Connect with us
PublicidadTu lugar es aquí62 millones de hispanos. Empieza por los que deciden.Anúnciate →

Inciso

Cédula chimba

Diosdado Cabello dice que la cédula de Saab no es legal. La declaración abre una ventana sobre cómo el chavismo y ahora el rodrigato han manejado los documentos públicos en Venezuela. Acta de defunción de Chávez, acta de nacimiento de Maduro, actas del 28J, actas parlamentarias: un catálogo de opacidad documental.

Avatar de Desconocido

Published

on

composición de @soyarepita

El lunes 18 de mayo, mientras Alex Naím Saab Morán comparecía esposado ante la Corte Federal del Distrito Sur de Florida, Diosdado Cabello se paró frente a un micrófono en Caracas y dijo algo que merece registro: la cédula que Saab portaba en Venezuela como ciudadano venezolano, dijo Cabello, no era legal. No la reconocía el régimen del que él mismo es número dos. La V-21.495.350 que aparece en el sistema desde 2004, según el portavoz del chavismo histórico, no debió haber existido.

Un detalle marginal en medio de una jornada cargada de noticias. Salvo que se lo mire con cuidado.

Porque la frase de Cabello pertenece a un patrón. Es la última pieza de un catálogo largo en el que los documentos públicos venezolanos —los que en cualquier país democrático certifican identidad, propiedad, residencia, parentesco, vida y muerte— han funcionado, durante más de dos décadas, como cualquier cosa menos eso. Como cualquier cosa menos un certificado.

Las actas que no aparecen

Hagamos el inventario sin adornos.

El acta de defunción de Hugo Chávez Frías, fallecido oficialmente el 5 de marzo de 2013 en el Hospital Militar de Caracas, nunca fue publicada en su forma completa. La causa exacta de muerte, los responsables del parte médico final, las firmas certificantes, los detalles técnicos que en cualquier país constan en un registro civil ordinario, en Venezuela permanecen bajo reserva. Lo que existe es el acto político de la muerte, no el acto administrativo. La diferencia importa porque el acto administrativo es el que un funcionario certifica con su firma personal y su responsabilidad jurídica; el acto político es el que se anuncia ante cámaras de televisión.

El acta de nacimiento de Nicolás Maduro Moros, expresidente desde 2013 hasta el 3 de enero de 2026 (cuando fue capturado por fuerzas estadounidenses), ha sido objeto de impugnación durante toda su vida política. Sus opositores sostuvieron, en distintos momentos, que el documento que acredita su nacimiento como venezolano por nacimiento —requisito constitucional para ejercer la Presidencia— presenta irregularidades de origen. La sala constitucional del Tribunal Supremo de Justicia jamás permitió que la objeción fuera examinada por mecanismos ordinarios. La validez del documento se sostuvo, en definitiva, por el peso del poder que lo emitía, no por la transparencia de su contenido.

Las actas de escrutinio del 28 de julio de 2024 —el día de la elección presidencial en la que el candidato opositor Edmundo González Urrutia obtuvo, según las copias que la oposición logró rescatar mesa a mesa, alrededor de siete millones de votos contra unos tres del oficialismo— nunca fueron publicadas por el Consejo Nacional Electoral. El órgano que en cualquier democracia es responsable de la transparencia del voto, en Venezuela se atrincheró durante meses en el argumento técnico de un supuesto «hackeo» que ninguna auditoría independiente respaldó. Las actas siguen, oficialmente, en algún lugar que la institucionalidad chavista nunca quiso señalar.

Las actas parlamentarias de 2025 —de los procesos legislativos que produjeron, entre otras cosas, la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos sobre la que hoy se sostiene parte de la apertura petrolera— tampoco están disponibles en versión completa. Las versiones taquigráficas, los registros de votación nominal, los actos de la mesa directiva: hay extractos, hay menciones en gaceta, hay declaraciones de prensa, pero no hay archivo público accesible con la integridad que cualquier parlamento democrático ofrecería.

Y ahora, en mayo de 2026, una cédula que aparentemente fue emitida en 2004, que figura en el Registro Electoral, que aparece en el RIF activo del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria, que está en los registros del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, que dio derecho a votar el 28J, y que sirvió para tramitar pasaporte diplomático, resulta no ser legal según el portavoz del propio régimen.

Lo que el patrón dice

El patrón es estable. Cuando un documento conviene, existe. Cuando un documento incomoda, no existe, está bajo reserva, fue alterado por un sabotaje, o aparece de pronto declarado ilegítimo. Lo que en términos técnicos se llama «certificación documental» —ese acto sencillo y profundo por el cual un funcionario afirma, bajo su responsabilidad personal y jurídica, que un hecho ocurrió tal como se describe— en Venezuela bajo el chavismo se convirtió en otra cosa. En el ejercicio cotidiano del poder político.

Una cédula no es solo un trozo de plástico con una foto. Es la afirmación administrativa de que una persona existe, tiene un nombre, una fecha de nacimiento, una nacionalidad. Sobre esa afirmación se construye todo: el derecho a votar, el derecho a propiedad, el derecho a viajar, el acceso a salud, la apertura de cuentas bancarias, el matrimonio, la herencia. Es la pieza más banal y más fundamental de cualquier sistema de derechos modernos.

Cuando una persona durante veintidós años utilizó esa cédula —porque la V-21.495.350 fue emitida en 2004, según los registros— y el régimen que controlaba el sistema de identificación durante esos veintidós años no encontró nada irregular en ella hasta el día en que esa persona se volvió un activo de inteligencia para una potencia extranjera, lo que se está diciendo no es que la cédula sea ilegal. Lo que se está diciendo es que la cédula es lo que el régimen necesita que sea en cada momento.

La doctrina

Llamémosle, sin solemnidad, doctrina de la documentación útil. El documento sirve al poder, no a la verdad. El acta de defunción sirve mientras certifica que el comandante murió como héroe, no mientras explique los detalles. El acta de nacimiento sirve mientras habilita la Presidencia, no mientras admita la verificación. Las actas de escrutinio sirven mientras coronan al ungido, no mientras revelan la voluntad popular. Las actas parlamentarias sirven mientras visten de legalidad la decisión política, no mientras documentan la deliberación. La cédula sirve mientras el portador es ministro, no mientras se convierte en problema.

Esta doctrina, conviene decirlo, no la inventó el chavismo. La heredó de prácticas mucho más antiguas de la política latinoamericana, donde el documento ha sido con frecuencia un instrumento de inclusión o exclusión política antes que un certificado de verdad. Lo que el chavismo agregó fue la escala, la sistematicidad, y la coordinación entre instituciones. Lo que el rodrigato hereda es ese mismo sistema, ahora puesto al servicio de una agenda distinta —apertura económica, deportación selectiva, diálogo con Washington— pero con la misma lógica de fondo.

Por eso lo de Diosdado del lunes no es un dato judicial. Es una confesión institucional.

Lo que viene

Una transición democrática real —no la operación diplomática actual, no la negociación de cuotas de poder con Washington, no la apertura petrolera que rinde frutos sin tocar la matriz— tendría que comenzar por algo aparentemente menor: reconstruir el archivo público. Publicar el acta de defunción de Chávez. Permitir el examen independiente del acta de nacimiento de Maduro. Liberar las actas del 28J. Publicar los registros parlamentarios. Y revisar, una por una, las cédulas otorgadas, alteradas, revocadas o inventadas durante el chavismo, no para hostigar a los ciudadanos comunes que viven con un documento de buena fe, sino para devolver al sistema su función certificatoria.

Es un trabajo aparentemente burocrático. Sin discursos, sin marchas, sin titulares. Pero es el trabajo sin el cual ninguna democracia se reconstruye. Una sociedad en la que los documentos no dicen lo que ocurrió, sino lo que el poder necesita que digan, no es exactamente una sociedad. Es un escenario.

Saab volverá a una corte en Miami el 24 de junio. Lo que dirá, lo que callará, lo que negocie con la fiscalía estadounidense, marcará el siguiente capítulo. Mientras tanto, una cédula que fue legal durante veintidós años acaba de dejar de serlo. Por orden, no de un juez, sino del portavoz del régimen.

En cualquier país eso sería el escándalo del año. En Venezuela es martes.

Alfredo Yánez Mondragón
Editor de INCÍSOS

Continue Reading
Advertisement

Alfredo Yánez

9 libros que te cambian la perspectiva

Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon

VER LIBROS →
Click to comment

Deja un comentario

Inciso

Pasos en alguna dirección

Los gestos se agradecen. Lo que mide una transición es si se convierten en reglas que nadie puede retirar.

Avatar de Desconocido

Published

on

Weathered signpost marking two diverging country roads at sunset

INCISO

Excarcelaciones, desbloqueos, una amnistía y ahora la reforma de la ley contra el odio. Cada paso cuenta. Lo que todavía no se sabe es si caminan hacia algún lugar o en círculo.

En noviembre de 2017, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó por unanimidad la ley contra el odio. La presidía Delcy Rodríguez. Nueve años después, el 28 de septiembre de 2026, la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó un oficio para pedir que se despenalicen las conductas que esa ley castiga. Con urgencia.

Sería fácil quedarse en la ironía. Prefiero la pregunta que la ironía esconde: hacia dónde van estos pasos.

Porque son varios. Desde enero salieron presos políticos, aunque a cuentagotas y sin lista pública. Hubo una ley de amnistía. Se desbloquearon decenas de dominios, aunque otros tantos siguen cerrados. Se habla de elecciones, aunque sin fecha. Y ahora, una reforma para que opinar deje de ser un delito con pena de homicidio.

Cada uno de esos pasos cambió la vida de alguien. Eso no se discute ni se desprecia. Pero todos comparten un rasgo: fueron concedidos. Llegaron por decisión de quien gobierna, en el momento que eligió y en la medida que quiso. Y lo que se concede por voluntad se puede retirar por voluntad.

Una transición no se reconoce por la cantidad de gestos, sino por el momento en que los gestos se convierten en reglas. Cuando un preso sale porque la ley lo ordena y no porque alguien lo decidió esa semana. Cuando un medio publica sin calcular si lo van a bloquear. Cuando un partido existe sin que un funcionario pueda declararlo promotor del odio.

La reforma de la ley contra el odio puede ser eso o puede ser otra concesión. Lo sabremos por el texto: si despenaliza de verdad, si ordena revisar cada causa, si elimina las herramientas contra medios y partidos. Y lo sabremos por la forma: si se discute a la vista de quienes documentaron a sus víctimas, o se aprueba en familia.

Vladimir Petit escribió que una transición se mide por lo que el país puede preguntar sin miedo. Añado algo menos elegante: también se mide por lo que el país puede decir sin que alguien tenga que autorizarlo primero.

Los pasos se agradecen. La dirección todavía hay que exigirla.

Alfredo Yánez Mondragón


Fuentes principales: Oficio de Delcy Rodríguez, 28 de septiembre de 2026.

Continue Reading

Inciso

Palos de golf prestados en un país que paga cisternas

La reconstrucción se anuncia en el Country Club. La vida diaria se resuelve con cisternas.

Avatar de Desconocido

Published

on

Ilustración conceptual sobre producción petrolera y medición.

INCISO

Para recibir a los ejecutivos del petróleo hubo que salir a buscar palos de golf. Para recibir agua, en Coro, en Margarita y en tantos otros lugares del país, hay que pagar una cisterna.

El lunes 28 de septiembre de 2026, decenas de ejecutivos petroleros jugaron un torneo de golf en el Caracas Country Club, la víspera de una cumbre de petróleo y gas con entradas agotadas: 650 asistentes y 150 en lista de espera. Los organizadores contaron a Bloomberg que días antes estaban en pánico. Tuvieron que llamar a todos los clubes y tiendas de la ciudad, pedir prestados juegos de palos y comprar otros. Caracas tiene tres clubes privados de golf y ningún campo público. «Muy pocos venezolanos juegan golf», explicó la dueña de la tienda que los sacó del apuro.

Ese mismo lunes, vecinos de Coro denunciaban dos meses sin agua y la obligación de pagar cisternas para llenar los tanques de sus casas. No es una excepción ni una emergencia pasajera: en Margarita, y en muchos otros lugares del país, pagar un camión de agua es desde hace años una partida más del presupuesto familiar.

No hay nada reprochable en que unos ejecutivos jueguen golf. Los negocios se hacen también así, y Venezuela necesita inversión. Lo que la escena retrata es otra cosa: la distancia entre el país que se anuncia y el país que se vive.

El país que se anuncia tiene 100.000 millones de dólares prometidos para el petróleo, licencias renovadas cada mes en Washington, una cumbre con lista de espera y un torneo para abrir el apetito. El país que se vive produce 1,2 millones de barriles diarios, menos de la mitad de lo que producía en los noventa, sufre apagones que sacan a la gente a la calle y compra agua por camión.

Las dos imágenes caben en la misma semana porque la reconstrucción empezó por arriba. Primero los contratos, después las reglas; primero el crudo, después la luz y el agua. Es un orden defendible si los beneficios bajan. El problema es que nadie ha explicado cómo ni cuándo.

Mientras tanto, conviene recordar la frase de la tienda de golf. Muy pocos venezolanos juegan golf. Casi todos, en cambio, saben lo que cuesta una cisterna.

Alfredo Yánez Mondragón


Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y La República, 28 de septiembre de 2026; La Patilla, 28 de septiembre de 2026.

Continue Reading

Inciso

Lo que se abre a cuentagotas puede cerrarse de golpe

Efectividad fáctica sin efectividad jurídica: la transición venezolana avanza en gestos que pueden revertirse con la misma facilidad con que se concedieron.

Avatar de Desconocido

Published

on

Foto editorial de un router o de una pantalla con un mensaje genérico de error de conexión.

INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN

Los desbloqueos avanzan al ritmo de las excarcelaciones: uno a uno, sin norma que los sostenga. Lo que se concede por decisión administrativa se retira por la misma vía.

Hay una forma de hacer política que consiste en conceder sin comprometerse. Se abre una puerta, se anuncia que se abrió y se deja la llave del lado de adentro. Lo que se vio en Caracas entre el 17 y el 25 de septiembre de 2026 se parece mucho a eso.

El 16 de septiembre empezaron a desbloquearse portales de noticias. VE sin Filtro contó 18 dominios. Nueve días después, el Ministerio de Comunicación anunció otro levantamiento y, horas más tarde, cambió en su propio comunicado la palabra «desbloqueo» por la expresión «medidas administrativas». Esa noche se abrieron 66 dominios más, pero no en todos los proveedores, y al mediodía del sábado 26 seguían cerrados 149. No hay lista oficial de lo que se abrió, no hay explicación de por qué se cerró y no hay norma que impida volver a cerrarlo en cualquier momento con una llamada al proveedor. Que se hayan podido abrir tantos en una noche solo confirma que cerrarlos también toma una noche. Lo que se concedió tiene efectividad fáctica. No tiene efectividad jurídica. Y lo que existe solo de hecho se deshace de hecho.

Con los presos políticos ha ocurrido lo mismo, con un costo humano infinitamente mayor. El 14 de agosto se anunciaron 131 excarcelaciones; tres días después, las organizaciones solo habían podido verificar 81. Salen de a uno, de a pocos, cuando conviene, y casi siempre como excarcelaciones y no como libertades plenas: la causa sigue abierta, la obligación de presentarse ante el tribunal también, y el expediente queda en una gaveta que alguien puede volver a abrir. La jefa de la delegación opositora reconoció el 19 de septiembre, ante las familias, que el tema ni siquiera figura en la agenda formal de la mesa. El acta del 25 no lo menciona. Un día después salieron decenas de detenidos, sin lista oficial, sin comunicado y con cifras que no coinciden entre las organizaciones que las cuentan; la Plataforma Unitaria contabilizó 33 presos políticos liberados desde el 21 de agosto y más de 420 que siguen tras las rejas.

Los desbloqueos van al ritmo de las liberaciones. A cuentagotas. Y el cuentagotas no es un defecto del proceso: es el método. Quien administra el goteo administra también la sed.

El tiempo cuenta la misma historia. La mesa se instaló el 1 de agosto. El segundo ciclo debía empezar el 15 de septiembre y empezó el 17; debía terminar el 23 y terminó el 25, sin que nadie explicara la prórroga. De ese ciclo salieron siete nombres para un consejo que revisará credenciales y la promesa de designar, «en la próxima sesión ordinaria», una comisión preliminar que abre el proceso para renovar el TSJ. Esa sesión no tiene fecha. El tercer ciclo tampoco: será en octubre, dijo Jorge Rodríguez. El CNE, que es lo que al final importa para que los venezolanos vuelvan a decidir, quedó otra vez fuera del acta. El mismo día del cierre, cinco fuentes consultadas por Reuters situaron las elecciones no antes de finales de 2027.

Nadie sensato espera que una institucionalidad demolida durante más de dos décadas se reconstruya en dos ciclos de conversación. La lentitud, por sí sola, no es una acusación. Lo que inquieta es otra cosa: que cada avance llegue en un formato reversible. Un comunicado se puede corregir, una medida administrativa se puede reponer y una excarcelación se puede revocar. Una ley no. Una sentencia firme tampoco. Un cronograma publicado, con fechas y responsables, ya es otra cosa.

Esa es la vara que propongo para leer lo que viene. No cuántos portales se abrieron ni cuántas personas salieron en cada anuncio, sino cuántas de esas decisiones quedaron escritas en una norma que obligue a quien las tomó. Mientras la respuesta siga siendo ninguna, todo lo que se abre a cuentagotas podrá cerrarse de golpe. Y los venezolanos, adentro y afuera, ya aprendieron cuánto duele eso.


Fuentes principales: VE sin Filtro, reportes del 25 y el 26 de septiembre de 2026; Plataforma Unitaria vía EFE, 26 de septiembre de 2026; Comunicado del Ministerio de Comunicación e Información, 25 de septiembre de 2026; Espacio Público vía La Patilla, 28 de agosto de 2026; Comunicado conjunto de las delegaciones, 25 de septiembre de 2026; Reuters, 25 de septiembre de 2026.

Continue Reading

Tendencias

Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa

Descubre más desde INCÍSOS

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo