Colaboradores Invitados
Colores en fuga. Del exilio al regreso.
La noticia llegó vía e-mail. Llegó el día. Aquel «Algún día» es HOY… Prosa poética experimental sobre la diáspora venezolana, el exilio y el regreso a la tierra de Gracia.
Maigualida Patricia Gamero Mondragón
Caracas, Venezuela
Escritora y artista venezolana. Prosa poética experimental.
✉ maiguagamero@gmail.com
📷 Instagram: @MAIGUA_GAMERO
✍ Blog: maiguagamero.blogspot.com
— Colaboradora Invitada
Ensayo · Prosa poética experimental · Teatro híbrido · Absurdo
La noticia llegó vía e-mail. Llegó el día. Aquel «Algún día» es HOY…
Colores en fuga
Sensaciones encontradas.
Un país en el espejo
Me refleja
Venezuela huele a posibilidad.
Tantos pensamientos dando vueltas se agolpan en el pecho.
Un corazón galopando ¡Libertad!
Mi mente me habla:
¡Refugio. Asilo. Política!
¡Religión. Sexo. Iglesia!
¡Piedra. Petróleo. Explosión!
Caigo. Cuántas veces. Alucino.
Busco ¿Libertad? Sí, Libertad, progreso, dignidad de vivir en la Tierra de Gracia.
Vértigo.
Frente al espejo aparece un ángel — es la caída de agua más bella que he visto. Me reflejo.
ALUCINACIÓN: Explosión de colores. Amarillo. Azul. Rojo. Siete estrellas… ¿o eran ocho? Bolívar. Miranda. Sucre. Llevamos ADN heroico, épico, mucho siglo XIX en la genética.
Grifo sanador.
El agua de la ducha me inunda de médanos,
De Pico Bolívar. Nieve. Sí nieve en el trópico.
De verde Ávila.
De esfera naranja en la autopista.
Mis ojos hechos agua.
¿Por qué huir de tu color natal?
¡de tu olor a tierra originaria!
Si Dios hizo el mundo sin fronteras o si el mundo es lo que armamos y amamos en nuestra cabeza… qué es lo que sucede.
¿Por qué las fronteras, los muros?
Los que se fueron en esa búsqueda o regresaron o no llegaron a su destino… ¿dónde están?
Los que se quedaron, ¿qué habrá sido de ellos?
Miles de historias que se parecen que se mezclan como en un lienzo. Sueño que regreso.
Despierto frente al espejo. El regreso es hoy. No lo puedo creer — estoy de vuelta. Salgo del baño. Un aeropuerto lleno. Voces parlantes en muchos idiomas. Sensación de saudade, morriña, nostalgia.
Qué pasa cuando el piso de Cruz Diez es penetrado con la maleta-recipiente de sueños. Las ruedas van marcando ritmo, huida, fuga. Sí, de la fuga. Es una sensación de ahogo que no se detiene en el interminable pasillo donde todo parece expulsar los colores a la nada… Me fui. ¡Y ahora regreso!
Añorando.
La arepita frita con mantequilla,
el ají que sabe a cariño,
la chicha que alimenta los ancestros.
Yo tuve que pisar un mural,
salí por el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar…
un mural lleno de colores vibrantes.
Colores que invitaban al movimiento.
Siempre me repetí: y volveré alguna vez a mi país que todo el mundo quiere. A mi pequeña Venecia. A mi Venezuela. ¿Saben? fue llamado la tierra de Gracia. (Recuerda) tu país, mi país… (se le quiebra la voz) como dice la canción: en este país, mi país, tu país… en este país… desde que el sol se levanta…
Pienso, me quiebro. Me repongo — ¿qué hará el país con nosotros o nosotros qué haremos con el País?
SILENCIO IMPORTANTE.
Dejo de alucinar, se disipa el Salto Ángel. Ahora estoy frente al Ávila VERDE LIBERTAD. Realidad — Ficción.
La noche estalló en relámpagos… El avión despegó… Hoy hace tiempo de eso… El grito: ¡Naciste hoy! Es la mejor noticia para un país de héroes y heroínas. Hoy nazco porque somos algo más que un cuerpo, que un concurso, que petróleo. Camaleona 2.0. Mujer Diáspora por los que tuvieron que partir. Hoy mujer matria. Mujer semilla. Mujer país. ¡Naciste hoy Venezuela!
Regreso a mi verde posibilidad. A mi Ávila. Waraira Repano.
Porque somos eso: divergentes. Pero sobre todo alegría y progreso.
Al norte del sur está mi país. La cultura rica y variada. Naturaleza y urbanidad. Emprendimiento y sol.
Regresé de la grieta a la meta y sí tal como lo dije a la periodista: «Somos la flor que nace de las grietas».
Mujer tacón concurso
Un país posible se hizo realidad.
Tres maletas.
Cicatrices.
Crecimos en la grieta. Es hora de florecer y educar por un futuro en la excelencia. Amar y servir.
Caras de niños estudiando orgullosos de nuestra geografía y recorriendo el llano, la montaña, la playa.
El país industria, amable, puerto y aeropuerto.
Soto — Cruz Diez — Díaz — Abreu; parte de nuestro imaginario.
Aterrizo.
Bienvenidos al aeropuerto Internacional Simón Bolívar.
Venezuela se hizo posible.
Cambiamos el odio por amor.
Maigualida Patricia Gamero Mondragón
Caracas, Venezuela
Escritora y artista venezolana. Prosa poética experimental.
✉ maiguagamero@gmail.com
📷 Instagram: @MAIGUA_GAMERO
✍ Blog: maiguagamero.blogspot.com
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La máscara de perfección: efectos colaterales en escena
La audiencia no conecta con la perfección: conecta con la verdad. Una mentora explica por qué la máscara desconecta.
Por Maigualida Gamero
Muchas veces sonreímos sin querer, solo para ser aceptados. ¿Alguna vez te has obligado a sostener una sonrisa impecable en medio de una junta directiva, una clase o un escenario mientras por dentro sentías que los nervios te superaban?
A mí me ha pasado. Sobre todo cuando comencé como docente a mis 22 años. Era más joven que muchos de mis estudiantes y por ende sentía que sus miradas me juzgaban, así que sonreía tímidamente para caer bien. Y ahora veo todos los días en las personas que acompaño en mentorías esta actitud forzada que no los conduce a ninguna parte.
Hagamos el siguiente ejercicio imaginario. Vamos a pensar en Mariana, ella es directora de operaciones en una multinacional. Mariana es de esas mujeres a las que todos admiran por su aparente invulnerabilidad. Tiene un currículum brillante, un control milimétrico de sus proyectos y una capacidad infinita para resolver crisis con la mandíbula apretada. Durante meses, cargó con reestructuraciones, presión de la junta directiva y problemas personales en silencio. Su libreto interno era simple, lo repetía siempre frente al espejo: «No puedo permitirme fallar, si muestro que estoy agotada, perderé mi autoridad».
Hasta que llegó el día más esperado por ella, por aquel entonces, el de la presentación trimestral más importante del año.
Mientras subía al escenario, Mariana llevaba puesta su máscara de perfección. Pero el cuerpo, que es sabio y no sabe de falsas ficciones, le pasó factura: la voz se le quebró en la primera frase, las manos le temblaban al pasar las láminas y sintió un nudo en la garganta que la ahogaba. Ella no sabía cómo reaccionar. En lugar de aceptar ese temblor como parte de la enorme carga que sostenía, entró en pánico por no verse «perfecta». El resultado fue una desconexión total con su audiencia y una frustración profunda al bajar del escenario.
La vulnerabilidad no resta profesionalismo
Aceptar la vulnerabilidad no nos hace menos profesionales. En mi experiencia como licenciada en letras, he pasado años analizando cómo los grandes poetas de la antigüedad retrataron el dolor humano. Tal es el caso de Virgilio. En sus versos no hay héroes de cartón que caminan imperturbables sobre el fuego; hay hombres y mujeres que sangran, que dudan, que cargan el peso de Troya en la espalda y cuyas lágrimas son, paradójicamente, el único pasaporte hacia su verdadero destino.
Por eso cuando bajamos los clásicos de la literatura a nuestra era moderna —a nuestra propia gerencia de la presencia—, nos aterra que nos vean vulnerables como le pasó a Mariana. Creemos que, si se quiebra la voz, se quiebra el liderazgo.
Déjame decirte algo desde mi propia experiencia como mentora y oradora: esa máscara de perfección es en realidad una celda.
El efecto colateral: la desconexión
Cuando te empeñas en interpretar al personaje de la «inquebrantable», tu cuerpo te sabotea. La tensión se acumula, la respiración se vuelve superficial y tus palabras suenan distantes, como un eco robótico que nadie cree.
¿Por qué? Porque la audiencia —sea tu equipo, tus jefes o tus clientes— no conecta con tu supuesta perfección; conecta con tu verdad.
La verdadera gerencia de la presencia, esa que he venido investigando recientemente, no nace de la rigidez. Nace de la capacidad de entender que la vulnerabilidad no es una debilidad en tu discurso; es la humanidad que le da peso a tus argumentos.
Virgilio, autor de La Eneida, nos enseñó que la historia solo avanza cuando los personajes se atreven a atravesar su propio infierno y aceptan que la tormenta los ha transformado. En tu vida profesional ocurre exactamente lo mismo. Tan sencillo como que no puedes liderar a otros si tu propia voz está ahogada por el esfuerzo sobrehumano de fingir que todo está bajo control.
Una invitación
Tú, amigo lector, párate un segundo a pensarlo. ¿Cuánta energía gasta tu propia «Mariana» interna a diario sosteniendo un personaje que ya no le queda?
Te invito a hacer algo radicalmente distinto. La próxima vez que te enfrentes a un reto complejo, date el permiso de quitarte la máscara antes de salir a escena. No se trata de desbordarte, sino de habitar tu verdad sin miedo. Suelta el peso del «deber ser» y empieza a liderar desde lo que realmente eres.
El espectador recordará a quien tuvo la valentía de mirarnos a los ojos, mostrar las costuras y recordarnos que ser humanos es, siempre, nuestro mejor escenario.
El telón está abierto. ¿Te atreves a soltar la máscara?
Maigualida Gamero es licenciada en letras, mentora y oradora. Escribe sobre gerencia de la presencia y comunicación. En redes: @Maigua_Gamero
Las opiniones expresadas en las colaboraciones invitadas son responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente la posición editorial de INCÍSOS.
Colaboradores Invitados
El guion que eliges en la tormenta: Cuando el escenario cambia y te toca dirigir
Cuando el escenario cambia sin previo aviso y el libreto pierde sentido, ¿qué hace un verdadero líder con su propia presencia? Maigualida Gamero reflexiona sobre la oratoria contemporánea, la gestión emocional y el arte de dirigir desde la conciencia.
Cuando el escenario cambia sin previo aviso y el libreto pierde sentido, ¿qué hace un verdadero líder con su propia presencia? Maigualida Gamero reflexiona sobre la oratoria contemporánea, la gestión emocional y el arte de dirigir desde la conciencia, no desde el pánico.
¿Alguna vez has sentido que el mundo cambia las reglas del juego justo cuando ya te sabías los diálogos de memoria?
A mí me ha pasado. Estar en un escenario y de pronto ver cómo los decorados se mueven, la luz parpadea y el libreto, ese que ensayé durante meses, pierde todo sentido. Es el miedo escénico en acción. Es ese instante exacto de vértigo donde el caos entra por la puerta trasera y te pregunta como ese otro yo que te acompaña: «Y ahora, ¿qué vas a hacer?».
Como licenciada en letras, he pasado media vida estudiando cómo las palabras construyen mundos. Como escritora, sé que las historias necesitan un conflicto para avanzar. Pero cuando ese conflicto te sacude a ti en la vida real, la teoría literaria se vuelve insuficiente. Ya no se trata de escribir sobre un personaje que sobrevive a la tormenta; se trata de ser tú la que sostiene el timón cuando el barco hace agua.
Aprendimos que la comunicación profesional consistía en construir una armadura inquebrantable. Nos enseñaron a repetir discursos perfectos, a ocultar las costuras y a fingir que la incertidumbre no existe. Nos dijeron que ser un buen orador o un líder eficaz es sinónimo de control absoluto. Pero déjame decirte algo desde mi propia trinchera: eso es una ficción mal escrita.
El gladiador y el guion roto
Para aterrizar esto en un ejemplo que todos reconozcamos, pensemos en una película que es una obra maestra absoluta sobre este tema: Gladiator de Ridley Scott, estrenada en el año 2000.
Pensemos en el personaje Máximo Décimo Meridio. Al principio de la historia, Máximo es un general romano con un «guion» perfecto: tiene el favor del emperador, un ejército que lo respeta, una familia que lo espera y una vida estructurada bajo las reglas del imperio. De pronto, la tragedia destruye su escenario por completo. Traición, pérdida absoluta, esclavitud.
Cuando Máximo llega a la arena de los combates por primera vez, está roto. El mundo que conocía ya no existe. Si hubiera intentado subirse a la arena del Coliseo a interpretar al mismo general impecable y pomposo de antes, su discurso habría sonado falso y patético, y habría muerto en el primer segundo. El viejo guion ya no le sirve.
¿Qué hace un verdadero líder de su propia presencia en ese momento de quietud? Se quita la armadura inútil. Máximo no niega su dolor ni su sed de venganza; lo canaliza. Cuando se quita el casco frente al Emperador Cómodo y dice su famosa frase: «Mi nombre es Máximo Décimo Meridio… y tendré mi venganza, en esta vida o en la otra», no está recitando un protocolo elegante. Está comunicándose desde su verdad más visceral y cruda. Su emoción —el dolor convertido en furia contenida— se vuelve el motor de su presencia.
La arena de tu vida profesional
¿Qué nos enseña este ejemplo para nuestra vida profesional? Que a ti, en tu día a día, en tu oficina, frente a tus proyectos o en medio de la crisis de tu entorno, te han arrancado de tu «Ítaca» o te han cambiado los decorados muchas veces. Y cuando te toca salir a la arena —a dar una conferencia, a liderar una reunión difícil o a hablarle a tu equipo—, la tentación es ponernos esa coraza rígida de «aquí no pasa nada».
El reto del orador contemporáneo, del profesional de hoy, es entender que la gente no conecta con tu perfección artificial. Conecta con tu capacidad de pararte en el centro del caos, mirar de frente, aceptar lo que te habita y dirigir tu escena con absoluta soberanía.
Como Máximo en la arena: no finjas que tienes el control absoluto del imperio. Toma el control de tu propia voz.
La verdadera gerencia de la presencia —esta nueva orilla en la que hoy me encuentro como conferencista y mentora— no nace de la rigidez. Nace de la capacidad de entender que la comunicación es, ante todo, una puesta en escena viva. Y en el teatro de la vida real, el mejor director no es el que niega el caos, sino el que sabe qué hacer con él cuando la escenografía se desmorona.
El cuerpo habla antes que los labios
Párate un segundo a pensarlo. Cuando la realidad aprieta, tu cuerpo habla mucho antes que tus labios. Tu postura se encoge, tu respiración se acorta, tu voz se quiebra. Si intentas forzar un personaje artificial en medio de la crisis, tu audiencia —o tu equipo, o tus estudiantes— lo notan de inmediato. La falsedad se huele. Por lo tanto, se siente la desconexión.
¿Cuál es la salida entonces? Dejar de improvisar desde el pánico y empezar a dirigir desde la conciencia.
Cuando el escenario cambia sin previo aviso, tu primer acto de soberanía no es dar una conferencia magistral ni fingir fortaleza. Es hacer una pausa. Es mirar la página en blanco que la realidad te acaba de imponer y decidir, con elegancia y audacia, qué parte de ti va a tomar la batuta.
En mis mentorías de comunicación humana siempre lo digo: no puedes liderar a otros si primero no eres capaz de habitar tu propia voz en los momentos de quietud. Tu presencia no es estática; es un acto creativo constante.
¿Cómo ser yo si nunca me lo enseñaron?
Esa es la objeción silenciosa que sé que muchos de ustedes se hacen al leerme. «Me hablas de gerenciar mi presencia, Maigua, de no usar una armadura, de reescribir el guion… pero ¿cómo se supone que sea yo mismo si nadie me enseñó a hacerlo?».
Y tienen toda la razón. A generaciones enteras nos educaron para encajar en moldes rígidos. Nos enseñaron a memorizar datos, a modular el tono, a mantener las manos quietas y repetir discursos impecables que olían a cartón piedra. Nadie nos enseñó a transitar la vulnerabilidad. Nadie nos dio una clase en la escuela sobre el mapa interno que llevamos dentro.
El gran reto del orador contemporáneo ya no es la perfección técnica, sino la coherencia humana. Y para lograrlo, tenemos que abordar la gran pregunta incómoda: ¿Qué son realmente las emociones y qué papel juegan en la oratoria de hoy?
Las emociones no son el enemigo
Las emociones no son una falla en el sistema. Las emociones no son el enemigo de la oratoria; son el guion oculto de tu mensaje.
Una emoción no es solo un estado pasajero de ánimo; es energía en movimiento (e-motion). Es la brisa que altera la escenografía de tus ideas. Cuando hablas desde un escenario —sea físico o virtual—, tu audiencia no procesa primero tus argumentos lógicos; lo primero que lee es tu frecuencia emocional. Si tus palabras dicen «estoy segura», pero tu cuerpo respira pánico y tus ojos están desconectados, se genera una disonancia insoportable. La gente no te cree.
En la oratoria contemporánea, la gestión de las emociones no consiste en controlarlas a golpes de fuerza de voluntad, sino en alfabetizarlas. Es aprender a reconocer qué te está queriendo decir ese nudo en la garganta antes de encender un micrófono.
¿Es miedo al juicio? ¿Es la pasión desbordada por un proyecto? ¿Es la urgencia de conectarse con un entorno que sufre?
Cuando entiendes qué emoción te habita, deja de pelear contra ti misma. El miedo se convierte en respeto por el momento; la incertidumbre se transforma en apertura para escuchar a quien te ve. Ya no interpretas un personaje acartonado; te conviertes en un canal honesto.
Porque la verdad que vengo a compartirte en esta nueva orilla de mi carrera es sencilla: nadie compra discursos perfectos. Hoy compramos verdad. Compramos humanidad. Compramos la valentía de alguien que se atreve a mostrar las costuras de su propio proceso.
Así que la próxima vez que te preguntes cómo ser tú, recuerda esto: no se trata de buscar afuera un manual de instrucciones que nunca existió. Se trata de mirar hacia adentro, nombrar lo que sientes y permitir que tu voz, por fin, cuente tu verdadera historia.
El telón está abierto. ¿Te atreves a ser la protagonista?
Maigualida Gamero · @Maigua_Gamero · 25 de julio de 2026
Colaboradores Invitados
Primero de agosto: mi propuesta para iniciar la recuperación institucional
Ante el inicio del diálogo el 1 de agosto, el jurista plantea dos nulidades como punto de partida para desmontar el andamiaje legal construido desde 2002.
A días del inicio del diálogo previsto para el 1 de agosto, el abogado constitucionalista Ángel Alberto Bellorín propone que el nuevo órgano priorice la conformación de una Sala Constitucional integrada por juristas sin compromisos partidistas, y plantea dos nulidades como punto de partida.
ESPECIAL PARA INCÍSOS
Por Ángel Alberto Bellorín — Abogado constitucionalista y doctor en Ciencias Jurídicas. Coronel retirado del Ejército venezolano. Profesor de posgrado, Universidad Central de Venezuela.
Con la resurrección de la Asamblea Nacional del 2015 Trump jugó su comodín político como muestra de su poder y su «pretendido interés» para retomar el sendero jurídico en Venezuela. Esto nada tiene de Constitucional lo que no descalifica su pragmática utilidad teleológica en momento de crisis.
Según las limitadas informaciones que se manejan, pareciera ser que la tan esperada fase de transición para recuperar la democracia venezolana se iniciará el 01 de agosto del 2026 con la imposición de una especie de Asamblea mixta, que más allá de tratar de imitar las múltiples y fallidas mesas de negociaciones entre Chavismo y oposición, parece más una especie de junta de co-gobierno bajo estricto control del protectorado para tratar de retomar la vía constitucional.
Me permito considerar que esos 20 personajes, en teoría seleccionados por Jorge Rodríguez y Dinorah Figuera, en verdad son designados por los gringos mediante una decisión que nada tiene de jurídica y por tal razón solo nos queda estar atentos y por supuesto recomendar.
Hay que recordar que en Venezuela no existe estado de derecho y por tal razón nos puede causar ruido observar un organismo impuesto en una decisión inusual, extraordinaria y por supuesto sin soporte constitucional. A pesar de la realidad descrita, debo considerar esta propuesta totalmente válida desde la ausencia en Venezuela de una necesaria separación de poderes y la urgencia política de una crisis institucional evidente.
Por supuesto que a diferencia de los fracasados acuerdos que finalizaron con el de Barbados en octubre del 2024 donde el poder real y arbitrario estaba en manos del Chavismo, en esta situación pareciera posible que en forma progresiva, el protector del norte trasladará a esas personas un poder real y suficiente que les permita ejecutar los cambios necesarios para retomar la supremacía de nuestra constitución. Esperemos que así sea.
De acuerdo a muchas declaraciones, la tarea inicial de estos «20 del patíbulo» será conformar los Poderes Judicial y Electoral, los de contrapeso por excelencia.
Comparto la urgencia para tal conformación de ambos poderes, aunque sugiero sean como órganos temporales, vigentes por un tiempo prudente y necesario hasta que una nueva Asamblea retome el mandato constitucional para su nombramiento. Lo urgente precede lo importante pero en este caso no lo sustituye.
Dentro de esa urgencia que los convoca sugiero a este nuevo órgano supra constitucional impuesto por el Imperio, dar prioridad y mucho énfasis en nombrar a un grupo de juristas de alto nivel y sin compromisos partidistas para integrar una NUEVA SALA CONSTITUCIONAL.
Todos los venezolanos sabemos que el poder de la Sala Constitucional ha sido primordial y suficiente para allanar ese camino legal que a partir del año 2002 desmontó las instituciones del estado.
Al ser así, es de perogrullo afirmar que con otra SALA CONSTITUCIONAL se puede desenredar toda la madeja jurídica revolucionaria.
Si en verdad existe una verdadera intención para tratar de recuperar la democracia y la Constitución de la República de Venezuela, desde una nueva sala constitucional bajo protección del dueño del circo y en forma paralela a las actividades de los 20 ungidos del poder gringo, esa nueva Sala Constitucional puede hacer muchas actividades para desenredar esa madeja revolucionaria que anuló la constitución.
A continuación mis sugerencias para esa nueva sala en transición.
PRIMERA SUGERENCIA. Nulidad de la Asamblea Constituyente del 2017
Declaración de nulidad absoluta de la Asamblea constituyente y en consecuencia la nulidad de todos sus actos (varias leyes llamadas constitucionales). Esto ayudará a retomar esa vía constitucional.
MOTIVACIÓN
Para entender la Carta Magna, su lectura debe ser articulada como un todo racional, donde sus Títulos, Capítulos y Secciones, así como el orden de ubicación de los Artículos deben ser objeto de cuidadosa atención. Veamos este ejemplo:
EL TÍTULO IX, DE LA REFORMA CONSTITUCIONAL es el último título de nuestra Carta Magna y cuenta tres capítulos: el Capítulo I, De las enmiendas (artículos 340 y 341), el Capítulo II, De las reformas (artículos 342 al 346) y su último Capítulo, el III, denominado «De la Asamblea Nacional Constituyente» (artículos 347, 348, 349 y 350).
El orden y jerarquía de las maneras pacíficas de modificar el texto constitucional, desde la sencilla enmienda hasta el cambio total, se evidencia en la ubicación de las disposiciones allí emanadas y evidentemente se determina de su lectura.
Observamos que para las dos primeras no se requiere consulta previa, sólo la aprobatoria. Cuando llegamos a la que puede modificar por completo el texto, nos encontramos un primer artículo con una precisa disposición que no existe ni en la enmienda ni en la reforma. Veamos:
«Artículo 347. EL PUEBLO DE VENEZUELA ES EL DEPOSITARIO DEL PODER CONSTITUYENTE ORIGINARIO. EN EJERCICIO DE DICHO PODER, PUEDE CONVOCAR UNA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución». (Resaltado del autor)
El Constituyente pudo haber dispuesto «EL PUEBLO ES EL DEPOSITARIO DEL PODER CONSTITUYENTE. En ejercicio de DICHO PODER, PUEDE CONVOCAR UNA ENMIENDA CONSTITUCIONAL» o una igual norma para una Reforma Constitucional y así lo pudo dejar plasmado en los artículos respectivos.
¡Pero no! Esa norma es exclusiva para una facultad que pudiera modificar totalmente una constitución QUE FUE APROBADA por el propio pueblo EN REFERÉNDUM consultivo.
Por tal razón y muchas otras de orden racional, así eso no aparezca textualmente en la Constitución, al ser el Pueblo el Depositario, SÓLO ÉL (EL PUEBLO) PUEDE CONVOCAR ESE PODER DEPOSITADO en su soberanía (ver artículo 5).
La iniciativa para solicitarle al pueblo si quiere convocarla es otra cosa, está en un artículo posterior y por lo tanto subordinada a la primacía de este artículo 347. Veamos:
«Artículo 348. LA INICIATIVA DE CONVOCATORIA A LA ASAMBLEA NACIONAL CONSTITUYENTE podrán tomarla el Presidente o Presidenta de la República en Consejo de Ministros; la Asamblea Nacional, mediante acuerdo de las dos terceras partes de sus integrantes; los Consejos Municipales en cabildo, mediante el voto de las dos terceras partes de los mismos; o el quince por ciento de los electores inscritos y electoras inscritas en el registro civil y electoral».
Este artículo, por ser posterior, no puede manipularse e interpretarse contrariando al anterior, que es de indiscutible ejercicio directo de la soberanía y participación protagónica del pueblo.
Su mandato solo le otorga a funcionarios producto del ejercicio indirecto de la soberanía mediante el sufragio, y a una parte no representativa mayoritaria de ese pueblo (15%), una facultad de iniciativa que consistirá en preguntarle al pueblo como un todo si está de acuerdo en convocar ese poder del que es DEPOSITARIO (depósito, guardado, cerrado con la llave de su voluntad).
Al ser depositario, el pueblo como un todo debe necesariamente ser consultado, con derecho a saber que si vota a favor de entregar la llave de su depósito, estará legitimando a algunas personas que luego serán elegidas y facultadas para cambiar una Constitución que en diciembre de 1999 ese mismo pueblo aprobó en referéndum. No olvidar que para esa fecha era la mejor del mundo y por tal razón es posible que ese pueblo no quiera cambiar su constitución.
Es una premisa indiscutible: «SI SE APROBÓ EN REFERÉNDUM, SÓLO en referéndum se puede manifestar la voluntad soberana de modificarla», y por tal razón declarar su nulidad es posible sólo en Sala Constitucional.
SEGUNDA SUGERENCIA. Nulidad progresiva y escalonada de todas las leyes orgánicas aprobadas por leyes habilitantes
Ninguna reforma de Ley Orgánica debe hacerse mediante Ley Habilitante. Hacerlo es un fraude y los autores están incursos en el delito de modificar la constitución.
MOTIVACIÓN
Inicio esta explicación recomendando a los lectores tener a mano el extenso artículo 203 de la Constitución y verificar mis afirmaciones categóricas en sus literales. Este es su segundo mandato (cito):
«Todo proyecto de Ley Orgánica, salvo aquel que esta Constitución califique como tal, será previamente admitido por la Asamblea Nacional, por el voto de las dos terceras partes de los o las integrantes presentes antes de iniciarse la discusión del respectivo proyecto de ley. Esta votación calificada se aplicará también para la modificación de las leyes orgánicas». (Fin de la cita)
Se observa después del punto y seguido donde se establece que la votación calificada de dos terceras partes de diputados también es obligatoria para la admisión de cualquier proyecto de ley que pretenda la modificación de leyes orgánicas.
No debe existir duda gramatical de que aquí se refiere a cualquiera de las leyes orgánicas ya existentes que se pretenda reformar.
Siguiendo el estricto orden de redacción del artículo 203, en su último párrafo observamos lo relativo a las leyes habilitantes (cito):
«Son leyes habilitantes las sancionadas por la Asamblea Nacional por las tres quintas partes de sus integrantes, a fin de establecer las directrices, propósitos y marco de las materias que se delegan al Presidente o Presidenta de la República, con rango y valor de ley». (Fin de la cita)
Aquí no queda mucho por explicar y es solo cuestión de matemáticas sencillas.
LAS DOS TERCERAS PARTES de los diputados, necesarios solo para admitir cualquier proyecto de reforma de Ley Orgánica, nunca será inferior que los requeridos para la sanción legislativa de dicha reforma.
Esta sencilla razón de competencia de la Asamblea Nacional jamás podrá ser delegable por ley habilitante que, al ser aprobada por TRES QUINTAS PARTES, no podrá incluir delegación de materias de ley orgánica para que al final del proceso sea aprobada por UNA SOLA PERSONA.
Si las matemáticas no han cambiado, dos terceras partes como mayoría calificada exigida es de mayor proporción que las tres quintas partes.
POR TAL RAZÓN, EN PLENO DERECHO CONSTITUCIONAL, LOS DECRETOS LEYES JAMÁS DEBERÍAN REGULAR MATERIA QUE CORRESPONDA EXCLUSIVAMENTE A LEYES ORGÁNICAS.
Son nulas de nulidad absoluta y también competencia de la Sala Constitucional.
Caracas, 23 de julio de 2026
Nota de la redacción. Este texto es una colaboración firmada. Las opiniones, calificaciones y juicios que contiene son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la posición editorial de INCÍSOS. Se publica íntegro y sin modificaciones, en respeto a la voz del colaborador.
Sobre el autor. Ángel Alberto Bellorín es abogado magna cum laude y doctor en Ciencias Jurídicas, mención Derecho Constitucional. Es profesor de posgrado en la Universidad Central de Venezuela. Coronel retirado del Ejército venezolano y licenciado en Ciencias y Artes Militares, ha dedicado más de tres décadas al análisis del diseño institucional y la defensa nacional.
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