Inciso
La fecha que nadie pone
Hay calendario para los aguinaldos y para la FAO. Para votar, no.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
La mesa reparte magistrados, Washington pide paciencia y el chavismo promete cuatro elecciones sin calendario. La única pregunta que mueve a la gente, cuándo se vota, sigue fuera del orden del día.
El miércoles 14 de octubre empieza la tercera ronda de la mesa de negociación. Su temario lo dio el Departamento de Estado: terminar de escoger el Tribunal Supremo. Lo demás, el Consejo Nacional Electoral, las garantías, las leyes que todavía permiten encarcelar por opinar, queda para «rondas posteriores». La fecha de las elecciones no figura ni siquiera en esa lista de después.
Entiendo el argumento. Sin un tribunal confiable, cualquier elección termina donde terminó la de 2024: con un árbitro que proclama y unas actas que nadie puede revisar. Primero el árbitro, después el partido. Es razonable.
Pero el orden también es una decisión política. Y lo que la mesa ha decidido hasta ahora es que el tiempo corre a favor de quien ya gobierna.
Tres relojes
Jorge Rodríguez anunció en septiembre «cuatro elecciones» y dejó las presidenciales de último. María Corina Machado propuso el 24 de julio de 2027 como fecha límite. Washington no dice nada, y cuando alguien de la oposición pone una fecha, se lo reprocha. Delcy Rodríguez, mientras tanto, adelanta la Navidad al 1 de noviembre y promete hambre cero para 2030. Hay calendario para los aguinaldos y para las metas de la FAO. Para votar, no.
Y hay quien propone esperar más. Roberto Smith sostiene que no hacen falta elecciones «hasta que se completen una cantidad de procesos»: sanear la Fuerza Armada, la policía, los tribunales y el árbitro. Orlando Viera-Blanco le respondió que «la democracia y la libertad plena no es una muñeca ni un Nintendo» (el debate, aquí). Smith tiene razón en que votar con el aparato intacto puede producir una salida aparente. Pero desmontar el aparato sin plazo es exactamente lo que el aparato quiere.
Esta semana pasaron dos cosas que muestran el costo de esperar. En Caracas, los médicos y los maestros que marcharon por un salario que no se mueve desde 2022 llegaron hasta la esquina de Salas. Y una exmagistrada que firmó la inhabilitación de Machado contó que lo hizo con sus hermanos presos. Lo primero dice que la paciencia de la gente tiene fondo. Lo segundo, que las reglas con las que se jugaría la próxima elección todavía son las del fraude.
Una fecha no es un capricho
Una fecha no garantiza una elección limpia. Pero sin fecha no hay manera de medir si la mesa avanza o solo administra. Un plazo obliga a ordenar las tareas al revés: si se vota en tal mes, el CNE tiene que estar listo en tal otro, el registro en el exterior abierto en tal otro, los inhabilitados rehabilitados antes. Sin ese plazo, cada ronda puede terminar con un avance verdadero y, aun así, sin acercar el día de votar.
Desde Columbus, donde vivimos tantos venezolanos que no hemos podido votar en años, lo sé bien: el registro en el exterior no se abre de un día para otro. Si las presidenciales van a ser en 2027, como pide Machado, o después, como insinúa Rodríguez, hay que empezar a preparar el voto de la diáspora ahora. Y nadie en la mesa lo ha planteado.
Lo que falta
¿Qué falta, exactamente? Que la cuarta ronda tenga en el orden del día una sola línea nueva: la fecha. No la del CNE ni la del Tribunal, que son medios. La de la elección, que es el fin. El sábado 17 de octubre, venezolanos en varias ciudades del mundo saldrán a pedirla. Ojalá la mesa los escuche antes de que la pregunta cambie de «cuándo» a «para qué».
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: INCÍSOS, debate entre Roberto Smith y Orlando Viera-Blanco (13 de octubre de 2026); Departamento de Estado, comunicado del 9 de octubre de 2026; El Estímulo (26 de septiembre de 2026); Financial Times vía Reuters (9 de octubre de 2026); Infobae (9 y 10 de octubre de 2026); Versión Final (13 de octubre de 2026); NTN24 (7 de octubre de 2026).
Alfredo Yánez
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Los que cooperan
La cooperación es una herramienta legítima. Lo que preocupa es quién decide el precio.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Saab se declaró culpable y habla. Pulido llega a Miami. Una fuente dice que Cabello coopera y que tiene destino en Catar. La justicia de Estados Unidos funciona con testigos que negocian. La pregunta es qué le queda a la justicia venezolana cuando el trato ya se hizo afuera.
Esta semana la justicia venezolana se está escribiendo en otro idioma.
Alex Saab se declaró culpable en Miami el 15 de septiembre y prometió cooperar. El martes 13 de octubre, su socio Álvaro Pulido llega a la misma corte, sacado de El Rodeo sin que un tribunal venezolano lo decidiera. Y el lunes 12, David Alandete publicó en ABC que, según una fuente cercana a la inteligencia estadounidense, Diosdado Cabello es el CC-1 de la acusación por torturas contra Maduro, coopera con Washington y podría terminar en Turquía o en Catar.
La última parte no está confirmada. Puede no serlo nunca. Pero la tendencia sí: los que más saben del chavismo están negociando lo que saben, y lo hacen con fiscales de Miami y Nueva York.
El precio del testimonio
No me escandaliza que se negocie. La cooperación de acusados es una herramienta legítima, y sin ella muchos casos de corrupción y crimen organizado nunca se habrían probado. Si Saab cuenta cómo se pagaron las cajas CLAP, los venezolanos sabremos algo que nos robaron dos veces: el dinero y la verdad.
Lo que me preocupa es quién decide el precio. En un acuerdo de cooperación, el fiscal pone en la balanza lo que el acusado ofrece contra lo que se le perdona. Esa balanza está pensada para el interés de Estados Unidos. Es su justicia, y está bien que la ejerza. Pero las víctimas de las torturas en el Helicoide, las familias que hicieron cola por una caja CLAP con comida vencida, no están en esa mesa.
Lo que nos toca
La semana pasada escribí sobre el tribunal que no tuvimos. Esta semana, en Caracas, la mesa de negociación vuelve a reunirse para escoger a quienes escogerán a los nuevos magistrados. Es lento, y hay que decirlo. Pero es lo único que puede devolverles a los venezolanos algo que ningún acuerdo en Miami les va a dar: un juicio propio, con sus víctimas presentes y con la verdad completa, no la parte que convenga a un trato.
Desde Columbus, donde vivimos tantos que salimos de allá, la tentación es celebrar cada entrega como una victoria. Lo es, en parte. Pero si la transición se acostumbra a resolver sus cuentas entregando acusados y cerrando acuerdos afuera, va a llegar el día en que el más culpable sea también el mejor informado. Y ese, con un buen abogado, elige dónde jubilarse.
Lo que falta
¿Qué falta, exactamente, para que la cooperación no sea impunidad con otro nombre? Que cada acuerdo que involucre a funcionarios venezolanos pase por un juez y se haga público cuando termine el caso. Que Venezuela abra sus propios expedientes, empezando por las CLAP. Y que nadie acusado de torturar obtenga, a cambio de lo que sepa, el derecho a no volver a responder ante los torturados.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Declaración de culpabilidad de Alex Saab, Distrito Sur de Florida, 15 de septiembre de 2026; AP; David Alandete, ABC, 12 de octubre de 2026; acusación sustitutiva contra Nicolás Maduro, Distrito Sur de Nueva York, 8 de octubre de 2026.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Doce civiles que se escogerán en una mesa. Un preso que sale de El Rodeo hacia Miami sin que un tribunal lo decida. Una sancionada que entra a Europa por una excepción que nadie explica. La transición venezolana empieza a decidir cosas importantes. Falta que diga cómo.
Esta semana empieza con tres decisiones y ninguna explicación.
La primera la anunció Juan Miguel Matheus el domingo: la mesa de negociación acordará los 12 civiles del comité que revisará a los aspirantes al nuevo Tribunal Supremo. De 127 postulados saldrán 12 en cuatro días. Celebro que la sociedad civil sea mayoría frente a los diputados. Pero hasta ahora nadie ha dicho con qué criterio se elegirá a esos 12, ni quién responde por la elección.
La segunda llegó por AP. Álvaro Pulido, el socio de Alex Saab, salió de la cárcel de El Rodeo y comparece el martes en Miami. Los titulares dicen «extradición». En Venezuela, una extradición la decide un tribunal. No se conoce ninguna decisión, y el gobierno calla.
La tercera aterrizó en Roma. Delcy Rodríguez, sancionada por la Unión Europea desde 2018, entró a Italia para hablar en la FAO. Puede haber una base legal para eso. Pero nadie la ha explicado.
Lo que se decide y cómo
No discuto el fondo de ninguna de las tres. Quizá los 12 sean los mejores, quizá Pulido tenga que responder en Miami, quizá la FAO sea el lugar para que Delcy Rodríguez hable de hambre. Lo que discuto es el método. Una transición no se reconoce solo por lo que decide, sino por cómo lo decide: quién firma, con qué norma, ante quién responde.
Durante años, en Venezuela, las decisiones importantes se tomaban sin explicar. Un juez inhabilitaba, un ministro entregaba un contrato, un decreto movía la Navidad. Esa costumbre no se termina sola. Se termina cuando alguien, en cada decisión, publica el cómo.
Desde aquí
Aquí en Ohio cambiaron este año una regla que me afecta: la boleta por correo ya no se salva con el matasellos. Se puede estar en desacuerdo. Pero sé quién la firmó, cuándo, y dónde leerla. Eso no es un lujo de democracias viejas. Es lo mínimo que una ciudadanía necesita para confiar.
Lo que falta
La pregunta de esta casa es siempre la misma: ¿qué falta, exactamente, para que estas decisiones generen confianza? Tres cosas. Que la mesa publique el criterio y las razones de cada uno de los 12. Que el gobierno diga con qué base entregó a Pulido. Y que Bruselas y Roma digan por qué una sancionada puede estar en Roma.
Una transición también se escribe en los procedimientos. Lo que se decide en silencio, se discute después a gritos.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Juan Miguel Matheus, hilo en X del 11 de octubre de 2026; AP, 11 de octubre de 2026; EFE; Consejo de la Unión Europea; Junta Electoral de Franklin County.
Inciso
El dato no milita
El chavismo perdió el control de la cifra. Y la cifra no se deja convencer.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Un gobernador dice que en su estado nunca se va la luz, dos días después de anunciar cortes. Una presidenta encargada habla de crecimiento con un salario mínimo de 130 bolívares. Un presidente de la Asamblea promete cuatro elecciones sin fecha. El chavismo perdió el control de la cifra, y la cifra no se deja convencer.
«Aquí no se va la luz». Lo dijo Rafael Lacava, gobernador de Carabobo, a comienzos de octubre de 2026. El 30 de septiembre él mismo había anunciado cortes fraccionados por «falta de megavatios». Cuando le preguntaron por el racionamiento, respondió que eso «es echando broma».
No es un caso aislado. Esta semana pusimos en fila siete frases de dirigentes chavistas y, al lado de cada una, un dato. Delcy Rodríguez habla de crecimiento después del terremoto, con una inflación acumulada de 225,3 % hasta septiembre y un salario mínimo congelado en 130 bolívares. Jorge Rodríguez asegura que «claro que habrá elecciones, habrá cuatro elecciones», y ninguna tiene fecha. Diosdado Cabello defiende la Ley contra el Odio cinco días después de que Jorge Arreaza admitiera que hubo abusos en su aplicación.
El canal y la cifra
Durante dos décadas el chavismo tuvo dos ventajas: controlaba el canal y controlaba la cifra. Decía lo que quería por la televisión del Estado y publicaba, cuando quería, los números que le convenían. Hoy no controla ninguna de las dos por completo.
El Banco Central publica una inflación que contradice el optimismo presidencial. Los vecinos de Valencia graban sus apagones. Los aliados del gobierno discrepan en público. Y la llave del ingreso petrolero ya no está en Caracas: según el economista Asdrúbal Oliveros, el 83 % de los ingresos del país pasa por una cuenta supervisada desde Washington.
Por qué importa ahora
Esto no es un ejercicio de burla. Venezuela entra en una etapa en la que se negocian jueces, leyes y, algún día, una fecha para votar. En esa mesa, la palabra de cada parte vale lo que valen sus datos. Un gobierno que niega lo que la gente vive en su propia casa no puede pedir que le crean cuando promete garantías.
Lo vemos también desde afuera. Desde Columbus, como desde cualquier ciudad donde vive la diáspora, uno llama a la familia y escucha la otra versión: la nevera que se dañó con el apagón, el sueldo que no alcanza para la semana. Esa conversación es el dato que ningún discurso puede editar.
Lo que falta
La pregunta de esta casa es siempre la misma: ¿qué falta, exactamente, para que la palabra oficial vuelva a valer algo? Faltan tres cosas. Que las cifras del Estado se publiquen completas y a tiempo. Que los anuncios lleguen con texto, fecha y responsable. Y que quien gobierna acepte que la realidad no se decreta.
Un gobierno puede comprar canales, nombrar jueces y redactar leyes. Lo que no puede es hacer militar a un dato. El dato no milita. Por eso molesta.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: ACN, 30 de septiembre de 2026; El Pitazo y La Patilla, 3 de octubre de 2026; BCV vía Reuters, 3 de octubre de 2026; Bloomberg Línea; El País, 18 de junio de 2026; especial «Palabra contra dato» de INCÍSOS.
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