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Política

Saab también tiene un default judgment por tortura contra un Marine

** El 12 de mayo de 2026, una corte federal del Distrito Sur de Florida firmó el default judgment del caso Heath y Khan contra Maduro, Saab y otros codemandados, bajo la Anti-Terrorism Act. Cuatro días antes de la deportación.

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** El martes 12 de mayo de 2026, la Corte Federal del Distrito Sur de Florida firmó un default judgment final en el caso Heath et al vs. Maduro Moros et al. Cuatro días antes de la deportación, Alex Saab ya era responsable civilmente, junto a Maduro, Padrino López, Diosdado Cabello, Cilia Flores y otros codemandados, por el secuestro y la tortura de dos ciudadanos estadounidenses.

Ficha 6W · Lo esencial
Qué Default judgment final del caso 1:25-cv-20040-JB que declaró responsables a Alex Saab y otros codemandados individuales por daños a Matthew Heath y Osman Khan.
Quién Demandantes: Matthew Heath y Osman Khan. Codemandados individuales: Maduro Moros, Padrino López, Néstor Luis Reverol, Tarek William Saab, Iván Hernández Dala, Diosdado Cabello, Alex Saab Morán, José Miguel Domínguez, Cilia Flores, Reynaldo Hernández, Marlon Salas Rivas, Alexander Granko Arteaga. Codemandados colectivos: Minerven, Segunda Marquetalia, FARC-EP y Cartel de los Soles. Bufetes: Motley Rice LLC, Do Campo & Thornton, Provost Umphrey.
Cuándo Demanda presentada el 6 de enero de 2025. Default Judgment final entrado en el expediente el 12 de mayo de 2026. Deportación de Saab: 16 de mayo de 2026.
Dónde Corte Federal del Distrito Sur de Florida, Miami, caso 1:25-cv-20040-JB.
Por qué El default judgment configura un segundo frente judicial paralelo a la causa penal. Lo que viene esta semana en la corte de Miami no es un solo juicio, son varios procesos simultáneos.
Cómo Procedimiento civil bajo Anti-Terrorism Act ante incomparecencia de los demandados; sentencia por default sobre alegaciones admitidas por incomparecencia.

Cuatro días antes de subir al Gulfstream en Maiquetía, Alex Saab ya había sido declarado responsable civilmente por la justicia federal estadounidense por hechos distintos al lavado de dinero, junto a Maduro y a una decena más de funcionarios y exfuncionarios del oficialismo venezolano. El expediente lleva número 1:25-cv-20040-JB, está radicado en la Corte Federal del Distrito Sur de Florida, y se titula Matthew John Heath et al vs. Nicolás Maduro Moros et al. El default judgment final fue entrado en el expediente el martes 12 de mayo de 2026.

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Los demandantes

Matthew Heath es un veterano del Cuerpo de Marines de Estados Unidos. Fue detenido el 11 de septiembre de 2020 en un retén durante un viaje por Venezuela. La detención inicial se justificó con acusaciones de espionaje y posesión de explosivos. El gobierno estadounidense determinó posteriormente que la detención fue arbitraria y las acusaciones falsas. Permaneció preso 752 días.

Osman Khan es un ciudadano estadounidense que viajó a Venezuela en 2022 a visitar a la familia de su novia. Fue detenido y mantenido en custodia 259 días. El gobierno estadounidense también declaró su detención arbitraria.

Ambos fueron liberados en octubre de 2022 dentro de un intercambio de prisioneros que incluyó, además, a cinco ejecutivos de Citgo retenidos en Caracas. El régimen venezolano recibió a cambio la liberación de Franqui Flores y Efraín Campo Flores, los dos sobrinos de Cilia Flores condenados en Nueva York por narcotráfico, conocidos en la prensa como «los narcosobrinos».

La demanda

El 6 de enero de 2025, los bufetes Motley Rice LLC, Do Campo & Thornton y Provost Umphrey presentaron en el Distrito Sur de Florida una demanda civil de 87 páginas en nombre de Heath y Khan. La acción se fundamenta en la Anti-Terrorism Act, una ley federal poco utilizada hasta los años recientes que permite a víctimas estadounidenses de grupos terroristas extranjeros embargar bienes de los responsables como vía de indemnización.

La demanda alegó que Heath y Khan fueron sometidos a un patrón de tortura: simulacros de ahogamiento, electrocución, amenazas de violación con un bolillo, administración de drogas que alteran la mente, y confinamiento prolongado en una celda estrecha conocida como «El Tigrito». La demanda sostiene que el secuestro y la tortura formaron parte de un esquema sistémico para usar ciudadanos estadounidenses como moneda de cambio en negociaciones con el gobierno de Estados Unidos. Esos mismos métodos, ha señalado la defensa de los demandantes, están siendo examinados por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional.

La demanda nombró como demandados a una lista extensa de funcionarios y exfuncionarios venezolanos, además de entidades colectivas. La lista de demandados individuales incluye:

  • Nicolás Maduro Moros
  • Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa
  • Néstor Luis Reverol Torres
  • Tarek William Saab Halabi, Fiscal General
  • Iván Rafael Hernández Dala
  • Diosdado Cabello Rondón
  • Alex Naim Saab Morán
  • José Miguel Domínguez Ramírez
  • Cilia Adela Flores de Maduro
  • Reynaldo Hernández
  • Marlon Salas Rivas
  • Alexander Enrique Granko Arteaga

Como demandados colectivos figuran la Compañía General de Minería de Venezuela (Minerven), la Segunda Marquetalia, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el Cartel de los Soles. Que Saab aparezca en esa lista, junto a la cúpula militar y de inteligencia del oficialismo, es una caracterización judicial estadounidense de su lugar en el sistema, no solo financiero, sino represivo.

El default judgment

El default judgment es un instituto procesal civil que opera cuando los demandados no se hacen parte del procedimiento. Las alegaciones de hecho de la parte demandante se dan por admitidas. El juez evalúa si esas alegaciones, tomadas como ciertas, configuran responsabilidad bajo la ley aplicable. Si la respuesta es afirmativa, el juez fija el monto de la condena indemnizatoria.

Ninguno de los demandados individuales nombrados en la causa Heath compareció. Ninguno presentó defensa. La corte procedió por la vía del default. El 12 de mayo de 2026, el juez asignado al expediente firmó la orden de default judgment final. La decisión declara responsables a los demandados por los hechos descritos en la demanda y autoriza el proceso de cobro contra activos bloqueados de los demandados en jurisdicciones que cooperen con la justicia estadounidense.

Por qué este caso es noticia esta semana

Tres razones convergen.

Primera. El default judgment tiene fecha del 12 de mayo. La deportación de Saab tiene fecha del 16 de mayo. La distancia entre ambos eventos es de cuatro días. Saab subió al avión en Maiquetía siendo ya un demandado civil con sentencia firme en su contra. La fiscalía penal y los litigantes civiles operan en pistas paralelas, pero sobre la misma persona.

Segunda. El caso Heath sienta jurisprudencia operativa para otras causas civiles. En 2022, un juez de Miami otorgó 73 millones de dólares en daños a la familia de Fernando Albán, el concejal venezolano que murió en custodia del SEBIN tras una caída inexplicable desde el décimo piso. La causa Albán también fue por default. La cadena de casos civiles bajo Anti-Terrorism Act contra el oficialismo venezolano ya tiene un patrón de cobro contra activos OFAC-bloqueados.

Tercera. La defensa de Saab no puede ahora desligarse de la causa civil sin pagar un costo penal. Si comparece en el procedimiento penal, la fiscalía puede argumentar consistencia con los hechos admitidos por su incomparecencia en la causa civil. Si no comparece en la causa penal, repite el problema. La operación procesal es delicada.

El daño civil que va a tener que pagar

El monto de la indemnización no está reflejado en la primera página de la orden de default judgment, que es la que ha circulado públicamente. Los precedentes recientes en el Distrito Sur de Florida sugieren que las indemnizaciones bajo Anti-Terrorism Act pueden alcanzar decenas o centenas de millones de dólares por víctima.

La vía de cobro es la siguiente: los demandantes presentan pedimentos de discovery ante bancos y empresas que custodien fondos bloqueados por OFAC pertenecientes a los demandados. Los pedimentos cruzan listas de sancionados con cuentas en custodia. Los acreedores judiciales pueden embargar esos activos bloqueados como pago parcial. La causa Albán, en 2023, abrió ese camino con resoluciones del propio Distrito Sur de Florida sobre subpoenas a bancos.

El cuadro completo

Alex Saab llega a Miami con tres frentes abiertos. Uno: causa penal del Distrito Sur de Florida por la acusación de enero de 2026. Dos: default judgment civil del 12 de mayo de 2026 en la causa Heath et al. Tres: condena previa en Italia por lavado de dinero relacionada con la compra de un apartamento de lujo en Roma con fondos ilícitos. Hay un cuarto frente abierto, residual: la causa colombiana, en la que un tribunal lo absolvió en mayo de 2024 pero cuya apelación de la Fiscalía seguía pendiente.

Cada frente tiene su propio reloj. Cada uno tiene sus propias reglas. Y los cuatro están corriendo al mismo tiempo desde el sábado.

Fuentes principales: Orden de Default Judgment Final, Caso 1:25-cv-20040-JB, Corte Federal del Distrito Sur de Florida, entrada en el expediente el 12 de mayo de 2026 (Documento 67). Demanda inicial presentada el 6 de enero de 2025 por Motley Rice LLC, Do Campo & Thornton y Provost Umphrey. Reportes de Associated Press, WBIR Channel 10 y comunicado oficial de Motley Rice sobre el caso (enero de 2025). Precedente de la causa Albán (1:21-cv-20706-DPG) ante el mismo Distrito.

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Política

Los que siguen sin aparecer: la cifra que no existe

Treinta días después del doble sismo, Venezuela no ha publicado una lista oficial de desaparecidos. Las estimaciones van de 10.000 a 50.000. Miles de familias siguen esperando.

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ESPECIAL · VIII

Treinta días después del doble sismo, Venezuela no ha publicado una lista oficial de personas desaparecidas. Las estimaciones van de 10.000 a 50.000. Miles de familias siguen esperando un que enterrar y un papel que lo certifique.

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Los que siguen sin aparecer



Treinta días después del doble sismo, Venezuela no ha publicado una lista oficial de personas desaparecidas. Las estimaciones van de 10.000 a 50.000. Miles de familias siguen esperando un que enterrar y un papel que lo certifique.


El número que nadie publica

De todas las cifras de este especial, la más importante es la que no existe.

Un mes después del desastre, las autoridades venezolanas no han publicado una lista oficial de personas desaparecidas. Lo que hay son estimaciones que no coinciden entre sí: las Naciones Unidas calcularon que la cifra podría llegar a 50.000 personas; otras proyecciones la sitúan cerca de 10.000. Durante la emergencia, las plataformas ciudadanas acumularon decenas de miles de denuncias de personas sin contacto, cifras que nunca fueron confirmadas.

La distancia entre esas estimaciones no es un margen técnico. Es la constancia de que no hay un conteo. Y en la historia venezolana esto tiene un precedente exacto: tras el deslave de Vargas en 1999, las cifras de muertos oscilaron entre 700 y 50.000, y el país nunca supo cuántos habían muerto. Veintisiete años después, sobre el mismo territorio, se repite el mismo vacío.

Lo que significa no estar en una lista

Podría pensarse que el registro es una formalidad burocrática frente al dolor. Es exactamente al revés: la ausencia de registro tiene consecuencias materiales severas para quienes quedan.

No hay identificación sistemática. Sin un listado centralizado que cruce reportes familiares con los s recuperados, la identificación depende del azar y del esfuerzo individual de cada familia recorriendo hospitales y morgues.

No hay acta de defunción. Sin certificación de la muerte, una familia no puede acceder a herencias, cobrar seguros, disponer de cuentas bancarias, resolver la titularidad de una vivienda ni tramitar la custodia legal de los menores que quedaron sin padres.

No hay cierre. El duelo humano necesita un hecho comprobado. Miles de personas siguen viviendo bajo carpas frente a los edificios colapsados, muchas de ellas esperando que la remoción de escombros devuelva el de alguien.

El trauma que se instala

Médicos Sin Fronteras, que fue la única presencia humanitaria internacional en el país en los primeros días, convirtió la salud mental en uno de los pilares de su respuesta. Sus equipos recorren La Guaira y Caracas con clínicas móviles, incluida Naiguatá, una zona que había quedado relativamente al margen de la asistencia.

El diagnóstico de su jefe de misión en Venezuela es directo: la población va perdiendo la esperanza y el trauma que sufrieron se está convirtiendo en un trauma para el futuro. La fase de rescate quedó atrás; la del duelo apenas empieza, y para miles de familias ni siquiera puede empezar, porque no hay a quién enterrar.

En el hospital Domingo Luciani de Caracas, los afiches de personas desaparecidas siguen pegados un mes después. Es la imagen más precisa del estado de las cosas.

Por qué no se publica

INCÍSOS no puede afirmar cuál es la razón, porque no ha sido explicada. Puede, en cambio, señalar las hipótesis que el propio caso admite y que las autoridades podrían despejar si quisieran.

Podría ser incapacidad técnica: elaborar un registro de desaparecidos en un desastre de esta magnitud exige un sistema de identificación forense y de cruce de datos que el país quizá no tenga. Podría ser fragmentación institucional: distintos organismos manejando listados parciales sin integrarlos. Podría ser una decisión política: una cifra oficial de desaparecidos convertiría el balance de 5.398 muertos en algo mucho mayor, y ningún gobierno recibe con agrado esa aritmética.

Sea cual sea la razón, el efecto es el mismo para quien busca. Y la responsabilidad de explicarlo corresponde a quien administra el Estado.

Lo que corresponde exigir

Las demandas concretas que este especial puede formular son verificables y cumplibles:

Un registro público y actualizado de personas reportadas como desaparecidas, con mecanismos de protección de datos sensibles.

Un protocolo de identificación forense con apoyo internacional, como el que se ha aplicado en otros desastres de escala comparable.

Un procedimiento simplificado para la declaración de ausencia y la emisión de actas, de modo que las familias puedan resolver su situación legal sin esperar años.

Información periódica a los familiares sobre el avance de la remoción de escombros en los sitios donde aún se espera recuperar s.

La deuda

Este especial se llama, en su conjunto, un balance. Pero un balance solo cierra cuando todas las cuentas están. Aquí falta la más importante.

Venezuela puede decir con precisión cuántas toneladas de alimentos distribuyó, cuántos perros de búsqueda llegaron y cuántos millones cuesta reponer lo caído. No puede decir cuántos de los suyos siguen bajo los escombros. Esa asimetría —contarlo todo menos a los muertos— es la que este cuarto especial deja señalada, a la espera de que alguien la resuelva.

Mientras tanto, hay familias en La Guaira que un mes después siguen mirando un montón de concreto y esperando. Ellas son el balance que falta.


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Política

La ayuda como terreno de disputa: los centros de acopio

Universidades, iglesias y ciudadanos habilitaron centros de acopio en siete estados. Después llegaron las prohibiciones municipales, las denuncias de retención y el reclamo de cuarenta ONG.

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ESPECIAL · VI

En días, universidades, iglesias, partidos y ciudadanos habilitaron centros de acopio en al menos siete estados. Después llegaron las prohibiciones municipales, las denuncias de retención y el reclamo de cuarenta ONG. La ayuda se volvió terreno de disputa.

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Los centros de acopio: de la solidaridad a la disputa



En días, universidades, iglesias, partidos y ciudadanos habilitaron centros de acopio en al menos siete estados. Después llegaron las prohibiciones municipales, las denuncias de retención y el reclamo de cuarenta ONG. La ayuda se volvió terreno de disputa.


La respuesta que se armó sola

Una de las cosas más notables del mes que siguió al sismo fue la velocidad con que la sociedad venezolana montó una red de acopio sin esperar instrucciones.

En pocos días había puntos de recolección de agua, alimentos no perecederos, insumos médicos, mantas y ropa en al menos siete estados: Miranda, Aragua, Carabobo, Zulia, Lara, Táchira y Monagas. Los habilitaron universidades, la Iglesia a través de Cáritas, partidos políticos de distintos signos y grupos de vecinos sin filiación alguna.

Esa red no la diseñó nadie. Surgió por acumulación de iniciativas paralelas, y en cuestión de horas movía cantidades significativas de insumos hacia la zona del desastre.

Cuando empezaron los problemas

El conflicto no tardó. Y tuvo varias formas.

Prohibiciones municipales. Alcaldías prohibieron la instalación de centros de acopio en sus jurisdicciones. En Charallave, estado Miranda, la alcaldesa Yubismar Hernández prohibió la recolección independiente. Las justificaciones oficiales apelaron a la coordinación y al orden; los afectados lo leyeron como control.

Denuncias de retención. Se denunció que s de seguridad retenían ayuda destinada a damnificados. INCÍSOS documentó esas denuncias durante la emergencia.

Ayuda varada en frontera. Doscientas toneladas de ayuda humanitaria quedaron detenidas en la frontera colombo-venezolana sin lograr cruzar.

Voluntarios en el limbo. El registro de voluntarios en el Poliedro de Caracas se anunció, se suspendió y se reabrió, dejando a cientos de personas sin saber si podían ayudar o no.

Equipos que no llegaron. Brigadas de rescate internacionales quedaron varadas en aeropuertos sin autorización para operar. El alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, lo resumió al reclamar por sus bomberos detenidos: esto no es una fiesta que necesite invitación.

El reclamo de las cuarenta

El punto más alto de la tensión llegó cuando cuarenta organizaciones no gubernamentales emitieron un pronunciamiento conjunto pidiendo que se respetaran los derechos humanos en la gestión de la ayuda y cuestionando las prohibiciones de acopios.

Por su parte, la Plataforma Unitaria exigió transparencia en el manejo de la asistencia. La demanda no era abstracta: cuando la ayuda se centraliza sin mecanismos públicos de trazabilidad, no hay forma de saber si llegó a quien debía llegar.

Por qué la ayuda se politiza

Conviene explicar el mecanismo, porque no es exclusivo de Venezuela ni de un solo signo político.

En una emergencia, quien controla la distribución de bienes escasos adquiere poder. Puede decidir quién recibe primero, puede aparecer entregando, puede exigir gratitud. La ayuda humanitaria es, simultáneamente, un bien material urgente y un activo de legitimidad política.

Por eso los estándares internacionales insisten en la neutralidad de la asistencia: no porque los actores políticos sean malintencionados, sino porque la tentación es estructural. Cuando una alcaldía prohíbe acopios ajenos y monta el propio, o cuando un partido usa su red de distribución para hacerse visible, la ayuda deja de medirse por eficacia y empieza a medirse por rédito.

Y esa lógica opera en todos los bandos. Los sectores opositores también organizaron acopios con identificación partidista visible. La diferencia relevante no es de color político, sino de si la ayuda llegó y si puede demostrarse que llegó.

Lo que quedó

Un mes después, la fase aguda del acopio terminó. Los insumos de emergencia dieron paso a necesidades de más largo plazo: vivienda, salud mental, reposición de documentos, reactivación económica.

Lo que queda de aquella red ciudadana es una lección que vale la pena registrar antes de que se olvide, porque en Venezuela lo relacionado con catástrofes se olvida rápido. En las primeras horas, la sociedad demostró capacidad real de organizarse, movilizar recursos y llegar a donde el Estado no llegaba. Esa capacidad es un activo nacional.

Los obstáculos que enfrentó —prohibiciones, retenciones, trabas fronterizas— no fueron fallas técnicas. Fueron decisiones. Y decisiones se pueden tomar de otro modo la próxima vez, si alguien se molesta en recordar esta.


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Política

Quién llegó primero: la disputa por la ayuda humanitaria

La ayuda internacional llegó antes que el Estado venezolano. Un mes después, la disputa sobre quién coordinó qué revela más sobre el régimen que sobre la catástrofe.

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ESPECIAL · V

Los balances oficiales contabilizan 6.462 personas rescatadas mediante operaciones técnicas y 19.861 salvadas si se cuentan las evacuaciones autogestionadas. Esa diferencia es el dato más elocuente sobre quién respondió en las primeras horas.

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Quién llegó primero: la pregunta que el país no ha cerrado



Los balances oficiales contabilizan 6.462 personas rescatadas mediante operaciones técnicas y 19.861 salvadas si se cuentan las evacuaciones autogestionadas. Esa diferencia es el dato más elocuente sobre quién respondió en las primeras horas.


La cifra que ordena el debate

Hay un dato en los propios balances oficiales que rara vez se destaca y que dice más que cualquier declaración. Las autoridades informaron que 6.462 personas fueron rescatadas con vida mediante operaciones técnicas de búsqueda y rescate. Y agregaron que 19.861 salvaron la vida si se cuentan las evacuaciones autogestionadas.

La resta es de 13.399 personas. Es decir: por cada persona sacada de los escombros por un equipo especializado, aproximadamente dos fueron salvadas por gente sin equipamiento, sin protocolo y sin formación en rescate. Vecinos sacando vecinos.

Ese número no es una acusación. Es una descripción de cómo funcionan las primeras horas de cualquier catástrofe en cualquier país: los primeros respondedores siempre son quienes ya están ahí. Ningún Estado del mundo tiene capacidad de llegar simultáneamente a todos los puntos de un colapso masivo.

Pero en Venezuela ese fenómeno universal se produjo en un contexto particular, y ahí empieza lo discutible.

Las primeras 72 horas

El período crítico para hallar sobrevivientes bajo escombros es de aproximadamente 72 horas. Los primeros equipos internacionales comenzaron a llegar el 25 de junio, y el grueso del despliegue se consolidó entre el 26 y el 28. Es decir, buena parte de la ventana crítica transcurrió antes de que la ayuda especializada extranjera estuviera operativa.

Durante esas horas, la respuesta dependió de la capacidad nacional y de la iniciativa ciudadana. INCÍSOS documentó en su cobertura casos concretos: comunidades enteras que se organizaron solas para remover escombros con herramientas domésticas, cadenas humanas improvisadas, vecinos que identificaron dónde había personas atrapadas porque conocían quién vivía en cada apartamento.

En el sector Medina Angarita, en la carretera de Catia, una comunidad se rescató a sí misma y después pidió que el Estado la mirara. Es una síntesis exacta del patrón.

Lo que denunciaron los que estaban ahí

La discusión no se limita a la velocidad de llegada. Durante los primeros días se acumularon denuncias que INCÍSOS registró y que siguen sin respuesta oficial satisfactoria.

Un exjefe de Defensa Civil describió la respuesta como improvisada, señalando que en gestión de riesgo no se puede improvisar. Un paramédico en terreno explicó la impotencia de trabajar sin maquinaria: ya no se podía hacer nada con las manos. Desde La Guaira se denunció que la ayuda llegaba a cuentagotas y que los bomberos carecían de maquinaria pesada.

Hubo denuncias de que s de seguridad retenían ayuda destinada a damnificados. Y un episodio que quedó como símbolo: vecinos que detuvieron una excavadora oficial alegando que había llegado a tomarse fotos y no a trabajar.

La otra parte de la historia

Sería incompleto —y editorialmente deshonesto— presentar solo ese lado. También hubo funcionarios, bomberos, militares y personal de salud que trabajaron hasta el agotamiento en condiciones pésimas, con equipos insuficientes y muchos de ellos afectados personalmente por el desastre.

El sistema hospitalario, que ya estaba deteriorado antes del sismo, atendió 32.401 pacientes. Ocho hospitales resultaron dañados y algunos debieron evacuarse. Que ese sistema haya funcionado de algún modo en esas condiciones es también un dato.

La crítica válida no es que los funcionarios no hicieran su trabajo. Es que el Estado, como estructura, llegó a la catástrofe sin la capacidad instalada que su propia normativa exige, y eso no se decidió el 24 de junio: se decidió en los años previos, cuando se desmontó el sistema de gestión de riesgo.

La disputa que sigue abierta

Un mes después, la pregunta de quién llegó primero se ha convertido en terreno político. El gobierno de transición destaca los balances de familias atendidas y toneladas distribuidas. Los sectores críticos destacan las 13.399 personas salvadas por sus propios vecinos.

Ambas cosas son ciertas y no se anulan. Lo que INCÍSOS puede afirmar con la evidencia disponible es lo siguiente: la sociedad civil venezolana respondió con una capacidad de autoorganización notable, el Estado llegó tarde y con menos medios de los necesarios, y la ayuda internacional resultó decisiva pero llegó después de la ventana crítica.

La conclusión útil no es asignar culpas por lo ya ocurrido. Es que un país sísmico sin capacidad de respuesta propia en las primeras 72 horas volverá a depender de que sus vecinos caven con las manos. Y la próxima vez, como enseñan dos siglos de historia venezolana, también habrá una próxima vez.


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