Economía
OFAC abre la antesala legal de la reestructuración de la deuda venezolana
Bradley T. Smith, director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro de Estados Unidos, firmó el 5 de mayo de 2026 la General License No. 58, que autoriza por primera vez —desde que comenzó el régimen de sanciones de 2019— que despachos legales estadounidenses, asesores financieros y consultoras provean servicios al Gobierno de Venezuela, incluyendo PDVSA, en conexión con la reestructuración potencial de su deuda. La cifra en juego: aproximadamente ciento cincuenta mil millones de dólares en obligaciones acumuladas. La licencia no autoriza ejecutar la reestructuración. Solo autoriza prepararla. Y eso, en términos prácticos, abre el mayor proceso de ingeniería financiera soberana de la región en este siglo.

La General License No. 58 ocupa exactamente dos páginas. Está firmada por Bradley T. Smith, director de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Lleva fecha del 5 de mayo de 2026. Su título técnico es Authorizing Certain Services to the Government of Venezuela in Connection with Potential Debt Restructuring. Y constituye, en términos operativos, la decisión económica más significativa del día sobre el futuro venezolano. Conviene desmenuzarla con precisión porque su importancia no se entiende en titulares.
Qué autoriza exactamente
La licencia autoriza, bajo las Regulaciones de Sanciones contra Venezuela (31 CFR Parte 591), todas las transacciones que sean ordinariamente incidentales y necesarias para la provisión de tres tipos de servicios al Gobierno de Venezuela —incluyendo PDVSA y cualquier entidad en la que PDVSA tenga participación directa o indirecta de 50% o más—. Los tres tipos: servicios legales, servicios de asesoría financiera y servicios de consultoría. Los servicios deben estar específicamente vinculados a la reestructuración potencial de la deuda del Gobierno de Venezuela, incluyendo la deuda de PDVSA y de las entidades PDVSA.
El texto del documento define con precisión qué entra en la categoría de servicios autorizados: la evaluación, el desarrollo y la preparación de opciones de reestructuración de deuda, propuestas y materiales de soporte relacionados. Es decir, la licencia cubre todo el trabajo preparatorio: análisis financiero de los pasivos, modelaje de escenarios de reestructuración, preparación de propuestas de canje, diseño de instrumentos de deuda nueva, y elaboración de los materiales que sustentan las negociaciones eventuales con acreedores.
Qué NO autoriza
Los seis incisos prohibitivos del párrafo (b) son tan importantes como las autorizaciones del párrafo (a). Conviene desagregarlos.
Primero: la licencia no autoriza la reestructuración, transferencia o liquidación efectiva de la deuda. Tampoco autoriza negociaciones directas entre el Gobierno de Venezuela, PDVSA o entidades PDVSA y los acreedores en relación con la reestructuración. La distinción es decisiva: se puede preparar la reestructuración pero no ejecutarla. Para ejecutarla, las partes necesitarán una licencia específica adicional o una nueva licencia general.
Segundo: los términos de pago por los servicios provistos bajo la licencia no pueden ser comercialmente irracionales. La licencia explícitamente excluye los swaps de deuda, los pagos en oro, los pagos denominados en moneda digital, monedas digitales o tokens digitales emitidos por o en nombre del Gobierno de Venezuela —incluyendo el petro. Las firmas estadounidenses cobrarán en dólares, en términos comercialmente razonables, sin componente petro.
Tercero: la licencia no autoriza la entrada en acuerdos de liquidación ni la ejecución de gravámenes, sentencias, laudos arbitrales, decretos u otras órdenes judiciales que pretendan transferir o afectar propiedad bloqueada bajo el régimen de sanciones. Esto significa que casos como Crystallex, Citgo Petroleum, los bonistas del bono PDVSA 2020, y todas las demandas activas en cortes federales estadounidenses siguen requiriendo autorizaciones específicas separadas.
Cuarto: la licencia excluye explícitamente cualquier transacción que involucre a personas localizadas o constituidas bajo las leyes de Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o China. También excluye entidades controladas directa o indirectamente por personas de esos países o en participación conjunta con ellas. Esta cláusula tiene lectura geopolítica directa: el sistema financiero estadounidense que prepare la reestructuración venezolana no puede tener nexos operativos con La Habana, Moscú, Beijing, Teherán o Pyongyang. Es perímetro de exclusión deliberado.
Quinto: la licencia excluye cualquier transacción que involucre a individuos o entidades en la Lista de Nacionales Especialmente Designados (SDN List) de OFAC —exceptuando PDVSA—, así como entidades en las que personas SDN-listadas tengan participación de 50% o más, individualmente o en agregado. Esta cláusula tiene un destinatario evidente: Diosdado Cabello, ministro del Interior bajo Delcy Rodríguez, sigue en la SDN List con recompensa de 25 millones de dólares vigente. La licencia no le crea espacio. Lo que dijo Marco Rubio el 5 de mayo en la Casa Blanca —que la política sobre Cabello no ha cambiado— se traduce textualmente en este inciso quinto del documento de OFAC firmado el mismo día.
Sexto: la licencia no autoriza el desbloqueo de propiedad bloqueada bajo el 31 CFR Capítulo V. La propiedad permanece bloqueada hasta nueva orden.
Y un séptimo elemento crítico: el inciso (c) impone reportería obligatoria. Cualquier persona que provea servicios legales, de asesoría financiera o de consultoría bajo esta licencia debe enviar copia del contrato firmado a dos direcciones específicas —Sanctions_inbox@state.gov y VZReporting@doe.gov— dentro de 10 días hábiles posteriores a la ejecución del contrato. El Departamento de Estado y el Departamento de Energía mantienen visibilidad total sobre quién contrata a quién, por cuánto, y para qué.
La cifra en juego
El stock de deuda externa pública venezolana, sumando obligaciones soberanas y pasivos de PDVSA, ronda los 150 mil millones de dólares en estimaciones agregadas. La cifra exacta es objeto de debate técnico porque depende del tratamiento que se dé a intereses moratorios acumulados desde el primer default soberano de noviembre de 2017, a las decisiones judiciales en curso, a los litigios paralelos sobre activos de CITGO, y a las reclamaciones de tenedores de bonos en mercados secundarios.
La composición es compleja. Por un lado, los bonos soberanos de la República, emitidos antes de las sanciones de 2017 y 2019, con tenedores institucionales internacionales. Por otro, los bonos de PDVSA emitidos en distintas series, incluyendo el bono PDVSA 2020 con 8.5% de cupón cuya garantía colateral son las acciones de CITGO Holding. A esto se suman pasivos comerciales con proveedores petroleros internacionales, deudas con China en el marco del Fondo Conjunto Chino-Venezolano —ese sí queda fuera del perímetro autorizado por la GL 58—, deudas con Rusia y otros países que también quedan excluidos del andamiaje legal de la nueva licencia.
El proceso de reestructuración que la GL 58 habilita técnicamente es comparable en escala a los procesos de Argentina (2005 y 2020), Grecia (2012) y Ucrania (2015). En complejidad, sin embargo, lo supera: la coexistencia de deuda soberana y deuda corporativa de PDVSA, la disputa sobre control de CITGO, la presencia de acreedores chinos y rusos excluidos del proceso autorizado, y el contexto de una transición política en curso convierten el caso venezolano en uno de los ejercicios de reestructuración soberana más sofisticados que se intentarán en este siglo.
Quién entra a competir por los mandatos
Conviene anticipar quién, en términos prácticos, se beneficia de la GL 58 en las próximas semanas. La licencia abre tres tipos de mandato simultáneamente.
Para servicios legales: despachos con prácticas establecidas de derecho soberano, reestructuración corporativa internacional y litigio sobre activos extranjeros. Cleary Gottlieb, Cleary Steen & Hamilton, White & Case, Sullivan & Cromwell, Hogan Lovells, Cadwalader Wickersham & Taft, Allen & Overy, Linklaters y Debevoise & Plimpton aparecen en las listas históricas de asesores soberanos en procesos comparables. Varios de estos despachos ya tienen relaciones previas con Venezuela en casos relacionados.
Para asesoría financiera: bancos de inversión y boutiques especializadas en reestructuración soberana. Lazard, Houlihan Lokey, Rothschild & Co, Newstate Partners, FTI Consulting y Perella Weinberg son nombres recurrentes en mandatos de este tipo. Para Venezuela, la combinación particular de complejidad técnica, escala financiera y sensibilidad política hace probable que se contrate a más de una boutique simultáneamente, con divisiones de trabajo entre deuda soberana, deuda PDVSA y casos especiales como el bono 2020 con colateral CITGO.
Para consultoría: firmas con capacidades en modelaje macroeconómico soberano, análisis de sostenibilidad de deuda, y diseño de instrumentos financieros nuevos. McKinsey, BCG, Oliver Wyman, FTI Consulting y otros nombres conocidos en mandatos relacionados con países en transición económica entrarán en la conversación.
El timing de los mandatos será crítico. Los despachos y bancos que firmen primero —y reporten al Estado y al Departamento de Energía dentro de los 10 días— ocupan posición. Los mandatos posteriores tendrán que negociar con el universo de actores ya posicionados.
Por qué hoy y no antes
La emisión de la GL 58 el 5 de mayo no es accidental. Tiene tres elementos de contexto que conviene retener.
Primero, hoy mismo Christopher Landau, subsecretario de Estado, declaró a NTN24 que la transición venezolana requiere paciencia y que la incertidumbre es el peor enemigo de la inversión. Landau, hijo de embajador estadounidense en Caracas entre 1982 y 1985 y autor de tesis universitaria sobre las relaciones petroleras Estados Unidos-Venezuela, está dando el marco filosófico que la GL 58 traduce a operativo. Ambas piezas son del mismo día porque coordinan mensaje.
Segundo, el ritmo OFAC ha venido acelerándose desde enero de 2026. La administración Trump, tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, ha emitido o modificado al menos doce licencias generales sobre Venezuela en los primeros cuatro meses del año. El sector petrolero, el sector minero, el sector de servicios financieros bancarios, los contratos contingentes para inversión nueva, las misiones diplomáticas oficiales —todo ha sido cubierto. La pieza que faltaba en el rompecabezas era exactamente la deuda. Sin un marco para la deuda, ningún inversor sensato podía comprometerse a operaciones de mediano plazo en Venezuela. La GL 58 cierra esa brecha.
Tercero, la administración Trump tiene caída de aprobación a seis meses de las elecciones de medio término de noviembre. Una transición venezolana exitosa, con activos petroleros americanos protegidos y CITGO bajo control jurídico previsible, es activo electoral para la base hispana en Florida, Texas, Nueva York e Illinois. La GL 58 acelera ese reloj. Si las primeras propuestas de reestructuración están listas para el último trimestre del año, el calendario electoral se beneficia.
Lo que cambia para CITGO
El caso particular de CITGO merece un párrafo separado. CITGO Holding, propiedad de PDVSA, es uno de los activos venezolanos más valiosos en territorio estadounidense. Sus refinerías en Lake Charles (Luisiana), Corpus Christi (Texas) y Lemont (Illinois) procesan crudo y producen gasolina, diésel y otros derivados para mercados regionales. Su valor de mercado, en estimaciones recientes, se ubica entre 7.300 y 13.000 millones de dólares.
CITGO ha estado en disputa judicial activa desde 2018, cuando el caso Crystallex contra la República Bolivariana de Venezuela activó procesos de ejecución sobre las acciones. A esto se sumaron las demandas de tenedores del bono PDVSA 2020 que tienen las acciones como colateral. El Tribunal del Distrito de Delaware ha venido administrando el proceso de venta de las acciones, con múltiples rondas de oferta y litigio sobre la asignación de los recursos a los acreedores. La GL 58 no toca directamente CITGO —los procesos de ejecución sobre activos bloqueados quedan excluidos por el inciso (b)(3)— pero abre el espacio para que las propuestas de reestructuración consideren a CITGO como elemento del rompecabezas mayor. Si una reestructuración integral se diseña, CITGO entra como pieza clave.
Lo que esto significa para los venezolanos en EE.UU.
Para los aproximadamente 700.000 venezolanos residentes en Estados Unidos, la GL 58 tiene tres implicaciones concretas en horizonte de 12 a 24 meses.
Primera: si la reestructuración avanza, la economía venezolana entra en proceso de normalización financiera. El bolívar tendrá referencias monetarias menos volátiles, lo que facilita planificación de remesas. Las familias receptoras en Venezuela tendrán mayor previsibilidad sobre el poder adquisitivo del dinero enviado.
Segunda: las plataformas digitales de remesas —Remitly, Wise, Xoom, Sendwave, entre otras— operarán en un entorno regulatorio más definido. La GL 57 del 14 de abril ya autorizó servicios financieros con cuatro bancos venezolanos específicos. La GL 58 añade el marco de reestructuración. Juntas, ambas licencias reducen el riesgo regulatorio que los servicios de remesas enfrentaban.
Tercera: para venezolanos con perfiles profesionales en derecho corporativo, finanzas, consultoría o academia económica, los mandatos que la GL 58 habilita generan oportunidades laborales nuevas. Los despachos y bancos estadounidenses que entren al proceso necesitarán hispanohablantes con conocimiento del marco jurídico venezolano. Los venezolanos profesionales con residencia legal en Estados Unidos están en posición de capturar parte de esa demanda.
Lo que conviene retener
La GL 58 es un documento técnico. Dos páginas. Lenguaje regulatorio. Sin titular dramático. Y sin embargo, lo que abre es la antesala del proceso económico más consecuente que Venezuela enfrentará en su historia reciente. La reestructuración de la deuda venezolana, una vez ejecutada, redefinirá las relaciones financieras del país con el mundo, sus posibilidades de inversión externa, y el espacio fiscal que cualquier gobierno venezolano —el actual interino y el que surja del eventual proceso electoral— tendrá disponible para políticas públicas.
El proceso será largo. La preparación, que la GL 58 autoriza, durará meses. Las negociaciones efectivas, cuando se autoricen, durarán años. Los acuerdos finales, cuando se firmen, requerirán múltiples licencias específicas adicionales. Pero el reloj empezó a correr el 5 de mayo de 2026. Bradley T. Smith firmó el documento. Y ahora, en oficinas de Washington, Nueva York, Houston, Miami y Londres, equipos legales y financieros empiezan a competir por mandatos sobre el caso venezolano más grande del siglo. La paciencia de Washington de la que habla Landau no es esperar. Es trabajar.
Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →
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El riesgo país cayó a la mitad y Venezuela sigue en default
De 12.671 a 6.037 puntos básicos. Una caída que refleja apuestas sobre la recuperación de los bonos, no la capacidad de pago del país.
ECONOMÍA · DEUDA · MERCADOS
El índice de riesgo de JPMorgan para Venezuela bajó 52% en 2026. No significa que el país pueda financiarse: sigue en cesación de pagos desde 2017 y su deuda duplicaría el tamaño de la economía. El mercado compra expectativa, no solvencia.
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | El EMBI de Venezuela cayó 52% en 2026, de 12.671 a 6.037 puntos básicos. |
|---|---|
| Quién | Tenedores de bonos venezolanos y de PDVSA, JPMorgan y el gobierno encargado. |
| Cuándo | Entre el 2 de enero y el 3 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Mercados internacionales de deuda. |
| Por qué | Las licencias petroleras y los acuerdos de inversión mejoraron las expectativas de recuperación. |
| Cómo | Por la subida de precio de bonos en default en el mercado secundario. |
El índice de riesgo país que calcula JPMorgan para Venezuela pasó de 12.671 puntos básicos el 2 de enero de 2026 a 6.037 el 3 de septiembre: una caída de 52%. Solo entre el 27 de agosto y el 3 de septiembre bajó 556 puntos, impulsado por anuncios como el de Chevron.
Contexto: un indicador distinto al de otros países
En la mayoría de los países, un riesgo país más bajo significa que el Estado puede endeudarse más barato. En Venezuela no. El país está en cesación de pagos desde 2017, no ha completado la reestructuración de su deuda y no tiene acceso normal a los mercados. Como advirtió Jonathan Fortun, economista del Institute of International Finance, el indicador refleja el valor que el mercado asigna a los bonos existentes y lo que espera recuperar, no el costo al que Venezuela podría financiarse.
Análisis: cuánto se debe
La cifra que decidirá todo es la de la deuda. Reportes financieros citados por El Nacional hablan de unos 240.000 millones de dólares que Caracas se prepararía a reconocer, equivalentes a más del doble de un PIB estimado en 111.300 millones para 2026. Aun con una cifra menor, la carga seguiría siendo desproporcionada para una economía con infraestructura deteriorada y servicios precarios.
Criterio: expectativa no es solvencia
La caída del riesgo país es una apuesta sobre la reestructuración futura, alimentada por el petróleo y por la tutela de Washington. Para quien tiene bonos venezolanos o piensa comprarlos, la pregunta no es cuánto bajó el índice, sino en qué términos se negociará la deuda: qué quita se aplicará, qué acreedores tendrán prioridad y con qué ingresos se pagará. Mientras esos términos no existan, el precio de los bonos refleja optimismo, no garantías.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni recomendación de inversión.
Fuentes principales: Bloomberg Línea, septiembre de 2026; Globovisión, septiembre de 2026; El Nacional, columna «Vitrina», septiembre de 2026.
Economía
Seiscientos cincuenta ejecutivos y pocos compromisos firmes en Caracas
Entradas agotadas, lista de espera y memorandos. La distancia entre el interés y la inversión en el petróleo venezolano.
ECONOMÍA · PETRÓLEO · INVERSIÓN
La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas agotó sus entradas. Pero la producción sigue en 1,2 millones de barriles diarios, muchas empresas solo han firmado memorandos y un inversionista acusa a PDVSA de no tener «ninguna sensación de urgencia».
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela reúne a unos 650 ejecutivos y funcionarios. |
|---|---|
| Quién | Empresas petroleras y de servicios, PDVSA, el gobierno encargado y diplomáticos. |
| Cuándo | 29 y 30 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Caracas. |
| Por qué | Es el mayor intento hasta ahora de convertir el interés en inversión. |
| Cómo | Con paneles, reuniones y negociaciones bajo las licencias de la OFAC. |
La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela empieza el martes 29 de septiembre de 2026 con unos 650 asistentes y más de 150 en lista de espera, según Bloomberg. Es la señal más visible del interés que despierta el crudo venezolano mientras la guerra con Irán restringe los suministros de Oriente Medio.
Contexto: el punto de partida
Venezuela produce alrededor de 1,2 millones de barriles diarios, frente a más de 3 millones en los años noventa. El anuncio más grande del año es de Chevron: más de 7.000 millones de dólares en cinco años para llevar su producción cerca de 600.000 barriles diarios. Muchas otras empresas han firmado acuerdos preliminares con PDVSA, pero pocas han asumido compromisos firmes.
Análisis: lo que frena la inversión
Tres obstáculos aparecen en todas las conversaciones:
- Las sanciones. Las licencias de la OFAC permiten negociar, pero cada inversión grande necesita una autorización específica.
- La propia PDVSA. Farhad Moshiri, de Amos Global Energy, exjefe de operaciones de Chevron en América Latina, dijo a Reuters que no hay «ningún proceso, ninguna sensación de urgencia» en la estatal para cerrar acuerdos.
- La infraestructura. Los apagones interrumpen la producción, y algunas empresas evalúan generar su propia electricidad en los campos.
Criterio: qué medir al cierre
El éxito de la cumbre no se mide por la asistencia, sino por lo que quede firmado y sea ejecutable. Al cierre conviene contar tres cosas: cuántos contratos pasan de memorando a compromiso con montos y plazos, cuántos solicitan licencias específicas a la OFAC y si alguno incluye inversión en electricidad, el cuello de botella que afecta tanto a los pozos como a los hogares.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni recomendación de inversión.
Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y Bitácora Económica, 28 de septiembre de 2026; Reuters vía Costa del Sol FM, septiembre de 2026; Bloomberg Línea, septiembre de 2026 (anuncio de Chevron).
Economía
La OFAC deja negociar en Venezuela, pero no invertir sin permiso
Tres licencias nuevas y una regla constante: Washington decide caso por caso. Lo que cambió el 28 de septiembre y lo que no.
ECONOMÍA · SANCIONES · PETRÓLEO
El Tesoro renovó tres licencias para operar con petróleo venezolano, suministrar bienes y servicios y negociar inversiones. La letra pequeña es la que manda: los contratos quedan en suspenso hasta una autorización posterior y los pagos pasan por cuentas controladas.
Las 6W · INCÍSOS
| Qué | La OFAC renovó las licencias generales 46E, 48D y 49B para Venezuela. |
|---|---|
| Quién | El Departamento del Tesoro, empresas estadounidenses, el gobierno venezolano y PDVSA. |
| Cuándo | Lunes 28 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Washington, con efectos sobre el sector energético venezolano. |
| Por qué | Mantener las operaciones autorizadas y evitar la parálisis por exceso de cautela de las empresas. |
| Cómo | Sustituyendo las versiones 46D, 48C y 49A por nuevas licencias con condiciones. |
El lunes 28 de septiembre de 2026, la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Tesoro estadounidense emitió tres licencias generales que sustituyen a las anteriores: la 46E, que autoriza operaciones con petróleo y petroquímicos venezolanos; la 48D, para suministrar bienes y servicios al país; y la 49B, que permite negociar y firmar contratos contingentes de inversión en petróleo, gas, petroquímica y electricidad.
Contexto: una renovación cada pocas semanas
Las 46D y 48C eran del 27 de agosto; la 49A, del 13 de marzo. Desde enero de 2026, Washington ha ido abriendo el régimen de sanciones licencia por licencia, sin levantarlo. La del lunes busca, según Bitácora Económica, evitar la parálisis que produce el exceso de cautela de bancos y empresas.
Análisis: negociar no es invertir
La licencia 49B es la más citada y la más malinterpretable. Permite negociar y firmar contratos, pero esos contratos quedan sujetos a una autorización posterior de la OFAC para poder ejecutarse, como precisó Bloomberg Línea. En la práctica, una empresa puede cerrar un acuerdo con PDVSA y aun así no poder mover un dólar de inversión hasta que Washington diga que sí.
Además, los pagos a entidades bloqueadas deben canalizarse a los fondos de depósito de gobiernos extranjeros bajo control del Tesoro, y se mantiene la prohibición de operar con el petro, la criptomoneda venezolana.
Criterio: el poder sigue en Washington
El resultado es una apertura con llave. Cada gran inversión en Venezuela pasa por una autorización específica, y cada licencia se renueva por períodos cortos. Eso da a Washington un control fino sobre el ritmo de la recuperación petrolera, y a los inversionistas una incertidumbre que se refleja en la distancia entre los memorandos firmados y los compromisos firmes. La cumbre petrolera del 29 y 30 de septiembre en Caracas mostrará cuánto pesa esa llave.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni recomendación de inversión.
Fuentes principales: OFAC, licencias generales 46E, 48D y 49B, 28 de septiembre de 2026; Bloomberg Línea y Efecto Cocuyo, 28 de septiembre de 2026; Bitácora Económica, 28 de septiembre de 2026.
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