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Arqueología de la unidad opositora

2002-2004: la Coordinadora Democrática

La única mesa opositora venezolana del siglo XXI cuyo peso operativo no recayó en los partidos. Coordinada por Enrique Mendoza (COPEI) pero sostenida por Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo; los partidos se sumaron después. Atravesó el paro general, la mediación de la OEA, el revocatorio del 15 de agosto de 2004 y se disolvió en silencio entre 2005 y 2007.

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2002-2004: la Coordinadora Democrática venezolana
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 2
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§ Arqueología · Pieza 2

2002-2004: la Coordinadora Democrática

La única mesa opositora venezolana del siglo XXI cuyo peso operativo no recayó en los partidos. Coordinada por Enrique Mendoza (COPEI) pero sostenida por Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo; los partidos se sumaron después. Atravesó el paro general, la mediación de la OEA, el revocatorio del 15 de agosto de 2004 y se disolvió en silencio entre 2005 y 2007.

QUÉ La primera mesa opositora real del siglo XXI venezolano: la Coordinadora Democrática. Construida no por partidos sino por sociedad civil organizada, atravesó el paro petrolero, la Mesa de Negociación con la OEA y el Centro Carter, el revocatorio del 15 de agosto de 2004, y se disolvió entre 2005 y 2007.
QUIÉN Fedecámaras (Pedro Carmona, luego Carlos Fernández), la CTV (Carlos Ortega), Gente del Petróleo, la Iglesia Católica, Súmate, partidos que se sumaron tarde (AD, COPEI, MAS) y los gobernadores territoriales. Enrique Mendoza como coordinador. César Gaviria por la OEA como mediador.
CUÁNDO Del 5 de julio de 2002 (fundación) al revocatorio del 15 de agosto de 2004, con disolución entre 2005 y 2007. Treinta meses de existencia como sujeto opositor.
DÓNDE Caracas como epicentro. Plaza Francia de Altamira, sede de PDVSA en Chuao, hotel Meliá. Las refinerías de Maracaibo y Puerto La Cruz como territorio del paro.
POR QUÉ Porque la conseja describe la Coordinadora como un capítulo más del archivo opositor. El archivo dice otra cosa: fue el único intento del siglo XXI en que la oposición se construyó desde la sociedad civil y no desde los partidos. Su disolución dejó una lección que no se aprendió.
CÓMO Reconstrucción documental con cronología verificada del paro de 2002-2003, la Mesa de Negociación, el revocatorio, y las cifras electorales con la huella del primer cómputo público disputado.

La oposición cuya espina dorsal no fueron los partidos

La Coordinadora Democrática es, en el archivo opositor venezolano del siglo XXI, una rareza estructural. Fue la única mesa unitaria cuyo peso operativo no recayó en los partidos políticos. Su coordinación formal estuvo en manos de un dirigente partidista —Enrique Mendoza, entonces gobernador de Miranda por COPEI— pero la masa de la coalición la sostuvo la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos.

Para entender por qué eso importa, hay que recordar lo que la pieza anterior dejó establecido: entre 1999 y 2000, los partidos del Pacto de Puntofijo —Acción Democrática, COPEI, sus aliados— habían dejado de existir como sujeto electoral. No habían sido derrotados: se habían evaporado. Cuando Venezuela necesitó una oposición articulada en 2001 y 2002, los partidos no tenían capacidad de convocatoria, ni programa, ni candidato. La Constituyente había sustituido al Congreso, la nueva Constitución había sido aprobada sin campaña opositora efectiva, y las megaelecciones del 30 de julio de 2000 se habían disputado sin presencia de AD ni COPEI en la papeleta presidencial.

La oposición que llegó a articularse a partir de 2002 vino desde otro lugar. Vino de la sociedad civil organizada: Fedecámaras —la federación empresarial—, la Confederación de Trabajadores de Venezuela —la central sindical—, Gente del Petróleo —la organización de gerentes y técnicos de PDVSA—, la Iglesia Católica, las cámaras profesionales, Súmate —una organización ciudadana enfocada en derechos electorales—. Esa fue la base material de la Coordinadora Democrática. Los partidos se incorporaron después, como aliados de un bloque que ellos no habían construido.

Y esa secuencia —civiles primero, partidos después— condicionó todo lo que vino. No solo el éxito del bloque para articular la primera resistencia masiva al gobierno de Chávez, sino también las debilidades que terminarían disolviéndolo entre 2005 y 2007: una coalición sin estructura partidista propia, sin candidato unitario para 2006, sin método claro para asumir derrotas. La Coordinadora hizo lo que los partidos no habían podido hacer en cinco años. Pero lo hizo con materiales que no sabía cómo reorganizar después de la derrota.

Fundación: 5 de julio, 17 de octubre

La Coordinadora Democrática se fundó formalmente el 5 de julio de 2002 —Día de la Independencia de Venezuela, fecha simbólicamente cargada— y se constituyó oficialmente el 17 de octubre de 2002. Entre una y otra fecha hubo tres meses de trabajo organizativo en los que se definió su estructura, su vocería y su línea política.

Aquello no fue un proceso menor. Para que Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo se sentaran en la misma mesa con AD, COPEI, Primero Justicia, MAS, Causa R, Bandera Roja y los partidos pequeños, hizo falta mediación civil sostenida. La Iglesia Católica jugó un papel relevante: la Conferencia Episcopal Venezolana, encabezada en aquellos años por el cardenal Ignacio Velasco, articuló espacios de diálogo entre los actores opositores. Las cámaras profesionales —médicos, abogados, ingenieros— sumaron capilaridad. Las organizaciones de la sociedad civil emergente, Súmate entre ellas —impulsada por María Corina Machado y Alejandro Plaz—, aportaron infraestructura técnica.

Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI, terminó coordinando la Coordinadora desde 2004. Su selección no fue por aparato: Mendoza venía de la tradición copeyana, pero en aquel momento operaba más como gobernador territorial que como cuadro partidista. Era el actor opositor con mayor capacidad de mando territorial sobre el centro del país, el más cercano al Distrito Federal, y con el perfil de gestión que el bloque civil requería como cara pública. Su elección fue una decisión operativa, no programática.

Los voceros operativos del bloque civil fueron tres figuras que ocuparon los meses más intensos de la confrontación: Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras, que tras los hechos del 11 de abril de 2002 —ya tratados en otra pieza del especial— se escapó caminando del lugar donde estaba bajo custodia y salió al exilio vía Colombia, sin gestión previa de salida; Carlos Fernández, sucesor de Carmona en la presidencia de Fedecámaras, que asumió el liderazgo empresarial durante el paro de 2002-2003 y terminó detenido por las autoridades venezolanas en febrero de 2003; y Carlos Ortega, electo presidente de la CTV en 2001, líder del componente sindical del bloque y vocero más visible durante el paro general. Ortega terminaría en el exilio en Costa Rica en 2003, condenado en ausencia, y escapando de prisión en agosto de 2006.

AD entró formalmente a la Coordinadora en julio de 2002, varios meses después de que el bloque ya estuviera operando bajo conducción civil. Esa secuencia es la huella material del vacío anterior: cuando la oposición necesitó organizarse, los partidos no estaban en condiciones de liderar. Se sumaron a una mesa que otros habían armado.

El paro y la mesa

Entre el 2 de diciembre de 2002 y febrero de 2003, la Coordinadora Democrática convocó —en alianza con Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo— a un paro general indefinido. Sesenta y tres días de paralización. La huelga combinó cierre patronal empresarial, suspensión de actividades sindicales, y la paralización de la gerencia técnica de PDVSA. Su objetivo declarado fue la convocatoria a elecciones anticipadas o la renuncia del presidente Chávez.

El paro escaló rápidamente al sector petrolero. El 5 de diciembre de 2002, la tripulación del buque petrolero Pilín León se declaró en rebeldía y fondeó la embarcación en el canal de navegación del Lago de Maracaibo. Las refinerías se paralizaron. La producción nacional de crudo, que rondaba los 3 millones de barriles diarios antes del paro, se derrumbó. La oposición se concentró en la Plaza Francia de Altamira y en la sede de PDVSA en Chuao; el chavismo, en Miraflores y en la Plaza Bolívar.

La salida del paro no fue una victoria opositora. Fue un desgaste de ambos lados, en condiciones progresivamente desfavorables para el bloque que paralizaba. A principios de febrero de 2003, el gobierno de Chávez procedió a despedir a más de 18.000 trabajadores de PDVSA que habían participado en el paro, en una operación que reorganizó completamente la nómina de la empresa estatal. Esa fue una de las consecuencias materiales más duraderas del proceso: la pérdida de la meritocracia técnica de la petrolera y el comienzo de la militancia política como criterio de empleo en el sector estratégico de la economía venezolana.

Mientras el paro ocurría, la Mesa de Negociación y Acuerdos se había instalado el 8 de noviembre de 2002 en el hotel Meliá Caracas. La mediación la encabezó el secretario general de la OEA, expresidente colombiano César Gaviria. La acompañaron el Centro Carter del expresidente estadounidense Jimmy Carter, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y un Grupo de Países Amigos liderado por Brasil. Por el lado de la Coordinadora, seis representantes; por el lado del gobierno, otros seis.

La Mesa funcionó durante seis meses y medio, paralelamente al paro y a las protestas. Su producto principal fue el Acuerdo del 29 de mayo de 2003, que estableció el referendo revocatorio como salida constitucional a la crisis política. El acuerdo se firmó cuando el paro había sido derrotado materialmente y cuando el gobierno había recuperado el control operativo de PDVSA. La Coordinadora aceptaba la vía electoral; el gobierno aceptaba someter al presidente a consulta popular.

Las firmas, el reparo, el revocatorio

La ruta hacia el revocatorio del 15 de agosto de 2004 fue larga, técnica y disputada. La Coordinadora recolectó firmas durante 2003, con Súmate como organismo operativo de la verificación. Hubo dos procesos sucesivos: una primera recolección a finales de 2003 cuyas firmas fueron parcialmente objetadas por el Consejo Nacional Electoral; y un segundo proceso —el reparo de mayo de 2004— en el que las firmas dudosas se sometieron a ratificación ciudadana. De ese reparo salió la convocatoria al revocatorio.

El proceso de firmas dejó un costo político. El CNE bajo conducción del oficialismo introdujo criterios de validación que la Coordinadora consideró arbitrarios. Súmate, como organismo verificador, terminó procesada penalmente por sus directivas: María Corina Machado y Alejandro Plaz fueron imputadas por «conspiración para destruir la forma republicana de gobierno» tras recibir financiamiento del National Endowment for Democracy estadounidense. El proceso contra Súmate se mantuvo durante años y marcó el inicio de la judicialización política de los actores opositores no partidistas.

El 15 de agosto de 2004 se celebró el referendo revocatorio. La pregunta única: «¿Está usted de acuerdo con dejar sin efecto el mandato popular otorgado mediante elecciones democráticas legítimas al ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela?» El SÍ era la opción opositora; el NO, la oficialista. El resultado oficial: NO 59,10% con 5.800.629 votos · SÍ 40,64% con 3.989.008 votos. Una distancia de 18 puntos.

La Coordinadora Democrática no reconoció el resultado. La denuncia central fue la presunta manipulación electrónica del sistema de votación, articulada en torno a las máquinas Smartmatic recién introducidas por el CNE. Los observadores internacionales —el Centro Carter y la misión de la OEA encabezada por Gaviria— certificaron el resultado oficial, dando por válido el triunfo del NO. La oposición no aceptó esa certificación. La conferencia de prensa de Jimmy Carter el 16 de agosto, validando el resultado, marcó el inicio del distanciamiento del Centro Carter de la oposición venezolana, distanciamiento que se profundizaría en los años siguientes.

Esa derrota —no reconocida internamente por la propia oposición— inauguró el patrón que el especial entero documenta: cuando un resultado electoral termina sin validación pública asumida por las partes, lo que se construyó alrededor de ese resultado se disuelve.

Las protestas, el día siguiente

En los días posteriores al 15 de agosto de 2004, hubo protestas opositoras en varias ciudades del país. Las concentraciones más visibles ocurrieron en la zona este de Caracas, en municipios bajo gestión opositora. Hubo enfrentamientos con fuerzas de seguridad y con grupos civiles afectos al gobierno. Hubo muertos en esas protestas. Uno de los casos más documentados es el de Maritza Ron, ciudadana opositora caída en circunstancias que sus familiares y la Coordinadora atribuyeron a la represión oficial. Su nombre quedó en el archivo de las víctimas civiles del proceso, junto a otras víctimas de aquel periodo que no recibieron justicia ni esclarecimiento público.

El archivo venezolano de víctimas de violencia política durante el período 2002-2004 es extenso, y excede los alcances de esta pieza. Lo que esta pieza sí registra es el efecto editorial del cierre: la Coordinadora no asumió la derrota del 15 de agosto, no reconoció los resultados oficiales, no encontró una vía de continuidad política después del fracaso del referendo. La energía organizativa que había sostenido el paro, la mesa de negociación y la recolección de firmas se disipó en los meses siguientes.

Disolución sin sucesión

La Coordinadora Democrática no fue disuelta formalmente. Se evaporó. Entre 2005 y 2007 sus actores principales se reorganizaron por separado, sin acto fundacional de transición, sin documento de cierre, sin entrega de testigo a una nueva mesa.

Carlos Ortega, líder sindical del bloque, fue sentenciado a 16 años de prisión en 2005 y escapó del Fuerte Tiuna el 13 de agosto de 2006. Se exilió en Perú y posteriormente en Estados Unidos. Su salida cerró la presencia operativa de la CTV en el archivo opositor del siglo XXI.

Carlos Fernández, presidente de Fedecámaras durante el paro, había salido al exilio en febrero de 2003 después de ser detenido y luego liberado bajo medidas cautelares. Pedro Carmona, su predecesor, había salido al exilio en mayo de 2002. La sucesión patronal posterior optó por bajar el perfil político del gremio empresarial. Fedecámaras se retiró del primer plano del activismo opositor.

Gente del Petróleo quedó disuelta de hecho con el despido masivo de PDVSA. Sus dirigentes —Horacio Medina, Juan Fernández, otros— continuaron como voces individuales del exilio técnico petrolero, sin estructura organizativa nacional.

Enrique Mendoza perdió la reelección a la gobernación de Miranda en las regionales del 31 de octubre de 2004, apenas dos meses y medio después del referendo revocatorio, frente al chavista Diosdado Cabello. Esa derrota lo dejó sin plataforma territorial. Cabello gobernaría Miranda hasta 2008, cuando Henrique Capriles le ganaría la reelección. Mendoza no volvió a tener rol protagónico en el archivo opositor después de la disolución de la Coordinadora. Murió de leucemia el 3 de abril de 2023.

Súmate sobrevivió como organización ciudadana, pero su rol político se redujo. Su líder, María Corina Machado, iniciaría a partir de 2009 la construcción de Vente Venezuela como proyecto político propio, fuera del sistema partidista heredado y fuera de la línea de continuidad de la Coordinadora.

Para 2007, los partidos políticos opositores quedaron como única estructura sobreviviente. Los actores civiles que habían liderado la Coordinadora estaban fuera del país, fuera del primer plano, o reorientados hacia proyectos individuales. La oposición venezolana, que se había construido por reemplazo del bipartidismo en 2002, necesitaba ser reconstruida otra vez. Lo que vino después —el Acuerdo de Unidad Nacional de enero de 2008 y, sobre todo, la fundación operativa de la Mesa de la Unidad Democrática en el segundo trimestre de 2009— fue, justamente, esa reconstrucción. Esta vez sí desde los partidos, porque la sociedad civil había agotado su capacidad de ser sujeto opositor.

Lo que la Coordinadora dejó al archivo

La Coordinadora Democrática dejó tres legados al archivo opositor venezolano del siglo XXI.

Primero, demostró que es posible construir oposición política desde la sociedad civil organizada cuando los partidos no pueden hacerlo. Esa lección quedó en reserva. Cuando la MUD se disolvió por orden del TSJ en enero de 2018, y cuando el interinato de Juan Guaidó no logró convertirse en estructura partidista sucesoria, la oposición venezolana tuvo, en teoría, ese modelo disponible. No lo retomó. Las razones de por qué no lo retomó pertenecen a otra pieza del especial.

Segundo, dejó establecido el patrón que define todo el archivo siguiente: una derrota electoral no asumida funciona como destructora del sujeto que la sufrió. La Coordinadora no perdió por margen estrecho el 15 de agosto de 2004; perdió por 18 puntos. Pero esos 18 puntos no fueron asumidos como derrota política. Se procesaron como fraude denunciado pero no comprobado en términos que la propia oposición pudiera convertir en plataforma de futuro. Esa imposibilidad de duelo electoral es exactamente lo que la pieza siguiente del especial documenta como mecánica recurrente.

Tercero, dejó una pregunta abierta que veintidós años después la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026 sigue sin contestar: ¿qué hace una oposición cuando los resultados electorales no la favorecen y no encuentra cómo aceptarlos como tales? La Coordinadora respondió con disolución silenciosa. Las mesas siguientes —MUD, PUD, Panamá— respondieron con reorganización. Pero el problema estructural sigue ahí: cuando una elección no se valida con cómputo público transparente, ningún sujeto opositor puede asumirla sin disolverse. Y cuando se valida pero el sujeto opositor pierde, tampoco puede asumirla porque no construyó las herramientas internas para procesar la derrota.

La pieza siguiente del especial recorre los años 2005 a 2007: el primer gran momento de retiro electoral opositor (parlamentarias de diciembre de 2005), la primera primaria que no llegó a serlo (consenso alrededor de Manuel Rosales para las presidenciales de 2006), y el primer triunfo opositor del siglo XXI: la victoria del «No» en el referendo de reforma constitucional del 2 de diciembre de 2007, ganada por un actor que no era ninguno de los partidos: el movimiento estudiantil surgido tras el cierre de RCTV el 27 de mayo de 2007.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Resultados del referendo revocatorio del 15 de agosto de 2004.
  • Wikipedia ES · Coordinadora Democrática (Venezuela) · Referéndum revocatorio de Venezuela de 2004 · Paro general en Venezuela de 2002-2003.
  • García Soto, Carlos · ¿Cómo fue el Referendo Revocatorio Presidencial de 2004? · serie de tres entregas · Prodavinci, septiembre de 2016.
  • PolítiKa UCAB · El referendo de 2004 o el quiebre de la confianza · 11 de septiembre de 2024.
  • Centro Carter · Reporte de observación del referendo revocatorio de Venezuela 2004.
  • Carlos Ortega · Confederación de Trabajadores de Venezuela · biografía documental (CTV, Wikipedia, Provea).
  • Romero, Juan Eduardo · 15 de agosto de 2004: referendo revocatorio en Venezuela · análisis histórico, agosto de 2011.
  • Provea · Despido de 18.000 trabajadores de PDVSA: documentación de derechos laborales · abril de 2022.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
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Arqueología de la unidad opositora

Los mismos de siempre

Hay una frase que aparece cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Apareció en los pasillos de la Asamblea Nacional electa en 2015. Apareció después del 16 de julio de 2017. Volvió a aparecer durante el interinato. Estuvo en las primarias de octubre de 2023. Y reapareció, esta semana, mientras María Corina Machado convocaba en Ciudad de Panamá a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática para preparar el encuentro del lunes 25 de mayo con el presidente José Raúl Mulino.

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Los mismos de siempre — recurrencia política venezolana
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§ Especial · Inciso de apertura
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§ Inciso firmado · Apertura

Los mismos de siempre

Por Alfredo Yánez Mondragón · Fundador y editor en jefe de INCÍSOS · Edición del viernes 29 de mayo de 2026

Hay una frase que aparece cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Apareció en los pasillos de la Asamblea Nacional electa en 2015. Apareció después del 16 de julio de 2017. Volvió a aparecer durante el interinato. Estuvo en las primarias de octubre de 2023. Y reapareció, esta semana, mientras María Corina Machado convocaba en Ciudad de Panamá a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática para preparar el encuentro del lunes 25 de mayo con el presidente José Raúl Mulino.

La frase es esta: son los mismos de siempre.

La he escuchado en Doral, en Madrid, en Houston, en un café de Buenos Aires, en una conversación de WhatsApp a las cuatro de la mañana. La dicen con cansancio. La dicen con resignación. La dicen, a veces, con rabia. Y la dicen casi siempre con razón aparente: si uno mira la mesa de Panamá del 22 al 23 de mayo, encuentra a Leopoldo López, a Magalli Meda, a Juan Pablo Guanipa, a Delsa Solórzano, a Roberto Enríquez, a Biagio Pilieri. Encuentra siglas que llevan décadas escritas en el mismo papel: COPEI, Primero Justicia, Voluntad Popular, Causa R, Encuentro Ciudadano, Vente Venezuela. Encuentra a María Corina Machado, que ya estaba ahí en 2012 disputando una primaria.

La conseja, vista a esa distancia, parece confirmarse sola. Pero las consejas tienen una característica peligrosa: explican mucho con muy poco, y por eso ahorran el trabajo de pensar. Antes de aceptarla o de descartarla, vale revisarla con archivo a la mano.

Este especial es ese ejercicio.

INCÍSOS no llega con un veredicto. No vamos a decir que son los mismos. No vamos a decir que no lo son. Vamos a abrir el archivo y a poner sobre la mesa lo que el archivo dice: cinco intentos sucesivos de unidad opositora en Venezuela desde 1998 hasta hoy, cada uno con su génesis, sus actores, sus éxitos verificables y sus fracasos también verificables. La unidad de los cuatro días de 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El vacío opositor de 1999 y 2000, cuando la oposición sencillamente no existió como factor electoral. La Coordinadora Democrática de 2002, coordinada por Enrique Mendoza —gobernador de Miranda por COPEI— pero sostenida operativamente, sobre todo, por la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos: Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, Gente del Petróleo. El Acuerdo de Unidad Nacional de enero de 2008 entre partidos opositores, que daría paso a la fundación operativa de la Mesa de la Unidad Democrática en el segundo trimestre de 2009. Las primarias de febrero de 2012, con casi dos millones de votantes. El Frente Amplio Venezuela Libre de 2018, cuando la MUD fue inhabilitada por el Tribunal Supremo de Justicia. La Plataforma Unitaria Democrática lanzada por Juan Guaidó en abril de 2021. Las primarias de octubre de 2023, ganadas por Machado con más del 90% de los votos.

Cinco plataformas, no una. Y entre cada una y la siguiente, una pregunta que vale formular sin sentimentalismo: ¿qué se conservó? ¿Qué se rompió? ¿Quiénes estaban en 1998 y siguen sentados en una mesa veintiocho años después? ¿Quiénes entraron en 2002 y desaparecieron en 2008? ¿Quiénes aparecieron en 2012 y son hoy el centro del proyecto?

La diáspora venezolana en Estados Unidos —especialmente en el sur de Florida, en Texas, en el área de Nueva York— tiene derecho a esa información ordenada. No al panfleto que celebra. No al panfleto que condena. A la información ordenada.

Hay algo que quiero adelantar, porque me parece honesto decirlo antes de que el lector entre a las piezas. Cuando uno revisa el archivo de cerca, lo que aparece no es una continuidad lineal. Aparece una historia con rupturas mayores. El bipartidismo que sostuvo a Salas Römer en 1998 había dejado de ser bipartidismo en términos electorales meses antes. La Coordinadora Democrática de 2002 fue, en buena medida, una construcción ajena a los partidos tradicionales: nació desde fuera de los aparatos. La MUD de 2008 fue el primer intento serio de articular partidos como tales, y duró diez años hasta que el Tribunal Supremo la borró. La Plataforma Unitaria es heredera nominal de la MUD, pero opera en condiciones radicalmente distintas: con su candidato electo en el exilio, con su coordinadora dentro del país en clandestinidad parcial durante 2024 y 2025, con su agenda escrita desde mesas en Doha, en Washington, ahora en Ciudad de Panamá.

Lo que cambia es tan importante como lo que permanece. Y la conseja, al borrar las rupturas, hace un favor que no le pidieron al chavismo civil que hoy administra el rodrigato: lo libera de tener que explicar qué hizo en los últimos veintiocho años con los actores políticos que sí cambiaron de proyecto, de método, de generación.

Este especial se publica completo en una sola edición. No por entregas escalonadas, no en cuotas, no a cuentagotas: las trece piezas reconstructivas que componen el cuerpo del archivo más esta apertura y un inciso de cierre, todo junto, para que el lector pueda recorrer el archivo en el orden que le resulte más útil. Hay un mapa cruzado de los actores en cinco plataformas. Hay una pieza sobre la fractura interna del bloque opositor en 2025. Hay un capítulo dedicado a 2015-2018, los años en que una victoria parlamentaria histórica fue desmontada institucionalmente. Hay una pieza sobre la cita de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo. Y hay una pieza incómoda, la última de la secuencia reconstructiva, sobre el actor externo que la oposición venezolana del siglo XXI no ha terminado de nombrar con claridad: el gobierno de los Estados Unidos en sus dos extremos del arco, 2019 y 2026.

Faltará al cierre una pieza más, que aún no estará lista esta semana: la entrevista a Roberto Enríquez, actual secretario ejecutivo pro tempore de la Plataforma Unitaria Democrática, donde el archivo arqueológico recibe la respuesta de quien lo administra hoy desde adentro. Esa pieza se incorporará al especial en cuanto la conversación se haya producido. El resto del archivo está sobre la mesa desde el primer momento.

Después de leer el especial completo, cada lector hará su propio juicio. INCÍSOS no se lo entrega digerido. Se lo entrega con el archivo abierto sobre la mesa, como cuando uno revisa el árbol genealógico de una familia y descubre que las semejanzas no eran las que uno creía, y las diferencias estaban en lugares que nadie había mirado.

La frase son los mismos de siempre puede ser cierta, puede ser falsa o puede ser ambas cosas en partes distintas. Lo que no puede ser, después de este ejercicio, es una respuesta sin examen.

Eso es lo que viene.

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Arqueología de la unidad opositora

1998: la unidad que no fue

La conseja popular dice que la unidad opositora venezolana arrancó en 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El archivo dice otra cosa. Lo que arrancó fue el colapso del bipartidismo del Pacto de Puntofijo, leído tarde por los partidos y ratificado a cuatro días de la elección presidencial. La gente lo había decidido mucho antes.

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1998: la unidad opositora que no fue antes de Chávez
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§ Especial · Pieza 1
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§ Arqueología · Pieza 1

1998: la unidad que no fue

La conseja popular dice que la unidad opositora venezolana arrancó en 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El archivo dice otra cosa. Lo que arrancó fue el colapso del bipartidismo del Pacto de Puntofijo, leído tarde por los partidos y ratificado a cuatro días de la elección presidencial. La gente lo había decidido mucho antes.

QUÉ El primer intento de unidad opositora del siglo XXI venezolano no fue una mesa: fue el colapso del bipartidismo, ratificado en regionales adelantadas el 8 de noviembre de 1998 y formalizado en cuatro días alrededor del candidato Henrique Salas Römer.
QUIÉN Acción Democrática, COPEI, Polo Democrático y los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales. Luis Alfaro Ucero, Irene Sáez y Henrique Salas Römer como candidatos en disputa. Hugo Chávez Frías como ganador final.
CUÁNDO Del 8 de noviembre de 1998 (regionales adelantadas) al 6 de diciembre de 1998 (presidenciales). Veintiocho días entre dos elecciones que sellaron el fin del bipartidismo del Pacto de Puntofijo.
DÓNDE Las gobernaciones de los estados de Venezuela. El mapa territorial decidió antes que los partidos.
POR QUÉ Porque la conseja dice que la unidad opositora venezolana arrancó con Salas Römer en 1998. El archivo dice otra cosa: lo que arrancó fue el colapso, formalizado tarde.
CÓMO Reconstrucción documental de los veintiocho días entre el 8 de noviembre y el 6 de diciembre de 1998, con cifras electorales verificadas contra el CNE y los archivos académicos venezolanos.

La conseja dice que aquí empezó la unidad

La conseja popular sobre la oposición venezolana fija un año cero: 1998. Salas Römer como candidato unitario táctico. Acción Democrática y COPEI retirando sus candidaturas a cuatro días de la elección presidencial para evitar la victoria de Hugo Chávez. Una unidad de último minuto, escasa, derrotada en la urna del 6 de diciembre, pero unidad al fin. Así empezó, dice la conseja. Lo que vino después —Coordinadora, MUD, PUD, Panamá 2026— sería continuidad de aquel primer impulso.

Cuando uno revisa el archivo, esa lectura no se sostiene. No porque sea falsa en su superficie, sino porque borra lo más importante de lo que pasó.

Lo que pasó en 1998 no fue una unidad. Fue una rendición. Y la rendición no ocurrió en cuatro días, sino en veintiocho —entre las regionales adelantadas del 8 de noviembre y la presidencial del 6 de diciembre—. Y antes de esos veintiocho días, durante los seis meses previos, ya estaba ocurriendo algo más profundo: el bipartidismo del Pacto de Puntofijo —el que firmaron Acción Democrática, COPEI y Unión Republicana Democrática el 31 de octubre de 1958 en la casa de Rafael Caldera llamada Puntofijo— se desmoronaba en cámara lenta. La gente lo había hecho mucho antes que los partidos.

Esta pieza reconstruye ese desmoronamiento. No el de los últimos cuatro días, que es la parte fácil. El de los meses anteriores y los veintiocho días que vinieron después de las regionales. Porque ahí es donde está la primera lección del archivo opositor venezolano: la conseja confunde la rendición de los partidos con la unidad de la gente, y desde entonces no ha vuelto a poder leer el archivo con precisión.

Lo que el 8 de noviembre dejó ver

El 8 de noviembre de 1998 hubo elecciones regionales en Venezuela. Ese año, por decisión política y técnica, las regionales se separaron de las presidenciales: se adelantaron un mes. Era la primera vez que ocurría. La intención declarada fue «fortalecer el liderazgo nacional», dándole a los partidos un termómetro previo a la presidencial.

El termómetro arrojó tres datos cruzados que vale leer en conjunto.

Primero, los partidos del Pacto de Puntofijo todavía existían electoralmente. Acción Democrática conservaba ocho gobernaciones y el 24% del voto parlamentario, manteniéndose como el partido individual más grande del país. COPEI ganaba cuatro gobernaciones. Proyecto Venezuela —escisión reciente de COPEI liderada por Henrique Salas Römer— se imponía en Carabobo. Convergencia, el partido de Rafael Caldera entonces en la presidencia, retenía Yaracuy. La Causa R conservaba Zulia con Francisco Arias Cárdenas. Sumados, los partidos opositores al chavismo emergente —el bipartidismo histórico más las disidencias de centro y derecha— controlaban diecinueve de las veintitrés gobernaciones del país.

Segundo, el Movimiento Quinta República de Chávez, fundado apenas un año antes, ganaba cuatro gobernaciones como partido más votado dentro de su coalición —el Polo Patriótico, que incluía MAS, PPT, PCV, MEP y otras fuerzas pequeñas—. En parlamentarias obtenía 19,87% del voto, un escalón por debajo de AD.

Tercero, y este es el dato que la conseja borra: AD, COPEI y Proyecto Venezuela sumaban juntos el 51,49% del voto parlamentario, mayoría absoluta en ambas cámaras. Sumaban 30 bancas en el Senado y 109 diputados sobre 207. Si la oposición al chavismo emergente se hubiera articulado el 8 de noviembre como bloque parlamentario y territorial, habría tenido mayoría en el Congreso desde el primer día del nuevo gobierno.

El mapa del 8 de noviembre no decía colapso. Decía algo más sutil: la fuerza del bipartidismo seguía ahí, pero ya no estaba sosteniendo a sus candidatos presidenciales.

Los veintiocho días

Entre el 8 de noviembre y el 6 de diciembre de 1998, la opinión pública venezolana hizo lo que los partidos no habían sabido leer. Las encuestas de los días posteriores a las regionales fueron registrando un derrumbe sostenido en dos figuras y un ascenso paralelo en una tercera.

Luis Alfaro Ucero, candidato presidencial de Acción Democrática, era simultáneamente secretario general del partido. Había llegado a la candidatura por imposición interna sobre una rebelión que su propio aparato no logró contener. Su intención de voto en encuestas, después del 8 de noviembre, caía hacia un solo dígito.

Irene Sáez Conde, alcaldesa de Chacao desde 1992, había sido la candidata más mencionada en las encuestas iniciales de 1998. En agosto encabezaba la intención de voto. El respaldo de COPEI a su candidatura —decisión tomada por la dirigencia partidista pese a que Sáez venía de fuera del aparato— terminó funcionando contra ella: la asociación con un partido en crisis de representatividad le restó voto independiente. Después del 8 de noviembre, su intención también se derrumbaba.

Hugo Chávez, en cambio, crecía. La decepción ciudadana con el bipartidismo —que en el plebiscito implícito del 8 de noviembre todavía no se había trasladado al voto parlamentario— sí se trasladaba al voto presidencial. En las semanas posteriores a las regionales, el ascenso de Chávez fue continuo. Y al mismo ritmo crecía la figura que quedaba en el espacio opositor: Henrique Salas Römer, gobernador de Carabobo, fundador de Proyecto Venezuela, candidato presidencial sin el respaldo formal de los grandes partidos tradicionales.

Salas Römer no era un candidato del Pacto de Puntofijo. Venía del COPEI, sí, pero había roto con el partido y fundado su propia estructura regional. Sus referencias eran de gestión local —Carabobo como estado modelo—, no de aparato nacional. Y en esos veintiocho días, mientras Sáez y Alfaro Ucero se derrumbaban, la gente que rechazaba a Chávez se concentró en Salas Römer sin consultar a los partidos. Los partidos llegaron a ratificar lo que la opinión pública ya había decidido en encuestas.

La rendición de los cuatro días

El 2 de diciembre de 1998, a cuatro días de la elección presidencial, Acción Democrática anunció el retiro del respaldo a Luis Alfaro Ucero —su propio secretario general— y endosó su apoyo a Henrique Salas Römer. COPEI hizo lo mismo con Irene Sáez. Otros partidos menores siguieron en cadena.

La cobertura periodística de aquellos cuatro días, leída con distancia, encierra una contradicción. Por un lado, los voceros partidistas presentaron la decisión como un gesto de responsabilidad histórica: unidad para frenar la victoria de Chávez. Por otro, los analistas políticos del momento la describían como lo que era: el último acto de partidos que ya no tenían capacidad de mover el voto de sus propias bases. Como observaron entonces Luis Lander y Margarita López Maya —analistas del Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV— las regionales del 8 de noviembre habían funcionado «como una suerte de primera vuelta» en la que los partidos vieron que sus candidatos no aguantaban. La operación de los cuatro días no creó la unidad: ratificó una decisión que la gente había venido tomando durante semanas.

El 6 de diciembre, Hugo Chávez ganó con el 56,2% de los votos. Salas Römer obtuvo 39,97%. Una distancia de dieciséis puntos. Alfaro Ucero, en la papeleta, alcanzó el 0,4%. Sáez, el 2,8%. Sumados, los votos del bipartidismo y sus aliados no llegaron a igualar la presidencial de Chávez.

Aquella noche, en las sedes de AD y COPEI, no hubo recuento de daños. Hubo declaraciones que prometían reorganización. La conseja se quedó con esa imagen: la unidad de cuatro días había nacido, había perdido, y de ahí en adelante la oposición venezolana sería continuidad y reagrupación. La pieza siguiente del especial revisará el primer dato que esa lectura no permite ver: que entre 1999 y 2000, esa oposición simplemente no existió como factor electoral.

Por qué importa esto, leído desde 2026

Para el lector hispano en Estados Unidos —sobre todo el venezolano de la diáspora— esta arqueología puede sonar a detalle académico. No lo es. La razón por la que importa es directa: cada vez que se mira la mesa de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026, y se siente que «son los mismos de siempre», la frase opera sobre una premisa que es el legado de 1998: que existió alguna vez una unidad opositora estable, que esa unidad atravesó veintiocho años, y que lo que vemos hoy es la versión envejecida de aquella primera coalición.

El archivo dice que no. Lo de 1998 no fue una unidad: fue una rendición. Lo de 1998 no fue la fundación de un proyecto opositor: fue el último acto de un proyecto bipartidista que ya no podía sostener a sus candidatos. Y los nombres que sostuvieron la candidatura de Salas Römer en aquellos cuatro días —Eduardo Fernández por COPEI, los voceros restantes de Acción Democrática tras la rebelión interna contra Alfaro Ucero, y el respaldo territorial articulado por los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales del 8 de noviembre, entre los que figuró de manera central Enrique Mendoza desde Miranda, sin acto político público pero con peso operativo en el cambio de caballo— casi todos quedaron fuera del archivo opositor que vino después. Algunos —Mendoza, Eduardo Fernández— reaparecerían en la Coordinadora Democrática de 2002. Otros —Salas Römer mismo— terminarían como referencias residuales, sin rol en la MUD ni en lo que vino.

Lo que en cambio sí marcó el archivo de 1998 fue una lección que la oposición venezolana no ha terminado de aprender en veintiocho años: cuando la gente decide antes que los partidos, los partidos llegan tarde, y la decisión política colectiva no es la suma de los aparatos sino la lectura del voto que ya migró. En 1998, ese voto migró hacia Chávez. Los partidos del Pacto de Puntofijo lo registraron cuatro días tarde. La unidad opositora venezolana arrancó así. Y la conseja, al borrar el contexto, convierte una rendición tardía en un mito fundacional.

El cierre del año cero

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez tomó posesión de la presidencia. AD seguía siendo el partido individual más grande de Venezuela en términos de bancas parlamentarias. COPEI mantenía estructura nacional. Proyecto Venezuela conservaba Carabobo. Convergencia, Yaracuy. La Causa R, Zulia. Sobre el papel, la oposición tenía capacidad de obstrucción legislativa y presencia territorial.

Sobre el papel.

Lo que la pieza siguiente del especial reconstruye es lo que pasó en los veinte meses siguientes —de febrero de 1999 a las elecciones de relegitimación del 30 de julio de 2000— cuando esa estructura nominal se evaporó casi sin oposición visible. Aquellos partidos que habían sumado el 51,49% del voto parlamentario en noviembre de 1998 no lograron articularse para enfrentar ni la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, ni el referendo aprobatorio de la nueva Constitución en diciembre de 1999, ni la elección que relegitimó a Chávez y al nuevo cuerpo legislativo en julio de 2000.

Entre 1999 y 2000 la oposición venezolana no fue derrotada electoralmente: dejó de existir como sujeto electoral coherente. Eso es lo que viene en la pieza 1.5.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Dirección de Estadísticas Electorales · Resultados Electorales 1998 (CD-ROM).
  • Wikipedia ES · Elecciones regionales de Venezuela de 1998 · Elecciones presidenciales de Venezuela de 1998 · Elecciones parlamentarias de Venezuela de 1998.
  • Maingon, Thais y Sonntag, Heinz R. · Los resultados de las elecciones de 1998 en Venezuela: ¿hacia un cambio político? · Revista de Ciencias Sociales, Vol. 6, no. 1, enero 2000.
  • Lander, Luis y López Maya, Margarita · Análisis publicados en revistas académicas venezolanas sobre el proceso 1998-1999.
  • PolítiKa UCAB · Elecciones de 1998: El preámbulo de los grandes cambios · 6 de marzo de 2024.
  • Centro de Investigaciones de Política Internacional · Elecciones regionales en Venezuela. Apuntes para un análisis · febrero 2022.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
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Arqueología de la unidad opositora

1999-2000: el vacío opositor

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez y las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la oposición venezolana atravesó veinte meses sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. Por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI compitieron por la presidencia. El primer vacío del archivo opositor del siglo XXI.

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1999-2000: el vacío opositor venezolano
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 1.5
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§ Arqueología · Pieza 1.5

1999-2000: el vacío opositor

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez y las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la oposición venezolana atravesó veinte meses sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. Por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI compitieron por la presidencia. El primer vacío del archivo opositor del siglo XXI.

QUÉ Entre el 2 de febrero de 1999 y el 30 de julio de 2000, la oposición venezolana dejó de existir como sujeto electoral. No fue derrotada en una urna: se evaporó sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. El primer vacío del archivo opositor.
QUIÉN AD y COPEI sin estrategia. Los gobernadores opositores aislados: Enrique Mendoza (Miranda), Henrique Salas Römer (Carabobo), Eduardo Lapi (Yaracuy), Manuel Rosales (emergiendo en Zulia). Francisco Arias Cárdenas rompiendo con Chávez en febrero de 2000.
CUÁNDO Veinte meses. Toma de posesión de Chávez (2 de febrero de 1999), Constituyente (25 de abril de 1999), Constitución (15 de diciembre de 1999), ruptura de Arias Cárdenas (mediados de febrero de 2000), megaelecciones (30 de julio de 2000).
DÓNDE Venezuela, en el aire institucional. La Constituyente sustituyó al Congreso. El nuevo poder se construyó sin contrapeso.
POR QUÉ Porque entender este vacío explica por qué la primera mesa opositora del siglo XXI —la Coordinadora Democrática de 2002— estuvo coordinada por un dirigente partidista (Enrique Mendoza, COPEI) pero su peso operativo lo llevó la sociedad civil organizada. Los partidos como sujeto político habían colapsado.
CÓMO Reconstrucción documental de los procesos electorales y constituyentes de 1999 y 2000, con cifras verificadas y la huella de la ausencia opositora en cada hito.

El primer vacío

Cuando una oposición pierde una elección y reorganiza, el archivo lo registra. Cuando una oposición simplemente desaparece como sujeto electoral, el archivo casi no tiene cómo registrarlo. Por eso esta pieza es la más difícil de escribir del especial: porque su tema es lo que no ocurrió, lo que no se hizo, las semanas en que el espacio opositor en Venezuela quedó vacante y nadie lo ocupó.

Entre el 2 de febrero de 1999 y el 30 de julio de 2000, en veinte meses, Venezuela vivió la mayor transformación institucional de su historia moderna: una Asamblea Nacional Constituyente, una nueva Constitución, la relegitimación simultánea de todos los poderes públicos. Y en ese mismo período, los partidos que el 8 de noviembre de 1998 habían sumado el 51,49% del voto parlamentario —AD, COPEI, Proyecto Venezuela y sus aliados— no presentaron candidato presidencial unitario, no articularon coalición, no propusieron texto constitucional alternativo, no construyeron agenda visible. Estuvieron, sobre el papel. No fueron, en los hechos.

Esa ausencia es el primer vacío del archivo opositor venezolano del siglo XXI. Y entender por qué ocurrió es entender por qué la primera mesa opositora real —la Coordinadora Democrática de 2002— estuvo coordinada por un dirigente partidista (Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI) pero su peso operativo lo llevó la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos. Cuando llegó el momento de hacer oposición, los partidos del Pacto de Puntofijo ya no estaban como sujeto político.

Lo que se construyó en el vacío

La cronología institucional de aquel período es vertiginosa.

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez tomó posesión de la presidencia. En el discurso de juramento, juró sobre «esta moribunda Constitución» —se refería a la de 1961— y anunció su propósito de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Era el primer movimiento del nuevo gobierno y el más decisivo: si la Constitución de 1961 podía ser sustituida por una nueva sin pasar por el Congreso vigente, la mayoría parlamentaria opositora dejaba de tener relevancia política.

El 25 de abril de 1999, un referendo consultivo aprobó la convocatoria a la Constituyente con el 87,75% de los votos. La oposición partidista no logró articular una campaña por el «No». No hubo voz unitaria, no hubo aparato, no hubo movilización. El resultado se interpretó como un mandato amplio para el proyecto chavista.

El 25 de julio de 1999 se eligieron los 131 constituyentes. El chavismo obtuvo 125 escaños. La oposición, 6. La Constitución de 1999 fue redactada, debatida y aprobada en ese cuerpo, prácticamente sin contrapeso.

El 15 de diciembre de 1999, un nuevo referendo aprobó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela con el 71,78% de los votos. La oposición tampoco logró articular una campaña efectiva por el «No». Las objeciones técnicas y políticas existieron, sobre todo desde sectores académicos y empresariales. Como movimiento electoral organizado, no.

El 30 de julio de 2000 —las llamadas «megaelecciones»— se relegitimaron simultáneamente la presidencia, la Asamblea Nacional, las gobernaciones, las alcaldías y los concejos legislativos. Era la primera vez en la historia venezolana que se elegía todo el mapa institucional el mismo día. Y era la prueba definitiva de si la oposición podía articular respuesta. No la articuló.

La ausencia del 30 de julio

Las megaelecciones del 30 de julio de 2000 marcan, en el archivo opositor, un hecho que la conseja no registra: por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI presentaron candidato presidencial propio. El bipartidismo que había dominado la política venezolana durante cuarenta años, simplemente, no compitió por la presidencia.

El espacio que dejaron vacante lo ocuparon dos figuras que no venían del Pacto de Puntofijo. Una venía del chavismo en ruptura interna: Francisco Arias Cárdenas, gobernador del Zulia electo en 1998 por el MVR, exintegrante del MBR-200 que en 1992 había participado junto a Chávez en el intento de golpe contra Carlos Andrés Pérez. La otra venía del adecismo tardío: Claudio Fermín, exalcalde de Caracas por AD, candidato presidencial perdedor en 1993, que en 2000 se presentó como independiente bajo la sigla Encuentro Nacional.

Arias Cárdenas rompió con Chávez a mediados de febrero de 2000. Junto con Jesús Urdaneta y Joel Acosta Chirinos —comandantes del 4 de febrero de 1992 que habían acompañado a Chávez— hizo pública una declaración exigiendo al presidente investigar la corrupción dentro de su gobierno, incluyendo a Luis Miquilena y José Vicente Rangel. Chávez respondió llamándolos «traidores». Arias Cárdenas formalizó su candidatura presidencial el mes siguiente, con el apoyo residual de La Causa R, Bandera Roja y el MIN —ninguno de los grandes partidos del Pacto de Puntofijo—.

Las encuestas iniciales daban a Arias Cárdenas una distancia de ocho puntos frente a Chávez. Si las megaelecciones se hubieran celebrado el 28 de mayo, como originalmente estaban convocadas, esa diferencia se habría reflejado en la urna. El cambio de fecha al 30 de julio —técnicamente justificado por dificultades del CNE para garantizar el proceso— le dio a Chávez dos meses adicionales de campaña en posición de mando. El resultado: Chávez 56%, Arias Cárdenas 34%, Claudio Fermín 6,24%. Sumados, los dos candidatos opositores alcanzaron el 40,24% del voto, casi tres puntos menos que Salas Römer en 1998. Pero esa suma no significaba coalición: significaba dispersión.

AD, COPEI, Proyecto Venezuela, Convergencia: ninguno presentó candidato presidencial. La explicación pública fue, en todos los casos, una variante del mismo argumento: la nueva Constitución no era reconocida como legítima, las megaelecciones eran un proceso «viciado de origen», y la oposición no participaría en condiciones desfavorables. La explicación interna era más simple: no tenían candidato, no tenían unidad, no tenían capacidad.

El 30 de julio de 2000 fue la fecha en que la oposición venezolana terminó de desaparecer como sujeto electoral coherente. La pieza siguiente del especial empieza dos años después, cuando ese sujeto tuvo que ser reconstruido desde fuera de los partidos.

La sobrevivencia territorial

Pero la oposición no desapareció del todo. Sobrevivió en un lugar muy específico: las gobernaciones.

Mientras los partidos colapsaban a nivel nacional, los gobernadores opositores electos el 8 de noviembre de 1998 conservaron sus cargos durante todo el período de la Constituyente. Cuando llegaron las megaelecciones del 30 de julio de 2000, varios se relegitimaron y otros perdieron por márgenes estrechos. La presencia territorial opositora se mantuvo, aunque sin coordinación nacional.

Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI desde 1995 y reelegido en 1998 con respaldo amplio, fue una de las figuras clave de esa sobrevivencia. En las megaelecciones del 30 de julio de 2000, Mendoza fue reelegido en Miranda. Su presencia continuada en el estado más estratégico del centro del país —limítrofe con el Distrito Federal— lo convirtió, sin que él lo buscara como acto público, en el actor con mayor peso operativo entre los gobernadores opositores. Esa posición lo llevaría, en 2002, a coordinar la Coordinadora Democrática.

Henrique Salas Römer conservó Carabobo durante todo el período presidencial, aunque dejaría la gobernación en 2000 para que la asumiera su hijo Henrique Salas Feo, también por Proyecto Venezuela. La continuidad del proyecto territorial regional se mantuvo, pero la incidencia nacional de Salas Römer se redujo. Después de la derrota presidencial de 1998, no volvió a tener rol protagónico en la articulación opositora.

Eduardo Lapi, gobernador de Yaracuy electo en 1998 por Convergencia y reelegido en 2000, fue otro de los actores territoriales que conservaron espacio. Su trayectoria posterior lo separaría del archivo opositor —terminaría inhabilitado y procesado en años posteriores—, pero en aquel momento era voz operativa del bloque que sobrevivía.

Manuel Rosales emergía como figura nueva. Había sido derrotado en 1998 por Francisco Arias Cárdenas en la disputa por la gobernación del Zulia. En 1999 fundó el partido Un Nuevo Tiempo, en ruptura con Acción Democrática, partido al que pertenecía desde joven. En las megaelecciones del 30 de julio de 2000 fue elegido alcalde del municipio Maracaibo, su primer cargo de elección popular. La construcción de UNT como aparato regional zuliano sería, en los años siguientes, una de las piezas que la Coordinadora Democrática heredaría como base territorial. Pero en 2000, Rosales era todavía un actor emergente sin proyección nacional.

Los partidos formales —AD, COPEI— quedaron como cascarones nominales con presencia parlamentaria reducida y sin liderazgo presidencial. Los gobernadores opositores quedaron como núcleos territoriales aislados, sin coordinación nacional, manteniendo sus estados como islas de gestión opositora pero sin proyecto común. Y la sociedad civil organizada —Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, las cámaras empresariales, los gremios profesionales— empezaba a articular, fuera del sistema partidista, una nueva forma de oposición que en 2002 cobraría protagonismo.

Lo que el vacío produjo

El vacío de 1999-2000 produjo dos efectos que marcaron toda la década siguiente del archivo opositor venezolano.

El primero es estructural: cuando la oposición tuvo que reorganizarse en 2002, no pudo hacerlo desde los partidos porque los partidos ya no estaban como sujeto. La Coordinadora Democrática del 17 de octubre de 2002 nació desde Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo —tres actores no partidistas— justamente porque los actores partidistas habían perdido capacidad de convocatoria. AD entró a la Coordinadora en julio de 2002, varios meses después de que el bloque ya estuviera operando bajo conducción civil. Esa secuencia —civiles primero, partidos después— se hereda directamente del vacío de los veinte meses anteriores.

El segundo es de método: cuando la oposición venezolana del siglo XXI nació, lo hizo con la lección de 1998 mal aprendida. La conseja se quedó con que la unidad había arrancado en 1998 alrededor de Salas Römer y había seguido en la Coordinadora. Pero el archivo dice que entre Salas Römer y la Coordinadora hubo veinte meses en los que la oposición no existió, y que la Coordinadora no fue continuidad del bipartidismo sino reemplazo de él. Esa diferencia —continuidad versus reemplazo— condiciona toda la lectura siguiente. Cada vez que la oposición venezolana se reorganiza, lo hace creyendo que se está reagrupando, cuando en realidad se está sustituyendo a sí misma.

La pieza siguiente del especial reconstruye ese momento de sustitución: cómo Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo construyeron la Coordinadora Democrática entre 2001 y 2002, cómo Enrique Mendoza pasó de gobernador territorial a coordinador nacional, y cómo el revocatorio del 15 de agosto de 2004 marcó la primera derrota del nuevo sujeto opositor. Una derrota que, como las siguientes del archivo, no se asumió porque no hubo cómputo público que la validara.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Resultados electorales 1999-2000.
  • Wikipedia ES · Elecciones presidenciales de Venezuela de 2000 · Referendo constituyente de Venezuela de 1999 · Referendo constitucional de Venezuela de 1999.
  • PolítiKa UCAB · En el año 2000 las megaelecciones no fueron «el 28, el 28, el 28» sino el 30 de julio · 23 de abril de 2024.
  • EcuRed · Francisco Arias Cárdenas · ficha biográfica.
  • Poderopedia Venezuela · Francisco Arias Cárdenas · perfil documental.
  • Galizia, Giovanbatista y Nicodemo, Pasquale · Estudios de opinión pública sobre las megaelecciones del 30 de julio de 2000.
  • Centro Gumilla · análisis del Padre José Virtuoso sobre el primer año de gobierno de Chávez, julio de 2000.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
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