Connect with us
INCISOS | ¿Quieres llegar a la comunidad hispana en EE.UU.?
ANUNCIA AQUÍ →

Arqueología de la unidad opositora

2005-2007: retiro, consenso, estudiantes RCTV

Tres años, tres ensayos. El retiro de las parlamentarias del 4 de diciembre de 2005, anunciado a cinco días de la elección. La candidatura de Manuel Rosales en 2006 por consenso, no por primarias. Y un primer triunfo opositor —el referendo del 2 de diciembre de 2007— ganado no por los partidos sino por una generación estudiantil que despertó cuando el gobierno cerró Radio Caracas Televisión.

Avatar de Desconocido

Published

on

2005-2007: retiro electoral, consenso y estudiantes RCTV
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 2.5
05-2005-2007-retiro-consenso-estudiantes
§ Arqueología · Pieza 2.5

2005-2007: retiro, consenso, estudiantes RCTV

Tres años, tres ensayos. El retiro de las parlamentarias del 4 de diciembre de 2005, anunciado a cinco días de la elección. La candidatura de Manuel Rosales en 2006 por consenso, no por primarias. Y un primer triunfo opositor —el referendo del 2 de diciembre de 2007— ganado no por los partidos sino por una generación estudiantil que despertó cuando el gobierno cerró Radio Caracas Televisión.

QUÉ El segundo gran vacío del archivo opositor venezolano: retiro de las parlamentarias del 4 de diciembre de 2005, primaria que no fue para las presidenciales de 2006, y un primer triunfo —el referendo del 2 de diciembre de 2007— ganado por un actor que no era ningún partido.
QUIÉN AD, COPEI, Proyecto Venezuela retirándose en 2005. Manuel Rosales como candidato por consenso en 2006. Borges, Petkoff y Rosales en un acuerdo de primarias que no se concretó. Yon Goicoechea, Freddy Guevara, Stalin González, Juan Guaidó, Miguel Pizarro, Gaby Arellano, Daniel Ceballos: la generación 2007. Juan Requesens, frecuentemente asociado a esta cohorte, en realidad aparece públicamente con los eventos estudiantiles de 2014, no con los del cierre de RCTV de 2007.
CUÁNDO Tres fechas decisivas. 4 de diciembre de 2005: parlamentarias con retiro opositor. 3 de diciembre de 2006: presidenciales con Rosales. 2 de diciembre de 2007: referendo de reforma constitucional. La oposición tarda tres años en aprender a ganar.
DÓNDE Venezuela en general; las calles de Caracas para el movimiento estudiantil; la sede de RCTV el 28 de mayo de 2007 como punto de chispa.
POR QUÉ Porque el primer triunfo opositor del siglo XXI venezolano no lo ganaron los partidos. Lo ganaron estudiantes universitarios sin estructura partidista, contra una reforma constitucional, en un período donde los partidos seguían rearmándose. Esa anomalía marca todo lo que vendrá.
CÓMO Reconstrucción documental con cronología verificada: anuncio del retiro de 2005 a cinco días de la elección, mecánica del consenso de 2006, cierre de RCTV el 28 de mayo de 2007, surgimiento del movimiento estudiantil, derrota del oficialismo en el referendo del 2 de diciembre.

El segundo vacío, distinto al primero

Entre el revocatorio del 15 de agosto de 2004 y el Acuerdo de Unidad Nacional de enero de 2008, la oposición venezolana atravesó otro vacío. No idéntico al de 1999-2000 —cuando los partidos del Pacto de Puntofijo simplemente no estaban como sujeto—. Esta vez los partidos sí estaban, pero seguían sin saber cómo operar tras la disolución silenciosa de la Coordinadora Democrática.

Lo que ocupó ese vacío fue una combinación que el archivo opositor venezolano nunca volvería a tener: tres procesos electorales en tres años, dos derrotas por método propio y un triunfo ganado por actores externos al sistema partidista. La conseja popular sobre la oposición de aquella época suele simplificarla en una palabra —abstención— y pasar de largo. El archivo dice algo más complejo: que entre 2005 y 2007 la oposición venezolana ensayó tres formas distintas de relacionarse con el sistema electoral chavista, y que ninguna funcionó como sus impulsores esperaban. La que sí terminó funcionando —el referendo del 2 de diciembre de 2007— la ganó un actor que no estaba en el sistema de partidos.

Esta pieza reconstruye los tres ensayos: el retiro de 2005, el consenso de 2006, y la victoria estudiantil de 2007.

El retiro de 2005: cinco días antes

Las elecciones parlamentarias del 4 de diciembre de 2005 fueron el primer gran ensayo opositor post-Coordinadora. Y fueron también el primer experimento del archivo con una estrategia que se volvería recurrente: el retiro electoral como acto político.

Durante todo 2005, la dirigencia opositora había mantenido una postura ambigua respecto a las parlamentarias. Por un lado, había candidatos inscritos en distintos partidos; por otro, los voceros públicos cuestionaban las condiciones electorales —las máquinas Smartmatic, el sistema de captahuellas, la imparcialidad del Consejo Nacional Electoral— como herencia directa del fraude denunciado del revocatorio de 2004. La ambigüedad se mantuvo hasta el final.

El 29 de noviembre de 2005, a cinco días de la elección, Acción Democrática, COPEI y Proyecto Venezuela —encabezado por Henrique Salas Römer en Carabobo— anunciaron formalmente el retiro de sus candidaturas a la Asamblea Nacional. El argumento público: no había garantías técnicas para asegurar el secreto del voto. El captahuellas, según la denuncia opositora, vinculaba la huella digital del elector con el registro de su voto, anulando el principio de voto secreto.

El retiro de último minuto produjo dos efectos. El primero, electoral: la abstención alcanzó el 75% del padrón, y el oficialismo —agrupado en el MVR y sus aliados, con la maniobra de listas duplicadas llamada coloquialmente «las morochas»obtuvo los 167 escaños de la Asamblea Nacional, sin un solo diputado opositor. Por primera y única vez en la historia venezolana, el Poder Legislativo quedó bajo control absoluto de una sola coalición política.

El segundo efecto, institucional, fue de larga duración. La Asamblea Nacional electa en 2005 nombró durante su período a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia con plazos constitucionales de doce años, a rectores del CNE, al Fiscal General, al Contralor y al Defensor del Pueblo. Esos nombramientos definieron la arquitectura institucional venezolana hasta entrada la década de 2020. La oposición se ausentó del proceso de nombramiento y luego pasaría años denunciando la falta de independencia de esos cuerpos. Esa contradicción —retirarse del proceso y luego denunciar sus consecuencias— se convertiría en patrón.

La narrativa opositora posterior reformuló el retiro como decisión heroica. La evidencia documental sugiere algo distinto: el retiro no fue una estrategia diseñada con anticipación, fue una decisión tardía tomada cuando ya era previsible que los partidos no tendrían fuerza suficiente para ganar la mayoría parlamentaria. Como ha documentado el historiador Andrés Cañizález en sus análisis posteriores publicados en PolítiKa UCAB, «en general se daba por un hecho que los factores de oposición no concurrirían a las elecciones legislativas, se intentó elevar cierto dramatismo mediático y el anuncio formal se dejó para último momento».

El consenso de 2006: la primaria que no fue

Las elecciones presidenciales del 3 de diciembre de 2006 enfrentaron a Hugo Chávez con un candidato unitario opositor. La conseja popular tiende a recordar ese hecho como un primer ejercicio exitoso de unidad. El archivo, otra vez, dice algo más matizado.

Manuel Rosales —gobernador del Zulia desde 2000 por Un Nuevo Tiempo, partido que él había fundado en 1999 en ruptura con AD— no llegó a la candidatura presidencial por primarias. Llegó por consenso. Y el consenso fue una solución pragmática a una primaria que se había estado discutiendo durante todo el primer semestre de 2006 y que terminó no realizándose.

Hubo un acuerdo en preparación. Julio Borges, fundador de Primero Justicia, Teodoro Petkoff, exguerrillero del MAS reconvertido en analista político y editor del diario Tal Cual, y Manuel Rosales habían trabajado durante meses en un esquema de primarias para definir el candidato unitario. Otros precandidatos —Sergio Omar Calderón, Roberto Smith— se habían sumado a las conversaciones. La idea era construir el primer mecanismo competitivo de selección opositora desde la disolución de la Coordinadora.

El esquema no se realizó. Las razones documentadas son varias: dificultades técnicas para organizar la consulta con garantías; presiones sobre el tiempo electoral —la presidencial era en diciembre y la mecánica de primarias requería al menos seis meses de preparación—; y, sobre todo, el cálculo político de que Rosales tenía la mayor capacidad de movilización territorial gracias a su base zuliana. Borges y Petkoff retiraron sus precandidaturas en agosto de 2006, dejando el camino libre a Rosales como candidato por consenso.

Rosales obtuvo el respaldo formal de 43 organizaciones políticas. La campaña fue intensa pero corta: apenas cuatro meses entre la designación y la elección. El resultado del 3 de diciembre de 2006: Hugo Chávez 62,84% con 7.309.080 votos · Manuel Rosales 36,90% con 4.292.466 votos. Una distancia de veintiséis puntos. Esa diferencia, en términos absolutos, era mayor que cualquier derrota opositora anterior.

La derrota de Rosales tuvo un efecto particular: a diferencia del revocatorio de 2004, esta vez la oposición sí aceptó el resultado. Rosales lo reconoció públicamente la misma noche del 3 de diciembre. Esa aceptación, contradictoriamente, también marcó algo: era la primera derrota electoral opositora del siglo XXI que se asumió como tal. Pero la asunción no tuvo correlato organizativo. No produjo reagrupación, no fortaleció estructura, no construyó dirección colectiva. Rosales volvió a la gobernación del Zulia y la oposición nacional volvió a fragmentarse en sus aparatos partidistas separados.

Mayo de 2007: el cierre que despertó a una generación

En diciembre de 2006, en su discurso de reelección, Hugo Chávez anunció que no renovaría la concesión a Radio Caracas Televisión, la cadena privada más antigua de Venezuela —operaba desde 1953— y la más vinculada con la oposición política. La concesión vencía el 27 de mayo de 2007 y el gobierno no la renovaría.

El anuncio activó algo que ni el gobierno ni la oposición partidista esperaban. Durante los meses de abril y mayo de 2007, en las universidades públicas y privadas venezolanas —la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Metropolitana, la Universidad Simón Bolívar, la Universidad Monteávila y otras— comenzó a organizarse un movimiento estudiantil que rechazaba la decisión gubernamental como ataque a la libertad de expresión.

RCTV cerró la señal abierta entre las once y cincuenta y nueve minutos de la noche del 27 de mayo de 2007 y las cero horas del 28 de mayo. El acto final fue la transmisión del Himno Nacional con imágenes del país y la despedida de la planta. La concesión pasó a la nueva señal estatal TVes.

En las semanas siguientes, el movimiento estudiantil tomó las calles de Caracas y otras ciudades con marchas que ningún partido había convocado y ningún partido podía liderar. Yon Goicoechea, estudiante de Derecho de la UCAB; Freddy Guevara, también de la UCAB; Stalin González, de la UCV; Juan Guaidó, de la Universidad Católica Andrés Bello; Miguel Pizarro y Juan Requesens, de la UCV; Gaby Arellano, de la Universidad de los Andes; Daniel Ceballos, de la Universidad de Carabobo. Era una generación nueva, sin militancia partidista previa, articulada por redes universitarias y por las plataformas digitales que entonces empezaban a transformar la comunicación política.

La novedad no fue solo el movimiento. Fue lo que el movimiento dijo. Como observaron analistas del momento, muchos de los líderes estudiantiles aclaraban públicamente que no eran antichavistas. Eran ciudadanos defendiendo libertades. La distinción importaba: por primera vez en una década había una oposición política activa en Venezuela que no se definía como tal en términos de bloque polarizado. Era una oposición de causas, no de aparatos.

El 2 de diciembre de 2007: el primer triunfo

El 15 de agosto de 2007, Hugo Chávez presentó ante la Asamblea Nacional una propuesta de reforma constitucional con 33 artículos. La Asamblea —de control oficialista total tras el retiro de 2005— añadió 36 artículos más, llegando a 69 artículos de reforma divididos en dos bloques de votación, A y B.

Los artículos eran ambiciosos: reelección presidencial indefinida; eliminación de la autonomía universitaria en términos vinculantes; eliminación de la autonomía del Banco Central; redefinición de la propiedad privada con la introducción de la «propiedad social»; reducción de la jornada laboral a seis horas; militarización funcional de la Fuerza Armada Bolivariana. La propuesta refundaba en términos sustantivos la Constitución de 1999.

La campaña por el «No» fue, contra los pronósticos de todos los analistas, ganada en buena medida por el movimiento estudiantil. Los partidos políticos opositores se sumaron, pero no condujeron. Algunos partidos —AD, Bandera Roja, Alianza Bravo Pueblo, Alianza Popular, Comando Nacional de la Resistencia— habían inicialmente convocado a la abstención, considerando que el referendo sería fraudulento. Cinco días antes de la elección, esos partidos cambiaron su posición y apoyaron la opción del «No». Pero el peso movilizador del «No» lo cargó el movimiento estudiantil, junto con el general Raúl Isaías Baduel, exministro de Defensa de Chávez que se distanció públicamente del proyecto de reforma.

El resultado del 2 de diciembre de 2007: por primera vez en una década, el chavismo perdió una elección nacional. Bloque A: NO 50,70% con 4.504.354 votos · SÍ 49,29% con 4.379.392 votos. Bloque B: NO 51,05% con 4.522.332 votos · SÍ 48,94% con 4.335.136 votos. La diferencia fue de aproximadamente 125.000 votos en cada bloque. Una victoria estrecha, pero verificable: las cifras se computaron, las actas se publicaron, los observadores certificaron el resultado, y el propio Hugo Chávez —en una transmisión nocturna que ha quedado en el archivo audiovisual— aceptó la derrota, no con la fórmula serena del «por ahora no pudimos» del 4 de febrero de 1992, sino con una frase distinta, cargada de resentimiento y de advertencia: «sepan administrar su victoria de mierda». La diferencia entre las dos frases —separadas por quince años de poder— es relevante: el Chávez derrotado de 2007 ya no era el insurgente derrotado de 1992.

Esa aceptación del resultado por parte del chavismo es, en perspectiva, uno de los hechos más significativos del archivo electoral venezolano de los últimos treinta años. Fue la única vez que un proceso electoral perdido por el oficialismo fue reconocido por el propio oficialismo sin disputa. La cifra se publicó, el cómputo se aceptó, la propuesta se archivó. Esa secuencia —pérdida electoral, cómputo público, asunción de derrota por las dos partes— es la única vez que el archivo venezolano la registra completa.

Y la ganaron, principalmente, los estudiantes.

Lo que dejó la generación 2007

El triunfo del 2 de diciembre de 2007 sacudió el archivo opositor venezolano de una manera que la conseja popular subestima. No solo porque demostró que el chavismo podía ser derrotado en una urna —cosa que ya se había sospechado pero no comprobado—. Sino porque demostró que se podía hacer oposición ganadora sin que los partidos tradicionales fueran sujeto principal. Los estudiantes habían hecho lo que la Coordinadora Democrática había intentado y no había logrado: derrotar a Chávez en condiciones de cómputo público.

Lo que pasó con esa generación a partir de 2008 es parte de la pieza siguiente. Por ahora basta registrar el dato: Yon Goicoechea, Freddy Guevara, Stalin González, Juan Guaidó, Miguel Pizarro, Gaby Arellano, Daniel Ceballos y los otros líderes estudiantiles del 2007 entraron al sistema político venezolano sin partido propio. Juan Requesens, frecuentemente asociado a esta generación, no pertenece a ella: su presencia pública comienza con los eventos estudiantiles de 2014, no con los del cierre de RCTV de 2007. La estructura opositora que se gestó entre 2008 y 2009 —el Acuerdo de Unidad Nacional primero, la Mesa de la Unidad Democrática después— los absorbería como cuadros jóvenes de partidos preexistentes o emergentes: Primero Justicia, Voluntad Popular (fundada por Leopoldo López en 2009), Un Nuevo Tiempo, Alianza Bravo Pueblo. La generación 2007, en otras palabras, fue partidizada por la MUD.

Lo que veintidós años después la mesa de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026 sigue sin asimilar es el alcance estructural de aquel triunfo. La conseja «son los mismos de siempre» tiende a leer la generación 2007 como continuidad histórica de los partidos —porque en eso se convirtió esa generación a partir de 2008—. Pero en su origen, en mayo y diciembre de 2007, esa generación fue una oposición sin partido, sin estructura, sin aparato, sin coordinación nacional, y aun así ganó la única elección venezolana del siglo XXI en que las dos partes aceptaron el resultado. Que esa lección no se haya conservado como modelo organizativo es una de las preguntas más serias que el archivo deja abiertas.

La pieza siguiente del especial reconstruye la transición: cómo entre 2008 y 2010 los partidos opositores —rearmados sobre los actores civiles del pasado, los estudiantes del 2007 ya partidizados, y los nuevos liderazgos regionales (Capriles ganando Miranda en 2008 contra Diosdado Cabello)— construyeron la Mesa de la Unidad Democrática. Y cómo las parlamentarias del 26 de septiembre de 2010 fueron el primer regreso del bloque opositor a la Asamblea Nacional tras el retiro de 2005.

Fuentes principales

  • Wikipedia ES · Elecciones parlamentarias de Venezuela de 2005 · Elecciones presidenciales de Venezuela de 2006 · Referéndum constitucional de Venezuela de 2007 · Movimiento Estudiantil (Venezuela).
  • PolítiKa UCAB · Parlamentarias 2005: Crónica de una abstención esperada · 5 de noviembre de 2024.
  • El Estímulo · Hace 20 años la oposición se abstuvo por primera vez: ¿qué pasó en las parlamentarias de 2005? · 23 de mayo de 2025.
  • Brewer-Carías, Allan · La rechazada reforma constitucional de 2007 por el poder constituyente originario · análisis jurídico, diciembre de 2007.
  • Lander, Edgardo · El referéndum sobre la reforma constitucional: el proceso político en Venezuela entra en una encrucijada crítica · 2008.
  • Smartmatic · Reporte oficial del referendo de reforma constitucional de Venezuela 2007.
  • Consejo Nacional Electoral de Venezuela · Boletines oficiales 2005, 2006, 2007.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
Continue Reading
Advertisement

Alfredo Yánez

9 libros que te cambian la perspectiva

Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon

VER LIBROS →
Click to comment

Deja un comentario

Arqueología de la unidad opositora

Los mismos de siempre

Hay una frase que aparece cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Apareció en los pasillos de la Asamblea Nacional electa en 2015. Apareció después del 16 de julio de 2017. Volvió a aparecer durante el interinato. Estuvo en las primarias de octubre de 2023. Y reapareció, esta semana, mientras María Corina Machado convocaba en Ciudad de Panamá a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática para preparar el encuentro del lunes 25 de mayo con el presidente José Raúl Mulino.

Avatar de Desconocido

Published

on

By

Los mismos de siempre — recurrencia política venezolana
INCÍSOS

§ Especial · Inciso de apertura
01-los-mismos-de-siempre
§ Inciso firmado · Apertura

Los mismos de siempre

Por Alfredo Yánez Mondragón · Fundador y editor en jefe de INCÍSOS · Edición del viernes 29 de mayo de 2026

Hay una frase que aparece cada vez que la oposición venezolana vuelve a reunirse. Apareció en los pasillos de la Asamblea Nacional electa en 2015. Apareció después del 16 de julio de 2017. Volvió a aparecer durante el interinato. Estuvo en las primarias de octubre de 2023. Y reapareció, esta semana, mientras María Corina Machado convocaba en Ciudad de Panamá a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática para preparar el encuentro del lunes 25 de mayo con el presidente José Raúl Mulino.

La frase es esta: son los mismos de siempre.

La he escuchado en Doral, en Madrid, en Houston, en un café de Buenos Aires, en una conversación de WhatsApp a las cuatro de la mañana. La dicen con cansancio. La dicen con resignación. La dicen, a veces, con rabia. Y la dicen casi siempre con razón aparente: si uno mira la mesa de Panamá del 22 al 23 de mayo, encuentra a Leopoldo López, a Magalli Meda, a Juan Pablo Guanipa, a Delsa Solórzano, a Roberto Enríquez, a Biagio Pilieri. Encuentra siglas que llevan décadas escritas en el mismo papel: COPEI, Primero Justicia, Voluntad Popular, Causa R, Encuentro Ciudadano, Vente Venezuela. Encuentra a María Corina Machado, que ya estaba ahí en 2012 disputando una primaria.

La conseja, vista a esa distancia, parece confirmarse sola. Pero las consejas tienen una característica peligrosa: explican mucho con muy poco, y por eso ahorran el trabajo de pensar. Antes de aceptarla o de descartarla, vale revisarla con archivo a la mano.

Este especial es ese ejercicio.

INCÍSOS no llega con un veredicto. No vamos a decir que son los mismos. No vamos a decir que no lo son. Vamos a abrir el archivo y a poner sobre la mesa lo que el archivo dice: cinco intentos sucesivos de unidad opositora en Venezuela desde 1998 hasta hoy, cada uno con su génesis, sus actores, sus éxitos verificables y sus fracasos también verificables. La unidad de los cuatro días de 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El vacío opositor de 1999 y 2000, cuando la oposición sencillamente no existió como factor electoral. La Coordinadora Democrática de 2002, coordinada por Enrique Mendoza —gobernador de Miranda por COPEI— pero sostenida operativamente, sobre todo, por la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos: Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, Gente del Petróleo. El Acuerdo de Unidad Nacional de enero de 2008 entre partidos opositores, que daría paso a la fundación operativa de la Mesa de la Unidad Democrática en el segundo trimestre de 2009. Las primarias de febrero de 2012, con casi dos millones de votantes. El Frente Amplio Venezuela Libre de 2018, cuando la MUD fue inhabilitada por el Tribunal Supremo de Justicia. La Plataforma Unitaria Democrática lanzada por Juan Guaidó en abril de 2021. Las primarias de octubre de 2023, ganadas por Machado con más del 90% de los votos.

Cinco plataformas, no una. Y entre cada una y la siguiente, una pregunta que vale formular sin sentimentalismo: ¿qué se conservó? ¿Qué se rompió? ¿Quiénes estaban en 1998 y siguen sentados en una mesa veintiocho años después? ¿Quiénes entraron en 2002 y desaparecieron en 2008? ¿Quiénes aparecieron en 2012 y son hoy el centro del proyecto?

La diáspora venezolana en Estados Unidos —especialmente en el sur de Florida, en Texas, en el área de Nueva York— tiene derecho a esa información ordenada. No al panfleto que celebra. No al panfleto que condena. A la información ordenada.

Hay algo que quiero adelantar, porque me parece honesto decirlo antes de que el lector entre a las piezas. Cuando uno revisa el archivo de cerca, lo que aparece no es una continuidad lineal. Aparece una historia con rupturas mayores. El bipartidismo que sostuvo a Salas Römer en 1998 había dejado de ser bipartidismo en términos electorales meses antes. La Coordinadora Democrática de 2002 fue, en buena medida, una construcción ajena a los partidos tradicionales: nació desde fuera de los aparatos. La MUD de 2008 fue el primer intento serio de articular partidos como tales, y duró diez años hasta que el Tribunal Supremo la borró. La Plataforma Unitaria es heredera nominal de la MUD, pero opera en condiciones radicalmente distintas: con su candidato electo en el exilio, con su coordinadora dentro del país en clandestinidad parcial durante 2024 y 2025, con su agenda escrita desde mesas en Doha, en Washington, ahora en Ciudad de Panamá.

Lo que cambia es tan importante como lo que permanece. Y la conseja, al borrar las rupturas, hace un favor que no le pidieron al chavismo civil que hoy administra el rodrigato: lo libera de tener que explicar qué hizo en los últimos veintiocho años con los actores políticos que sí cambiaron de proyecto, de método, de generación.

Este especial se publica completo en una sola edición. No por entregas escalonadas, no en cuotas, no a cuentagotas: las trece piezas reconstructivas que componen el cuerpo del archivo más esta apertura y un inciso de cierre, todo junto, para que el lector pueda recorrer el archivo en el orden que le resulte más útil. Hay un mapa cruzado de los actores en cinco plataformas. Hay una pieza sobre la fractura interna del bloque opositor en 2025. Hay un capítulo dedicado a 2015-2018, los años en que una victoria parlamentaria histórica fue desmontada institucionalmente. Hay una pieza sobre la cita de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo. Y hay una pieza incómoda, la última de la secuencia reconstructiva, sobre el actor externo que la oposición venezolana del siglo XXI no ha terminado de nombrar con claridad: el gobierno de los Estados Unidos en sus dos extremos del arco, 2019 y 2026.

Faltará al cierre una pieza más, que aún no estará lista esta semana: la entrevista a Roberto Enríquez, actual secretario ejecutivo pro tempore de la Plataforma Unitaria Democrática, donde el archivo arqueológico recibe la respuesta de quien lo administra hoy desde adentro. Esa pieza se incorporará al especial en cuanto la conversación se haya producido. El resto del archivo está sobre la mesa desde el primer momento.

Después de leer el especial completo, cada lector hará su propio juicio. INCÍSOS no se lo entrega digerido. Se lo entrega con el archivo abierto sobre la mesa, como cuando uno revisa el árbol genealógico de una familia y descubre que las semejanzas no eran las que uno creía, y las diferencias estaban en lugares que nadie había mirado.

La frase son los mismos de siempre puede ser cierta, puede ser falsa o puede ser ambas cosas en partes distintas. Lo que no puede ser, después de este ejercicio, es una respuesta sin examen.

Eso es lo que viene.

Continue Reading

Arqueología de la unidad opositora

1998: la unidad que no fue

La conseja popular dice que la unidad opositora venezolana arrancó en 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El archivo dice otra cosa. Lo que arrancó fue el colapso del bipartidismo del Pacto de Puntofijo, leído tarde por los partidos y ratificado a cuatro días de la elección presidencial. La gente lo había decidido mucho antes.

Avatar de Desconocido

Published

on

By

1998: la unidad opositora que no fue antes de Chávez
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 1
02-1998-la-unidad-que-no-fue
§ Arqueología · Pieza 1

1998: la unidad que no fue

La conseja popular dice que la unidad opositora venezolana arrancó en 1998 alrededor de Henrique Salas Römer. El archivo dice otra cosa. Lo que arrancó fue el colapso del bipartidismo del Pacto de Puntofijo, leído tarde por los partidos y ratificado a cuatro días de la elección presidencial. La gente lo había decidido mucho antes.

QUÉ El primer intento de unidad opositora del siglo XXI venezolano no fue una mesa: fue el colapso del bipartidismo, ratificado en regionales adelantadas el 8 de noviembre de 1998 y formalizado en cuatro días alrededor del candidato Henrique Salas Römer.
QUIÉN Acción Democrática, COPEI, Polo Democrático y los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales. Luis Alfaro Ucero, Irene Sáez y Henrique Salas Römer como candidatos en disputa. Hugo Chávez Frías como ganador final.
CUÁNDO Del 8 de noviembre de 1998 (regionales adelantadas) al 6 de diciembre de 1998 (presidenciales). Veintiocho días entre dos elecciones que sellaron el fin del bipartidismo del Pacto de Puntofijo.
DÓNDE Las gobernaciones de los estados de Venezuela. El mapa territorial decidió antes que los partidos.
POR QUÉ Porque la conseja dice que la unidad opositora venezolana arrancó con Salas Römer en 1998. El archivo dice otra cosa: lo que arrancó fue el colapso, formalizado tarde.
CÓMO Reconstrucción documental de los veintiocho días entre el 8 de noviembre y el 6 de diciembre de 1998, con cifras electorales verificadas contra el CNE y los archivos académicos venezolanos.

La conseja dice que aquí empezó la unidad

La conseja popular sobre la oposición venezolana fija un año cero: 1998. Salas Römer como candidato unitario táctico. Acción Democrática y COPEI retirando sus candidaturas a cuatro días de la elección presidencial para evitar la victoria de Hugo Chávez. Una unidad de último minuto, escasa, derrotada en la urna del 6 de diciembre, pero unidad al fin. Así empezó, dice la conseja. Lo que vino después —Coordinadora, MUD, PUD, Panamá 2026— sería continuidad de aquel primer impulso.

Cuando uno revisa el archivo, esa lectura no se sostiene. No porque sea falsa en su superficie, sino porque borra lo más importante de lo que pasó.

Lo que pasó en 1998 no fue una unidad. Fue una rendición. Y la rendición no ocurrió en cuatro días, sino en veintiocho —entre las regionales adelantadas del 8 de noviembre y la presidencial del 6 de diciembre—. Y antes de esos veintiocho días, durante los seis meses previos, ya estaba ocurriendo algo más profundo: el bipartidismo del Pacto de Puntofijo —el que firmaron Acción Democrática, COPEI y Unión Republicana Democrática el 31 de octubre de 1958 en la casa de Rafael Caldera llamada Puntofijo— se desmoronaba en cámara lenta. La gente lo había hecho mucho antes que los partidos.

Esta pieza reconstruye ese desmoronamiento. No el de los últimos cuatro días, que es la parte fácil. El de los meses anteriores y los veintiocho días que vinieron después de las regionales. Porque ahí es donde está la primera lección del archivo opositor venezolano: la conseja confunde la rendición de los partidos con la unidad de la gente, y desde entonces no ha vuelto a poder leer el archivo con precisión.

Lo que el 8 de noviembre dejó ver

El 8 de noviembre de 1998 hubo elecciones regionales en Venezuela. Ese año, por decisión política y técnica, las regionales se separaron de las presidenciales: se adelantaron un mes. Era la primera vez que ocurría. La intención declarada fue «fortalecer el liderazgo nacional», dándole a los partidos un termómetro previo a la presidencial.

El termómetro arrojó tres datos cruzados que vale leer en conjunto.

Primero, los partidos del Pacto de Puntofijo todavía existían electoralmente. Acción Democrática conservaba ocho gobernaciones y el 24% del voto parlamentario, manteniéndose como el partido individual más grande del país. COPEI ganaba cuatro gobernaciones. Proyecto Venezuela —escisión reciente de COPEI liderada por Henrique Salas Römer— se imponía en Carabobo. Convergencia, el partido de Rafael Caldera entonces en la presidencia, retenía Yaracuy. La Causa R conservaba Zulia con Francisco Arias Cárdenas. Sumados, los partidos opositores al chavismo emergente —el bipartidismo histórico más las disidencias de centro y derecha— controlaban diecinueve de las veintitrés gobernaciones del país.

Segundo, el Movimiento Quinta República de Chávez, fundado apenas un año antes, ganaba cuatro gobernaciones como partido más votado dentro de su coalición —el Polo Patriótico, que incluía MAS, PPT, PCV, MEP y otras fuerzas pequeñas—. En parlamentarias obtenía 19,87% del voto, un escalón por debajo de AD.

Tercero, y este es el dato que la conseja borra: AD, COPEI y Proyecto Venezuela sumaban juntos el 51,49% del voto parlamentario, mayoría absoluta en ambas cámaras. Sumaban 30 bancas en el Senado y 109 diputados sobre 207. Si la oposición al chavismo emergente se hubiera articulado el 8 de noviembre como bloque parlamentario y territorial, habría tenido mayoría en el Congreso desde el primer día del nuevo gobierno.

El mapa del 8 de noviembre no decía colapso. Decía algo más sutil: la fuerza del bipartidismo seguía ahí, pero ya no estaba sosteniendo a sus candidatos presidenciales.

Los veintiocho días

Entre el 8 de noviembre y el 6 de diciembre de 1998, la opinión pública venezolana hizo lo que los partidos no habían sabido leer. Las encuestas de los días posteriores a las regionales fueron registrando un derrumbe sostenido en dos figuras y un ascenso paralelo en una tercera.

Luis Alfaro Ucero, candidato presidencial de Acción Democrática, era simultáneamente secretario general del partido. Había llegado a la candidatura por imposición interna sobre una rebelión que su propio aparato no logró contener. Su intención de voto en encuestas, después del 8 de noviembre, caía hacia un solo dígito.

Irene Sáez Conde, alcaldesa de Chacao desde 1992, había sido la candidata más mencionada en las encuestas iniciales de 1998. En agosto encabezaba la intención de voto. El respaldo de COPEI a su candidatura —decisión tomada por la dirigencia partidista pese a que Sáez venía de fuera del aparato— terminó funcionando contra ella: la asociación con un partido en crisis de representatividad le restó voto independiente. Después del 8 de noviembre, su intención también se derrumbaba.

Hugo Chávez, en cambio, crecía. La decepción ciudadana con el bipartidismo —que en el plebiscito implícito del 8 de noviembre todavía no se había trasladado al voto parlamentario— sí se trasladaba al voto presidencial. En las semanas posteriores a las regionales, el ascenso de Chávez fue continuo. Y al mismo ritmo crecía la figura que quedaba en el espacio opositor: Henrique Salas Römer, gobernador de Carabobo, fundador de Proyecto Venezuela, candidato presidencial sin el respaldo formal de los grandes partidos tradicionales.

Salas Römer no era un candidato del Pacto de Puntofijo. Venía del COPEI, sí, pero había roto con el partido y fundado su propia estructura regional. Sus referencias eran de gestión local —Carabobo como estado modelo—, no de aparato nacional. Y en esos veintiocho días, mientras Sáez y Alfaro Ucero se derrumbaban, la gente que rechazaba a Chávez se concentró en Salas Römer sin consultar a los partidos. Los partidos llegaron a ratificar lo que la opinión pública ya había decidido en encuestas.

La rendición de los cuatro días

El 2 de diciembre de 1998, a cuatro días de la elección presidencial, Acción Democrática anunció el retiro del respaldo a Luis Alfaro Ucero —su propio secretario general— y endosó su apoyo a Henrique Salas Römer. COPEI hizo lo mismo con Irene Sáez. Otros partidos menores siguieron en cadena.

La cobertura periodística de aquellos cuatro días, leída con distancia, encierra una contradicción. Por un lado, los voceros partidistas presentaron la decisión como un gesto de responsabilidad histórica: unidad para frenar la victoria de Chávez. Por otro, los analistas políticos del momento la describían como lo que era: el último acto de partidos que ya no tenían capacidad de mover el voto de sus propias bases. Como observaron entonces Luis Lander y Margarita López Maya —analistas del Centro de Estudios del Desarrollo de la UCV— las regionales del 8 de noviembre habían funcionado «como una suerte de primera vuelta» en la que los partidos vieron que sus candidatos no aguantaban. La operación de los cuatro días no creó la unidad: ratificó una decisión que la gente había venido tomando durante semanas.

El 6 de diciembre, Hugo Chávez ganó con el 56,2% de los votos. Salas Römer obtuvo 39,97%. Una distancia de dieciséis puntos. Alfaro Ucero, en la papeleta, alcanzó el 0,4%. Sáez, el 2,8%. Sumados, los votos del bipartidismo y sus aliados no llegaron a igualar la presidencial de Chávez.

Aquella noche, en las sedes de AD y COPEI, no hubo recuento de daños. Hubo declaraciones que prometían reorganización. La conseja se quedó con esa imagen: la unidad de cuatro días había nacido, había perdido, y de ahí en adelante la oposición venezolana sería continuidad y reagrupación. La pieza siguiente del especial revisará el primer dato que esa lectura no permite ver: que entre 1999 y 2000, esa oposición simplemente no existió como factor electoral.

Por qué importa esto, leído desde 2026

Para el lector hispano en Estados Unidos —sobre todo el venezolano de la diáspora— esta arqueología puede sonar a detalle académico. No lo es. La razón por la que importa es directa: cada vez que se mira la mesa de Ciudad de Panamá del 22 al 25 de mayo de 2026, y se siente que «son los mismos de siempre», la frase opera sobre una premisa que es el legado de 1998: que existió alguna vez una unidad opositora estable, que esa unidad atravesó veintiocho años, y que lo que vemos hoy es la versión envejecida de aquella primera coalición.

El archivo dice que no. Lo de 1998 no fue una unidad: fue una rendición. Lo de 1998 no fue la fundación de un proyecto opositor: fue el último acto de un proyecto bipartidista que ya no podía sostener a sus candidatos. Y los nombres que sostuvieron la candidatura de Salas Römer en aquellos cuatro días —Eduardo Fernández por COPEI, los voceros restantes de Acción Democrática tras la rebelión interna contra Alfaro Ucero, y el respaldo territorial articulado por los gobernadores opositores sobrevivientes a las regionales del 8 de noviembre, entre los que figuró de manera central Enrique Mendoza desde Miranda, sin acto político público pero con peso operativo en el cambio de caballo— casi todos quedaron fuera del archivo opositor que vino después. Algunos —Mendoza, Eduardo Fernández— reaparecerían en la Coordinadora Democrática de 2002. Otros —Salas Römer mismo— terminarían como referencias residuales, sin rol en la MUD ni en lo que vino.

Lo que en cambio sí marcó el archivo de 1998 fue una lección que la oposición venezolana no ha terminado de aprender en veintiocho años: cuando la gente decide antes que los partidos, los partidos llegan tarde, y la decisión política colectiva no es la suma de los aparatos sino la lectura del voto que ya migró. En 1998, ese voto migró hacia Chávez. Los partidos del Pacto de Puntofijo lo registraron cuatro días tarde. La unidad opositora venezolana arrancó así. Y la conseja, al borrar el contexto, convierte una rendición tardía en un mito fundacional.

El cierre del año cero

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez tomó posesión de la presidencia. AD seguía siendo el partido individual más grande de Venezuela en términos de bancas parlamentarias. COPEI mantenía estructura nacional. Proyecto Venezuela conservaba Carabobo. Convergencia, Yaracuy. La Causa R, Zulia. Sobre el papel, la oposición tenía capacidad de obstrucción legislativa y presencia territorial.

Sobre el papel.

Lo que la pieza siguiente del especial reconstruye es lo que pasó en los veinte meses siguientes —de febrero de 1999 a las elecciones de relegitimación del 30 de julio de 2000— cuando esa estructura nominal se evaporó casi sin oposición visible. Aquellos partidos que habían sumado el 51,49% del voto parlamentario en noviembre de 1998 no lograron articularse para enfrentar ni la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, ni el referendo aprobatorio de la nueva Constitución en diciembre de 1999, ni la elección que relegitimó a Chávez y al nuevo cuerpo legislativo en julio de 2000.

Entre 1999 y 2000 la oposición venezolana no fue derrotada electoralmente: dejó de existir como sujeto electoral coherente. Eso es lo que viene en la pieza 1.5.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Dirección de Estadísticas Electorales · Resultados Electorales 1998 (CD-ROM).
  • Wikipedia ES · Elecciones regionales de Venezuela de 1998 · Elecciones presidenciales de Venezuela de 1998 · Elecciones parlamentarias de Venezuela de 1998.
  • Maingon, Thais y Sonntag, Heinz R. · Los resultados de las elecciones de 1998 en Venezuela: ¿hacia un cambio político? · Revista de Ciencias Sociales, Vol. 6, no. 1, enero 2000.
  • Lander, Luis y López Maya, Margarita · Análisis publicados en revistas académicas venezolanas sobre el proceso 1998-1999.
  • PolítiKa UCAB · Elecciones de 1998: El preámbulo de los grandes cambios · 6 de marzo de 2024.
  • Centro de Investigaciones de Política Internacional · Elecciones regionales en Venezuela. Apuntes para un análisis · febrero 2022.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
Continue Reading

Arqueología de la unidad opositora

1999-2000: el vacío opositor

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez y las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la oposición venezolana atravesó veinte meses sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. Por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI compitieron por la presidencia. El primer vacío del archivo opositor del siglo XXI.

Avatar de Desconocido

Published

on

By

1999-2000: el vacío opositor venezolano
INCÍSOS

§ Especial · Pieza 1.5
03-1999-2000-el-vacio-opositor
§ Arqueología · Pieza 1.5

1999-2000: el vacío opositor

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez y las megaelecciones del 30 de julio de 2000, la oposición venezolana atravesó veinte meses sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. Por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI compitieron por la presidencia. El primer vacío del archivo opositor del siglo XXI.

QUÉ Entre el 2 de febrero de 1999 y el 30 de julio de 2000, la oposición venezolana dejó de existir como sujeto electoral. No fue derrotada en una urna: se evaporó sin candidato presidencial unitario, sin coalición, sin agenda propia. El primer vacío del archivo opositor.
QUIÉN AD y COPEI sin estrategia. Los gobernadores opositores aislados: Enrique Mendoza (Miranda), Henrique Salas Römer (Carabobo), Eduardo Lapi (Yaracuy), Manuel Rosales (emergiendo en Zulia). Francisco Arias Cárdenas rompiendo con Chávez en febrero de 2000.
CUÁNDO Veinte meses. Toma de posesión de Chávez (2 de febrero de 1999), Constituyente (25 de abril de 1999), Constitución (15 de diciembre de 1999), ruptura de Arias Cárdenas (mediados de febrero de 2000), megaelecciones (30 de julio de 2000).
DÓNDE Venezuela, en el aire institucional. La Constituyente sustituyó al Congreso. El nuevo poder se construyó sin contrapeso.
POR QUÉ Porque entender este vacío explica por qué la primera mesa opositora del siglo XXI —la Coordinadora Democrática de 2002— estuvo coordinada por un dirigente partidista (Enrique Mendoza, COPEI) pero su peso operativo lo llevó la sociedad civil organizada. Los partidos como sujeto político habían colapsado.
CÓMO Reconstrucción documental de los procesos electorales y constituyentes de 1999 y 2000, con cifras verificadas y la huella de la ausencia opositora en cada hito.

El primer vacío

Cuando una oposición pierde una elección y reorganiza, el archivo lo registra. Cuando una oposición simplemente desaparece como sujeto electoral, el archivo casi no tiene cómo registrarlo. Por eso esta pieza es la más difícil de escribir del especial: porque su tema es lo que no ocurrió, lo que no se hizo, las semanas en que el espacio opositor en Venezuela quedó vacante y nadie lo ocupó.

Entre el 2 de febrero de 1999 y el 30 de julio de 2000, en veinte meses, Venezuela vivió la mayor transformación institucional de su historia moderna: una Asamblea Nacional Constituyente, una nueva Constitución, la relegitimación simultánea de todos los poderes públicos. Y en ese mismo período, los partidos que el 8 de noviembre de 1998 habían sumado el 51,49% del voto parlamentario —AD, COPEI, Proyecto Venezuela y sus aliados— no presentaron candidato presidencial unitario, no articularon coalición, no propusieron texto constitucional alternativo, no construyeron agenda visible. Estuvieron, sobre el papel. No fueron, en los hechos.

Esa ausencia es el primer vacío del archivo opositor venezolano del siglo XXI. Y entender por qué ocurrió es entender por qué la primera mesa opositora real —la Coordinadora Democrática de 2002— estuvo coordinada por un dirigente partidista (Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI) pero su peso operativo lo llevó la sociedad civil organizada en y fuera de los partidos. Cuando llegó el momento de hacer oposición, los partidos del Pacto de Puntofijo ya no estaban como sujeto político.

Lo que se construyó en el vacío

La cronología institucional de aquel período es vertiginosa.

El 2 de febrero de 1999, Hugo Chávez tomó posesión de la presidencia. En el discurso de juramento, juró sobre «esta moribunda Constitución» —se refería a la de 1961— y anunció su propósito de convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Era el primer movimiento del nuevo gobierno y el más decisivo: si la Constitución de 1961 podía ser sustituida por una nueva sin pasar por el Congreso vigente, la mayoría parlamentaria opositora dejaba de tener relevancia política.

El 25 de abril de 1999, un referendo consultivo aprobó la convocatoria a la Constituyente con el 87,75% de los votos. La oposición partidista no logró articular una campaña por el «No». No hubo voz unitaria, no hubo aparato, no hubo movilización. El resultado se interpretó como un mandato amplio para el proyecto chavista.

El 25 de julio de 1999 se eligieron los 131 constituyentes. El chavismo obtuvo 125 escaños. La oposición, 6. La Constitución de 1999 fue redactada, debatida y aprobada en ese cuerpo, prácticamente sin contrapeso.

El 15 de diciembre de 1999, un nuevo referendo aprobó la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela con el 71,78% de los votos. La oposición tampoco logró articular una campaña efectiva por el «No». Las objeciones técnicas y políticas existieron, sobre todo desde sectores académicos y empresariales. Como movimiento electoral organizado, no.

El 30 de julio de 2000 —las llamadas «megaelecciones»— se relegitimaron simultáneamente la presidencia, la Asamblea Nacional, las gobernaciones, las alcaldías y los concejos legislativos. Era la primera vez en la historia venezolana que se elegía todo el mapa institucional el mismo día. Y era la prueba definitiva de si la oposición podía articular respuesta. No la articuló.

La ausencia del 30 de julio

Las megaelecciones del 30 de julio de 2000 marcan, en el archivo opositor, un hecho que la conseja no registra: por primera vez desde 1958, ni Acción Democrática ni COPEI presentaron candidato presidencial propio. El bipartidismo que había dominado la política venezolana durante cuarenta años, simplemente, no compitió por la presidencia.

El espacio que dejaron vacante lo ocuparon dos figuras que no venían del Pacto de Puntofijo. Una venía del chavismo en ruptura interna: Francisco Arias Cárdenas, gobernador del Zulia electo en 1998 por el MVR, exintegrante del MBR-200 que en 1992 había participado junto a Chávez en el intento de golpe contra Carlos Andrés Pérez. La otra venía del adecismo tardío: Claudio Fermín, exalcalde de Caracas por AD, candidato presidencial perdedor en 1993, que en 2000 se presentó como independiente bajo la sigla Encuentro Nacional.

Arias Cárdenas rompió con Chávez a mediados de febrero de 2000. Junto con Jesús Urdaneta y Joel Acosta Chirinos —comandantes del 4 de febrero de 1992 que habían acompañado a Chávez— hizo pública una declaración exigiendo al presidente investigar la corrupción dentro de su gobierno, incluyendo a Luis Miquilena y José Vicente Rangel. Chávez respondió llamándolos «traidores». Arias Cárdenas formalizó su candidatura presidencial el mes siguiente, con el apoyo residual de La Causa R, Bandera Roja y el MIN —ninguno de los grandes partidos del Pacto de Puntofijo—.

Las encuestas iniciales daban a Arias Cárdenas una distancia de ocho puntos frente a Chávez. Si las megaelecciones se hubieran celebrado el 28 de mayo, como originalmente estaban convocadas, esa diferencia se habría reflejado en la urna. El cambio de fecha al 30 de julio —técnicamente justificado por dificultades del CNE para garantizar el proceso— le dio a Chávez dos meses adicionales de campaña en posición de mando. El resultado: Chávez 56%, Arias Cárdenas 34%, Claudio Fermín 6,24%. Sumados, los dos candidatos opositores alcanzaron el 40,24% del voto, casi tres puntos menos que Salas Römer en 1998. Pero esa suma no significaba coalición: significaba dispersión.

AD, COPEI, Proyecto Venezuela, Convergencia: ninguno presentó candidato presidencial. La explicación pública fue, en todos los casos, una variante del mismo argumento: la nueva Constitución no era reconocida como legítima, las megaelecciones eran un proceso «viciado de origen», y la oposición no participaría en condiciones desfavorables. La explicación interna era más simple: no tenían candidato, no tenían unidad, no tenían capacidad.

El 30 de julio de 2000 fue la fecha en que la oposición venezolana terminó de desaparecer como sujeto electoral coherente. La pieza siguiente del especial empieza dos años después, cuando ese sujeto tuvo que ser reconstruido desde fuera de los partidos.

La sobrevivencia territorial

Pero la oposición no desapareció del todo. Sobrevivió en un lugar muy específico: las gobernaciones.

Mientras los partidos colapsaban a nivel nacional, los gobernadores opositores electos el 8 de noviembre de 1998 conservaron sus cargos durante todo el período de la Constituyente. Cuando llegaron las megaelecciones del 30 de julio de 2000, varios se relegitimaron y otros perdieron por márgenes estrechos. La presencia territorial opositora se mantuvo, aunque sin coordinación nacional.

Enrique Mendoza, gobernador de Miranda por COPEI desde 1995 y reelegido en 1998 con respaldo amplio, fue una de las figuras clave de esa sobrevivencia. En las megaelecciones del 30 de julio de 2000, Mendoza fue reelegido en Miranda. Su presencia continuada en el estado más estratégico del centro del país —limítrofe con el Distrito Federal— lo convirtió, sin que él lo buscara como acto público, en el actor con mayor peso operativo entre los gobernadores opositores. Esa posición lo llevaría, en 2002, a coordinar la Coordinadora Democrática.

Henrique Salas Römer conservó Carabobo durante todo el período presidencial, aunque dejaría la gobernación en 2000 para que la asumiera su hijo Henrique Salas Feo, también por Proyecto Venezuela. La continuidad del proyecto territorial regional se mantuvo, pero la incidencia nacional de Salas Römer se redujo. Después de la derrota presidencial de 1998, no volvió a tener rol protagónico en la articulación opositora.

Eduardo Lapi, gobernador de Yaracuy electo en 1998 por Convergencia y reelegido en 2000, fue otro de los actores territoriales que conservaron espacio. Su trayectoria posterior lo separaría del archivo opositor —terminaría inhabilitado y procesado en años posteriores—, pero en aquel momento era voz operativa del bloque que sobrevivía.

Manuel Rosales emergía como figura nueva. Había sido derrotado en 1998 por Francisco Arias Cárdenas en la disputa por la gobernación del Zulia. En 1999 fundó el partido Un Nuevo Tiempo, en ruptura con Acción Democrática, partido al que pertenecía desde joven. En las megaelecciones del 30 de julio de 2000 fue elegido alcalde del municipio Maracaibo, su primer cargo de elección popular. La construcción de UNT como aparato regional zuliano sería, en los años siguientes, una de las piezas que la Coordinadora Democrática heredaría como base territorial. Pero en 2000, Rosales era todavía un actor emergente sin proyección nacional.

Los partidos formales —AD, COPEI— quedaron como cascarones nominales con presencia parlamentaria reducida y sin liderazgo presidencial. Los gobernadores opositores quedaron como núcleos territoriales aislados, sin coordinación nacional, manteniendo sus estados como islas de gestión opositora pero sin proyecto común. Y la sociedad civil organizada —Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, las cámaras empresariales, los gremios profesionales— empezaba a articular, fuera del sistema partidista, una nueva forma de oposición que en 2002 cobraría protagonismo.

Lo que el vacío produjo

El vacío de 1999-2000 produjo dos efectos que marcaron toda la década siguiente del archivo opositor venezolano.

El primero es estructural: cuando la oposición tuvo que reorganizarse en 2002, no pudo hacerlo desde los partidos porque los partidos ya no estaban como sujeto. La Coordinadora Democrática del 17 de octubre de 2002 nació desde Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo —tres actores no partidistas— justamente porque los actores partidistas habían perdido capacidad de convocatoria. AD entró a la Coordinadora en julio de 2002, varios meses después de que el bloque ya estuviera operando bajo conducción civil. Esa secuencia —civiles primero, partidos después— se hereda directamente del vacío de los veinte meses anteriores.

El segundo es de método: cuando la oposición venezolana del siglo XXI nació, lo hizo con la lección de 1998 mal aprendida. La conseja se quedó con que la unidad había arrancado en 1998 alrededor de Salas Römer y había seguido en la Coordinadora. Pero el archivo dice que entre Salas Römer y la Coordinadora hubo veinte meses en los que la oposición no existió, y que la Coordinadora no fue continuidad del bipartidismo sino reemplazo de él. Esa diferencia —continuidad versus reemplazo— condiciona toda la lectura siguiente. Cada vez que la oposición venezolana se reorganiza, lo hace creyendo que se está reagrupando, cuando en realidad se está sustituyendo a sí misma.

La pieza siguiente del especial reconstruye ese momento de sustitución: cómo Fedecámaras, la CTV y Gente del Petróleo construyeron la Coordinadora Democrática entre 2001 y 2002, cómo Enrique Mendoza pasó de gobernador territorial a coordinador nacional, y cómo el revocatorio del 15 de agosto de 2004 marcó la primera derrota del nuevo sujeto opositor. Una derrota que, como las siguientes del archivo, no se asumió porque no hubo cómputo público que la validara.

Fuentes principales

  • Consejo Nacional Electoral · Resultados electorales 1999-2000.
  • Wikipedia ES · Elecciones presidenciales de Venezuela de 2000 · Referendo constituyente de Venezuela de 1999 · Referendo constitucional de Venezuela de 1999.
  • PolítiKa UCAB · En el año 2000 las megaelecciones no fueron «el 28, el 28, el 28» sino el 30 de julio · 23 de abril de 2024.
  • EcuRed · Francisco Arias Cárdenas · ficha biográfica.
  • Poderopedia Venezuela · Francisco Arias Cárdenas · perfil documental.
  • Galizia, Giovanbatista y Nicodemo, Pasquale · Estudios de opinión pública sobre las megaelecciones del 30 de julio de 2000.
  • Centro Gumilla · análisis del Padre José Virtuoso sobre el primer año de gobierno de Chávez, julio de 2000.
  • Archivo INCÍSOS · cobertura propia del especial Arqueología de la unidad opositora venezolana.
Continue Reading

Tendencias

Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa

Descubre más desde INCÍSOS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo