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Arqueología de la unidad opositora

2019 y 2026: el actor externo que el archivo no había podido nombrar

La misma administración estadounidense que en enero de 2019 reconoció a Juan Guaidó y declaró que «todas las opciones están sobre la mesa», es la que en enero de 2026 ejecutó la Operación Resolución Absoluta, capturó a Maduro y a Cilia Flores y abrió el rodrigato como transición tutelada. Siete años entre el intento y la ejecución. La pregunta más incómoda del especial: si el rodrigato está tutelado por Washington, ¿también lo está la oposición venezolana que se reagrupa en Panamá bajo el Plan R

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2019-2026: el actor externo en la política venezolana
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 9
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§ Arqueología · Pieza 9

2019 y 2026: el actor externo que el archivo no había podido nombrar

La misma administración estadounidense que en enero de 2019 reconoció a Juan Guaidó y declaró que «todas las opciones están sobre la mesa», es la que en enero de 2026 ejecutó la Operación Resolución Absoluta, capturó a Maduro y a Cilia Flores y abrió el rodrigato como transición tutelada. Siete años entre el intento y la ejecución. La pregunta más incómoda del especial: si el rodrigato está tutelado por Washington, ¿también lo está la oposición venezolana que se reagrupa en Panamá bajo el Plan Rubio?

QUÉ La tutela externa estadounidense como hilo de continuidad del archivo opositor venezolano. La misma administración —Trump— que en enero de 2019 reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado bajo la doctrina de «todas las opciones están sobre la mesa», es la que en enero de 2026 ejecuta la Operación Resolución Absoluta, captura a Maduro y a Cilia Flores, y abre el rodrigato como transición tutelada. Siete años entre el intento y la ejecución.
QUIÉN El gobierno de Estados Unidos bajo Donald Trump como actor decisivo en los dos extremos del arco: 2019 (reconocimiento del interinato) y 2026 (operación militar y captura). Marco Rubio como bisagra: senador por Florida en 2019, secretario de Estado en 2026, autor del plan de tres fases. La oposición venezolana en ambas puntas: receptora del respaldo, no diseñadora del plan.
CUÁNDO Del 23 de enero de 2019 (reconocimiento de Guaidó por Trump) al 3 de enero de 2026 (Operación Resolución Absoluta). Siete años con un paréntesis demócrata (Biden 2021-2024) que cambió tácticas pero mantuvo el reconocimiento internacional opositor.
DÓNDE La Casa Blanca como centro de decisión. Caracas como territorio del intento y de la ejecución. Miami como plataforma de movilización política hispana. Mar-a-Lago, desde donde Rubio comunica la operación del 3 de enero de 2026.
POR QUÉ Porque la transición venezolana del 2026 no se entiende sin el arco 2019-2026 del involucramiento estadounidense. Y porque la pregunta arqueológica más incómoda del especial es ésta: si el rodrigato está tutelado por Washington, ¿también lo está la oposición venezolana que se reagrupa en Panamá bajo el Plan Rubio?
CÓMO Reconstrucción documental con la cronología verificada del involucramiento estadounidense en Venezuela entre 2019 y 2026, las declaraciones públicas oficiales de Trump y su gabinete en ambos extremos, y el análisis editorial de lo que esa continuidad significa para la oposición venezolana del archivo.

El actor externo que el archivo opositor no ha podido nombrar

En las nueve piezas previas de este especial, el archivo opositor venezolano se cuenta casi siempre desde adentro. Desde sus partidos. Desde sus mesas. Desde sus primarias. Desde sus calles. Desde sus actas. Esa lectura interna es la más fiel al sujeto que el especial reconstruye: una oposición que tomó decisiones, negoció con sus aliados y se enfrentó a sus adversarios con la información y la capacidad organizativa que tenía en cada momento.

Pero hay un actor externo que estuvo presente en todas esas escenas y que el archivo opositor venezolano no ha terminado de nombrar con claridad arqueológica. El gobierno de los Estados Unidos. No como apoyo distante, no como aliado simbólico, no como respaldo diplomático difuso. Como actor político concreto que en dos momentos definidos del arco —enero de 2019 y enero de 2026— ejecutó decisiones que cambiaron la conformación del campo opositor venezolano sin que la oposición venezolana las haya diseñado.

Esta pieza pone esa tutela sobre la mesa. No para denunciarla en términos de soberanía cedida. No para celebrarla en términos de alianza necesaria. Para registrarla con la misma disciplina arqueológica con que las piezas anteriores documentan la fundación de la MUD, la primaria de 2012 o el exilio de Edmundo. La tutela externa es parte del archivo opositor venezolano, y omitirla mutila la lectura del conjunto.

El hilo es preciso: la misma administración de Donald Trump que en enero de 2019 reconoció a Juan Guaidó como presidente encargado y declaró que «todas las opciones están sobre la mesa», es la que en enero de 2026 ejecutó la Operación Resolución Absoluta, capturó a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, y abrió el rodrigato como transición tutelada. Siete años entre el intento y la ejecución. Una continuidad de actor que en el archivo opositor venezolano no tiene antecedente.

23 de enero de 2019: el reconocimiento y la doctrina de las opciones

El 23 de enero de 2019, pocos minutos después de que Juan Guaidó se autoproclamara presidente encargado de Venezuela en una plaza pública de Caracas invocando el artículo 233 de la Constitución, el presidente Donald Trump emitió un comunicado oficial reconociéndolo como presidente legítimo. El comunicado se hizo público antes de que la mayoría de los gobiernos latinoamericanos hubieran tenido oportunidad de pronunciarse. La velocidad del reconocimiento estadounidense fue el hecho político que definió la magnitud del interinato: en menos de veinticuatro horas, más de cincuenta países habían sumado su reconocimiento siguiendo el liderazgo de Washington.

Lo que ocurrió en las semanas siguientes a aquel reconocimiento definió la doctrina pública del involucramiento estadounidense. El 28 de enero de 2019, el asesor de seguridad nacional John Bolton, en una conferencia de prensa en la Casa Blanca para anunciar sanciones contra PDVSA, fue fotografiado sosteniendo una nota manuscrita con la leyenda «5,000 troops to Colombia» —cinco mil tropas a Colombia—. La nota se hizo viral en cuestión de horas. Bolton no negó el contenido. La Casa Blanca tampoco lo desmintió oficialmente.

El 2 de febrero de 2019, en un discurso ante la diáspora venezolana en Florida, el vicepresidente Mike Pence declaró: «Estados Unidos continuará ejerciendo toda la presión diplomática para lograr una transición pacífica a la democracia, pero quienes nos observan deben saberlo: todas las opciones están sobre la mesa. Y Nicolás Maduro haría bien en no poner a prueba la determinación de Estados Unidos».

El 3 de febrero de 2019, en una entrevista con el programa Face the Nation de CBS, Trump confirmó personalmente la doctrina. Preguntado por la posibilidad de una intervención militar estadounidense en Venezuela, respondió: «Bueno, no quiero decir eso. Pero ciertamente es algo que está sobre la — es una opción». La fórmula completa que la administración Trump usó durante todo 2019 fue: «all options are on the table» — todas las opciones están sobre la mesa. Esa formulación incluyó, públicamente, la opción militar.

El 18 de febrero de 2019, Trump pronunció en Miami el discurso público más explícito del ciclo. Ante una audiencia mayormente venezolana y cubana exiliada, advirtió a la cúpula militar venezolana que si seguían apoyando a Maduro, «no encontrarán refugio seguro, ni salida fácil, ni manera de salir. Lo perderán todo». Trump ofreció amnistía a los militares que reconocieran a Guaidó. Y cerró: «Buscamos una transición pacífica del poder pero todas las opciones están abiertas».

Lo que ocurrió en los meses siguientes mostró el límite de la doctrina. El intento de hacer entrar ayuda humanitaria por el puente fronterizo de Cúcuta el 23 de febrero de 2019 fracasó cuando la Guardia Nacional Bolivariana bloqueó el paso. Los camiones cargados de alimentos y medicinas regresaron a Colombia. La operación, planificada como momento decisivo para forzar la quiebra militar venezolana, se quedó sin desenlace. El alzamiento militar del 30 de abril de 2019 en La Carlota, encabezado por Guaidó y Leopoldo López —liberado momentáneamente de su arresto domiciliario—, terminó en dispersión sin sumar la cantidad crítica de oficiales que la oposición y Washington esperaban. Las opciones que estaban sobre la mesa quedaron sobre la mesa. Maduro no cayó.

Las sanciones, en cambio, sí avanzaron. El 28 de enero de 2019, Estados Unidos sancionó a PDVSA, congelando aproximadamente 7.000 millones de dólares en activos. En agosto de 2019, una orden ejecutiva de Trump amplió las sanciones a un bloqueo económico general. Citgo Petroleum Corporation, la filial estadounidense de PDVSA, quedó bajo control del interinato de Guaidó. El oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra fue puesto bajo custodia judicial británica. Los depósitos venezolanos en Portugal fueron congelados. La arquitectura de activos bloqueados que el interinato administraría durante cuatro años se construyó entre enero y agosto de 2019.

El balance del ciclo 2019-2020 fue paradójico. La oposición venezolana ganó la mayor batalla diplomática internacional de su historia —más de cincuenta gobiernos reconociendo al interinato, sanciones petroleras inéditas, control de activos en el exterior, embajadas paralelas— y al mismo tiempo perdió la posibilidad de convertir esa victoria en un cambio efectivo de gobierno en Caracas. La doctrina de «todas las opciones» nunca se ejecutó. Maduro mantuvo el poder. La oposición venezolana entró en el ciclo de erosión interna que la pieza siete del especial documenta y que culminaría con la disolución del interinato el 30 de diciembre de 2022.

El paréntesis Biden: 2021-2024

El 20 de enero de 2021, Joe Biden asumió la presidencia de los Estados Unidos. La política hacia Venezuela cambió en táctica, no en sustancia. La administración Biden mantuvo el reconocimiento de Guaidó como presidente encargado durante la mayor parte del período, no levantó las sanciones petroleras estructurales, y al mismo tiempo abrió canales de negociación con el gobierno de Maduro que la administración Trump había evitado.

El cambio sustancial del período Biden fue habilitar el regreso de la oposición venezolana a la ruta electoral. Las negociaciones de Noruega, mediadas desde 2019 y reactivadas en 2021, se trasladaron a México en 2021 y a Barbados en 2023. El Acuerdo de Barbados del 17 de octubre de 2023 —que la pieza cuatro documenta como antecedente directo de la primaria del 22 de octubre— se firmó bajo respaldo activo de la administración Biden. A cambio, Estados Unidos otorgó una licencia general de seis meses al sector petrolero venezolano, permitiendo transacciones limitadas que aliviaron parcialmente la presión económica del régimen.

Esa flexibilización fue criticada por sectores republicanos en el Congreso estadounidense. Marco Rubio, entonces senador por Florida y figura central del bloque cubano-americano-venezolano, fue el crítico más visible. En diciembre de 2023, Rubio impulsó una resolución conjunta con María Elvira Salazar, Mario Díaz-Balart y Carlos Giménez reconociendo a María Corina Machado como «única candidata presidencial legítima de Venezuela». La resolución no era vinculante para el ejecutivo demócrata, pero anticipaba la línea de política exterior que Rubio aplicaría desde el Departamento de Estado dos años después.

El paréntesis Biden hizo posible el ciclo electoral de 2024 —la primaria, la designación de Edmundo González, las presidenciales del 28 de julio, la publicación de actas— y al mismo tiempo no produjo cambio de gobierno en Caracas. Maduro proclamó victoria sin actas el 29 de julio. Edmundo salió al exilio el 8 de septiembre. Para enero de 2025, cuando Trump regresaba a la Casa Blanca, el archivo opositor venezolano tenía exactamente lo mismo que había tenido seis años antes: un presidente electo reconocido internacionalmente, sin acceso al ejecutivo en Caracas, y una oposición territorial dispersa entre el exilio y la clandestinidad.

3 de enero de 2026: la doctrina ejecutada

El 3 de enero de 2026, a las 05:21 hora de Venezuela, el presidente Donald Trump confirmó por la red social Truth Social que Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores habían sido capturados en Caracas y extraídos del territorio venezolano. La operación, denominada Operación Resolución Absoluta (Operation Absolute Resolve en inglés), había comenzado durante las horas previas. El general Dan Caine, presidente del Estado Mayor Conjunto estadounidense, describió la operación como «la culminación de meses de planificación y ensayos» ejecutada «discreta, precisa y durante las horas más oscuras del 2 de enero».

Los elementos técnicos del operativo, según las reconstrucciones publicadas por CNN, La Nación de Argentina e Infobae a partir de fuentes militares estadounidenses y de un oficial de la aviación venezolana que pidió no ser identificado: unidades Delta Force del Ejército estadounidense ejecutaron la extracción en tierra; la CIA aportó inteligencia sobre el terreno; buques, tropas y aeronaves del Pentágono habían sido desplegados en el Caribe durante los meses previos, en lo que la prensa había llamado «cerco militar»; aviones de ataque estadounidenses sobrevolaron Caracas durante un intenso fuego cruzado con las defensas aéreas venezolanas; los Sukhoi Su-30 de fabricación rusa que conformaban el grueso de la aviación venezolana no se activaron. El operativo fue parte de una operación de mayor envergadura denominada Lanza del Sur.

El balance humano de la operación quedó parcialmente documentado. La Red de Médicos en Venezuela registró 90 personas heridas en el Distrito Capital hasta las 14:00 hora local del 3 de enero, producto de los bombardeos asociados al operativo. El gobierno de Cuba reportó 32 ciudadanos cubanos muertos durante los ataques estadounidenses. El número total de víctimas venezolanas fatales no ha sido oficialmente publicado hasta la fecha de cierre de este especial.

Maduro y Cilia Flores aterrizaron en la Base de la Guardia Nacional Aérea de Stewart, Nueva York, la misma tarde del 3 de enero. Un convoy de helicópteros los trasladó al helipuerto Westside de Manhattan, escoltados por agentes de la DEA. El 5 de enero de 2026, en su primera audiencia ante una corte federal de Manhattan, ambos se declararon no culpables de los cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas que el Departamento de Justicia había imputado originalmente en 2020 y ampliado en los días previos a la captura.

La transición venezolana se abrió por sucesión institucional automática. Delcy Rodríguez, como vicepresidenta ejecutiva al momento de la captura, asumió las funciones presidenciales como presidenta encargada. El régimen tutelado que la prensa internacional empezó a llamar «rodrigato» comenzó esa misma tarde del 3 de enero, sin votación, sin acuerdo previo con la oposición venezolana, sin convocatoria electoral. Era una transición producida por la operación militar estadounidense, no por la voluntad institucional venezolana.

El plan de tres fases: lo que la doctrina aprendió de 2019

El 7 de enero de 2026, cuatro días después de la operación, el secretario de Estado Marco Rubio —juramentado en el cargo apenas tres semanas antes, el 21 de enero, en el primer gabinete del segundo mandato de Trump— compareció ante el Congreso de los Estados Unidos y formuló públicamente la hoja de ruta para Venezuela. Tres fases secuenciales que la conseja popular ha llamado desde entonces «Plan Rubio»: estabilización, recuperación económica, transmisión definitiva del poder por la vía electoral. Las fases podrían superponerse, advirtió Rubio desde el inicio. La crítica editorial más documentada del plan —en este especial y en buena parte del análisis internacional— sigue siendo la ausencia de fechas de cierre publicadas por fase.

El 28 de enero de 2026, Rubio amplió la formulación del plan ante el Senado, en una comparecencia conjunta con el secretario de Defensa Pete Hegseth ante la Comisión de Relaciones Exteriores. Allí quedaron establecidos los actores responsables de cada fase: la estabilización a cargo del rodrigato bajo supervisión estadounidense; la recuperación económica bajo coordinación de instituciones financieras internacionales con respaldo del Tesoro estadounidense; y la transmisión electoral bajo el marco de la oposición venezolana reagrupada en torno a la Plataforma Unitaria y el liderazgo de María Corina Machado.

Lo que el Plan Rubio sí aprendió de 2019, leído arqueológicamente, son tres cosas. Primero, que el respaldo internacional simbólico sin ejecución material es insuficiente. La doctrina de «todas las opciones están sobre la mesa» de 2019-2020 quedó como gesto sin desenlace; la doctrina de 2026 ejecuta materialmente lo que en 2019 fue advertencia retórica. Segundo, que la transición requiere arquitectura institucional posterior, no solo desplazamiento del actor central. El error del ciclo 2019-2022 —reconocer un presidente encargado sin diseñar la transición que ese reconocimiento debía habilitar— se intenta corregir con un plan de tres fases publicado al cuarto día de la operación. Tercero, que la oposición venezolana debe estar incorporada en la fase final como sujeto político, no como destinatario pasivo del cambio. La participación de María Corina Machado y la PUD en la formulación previa del plan —desde diciembre de 2025— es la diferencia operativa entre la doctrina de Bolton de 2019 y la doctrina de Rubio de 2026.

La doble tutela: lo que el especial tiene que decir

Aquí llega la pregunta más incómoda del especial. Y por eso este lugar del archivo es donde un periodismo de criterio tiene que hablar con la mayor claridad posible.

Es cierto que el rodrigato de Delcy Rodríguez está tutelado por Washington. La transición no fue producida por elecciones venezolanas. No fue producida por acuerdo entre las fuerzas políticas venezolanas. No fue producida por mandato constitucional opositor. Fue producida por la operación militar del 3 de enero de 2026 y por la sucesión institucional automática que esa operación abrió. El rodrigato administra las funciones del Estado venezolano bajo un Plan de tres fases formulado en Washington, ejecutado con respaldo logístico, económico y diplomático estadounidense, y supervisado por el secretario de Estado norteamericano como interlocutor principal. El rodrigato no tiene autonomía estratégica frente a Washington. La conseja popular venezolana lo nombra. El archivo arqueológico no puede no nombrarlo.

Pero también es cierto que la oposición venezolana que se reagrupa en Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026 está, en términos arqueológicos, tutelada por el mismo actor externo. El reconocimiento internacional de Edmundo González como presidente electo del 28-J se sostiene principalmente en la posición del Departamento de Estado estadounidense y los gobiernos europeos y latinoamericanos que siguieron esa posición. La custodia panameña de las actas electorales del 28-J, anunciada el 8 de enero de 2025, fue coordinada con Washington. La operación de rescate de los cinco asilados de la Embajada de Argentina en mayo de 2025 fue anunciada personalmente por Marco Rubio como «rescate exitoso» bajo coordinación estadounidense. La salida de Edmundo González al exilio en septiembre de 2024 fue mediada por el expresidente español Zapatero —que actuó como puente con el chavismo— en coordinación con el gobierno español de Pedro Sánchez bajo el marco diplomático general que Estados Unidos sostiene. El cónclave de Panamá de mayo de 2026 ratifica el Plan Rubio en sus tres fases como hoja de ruta común.

Es decir: la oposición venezolana no diseñó la transición. La recibió. Y al recibirla, decidió operar dentro de su marco. Esa decisión no es ilegítima —es la decisión política que cualquier oposición racional habría tomado ante la combinación de un régimen autoritario que no cedía por urnas y un poder externo dispuesto a ejecutar la doctrina de «todas las opciones» siete años después de haberla formulado—. Pero es una decisión que el archivo tiene que registrar como tal. La oposición venezolana del 2026 opera bajo tutela externa de la misma administración que tutela al rodrigato. Es una doble tutela del mismo actor.

Las consecuencias arqueológicas de esa doble tutela merecen, por última vez en este especial, una lectura sin atajos. Primera consecuencia: la transición venezolana del 2026 tiene mayor probabilidad de llegar a cambio de gobierno efectivo que cualquier transición previa, precisamente porque el actor externo que la respalda ahora ha demostrado capacidad de ejecución material, no solo retórica. Segunda consecuencia: la oposición venezolana opera con menor autonomía estratégica que en cualquier otro momento del archivo del siglo XXI. No porque sus decisiones internas estén dictadas desde fuera —el cónclave de Panamá fue una reunión genuina entre actores venezolanos— sino porque el marco general de esas decisiones está fijado por una arquitectura externa que la oposición no diseñó. Tercera consecuencia: la legitimidad democrática del cambio que viene dependerá menos del consenso interno venezolano que del reconocimiento que el actor externo otorgue al resultado. Esa dependencia es nueva. El archivo opositor venezolano no la tenía antes. Y tendrá que aprender a vivir con ella mientras dure el rodrigato y mientras el Plan Rubio determine los lapsos.

La pieza siguiente del especial —la entrevista a Roberto Enríquez, actual secretario ejecutivo de la Plataforma Unitaria Democrática— es el espacio donde estas preguntas se le plantean a quien las administra desde adentro. Es la voz del archivo opositor venezolano respondiendo, con su propia voz, a la lectura arqueológica que las nueve piezas anteriores y ésta han documentado. Lo que Enríquez diga, y lo que decida no decir, será parte del archivo cerrando el ciclo de este especial.

Fuentes principales

  • Trump · entrevista con Face the Nation (CBS) · 3 de febrero de 2019.
  • Mike Pence · discurso en Florida · 1 de febrero de 2019.
  • John Bolton · conferencia de prensa con la nota «5,000 troops to Colombia» · 28 de enero de 2019.
  • Trump · discurso en Miami · 18 de febrero de 2019.
  • Resolución del Congreso de Estados Unidos · reconocimiento a María Corina Machado · 7 de diciembre de 2023 (Rubio, Salazar, Díaz-Balart, Giménez, Scott).
  • Wikipedia ES · Ataque estadounidense a Venezuela de 2026 · Operación Resolución Absoluta.
  • WOLA · La intervención militar unilateral de Estados Unidos para remover al dictador Nicolás Maduro viola el derecho internacional · 3 de enero de 2026.
  • Infobae · Un oficial de la aviación venezolana explicó cómo EEUU desmanteló la defensa de Caracas · 25 de enero de 2026.
  • CNN Español · Así capturaron a Maduro: análisis del operativo militar · 23 de enero de 2026.
  • La Nación (Argentina) · Sopletes gigantes, un intento de fuga y decenas de muertos: salen a la luz nuevos detalles del operativo · 4 de enero de 2026.
  • Telemundo · cobertura de la llegada de Maduro a Nueva York y declaración del general Dan Caine · 3 de enero de 2026.
  • Comparecencias de Marco Rubio ante el Congreso (7 de enero de 2026) y el Senado (28 de enero de 2026) sobre el plan de tres fases para Venezuela.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
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Arqueología de la unidad opositora

2024: la designación de Edmundo, las actas, el exilio

Siete meses y medio entre la ratificación de la inhabilitación de María Corina Machado y el avión que llevó a Edmundo González Urrutia a España. En el medio: la inscripción in extremis de un candidato, la jornada electoral más documentada del siglo XXI venezolano y dos noches paralelas que ya no volvieron a converger. El año en que todo quedó probado y nada se resolvió.

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§ Especial · Pieza 5
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§ Arqueología · Pieza 5

2024: la designación de Edmundo, las actas, el exilio

Siete meses y medio entre la ratificación de la inhabilitación de María Corina Machado y el avión que llevó a Edmundo González Urrutia a España. En el medio: la inscripción in extremis de un candidato, la jornada electoral más documentada del siglo XXI venezolano y dos noches paralelas que ya no volvieron a converger. El año en que todo quedó probado y nada se resolvió.

QUÉ El ciclo electoral más disputado de la historia venezolana del siglo XXI: la designación de Corina Yoris y el bloqueo del CNE, la inscripción in extremis de Edmundo González Urrutia, las presidenciales del 28 de julio, la doble proclamación de resultados, las actas publicadas por la oposición, el exilio de Edmundo a España y la clandestinidad de Machado en Venezuela.
QUIÉN María Corina Machado, ganadora inhabilitada de la primaria de 2023. Corina Yoris, candidata sustituta bloqueada. Edmundo González Urrutia, embajador retirado, candidato inscrito en último minuto. Manuel Rosales, que inscribe por UNT como respaldo táctico y luego cede. Elvis Amoroso, presidente del CNE. Las potencias mediadoras: España, Países Bajos, Brasil, Colombia, México.
CUÁNDO Del 26 de enero de 2024 (ratificación de la inhabilitación de Machado por el TSJ) al 8 de septiembre de 2024 (exilio de Edmundo en España). Siete meses y medio de la disputa electoral más documentada del archivo venezolano.
DÓNDE El Consejo Nacional Electoral en Caracas como punto de bloqueo administrativo. Las embajadas de Países Bajos y España como refugio. Las mesas electorales del 28 de julio como territorio del cómputo paralelo. El portal resultadosconvzla.com como prueba documental.
POR QUÉ Porque el 28 de julio de 2024 produjo lo que ninguna otra elección venezolana había producido: dos proclamaciones de resultados con bases documentales distintas. El CNE proclamó a Maduro sin publicar actas; la oposición publicó el 84% de las actas mostrando a Edmundo González con 67%. Esa asimetría documental define la política venezolana desde entonces.
CÓMO Reconstrucción documental con cronología verificada, cifras oficiales y opositoras, y la lectura de cómo se construyó la doble proclamación que cerró el ciclo presidencial sin resolución.

El año en que todo quedó probado y nada se resolvió

Si el archivo opositor venezolano tiene un año en el que la oposición demostró su capacidad organizativa hasta el límite, y al mismo tiempo se topó con el límite estructural de lo que esa capacidad podía convertir en gobierno, ese año es 2024.

En siete meses y medio —del 26 de enero al 8 de septiembre— la oposición venezolana atravesó la inhabilitación de su candidata ganadora de la primaria, el bloqueo administrativo de su candidata sustituta, la inscripción in extremis de un tercer candidato, una campaña presidencial bajo persecución, una jornada electoral del 28 de julio con participación masiva, la publicación de actas de votación equivalente al 84% del cómputo nacional, una doble proclamación de resultados con bases documentales asimétricas, y el exilio de su candidato electo. La pieza siguiente del especial —Panamá 2026— solo puede leerse contra el fondo de esos siete meses y medio.

Esta pieza reconstruye la secuencia. Sin atajos. Porque en el ciclo de 2024, el detalle administrativo es la sustancia política, y la cronología precisa es lo único que sostiene la diferencia entre lo que pasó y lo que la conseja popular pueda decir que pasó.

26 de enero: la inhabilitación que ya no se levantaría

El 26 de enero de 2024, la Sala Político Administrativa del Tribunal Supremo de Justicia ratificó la inhabilitación de María Corina Machado para ejercer cargos públicos por quince años. La medida originaria, de la Contraloría General de la República, era de junio de 2023: en pleno proceso de primarias opositoras, la Contraloría notificó a Machado de su inhabilitación bajo los artículos 105 de la Ley Orgánica de la Contraloría y 44 numeral 2 de la Ley Contra la Corrupción, alegando irregularidades administrativas en su gestión como diputada de la Asamblea Nacional electa en 2010.

La inhabilitación había sido suspendida en términos prácticos durante el proceso de primarias —el TSJ no había emitido pronunciamiento de fondo y la Comisión Nacional de Primaria había admitido la candidatura de Machado—. La ratificación del 26 de enero cerró esa ventana. Era el primer incumplimiento documentable del Acuerdo de Barbados firmado el 17 de octubre de 2023, en el que el gobierno se había comprometido a respetar el derecho de cada actor político a seleccionar su candidato. Machado había sido seleccionada el 22 de octubre de 2023 con el 92,35% del voto. La inhabilitación cerraba esa ruta.

Lo que ocurrió en los dos meses siguientes —febrero y marzo de 2024— fue una secuencia de movimientos que la conseja popular tiende a recordar mal. No fue una decisión de Machado de mantener su candidatura simbólicamente. Fue un proceso de negociación intensa, dentro y fuera de la Plataforma Unitaria Democrática, sobre quién podría sustituirla manteniendo el respaldo del 92,35% que había recibido. El nombre no podía ser cualquier dirigente partidista; tenía que ser una figura que la base opositora reconociera como legítima sustituta, no como traición al voto del 22 de octubre.

22 de marzo: el nombre de Corina Yoris

El 22 de marzo de 2024, en una conferencia de prensa en Caracas, María Corina Machado anunció que su sustituta para las presidenciales del 28 de julio sería Corina Yoris Villasana. Filósofa, doctora en Historia por la Universidad de Salamanca, profesora de la Universidad Católica Andrés Bello y de la Universidad Simón Bolívar, miembro de la Academia Nacional de la Lengua, ochenta años de edad, sin trayectoria política previa, miembro principal de la Comisión Nacional de Primaria que había organizado el proceso de 2023. Yoris no era una política convencional. Era una académica de prestigio universitario reconocido.

La designación fue producto de meses de deliberación interna y, en particular, de una semana intensa de consultas dentro de la PUD. El nombre fue acordado por unanimidad entre las organizaciones de la coalición. La elección de una figura sin trayectoria partidista, sin gestión pública previa y sin militancia en ningún partido buscaba precisamente eliminar argumentos institucionales para una nueva inhabilitación. Yoris no tenía historial administrativo del que la Contraloría pudiera derivar irregularidades; no había sido nunca funcionaria. Era una candidatura técnicamente blindada.

El lapso oficial de postulación abrió el jueves 21 de marzo y cerraba el lunes 25 de marzo. La PUD, con la tarjeta MUD y con la tarjeta UNT, tenía que ingresar al sistema automatizado del CNE para inscribir formalmente a Yoris. Y ahí empezó la operación de bloqueo.

Desde el viernes 22 de marzo, la PUD denunció públicamente que el CNE no entregaba las claves de validación para acceder al sistema de postulación. Las claves se otorgan a los responsables de las tarjetas electorales para que puedan ingresar al sistema y registrar al candidato. Sin esas claves, ningún partido puede postular. El sábado 23 de marzo, ya transcurridas 54 horas del inicio del lapso, Machado denunció en su cuenta de X «la maniobra en marcha para impedir la inscripción». El domingo 24, ya con 72 horas transcurridas, Voluntad Popular reiteró la denuncia. El lunes 25, último día del lapso, el CNE seguía sin entregar las claves de validación para Yoris.

Lo que ocurrió en las últimas horas del lunes 25 fue un movimiento dual. Por un lado, Manuel Rosales —gobernador del Zulia, líder de Un Nuevo Tiempo, partido que forma parte de la PUD pero que tiene tarjeta propia— inscribió su propia candidatura presidencial en la última hora del lapso. Por otro, ante la imposibilidad técnica de inscribir a Yoris, la PUD decidió inscribir provisionalmente a Edmundo González Urrutia usando la tarjeta MUD, en una prórroga de horas concedida por el CNE bajo presión internacional. Yoris no pudo ser inscrita.

Edmundo González: la solución de emergencia

Edmundo González Urrutia, embajador retirado de la diplomacia venezolana, fue inscrito como candidato provisional de la Plataforma Unitaria entre las horas finales del 25 de marzo y la madrugada del 26. Su perfil era una combinación de factores que ningún otro candidato disponible tenía en ese momento: trayectoria diplomática extensa que lo desvinculaba de la política partidista (embajador en Argelia 1991-1993, embajador en Argentina 1998-2002), edad serena que comunicaba estabilidad (74 años en marzo de 2024), antecedentes como enlace internacional de la MUD entre 2013 y 2015 que le daban familiaridad con los actores opositores sin ser él mismo dirigente partidista, y total ausencia de causas administrativas o judiciales abiertas en su contra que pudieran derivar en inhabilitación.

La inscripción de González Urrutia como candidato provisional el 25-26 de marzo era una solución técnica para no quedarse sin candidato bajo la tarjeta MUD mientras la PUD seguía buscando vías para inscribir a Yoris. La PUD mantuvo la doble posición durante semanas: González como candidato administrativamente inscrito, Yoris como candidata política preferida. Esa ambigüedad se resolvió a mediados de abril, cuando la PUD reconoció que la inscripción de Yoris ya no era posible y que el camino electoral debía construirse alrededor de González.

El 19 de abril de 2024, en una reunión interna de la PUD, las organizaciones de la coalición votaron por unanimidad convertir a Edmundo González en el candidato unitario definitivo. El 20 de abril, Manuel Rosales —que había inscrito su propia candidatura el 25 de marzo como respaldo táctico— renunció formalmente a su postulación y declaró su apoyo a González. El 23 de abril, en una prórroga de 72 horas concedida por el CNE, las tarjetas de UNT y del Movimiento por Venezuela sustituyeron formalmente la candidatura de Rosales por la de González. González quedaba inscrito con tres tarjetas: MUD, UNT y MPV.

Para entender lo que pasó en aquellos cuatro días —entre el 19 y el 23 de abril— hace falta registrar lo que la conseja popular suele desdibujar: la solución no fue automática. Hubo reuniones tensas entre los partidos. Hubo presión de María Corina Machado para mantener la candidatura de Yoris como referencia política aunque administrativamente no fuera posible. Hubo cálculo táctico de Manuel Rosales —cuya propia candidatura del 25 de marzo había sido leída por algunos sectores como movimiento de oportunidad antes que de respaldo—. Y hubo, sobre todo, la decisión final de la PUD de cerrar filas alrededor de González como única candidatura viable, con el respaldo público de Machado, de Capriles, de Guaidó. La unanimidad declarada por Omar Barboza, secretario general de la PUD, en la rueda de prensa del 20 de abril, fue el resultado de esa negociación, no su punto de partida.

La campaña: tres meses bajo presión sistemática

Entre la inscripción definitiva de González el 23 de abril y la elección del 28 de julio hubo tres meses de campaña. La oposición la condujo bajo presión sistemática del gobierno: detenciones de jefes de campaña, allanamientos de sedes, hostigamiento a equipos territoriales, bloqueos de actos públicos, censura mediática. Pero también con una capacidad de movilización que la conseja popular subestima por haber sido superada por los eventos posteriores.

El 4 de julio de 2024, González inició su campaña en Caracas con una caravana que estaba planificada para recorrer de Chacaíto a El Marqués. La movilización ciudadana fue tal que la caravana se convirtió en una marcha con decenas de miles de asistentes. María Corina Machado encabezó el acto junto a González. En las semanas siguientes hubo concentraciones masivas en Barinas, Maracaibo, Valencia, Maracay, San Cristóbal, Maturín, Barquisimeto. La participación venezolana en la campaña opositora de 2024 fue, por escala de movilización presencial, comparable solo a la del 2 de diciembre de 2007 y al revocatorio del 15 de agosto de 2004.

Mientras eso ocurría, la PUD construía algo más estructural y menos visible: un sistema descentralizado de monitoreo y verificación de actas que sería decisivo el 28 de julio. El sistema se llamó Comando con Venezuela, articulado por Vente Venezuela como organización principal y con apoyo técnico de redes universitarias, organizaciones civiles, y voluntarios formados en cada municipio. La metodología era simple en su concepto y exigente en su ejecución: ubicar un testigo opositor en cada mesa de votación; al cierre de la jornada, fotografiar el acta de escrutinio emitida por la máquina; transmitir la imagen a un centro de cómputo paralelo que totalizaba los resultados en tiempo real. El sistema replicaba, en menor escala, la metodología que organizaciones civiles latinoamericanas habían usado en países con sistemas electorales cuestionados desde fines de los años noventa.

Lo que el Comando con Venezuela construyó entre mayo y julio de 2024 fue, en términos técnicos, la arquitectura de verificación paralela más sofisticada que la oposición venezolana ha tenido en el siglo XXI. Y fue esa arquitectura la que produjo la prueba documental del 28 de julio.

28 de julio: la jornada y las dos noches

El domingo 28 de julio de 2024 fue, en términos de movilización electoral, uno de los días más significativos del archivo venezolano reciente. Las filas en los centros de votación comenzaron antes de las seis de la mañana en muchas ciudades. La participación fue masiva tanto en municipios opositores tradicionales como en zonas históricamente chavistas. El cierre formal de mesas era a las seis de la tarde; muchas mesas se mantuvieron abiertas hasta las nueve y las diez de la noche por la cantidad de votantes en cola.

Pasada la medianoche del domingo 28 al lunes 29, el cuadro de la elección venezolana se bifurcó en dos noches paralelas que ya no volverían a converger.

La noche del CNE. En la madrugada del lunes 29 de julio, Elvis Amoroso, presidente del Consejo Nacional Electoral, anunció oralmente, sin apoyo infográfico, sin actas publicadas, sin desglose por mesa de votación, los resultados de la elección. Con el 80% de las mesas escrutadas, según su anuncio: Nicolás Maduro 5.150.092 votos (51,20%) · Edmundo González 4.445.978 votos (44,2%) · otros candidatos 462.704 (4,6%). Amoroso calificó la tendencia como «contundente e irreversible» y proclamó a Maduro como ganador. El boletín final del 2 de agosto —también oral, también sin desglose por mesa— elevó el cómputo a 96,97% de las mesas, dando Maduro 6.408.844 (51,95%) y González 5.326.104 (43,18%). La normativa electoral venezolana exige que el boletín final vaya acompañado del desglose de resultados por mesa. El CNE nunca publicó ese desglose. Al día de cierre de esta pieza, casi dos años después, la página web del CNE permanece deshabilitada en lo que respecta a la publicación oficial de actas de 2024.

La noche del Comando con Venezuela. En paralelo, el equipo técnico de la oposición transmitía los resultados de las actas fotografiadas en cada mesa. Antes del amanecer del 29 de julio, María Corina Machado declaró públicamente que la oposición tenía pruebas de la victoria de Edmundo González. El 29 de julio lanzaron el portal resultadosconvzla.com —un sitio web que permite a cualquier ciudadano venezolano ingresar su número de cédula y verificar el resultado de su mesa específica con la imagen del acta original—. La oposición publicó las imágenes de aproximadamente el 84% de las actas de votación, equivalente a 24.532 actas sobre un universo de aproximadamente 30.000 mesas instaladas. Según el cómputo de esas actas: Edmundo González Urrutia obtuvo 7.443.584 votos (67%) · Nicolás Maduro obtuvo aproximadamente 3,3 millones de votos (30%). La diferencia con el resultado proclamado por el CNE era de aproximadamente once millones de votos en suma y de treinta y siete puntos porcentuales en distribución.

Lo decisivo aquí no es la diferencia numérica entre las dos noches. Es la diferencia documental. El CNE proclamó sin actas; el Comando con Venezuela publicó actas verificables. Esa asimetría documental es lo que convierte el 28 de julio de 2024 en un caso único del archivo electoral venezolano del siglo XXI: no fue una elección disputada por márgenes estrechos sin cómputo público —como el 14 de abril de 2013, cuando Capriles no reconoció a Maduro con diferencia de 1,5 puntos—. Fue una elección con un cómputo paralelo respaldado por documentos públicos verificables, frente a un cómputo oficial sin sustento documental publicado.

Agosto: la confirmación internacional

Lo que ocurrió en las semanas siguientes en la escena internacional definió el marco político del ciclo. Estados Unidos, por la vía del Secretario de Estado Antony Blinken, declaró que la «evidencia abrumadora» confirmaba a Edmundo González como vencedor. La Unión Europea, primero por declaraciones del Alto Representante Josep Borrell y luego por resolución del Parlamento Europeo del 19 de septiembre de 2024, reconoció a González como «presidente electo legítimo». Colombia y Brasil —los dos países latinoamericanos con gobiernos de izquierda que habían mantenido canales abiertos con el gobierno venezolano— exigieron al CNE la publicación de las actas. Argentina, Perú, Ecuador, Costa Rica, Uruguay y Panamá, entre otros, reconocieron directamente la victoria de González.

Frente a esto, el gobierno de Maduro adoptó dos respuestas paralelas. La primera fue judicial: el 22 de agosto de 2024, el Tribunal Supremo de Justicia ratificó la proclamación de Maduro sin haber visto las actas. La segunda fue represiva: detenciones masivas de manifestantes opositores —más de 2.000 personas detenidas en agosto, según organismos de derechos humanos venezolanos—, órdenes de captura contra dirigentes opositores, bloqueo a las embajadas extranjeras que daban refugio a militantes opositores. La Embajada de Argentina en Caracas fue sitiada entre julio y mayo de 2025 con seis dirigentes opositores refugiados dentro; el bloqueo se levantaría parcialmente en mayo de 2025 tras la fuga internacional de los refugiados.

8 de septiembre: el avión que salió de Maiquetía

El 8 de septiembre de 2024, Edmundo González Urrutia llegó a España en un avión de las Fuerzas Aéreas españolas. Había permanecido en la clandestinidad desde el 30 de julio, dos días después de la elección, refugiado primero en la Embajada de Países Bajos en Caracas hasta el 5 de septiembre, y luego en la Embajada de España los días previos a su salida del país. La operación de salida fue gestionada por el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, que mantenía canales con el gobierno chavista, y aprobada por el gobierno español de Pedro Sánchez.

La fórmula técnica de la salida fue un salvoconducto concedido por el gobierno venezolano «en aras de la tranquilidad y paz política», según el anuncio que hizo la entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez en su cuenta de Instagram. La OEA calificó el episodio como caso de «exilio forzado». González llegó a España con su esposa Mercedes.

En el comunicado público que María Corina Machado emitió tras el anuncio del salvoconducto, calificó la salida como necesaria para «preservar su libertad, su integridad y su vida» ante las «amenazas, citaciones, orden de aprehensión e incluso los intentos de chantaje y de coacción» a las que había sido sometido el candidato electo. Machado, por su parte, había entrado en clandestinidad en territorio venezolano poco después de la elección, manteniendo apariciones públicas esporádicas hasta diciembre de 2024, cuando fue brevemente detenida tras una concentración pública en Caracas el 9 de enero de 2025.

Lo que el 28 de julio dejó probado

Lo que ocurrió entre el 28 de julio de 2024 y el 3 de enero de 2026 —la fecha en que las fuerzas estadounidenses capturarían a Maduro y Cilia Flores en Caracas, dando paso al rodrigato— pertenece al ciclo siguiente del archivo. Pero el balance del propio 28 de julio importa registrarlo en términos editoriales precisos, porque la conseja popular sobre lo que ocurrió aquel día tiende a desdibujar dos cosas.

Primero: el 28 de julio fue la elección venezolana más documentada del siglo XXI. No fue una elección sin pruebas, no fue una elección de denuncias subjetivas. Fue una elección en la que la oposición publicó el 84% de las actas en un portal verificable por número de cédula. Esa documentación pública existe, está respaldada por análisis técnicos independientes de medios y centros de investigación internacionales, y es citable como fuente primaria. Ningún ciclo electoral anterior del archivo opositor venezolano había producido una arquitectura de prueba documental semejante. Ni el revocatorio de 2004 —donde la oposición denunció fraude electrónico sin publicar el cómputo paralelo verificable—. Ni el 14 de abril de 2013 —donde Capriles denunció el resultado pero no exhibió un cómputo de actas en escala equivalente—. Aquí, el conteo paralelo existió, se publicó y se mantiene accesible.

Segundo: la asimetría documental del 28 de julio no se ha resuelto institucionalmente. El CNE no publicó las actas. El TSJ ratificó a Maduro sin haberlas visto. La transición política iniciada el 3 de enero de 2026 con la captura de Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada no ha incluido todavía un pronunciamiento institucional venezolano sobre los resultados del 28 de julio. El reconocimiento internacional de Edmundo González como presidente electo —por parte de Estados Unidos, la Unión Europea, varios países latinoamericanos— existe en el plano externo, no en el plano del archivo institucional venezolano. La transición tutelada del rodrigato no ha publicado las actas. No ha auditado el cómputo. No ha entregado el desglose por mesa. Esa pregunta sigue abierta.

Y es esa pregunta abierta —¿qué hace una transición con una elección presidencial cuyos resultados verdaderos están probados documentalmente pero nunca fueron oficializados?— la que llega a la mesa de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026 sin contestar. La pieza siguiente del especial reconstruye lo que esa mesa intentó hacer con esa pregunta. Y por qué, en el momento de cierre de este especial, todavía no se sabe si lo logrará.

Fuentes principales

  • Wikipedia ES · Elecciones presidenciales de Venezuela de 2024 · Corina Yoris · Edmundo González.
  • WOLA · A un año de la elección presidencial del 28 de julio de 2024: la crisis venezolana · agosto de 2025.
  • Comando con Venezuela · resultadosconvzla.com · portal público de actas verificables.
  • CNN Español · cobertura completa del ciclo electoral 2024: inscripción de Yoris, transición a Edmundo, jornada del 28 de julio, exilio del 8 de septiembre.
  • France 24 · Nicolás Maduro vs. Edmundo González: cronología de una disputada posesión presidencial · 9 de enero de 2025.
  • El País · cobertura de la salida de Edmundo González a España.
  • Infobae · cobertura de la designación, la inscripción in extremis y el exilio.
  • Declaración del Alto Representante Josep Borrell (UE) · 8 de septiembre de 2024.
  • Resolución del Parlamento Europeo · 19 de septiembre de 2024 · reconocimiento de Edmundo González como presidente electo.
  • Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela · Ratificación del resultado de Maduro · 22 de agosto de 2024.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
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Arqueología de la unidad opositora

El mapa de los nombres

La frase «son los mismos de siempre» se repite cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Esta es la tabla cruzada de quién estuvo dónde, en cada plataforma unitaria, desde 1998 hasta la mesa de Panamá del 25 de mayo. Y el segundo mapa, el de los desplazamientos, muestra lo que la conseja borra.

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El mapa de los nombres — facciones opositoras venezolanas
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 6
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§ Arqueología · Pieza 6

El mapa de los nombres

La frase «son los mismos de siempre» se repite cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Esta es la tabla cruzada de quién estuvo dónde, en cada plataforma unitaria, desde 1998 hasta la mesa de Panamá del 25 de mayo. Y el segundo mapa, el de los desplazamientos, muestra lo que la conseja borra.

QUÉ INCÍSOS reconstruye, con verificación documental, quiénes han sido los actores visibles de las cinco grandes plataformas unitarias de la oposición venezolana entre 1998 y 2026.
QUIÉN Dieciocho nombres centrales y ocho casos de desplazamiento político: dirigentes, partidos y bloques de sociedad civil que han atravesado o roto el archivo unitario.
CUÁNDO Del bipartidismo que apoyó a Henrique Salas Römer en 1998 a la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026.
DÓNDE Caracas, Madrid, Lima, Doha, Washington, Ciudad de Panamá. Donde estuvo la mesa, estuvo el archivo.
POR QUÉ La conseja «son los mismos de siempre» merece examen, no aceptación automática. El mapa dice una cosa que la frase no permite ver.
CÓMO Tabla cruzada de 18 nombres por cinco mesas, complementada por una segunda tabla de ocho trayectorias en zigzag. Fuente: archivo INCÍSOS, verificación contra fuentes primarias.

La foto del sábado 23

El sábado 23 de mayo de 2026, en un salón de Ciudad de Panamá, María Corina Machado entró acompañada de una niña venezolana huérfana del Darién. Las primeras palabras fueron para ella. Después, las cámaras barrieron el resto de la mesa: Leopoldo López, recién llegado desde Madrid junto a Antonio Ledezma; Delsa Solórzano, Biagio Pilieri, Piero Maroun, Juan Pablo Guanipa, Roberto Enríquez, Juan Carlos Caldera, Adriana Pichardo, Andrea Tavares, Rodrigo Cabezas, Noel Álvarez. Edmundo González Urrutia participó por videollamada desde el exilio español. Esa fue la primera de tres reuniones en Panamá. El domingo 24 hubo una segunda con actores de corrientes distintas, no necesariamente miembros de la Plataforma Unitaria Democrática. El lunes 25 la delegación opositora se reunió con el presidente José Raúl Mulino en el Palacio de las Garzas.

Para quien lleva años mirando estas escenas desde la diáspora, la sensación es de déjà vu. Son los mismos de siempre, dice la frase que repite cada mes la audiencia hispana en Doral, en Madrid, en Houston. Y al mirar la foto del sábado 23, parece cierto. Hay siglas viejas: Copei, Voluntad Popular, Encuentro Ciudadano, Convergencia, Causa R. Hay nombres que vienen del decenio MUD. Hay una candidata electa cuyo proyecto se mide en años y no en titulares.

Pero la foto del sábado, leída sola, miente por omisión. Y la conseja, además, no tiene cómo ver la segunda reunión, la del domingo, que ocurrió bajo otra composición.

Cinco mesas, no una

Lo primero que el archivo deja claro es que en 28 años no ha habido una plataforma unitaria, sino cinco intentos sucesivos. Cada uno con su génesis, sus voceros, sus resultados y su desenlace. La frase «son los mismos de siempre» presupone una continuidad que la evidencia histórica no sostiene en términos institucionales.

La primera mesa, 1998. No fue una mesa. Fue una rendición. Cuando faltaban días para la elección presidencial del 6 de diciembre, los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales adelantadas del 8 de noviembre se movieron primero hacia Henrique Salas Römer. Acción Democrática retiró el respaldo a Luis Alfaro Ucero. COPEI retiró el respaldo a Irene Sáez. Los partidos llegaron a ratificar lo que el mapa territorial ya había decidido. La gente, mucho antes. No fue unidad: fue colapso del bipartidismo en cámara lenta, formalizado en cuatro días.

El primer vacío, 1999 y 2000. Sin mesa. Sin estructura. Sin discurso propio. La Constituyente, la nueva Constitución y la relegitimación de poderes ocurrieron con la oposición ausente como factor electoral. Lo que vino después no fue continuidad. Fue reconstrucción desde cero.

La segunda mesa, 2002-2005. La Coordinadora Democrática. Se constituyó oficialmente el 17 de octubre de 2002, pocos meses después de los hechos del 11 de abril —vacío de poder transitorio en el que el general Lucas Rincón anunció públicamente la renuncia de Hugo Chávez y el Tribunal Supremo de Justicia dictaminó en sentencia del 14 de agosto de 2002 que no hubo golpe de Estado—. La coordinó Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI. Pero sus pilares no eran los partidos: eran Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela y Gente del Petróleo. La sociedad civil sostuvo la coalición; los partidos llegaron a sumarse. AD entró en julio de 2002. La derrota del referendo revocatorio del 15 de agosto de 2004 quedó sin padre, hubo muertos en las protestas posteriores y la mesa se disolvió entre 2005 y 2007. Cuando una derrota no se asume y los resultados no se validan, todo lo construido se pierde y hay que empezar otra vez desde cero.

Un segundo vacío, 2005-2007. Manuel Rosales fue candidato único en 2006 por consenso, no por primarias. El acuerdo Borges-Petkoff-Rosales para primarias no se realizó. En 2007 los partidos opositores fueron casi invisibles. Quien ganó la elección decisiva del 2 de diciembre de 2007 contra la reforma constitucional de Chávez fue otro actor: el movimiento estudiantil surgido tras el cierre de RCTV el 27 de mayo. Yon Goicoechea, Freddy Guevara, Stalin González, Juan Guaidó, Miguel Pizarro, Juan Requesens, Gaby Arellano y Daniel Ceballos no eran cuadros partidistas. Eran una generación entera que entró al archivo opositor sin pertenecer a él.

La tercera mesa, 2008-2018. La Mesa de la Unidad Democrática. El Acuerdo de Unidad Nacional —documento programático entre partidos opositores propuesto por Luis Ignacio Planas (COPEI)— fue firmado el 23 de enero de 2008, día del aniversario cincuenta de la caída de Pérez Jiménez. Los firmantes incluyeron a Omar Barboza por Un Nuevo Tiempo, Víctor Bolívar por AD, Carlos Ocariz por Primero Justicia, Antonio Ledezma por Alianza Bravo Pueblo, Gabriel Puerta por Bandera Roja, Alfredo Catalán Shick por Proyecto Venezuela, Alfredo Ramos por La Causa Radical, José Antonio España y Nicolás Sosa por el MAS, y Rafael Venegas por Vanguardia Popular. El 27 de febrero se sumaron siete partidos más. Pero el Acuerdo era voluntad de unidad, no estructura. La Mesa de la Unidad Democrática propiamente dicha se gestó en reunión privada entre marzo y abril de 2009 y se presentó formalmente en el último trimestre de aquel mismo año. La fecha del 23-E 2008 funcionó después como acta de bautismo retrospectivo de la coalición. Su estructura operativa es de 2009. Ramón Guillermo Aveledo fue el primer secretario ejecutivo; Jesús «Chuo» Torrealba lo sustituyó el 23 de septiembre de 2014. Las parlamentarias del 26 de septiembre de 2010 fueron la primera prueba electoral seria de la MUD. Las primarias del 12 de febrero de 2012 produjeron a Henrique Capriles con el 64,33% de los votos. La AN electa en 2015 fue el último triunfo de la coalición como organización. El Tribunal Supremo de Justicia la inhabilitó el 26 de enero de 2018.

Un tercer vacío, 2018-2021. El Frente Amplio Venezuela Libre del 8 de marzo de 2018 sustituyó nominalmente a la MUD inhabilitada. El interinato de Juan Guaidó (enero 2019 a enero 2023) operó sobre la prórroga de la AN de 2015. Sin mesa real. Con un mapa de presiones internacionales y un debate interno fracturado.

La cuarta mesa, 2021. La Plataforma Unitaria Democrática. Lanzada por Juan Guaidó el 21 de abril de 2021. Reunió a AD, Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular, Movimiento por Venezuela, Encuentro Ciudadano, La Causa Radical, COPEI y Convergencia. Vente Venezuela, el partido de María Corina Machado, NUNCA formó parte de la PUD ni había sido parte de la MUD. Las primarias del 22 de octubre de 2023 fueron su primer logro mayor. El organismo convocante fue la Comisión Nacional de Primarias, autorizada por la PUD y abierta a candidatos de dentro y fuera de la coalición; Machado se inscribió como independiente externa, por Vente Venezuela. De los 13 candidatos inscritos, tres se retiraron antes del día de la votación: Henrique Capriles el 8 de octubre, Freddy Superlano y Roberto Enríquez el 13. Llegaron a la urna diez: María Corina Machado, Tamara Adrián, Gloria Pinho, Delsa Solórzano, Andrés Caleca, Andrés Velásquez, Carlos Prosperi, César Almeida, César Pérez Vivas y Luis Farías. Machado ganó con más del 90% de los votos. El 28 de julio de 2024 fue sustituida en la papeleta por Edmundo González Urrutia, inhabilitada por el sistema oficialista. Edmundo salió al exilio en España el 8 de septiembre de 2024.

La quinta mesa, 2026. La de Panamá. Tres reuniones sucesivas durante el fin de semana del 22 al 25 de mayo, con composiciones distintas. La primera articulación opositora con peso real después del exilio de Edmundo.

El mapa principal

Dieciocho nombres centrales. Cinco columnas. Una marca por cada presencia documentada como vocero, firmante o protagonista visible.

Mapa cruzado de 18 nombres por cinco mesas opositoras
Mapa cruzado · 18 nombres centrales en cinco mesas unitarias (1998-2026)

Lo primero que el mapa revela, leído en frío, es que ningún nombre aparece en las cinco mesas. La continuidad máxima es de cuatro mesas, y ese rango solo lo alcanzan unos pocos: Henry Ramos Allup, Henrique Capriles, Julio Borges, Manuel Rosales. Todos del decenio MUD-PUD, ninguno presente en 1998 con peso protagónico, ninguno —salvo Ramos Allup— firmando explícitamente el Acuerdo de Unidad Nacional de enero de 2008. Y de esos cuatro, ninguno está en Panamá 2026.

Los nombres que sí están en Panamá son cinco entre los dieciocho centrales: María Corina Machado, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Delsa Solórzano, Roberto Enríquez, Biagio Pilieri. De ellos, solo Machado y Ledezma tienen presencia opositora documentada desde el período de la Coordinadora Democrática a comienzos del siglo. López entra al archivo en la MUD. Los demás —Solórzano, Enríquez, Pilieri— son del bloque MUD-PUD.

El mapa también revela una ruptura mayor entre 2008 y 2026 en los partidos de Puntofijo —del pacto que en 1958 firmaron AD, COPEI y URD en la casa que llevaba ese nombre, no de la ciudad falconiana de Punto Fijo. AD aparece con Ramos Allup en las tres mesas centrales (2002, 2008, 2021), pero ausente en Panamá. COPEI sobrevive con Roberto Enríquez como vocero residual. Los dos partidos que sostuvieron a Salas Römer en 1998 ya no son centro de la coalición opositora de 2026. Lo son por adhesión, no por liderazgo.

La generación 2007 —el grupo estudiantil del cierre de RCTV— entra al mapa en la MUD de 2008 y constituye el grueso de la dirigencia operativa de la PUD: Guaidó, Guevara, Stalin González, Pizarro. Casi ninguno está en Panamá 2026. Guaidó en el exilio, sin rol formal. Pizarro fuera del centro. Guevara con otra función. La generación que ganó la elección de 2007 contra Chávez sin ser partido, se hizo partido en la MUD y hoy está nuevamente fuera del centro de la mesa. Es uno de los patrones más extraños del archivo: aparece y desaparece en zigzag.

María Corina Machado y Leopoldo López son los únicos dos nombres del mapa con presencia en tres o más mesas que llegan a Panamá 2026. Esa es la verdadera continuidad larga del archivo, no la continuidad partidista que la conseja imagina. Y ambos son, históricamente, actores que ingresaron al sistema opositor desde fuera de los aparatos: Machado por la sociedad civil (Súmate) y luego por Vente Venezuela, partido que nunca formó parte ni de la MUD ni de la PUD; López por una ruptura interna en Primero Justicia que terminó fundando Voluntad Popular en 2009.

El segundo mapa: los desplazamientos

Si el primer mapa muestra dónde estuvo cada actor, el segundo muestra lo que la conseja borra: los movimientos por dentro del archivo. Trayectorias que cambian de campo. Cuadros que pasan de un proyecto a otro. Generaciones enteras que entran sin pertenecer y se quedan. Actores que parecían continuidad y eran ruptura.

Mapa de ocho trayectorias en zigzag
Mapa de desplazamientos · 8 trayectorias en zigzag

Tres casos merecen lectura en este punto.

Aristóbulo Istúriz y Pablo Medina. Ambos venían de la Causa R, el partido fundado por Alfredo Maneiro en 1971. En 1997 se rompieron y fundaron Patria Para Todos junto a Alí Rodríguez Araque. PPT apoyó a Chávez en 1998. Istúriz murió en 2021 como cuadro chavista activo. Medina hizo el zigzag completo: Causa R, PPT, chavismo, ruptura interna, regreso a la oposición. En 2012 fue precandidato presidencial por la MUD. La conseja «son los mismos de siempre» pierde nitidez cuando uno mira una trayectoria como la de Medina: cambio de campo dos veces en treinta años.

Andrea Tavares. En 2017 era dirigente de Alternativa 1 en Catia. En 2024 apareció como secretaria general nacional de La Causa R y, simultáneamente, como vocera del equipo político de María Corina Machado. En Panamá 2026 se sentó a la mesa como parte del Comando Con Venezuela. Una trayectoria que recorre dos décadas desde la dirigencia de base hasta la vocería del centro opositor, sin que su nombre aparezca en la mayoría de las coberturas anteriores a 2024. La conseja la borra completa: ni la veía antes ni la registra ahora como caso de desplazamiento.

Henri Falcón. Fue gobernador de Lara en 2008 elegido por el PSUV. Rompió con Chávez en 2010 e ingresó a la MUD por Un Nuevo Tiempo. En 2018 fue candidato presidencial sin respaldo MUD oficial: una segunda ruptura. Del chavismo a la oposición y luego a su propia disidencia. Es exactamente el tipo de actor que la conseja no puede explicar, porque su trayectoria contradice la idea misma de bloques estables.

A estos casos hay que sumar el de la sociedad civil de 2002. Súmate, Fedecámaras, la CTV, Gente del Petróleo: fueron los pilares de la Coordinadora Democrática. Su disolución entre 2005 y 2007 dejó un vacío que la MUD intentó llenar con partidos. La conseja borra un actor entero que dejó de existir: el bloque no partidista de sociedad civil organizada que entre 2002 y 2004 fue protagónico nunca se reconstituyó. Cuando uno dice «son los mismos de siempre», está pasando por alto que la oposición de la primera mitad del siglo no era la misma cosa que la oposición de la segunda mitad. La primera tenía cara sindical, gremial, civil. La segunda es exclusivamente partidista.

Lo que el archivo deja ver, leído de cerca

La tesis de la conseja es la continuidad: los mismos nombres, los mismos partidos, los mismos resultados. El archivo dice otra cosa.

Lo que el archivo dice es que hay continuidades reales pero menores. Machado y López, con presencia opositora desde la primera década del siglo. Ramos Allup como nexo entre AD y la coalición. Capriles, Borges y Rosales como ejes del decenio MUD. Cinco o seis nombres con permanencia documentada en tres o cuatro mesas. No dieciocho. No veinte. Cinco o seis, en una historia que tiene 28 años.

Lo que el archivo dice también es que hay rupturas mayores que la conseja no ve. El bipartidismo de Puntofijo no es el centro de la oposición desde hace más de una década. La sociedad civil organizada que sostuvo la Coordinadora de 2002 no existe ya como actor. La generación 2007 entró, se hizo partido y hoy está parcialmente fuera del centro. Los partidos chavistas o exchavistas (Causa R, PPT en sus dos alas, sectores que rompieron con Chávez entre 2007 y 2017) han atravesado el archivo en zigzag.

Y lo que el archivo dice, sobre todo, es que la oposición venezolana del siglo XXI no nace de la oposición del siglo XX. Hay una discontinuidad institucional real entre 1998 y 2002, y nuevas rupturas entre cada una de las mesas siguientes. Lo que sobrevive son personas y siglas, no estructuras ni proyectos.

Tres categorías en la mesa de Panamá

Quien mira la foto del sábado 23 encuentra, leído con el archivo encima, tres tipos de actores muy distintos:

Primero, los de continuidad larga. Machado y López. Dos nombres con presencia opositora desde la primera década del siglo. Núcleos propios —Vente Venezuela, Voluntad Popular— que crecieron desde fuera de los aparatos tradicionales. En el caso de Vente, también fuera de la MUD y de la PUD. Ledezma encaja parcialmente aquí, aunque su rol actual es de apoyo desde el exilio, no de centro.

Segundo, los de continuidad MUD-PUD. Solórzano, Enríquez, Pilieri, Guanipa. Vienen del decenio MUD pero no aparecen antes. Su trayectoria es de una mesa o dos, no de cuatro o cinco.

Tercero, los nuevos del 2024. Magalli Meda, Andrea Tavares, Piero Maroun, Adriana Pichardo, Juan Carlos Caldera, Rodrigo Cabezas, Noel Álvarez, Deyalitza Aray. Figuras que crecen en la fase de campaña presidencial, recopilación de actas, clandestinidad y exilio. Algunos llevaban años en el ruedo, pero entraron al centro opositor recién en 2024. Es la nueva camada operativa que sostiene la mesa de Panamá.

Y, fuera de la foto del sábado, una cuarta capa: los actores que se sentaron el domingo 24 sin pertenecer a la PUD. Esa reunión es, en sí misma, una respuesta al «son los mismos de siempre»: la articulación de Panamá ya admitió en su propio formato que la mesa unitaria de 2026 no podía agotarse en quienes ya estaban dentro del archivo.

Cuatro capas. No una. La conseja, que homologa a todos como «los mismos», pierde justamente lo que vale mirar: que la mesa de Panamá tiene cuatro composiciones distintas conviviendo en el mismo fin de semana.

Lo que la frase no permite preguntar

Cuando se dice «son los mismos de siempre», se borra de una vez: que el bipartidismo que sostuvo a Salas Römer en 1998 dejó de ser centro hace dos décadas; que la Coordinadora Democrática de 2002 nació desde fuera de los partidos y se disolvió sin sucesión; que la MUD duró diez años, produjo un candidato unitario en 2012 con dos millones de votantes, ganó la AN en 2015 y fue inhabilitada por el TSJ en 2018; que la generación 2007 ya recorrió un ciclo completo: entró sin partido, se hizo partido, fue dirigencia y hoy está parcialmente fuera; que Machado, sin que Vente Venezuela haya formado parte jamás de la MUD ni de la PUD, terminó ganando las primarias convocadas por la Comisión Nacional de Primarias en 2023 como candidata independiente externa, con más del 90% de los votos; que Tavares, Meda, Aray, Maroun, Caldera y otros son nombres nuevos en el centro, no en el ruedo: tienen trayectorias previas, pero el archivo unitario no las registra antes de 2024; y que la mesa de Panamá ya incluyó, el domingo 24, una composición distinta a la que se ve en la foto del sábado.

Lo que la frase no permite preguntar es lo más importante: ¿por qué el archivo se reorganiza cada vez que pierde una elección que no asume? ¿Por qué la unidad opositora venezolana no es una línea recta, sino un proceso de cinco arranques sucesivos? ¿Qué del país, del régimen y de la propia oposición explica que no haya una sola plataforma desde 1998 sino cinco?

Esas preguntas no las contesta este mapa. Las contestan, en parte, las piezas que vienen.

Fuentes principales

  • Archivo INCÍSOS · cobertura del especial La cara B de la transición y de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026.
  • Poderopedia Venezuela · perfiles de La Causa R, Andrés Velásquez, Pablo Medina, Enrique Mendoza.
  • Wikipedia ES · Mesa de la Unidad Democrática, Plataforma Unitaria, Elecciones primarias de la Plataforma Unitaria de 2023, La Causa Radical.
  • France 24 ES · ¿Cómo logra la oposición de Venezuela realizar sus primeras elecciones en 11 años?, 22 de octubre de 2023.
  • CNN en Español · cobertura de primarias del 22 de octubre de 2023.
  • Efecto Cocuyo · Roberto Enríquez también renuncia a su candidatura a las primarias, 13 de octubre de 2023; Especial electoral con Andrea Tavares y Andrés Caleca, 25 de julio de 2024.
  • Nuevos Papeles · Dirigentes opositores, de la clandestinidad a la vida pública en Venezuela, 16 de febrero de 2026.
  • El País · Venezuela, el día después del 30-J: más cerca de Cuba, más lejos del mundo, 29 de julio de 2017.
  • El Carabobeño · Cumbre en Panamá: la oposición venezolana redefine su estrategia, 23 de mayo de 2026.
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Arqueología de la unidad opositora

La fractura de 2025

El mapa de los nombres muestra a Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Julio Borges y Manuel Rosales ausentes de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo. La pieza anterior dejó la ausencia como dato. Esta cuenta por qué. El 25 de mayo de 2025 hubo parlamentarias en Venezuela. La PUD llamó a no participar. Otros opositores decidieron lo contrario. El CNE no publicó actas mesa por mesa. Las curules fueron adjudicadas sin cómputo verificable. Un año después, esa fractura es la que explica quién no l

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La fractura de 2025 en la oposición venezolana
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 6.5
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§ Arqueología · Pieza 6.5

La fractura de 2025

El mapa de los nombres muestra a Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Julio Borges y Manuel Rosales ausentes de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo. La pieza anterior dejó la ausencia como dato. Esta cuenta por qué. El 25 de mayo de 2025 hubo parlamentarias en Venezuela. La PUD llamó a no participar. Otros opositores decidieron lo contrario. El CNE no publicó actas mesa por mesa. Las curules fueron adjudicadas sin cómputo verificable. Un año después, esa fractura es la que explica quién no llegó a Panamá.

QUÉ INCÍSOS reconstruye la fractura editorial mayor del proceso opositor venezolano: la decisión de un sector de participar en las parlamentarias del 25 de mayo de 2025 contra el llamado al no voto de la PUD. El CNE no publicó actas mesa por mesa: las curules fueron adjudicadas sin cómputo verificable.
QUIÉN Henrique Capriles, Un Nuevo Tiempo, Manuel Rosales, Tomás Guanipa, Henri Falcón, Stalin González, Antonio Ecarri Bolívar y Antonio Ecarri Angola, y la Red Decide, en un lado. La PUD, María Corina Machado y Vente Venezuela, en el otro. Primero Justicia, expulsando a Capriles y Guanipa.
CUÁNDO Del 2 de abril de 2025 al 25 de mayo de 2025, y de allí al 5 de enero de 2026, instalación de la nueva Asamblea Nacional.
DÓNDE Caracas, Maracaibo, Valencia y el resto de Venezuela. La fractura no fue de exilio: ocurrió dentro del país.
POR QUÉ La fractura explica la composición específica de la mesa de Panamá: quién está, quién no, y qué decisión política los separó. Y el dato sin actas redefine los términos de la discusión.
CÓMO Cronología verificada. Citas con atribución sólida. Cifras oficiales contrastadas con análisis independientes que muestran la ausencia de cómputo público.

El dato que la foto del sábado no muestra

El mapa de los nombres del especial dejó algo planteado sin resolver. La tabla principal marca a Henrique Capriles con presencia en cuatro mesas opositoras —2002, 2008, 2021— y vacía en la columna de Panamá 2026. A Henry Ramos Allup, con la misma trayectoria, también vacía. A Manuel Rosales, igual. A Julio Borges, igual.

La ausencia no es por exilio. No es por inhabilitación. No es por desplazamiento ideológico. Capriles está en Caracas. Rosales gobierna el Zulia. Stalin González y Tomás Guanipa están activos en la vida política venezolana. Borges sigue siendo voz pública desde el exterior. Y sin embargo, ninguno se sentó en el salón de Ciudad de Panamá el sábado 23 de mayo de 2026.

Falta una explicación. Esta pieza la entrega.

El 25 de mayo de 2025

Un año antes de la mesa de Panamá, el domingo 25 de mayo de 2025, Venezuela realizó elecciones parlamentarias y regionales. Se elegían 285 diputados de la Asamblea Nacional y 24 gobernaciones. El proceso ocurrió diez meses después de las presidenciales del 28 de julio de 2024, en las que Edmundo González Urrutia fue proclamado ganador por la oposición sobre la base de las actas recopiladas por su comando, y Nicolás Maduro fue proclamado vencedor por el Consejo Nacional Electoral oficialista.

La Plataforma Unitaria Democrática llamó a no participar. Su argumento se sintetizó en una frase de María Corina Machado, publicada en X días antes: «Cuando es SÍ, es SÍ. Cuando es NO es NO». Para la PUD, votar en las parlamentarias bajo el sistema electoral cuestionado significaba blanquear los resultados del 28 de julio de 2024 y aceptar como interlocutor a un organismo que la oposición no reconocía.

Un sector opositor importante decidió lo contrario.

La Red Decide

El 2 de abril de 2025 se presentó públicamente la Red Defensa Ciudadana de la Democracia, conocida como Red Decide. Sus voceros principales fueron Henrique Capriles, Jesús «Chúo» Torrealba —exsecretario ejecutivo de la MUD entre 2014 y 2018—, Henri Falcón, Tomás Guanipa, Andrés Caleca —precandidato en las primarias del 22 de octubre de 2023— y Vladimir Villegas. Se sumaron Manuel Rosales como gobernador del Zulia y Antonio Ecarri, presidente de la Alianza del Lápiz.

El argumento de la Red se condensó en una declaración pública: la participación electoral como «herramienta de resistencia democrática», en oposición a las sanciones económicas internacionales y al boicot electoral. La frase de Capriles que lo resumió quedó registrada el 14 de abril de 2025 en un audio difundido por su canal de WhatsApp: «Yo creo que la oposición tiene que estar en cualquier espacio. ¿Qué es mejor? Tener voz y luchar dentro del Parlamento o, como hemos hecho en otras ocasiones, retirarnos del proceso electoral y dejarle en su totalidad el Parlamento al Gobierno».

Las dos posiciones tienen lógica interna. Las dos pueden argumentarse sin deshonestidad. Y las dos son irreconciliables.

Lo que pasó en los partidos

La fractura no fue solo entre la PUD y un sector externo. Cruzó por dentro de los partidos del archivo unitario.

Primero Justicia —el partido fundado por Julio Borges, Henrique Capriles, Leopoldo López y otros en el año 2000, y que llevó a Capriles a las primarias de 2012 con 1,9 millones de votantes— resolvió no participar. El 14 de abril de 2025, horas después de conocerse la postulación de Capriles a la lista de Un Nuevo Tiempo y la de Tomás Guanipa a la gobernación de Miranda por la misma alianza, la dirección de PJ emitió un comunicado: «Primero Justicia rechaza las negociaciones con la dictadura que habilitaron a Capriles y Guanipa y les otorgaron una nueva tarjeta, traicionando la unidad y el mandato popular». Esa misma tarde, PJ expulsó formalmente a Henrique Capriles, Tomás Guanipa y Juan Requesens.

La habilitación es el punto sensible. Capriles había sido inhabilitado por la Contraloría General de la República en 2017 para ejercer cargos públicos hasta 2032, decisión ratificada por el Tribunal Supremo en 2024. En febrero de 2025, sin proceso público, su inhabilitación quedó levantada. La de Guanipa, también. Andrés Velásquez —de La Causa R, dentro del bloque PUD— formuló en X una pregunta que muchos venezolanos repitieron: «Que el país se pregunte qué ocurrió para que Capriles y Guanipa puedan participar y otros no, como Simón Calzadilla del MPV, inhabilitado y sin tarjeta». La pregunta quedó sin respuesta pública.

Un Nuevo Tiempo —partido de Manuel Rosales, fundado en 1999 desde una disidencia de Acción Democrática— resolvió participar. Postuló 62 candidatos a la Asamblea Nacional encabezados por Capriles, Luis Emilio Rondón, Stalin González, Tomás Guanipa, Henri Falcón, Pablo Pérez, Felipe Mujica (del MAS), Luis Florido. La alianza UNT–Unión y Cambio (Única) compitió formalmente bajo esa estructura conjunta.

Acción Democrática se dividió. El sector controlado por Bernabé Gutiérrez —resultado de una intervención judicial chavista al partido en 2020— participó dentro de la Alianza Democrática junto a Timoteo Zambrano, Luis Parra y José Brito. El AD vinculado a Henry Ramos Allup —reconocido por la PUD— no participó.

Alianza del Lápiz participó con candidatos propios. El partido es liderado por Antonio Ecarri Bolívar, exembajador de Juan Guaidó en España. El 11 de abril de 2025, semanas antes de la elección, Ecarri Bolívar fue inhabilitado por el régimen e imputado por «traición a la patria, usurpación de funciones, simulación de hecho punible y prevaricación». La lista de candidatos a diputado por Lápiz fue encabezada por Antonio Ecarri Angola —hijo del presidente del partido y figura política con trayectoria propia—. Angola fue precandidato en las primarias de la MUD en 2012 para la alcaldía de Caracas, impugnó los resultados de aquel proceso y salió de la coalición; en 2024 fue candidato presidencial por Alianza del Lápiz. Su participación en las parlamentarias de 2025 repite, trece años después, el patrón de 2012: postularse bajo una decisión colectiva opositora, romper con ella, y mantener proyecto electoral propio. Lápiz obtuvo un escaño.

El resultado del 25 de mayo: adjudicaciones sin actas

Aquí, antes de las cifras, hay que registrar lo que ocurrió con el proceso mismo.

Dos días antes de la elección, el viernes 23 de mayo, el rector del CNE Conrado Pérez Briceño confirmó la eliminación del código QR de las actas electorales. Sostuvo que el QR «no era una obligación legal y fue una disposición oficiosa del CNE en el pasado», y que esos códigos «fueron utilizadas para trampear elecciones». El ingeniero venezolano Giuseppe Gangi —desarrollador del sistema que en julio de 2024 permitió a la oposición digitalizar y publicar las actas del 28 de julio— contradijo esa lectura: el QR había sido la herramienta material para verificar el voto mesa por mesa.

Entre el 22 y el 24 de mayo, fueron detenidos al menos 70 opositores. La confirmación pública la dio el propio Diosdado Cabello, vicepresidente del PSUV y ministro del Interior. El periódico El País lo registró el 24 de mayo bajo el titular «Una oleada de arrestos de opositores marca las elecciones parlamentarias y regionales en Venezuela».

El CNE no publicó resultados mesa por mesa. Ninguno. No hubo conteo público disponible, no hubo actas verificables, no hubo cómputo desagregado por circuito. Las cifras que circulan provienen exclusivamente del primer boletín leído por el rector Carlos Quintero la noche del 25 de mayo y de los anuncios posteriores del presidente del CNE Elvis Amoroso y del presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez. Las propias cifras se contradicen entre sí: el primer boletín habló de 42,63% de participación con 9.159.340 votos; el medio Razón Pública, cruzando los porcentajes oficiales con el Registro Electoral Permanente de 21.485.669 personas y el 93% de actas escrutadas, calculó una participación real de 25,63% con 5.507.324 votos. La distancia entre ambas cifras —3.652.016 votos— no fue conciliada por el CNE.

Lo que esto significa, en términos políticos, es directo: ningún diputado del nuevo parlamento puede demostrar cuántos votos sacó, cómo se distribuyeron las curules, ni qué método se aplicó. Ni los 252 oficialistas ni los 29 opositores. La adjudicación fue directa, sin acta verificable. Exactamente el mismo procedimiento que se aplicó el 28 de julio de 2024 en las presidenciales.

Con esa salvedad, las cifras que circularon son las siguientes:

El Gran Polo Patriótico, encabezado por el PSUV, fue proclamado con 33 de los 50 escaños de lista nacional y 5.024.475 votos (83,42% del total). La oposición participante obtuvo, según el balance del propio Jorge Rodríguez, 29 escaños: Alianza Democrática con 13 diputados y 344.422 votos (6,25%); UNT–Única con 11 diputados y 285.501 votos (5,18%); Fuerza Vecinal con 4 diputados y 141.566 votos (2,57%); Alianza del Lápiz, 1 diputado, Antonio Ecarri Angola.

Veintinueve escaños sobre 285. Diez por ciento del nuevo parlamento. Sin mayoría, sin capacidad de obstrucción institucional, y sin acta para sostener cada uno de esos escaños frente a una contestación pública.

El 5 de enero de 2026, los diputados de UNT–Única acudieron a la sesión de instalación del nuevo período legislativo de la Asamblea Nacional. Capriles dijo en la entrada: «La Asamblea Nacional debe ser el espacio del debate democrático y de las soluciones que Venezuela necesita con urgencia. Nosotros estamos aquí para eso, para poner la política al servicio de la gente, para tender puentes y abrir un camino de ley, justicia y reencuentro nacional».

La PUD no reconoció ese parlamento. Y desde el 5 de enero de 2026 hasta la mesa de Panamá del 23 de mayo, Capriles y los suyos llevaban cuatro meses y medio ejerciendo como diputados en un cuerpo legislativo que la coalición opositora dominante considera ilegítimo.

Esa es la razón concreta por la que Capriles no estuvo en el salón del sábado 23.

Las dos posiciones, sin veredicto

Toca formular las dos lógicas con criterio.

La línea participacionista sostiene que ocupar todo espacio institucional disponible es una obligación política, no una concesión al régimen. Argumenta que el boicot electoral de 2020 produjo una Asamblea sin oposición efectiva durante cinco años, que la única manera de evitar que se repita es presentar candidatos, y que la presencia de voces opositoras en el parlamento —aunque sea con once o trece diputados— preserva canales de denuncia, de control internacional y de capilaridad política local. Para esta posición, la abstención produce el efecto que se propone evitar: dejar al chavismo gobernando solo. La frase de Capriles del 14 de abril de 2025 es la formulación más nítida del argumento.

La línea no participacionista sostiene que participar bajo un sistema electoral que la propia oposición no reconoce —porque las actas del 28 de julio de 2024 demostraron, según su lectura, un fraude sistémico— equivale a legitimar ese sistema. Argumenta que la habilitación de Capriles y Guanipa, tras años de inhabilitación, sugiere un acuerdo no transparente entre esos dirigentes y el régimen. Para esta posición, el costo simbólico de votar es mayor que el beneficio institucional de tener once diputados sin poder real.

Las dos posiciones se sostienen políticamente. Pero hay una asimetría material que la pieza no puede dejar de registrar.

Las dos posiciones no enfrentaron el mismo objeto. La línea participacionista decidió ir a una elección. La línea no participacionista decidió no ir a esa misma elección. Pero el 25 de mayo de 2025 no hubo, en términos verificables, una elección computable: no hubo código QR en las actas, no hubo publicación mesa por mesa, no hubo conciliación de las cifras oficiales contradictorias, hubo más de setenta detenciones de opositores en los tres días previos. Hubo una jornada de votación, hubo proclamación de diputados por adjudicación directa, y hubo once diputados de UNT–Única, trece de la Alianza Democrática, cuatro de Fuerza Vecinal y uno de Lápiz que aceptaron escaños sin acta que los respalde.

Esa asimetría es el dato que el especial no puede esquivar. Las dos posiciones tenían lógica política propia antes del 25 de mayo. Después del 25 de mayo, una de las dos posiciones se sostiene sobre un acto electoral con cómputo público y la otra se sostiene sobre un acto electoral sin él. La pregunta no es cuál de las dos tiene razón en términos morales. La pregunta es cuál de las dos puede explicar materialmente lo que pasó.

INCÍSOS no entrega un veredicto. Pero registra un patrón que el especial entero ha venido construyendo: la historia opositora venezolana del siglo XXI tiene cinco arranques sucesivos porque las derrotas no se asumieron, y las derrotas no se asumieron, en buena medida, porque no hubo derrotas validadas con cómputo público. El revocatorio de 2004 sin actas completas. La reforma constitucional de 2007, validada como triunfo del «No» pero sin reconocimiento político del oficialismo. Las parlamentarias de 2020 boicoteadas. Las presidenciales del 28 de julio de 2024 con doble proclamación. Las parlamentarias del 25 de mayo de 2025 sin actas publicadas. El patrón no es accidente: es la condición sobre la cual la unidad opositora venezolana se reorganiza una y otra vez.

Cada lector responderá. El especial solo entrega la información.

Lo que la fractura significa para Panamá

La mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026 fue, entre otras cosas, una mesa construida sobre la decisión de no participar en las parlamentarias de 2025. Ese es el cemento implícito del bloque PUD que llegó al Palacio de las Garzas: la coalición ratificó internamente, durante todo 2025, que no reconocería resultados electorales obtenidos bajo el sistema oficialista. Quien participó, salió. Quien sostuvo el no voto, se quedó.

Eso explica la ausencia de Capriles, Borges, Rosales, Ramos Allup en la foto del sábado 23. Explica la presencia, en cambio, de Andrés Velásquez por Causa R —el primer dirigente del bloque PUD en señalar públicamente las contradicciones de la habilitación de Capriles—. Explica también la presencia de Andrea Tavares por Causa R, como vocera del Comando Con Venezuela y del centro Machado. Y explica la ausencia total de la Alianza del Lápiz.

La pieza 6 del especial mostraba el patrón histórico. Esta pieza muestra la decisión política reciente que reordenó la mesa. Sin esta pieza, la ausencia de Capriles en Panamá podría leerse como un detalle. Con esta pieza, esa ausencia es un dato editorial: la fractura de mayo de 2025 redibujó el archivo opositor venezolano y produjo la composición que el mundo vio el sábado 23 de mayo de 2026.

Una pregunta que sigue abierta

¿Qué pasa el día en que la Red Decide y la PUD vuelvan a sentarse a la misma mesa? ¿Es posible? ¿En qué condiciones?

La conseja «son los mismos de siempre» pierde nitidez también aquí. Porque uno de los efectos invisibles de la fractura del 25 de mayo de 2025 es que redujo el espacio de la oposición unitaria. No es solo que faltan nombres. Es que la mesa de Panamá ya no representa al 100% del archivo opositor venezolano: representa a la fracción de ese archivo que mantuvo la línea del no voto. Y esa fracción, sostenida por el peso de las actas del 28 de julio de 2024, es la que articula el proceso visible en mayo de 2026.

Pero la historia no terminó. Y la pregunta sobre cómo se reconstruye —si es que se reconstruye— una unidad que vuelva a abarcar a Capriles, a Rosales, a Ramos Allup, a Borges, sigue abierta. La respuesta no la da este mapa. La dan las decisiones que vienen.

Fuentes principales

  • El Pitazo · Henrique Capriles y Tomás Guanipa lideran postulaciones de UNT a la Asamblea Nacional, 14 de abril de 2025.
  • El Espectador · Primero Justicia expulsa a Henrique Capriles, Tomás Guanipa y Juan Requesens, 14 de abril de 2025.
  • Tal Cual · Henrique Capriles encabeza lista nacional de candidatos de UNT, 15 de abril de 2025.
  • El Clarín Web · Resultados elecciones parlamentarias Venezuela 2025, 27 de mayo de 2025.
  • Efecto Cocuyo · Qué margen de maniobra tendrán opositores en la AN, 28 de mayo de 2025.
  • Razón Pública · Las nuevas elecciones en Venezuela, 9 de junio de 2025.
  • El País · Una oleada de arrestos de opositores marca las elecciones parlamentarias y regionales en Venezuela, 24 de mayo de 2025.
  • Infobae · Persecución en Venezuela: Diosdado Cabello confirmó la detención de más de 70 opositores, 23 de mayo de 2025.
  • El Comercio · Resultados de las Elecciones parlamentarias y regionales en Venezuela 2025, 26 de mayo de 2025.
  • Resumen Latinoamericano · Venezuela: Elecciones regionales y parlamentarias, 15 de mayo de 2025.
  • Caraota Digital · Capriles, Stalin González y Tomás Guanipa acudieron a la AN, 5 de enero de 2026.
  • Súmate · Reporte Elecciones Parlamentarias y Regionales 2025, 20 de abril de 2025.
  • Wikipedia ES · Elecciones parlamentarias de Venezuela de 2025, Elecciones regionales de Venezuela de 2025, Alianza del Lápiz.
  • Declaración pública del rector del CNE Conrado Pérez Briceño sobre eliminación del código QR, 23 de mayo de 2025.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial La cara B de la transición y de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026.
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