Política
Abelardo de la Espriella tiene catorce días para explicar diez años
** El candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella fue abogado de Alex Saab entre 2013 y 2019. La deportación del sábado cae a quince días de la primera vuelta. La explicación que ha sostenido hasta ahora se queda corta.
** El sábado 16 de mayo, Saab llegó a Miami. El domingo 31 de mayo, Colombia elige presidente en primera vuelta. Abelardo de la Espriella, candidato segundo en las encuestas por Defensores de la Patria, fue su abogado entre 2013 y 2019. La explicación que ha sostenido hasta ahora se queda corta.
El sábado 16 de mayo, Alex Saab aterrizó en Opa-locka. El domingo 31 de mayo, los colombianos eligen presidente en primera vuelta. Quince días. La distancia importa porque el segundo de las encuestas en Colombia es Abelardo de la Espriella, abogado de Saab durante seis años. Esa relación no es rumor, no es campaña sucia, no es construcción de adversarios. Está documentada, ha sido reconocida por el propio candidato y consta en archivos públicos. La pregunta legítima del votante hispano interesado en Colombia es qué dice De la Espriella esta semana, no en general.
Lo que está documentado
Abelardo Gabriel de la Espriella Otero nació en Bogotá el 31 de julio de 1978. Se crió en Montería. Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda. Construyó su carrera profesional en el derecho penal, con clientes notorios: David Murcia Guzmán del esquema DMG, Natalia París, congresistas investigados por parapolítica, y otros perfiles de alto litigio. Entre 2013 y 2019 fue asesor legal de Alex Saab. El dato lo confirma él mismo en su entrevista del 8 de febrero de 2026 con El Tiempo y Citytv en el programa Tiempo de proponer, donde reconoce haber dejado de representarlo «hace varios años».
En 2021, en entrevista a El Espectador antes de la extradición de Saab desde Cabo Verde, el propio empresario describió a De la Espriella como su «abogado y amigo» y añadió que la relación personal había continuado tras el fin de la relación profesional. La página de Wikipedia del candidato consigna el período 2013-2019 y lo respalda con fuentes verificadas.
En febrero de 2026, al conocerse la captura de Saab en Cerro Verde, los candidatos rivales subieron el costo público de esa relación. La candidata Vicky Dávila pidió a De la Espriella «delatar a sus cómplices». El candidato Sergio Fajardo publicó un video del candidato vinculado a la noticia con la pregunta de quién lo defendería ahora. La excalcaldesa Claudia López pidió que Saab fuera encarcelado y se refirió a De la Espriella, sin nombrarlo, como «defensor de la mafia». La respuesta pública de De la Espriella ha sido sostener que cuando supo del rol de Saab en el oficialismo venezolano fue él, De la Espriella, quien lo acercó a las autoridades estadounidenses. La afirmación está en su línea de mensajes habitual, pero la verificación independiente de ese acercamiento, con fechas, contactos e instituciones receptoras, no ha sido aportada.
Lo que el candidato lleva a primera vuelta
De la Espriella ingresa al fin de semana del 31 de mayo en segundo lugar de la mayoría de las encuestas. El primer lugar es Iván Cepeda, senador del Pacto Histórico, fuerza política del actual presidente Gustavo Petro. La fórmula vicepresidencial del candidato Defensores de la Patria es el académico José Manuel Restrepo, exministro de Hacienda y Comercio durante el gobierno de Iván Duque, exrector de la Universidad EIA.
La campaña de De la Espriella se ha posicionado como outsider, con base electoral de derecha dura y apoyos del sector cristiano (pastores como Jaime Andrés Beltrán y John Milton Rodríguez, apoyo unilateral del partido Colombia Justas Libres). Su mensaje incluye propuestas de mano dura contra el narcotráfico, incluyendo la promesa pública del 12 de mayo en entrevista con Caracol Televisión de «derribar todo avión cargado de droga que salga de Colombia» y «hundir todas las lanchas» narco en el Caribe y el Pacífico.
El Coconspirador 1
En abril de 2026, Univision Investiga publicó un reportaje que sumó una capa al expediente público del candidato. El abogado Daniel Peñarredonda Gómez, descrito como uno de los socios principales de la firma De la Espriella Lawyers en Colombia y hombre de confianza del candidato, fue identificado por dos fuentes familiarizadas con el proceso como el «Coconspirador 1» en una acusación federal radicada en Tampa, Florida.
La acusación, contra un colaborador legal del bufete en Miami, describe un esquema en el que el Coconspirador 1 habría aceptado 700 mil dólares de un narcotraficante a cambio de promesas de reducción de condena que no se concretaron. Los hechos descritos ocurrieron a partir de 2020. El bufete tiene oficinas en Miami. La abogada de Peñarredonda, en declaraciones a Univision, no negó ni confirmó la identificación. El propio candidato no ha respondido públicamente al señalamiento concreto.
Lo que le pide el calendario
La deportación de Saab no es una noticia colombiana, pero tiene impacto colombiano por el calendario. Quince días entre Miami y la primera vuelta es muy poco tiempo para reprocesar una relación profesional documentada de seis años. La estrategia comunicacional del candidato ha sido, hasta ahora, sostener tres ideas: que toda persona tiene derecho a defensa legal, que él habría sido el primero en acercar a Saab a Estados Unidos, y que sus casos pro bono (Rosa Elvira Cely, Natalia Ponce de León) y su trayectoria en derecho administrativo prueban que su carrera no se limita a clientes polémicos.
Esa narrativa funciona en abstracto. Lo que se vuelve más difícil en concreto es responder cinco preguntas específicas que la semana entrante va a poner sobre la mesa, con o sin permiso del candidato:
- ¿Qué honorarios recibió el bufete De la Espriella Lawyers por la representación de Alex Saab entre 2013 y 2019, y de qué cuentas se pagaron?
- ¿Hubo cruce profesional entre la defensa de Saab y casos del mismo bufete representando a contrapartes o intermediarios mencionados en la acusación de enero de 2026?
- ¿La asesoría legal cubrió operaciones de Group Grand Limited, las contrataciones de Misión Vivienda 2011-2015, o el período inicial del esquema CLAP?
- ¿Qué cargo ocupó Daniel Peñarredonda durante la representación de Saab y qué relación, si alguna, tuvo el Coconspirador 1 con los expedientes de Saab?
- ¿Se acercó efectivamente De la Espriella a alguna agencia federal estadounidense para denunciar las operaciones de Saab? ¿Cuándo, ante quién, con qué documentación?
Ninguna de esas cinco preguntas es novedosa. Las cinco están sobre la mesa desde 2018, desde 2020, desde el indulto, desde el reportaje de Univision Investiga. La diferencia es que ahora hay un acusado en una corte federal del Distrito Sur de Florida, hay un default judgment civil del 12 de mayo, y hay una primera vuelta presidencial a quince días.
Lo que esto significa para el lector hispano interesado en Colombia
El voto hispano en Estados Unidos que sigue las elecciones colombianas no decide la elección, pero la observa. Las propuestas de seguridad de De la Espriella tienen impacto directo en los corredores migratorios y en la cooperación judicial bilateral. Su llegada a un eventual gobierno reorganizaría la relación Bogotá-Washington en términos que afectan a comunidades colombianas en Florida, Nueva York, Texas y California.
La elección de fondo entre Cepeda y De la Espriella es de modelo, no solo de personas. Cepeda lleva una propuesta de continuidad con matices del Pacto Histórico. De la Espriella, una propuesta de ruptura por la derecha. La relación con Saab entra en ese cuadro no como tema único, sino como capítulo entre varios sobre el origen de la fortuna, las redes de patrocinio y los compromisos del bufete del que el candidato es socio fundador.
Quince días no son suficientes para resolver un expediente de diez años. Pero son suficientes para que los votantes decidan si la explicación que se ha ofrecido hasta ahora alcanza para llevar a un candidato a Palacio de Nariño, o si la pregunta queda abierta para una eventual segunda vuelta el 21 de junio.
- —
Fuentes principales: Entrevista de Abelardo de la Espriella en Tiempo de proponer, El Tiempo y Citytv, 8 de febrero de 2026. Entrevista de Alex Saab a El Espectador, 2021. Reportaje «Socio de candidato presidencial colombiano Abelardo de la Espriella, vinculado por EE.UU. a un caso de fraude a narcotraficantes», Univision Investiga, abril de 2026. Reportaje de El Espectador (3 de mayo de 2026), El Colombiano (10 de mayo de 2026) y Colombia.com (febrero 2026) sobre la relación con Saab y declaraciones de candidatos rivales. Libro de Gerardo Reyes sobre Alex Saab. Página de Wikipedia con fuentes verificadas.
Alfredo Yánez
9 libros que te cambian la perspectiva
Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon
VER LIBROS →Política
Los que siguen sin aparecer: la cifra que no existe
Treinta días después del doble sismo, Venezuela no ha publicado una lista oficial de desaparecidos. Las estimaciones van de 10.000 a 50.000. Miles de familias siguen esperando.
ESPECIAL · VIII
Treinta días después del doble sismo, Venezuela no ha publicado una lista oficial de personas desaparecidas. Las estimaciones van de 10.000 a 50.000. Miles de familias siguen esperando un que enterrar y un papel que lo certifique.
Los que siguen sin aparecer
Treinta días después del doble sismo, Venezuela no ha publicado una lista oficial de personas desaparecidas. Las estimaciones van de 10.000 a 50.000. Miles de familias siguen esperando un que enterrar y un papel que lo certifique.
El número que nadie publica
De todas las cifras de este especial, la más importante es la que no existe.
Un mes después del desastre, las autoridades venezolanas no han publicado una lista oficial de personas desaparecidas. Lo que hay son estimaciones que no coinciden entre sí: las Naciones Unidas calcularon que la cifra podría llegar a 50.000 personas; otras proyecciones la sitúan cerca de 10.000. Durante la emergencia, las plataformas ciudadanas acumularon decenas de miles de denuncias de personas sin contacto, cifras que nunca fueron confirmadas.
La distancia entre esas estimaciones no es un margen técnico. Es la constancia de que no hay un conteo. Y en la historia venezolana esto tiene un precedente exacto: tras el deslave de Vargas en 1999, las cifras de muertos oscilaron entre 700 y 50.000, y el país nunca supo cuántos habían muerto. Veintisiete años después, sobre el mismo territorio, se repite el mismo vacío.
Lo que significa no estar en una lista
Podría pensarse que el registro es una formalidad burocrática frente al dolor. Es exactamente al revés: la ausencia de registro tiene consecuencias materiales severas para quienes quedan.
No hay identificación sistemática. Sin un listado centralizado que cruce reportes familiares con los s recuperados, la identificación depende del azar y del esfuerzo individual de cada familia recorriendo hospitales y morgues.
No hay acta de defunción. Sin certificación de la muerte, una familia no puede acceder a herencias, cobrar seguros, disponer de cuentas bancarias, resolver la titularidad de una vivienda ni tramitar la custodia legal de los menores que quedaron sin padres.
No hay cierre. El duelo humano necesita un hecho comprobado. Miles de personas siguen viviendo bajo carpas frente a los edificios colapsados, muchas de ellas esperando que la remoción de escombros devuelva el de alguien.
El trauma que se instala
Médicos Sin Fronteras, que fue la única presencia humanitaria internacional en el país en los primeros días, convirtió la salud mental en uno de los pilares de su respuesta. Sus equipos recorren La Guaira y Caracas con clínicas móviles, incluida Naiguatá, una zona que había quedado relativamente al margen de la asistencia.
El diagnóstico de su jefe de misión en Venezuela es directo: la población va perdiendo la esperanza y el trauma que sufrieron se está convirtiendo en un trauma para el futuro. La fase de rescate quedó atrás; la del duelo apenas empieza, y para miles de familias ni siquiera puede empezar, porque no hay a quién enterrar.
En el hospital Domingo Luciani de Caracas, los afiches de personas desaparecidas siguen pegados un mes después. Es la imagen más precisa del estado de las cosas.
Por qué no se publica
INCÍSOS no puede afirmar cuál es la razón, porque no ha sido explicada. Puede, en cambio, señalar las hipótesis que el propio caso admite y que las autoridades podrían despejar si quisieran.
Podría ser incapacidad técnica: elaborar un registro de desaparecidos en un desastre de esta magnitud exige un sistema de identificación forense y de cruce de datos que el país quizá no tenga. Podría ser fragmentación institucional: distintos organismos manejando listados parciales sin integrarlos. Podría ser una decisión política: una cifra oficial de desaparecidos convertiría el balance de 5.398 muertos en algo mucho mayor, y ningún gobierno recibe con agrado esa aritmética.
Sea cual sea la razón, el efecto es el mismo para quien busca. Y la responsabilidad de explicarlo corresponde a quien administra el Estado.
Lo que corresponde exigir
Las demandas concretas que este especial puede formular son verificables y cumplibles:
Un registro público y actualizado de personas reportadas como desaparecidas, con mecanismos de protección de datos sensibles.
Un protocolo de identificación forense con apoyo internacional, como el que se ha aplicado en otros desastres de escala comparable.
Un procedimiento simplificado para la declaración de ausencia y la emisión de actas, de modo que las familias puedan resolver su situación legal sin esperar años.
Información periódica a los familiares sobre el avance de la remoción de escombros en los sitios donde aún se espera recuperar s.
La deuda
Este especial se llama, en su conjunto, un balance. Pero un balance solo cierra cuando todas las cuentas están. Aquí falta la más importante.
Venezuela puede decir con precisión cuántas toneladas de alimentos distribuyó, cuántos perros de búsqueda llegaron y cuántos millones cuesta reponer lo caído. No puede decir cuántos de los suyos siguen bajo los escombros. Esa asimetría —contarlo todo menos a los muertos— es la que este cuarto especial deja señalada, a la espera de que alguien la resuelva.
Mientras tanto, hay familias en La Guaira que un mes después siguen mirando un montón de concreto y esperando. Ellas son el balance que falta.
Política
La ayuda como terreno de disputa: los centros de acopio
Universidades, iglesias y ciudadanos habilitaron centros de acopio en siete estados. Después llegaron las prohibiciones municipales, las denuncias de retención y el reclamo de cuarenta ONG.
ESPECIAL · VI
En días, universidades, iglesias, partidos y ciudadanos habilitaron centros de acopio en al menos siete estados. Después llegaron las prohibiciones municipales, las denuncias de retención y el reclamo de cuarenta ONG. La ayuda se volvió terreno de disputa.
Los centros de acopio: de la solidaridad a la disputa
En días, universidades, iglesias, partidos y ciudadanos habilitaron centros de acopio en al menos siete estados. Después llegaron las prohibiciones municipales, las denuncias de retención y el reclamo de cuarenta ONG. La ayuda se volvió terreno de disputa.
La respuesta que se armó sola
Una de las cosas más notables del mes que siguió al sismo fue la velocidad con que la sociedad venezolana montó una red de acopio sin esperar instrucciones.
En pocos días había puntos de recolección de agua, alimentos no perecederos, insumos médicos, mantas y ropa en al menos siete estados: Miranda, Aragua, Carabobo, Zulia, Lara, Táchira y Monagas. Los habilitaron universidades, la Iglesia a través de Cáritas, partidos políticos de distintos signos y grupos de vecinos sin filiación alguna.
Esa red no la diseñó nadie. Surgió por acumulación de iniciativas paralelas, y en cuestión de horas movía cantidades significativas de insumos hacia la zona del desastre.
Cuando empezaron los problemas
El conflicto no tardó. Y tuvo varias formas.
Prohibiciones municipales. Alcaldías prohibieron la instalación de centros de acopio en sus jurisdicciones. En Charallave, estado Miranda, la alcaldesa Yubismar Hernández prohibió la recolección independiente. Las justificaciones oficiales apelaron a la coordinación y al orden; los afectados lo leyeron como control.
Denuncias de retención. Se denunció que s de seguridad retenían ayuda destinada a damnificados. INCÍSOS documentó esas denuncias durante la emergencia.
Ayuda varada en frontera. Doscientas toneladas de ayuda humanitaria quedaron detenidas en la frontera colombo-venezolana sin lograr cruzar.
Voluntarios en el limbo. El registro de voluntarios en el Poliedro de Caracas se anunció, se suspendió y se reabrió, dejando a cientos de personas sin saber si podían ayudar o no.
Equipos que no llegaron. Brigadas de rescate internacionales quedaron varadas en aeropuertos sin autorización para operar. El alcalde de Medellín, Fico Gutiérrez, lo resumió al reclamar por sus bomberos detenidos: esto no es una fiesta que necesite invitación.
El reclamo de las cuarenta
El punto más alto de la tensión llegó cuando cuarenta organizaciones no gubernamentales emitieron un pronunciamiento conjunto pidiendo que se respetaran los derechos humanos en la gestión de la ayuda y cuestionando las prohibiciones de acopios.
Por su parte, la Plataforma Unitaria exigió transparencia en el manejo de la asistencia. La demanda no era abstracta: cuando la ayuda se centraliza sin mecanismos públicos de trazabilidad, no hay forma de saber si llegó a quien debía llegar.
Por qué la ayuda se politiza
Conviene explicar el mecanismo, porque no es exclusivo de Venezuela ni de un solo signo político.
En una emergencia, quien controla la distribución de bienes escasos adquiere poder. Puede decidir quién recibe primero, puede aparecer entregando, puede exigir gratitud. La ayuda humanitaria es, simultáneamente, un bien material urgente y un activo de legitimidad política.
Por eso los estándares internacionales insisten en la neutralidad de la asistencia: no porque los actores políticos sean malintencionados, sino porque la tentación es estructural. Cuando una alcaldía prohíbe acopios ajenos y monta el propio, o cuando un partido usa su red de distribución para hacerse visible, la ayuda deja de medirse por eficacia y empieza a medirse por rédito.
Y esa lógica opera en todos los bandos. Los sectores opositores también organizaron acopios con identificación partidista visible. La diferencia relevante no es de color político, sino de si la ayuda llegó y si puede demostrarse que llegó.
Lo que quedó
Un mes después, la fase aguda del acopio terminó. Los insumos de emergencia dieron paso a necesidades de más largo plazo: vivienda, salud mental, reposición de documentos, reactivación económica.
Lo que queda de aquella red ciudadana es una lección que vale la pena registrar antes de que se olvide, porque en Venezuela lo relacionado con catástrofes se olvida rápido. En las primeras horas, la sociedad demostró capacidad real de organizarse, movilizar recursos y llegar a donde el Estado no llegaba. Esa capacidad es un activo nacional.
Los obstáculos que enfrentó —prohibiciones, retenciones, trabas fronterizas— no fueron fallas técnicas. Fueron decisiones. Y decisiones se pueden tomar de otro modo la próxima vez, si alguien se molesta en recordar esta.
Política
Quién llegó primero: la disputa por la ayuda humanitaria
La ayuda internacional llegó antes que el Estado venezolano. Un mes después, la disputa sobre quién coordinó qué revela más sobre el régimen que sobre la catástrofe.
ESPECIAL · V
Los balances oficiales contabilizan 6.462 personas rescatadas mediante operaciones técnicas y 19.861 salvadas si se cuentan las evacuaciones autogestionadas. Esa diferencia es el dato más elocuente sobre quién respondió en las primeras horas.
Quién llegó primero: la pregunta que el país no ha cerrado
Los balances oficiales contabilizan 6.462 personas rescatadas mediante operaciones técnicas y 19.861 salvadas si se cuentan las evacuaciones autogestionadas. Esa diferencia es el dato más elocuente sobre quién respondió en las primeras horas.
La cifra que ordena el debate
Hay un dato en los propios balances oficiales que rara vez se destaca y que dice más que cualquier declaración. Las autoridades informaron que 6.462 personas fueron rescatadas con vida mediante operaciones técnicas de búsqueda y rescate. Y agregaron que 19.861 salvaron la vida si se cuentan las evacuaciones autogestionadas.
La resta es de 13.399 personas. Es decir: por cada persona sacada de los escombros por un equipo especializado, aproximadamente dos fueron salvadas por gente sin equipamiento, sin protocolo y sin formación en rescate. Vecinos sacando vecinos.
Ese número no es una acusación. Es una descripción de cómo funcionan las primeras horas de cualquier catástrofe en cualquier país: los primeros respondedores siempre son quienes ya están ahí. Ningún Estado del mundo tiene capacidad de llegar simultáneamente a todos los puntos de un colapso masivo.
Pero en Venezuela ese fenómeno universal se produjo en un contexto particular, y ahí empieza lo discutible.
Las primeras 72 horas
El período crítico para hallar sobrevivientes bajo escombros es de aproximadamente 72 horas. Los primeros equipos internacionales comenzaron a llegar el 25 de junio, y el grueso del despliegue se consolidó entre el 26 y el 28. Es decir, buena parte de la ventana crítica transcurrió antes de que la ayuda especializada extranjera estuviera operativa.
Durante esas horas, la respuesta dependió de la capacidad nacional y de la iniciativa ciudadana. INCÍSOS documentó en su cobertura casos concretos: comunidades enteras que se organizaron solas para remover escombros con herramientas domésticas, cadenas humanas improvisadas, vecinos que identificaron dónde había personas atrapadas porque conocían quién vivía en cada apartamento.
En el sector Medina Angarita, en la carretera de Catia, una comunidad se rescató a sí misma y después pidió que el Estado la mirara. Es una síntesis exacta del patrón.
Lo que denunciaron los que estaban ahí
La discusión no se limita a la velocidad de llegada. Durante los primeros días se acumularon denuncias que INCÍSOS registró y que siguen sin respuesta oficial satisfactoria.
Un exjefe de Defensa Civil describió la respuesta como improvisada, señalando que en gestión de riesgo no se puede improvisar. Un paramédico en terreno explicó la impotencia de trabajar sin maquinaria: ya no se podía hacer nada con las manos. Desde La Guaira se denunció que la ayuda llegaba a cuentagotas y que los bomberos carecían de maquinaria pesada.
Hubo denuncias de que s de seguridad retenían ayuda destinada a damnificados. Y un episodio que quedó como símbolo: vecinos que detuvieron una excavadora oficial alegando que había llegado a tomarse fotos y no a trabajar.
La otra parte de la historia
Sería incompleto —y editorialmente deshonesto— presentar solo ese lado. También hubo funcionarios, bomberos, militares y personal de salud que trabajaron hasta el agotamiento en condiciones pésimas, con equipos insuficientes y muchos de ellos afectados personalmente por el desastre.
El sistema hospitalario, que ya estaba deteriorado antes del sismo, atendió 32.401 pacientes. Ocho hospitales resultaron dañados y algunos debieron evacuarse. Que ese sistema haya funcionado de algún modo en esas condiciones es también un dato.
La crítica válida no es que los funcionarios no hicieran su trabajo. Es que el Estado, como estructura, llegó a la catástrofe sin la capacidad instalada que su propia normativa exige, y eso no se decidió el 24 de junio: se decidió en los años previos, cuando se desmontó el sistema de gestión de riesgo.
La disputa que sigue abierta
Un mes después, la pregunta de quién llegó primero se ha convertido en terreno político. El gobierno de transición destaca los balances de familias atendidas y toneladas distribuidas. Los sectores críticos destacan las 13.399 personas salvadas por sus propios vecinos.
Ambas cosas son ciertas y no se anulan. Lo que INCÍSOS puede afirmar con la evidencia disponible es lo siguiente: la sociedad civil venezolana respondió con una capacidad de autoorganización notable, el Estado llegó tarde y con menos medios de los necesarios, y la ayuda internacional resultó decisiva pero llegó después de la ventana crítica.
La conclusión útil no es asignar culpas por lo ya ocurrido. Es que un país sísmico sin capacidad de respuesta propia en las primeras 72 horas volverá a depender de que sus vecinos caven con las manos. Y la próxima vez, como enseñan dos siglos de historia venezolana, también habrá una próxima vez.
-
Política3 semanas agoDelcy Rodríguez enfrenta a la prensa internacional: la rueda de prensa que no cerró la brecha
-
Política2 meses agoEl economista, los bonos y Citgo
-
Política2 meses agoRoberto Smith Perera: «La reconstrucción no puede esperar a la elección»
-
Especiales1 mes agoMedia vuelta… mar.
-
Entrevistas2 meses agoZair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»
-
Inciso3 meses agoLa paciencia de Washington
-
Política4 semanas ago«No se puede improvisar»: un exjefe de Defensa Civil disecciona la respuesta al sismo
-
Política2 meses agoDiego Arria escribió en 2012 el guion de la transición de hoy
