Connect with us
INCISOS | ¿Quieres llegar a la comunidad hispana en EE.UU.?
ANUNCIA AQUÍ →

Arqueología de la unidad opositora

La fractura de 2025

El mapa de los nombres muestra a Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Julio Borges y Manuel Rosales ausentes de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo. La pieza anterior dejó la ausencia como dato. Esta cuenta por qué. El 25 de mayo de 2025 hubo parlamentarias en Venezuela. La PUD llamó a no participar. Otros opositores decidieron lo contrario. El CNE no publicó actas mesa por mesa. Las curules fueron adjudicadas sin cómputo verificable. Un año después, esa fractura es la que explica quién no l

Avatar de Desconocido

Published

on

La fractura de 2025 en la oposición venezolana
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 6.5
10-la-fractura-de-2025
§ Arqueología · Pieza 6.5

La fractura de 2025

El mapa de los nombres muestra a Henrique Capriles, Henry Ramos Allup, Julio Borges y Manuel Rosales ausentes de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo. La pieza anterior dejó la ausencia como dato. Esta cuenta por qué. El 25 de mayo de 2025 hubo parlamentarias en Venezuela. La PUD llamó a no participar. Otros opositores decidieron lo contrario. El CNE no publicó actas mesa por mesa. Las curules fueron adjudicadas sin cómputo verificable. Un año después, esa fractura es la que explica quién no llegó a Panamá.

QUÉ INCÍSOS reconstruye la fractura editorial mayor del proceso opositor venezolano: la decisión de un sector de participar en las parlamentarias del 25 de mayo de 2025 contra el llamado al no voto de la PUD. El CNE no publicó actas mesa por mesa: las curules fueron adjudicadas sin cómputo verificable.
QUIÉN Henrique Capriles, Un Nuevo Tiempo, Manuel Rosales, Tomás Guanipa, Henri Falcón, Stalin González, Antonio Ecarri Bolívar y Antonio Ecarri Angola, y la Red Decide, en un lado. La PUD, María Corina Machado y Vente Venezuela, en el otro. Primero Justicia, expulsando a Capriles y Guanipa.
CUÁNDO Del 2 de abril de 2025 al 25 de mayo de 2025, y de allí al 5 de enero de 2026, instalación de la nueva Asamblea Nacional.
DÓNDE Caracas, Maracaibo, Valencia y el resto de Venezuela. La fractura no fue de exilio: ocurrió dentro del país.
POR QUÉ La fractura explica la composición específica de la mesa de Panamá: quién está, quién no, y qué decisión política los separó. Y el dato sin actas redefine los términos de la discusión.
CÓMO Cronología verificada. Citas con atribución sólida. Cifras oficiales contrastadas con análisis independientes que muestran la ausencia de cómputo público.

El dato que la foto del sábado no muestra

El mapa de los nombres del especial dejó algo planteado sin resolver. La tabla principal marca a Henrique Capriles con presencia en cuatro mesas opositoras —2002, 2008, 2021— y vacía en la columna de Panamá 2026. A Henry Ramos Allup, con la misma trayectoria, también vacía. A Manuel Rosales, igual. A Julio Borges, igual.

La ausencia no es por exilio. No es por inhabilitación. No es por desplazamiento ideológico. Capriles está en Caracas. Rosales gobierna el Zulia. Stalin González y Tomás Guanipa están activos en la vida política venezolana. Borges sigue siendo voz pública desde el exterior. Y sin embargo, ninguno se sentó en el salón de Ciudad de Panamá el sábado 23 de mayo de 2026.

Falta una explicación. Esta pieza la entrega.

El 25 de mayo de 2025

Un año antes de la mesa de Panamá, el domingo 25 de mayo de 2025, Venezuela realizó elecciones parlamentarias y regionales. Se elegían 285 diputados de la Asamblea Nacional y 24 gobernaciones. El proceso ocurrió diez meses después de las presidenciales del 28 de julio de 2024, en las que Edmundo González Urrutia fue proclamado ganador por la oposición sobre la base de las actas recopiladas por su comando, y Nicolás Maduro fue proclamado vencedor por el Consejo Nacional Electoral oficialista.

La Plataforma Unitaria Democrática llamó a no participar. Su argumento se sintetizó en una frase de María Corina Machado, publicada en X días antes: «Cuando es SÍ, es SÍ. Cuando es NO es NO». Para la PUD, votar en las parlamentarias bajo el sistema electoral cuestionado significaba blanquear los resultados del 28 de julio de 2024 y aceptar como interlocutor a un organismo que la oposición no reconocía.

Un sector opositor importante decidió lo contrario.

La Red Decide

El 2 de abril de 2025 se presentó públicamente la Red Defensa Ciudadana de la Democracia, conocida como Red Decide. Sus voceros principales fueron Henrique Capriles, Jesús «Chúo» Torrealba —exsecretario ejecutivo de la MUD entre 2014 y 2018—, Henri Falcón, Tomás Guanipa, Andrés Caleca —precandidato en las primarias del 22 de octubre de 2023— y Vladimir Villegas. Se sumaron Manuel Rosales como gobernador del Zulia y Antonio Ecarri, presidente de la Alianza del Lápiz.

El argumento de la Red se condensó en una declaración pública: la participación electoral como «herramienta de resistencia democrática», en oposición a las sanciones económicas internacionales y al boicot electoral. La frase de Capriles que lo resumió quedó registrada el 14 de abril de 2025 en un audio difundido por su canal de WhatsApp: «Yo creo que la oposición tiene que estar en cualquier espacio. ¿Qué es mejor? Tener voz y luchar dentro del Parlamento o, como hemos hecho en otras ocasiones, retirarnos del proceso electoral y dejarle en su totalidad el Parlamento al Gobierno».

Las dos posiciones tienen lógica interna. Las dos pueden argumentarse sin deshonestidad. Y las dos son irreconciliables.

Lo que pasó en los partidos

La fractura no fue solo entre la PUD y un sector externo. Cruzó por dentro de los partidos del archivo unitario.

Primero Justicia —el partido fundado por Julio Borges, Henrique Capriles, Leopoldo López y otros en el año 2000, y que llevó a Capriles a las primarias de 2012 con 1,9 millones de votantes— resolvió no participar. El 14 de abril de 2025, horas después de conocerse la postulación de Capriles a la lista de Un Nuevo Tiempo y la de Tomás Guanipa a la gobernación de Miranda por la misma alianza, la dirección de PJ emitió un comunicado: «Primero Justicia rechaza las negociaciones con la dictadura que habilitaron a Capriles y Guanipa y les otorgaron una nueva tarjeta, traicionando la unidad y el mandato popular». Esa misma tarde, PJ expulsó formalmente a Henrique Capriles, Tomás Guanipa y Juan Requesens.

La habilitación es el punto sensible. Capriles había sido inhabilitado por la Contraloría General de la República en 2017 para ejercer cargos públicos hasta 2032, decisión ratificada por el Tribunal Supremo en 2024. En febrero de 2025, sin proceso público, su inhabilitación quedó levantada. La de Guanipa, también. Andrés Velásquez —de La Causa R, dentro del bloque PUD— formuló en X una pregunta que muchos venezolanos repitieron: «Que el país se pregunte qué ocurrió para que Capriles y Guanipa puedan participar y otros no, como Simón Calzadilla del MPV, inhabilitado y sin tarjeta». La pregunta quedó sin respuesta pública.

Un Nuevo Tiempo —partido de Manuel Rosales, fundado en 1999 desde una disidencia de Acción Democrática— resolvió participar. Postuló 62 candidatos a la Asamblea Nacional encabezados por Capriles, Luis Emilio Rondón, Stalin González, Tomás Guanipa, Henri Falcón, Pablo Pérez, Felipe Mujica (del MAS), Luis Florido. La alianza UNT–Unión y Cambio (Única) compitió formalmente bajo esa estructura conjunta.

Acción Democrática se dividió. El sector controlado por Bernabé Gutiérrez —resultado de una intervención judicial chavista al partido en 2020— participó dentro de la Alianza Democrática junto a Timoteo Zambrano, Luis Parra y José Brito. El AD vinculado a Henry Ramos Allup —reconocido por la PUD— no participó.

Alianza del Lápiz participó con candidatos propios. El partido es liderado por Antonio Ecarri Bolívar, exembajador de Juan Guaidó en España. El 11 de abril de 2025, semanas antes de la elección, Ecarri Bolívar fue inhabilitado por el régimen e imputado por «traición a la patria, usurpación de funciones, simulación de hecho punible y prevaricación». La lista de candidatos a diputado por Lápiz fue encabezada por Antonio Ecarri Angola —hijo del presidente del partido y figura política con trayectoria propia—. Angola fue precandidato en las primarias de la MUD en 2012 para la alcaldía de Caracas, impugnó los resultados de aquel proceso y salió de la coalición; en 2024 fue candidato presidencial por Alianza del Lápiz. Su participación en las parlamentarias de 2025 repite, trece años después, el patrón de 2012: postularse bajo una decisión colectiva opositora, romper con ella, y mantener proyecto electoral propio. Lápiz obtuvo un escaño.

El resultado del 25 de mayo: adjudicaciones sin actas

Aquí, antes de las cifras, hay que registrar lo que ocurrió con el proceso mismo.

Dos días antes de la elección, el viernes 23 de mayo, el rector del CNE Conrado Pérez Briceño confirmó la eliminación del código QR de las actas electorales. Sostuvo que el QR «no era una obligación legal y fue una disposición oficiosa del CNE en el pasado», y que esos códigos «fueron utilizadas para trampear elecciones». El ingeniero venezolano Giuseppe Gangi —desarrollador del sistema que en julio de 2024 permitió a la oposición digitalizar y publicar las actas del 28 de julio— contradijo esa lectura: el QR había sido la herramienta material para verificar el voto mesa por mesa.

Entre el 22 y el 24 de mayo, fueron detenidos al menos 70 opositores. La confirmación pública la dio el propio Diosdado Cabello, vicepresidente del PSUV y ministro del Interior. El periódico El País lo registró el 24 de mayo bajo el titular «Una oleada de arrestos de opositores marca las elecciones parlamentarias y regionales en Venezuela».

El CNE no publicó resultados mesa por mesa. Ninguno. No hubo conteo público disponible, no hubo actas verificables, no hubo cómputo desagregado por circuito. Las cifras que circulan provienen exclusivamente del primer boletín leído por el rector Carlos Quintero la noche del 25 de mayo y de los anuncios posteriores del presidente del CNE Elvis Amoroso y del presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez. Las propias cifras se contradicen entre sí: el primer boletín habló de 42,63% de participación con 9.159.340 votos; el medio Razón Pública, cruzando los porcentajes oficiales con el Registro Electoral Permanente de 21.485.669 personas y el 93% de actas escrutadas, calculó una participación real de 25,63% con 5.507.324 votos. La distancia entre ambas cifras —3.652.016 votos— no fue conciliada por el CNE.

Lo que esto significa, en términos políticos, es directo: ningún diputado del nuevo parlamento puede demostrar cuántos votos sacó, cómo se distribuyeron las curules, ni qué método se aplicó. Ni los 252 oficialistas ni los 29 opositores. La adjudicación fue directa, sin acta verificable. Exactamente el mismo procedimiento que se aplicó el 28 de julio de 2024 en las presidenciales.

Con esa salvedad, las cifras que circularon son las siguientes:

El Gran Polo Patriótico, encabezado por el PSUV, fue proclamado con 33 de los 50 escaños de lista nacional y 5.024.475 votos (83,42% del total). La oposición participante obtuvo, según el balance del propio Jorge Rodríguez, 29 escaños: Alianza Democrática con 13 diputados y 344.422 votos (6,25%); UNT–Única con 11 diputados y 285.501 votos (5,18%); Fuerza Vecinal con 4 diputados y 141.566 votos (2,57%); Alianza del Lápiz, 1 diputado, Antonio Ecarri Angola.

Veintinueve escaños sobre 285. Diez por ciento del nuevo parlamento. Sin mayoría, sin capacidad de obstrucción institucional, y sin acta para sostener cada uno de esos escaños frente a una contestación pública.

El 5 de enero de 2026, los diputados de UNT–Única acudieron a la sesión de instalación del nuevo período legislativo de la Asamblea Nacional. Capriles dijo en la entrada: «La Asamblea Nacional debe ser el espacio del debate democrático y de las soluciones que Venezuela necesita con urgencia. Nosotros estamos aquí para eso, para poner la política al servicio de la gente, para tender puentes y abrir un camino de ley, justicia y reencuentro nacional».

La PUD no reconoció ese parlamento. Y desde el 5 de enero de 2026 hasta la mesa de Panamá del 23 de mayo, Capriles y los suyos llevaban cuatro meses y medio ejerciendo como diputados en un cuerpo legislativo que la coalición opositora dominante considera ilegítimo.

Esa es la razón concreta por la que Capriles no estuvo en el salón del sábado 23.

Las dos posiciones, sin veredicto

Toca formular las dos lógicas con criterio.

La línea participacionista sostiene que ocupar todo espacio institucional disponible es una obligación política, no una concesión al régimen. Argumenta que el boicot electoral de 2020 produjo una Asamblea sin oposición efectiva durante cinco años, que la única manera de evitar que se repita es presentar candidatos, y que la presencia de voces opositoras en el parlamento —aunque sea con once o trece diputados— preserva canales de denuncia, de control internacional y de capilaridad política local. Para esta posición, la abstención produce el efecto que se propone evitar: dejar al chavismo gobernando solo. La frase de Capriles del 14 de abril de 2025 es la formulación más nítida del argumento.

La línea no participacionista sostiene que participar bajo un sistema electoral que la propia oposición no reconoce —porque las actas del 28 de julio de 2024 demostraron, según su lectura, un fraude sistémico— equivale a legitimar ese sistema. Argumenta que la habilitación de Capriles y Guanipa, tras años de inhabilitación, sugiere un acuerdo no transparente entre esos dirigentes y el régimen. Para esta posición, el costo simbólico de votar es mayor que el beneficio institucional de tener once diputados sin poder real.

Las dos posiciones se sostienen políticamente. Pero hay una asimetría material que la pieza no puede dejar de registrar.

Las dos posiciones no enfrentaron el mismo objeto. La línea participacionista decidió ir a una elección. La línea no participacionista decidió no ir a esa misma elección. Pero el 25 de mayo de 2025 no hubo, en términos verificables, una elección computable: no hubo código QR en las actas, no hubo publicación mesa por mesa, no hubo conciliación de las cifras oficiales contradictorias, hubo más de setenta detenciones de opositores en los tres días previos. Hubo una jornada de votación, hubo proclamación de diputados por adjudicación directa, y hubo once diputados de UNT–Única, trece de la Alianza Democrática, cuatro de Fuerza Vecinal y uno de Lápiz que aceptaron escaños sin acta que los respalde.

Esa asimetría es el dato que el especial no puede esquivar. Las dos posiciones tenían lógica política propia antes del 25 de mayo. Después del 25 de mayo, una de las dos posiciones se sostiene sobre un acto electoral con cómputo público y la otra se sostiene sobre un acto electoral sin él. La pregunta no es cuál de las dos tiene razón en términos morales. La pregunta es cuál de las dos puede explicar materialmente lo que pasó.

INCÍSOS no entrega un veredicto. Pero registra un patrón que el especial entero ha venido construyendo: la historia opositora venezolana del siglo XXI tiene cinco arranques sucesivos porque las derrotas no se asumieron, y las derrotas no se asumieron, en buena medida, porque no hubo derrotas validadas con cómputo público. El revocatorio de 2004 sin actas completas. La reforma constitucional de 2007, validada como triunfo del «No» pero sin reconocimiento político del oficialismo. Las parlamentarias de 2020 boicoteadas. Las presidenciales del 28 de julio de 2024 con doble proclamación. Las parlamentarias del 25 de mayo de 2025 sin actas publicadas. El patrón no es accidente: es la condición sobre la cual la unidad opositora venezolana se reorganiza una y otra vez.

Cada lector responderá. El especial solo entrega la información.

Lo que la fractura significa para Panamá

La mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026 fue, entre otras cosas, una mesa construida sobre la decisión de no participar en las parlamentarias de 2025. Ese es el cemento implícito del bloque PUD que llegó al Palacio de las Garzas: la coalición ratificó internamente, durante todo 2025, que no reconocería resultados electorales obtenidos bajo el sistema oficialista. Quien participó, salió. Quien sostuvo el no voto, se quedó.

Eso explica la ausencia de Capriles, Borges, Rosales, Ramos Allup en la foto del sábado 23. Explica la presencia, en cambio, de Andrés Velásquez por Causa R —el primer dirigente del bloque PUD en señalar públicamente las contradicciones de la habilitación de Capriles—. Explica también la presencia de Andrea Tavares por Causa R, como vocera del Comando Con Venezuela y del centro Machado. Y explica la ausencia total de la Alianza del Lápiz.

La pieza 6 del especial mostraba el patrón histórico. Esta pieza muestra la decisión política reciente que reordenó la mesa. Sin esta pieza, la ausencia de Capriles en Panamá podría leerse como un detalle. Con esta pieza, esa ausencia es un dato editorial: la fractura de mayo de 2025 redibujó el archivo opositor venezolano y produjo la composición que el mundo vio el sábado 23 de mayo de 2026.

Una pregunta que sigue abierta

¿Qué pasa el día en que la Red Decide y la PUD vuelvan a sentarse a la misma mesa? ¿Es posible? ¿En qué condiciones?

La conseja «son los mismos de siempre» pierde nitidez también aquí. Porque uno de los efectos invisibles de la fractura del 25 de mayo de 2025 es que redujo el espacio de la oposición unitaria. No es solo que faltan nombres. Es que la mesa de Panamá ya no representa al 100% del archivo opositor venezolano: representa a la fracción de ese archivo que mantuvo la línea del no voto. Y esa fracción, sostenida por el peso de las actas del 28 de julio de 2024, es la que articula el proceso visible en mayo de 2026.

Pero la historia no terminó. Y la pregunta sobre cómo se reconstruye —si es que se reconstruye— una unidad que vuelva a abarcar a Capriles, a Rosales, a Ramos Allup, a Borges, sigue abierta. La respuesta no la da este mapa. La dan las decisiones que vienen.

Fuentes principales

  • El Pitazo · Henrique Capriles y Tomás Guanipa lideran postulaciones de UNT a la Asamblea Nacional, 14 de abril de 2025.
  • El Espectador · Primero Justicia expulsa a Henrique Capriles, Tomás Guanipa y Juan Requesens, 14 de abril de 2025.
  • Tal Cual · Henrique Capriles encabeza lista nacional de candidatos de UNT, 15 de abril de 2025.
  • El Clarín Web · Resultados elecciones parlamentarias Venezuela 2025, 27 de mayo de 2025.
  • Efecto Cocuyo · Qué margen de maniobra tendrán opositores en la AN, 28 de mayo de 2025.
  • Razón Pública · Las nuevas elecciones en Venezuela, 9 de junio de 2025.
  • El País · Una oleada de arrestos de opositores marca las elecciones parlamentarias y regionales en Venezuela, 24 de mayo de 2025.
  • Infobae · Persecución en Venezuela: Diosdado Cabello confirmó la detención de más de 70 opositores, 23 de mayo de 2025.
  • El Comercio · Resultados de las Elecciones parlamentarias y regionales en Venezuela 2025, 26 de mayo de 2025.
  • Resumen Latinoamericano · Venezuela: Elecciones regionales y parlamentarias, 15 de mayo de 2025.
  • Caraota Digital · Capriles, Stalin González y Tomás Guanipa acudieron a la AN, 5 de enero de 2026.
  • Súmate · Reporte Elecciones Parlamentarias y Regionales 2025, 20 de abril de 2025.
  • Wikipedia ES · Elecciones parlamentarias de Venezuela de 2025, Elecciones regionales de Venezuela de 2025, Alianza del Lápiz.
  • Declaración pública del rector del CNE Conrado Pérez Briceño sobre eliminación del código QR, 23 de mayo de 2025.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial La cara B de la transición y de la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026.
Continue Reading
Advertisement

Alfredo Yánez

9 libros que te cambian la perspectiva

Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon

VER LIBROS →
Click to comment

Deja un comentario

Arqueología de la unidad opositora

Los mismos de siempre

Hay una frase que aparece cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Apareció en los pasillos de la Asamblea Nacional electa en 2015. Apareció después del 16 de julio de 2017. Volvió a aparecer durante el interinato. Estuvo en las primarias de octubre de 2023. Y reapareció, esta semana, mientras María Corina Machado convocaba en Ciudad de Panamá a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática para preparar el encuentro del lunes 25 de mayo con el presidente José Raúl Mulino.

Avatar de Desconocido

Published

on

By

Los mismos de siempre — recurrencia política venezolana
INCÍSOS

§ Especial · Inciso de apertura
01-los-mismos-de-siempre
§ Inciso firmado · Apertura

Los mismos de siempre

Por Alfredo Yánez Mondragón · Fundador y editor en jefe de INCÍSOS · Edición del viernes 29 de mayo de 2026

Hay una frase que aparece cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Apareció en los pasillos de la Asamblea Nacional electa en 2015. Apareció después del 16 de julio de 2017. Volvió a aparecer durante el interinato. Estuvo en las primarias de octubre de 2023. Y reapareció, esta semana, mientras María Corina Machado convocaba en Ciudad de Panamá a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática para preparar el encuentro del lunes 25 de mayo con el presidente José Raúl Mulino.

La frase es esta: son los mismos de siempre.

La he escuchado en Doral, en Madrid, en Houston, en un café de Buenos Aires, en una conversación de WhatsApp a las cuatro de la mañana. La dicen con cansancio. La dicen con resignación. La dicen, a veces, con rabia. Y la dicen casi siempre con razón aparente: si uno mira la mesa de Panamá del 22 al 23 de mayo, encuentra a Leopoldo López, a Magalli Meda, a Juan Pablo Guanipa, a Delsa Solórzano, a Roberto Enríquez, a Biagio Pilieri. Encuentra siglas que llevan décadas escritas en el mismo papel: COPEI, Primero Justicia, Voluntad Popular, Causa R, Encuentro Ciudadano, Vente Venezuela. Encuentra a María Corina Machado, que ya estaba ahí en 2012 disputando una primaria.

La conseja, vista a esa distancia, parece confirmarse sola. Pero las consejas tienen una característica peligrosa: explican mucho con muy poco, y por eso ahorran el trabajo de pensar. Antes de aceptarla o de descartarla, vale revisarla con archivo a la mano.

Este especial es ese ejercicio.

INCÍSOS no llega con un veredicto. No vamos a decir que son los mismos. No vamos a decir que no lo son. Vamos a abrir el archivo y a poner sobre la mesa lo que el archivo dice: cinco intentos sucesivos de unidad opositora en Venezuela desde 1998 hasta hoy, cada uno con su génesis, sus actores, sus éxitos verificables y sus fracasos también verificables. La unidad de los cuatro días de 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El vacío opositor de 1999 y 2000, cuando la oposición sencillamente no existió como factor electoral. La Coordinadora Democrática de 2002, coordinada por Enrique Mendoza —gobernador de Miranda por COPEI— pero sostenida operativamente, sobre todo, por la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos: Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, Gente del Petróleo. El Acuerdo de Unidad Nacional de enero de 2008 entre partidos opositores, que daría paso a la fundación operativa de la Mesa de la Unidad Democrática en el segundo trimestre de 2009. Las primarias de febrero de 2012, con casi dos millones de votantes. El Frente Amplio Venezuela Libre de 2018, cuando la MUD fue inhabilitada por el Tribunal Supremo de Justicia. La Plataforma Unitaria Democrática lanzada por Juan Guaidó en abril de 2021. Las primarias de octubre de 2023, ganadas por Machado con más del 90% de los votos.

Cinco plataformas, no una. Y entre cada una y la siguiente, una pregunta que vale formular sin sentimentalismo: ¿qué se conservó? ¿Qué se rompió? ¿Quiénes estaban en 1998 y siguen sentados en una mesa veintiocho años después? ¿Quiénes entraron en 2002 y desaparecieron en 2008? ¿Quiénes aparecieron en 2012 y son hoy el centro del proyecto?

La diáspora venezolana en Estados Unidos —especialmente en el sur de Florida, en Texas, en el área de Nueva York— tiene derecho a esa información ordenada. No al panfleto que celebra. No al panfleto que condena. A la información ordenada.

Hay algo que quiero adelantar, porque me parece honesto decirlo antes de que el lector entre a las piezas. Cuando uno revisa el archivo de cerca, lo que aparece no es una continuidad lineal. Aparece una historia con rupturas mayores. El bipartidismo que sostuvo a Salas Römer en 1998 había dejado de ser bipartidismo en términos electorales meses antes. La Coordinadora Democrática de 2002 fue, en buena medida, una construcción ajena a los partidos tradicionales: nació desde fuera de los aparatos. La MUD de 2008 fue el primer intento serio de articular partidos como tales, y duró diez años hasta que el Tribunal Supremo la borró. La Plataforma Unitaria es heredera nominal de la MUD, pero opera en condiciones radicalmente distintas: con su candidato electo en el exilio, con su coordinadora dentro del país en clandestinidad parcial durante 2024 y 2025, con su agenda escrita desde mesas en Doha, en Washington, ahora en Ciudad de Panamá.

Lo que cambia es tan importante como lo que permanece. Y la conseja, al borrar las rupturas, hace un favor que no le pidieron al chavismo civil que hoy administra el rodrigato: lo libera de tener que explicar qué hizo en los últimos veintiocho años con los actores políticos que sí cambiaron de proyecto, de método, de generación.

Este especial se publica completo en una sola edición. No por entregas escalonadas, no en cuotas, no a cuentagotas: las trece piezas reconstructivas que componen el cuerpo del archivo más esta apertura y un inciso de cierre, todo junto, para que el lector pueda recorrer el archivo en el orden que le resulte más útil. Hay un mapa cruzado de los actores en cinco plataformas. Hay una pieza sobre la fractura interna del bloque opositor en 2025. Hay un capítulo dedicado a 2015-2018, los años en que una victoria parlamentaria histórica fue desmontada institucionalmente. Hay una pieza sobre la cita de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo. Y hay una pieza incómoda, la última de la secuencia reconstructiva, sobre el actor externo que la oposición venezolana del siglo XXI no ha terminado de nombrar con claridad: el gobierno de los Estados Unidos en sus dos extremos del arco, 2019 y 2026.

Faltará al cierre una pieza más, que aún no estará lista esta semana: la entrevista a Roberto Enríquez, actual secretario ejecutivo pro tempore de la Plataforma Unitaria Democrática, donde el archivo arqueológico recibe la respuesta de quien lo administra hoy desde adentro. Esa pieza se incorporará al especial en cuanto la conversación se haya producido. El resto del archivo está sobre la mesa desde el primer momento.

Después de leer el especial completo, cada lector hará su propio juicio. INCÍSOS no se lo entrega digerido. Se lo entrega con el archivo abierto sobre la mesa, como cuando uno revisa el árbol genealógico de una familia y descubre que las semejanzas no eran las que uno creía, y las diferencias estaban en lugares que nadie había mirado.

La frase son los mismos de siempre puede ser cierta, puede ser falsa o puede ser ambas cosas en partes distintas. Lo que no puede ser, después de este ejercicio, es una respuesta sin examen.

Eso es lo que viene.

Continue Reading

Arqueología de la unidad opositora

1998: la unidad que no fue

La conseja popular dice que la unidad opositora venezolana arrancó en 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El archivo dice otra cosa. Lo que arrancó fue el colapso del bipartidismo del Pacto de Puntofijo, leído tarde por los partidos y ratificado a cuatro días de la elección presidencial. La gente lo había decidido mucho antes.

Avatar de Desconocido

Published

on

By

1998: la unidad opositora que no fue antes de Chávez
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 1
02-1998-la-unidad-que-no-fue
§ Arqueología · Pieza 1

1998: la unidad que no fue

La conseja popular dice que la unidad opositora venezolana arrancó en 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El archivo dice otra cosa. Lo que arrancó fue el colapso del bipartidismo del Pacto de Puntofijo, leído tarde por los partidos y ratificado a cuatro días de la elección presidencial. La gente lo había decidido mucho antes.

QUÉ El primer intento de unidad opositora del siglo XXI venezolano no fue una mesa: fue el colapso del bipartidismo, ratificado en regionales adelantadas el 8 de noviembre de 1998 y formalizado en cuatro días alrededor del candidato Henrique Salas Römer.
QUIÉN Acción Democrática, COPEI, Polo Democrático y los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales. Luis Alfaro Ucero, Irene Sáez y Henrique Salas Römer como candidatos en disputa. Hugo Chávez Frías como ganador final.
CUÁNDO Del 8 de noviembre de 1998 (regionales adelantadas) al 6 de diciembre de 1998 (presidenciales). Veintiocho días entre dos elecciones que sellaron el fin del bipartidismo del Pacto de Puntofijo.
DÓNDE Las gobernaciones de los estados de Venezuela. El mapa territorial decidió antes que los partidos.
POR QUÉ Porque la conseja dice que la unidad opositora venezolana arrancó con Salas Römer en 1998. El archivo dice otra cosa: lo que arrancó fue el colapso, formalizado tarde.
CÓMO Reconstrucción documental de los veintiocho días entre el 8 de noviembre y el 6 de diciembre de 1998, con cifras electorales verificadas contra el CNE y los archivos académicos venezolanos.

La conseja dice que aquí empezó la unidad

La conseja popular sobre la oposición venezolana fija un año cero: 1998. Salas Römer como candidato unitario táctico. Acción Democrática y COPEI retirando sus candidaturas a cuatro días de la elección presidencial para evitar la victoria de Hugo Chávez. Una unidad de último minuto, escasa, derrotada en la urna del 6 de diciembre, pero unidad al fin. Así empezó, dice la conseja. Lo que vino después —Coordinadora, MUD, PUD, Panamá 2026— sería continuidad de aquel primer impulso.

Cuando uno revisa el archivo, esa lectura no se sostiene. No porque sea falsa en su superficie, sino porque borra lo más importante de lo que pasó.

Lo que pasó en 1998 no fue una unidad. Fue una rendición. Y la rendición no ocurrió en cuatro días, sino en veintiocho —entre las regionales adelantadas del 8 de noviembre y la presidencial del 6 de diciembre—. Y antes de esos veintiocho días, durante los seis meses previos, ya estaba ocurriendo algo más profundo: el bipartidismo del Pacto de Puntofijo —el que firmaron Acción Democrática, COPEI y Unión Republicana Democrática el 31 de octubre de 1958 en la casa de Rafael Caldera llamada Puntofijo— se desmoronaba en cámara lenta. La gente lo había hecho mucho antes que los partidos.

Esta pieza reconstruye ese desmoronamiento. No el de los últimos cuatro días, que es la parte fácil. El de los meses anteriores y los veintiocho días que vinieron después de las regionales. Porque ahí es donde está la primera lección del archivo opositor venezolano: la conseja confunde la rendición de los partidos con la unidad de la gente, y desde entonces no ha vuelto a poder leer el archivo con precisión.

Lo que el 8 de noviembre dejó ver

El 8 de noviembre de 1998 hubo elecciones regionales en Venezuela. Ese año, por decisión política y técnica, las regionales se separaron de las presidenciales: se adelantaron un mes. Era la primera vez que ocurría. La intención declarada fue «fortalecer el liderazgo nacional», dándole a los partidos un termómetro previo a la presidencial.

El termómetro arrojó tres datos cruzados que vale leer en conjunto.

Primero, los partidos del Pacto de Puntofijo todavía existían electoralmente. Acción Democrática conservaba ocho gobernaciones y el 24% del voto parlamentario, manteniéndose como el partido individual más grande del país. COPEI ganaba cuatro gobernaciones. Proyecto Venezuela —escisión reciente de COPEI liderada por Henrique Salas Römer— se imponía en Carabobo. Convergencia, el partido de Rafael Caldera entonces en la presidencia, retenía Yaracuy. La Causa R conservaba Zulia con Francisco Arias Cárdenas. Sumados, los partidos opositores al chavismo emergente —el bipartidismo histórico más las disidencias de centro y derecha— controlaban diecinueve de las veintitrés gobernaciones del país.

Segundo, el Movimiento Quinta República de Chávez, fundado apenas un año antes, ganaba cuatro gobernaciones como partido más votado dentro de su coalición —el Polo Patriótico, que incluía MAS, PPT, PCV, MEP y otras fuerzas pequeñas—. En parlamentarias obtenía 19,87% del voto, un escalón por debajo de AD.

Tercero, y este es el dato que la conseja borra: AD, COPEI y Proyecto Venezuela sumaban juntos el 51,49% del voto parlamentario, mayoría absoluta en ambas cámaras. Sumaban 30 bancas en el Senado y 109 diputados sobre 207. Si la oposición al chavismo emergente se hubiera articulado el 8 de noviembre como bloque parlamentario y territorial, habría tenido mayoría en el Congreso desde el primer día del nuevo gobierno.

El mapa del 8 de noviembre no decía colapso. Decía algo más sutil: la fuerza del bipartidismo seguía ahí, pero ya no estaba sosteniendo a sus candidatos presidenciales.

Los veintiocho días

Entre el 8 de noviembre y el 6 de diciembre de 1998, la opinión pública venezolana hizo lo que los partidos no habían sabido leer. Las encuestas de los días posteriores a las regionales fueron registrando un derrumbe sostenido en dos figuras y un ascenso paralelo en una tercera.

Luis Alfaro Ucero, candidato presidencial de Acción Democrática, era simultáneamente secretario general del partido. Había llegado a la candidatura por imposición interna sobre una rebelión que su propio aparato no logró contener. Su intención de voto en encuestas, después del 8 de noviembre, caía hacia un solo dígito.

Irene Sáez Conde, alcaldesa de Chacao desde 1992, había sido la candidata más mencionada en las encuestas iniciales de 1998. En agosto encabezaba la intención de voto. El respaldo de COPEI a su candidatura —decisión tomada por la dirigencia partidista pese a que Sáez venía de fuera del aparato— terminó funcionando contra ella: la asociación con un partido en crisis de representatividad le restó voto independiente. Después del 8 de noviembre, su intención también se derrumbaba.

Hugo Chávez, en cambio, crecía. La decepción ciudadana con el bipartidismo —que en el plebiscito implícito del 8 de noviembre todavía no se había trasladado al voto parlamentario— sí se trasladaba al voto presidencial. En las semanas posteriores a las regionales, el ascenso de Chávez fue continuo. Y al mismo ritmo crecía la figura que quedaba en el espacio opositor: Henrique Salas Römer, gobernador de Carabobo, fundador de Proyecto Venezuela, candidato presidencial sin el respaldo formal de los grandes partidos tradicionales.

Salas Römer no era un candidato del Pacto de Puntofijo. Venía del COPEI, sí, pero había roto con el partido y fundado su propia estructura regional. Sus referencias eran de gestión local —Carabobo como estado modelo—, no de aparato nacional. Y en esos veintiocho días, mientras Sáez y Alfaro Ucero se derrumbaban, la gente que rechazaba a Chávez se concentró en Salas Römer sin consultar a los partidos. Los partidos llegaron a ratificar lo que la opinión pública ya había decidido en encuestas.

La rendición de los cuatro días

El 2 de diciembre de 1998, a cuatro días de la elección presidencial, Acción Democrática anunció el retiro del respaldo a Luis Alfaro Ucero —su propio secretario general— y endosó su apoyo a Henrique Salas Römer. COPEI hizo lo mismo con Irene Sáez. Otros partidos menores siguieron en cadena.

La cobertura periodística de aquellos cuatro días, leída con distancia, encierra una contradicción. Por un lado, los voceros partidistas presentaron la decisión como un gesto de responsabilidad histórica: unidad para frenar la victoria de Chávez. Por otro, los analistas políticos del momento la describían como lo que era: el último acto de partidos que ya no tenían capacidad de mover el voto de sus propias bases. Como observaron entonces Luis Lander y Margarita López Maya —analistas del Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV— las regionales del 8 de noviembre habían funcionado «como una suerte de primera vuelta» en la que los partidos vieron que sus candidatos no aguantaban. La operación de los cuatro días no creó la unidad: ratificó una decisión que la gente había venido tomando durante semanas.

El 6 de diciembre, Hugo Chávez ganó con el 56,2% de los votos. Salas Römer obtuvo 39,97%. Una distancia de dieciséis puntos. Alfaro Ucero, en la papeleta, alcanzó el 0,4%. Sáez, el 2,8%. Sumados, los votos del bipartidismo y sus aliados no llegaron a igualar la presidencial de Chávez.

Aquella noche, en las sedes de AD y COPEI, no hubo recuento de daños. Hubo declaraciones que prometían reorganización. La conseja se quedó con esa imagen: la unidad de cuatro días había nacido, había perdido, y de ahí en adelante la oposición venezolana sería continuidad y reagrupación. La pieza siguiente del especial revisará el primer dato que esa lectura no permite ver: que entre 1999 y 2000, esa oposición simplemente no existió como factor electoral.

Por qué importa esto, leído desde 2026

Para el lector hispano en Estados Unidos —sobre todo el venezolano de la diáspora— esta arqueología puede sonar a detalle académico. No lo es. La razón por la que importa es directa: cada vez que se mira la mesa de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026, y se siente que «son los mismos de siempre», la frase opera sobre una premisa que es el legado de 1998: que existió alguna vez una unidad opositora estable, que esa unidad atravesó veintiocho años, y que lo que vemos hoy es la versión envejecida de aquella primera coalición.

El archivo dice que no. Lo de 1998 no fue una unidad: fue una rendición. Lo de 1998 no fue la fundación de un proyecto opositor: fue el último acto de un proyecto bipartidista que ya no podía sostener a sus candidatos. Y los nombres que sostuvieron la candidatura de Salas Römer en aquellos cuatro días —Eduardo Fernández por COPEI, los voceros restantes de Acción Democrática tras la rebelión interna contra Alfaro Ucero, y el respaldo territorial articulado por los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales del 8 de noviembre, entre los que figuró de manera central Enrique Mendoza desde Miranda, sin acto político público pero con peso operativo en el cambio de caballo— casi todos quedaron fuera del archivo opositor que vino después. Algunos —Mendoza, Eduardo Fernández— reaparecerían en la Coordinadora Democrática de 2002. Otros —Salas Römer mismo— terminarían como referencias residuales, sin rol en la MUD ni en lo que vino.

Lo que en cambio sí marcó el archivo de 1998 fue una lección que la oposición venezolana no ha terminado de aprender en veintiocho años: cuando la gente decide antes que los partidos, los partidos llegan tarde, y la decisión política colectiva no es la suma de los aparatos sino la lectura del voto que ya migró. En 1998, ese voto migró hacia Chávez. Los partidos del Pacto de Puntofijo lo registraron cuatro días tarde. La unidad opositora venezolana arrancó así. Y la conseja, al borrar el contexto, convierte una rendición tardía en un mito fundacional.

El cierre del año cero

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez tomó posesión de la presidencia. AD seguía siendo el partido individual más grande de Venezuela en términos de bancas parlamentarias. COPEI mantenía estructura nacional. Proyecto Venezuela conservaba Carabobo. Convergencia, Yaracuy. La Causa R, Zulia. Sobre el papel, la oposición tenía capacidad de obstrucción legislativa y presencia territorial.

Sobre el papel.

Lo que la pieza siguiente del especial reconstruye es lo que pasó en los veinte meses siguientes —de febrero de 1999 a las elecciones de relegitimación del 30 de julio de 2000— cuando esa estructura nominal se evaporó casi sin oposición visible. Aquellos partidos que habían sumado el 51,49% del voto parlamentario en noviembre de 1998 no lograron articularse para enfrentar ni la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, ni el referendo aprobatorio de la nueva Constitución en diciembre de 1999, ni la elección que relegitimó a Chávez y al nuevo cuerpo legislativo en julio de 2000.

Entre 1999 y 2000 la oposición venezolana no fue derrotada electoralmente: dejó de existir como sujeto electoral coherente. Eso es lo que viene en la pieza 1.5.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Dirección de Estadísticas Electorales · Resultados Electorales 1998 (CD-ROM).
  • Wikipedia ES · Elecciones regionales de Venezuela de 1998 · Elecciones presidenciales de Venezuela de 1998 · Elecciones parlamentarias de Venezuela de 1998.
  • Maingon, Thais y Sonntag, Heinz R. · Los resultados de las elecciones de 1998 en Venezuela: ¿hacia un cambio político? · Revista de Ciencias Sociales, Vol. 6, no. 1, enero 2000.
  • Lander, Luis y López Maya, Margarita · Análisis publicados en revistas académicas venezolanas sobre el proceso 1998-1999.
  • PolítiKa UCAB · Elecciones de 1998: El preámbulo de los grandes cambios · 6 de marzo de 2024.
  • Centro de Investigaciones de Política Internacional · Elecciones regionales en Venezuela. Apuntes para un análisis · febrero 2022.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
Continue Reading

Arqueología de la unidad opositora

1999-2000: el vacío opositor

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez y las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la oposición venezolana atravesó veinte meses sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. Por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI compitieron por la presidencia. El primer vacío del archivo opositor del siglo XXI.

Avatar de Desconocido

Published

on

By

1999-2000: el vacío opositor venezolano
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 1.5
03-1999-2000-el-vacio-opositor
§ Arqueología · Pieza 1.5

1999-2000: el vacío opositor

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez y las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la oposición venezolana atravesó veinte meses sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. Por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI compitieron por la presidencia. El primer vacío del archivo opositor del siglo XXI.

QUÉ Entre el 2 de febrero de 1999 y el 30 de julio de 2000, la oposición venezolana dejó de existir como sujeto electoral. No fue derrotada en una urna: se evaporó sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. El primer vacío del archivo opositor.
QUIÉN AD y COPEI sin estrategia. Los gobernadores opositores aislados: Enrique Mendoza (Miranda), Henrique Salas Römer (Carabobo), Eduardo Lapi (Yaracuy), Manuel Rosales (emergiendo en Zulia). Francisco Arias Cárdenas rompiendo con Chávez en febrero de 2000.
CUÁNDO Veinte meses. Toma de posesión de Chávez (2 de febrero de 1999), Constituyente (25 de abril de 1999), Constitución (15 de diciembre de 1999), ruptura de Arias Cárdenas (mediados de febrero de 2000), megaelecciones (30 de julio de 2000).
DÓNDE Venezuela, en el aire institucional. La Constituyente sustituyó al Congreso. El nuevo poder se construyó sin contrapeso.
POR QUÉ Porque entender este vacío explica por qué la primera mesa opositora del siglo XXI —la Coordinadora Democrática de 2002— estuvo coordinada por un dirigente partidista (Enrique Mendoza, COPEI) pero su peso operativo lo llevó la sociedad civil organizada. Los partidos como sujeto político habían colapsado.
CÓMO Reconstrucción documental de los procesos electorales y constituyentes de 1999 y 2000, con cifras verificadas y la huella de la ausencia opositora en cada hito.

El primer vacío

Cuando una oposición pierde una elección y reorganiza, el archivo lo registra. Cuando una oposición simplemente desaparece como sujeto electoral, el archivo casi no tiene cómo registrarlo. Por eso esta pieza es la más difícil de escribir del especial: porque su tema es lo que no ocurrió, lo que no se hizo, las semanas en que el espacio opositor en Venezuela quedó vacante y nadie lo ocupó.

Entre el 2 de febrero de 1999 y el 30 de julio de 2000, en veinte meses, Venezuela vivió la mayor transformación institucional de su historia moderna: una Asamblea Nacional Constituyente, una nueva Constitución, la relegitimación simultánea de todos los poderes públicos. Y en ese mismo período, los partidos que el 8 de noviembre de 1998 habían sumado el 51,49% del voto parlamentario —AD, COPEI, Proyecto Venezuela y sus aliados— no presentaron candidato presidencial unitario, no articularon coalición, no propusieron texto constitucional alternativo, no construyeron agenda visible. Estuvieron, sobre el papel. No fueron, en los hechos.

Esa ausencia es el primer vacío del archivo opositor venezolano del siglo XXI. Y entender por qué ocurrió es entender por qué la primera mesa opositora real —la Coordinadora Democrática de 2002— estuvo coordinada por un dirigente partidista (Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI) pero su peso operativo lo llevó la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos. Cuando llegó el momento de hacer oposición, los partidos del Pacto de Puntofijo ya no estaban como sujeto político.

Lo que se construyó en el vacío

La cronología institucional de aquel período es vertiginosa.

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez tomó posesión de la presidencia. En el discurso de juramento, juró sobre «esta moribunda Constitución» —se refería a la de 1961— y anunció su propósito de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Era el primer movimiento del nuevo gobierno y el más decisivo: si la Constitución de 1961 podía ser sustituida por una nueva sin pasar por el Congreso vigente, la mayoría parlamentaria opositora dejaba de tener relevancia política.

El 25 de abril de 1999, un referendo consultivo aprobó la convocatoria a la Constituyente con el 87,75% de los votos. La oposición partidista no logró articular una campaña por el «No». No hubo voz unitaria, no hubo aparato, no hubo movilización. El resultado se interpretó como un mandato amplio para el proyecto chavista.

El 25 de julio de 1999 se eligieron los 131 constituyentes. El chavismo obtuvo 125 escaños. La oposición, 6. La Constitución de 1999 fue redactada, debatida y aprobada en ese cuerpo, prácticamente sin contrapeso.

El 15 de diciembre de 1999, un nuevo referendo aprobó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela con el 71,78% de los votos. La oposición tampoco logró articular una campaña efectiva por el «No». Las objeciones técnicas y políticas existieron, sobre todo desde sectores académicos y empresariales. Como movimiento electoral organizado, no.

El 30 de julio de 2000 —las llamadas «megaelecciones»— se relegitimaron simultáneamente la presidencia, la Asamblea Nacional, las gobernaciones, las alcaldías y los concejos legislativos. Era la primera vez en la historia venezolana que se elegía todo el mapa institucional el mismo día. Y era la prueba definitiva de si la oposición podía articular respuesta. No la articuló.

La ausencia del 30 de julio

Las megaelecciones del 30 de julio de 2000 marcan, en el archivo opositor, un hecho que la conseja no registra: por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI presentaron candidato presidencial propio. El bipartidismo que había dominado la política venezolana durante cuarenta años, simplemente, no compitió por la presidencia.

El espacio que dejaron vacante lo ocuparon dos figuras que no venían del Pacto de Puntofijo. Una venía del chavismo en ruptura interna: Francisco Arias Cárdenas, gobernador del Zulia electo en 1998 por el MVR, exintegrante del MBR-200 que en 1992 había participado junto a Chávez en el intento de golpe contra Carlos Andrés Pérez. La otra venía del adecismo tardío: Claudio Fermín, exalcalde de Caracas por AD, candidato presidencial perdedor en 1993, que en 2000 se presentó como independiente bajo la sigla Encuentro Nacional.

Arias Cárdenas rompió con Chávez a mediados de febrero de 2000. Junto con Jesús Urdaneta y Joel Acosta Chirinos —comandantes del 4 de febrero de 1992 que habían acompañado a Chávez— hizo pública una declaración exigiendo al presidente investigar la corrupción dentro de su gobierno, incluyendo a Luis Miquilena y José Vicente Rangel. Chávez respondió llamándolos «traidores». Arias Cárdenas formalizó su candidatura presidencial el mes siguiente, con el apoyo residual de La Causa R, Bandera Roja y el MIN —ninguno de los grandes partidos del Pacto de Puntofijo—.

Las encuestas iniciales daban a Arias Cárdenas una distancia de ocho puntos frente a Chávez. Si las megaelecciones se hubieran celebrado el 28 de mayo, como originalmente estaban convocadas, esa diferencia se habría reflejado en la urna. El cambio de fecha al 30 de julio —técnicamente justificado por dificultades del CNE para garantizar el proceso— le dio a Chávez dos meses adicionales de campaña en posición de mando. El resultado: Chávez 56%, Arias Cárdenas 34%, Claudio Fermín 6,24%. Sumados, los dos candidatos opositores alcanzaron el 40,24% del voto, casi tres puntos menos que Salas Römer en 1998. Pero esa suma no significaba coalición: significaba dispersión.

AD, COPEI, Proyecto Venezuela, Convergencia: ninguno presentó candidato presidencial. La explicación pública fue, en todos los casos, una variante del mismo argumento: la nueva Constitución no era reconocida como legítima, las megaelecciones eran un proceso «viciado de origen», y la oposición no participaría en condiciones desfavorables. La explicación interna era más simple: no tenían candidato, no tenían unidad, no tenían capacidad.

El 30 de julio de 2000 fue la fecha en que la oposición venezolana terminó de desaparecer como sujeto electoral coherente. La pieza siguiente del especial empieza dos años después, cuando ese sujeto tuvo que ser reconstruido desde fuera de los partidos.

La sobrevivencia territorial

Pero la oposición no desapareció del todo. Sobrevivió en un lugar muy específico: las gobernaciones.

Mientras los partidos colapsaban a nivel nacional, los gobernadores opositores electos el 8 de noviembre de 1998 conservaron sus cargos durante todo el período de la Constituyente. Cuando llegaron las megaelecciones del 30 de julio de 2000, varios se relegitimaron y otros perdieron por márgenes estrechos. La presencia territorial opositora se mantuvo, aunque sin coordinación nacional.

Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI desde 1995 y reelegido en 1998 con respaldo amplio, fue una de las figuras clave de esa sobrevivencia. En las megaelecciones del 30 de julio de 2000, Mendoza fue reelegido en Miranda. Su presencia continuada en el estado más estratégico del centro del país —limítrofe con el Distrito Federal— lo convirtió, sin que él lo buscara como acto público, en el actor con mayor peso operativo entre los gobernadores opositores. Esa posición lo llevaría, en 2002, a coordinar la Coordinadora Democrática.

Henrique Salas Römer conservó Carabobo durante todo el período presidencial, aunque dejaría la gobernación en 2000 para que la asumiera su hijo Henrique Salas Feo, también por Proyecto Venezuela. La continuidad del proyecto territorial regional se mantuvo, pero la incidencia nacional de Salas Römer se redujo. Después de la derrota presidencial de 1998, no volvió a tener rol protagónico en la articulación opositora.

Eduardo Lapi, gobernador de Yaracuy electo en 1998 por Convergencia y reelegido en 2000, fue otro de los actores territoriales que conservaron espacio. Su trayectoria posterior lo separaría del archivo opositor —terminaría inhabilitado y procesado en años posteriores—, pero en aquel momento era voz operativa del bloque que sobrevivía.

Manuel Rosales emergía como figura nueva. Había sido derrotado en 1998 por Francisco Arias Cárdenas en la disputa por la gobernación del Zulia. En 1999 fundó el partido Un Nuevo Tiempo, en ruptura con Acción Democrática, partido al que pertenecía desde joven. En las megaelecciones del 30 de julio de 2000 fue elegido alcalde del municipio Maracaibo, su primer cargo de elección popular. La construcción de UNT como aparato regional zuliano sería, en los años siguientes, una de las piezas que la Coordinadora Democrática heredaría como base territorial. Pero en 2000, Rosales era todavía un actor emergente sin proyección nacional.

Los partidos formales —AD, COPEI— quedaron como cascarones nominales con presencia parlamentaria reducida y sin liderazgo presidencial. Los gobernadores opositores quedaron como núcleos territoriales aislados, sin coordinación nacional, manteniendo sus estados como islas de gestión opositora pero sin proyecto común. Y la sociedad civil organizada —Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, las cámaras empresariales, los gremios profesionales— empezaba a articular, fuera del sistema partidista, una nueva forma de oposición que en 2002 cobraría protagonismo.

Lo que el vacío produjo

El vacío de 1999-2000 produjo dos efectos que marcaron toda la década siguiente del archivo opositor venezolano.

El primero es estructural: cuando la oposición tuvo que reorganizarse en 2002, no pudo hacerlo desde los partidos porque los partidos ya no estaban como sujeto. La Coordinadora Democrática del 17 de octubre de 2002 nació desde Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo —tres actores no partidistas— justamente porque los actores partidistas habían perdido capacidad de convocatoria. AD entró a la Coordinadora en julio de 2002, varios meses después de que el bloque ya estuviera operando bajo conducción civil. Esa secuencia —civiles primero, partidos después— se hereda directamente del vacío de los veinte meses anteriores.

El segundo es de método: cuando la oposición venezolana del siglo XXI nació, lo hizo con la lección de 1998 mal aprendida. La conseja se quedó con que la unidad había arrancado en 1998 alrededor de Salas Römer y había seguido en la Coordinadora. Pero el archivo dice que entre Salas Römer y la Coordinadora hubo veinte meses en los que la oposición no existió, y que la Coordinadora no fue continuidad del bipartidismo sino reemplazo de él. Esa diferencia —continuidad versus reemplazo— condiciona toda la lectura siguiente. Cada vez que la oposición venezolana se reorganiza, lo hace creyendo que se está reagrupando, cuando en realidad se está sustituyendo a sí misma.

La pieza siguiente del especial reconstruye ese momento de sustitución: cómo Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo construyeron la Coordinadora Democrática entre 2001 y 2002, cómo Enrique Mendoza pasó de gobernador territorial a coordinador nacional, y cómo el revocatorio del 15 de agosto de 2004 marcó la primera derrota del nuevo sujeto opositor. Una derrota que, como las siguientes del archivo, no se asumió porque no hubo cómputo público que la validara.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Resultados electorales 1999-2000.
  • Wikipedia ES · Elecciones presidenciales de Venezuela de 2000 · Referendo constituyente de Venezuela de 1999 · Referendo constitucional de Venezuela de 1999.
  • PolítiKa UCAB · En el año 2000 las megaelecciones no fueron «el 28, el 28, el 28» sino el 30 de julio · 23 de abril de 2024.
  • EcuRed · Francisco Arias Cárdenas · ficha biográfica.
  • Poderopedia Venezuela · Francisco Arias Cárdenas · perfil documental.
  • Galizia, Giovanbatista y Nicodemo, Pasquale · Estudios de opinión pública sobre las megaelecciones del 30 de julio de 2000.
  • Centro Gumilla · análisis del Padre José Virtuoso sobre el primer año de gobierno de Chávez, julio de 2000.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
Continue Reading

Tendencias

Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa

Descubre más desde INCÍSOS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo