Política
Murió Carmen Teresa Navas, la madre que buscó a su hijo durante dieciséis meses
Carmen Teresa Navas, la madre que buscó durante dieciséis meses a su hijo Víctor Hugo Quero Navas, falleció en Caracas este domingo 17 de mayo de 2026. Tenía 82 años. Había enterrado a su hijo el 8 de mayo.
Carmen Teresa Navas falleció en Caracas este domingo 17 de mayo de 2026, alrededor de las siete de la noche. La información la confirmó la periodista Maryorin Méndez, que cubrió el caso de cerca desde el inicio de la búsqueda. Carmen Teresa Navas tenía 82 años.
Era la madre de Víctor Hugo Quero Navas, el comerciante de 51 años detenido el 1 de enero de 2025 en Plaza Venezuela por funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar, la DGCIM. Durante dieciséis meses, Carmen Teresa Navas recorrió cárceles, tribunales, hospitales y dependencias del Ministerio Público pidiendo información sobre el paradero de su hijo. Volvió al penal de El Rodeo I al menos seis veces. Cada vez le respondieron que su hijo no estaba allí.
El 7 de mayo de 2026, el Ministerio para el Servicio Penitenciario emitió un comunicado informando que Víctor Hugo Quero Navas había muerto el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar Carlos Arvelo. El cuerpo había sido sepultado sin notificación a la familia. El 8 de mayo, tras la exhumación ordenada por el Ministerio Público, Carmen Teresa Navas reconoció los restos y enterró a su hijo en el Cementerio Metropolitano del Este de Caracas.
Días antes de su muerte, exigió públicamente que se aclarara la fecha real del deceso de su hijo. Sostuvo que el estado de los restos no coincidía con la versión oficial de que había muerto diez meses antes. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la CIDH, había otorgado el 18 de abril de 2026 medidas cautelares en favor de Víctor Hugo Quero Navas y de ella, mediante la Resolución 27/2026, al considerar que ambos se encontraban en situación de gravedad y urgencia.
El viernes 15 de mayo, dos días antes de su muerte, asistió a la misa que se celebró en su nombre y en el de su hijo en la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, en Caracas. Más de cuarenta organizaciones de derechos humanos respaldaron el acto. Carmen Teresa Navas recibió flores blancas y un gesto de acompañamiento de cada persona que pasó frente a ella.
Su causa de muerte aún no ha sido informada oficialmente.
Alfredo Yánez
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Machado vuelve a Oslo: la retórica del cierre desde el exilio
María Corina Machado volvió a Oslo el 1 de junio para el Oslo Freedom Forum y enmarcó el viaje como el cierre de un ciclo. Qué proyecta y qué tan «casi» es ese
María Corina Machado volvió a Oslo el 1 de junio para el Oslo Freedom Forum y enmarcó el viaje como el cierre de un ciclo. Qué proyecta y qué tan «casi» es ese «casi». Análisis.
María Corina Machado regresó este lunes a Oslo, la misma ciudad a la que llegó hace medio año tras una fuga clandestina de Venezuela, y lo hizo con una frase calculada para resonar: «Cuando salí de Venezuela lo hice con una misión que comenzó en esta ciudad. Hoy vuelvo con esa misión casi completada». La líder opositora y Premio Nobel de la Paz 2025 participa en el Oslo Freedom Forum, que se celebra del 1 al 3 de junio, y cerró su mensaje con una promesa: «Pronto nos reencontraremos TODOS en casa».
La elección de Oslo no es casual, y Machado lo sabe. Es la ciudad del Nobel, la del exilio, la del primer discurso. Volver a ella para hablar de cierre de ciclo es un gesto de arquitectura narrativa: convierte su propia biografía reciente en el relato de la transición venezolana, con un comienzo, un desarrollo y un desenlace que ella sitúa al alcance de la mano. El foro le ofrece el escenario ideal —comparte cartel con figuras como el opositor bielorruso Serguéi Tijanovski, la presidenta georgiana Salomé Zurabishvili y el fundador de Telegram, Pavel Durov—, una platea internacional ante la cual proyectar a Venezuela como caso de estudio de resistencia democrática.
El problema de la retórica del cierre es que se mide contra los hechos, y los hechos son más ambiguos que el relato. El «casi» de Machado descansa sobre un proceso cuyo motor no está, en rigor, en sus manos. La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero por fuerzas estadounidenses, la instalación de un gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez y el goteo de liberaciones de presos políticos —presentadas por Washington como gestos de buena voluntad— son piezas de un tablero que mueve, sobre todo, Estados Unidos. La propia Machado ha dicho que su eventual regreso a Venezuela será «coordinado» con las autoridades estadounidenses y que las elecciones forman parte de un «plan de tres fases» diseñado en Washington. El cierre que anuncia, entonces, depende de una mano que no es la suya.
Esa dependencia tiene un costo de coherencia que se hizo visible esta misma semana. Desde Oslo, Machado felicitó al candidato de derecha Abelardo de la Espriella por su paso a la segunda vuelta presidencial en Colombia, un respaldo que El Espectador subrayó que llega «pese al pasado» de De la Espriella con el chavismo. El gesto revela los términos del momento: en la lógica de la presión continental contra el madurismo, las alianzas se ordenan por geopolítica antes que por trayectoria, y una Nobel de la Paz termina avalando a un candidato cuyo historial ella misma habría cuestionado en otra coyuntura.
Nada de esto resta a Machado lo que ha construido: una capacidad de relato y una resistencia personal que pocos dirigentes exhiben. Pero el análisis obliga a separar el relato del balance. Hablar de «misión casi completada» desde el exilio, mientras el desenlace lo administran actores externos y los presos políticos aún se cuentan por cientos, es una apuesta retórica más que una constatación. El «casi» hace todo el trabajo en esa frase. Y entre el «casi» y el «completada» cabe, todavía, la parte más incierta de la transición venezolana: la que no se decide en Oslo, sino en Caracas y en Washington.
Política
El misterio logístico de los viajes de María Corina Machado: ¿cómo se mueve por el mundo quien tenía prohibido salir?
María Corina Machado salió clandestina de Venezuela en diciembre de 2025. Desde entonces ha viajado a Oslo, EE.UU., Chile y Panamá. Con qué documento lo hace si
María Corina Machado salió clandestina de Venezuela en diciembre de 2025. Desde entonces ha viajado a Oslo, EE.UU., Chile y Panamá. Con qué documento lo hace sigue sin aclararse. Un análisis.
En diciembre de 2025, María Corina Machado no salió de Venezuela: se fugó de ella. La reconstrucción del Wall Street Journal, recogida luego por la prensa internacional, describe una operación de extracción con apoyo estadounidense —disfraz, peluca, diez horas sorteando una decena de retenes militares y una lancha pesquera de madera rumbo a Curazao— para evadir una prohibición de salida que pesaba sobre ella desde hacía una década. No hubo trámite ni permiso. Hubo huida.
Desde aquel episodio, sin embargo, la dirigente opositora ha reaparecido con una movilidad que contrasta de manera llamativa con aquel punto de partida. Ha estado en Oslo, en Estados Unidos, en Chile y en Panamá, desde donde a finales de mayo anunció que será candidata cuando haya elecciones presidenciales en Venezuela. La pregunta que casi ninguna cobertura ha formulado es elemental y, a la vez, incómoda: ¿con qué documento viaja hoy quien hasta hace pocos meses no podía cruzar legalmente una frontera?
La respuesta corta es que no se sabe. Ninguna autoridad —ni el entorno de Machado, ni los gobiernos que la han recibido, ni Caracas— ha precisado públicamente qué documento ampara sus desplazamientos. Y ese silencio, más que un detalle burocrático, es un dato político que merece ser leído como tal.
Lo que sí está documentado es la ruta inicial. Según los registros de las plataformas FlightRadar24 y FlightAware citados por la prensa, el avión que la trasladó a Oslo fue un Legacy 600 de matrícula mexicana que, en los días previos, encadenó tramos entre Querétaro, Toluca, el aeropuerto ejecutivo de Opa Locka en Miami, Curazao y Bangor (Maine) antes del salto final a Oslo. El trayecto aéreo entró y salió por territorio estadounidense. Esa geografía es coherente con una hipótesis y descarta otra: encaja con el paraguas operativo de Estados Unidos —el mismo que, según la propia Machado, hoy «coordina» su eventual regreso a Venezuela— y no con un desplazamiento autorizado por las autoridades venezolanas.
A partir de ahí, el terreno se vuelve de hipótesis, y conviene tratarlas como lo que son. La primera, y la más sólida, es la del documento de viaje para refugiados previsto en la Convención de 1951: un instrumento emitido por un país de asilo, de lectura mecánica conforme a las normas de la Organización de Aviación Civil Internacional, pensado precisamente para quien no puede usar su pasaporte nacional sin correr riesgo. Es un mecanismo real y de uso extendido; lo que no está confirmado es que Machado lo emplee. La segunda hipótesis apunta a un documento de viaje de emergencia o un estatus especial otorgado por un tercer país, posibilidad que su condición de Nobel y de figura bajo protección internacional haría plausible. La tercera, más difusa, es que su movilidad descanse enteramente en arreglos diplomáticos ad hoc, caso por caso, bajo el ala de Washington.
Hay una hipótesis que conviene nombrar para descartarla con rigor: la de que viaje con documentos emitidos o consentidos por el chavismo reconfigurado que hoy gobierna en Caracas. No existe ninguna evidencia que la sostenga, y la que hay apunta en sentido contrario. Sería, además, exactamente la insinuación que más conviene a quienes buscan presentar a Machado como una pieza negociada antes que como una opositora perseguida. Un análisis serio no puede prestarse a eso sin pruebas, y no las hay.
El inciso, entonces, no está en resolver el enigma, sino en lo que el enigma revela. Que la líder opositora más visible de Venezuela se mueva por el mundo sin que se sepa con qué documento, y que esa información se administre con el mismo sigilo que rodeó su salida, dice algo sobre la naturaleza del momento: una transición que avanza por canales que no son los del Estado venezolano, sino los de una arquitectura externa —estadounidense, sobre todo— que sostiene la logística, la seguridad y, al parecer, también el papeleo. La pregunta de con qué pasaporte viaja Machado termina siendo una versión concreta de una pregunta mayor: quién está realmente conduciendo el proceso venezolano, y desde dónde.
Política
El régimen abre una línea contra la extorsión policial: 0800 y las preguntas que no contesta
El gobierno de Delcy Rodríguez anunció el 1 de junio una línea telefónica para denunciar la extorsión de policías, fiscales y jueces. Qué resuelve y qué deja in
El gobierno de Delcy Rodríguez anunció el 1 de junio una línea telefónica para denunciar la extorsión de policías, fiscales y jueces. Qué resuelve y qué deja intacto. Análisis.
El gobierno de Delcy Rodríguez anunció este lunes la creación de la línea 0800-Extorsión, una plataforma telefónica y tecnológica para que los venezolanos denuncien los sobornos y extorsiones que cometan policías, fiscales y jueces. «Quiero acabar con la matraca y la extorsión. Se acabó, el pueblo venezolano lo pide», declaró la presidenta encargada durante la instalación de la Gran Consulta Nacional para la Reforma de la Justicia Penal, transmitida por el canal estatal. El argumento que ofreció fue de equidad gremial: no es justo, dijo, que los funcionarios honestos paguen por quienes extorsionan al ciudadano.
La medida no llega sola. Se inscribe en una consulta nacional que el gobierno interino plantea alrededor de nueve «grandes temas», entre ellos el retardo procesal, la corrupción judicial y lo que Rodríguez ha llamado la «criminalización de la pobreza», tras señalar que el 68% de los presos del país provienen de los estratos más desfavorecidos. En las semanas previas, el mismo gobierno reformó la Ley Orgánica del Tribunal Supremo para elevar el número de magistrados —de 20 a 32, según el balance oficial— con el argumento de agilizar las causas.
Tomada en sus propios términos, la línea 0800 aborda un problema real y cotidiano: la «matraca» —el soborno extorsivo— es una de las experiencias más extendidas y humillantes del venezolano de a pie frente a la autoridad. Que un gobierno la nombre y ofrezca un canal de denuncia no es, en abstracto, una mala noticia. El problema aparece cuando la medida se contrasta con la estructura que la rodea.
La primera pregunta es de arquitectura del poder. El Ministerio de Interior y Justicia, del que dependen los principales cuerpos policiales, sigue en manos de Diosdado Cabello, una de las figuras más poderosas y cuestionadas del chavismo, presente además en el propio acto de la consulta judicial. Una línea para denunciar abusos policiales convive así con la permanencia, en la cúspide del aparato de seguridad, de quien lo ha comandado durante años. La depuración que se anuncia desde arriba no toca, por ahora, la cima.
La segunda pregunta es de credibilidad del canal. Pedir a los ciudadanos que denuncien por teléfono a policías, fiscales y jueces presupone una confianza en la confidencialidad y en la independencia del sistema que recibe esas denuncias; precisamente la confianza que años de uso político de la justicia han erosionado. En un país donde la denuncia contra un funcionario podía costar la libertad, el incentivo a marcar un 0800 estatal no es evidente, y el gobierno no ha explicado qué garantías protegen a quien llama.
El inciso es ese desajuste entre el gesto y la estructura. La línea 0800-Extorsión es, en el mejor de los casos, una herramienta útil dentro de un sistema cuyas piezas de mando permanecen donde estaban; en el peor, un instrumento de depuración selectiva que el poder central puede orientar a conveniencia. Lo que decida cuál de las dos cosas es no será el número de teléfono, sino si la reforma llega alguna vez a los niveles que hoy no se tocan. Mientras tanto, el anuncio cumple una función inmediata: mostrar movimiento.
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