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Inciso

Una escala

La escala de Machado en Panamá deja múltiples lecturas. Una columna sobre la foto, los ausentes y los aprendizajes pendientes de la política venezolana.

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La escala de María Corina Machado en Panamá deja múltiples lecturas. Tantas, que se convierten en vertederos de aprendizajes.

Desde el punto de vista público, todo comienza con un post «privado» en Instagram, apelando a la nostalgia y la esperanza con unos acordes. El símbolo de Panamá, como escala, como antesala, como aliado es muy poderoso.

Se filtra el tema de un exhorto de Estados Unidos para que haya mayor apertura política en los sectores de la fuerza democrática del país y es entonces cuando se hace público el encuentro político de grandes dimensiones. María Corina no va sola, se va a encontrar con buena parte del equipo que la acompañó durante la campaña de 2024. Y también se va a reunir con otros actores, antiguos y nuevos, porque lo que se plantea, según sus palabras del sábado es que «todos somos necesarios».

Allí una lectura de amplitud. No todos los presentes, ni mucho menos los espectadores «expectantes», estaban al tanto de tamaña convocatoria. Muchos quedaron estupefactos, porque entre rostros conocidos y aceptados por casi todos, se colaron algunos que aun no han pasado todos los tamices.

Normal. Eso es la política. Nadie es 100% permeable por múltiples variables. Habrá quien caiga en gracia, y habrá quien definitivamente desentone en el grupo. Así es la política, así ha sido siempre, y probablemente así será.

Las redes sociales, válvula de escape y catarsis de una sociedad con medios secuestrados, se volvieron un hervidero. A favor de la «foto» o en contra de la «foto». Los argumentos son disímiles, rebatibles, enriquecedores, llenos de prejuicios, de desinformación. Justo lo que es la política venezolana desde hace muchos años.

En este aparte hay varios aprendizajes. La tolerancia a la crítica, la capacidad de aceptación de tesis o argumentos distintos a la línea «oficial», definitivamente hay que trabajarla más. Son muchos años viviendo bajo la necesidad del pensamiento único, bajo la hegemonía comunicacional, bajo el dogma que convierte en infalible al líder de turno.

Esgrimir un argumento, no puede convertir a quien lo plantea en blanco de ataques que pueden ir desde «chavista» hasta idiota, por solo citar dos.

María Corina Machado es la persona que encarna el liderazgo político más fuerte en la actualidad, y cuenta con un respaldo impresionante dentro y fuera del país, pero eso no la convierte en deidad, ni la hace infalible. Ella es humana. Ha aprendido a dosificar sus fuerzas, a sacar provecho de los errores, y a maximizar los logros.

Esos aprendizajes podría hacerlos permear hacia colaboradores y seguidores. Porque un equipo que solo dice amén, que está listo para atacar a quien propone una idea diferente, a quien critica un elemento puntual de la estrategia, no es un buen equipo. No aplica criterio, no ayuda a fortalecer la diversidad en la unidad, resta fuerza a la idea primigenia de la democracia.

Por otra parte, la opacidad, por más elementos de estrategia que haya, desdice del plan, porque genera incertidumbre. En la incertidumbre se fomenta el rumor, y del rumor nace la desinformación y el caos.

Nada de eso ayuda. Es entregarle un arsenal de piedras a quienes están atentos a cualquier pifia, sea de estilo, forma, pose, para que haga exactamente lo que se quiere evitar.

En efecto todos somos necesarios, pero cada uno en un rol, en una determinada función, con plena conciencia de dónde estar, cuándo estar, cómo estar, por qué estar. Prestarse para una foto que hace más daño que bien, no es una decisión solo de quien invita, sino también de quien decide ir. No estar en la foto, también es una manera de ratificar el compromiso con la historia.

Falta mucho en este camino por fases que otros nos han trazado. Es tiempo de entender que habrá nuevas oportunidades para fotografiarse, para reunirse, para debatir, para enfrentar el laberinto, y para llegar a la meta.

Esta escala, en Panamá, fue un buen intento. Pero fue eso, un intento, solo una escala.


Alfredo Yánez Mondragón Fundador y editor en jefe de INCÍSOS

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La foto velada

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Pasó lo que tenía que pasar. Con sus obvias consecuencias.

Por años se habló y se trabajó respecto al deslinde necesario. Palabras más, palabras menos, se dijo «Esta vez es diferente, porque somos distintos». La foto de Panamá, la que reunió a la PUD en pleno el sábado 23 de mayo, no hizo otra cosa que desandar todo el trayecto de deslinde, todo el recorrido «épico», porque la mujer del César no solo debe serlo, debe parecerlo.

Por supuesto que en la Venezuela de hoy, la que por primera vez en cinco lustros está comenzando a pensarse en serio, todos somos necesarios. Pero esa necesidad implica responsabilidad, roles, reconocimiento, conciencia histórica y validación con la calle, con el sentimiento nacional, con lo que se vive hoy y con lo que se vivió antes —entendiendo por presente lo que se vive y vivió en Venezuela desde 1998, por lo menos—.

¿Vetar a alguien? No. No debería corresponder, a estas alturas, a un liderazgo vigente hacer distinciones. Ciertamente, la responsabilidad del liderazgo real es la convocatoria a todos, es plantarse frente al país y sus derivados y tender puentes, abrirse a las distintas corrientes. También conviene a ese liderazgo un trabajo sensato, de terceros, de cercanos, de gente comprometida con el desarrollo de lo que viene, para que quienes no deberían estar en la primera línea de trabajo, sencillamente no estén.

El país, ese que salió a votar en la primaria de 2023, ese que abarrota los espacios internacionales para recibir a María Corina Machado en Oslo, en Madrid, en Santiago, en Ciudad de Panamá, en donde sea que se convoque, ese que está listo para acompañar la propuesta seria, lo hace, entre otras cosas, porque se le ha enseñado una forma distinta, unos equipos que trabajan de otra forma, una propuesta con aristas de Tierra de Gracia.

La foto de Panamá, con sus excepciones —que las debe haber—, es precisamente una foto que enlaza lo que había, lo que se rechazó, lo que estuvo mal, lo que no funcionó, con el proyecto de ilusión, con la posibilidad, con la esperanza de algo que no termina de concretarse.

No había necesidad de la foto en grupo. Y si la había, no tenía que ser con ese grupo.

Es difícil. Muy difícil, porque no van a venir extraterrestres a formar parte del liderazgo político venezolano, pero sería muy triste que tras veintisiete años de putrefacción roja, los rostros que se plantean como alternativa muestren contagio de aquella.

Desde el 3 de enero de 2026 el momento político cambió. La historia ya no la escriben rojos ni azules. La escriben en otro idioma y en el país se intenta traducir. La confusión es mayúscula, y se nota que las interpretaciones que se están haciendo definitivamente no entienden de glams ni de modismos ni de anglicismos.

No tengo ni idea de cómo recoger estos vidrios. Si la idea era mostrar una imagen de unidad perfecta, quizá la hayan logrado para enseñarla a los tutores, pero está muy claro que hay un grueso del país que tras ésta ha preferido no solo apartarse un poco a esperar qué ocurre, sino a ventilar abiertamente su descontento, su indignación, su frustración, su desencanto.

Estamos en un momento político donde las pifias cuestan muy caro. Cada movimiento trae consecuencias. La narrativa épica, que hizo posible toda esta historia, no se puede echar por tierra, no se puede desperdiciar por una foto que obliga a echar mano del primperán. Ya nos está costando mucho entender el plan de tres fases, la presencia interina, los cambios para que todo siga igual, los elogios de parte del tutor. Como para que encima tengamos que tragar grueso puertas adentro, con debates sin incidencia real en las transformaciones que el país requiere.

Alfredo Yánez Mondragón
Fundador y Editor en Jefe · INCÍSOS · 24 de mayo de 2026

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Inciso

Por encima

Sobrevuelos, viaje a India anunciado desde Washington, embajada que no se reunió con sectores de oposición. Tres hechos en cuatro días que dicen lo mismo: en la transición venezolana de 2026, lo que se decide arriba decide lo que pasa abajo.

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Caracas vista aérea · INCÍSOS

Este sábado 23 de mayo, dos aviones estadounidenses sobrevolaron Caracas. El gobierno encargado lo autorizó el jueves a petición de la embajada de Estados Unidos. La operación se llamó, oficialmente, «simulacro de evacuación ante eventuales situaciones médicas o contingencias catastróficas». Lo anunció el canciller Yván Gil, leyendo un comunicado.

Casi cinco meses después de que helicópteros MH-47G Chinook y MH-60L armados aterrizaran sobre Caracas para sacar a Nicolás Maduro y a Cilia Flores, el cielo venezolano vuelve a abrirse a aeronaves estadounidenses. Esta vez con autorización formal. La continuidad de la imagen importa más que la diferencia técnica entre uno y otro vuelo.

El mismo jueves 21, antes de que el comunicado de Yván Gil se leyera, Marco Rubio dijo a la prensa, antes de abordar su avión rumbo a Suecia y después a India: «Entiendo que la presidenta interina de Venezuela viajará a India la semana que viene, así que hay oportunidades». Rubio anunció el viaje de Delcy Rodríguez antes que Caracas. Hasta el cierre de esta columna, Miraflores no había confirmado oficialmente la fecha de salida. La confirmación efectiva la dio el Departamento de Estado, no el Palacio Presidencial.

Rubio viaja a India entre el 23 y el 26 de mayo. Delcy viaja a India la semana próxima. La coincidencia geográfica está sobre el mapa. Si se reúnen o no, lo decidirá la agenda de Rubio.

Hay un tercer hecho que cierra la semana. El viernes 22, Juan Pablo Guanipa —dirigente de Primero Justicia, este fin de semana en Panamá para la reunión con María Corina Machado— dijo en público una frase que conviene retener: «Una persona que viene a representar a Estados Unidos en Venezuela ha debido reunirse con la oposición venezolana y eso no se logró». Guanipa hablaba de la exembajadora Laura Dogu, que ya no está en Venezuela. La declaración no apunta al canal directo entre Machado y Washington —que sigue activo: Machado se reunió con Trump y dos veces con Rubio—. Apunta a la representación diplomática estadounidense en Caracas como institución, y al hecho de que durante su gestión no fue puente activo con la oposición venezolana en el terreno.

Tres hechos en cuatro días. Aviones sobrevolando con permiso. Viajes anunciados desde Washington antes que desde Caracas. Una embajada que durante años no se sentó a conversar con la oposición venezolana en el terreno. Si se leen por separado, son tres notas sueltas. Si se leen juntas, dicen lo mismo: en la transición venezolana de mayo de 2026, lo que se decide arriba decide lo que pasa abajo.

En INCÍSOS acabamos de publicar un dossier al que llamamos Las siete tarimas. Cuatro corrientes dentro del chavismo. Tres dentro de las fuerzas democráticas. Y una voz transversal sobre si hay que reordenar antes o convocar elecciones primero. La pluralidad es real. La discusión interna es real. Pero todas esas tarimas, las siete, operan debajo de un mismo techo. El techo es Washington. Y Washington no participa en la discusión: la supervisa.

Eso es lo que el sábado 23 hace visible. Mientras Cabello le hace factura en Mariche a los «habladores de paja», dos aviones de un país extranjero —el mismo que sacó a Maduro en enero— sobrevuelan la capital con permiso del gobierno encargado. Mientras Mario Silva cuestiona la entrega de Saab, Rubio anuncia desde una pista en Maryland que Delcy va a India. Mientras Machado llega a Panamá con la legitimidad del 28-J intacta y mantiene canal abierto con la Casa Blanca y con el Departamento de Estado, en Caracas la representación diplomática de ese mismo Departamento no fue puente activo con la oposición venezolana en el terreno.

No es un juicio. Es una descripción. La transición venezolana tiene dos planos. El plano horizontal, donde las siete tarimas discuten. Y el plano vertical, donde quien tiene la última palabra no está en ninguna de las siete tarimas. Está por encima.

Andrés Caleca, uno de los tantos referentes de las fuerzas democráticas, escribió en X el 10 de mayo, después de que CNN revelara que las conversaciones de Doha se habían sostenido sin Machado: «No estuvimos en el diseño y no estamos en la ejecución. El gran reto es superar la irrelevancia y comenzar a incidir». Esa frase condensa el plano vertical mejor que cualquier análisis.

La pregunta no es solo qué pasa en Caracas. Es también qué pasa por encima de Caracas. Porque por encima de Caracas se decide, hoy, cuándo se vota, con qué garantías, bajo qué condiciones se reconoce el resultado, y con qué interlocutores se conversa.

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Antes del plan, el inventario

La transición venezolana se discute con planos de seis billones de dólares y mapas de tres fases. Este especial documenta lo otro: el país sobre el que esos planes pretenden trabajar.

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Venezuela, inventario del caos — inciso-apertura

La transición venezolana se discute con planos de seis billones de dólares y mapas de tres fases. Este especial documenta lo otro: el país sobre el que esos planes pretenden trabajar.

En un hospital del centro del país, una mujer recibe una lista impresa antes de la operación. Son los insumos que debe comprar para su propia cirugía: la sutura, el suero, la anestesia local, los guantes. En una escuela del oriente, un grupo de niños comienza el año escolar con la mitad de los maestros que correspondían. En la cocina de una casa en la Gran Caracas, alguien decide entre el gas doméstico y la comida porque esta semana no alcanza para los dos. En un estado del occidente, una radio comunitaria que transmitió durante veintidós años amanece sin licencia. Y en Miami, en Madrid, en Lima, en Bogotá, ocho millones de venezolanos abren el teléfono y revisan, una vez más, los titulares del país que dejaron.

Esto es Venezuela hoy. No el país de los planes ni el de los discursos ni el de las efemérides. Es el país que cualquier proyecto de reconstrucción —el de Marco Rubio en tres fases, el de Roberto Smith Perera en 835 páginas de arquitectura técnica, Venezuela Tierra de Gracia en cuatro pilares y un cortometraje político firmados por María Corina Machado, o el que la transición tutelada de Delcy Rodríguez negocie en los próximos meses— va a tener que mirar de frente antes de prometer otra cosa.

Este especial es ese ejercicio: mirar de frente.

Hace diez años el periodismo venezolano publica análisis sobre la crisis. Lo que publica menos —porque cuesta más, porque no genera tráfico inmediato, porque exige paciencia documental— son inventarios. Un análisis explica. Un inventario documenta. Explicar es decir por qué pasó lo que pasó. Documentar es contar, dato por dato, qué quedó de lo que pasó. Las dos cosas son periodismo. Pero solo una sirve de punto de partida cuando se discute reconstruir algo.

Infografía § 01 — inciso-apertura · Venezuela, inventario del caos
Infografía de datos · § 01 Inciso Apertura · Venezuela, inventario del caos

Lo que sigue son nueve piezas. Cada una toma un sector de la vida venezolana —educación, salud, infraestructura, servicios públicos, seguridad, institucionalidad, calidad de vida, diáspora, medios de comunicación— y lo radiografía con las cifras disponibles al cierre de mayo de 2026. No son cifras improvisadas. Son cifras que provienen de organizaciones que han sostenido el trabajo de medir lo que el Estado venezolano dejó de medir: la UCAB con la ENCOVI, Médicos por la Salud con la Encuesta Nacional de Hospitales, el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos con su monitor de fallas, el Observatorio Venezolano de Violencia con su conteo independiente, Acceso a la Justicia con su análisis del Poder Judicial, Cendas-FVM con la canasta alimentaria mensual, ACNUR y la plataforma R4V con el mapa de la diáspora, Espacio Público e IPYS Venezuela con el conteo de medios cerrados y periodistas presos. Y en cada pieza, una advertencia recurrente: el Estado venezolano dejó de publicar estadísticas verificables en años distintos. Salud, en 2016. Poder Judicial, en 2013. Industria petrolera, en 2016. Medios, nunca. Esa opacidad es, también, dato.

INCÍSOS publica este especial desde Estados Unidos para una audiencia hispana que vive aquí —con casi un millón de venezolanos lectores potenciales y varios millones más que entienden de cerca lo que ocurre en Venezuela porque conocen historias parecidas en sus propios países—. Lo publica porque está convencido de que cualquier conversación seria sobre la transición venezolana tiene que empezar por reconocer su punto de partida. Y porque ese punto de partida no es ni el discurso opositor ni el balance oficialista. Es el cuadro que las organizaciones independientes han documentado con paciencia durante años, mientras los demás discutíamos otra cosa.

Este especial no acusa, no celebra, no diagnostica el futuro. Documenta el presente con la rigurosidad que el momento exige.

Y plantea, en la pieza que cierra el conjunto, una pregunta editorial que ningún plan de reconstrucción ha respondido todavía: si el sector que documenta la transición no se reconstruye, ¿quién va a contar lo que la transición logra y lo que no?

Lea las nueve piezas. Léalas en orden si puede. Cada una se sostiene sola, pero juntas dibujan algo más grande que la suma de sus cifras. Dibujan una Venezuela que cualquier proyecto, cualquier hoja de ruta, cualquier promesa política tendrá que mirar a los ojos antes de empezar.

Esto es Venezuela hoy. Cualquier plan que ignore este punto de partida, empieza fuera de Venezuela.


Alfredo Yánez Mondragón Fundador y editor en jefe · INCÍSOS


Lea las nueve piezas del especial en incisos.com/inventario-del-caos

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