Política
La mesa del nuevo CNE abre la incógnita sobre Machado
La mesa paritaria Rodríguez-Figuera abre la negociación del nuevo CNE con fecha límite en diciembre. Dónde queda María Corina Machado es la incógnita de fondo.
Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera acordaron una mesa técnica y política paritaria para designar un nuevo Consejo Nacional Electoral, con fecha límite en diciembre. Qué papel le toca en ese esquema a María Corina Machado, la dirigente con mayor respaldo popular, es la gran pregunta de fondo.
§ Las seis preguntas
| Qué | Una mesa paritaria para negociar un nuevo CNE y las reformas electorales. |
| Quién | Jorge Rodríguez, Dinorah Figuera y, como pregunta de fondo, María Corina Machado. |
| Cuándo | Acordada el 18 de junio de 2026, con plazo hasta diciembre. |
| Dónde | En el Palacio Federal Legislativo, en Caracas. |
| Por qué | Un árbitro electoral creíble es la llave de cualquier elección futura. |
| Cómo | Mediante una agenda con hitos y cronogramas, respaldada por EE.UU. |
# La mesa del nuevo CNE abre la incógnita sobre Machado
El jueves 18 de junio de 2026, en el salón Tríptico del Palacio Federal Legislativo, se dio un paso que puede ser decisivo para el futuro electoral de Venezuela: el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, y la exdiputada Dinorah Figuera acordaron instalar una mesa técnica y política paritaria para conducir el diálogo sobre la transición. Su objetivo más concreto y de mayor calado: la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral. Pero detrás del avance institucional late una pregunta política que nadie ha despejado: ¿dónde queda María Corina Machado?
Qué se acordó
Los hechos, primero. La reunión se produjo el día del regreso de Figuera a Venezuela, tras casi ocho años de exilio, en una visita que ella misma confirmó como respuesta a una invitación del Departamento de Estado de Estados Unidos. Figuera acudió en representación de los diputados opositores del período 2015-2020; Rodríguez, designado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez para conducir el diálogo político.
Del encuentro salió un comunicado del Parlamento que anunció la designación de una mesa paritaria —es decir, con igual número de representantes de cada parte— dotada de una agenda con hitos y cronogramas concretos. El propósito declarado: el fortalecimiento de la democracia, la consolidación de la paz y la recuperación institucional. Según declaraciones recogidas tras el encuentro, diciembre de 2026 sería la fecha límite para entregar el producto de las reformas legislativas.
El CNE, la pieza central
El corazón del asunto es el árbitro electoral. Figuera fue explícita al llegar al país: «Necesitamos un CNE creíble donde no haya ninguna duda». Su planteamiento enmarca la negociación: se trata de construir una autoridad electoral confiable que permita que cualquier elección futura tenga garantías reconocidas por todos. Sin ese árbitro, como ha mostrado la historia reciente venezolana, ningún proceso electoral es creíble ni sus resultados, aceptados.
La importancia de la pieza es difícil de exagerar. El CNE es la llave de todo lo demás: de las elecciones, de la competencia política, del reconocimiento de los resultados. Que las partes se sienten a negociar su composición es, en sí mismo, un avance respecto al bloqueo anterior. Y que lo hagan con una agenda y cronogramas concretos sugiere una voluntad de avanzar que conviene registrar, sin ingenuidad pero sin cinismo.
El respaldo de Washington
Un elemento no menor: el sello estadounidense. El Departamento de Estado anunció en un comunicado que respalda el diálogo sobre la transición democrática iniciado entre el gobierno encargado y la exparlamentaria opositora. La embajada de Estados Unidos celebró el encuentro entre Rodríguez y Figuera y aseguró que servirá como hoja de ruta para un diálogo político sobre la transición.
Ese respaldo confirma que la mesa se inscribe en el marco del proceso tutelado por Washington, el mismo que ha definido el conjunto de la transición desde la captura de Maduro en enero. Figuera no llega como actor aislado, sino como pieza de un esquema diseñado y avalado desde el norte. Lo cual lleva, inevitablemente, a la pregunta sobre quién no está en esa mesa.
La incógnita Machado
Porque la gran ausente del esquema es, hasta ahora, María Corina Machado. Y la propia Figuera alimentó la incógnita en lugar de despejarla. Al ser consultada sobre si había conversado con Machado o con dirigentes de la Plataforma Unitaria, declinó responder. Marcó, eso sí, una distinción reveladora: «Una cosa es lo institucional y otra lo político». Y negó tener aspiraciones políticas: «No tengo aspiración política. Quiero un cambio de convivencia para el país».
Esa distinción —lo institucional frente a lo político— es la clave para entender el cuadro. Figuera se presenta como gestora institucional de un mecanismo electoral, no como líder política. Pero las elecciones que ese mecanismo busca habilitar tendrán que ser disputadas por alguien. Y la figura con mayor respaldo popular demostrado en el campo opositor es, precisamente, Machado. Que ella no esté en esta mesa técnica no significa, por sí solo, que esté siendo apartada: puede significar, al contrario, que se le está construyendo el terreno donde su liderazgo se mediría. Cuál de las dos cosas ocurre es la pregunta que el proceso irá despejando.
El Acuerdo de Panamá, la puerta entreabierta
Figuera dejó, sin embargo, una puerta entreabierta hacia Machado. Aludió al Acuerdo de Panamá como la instancia que podría dar cabida a una candidatura de peso. En sus palabras, se trata de «una agenda para todas las candidaturas, para que todo aquel que considere que puede aspirar a un camino electoral pueda inscribirse en un Consejo Nacional Electoral transparente». Y agregó: «Si el Acuerdo de Panamá es una instancia para que alguna candidatura asuma una responsabilidad y compromiso histórico, que se haga».
La frase es deliberadamente abierta, pero el subtexto es legible. El Acuerdo de Panamá —la instancia de coordinación opositora— sería el cauce por el que una candidatura como la de Machado podría canalizarse. Es decir: Figuera construiría el árbitro, y por la vía de Panamá se definiría quién compite. Si ese reparto de roles se confirmara, la mesa paritaria y el liderazgo de Machado no serían excluyentes, sino complementarios. Pero eso, por ahora, es una lectura, no un hecho.
Dos lecturas, una más sólida que la otra
El acuerdo admite dos interpretaciones, pero no se sostienen por igual. La primera —y la que mejor encaja con los hechos— entiende la mesa como la construcción de la arquitectura institucional que el liderazgo opositor necesita para traducirse en gobierno. En esta lectura, Figuera resuelve lo institucional (el árbitro, las reglas) y, por la vía de Panamá, se canaliza lo político (la candidatura). Lejos de excluir a Machado, el diseño trabajaría para ella: si la negociación produce de verdad un CNE creíble, con garantías y observación, quien queda en mejor posición para capitalizar ese escenario es, justamente, la dirigente con mayor respaldo popular. Construir el árbitro no es apartar a la favorita; es despejarle la cancha.
La segunda lectura, más escéptica, ve en la mesa una jugada de contención: un mecanismo que legitima al chavismo como interlocutor, mantiene el control de los tiempos en manos de Rodríguez y podría diluir el peso de Machado si el reparto institucional se cierra sin ella. Es una advertencia que conviene tener presente como riesgo —no como certeza—, porque presupone una intención que los hechos, hasta ahora, no confirman: si Washington quisiera apartar a Machado, no necesitaría montar un proceso electoral con garantías; le bastaría una transición administrada con el chavismo, sin urnas reales. Que esté invirtiendo capital político en lo contrario apunta más a la primera lectura que a la segunda.
La lectura de fondo
La mesa paritaria Rodríguez-Figuera es, sin duda, un acontecimiento: por primera vez en mucho tiempo, las partes se sientan con una agenda y cronogramas para negociar el árbitro electoral. Eso, en sí, merece registrarse. Pero el avance institucional no puede leerse aislado de la pregunta política que lo atraviesa: qué papel le tocará a María Corina Machado, la dirigente con mayor respaldo popular, en el escenario que esta mesa busca construir.
Para el venezolano que aspira a un cambio real, la recomendación es seguir el proceso con atención y exigencia, vigilando dos cosas a la vez: que la mesa produzca de verdad un CNE creíble, y que ese mecanismo desemboque en una competencia genuina, donde el respaldo popular pueda expresarse en las urnas. El cronograma habla de diciembre. Si el árbitro que de allí salga es de verdad confiable, la pregunta que quedará en el centro del país no será quién estuvo en esta mesa, sino quién puede ganar cuando llegue el momento de votar. Y esa, más que la foto de un jueves en Caracas, es la cuestión que conviene no perder de vista.
Esta nota tiene carácter informativo y de análisis.
Fuentes principales: Comunicado de la Asamblea Nacional y declaraciones de Dinorah Figuera (18 de junio de 2026); cobertura de El Nacional, El Pitazo, Runrun.es, Diario Las Américas y El Tiempo; comunicado del Departamento de Estado de EE.UU. (19 de junio de 2026).
Alfredo Yánez
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Jorge Jraissati: «La mayoría de las restricciones de Venezuela son autoinfligidas»
Jorge Jraissati, presidente del Economic Inclusion Group, explica por qué la inversión no llega por decreto y por qué muchas trabas que frenan al capital las creó el propio régimen.
La inversión no llega a un país por decreto ni por entusiasmo. Llega cuando existe la arquitectura que la sostiene. Jorge Jraissati, economista venezolano y presidente del Economic Inclusion Group, explica por qué la reconstrucción del país es un problema de ingeniería institucional —banca, energía, garantías jurídicas— y por qué buena parte de las trabas que hoy frenan al capital fueron creadas por el propio régimen.
§ Las seis preguntas
| Qué | La tesis de que la reconstrucción de Venezuela depende de reformas financieras, energéticas y jurídicas, no solo del cambio político. |
| Quién | Jorge Jraissati, economista venezolano, presidente del Economic Inclusion Group. |
| Cuándo | Junio de 2026, en plena fase de estabilización del proceso abierto el 3 de enero. |
| Dónde | Venezuela, desde la diáspora; entrevista para INCÍSOS. |
| Por qué | Define qué condiciones técnicas debe cumplir el país para que la inversión se concrete. |
| Cómo | A través de un grupo de jóvenes expertos que diseñan reformas en banca, energía y activos digitales. |
# «La mayoría de las restricciones de Venezuela son autoinfligidas»
La inversión no llega a un país por decreto ni por entusiasmo. Llega cuando existe la arquitectura que la sostiene. Esa es la convicción que ordena el trabajo de Jorge Jraissati, economista venezolano nacido en Barquisimeto en 1996 y presidente del Economic Inclusion Group, un grupo que diseña reformas para la reconstrucción del país. En esta conversación con INCÍSOS, Jraissati desarma los dos relatos dominantes sobre Venezuela —el que dice que nadie invierte y el que asegura que llueve dinero— y explica por qué la reconstrucción es, antes que nada, un problema de ingeniería.
De Barquisimeto a las aulas de Harvard
Antes de la economía, ¿qué había en su casa?
Soy venezolano, nací en Barquisimeto en 1996. Crecí en un país donde cada año las cosas estaban peor, escuchando a mis padres decepcionados de cómo se desarrollaba el país. Mis padres son ambos hijos de inmigrantes: por parte de madre, italianos; por parte de padre, libaneses. No son personas políticas en absoluto. Lo que querían era trabajar, formar una familia, vivir como clase media. Y cada año se lo hacían más difícil.
¿Algún episodio concreto que lo marcara?
En 2012 mi papá trataba de importar desde Panamá, y todas las regulaciones y los controles de precios no lo dejaban producir. En 2013, cuando Maduro impuso los controles de precios de forma sistemática, tuvo que remarcar toda su mercancía y prácticamente perderla. A esa edad uno escucha a sus padres y eso lo marca. Llegamos al punto en que era inviable tener un negocio en Venezuela si no estabas conectado con el gobierno. Eso es lo que más repudio.
Se va a estudiar a Estados Unidos. ¿Cómo mantuvo el vínculo con el país?
Me gradué muy joven del bachillerato y me fui a Boca Ratón con una beca, un sacrificio enorme para mis padres. Mi plan era sacar la carrera rápido y volver. Pero en 2017 volvieron las protestas, más de cien días. No podía estar cómodo en Estados Unidos viendo que a gente de mi edad la metían presa por protestar. Empecé a denunciar lo que ocurría en universidades —Minnesota, Nueva York, Maryland— cuando Venezuela todavía era un tema marginal. Así mantuve vivo el vínculo: investigación, incidencia, pedagogía.
Energía, banca y una generación nueva
Funda su propio centro de estudios. ¿Qué trabajan sobre Venezuela?
La primera línea es energía. Venezuela es un país abundante en energía y, sin embargo, no hay luz en las casas. La mayor parte de nuestra energía se pierde por mal mantenimiento, mala inversión y corrupción en la red. Desperdiciamos además una gran cantidad de gas natural; por la forma ineficiente en que producimos, botamos un estimado de 2.000 millones de dólares al año.
¿La segunda?
El sistema financiero, que casi no se estudia. Mucha gente cree que cuando haya transición la inversión correrá sola hacia Venezuela. Pero el sector financiero necesita reformas, garantías e instrumentos para que eso ocurra. Venezuela es un país sancionado y con alto riesgo: el GAFI, el Grupo de Acción Financiera Internacional, lo tiene en su lista gris. Cuando estás en esa lista, el capital no quiere ir. Solo entra dinero muy grande y muy conectado con el gobierno; el empresario mediano no puede.
¿Y eso cómo se conecta con la pobreza?
En América Latina los índices de inclusión financiera son muy bajos. Si no le das a una persona acceso a crédito, a formalizar sus activos, a tener derecho de propiedad sobre su casa, ¿cómo va a salir de la pobreza? El sector financiero arcaico genera desigualdad. Negarle a la mayoría el acceso a lo que necesita para crecer es negarle el futuro.
La tercera línea de trabajo es generacional.
Creo que este país no lo van a reconstruir personas que fueron ministros en los años ochenta. No es contra nadie, pero necesitamos empoderar a una generación con una mentalidad diferente. Yo hablo de reconstrucción porque la palabra suena bien, pero no se trata de reconstruir lo que teníamos: se trata de construir algo nuevo, con bases nuevas. Tenemos un grupo de unos 18 jóvenes expertos —menos de 40 años— trabajando en petróleo, seguridad, electricidad, comercio e inversión.
¿Y los criptoactivos?
Hoy hablar de reconstruir el sistema bancario sin entender que todo se mueve a través de stablecoins o criptomonedas no tiene sentido. Hablar de formalización de la propiedad sin entender la tokenización tampoco: tokenizar baja muchísimo los costos de transacción de cualquier proceso. Es, de nuevo, un tema generacional.
El capital, las sanciones y lo autoinfligido
Usted dice que no le atrae la política tradicional. Pero su trabajo lo convierte en un actor político. ¿Aspira a liderar?
Me gustaría contribuir al país, y eso se puede hacer de muchas formas: política pública, fundaciones, centros de estudio. Soy una persona a la que poco le gusta el día a día de los problemas políticos. Me gusta crear proyectos más que discutir cosas en una asamblea. Si después estaré o no en la política, no lo tengo claro.
En Davos, Ricardo Hausmann dijo que no hay recuperación sin derechos, y que un clima de coerción frenaría el regreso de los venezolanos del exterior. ¿Lo comparte?
Parcialmente. Lo importante es volver a la democracia y a la libertad, con un grupo de mucha capacidad técnica: los desafíos son tan grandes que no los resuelve un gobierno sin ese conocimiento. Hausmann tiene razón en que mucha inversión estará frenada hasta que exista un plan económico integral. Hay un dato de Encovi: solo el 9% de la diáspora piensa volver en el plazo de un año. Cuando se logre una transición completa, habrá mucha más gente dispuesta a invertir.
Hay un desfile de firmas de cartas de intención. ¿La historia ya comenzó o es la fase de la foto?
El proceso comenzó el 3 de enero. Hay empresas empezando a invertir, eso es preciso. Pero el nivel de inversión ha sido humilde comparado con lo que veríamos en una transición real. Hay dos titulares equivocados: el que dice que nadie invierte y el que dice que llueve plata. Se está invirtiendo, pero se podría hacer mucho más. Hay que confiar, apoyar y acelerar el plan del Departamento de Estado.
Hablemos de las sanciones. ¿Lo hecho en estos seis meses alcanza?
Hay que hacer más flexibilización, empujando porque la transición continúa. Pero no alcanza, y aquí está lo importante: hay una cantidad enorme de restricciones, formales e informales, y la mayoría es autoinfligida. El 80% de los bancos en Venezuela está quebrado. El 60% de la producción eléctrica está mermada. ¿Cómo va a absorber el país la inversión que todos quisiéramos si se cae la red eléctrica? Son limitantes que este mismo gobierno se creó a sí mismo.
Imagine Venezuela en cinco años.
Sueño con contribuir a que, si hoy tenemos 80% de pobreza, eso baje a 30%. Con ver familias de clase media que puedan comprar su casa, su carro, tener a sus hijos en buenas universidades. Si medio millón de jóvenes que se fueron pueden volver y crear empresas, restaurantes, talleres, y uno ve una Venezuela más pujante, me sentiré realizado. ¿Cómo se explica que en un país con esta energía haya gente sin luz ocho o nueve horas al día? El día que podamos decir que todos los venezolanos tienen luz y pueden llegar a fin de mes sin racionar, habrá valido la pena.
Perfil
Jorge Jraissati nació en Barquisimeto en 1996. Es economista, con grados en economía y administración por el Wilkes Honors College de Florida Atlantic University y estudios de máster en finanzas en Harvard University. Preside el Economic Inclusion Group, una organización que promueve la inclusión financiera y la reconstrucción económica de Venezuela, y es investigador del IESE Business School. Ha asesorado a instituciones como el Consejo de Europa y la OCDE, y ha dictado conferencias en universidades como Harvard, MIT y Cambridge.
Esta entrevista fue editada por motivos de extensión y claridad, sin alterar el sentido de las respuestas. Las cifras citadas corresponden a afirmaciones del entrevistado.
Fuentes principales: Entrevista de Jorge Jraissati con INCÍSOS (junio de 2026). Datos biográficos cotejados con la información pública del Economic Inclusion Group.
Política
Antonio Ledezma: «Solo Machado puede dar el batazo definitivo»
Antonio Ledezma ve con cautela el papel de Figuera en el nuevo escenario y sostiene que el desenlace democrático pasa por María Corina Machado y el Manifiesto de Panamá.
El exalcalde de Caracas es cauteloso respecto al papel de Dinorah Figuera en el nuevo escenario político planteado, pero advierte que las jugadas de contención no liberan a Venezuela. Su apuesta tiene un solo nombre y una sola estrategia: María Corina Machado y lo acordado en Panamá.
§ Las seis preguntas
| Qué | Ledezma respalda con cautela el regreso de Figuera, pero sostiene que el desenlace democrático pasa por Machado y el Manifiesto de Panamá. |
| Quién | Antonio Ledezma, exalcalde metropolitano de Caracas; Dinorah Figuera; María Corina Machado; Edmundo González Urrutia. |
| Cuándo | A propósito del regreso de Figuera a Venezuela el jueves 18 de junio de 2026, en plena transición tutelada. |
| Dónde | Caracas, escenario del retorno de Figuera; el exilio de Ledezma como punto de enunciación. |
| Por qué | La diáspora venezolana en EE.UU. necesita leer quién conduce la transición y bajo qué estrategia. |
| Cómo | El Manifiesto de Panamá respalda a Machado; el regreso de Figuera es uno de los movimientos al servicio de esa estrategia, no su eje. |
# Antonio Ledezma: «Solo Machado puede dar el batazo definitivo»
El Manifiesto de Panamá recoge una estrategia suficientemente clara: respalda de manera categórica a María Corina Machado como conductora del proceso que lleve a Venezuela a un desenlace, inexorablemente democrático. Los movimientos que haya en el camino pueden ayudar a que esa letra se cumpla. El regreso de Dinorah Figuera, última presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela electa en 2015, es uno de esos movimientos. Antonio Ledezma, exalcalde metropolitano de Caracas, y uno de los aliados políticos más consecuentes que ha tenido María Corina Machado en su actividad política, ve con cautela el desarrollo de la nueva agenda, y asegura que la voluntad popular no solo fue expresada el 28 de julio de 2024, sino que se mantiene intacta.
El regreso de Figuera y la estrategia de Panamá
Dinorah Figuera volvió a Venezuela invitada por el Departamento de Estado para negociar un Consejo Nacional Electoral creíble. ¿Cómo lee usted ese regreso?
«En este complejo tablero, es imperativo salvaguardar nuestra confianza en la decencia y rectitud de la diputada Dinorah Figuera, cuya gestión al frente de la legítima Asamblea Nacional se mantiene bajo el fuego cruzado de la dictadura, tal como ella misma lo ha relatado.» Ledezma marca primero el respeto. Reconoce en Figuera la conducción de una Asamblea —la de 2015— que se sostiene a contracorriente, y no quiere que ese reconocimiento se pierda en el ruido del reacomodo. Pero enseguida levanta el dedo: «no podemos pecar de ingenuos frente a la dinámica del juego.»
¿Ingenuos en qué sentido? ¿Quién dirige esa jugada?
Aquí entra el béisbol, su lengua franca para explicar la política. «Es evidente la presencia de un mánager que tutela la estrategia desde Washington, ordenando jugadas de laboratorio y llamando a dar un ‘toque de bola’ táctico con el único fin de embasarse y ganar terreno desde la primera base.» El regreso de Figuera, en su lectura, es eso: un toque de bola dirigido desde afuera para avanzar al corredor, una maniobra de contención útil pero limitada. «Pero que nadie se llame a engaño; en este inning decisivo por la libertad de Venezuela, las jugadas de contención no bastan para ganar el partido.»
Si la contención no basta, ¿qué gana el partido?
«Quien verdaderamente encarna la fuerza, el respaldo popular y la potencia necesaria para dar el batazo definitivo que traiga las carreras a casa es María Corina Machado. En tal sentido debe prevalecer la estrategia acordada en Panamá.» La frase es su tesis completa: respaldo a Figuera, sí, pero la carrera ganadora tiene un solo nombre y una sola hoja de ruta. Todo lo demás —el mánager, el toque de bola, la primera base— son movimientos para llegar a ese turno al bate.
¿Esta situación precipitará el regreso de los exiliados, incluido el de María Corina Machado?
Nada se precipita. Los eventos se darán cuando se tengan que dar, en el momento oportuno. María Corina regresará cuando ella lo considere pertinente, en atención a la estrategia que se ha diseñado. Ella no va a jugar adelantado —para seguir con los símiles deportivos, ahora en tiempos del Mundial—. En lo personal yo no anuncié que me iba a fugar. Probablemente tampoco digamos cuándo será el día del retorno. Lo que sí vamos a decir, y decimos, es que estaremos en las calles de Caracas y de toda Venezuela.
Se le siente esperanzado. ¿Hay razones para tener esperanza?
Todas. Aunque digan que estamos bailando en las calles y la verdad es que estamos bailando en un tusero, aunque digan que estamos felices con lo que está pasando, y aun la gente se siente un poco frustrada, yo estoy absolutamente convencido de que vamos a salir de esta estrategia. Mira, el mismo presidente Trump que alaba al rodrigato es el mismo que en noviembre decía que Maduro le parecía simpático. Venezuela tiene sobrado potencial para reconstruirse de verdad. El Plan Tierra de Gracia recoge lo mejor de las propuestas nacionales y de expertos por área, y cuando alguien me pregunta, con desánimo, qué podemos hacer, yo les pongo el ejemplo de Singapur, un país más pequeño que la isla de Margarita, que consiguió la fórmula —sin las inmensas riquezas de que dispone Venezuela— para ser hoy una de las economías más florecientes del mundo.
> «Las jugadas de contención no bastan para ganar el partido.» — Antonio Ledezma
Experiencia en el campo de juego, no en la tribuna
Antonio Ledezma ha sido político desde muchacho. A los 13 años ya arengaba en San Juan de los Morros. No tardó en ganarse a la gente, tanto que se hizo diputado primero, y senador después con el voto de los guariqueños, gracias a su carisma y al respaldo de Acción Democrática (AD), su partido de siempre, hasta que hubo ruptura y la experiencia lo llevó a fundar Alianza Bravo Pueblo. Con AD vivió momentos de gloria y otros no tanto.
Usted no empezó aspirando a Caracas. ¿Cómo llegó a la Alcaldía del Municipio Libertador?
Mi horizonte original estaba en Guárico, aspiraba a la gobernación de ese estado. Fue el partido, en tiempos de Luis Alfaro Ucero, el que me pidió que me midiera en Caracas, en la Alcaldía del Municipio Libertador. No era mi primera opción; fue una instrucción de la organización. Acepté, para no hacerle un daño al partido, gané, y esa decisión marcó el resto de mi carrera: me ató a Caracas, la ciudad que terminé gobernando como alcalde metropolitano.
¿Qué recuerda de aquella etapa al frente de la ciudad?
Yo leía uno de los especiales de INCÍSOS en los que se habla de los mismos de siempre, y debo decir con orgullo que yo he sido siempre el mismo: soy el mismo que enfrentó los intentos golpistas de Hugo Chávez en 1992, el que trabajó para ganarle la alcaldía a Aristóbulo Istúriz, el que se fue a la huelga de hambre para defender los intereses de la gente, el que estuvo en las manifestaciones, el que convocaba marchas y daba la cara en la calle en lugar de gobernar desde una oficina. El que se tomó fotos con María Corina Machado cuando mucha gente no se le quería acercar porque decía que ella era muy radical. Es la imagen que reivindico de mí mismo —el dirigente de calle, no de despacho—; eso me sostiene, no fue que lo aprendí en Caracas, pero ahí me ha tocado ejercerlo y hacerlo visible.
En 2008 buscó la Alcaldía Metropolitana en un escenario adverso. ¿Cómo lo vivió?
Mantuve la candidatura a la Alcaldía Metropolitana de Caracas en un cuadro complicado. El chavismo llevaba a un candidato de peso, otra vez Aristóbulo, y con la inhabilitación de otros dirigentes opositores como Leopoldo López, las fuerzas democráticas se reagruparon en torno a mi nombre. Gané. Pero la victoria vino acompañada de un castigo institucional: incluso antes de que tomara posesión, el chavismo desmanteló en la práctica la Alcaldía Mayor. Me recortaron el presupuesto, me vaciaron las competencias y me impusieron una jefatura de gobierno paralela para minar mi gestión desde el primer día. Gobernar, en esas condiciones, fue gobernar contra el cerco.
Las responsabilidades personales son intransferibles
Sus adversarios han usado el caso judicial de su yerno para golpearlo. ¿Qué responde?
Las responsabilidades personales son intransferibles. Pero por supuesto no pienso dejar sola a mi hija ni a mis nietos por un cálculo político. Una de las cosas que siempre he tenido presente, y que debe prevalecer en la Venezuela que viene, es que los políticos, los que ejercen funciones de administración y gobierno, rindan cuentas. Como se comprenderá, a mí me investigaron todo y más allá. Buscaron maneras de enlodarme, de achacarme malos manejos, y jamás pudieron probar nada, porque siempre he rendido cuentas. La única forma que encontraron para sacarme del camino fue inventarme un delito de traición a la patria y de conspiración.
Y te digo más, con eso de querer transferir responsabilidades de terceros, por muy cercanos que puedan ser. Mi otra hija se casó con Andrés Izarra cuando este era dirigente del chavismo y ministro del gobierno, y aun así fui a elecciones y las gané. La gente sabe diferenciar perfectamente quién es quién.
Panamá, González Urrutia y el dueño de la soberanía
Usted defiende la convocatoria amplia que salió de Panamá. ¿Hasta dónde llega esa amplitud?
Ledezma defiende la convocatoria amplia y cree que de la reunión de Panamá, alentada por María Corina Machado, salieron pasos importantes hacia un gobierno de unidad nacional. Pero le pone un límite moral nítido: la amplitud debe ser suficiente y abarcante, mas no tanto como para que quepan violadores de derechos humanos o torturadores. Convoca a todos los que tengan vocación democrática; no a quienes tienen cuentas pendientes con la dignidad humana. Lo resume así: superar los desencuentros sin que haya impunidad.
¿Cómo define el papel de Edmundo González Urrutia en este cuadro?
Mi reconocimiento a Edmundo González por su nobleza a la hora de dar un paso a un lado para facilitar que Venezuela dé un salto gigantesco a la libertad. Edmundo González Urrutia dijo clarísimamente que es el custodio de la soberanía popular expresada en el voto del 28 de julio, no su dueño. Es legítimo que la resguarde y la represente; sería ilegítimo que pretendiera apropiarse de ella. La soberanía pertenece al pueblo que votó; quien la encarna la administra en su nombre, no en el propio. Para mí, esa diferencia entre custodio y propietario es la línea que separa el liderazgo democrático de la tentación caudillista.
De ahí se extrae su conclusión, la misma con la que tituló esta conversación: en el inning decisivo, las jugadas de contención no bastan. El respaldo popular tiene, para él, un solo nombre.
Fuentes principales: Declaración escrita de Antonio Ledezma enviada a INCÍSOS (junio de 2026) y reconstrucción de conversación con el entrevistado. Contexto del regreso de Dinorah Figuera: comunicado del Departamento de Estado de EE.UU. y cobertura del 18 de junio de 2026.
Política
La pregunta no es quién está en la foto
Para el politólogo José Vicente Carrasquero, la mesa Rodríguez-Figuera resuelve la ingeniería del CNE, pero la legitimidad sigue en Machado. Su lectura, más allá del ruido.
El politólogo José Vicente Carrasquero ofrece una lectura a contracorriente del regreso de Dinorah Figuera y la mesa con Jorge Rodríguez: lo que muchos leyeron como un desplazamiento de María Corina Machado sería, en realidad, la construcción de la arquitectura institucional que su liderazgo necesita para traducirse en gobierno.
§ Las seis preguntas
| Qué | Una lectura que distingue lo institucional de lo político en la mesa por el CNE. |
| Quién | El politólogo José Vicente Carrasquero, sobre Figuera, Rodríguez y Machado. |
| Cuándo | A propósito del regreso de Figuera el 18 de junio de 2026. |
| Dónde | En el análisis político venezolano. |
| Por qué | El ruido sobre un supuesto desplazamiento de Machado oscurece la señal de fondo. |
| Cómo | Distinguiendo entre control y confianza, entre arquitectura y legitimidad. |
# La pregunta no es quién está en la foto
Cuando Dinorah Figuera aterrizó en Maiquetía el 18 de junio y, minutos después, se sentó a negociar con Jorge Rodríguez —el mismo que la insultó públicamente durante años—, buena parte de Venezuela leyó la escena de una sola manera: Washington había cambiado de caballo y desplazado a María Corina Machado. El politólogo José Vicente Carrasquero propone, en su más reciente análisis, leer exactamente lo contrario. Su tesis, expuesta paso a paso, merece ser reconstruida, porque ilumina lo que el ruido del día tapó.
Los hechos, sin la capa de interpretación
Carrasquero parte de los hechos despojados. Figuera regresó a Venezuela tras una invitación directa del Departamento de Estado. No fue, subraya, una decisión espontánea: en abril había sostenido una reunión clave en Washington con Michael Kozak, subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental, quien ratificó el reconocimiento a la Asamblea Nacional de 2015 como la institución llamada a conducir lo que Washington describe como una «transición democrática estable, ordenada y consolidada».
Su agenda en Caracas tuvo dos paradas: primero John Barrett, encargado de negocios de Estados Unidos; después Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional chavista. De ese segundo encuentro salió el comunicado que anunció la mesa técnica y política paritaria, con cronogramas y objetivos orientados al fortalecimiento institucional. Hasta ahí, el dato duro.
Lo institucional no es lo político
El punto donde, según Carrasquero, casi todos se equivocaron fue al preguntar primero si la jugada había sido coordinada con Machado. La respuesta —que no hubo coordinación ni con ella ni con la Plataforma Unitaria— bastó para que media Venezuela interpretara una traición. Pero esa lectura, advierte el analista, confunde dos planos completamente distintos: lo institucional y lo político.
La clave la dio la propia Figuera cuando, consultada sobre si su gestión estaba coordinada con Machado, respondió: «Una cosa es lo político y otra lo institucional.» Carrasquero lee esa frase no como un esquive, sino como la cifra de todo el episodio. Figuera, sostiene, no regresó como líder de un proyecto político alternativo a Machado, sino como presidenta de la última Asamblea Nacional reconocida internacionalmente como legítima, la de 2015. Una figura institucional, no una candidata.
Su función, en esta lectura, no es competir por el liderazgo del cambio, sino ocupar el espacio legal e institucional para que ese cambio tenga cauce: la negociación de un nuevo Consejo Nacional Electoral. De ahí frases como «necesitamos un CNE creíble» o aquella, más reveladora, de que «al elefante hay que comérselo en pedacitos». No es, dice Carrasquero, el lenguaje de quien viene a sustituir a un líder, sino el de quien viene a resolver un problema de ingeniería institucional que ningún liderazgo, por fuerte que sea, puede resolver solo: la arquitectura electoral.
Cómo piensa Washington la transición
Para entender por qué se construye esa arquitectura, el analista da un paso atrás y se pregunta cómo concibe Washington esta transición. Su respuesta es que la administración Trump no razona desde tratados ni doctrinas, sino desde el poder, la ventaja, el riesgo y el resultado. La pregunta no es «cuál es la mejor solución», sino qué se obtiene, a qué costo, quién controla la situación y cómo se presenta como victoria.
Venezuela, en esa óptica, no es solo democracia: es petróleo, migración, la presencia de China, Rusia, Irán y Cuba, narcotráfico, seguridad hemisférica y, también, una causa moral. Pero una causa moral, matiza Carrasquero, que debe ser compatible con una transición que no se le vaya de las manos. Eso explica, según él, por qué tras la captura de Maduro en enero Washington no apostó únicamente a la figura más fuerte y popular, sino que construyó en paralelo una vía institucional: la Asamblea de 2015, con Figuera al frente, capaz de sentarse con los restos del chavismo para negociar las reglas del juego.
Control no es confianza
Aquí Carrasquero introduce la distinción que vertebra su análisis. Washington puede usar a Jorge Rodríguez como interlocutor operativo para resolver los aspectos técnicos del CNE, pero no puede convertirlo en el fundamento legítimo de la nueva Venezuela, porque Rodríguez «no produce confianza, produce control». Y control no es lo mismo que confianza.
El control —explica— sirve para sentarse en una mesa y firmar un comunicado sobre cronogramas técnicos. La confianza sirve para que un país entero crea en una transición. El control abre una reunión en el Palacio Federal Legislativo; la confianza hace que los exiliados regresen, que los militares entiendan que hay un nuevo orden, que el pueblo se sienta representado. Por eso la mesa técnica, por real e importante que sea, no sustituye nada: resuelve un problema de ingeniería institucional, pero la legitimidad sigue estando en otro lado.
Para qué sirve la foto
Y ese «otro lado» tiene, para Carrasquero, un nombre. Si Washington realmente quisiera dejar a Machado fuera del tablero, argumenta, no necesitaría moverse: le bastaría con negociar directamente con el chavismo una sola pieza sobre el CNE y montar una transición administrada sin cauce electoral real. Pero eso es exactamente lo que no están haciendo. Están invirtiendo capital político en construir, con una figura institucional como Figuera, las reglas mínimas de un proceso electoral creíble.
Y si esas reglas se cumplen de verdad —partidos legalizados, garantías, cronograma, observación internacional—, la pregunta es quién queda en mejor posición para capitalizar ese escenario. No Figuera, que se declara sin aspiraciones de candidatura. No Jorge Rodríguez, que no produce confianza. La respuesta, para Carrasquero, es Machado, porque su legitimidad no nace de una negociación en Washington, sino de la calle, del voto, de la resistencia. «Washington puede diseñar mesas técnicas, pero no puede decretar liderazgo.» De ahí su reformulación del debate: la pregunta no era quién está en la foto, sino para qué sirve la foto.
Los riesgos que el propio análisis admite
El análisis no es, sin embargo, una celebración ingenua. Carrasquero enumera con la misma claridad los riesgos. Primero, que la mesa técnica resulte cosmética: que se hable de un CNE creíble mientras se mantienen los viejos mecanismos de control. Segundo, que Jorge Rodríguez y el chavismo remanente usen la negociación para ganar tiempo, convirtiendo cada reunión en oxígeno político y cada cronograma en herramienta de dilación.
Tercero, que se construya una transición institucional sin verdad ni justicia: sin liberación plena de los presos políticos, sin ruptura real del aparato represivo. Y cuarto, el más delicado: que Machado sea incorporada tarde, cuando el reparto institucional ya esté armado, y tenga que decidir entre entrar para corregir desde dentro o rechazar una mesa que el país no reconozca como suya. Son advertencias que cualquier lectura honesta del momento debe sostener junto a la hipótesis optimista.
La pregunta que quedará en el centro
La conclusión de Carrasquero es una invitación a cambiar de pregunta. No podemos leer la mente de quienes diseñan la transición desde Washington, admite, pero sí podemos leer la arquitectura que están construyendo. Y esa arquitectura, sostiene, no apunta a reemplazar a Machado, sino a resolver con el chavismo remanente el problema técnico-institucional sin el cual ningún liderazgo, por legítimo que sea, puede convertirse en gobierno.
Por eso, si el CNE que se negocia se vuelve real, la pregunta que quedará en el centro del país no será si Washington quiso o no quiso a Machado. Será otra, mucho más concreta y, para el analista, mucho más reveladora: cuando llegue el momento de votar, ¿quién puede ganarle? Esa, y no el ruido del titular del día, es la cuestión que conviene tener presente mientras la mesa avanza.
Análisis elaborado a partir del video publicado por José Vicente Carrasquero. Las formulaciones entre comillas corresponden a expresiones del autor; el resto es síntesis editorial de su argumento.
Fuentes principales: Análisis en video de José Vicente Carrasquero (junio de 2026). Datos de contexto verificados: reunión Figuera-Kozak del 22 de abril de 2026 y mesa paritaria Rodríguez-Figuera del 18 de junio de 2026 (cobertura de NTN24, TalCual, Diario Las Américas, El Financiero).
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