce también por cómo trata a sus muertos. La del 11 de abril es una herida de todos: de los que marchaban hacia Miraflores y de los que defendían el puente. Un Estado que de verdad quiera ser «institucional y verificable», como dijo Delcy Rodríguez en Roma, empieza por presentarse.
Lo que nos toca
Desde Columbus, donde muchos llegamos con alguna de esas heridas, es fácil celebrar cada sanción que cae como una señal de que el país se mueve. Puede serlo. Pero el país también se mueve cuando el Estado responde, y el miércoles no respondió.
¿Qué falta, exactamente? Que la próxima vez que Washington quite un nombre de su lista, diga qué recibió a cambio. Que la mesa ponga a las víctimas, las del 11 de abril y las de todas las celdas, en su orden del día. Y que cuando la Corte Interamericana vuelva a llamar, Venezuela conteste.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Runrunes y El Impulso (14 de octubre de 2026); aviso de la OFAC del 14 de octubre de 2026; EFE (14 de octubre de 2026); El Nacional (14 de octubre de 2026).
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
La mesa reparte magistrados, Washington pide paciencia y el chavismo promete cuatro elecciones sin calendario. La única pregunta que mueve a la gente, cuándo se vota, sigue fuera del orden del día.
El miércoles 14 de octubre empieza la tercera ronda de la mesa de negociación. Su temario lo dio el Departamento de Estado: terminar de escoger el Tribunal Supremo. Lo demás, el Consejo Nacional Electoral, las garantías, las leyes que todavía permiten encarcelar por opinar, queda para «rondas posteriores». La fecha de las elecciones no figura ni siquiera en esa lista de después.
Entiendo el argumento. Sin un tribunal confiable, cualquier elección termina donde terminó la de 2024: con un árbitro que proclama y unas actas que nadie puede revisar. Primero el árbitro, después el partido. Es razonable.
Pero el orden también es una decisión política. Y lo que la mesa ha decidido hasta ahora es que el tiempo corre a favor de quien ya gobierna.
Tres relojes
Jorge Rodríguez anunció en septiembre «cuatro elecciones» y dejó las presidenciales de último. María Corina Machado propuso el 24 de julio de 2027 como fecha límite. Washington no dice nada, y cuando alguien de la oposición pone una fecha, se lo reprocha. Delcy Rodríguez, mientras tanto, adelanta la Navidad al 1 de noviembre y promete hambre cero para 2030. Hay calendario para los aguinaldos y para las metas de la FAO. Para votar, no.
Y hay quien propone esperar más. Roberto Smith sostiene que no hacen falta elecciones «hasta que se completen una cantidad de procesos»: sanear la Fuerza Armada, la policía, los tribunales y el árbitro. Orlando Viera-Blanco le respondió que «la democracia y la libertad plena no es una muñeca ni un Nintendo» (el debate, aquí). Smith tiene razón en que votar con el aparato intacto puede producir una salida aparente. Pero desmontar el aparato sin plazo es exactamente lo que el aparato quiere.
Esta semana pasaron dos cosas que muestran el costo de esperar. En Caracas, los médicos y los maestros que marcharon por un salario que no se mueve desde 2022 llegaron hasta la esquina de Salas. Y una exmagistrada que firmó la inhabilitación de Machado contó que lo hizo con sus hermanos presos. Lo primero dice que la paciencia de la gente tiene fondo. Lo segundo, que las reglas con las que se jugaría la próxima elección todavía son las del fraude.
Una fecha no es un capricho
Una fecha no garantiza una elección limpia. Pero sin fecha no hay manera de medir si la mesa avanza o solo administra. Un plazo obliga a ordenar las tareas al revés: si se vota en tal mes, el CNE tiene que estar listo en tal otro, el registro en el exterior abierto en tal otro, los inhabilitados rehabilitados antes. Sin ese plazo, cada ronda puede terminar con un avance verdadero y, aun así, sin acercar el día de votar.
Desde Columbus, donde vivimos tantos venezolanos que no hemos podido votar en años, lo sé bien: el registro en el exterior no se abre de un día para otro. Si las presidenciales van a ser en 2027, como pide Machado, o después, como insinúa Rodríguez, hay que empezar a preparar el voto de la diáspora ahora. Y nadie en la mesa lo ha planteado.
Lo que falta
¿Qué falta, exactamente? Que la cuarta ronda tenga en el orden del día una sola línea nueva: la fecha. No la del CNE ni la del Tribunal, que son medios. La de la elección, que es el fin. El sábado 17 de octubre, venezolanos en varias ciudades del mundo saldrán a pedirla. Ojalá la mesa los escuche antes de que la pregunta cambie de «cuándo» a «para qué».
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: INCÍSOS, debate entre Roberto Smith y Orlando Viera-Blanco (13 de octubre de 2026); Departamento de Estado, comunicado del 9 de octubre de 2026; El Estímulo (26 de septiembre de 2026); Financial Times vía Reuters (9 de octubre de 2026); Infobae (9 y 10 de octubre de 2026); Versión Final (13 de octubre de 2026); NTN24 (7 de octubre de 2026).
Inciso
Los que cooperan
La cooperación es una herramienta legítima. Lo que preocupa es quién decide el precio.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Saab se declaró culpable y habla. Pulido llega a Miami. Una fuente dice que Cabello coopera y que tiene destino en Catar. La justicia de Estados Unidos funciona con testigos que negocian. La pregunta es qué le queda a la justicia venezolana cuando el trato ya se hizo afuera.
Esta semana la justicia venezolana se está escribiendo en otro idioma.
Alex Saab se declaró culpable en Miami el 15 de septiembre y prometió cooperar. El martes 13 de octubre, su socio Álvaro Pulido llega a la misma corte, sacado de El Rodeo sin que un tribunal venezolano lo decidiera. Y el lunes 12, David Alandete publicó en ABC que, según una fuente cercana a la inteligencia estadounidense, Diosdado Cabello es el CC-1 de la acusación por torturas contra Maduro, coopera con Washington y podría terminar en Turquía o en Catar.
La última parte no está confirmada. Puede no serlo nunca. Pero la tendencia sí: los que más saben del chavismo están negociando lo que saben, y lo hacen con fiscales de Miami y Nueva York.
El precio del testimonio
No me escandaliza que se negocie. La cooperación de acusados es una herramienta legítima, y sin ella muchos casos de corrupción y crimen organizado nunca se habrían probado. Si Saab cuenta cómo se pagaron las cajas CLAP, los venezolanos sabremos algo que nos robaron dos veces: el dinero y la verdad.
Lo que me preocupa es quién decide el precio. En un acuerdo de cooperación, el fiscal pone en la balanza lo que el acusado ofrece contra lo que se le perdona. Esa balanza está pensada para el interés de Estados Unidos. Es su justicia, y está bien que la ejerza. Pero las víctimas de las torturas en el Helicoide, las familias que hicieron cola por una caja CLAP con comida vencida, no están en esa mesa.
Lo que nos toca
La semana pasada escribí sobre el tribunal que no tuvimos. Esta semana, en Caracas, la mesa de negociación vuelve a reunirse para escoger a quienes escogerán a los nuevos magistrados. Es lento, y hay que decirlo. Pero es lo único que puede devolverles a los venezolanos algo que ningún acuerdo en Miami les va a dar: un juicio propio, con sus víctimas presentes y con la verdad completa, no la parte que convenga a un trato.
Desde Columbus, donde vivimos tantos que salimos de allá, la tentación es celebrar cada entrega como una victoria. Lo es, en parte. Pero si la transición se acostumbra a resolver sus cuentas entregando acusados y cerrando acuerdos afuera, va a llegar el día en que el más culpable sea también el mejor informado. Y ese, con un buen abogado, elige dónde jubilarse.
Lo que falta
¿Qué falta, exactamente, para que la cooperación no sea impunidad con otro nombre? Que cada acuerdo que involucre a funcionarios venezolanos pase por un juez y se haga público cuando termine el caso. Que Venezuela abra sus propios expedientes, empezando por las CLAP. Y que nadie acusado de torturar obtenga, a cambio de lo que sepa, el derecho a no volver a responder ante los torturados.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Declaración de culpabilidad de Alex Saab, Distrito Sur de Florida, 15 de septiembre de 2026; AP; David Alandete, ABC, 12 de octubre de 2026; acusación sustitutiva contra Nicolás Maduro, Distrito Sur de Nueva York, 8 de octubre de 2026.
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