Empresa mixta hasta 2056, cinco campos, dos mil millones de dólares y una plantilla que dice ser cien por ciento venezolana.
La producción del país seguirá siendo la misma mañana, la semana que viene y el año que viene. Un anuncio no mueve un barril.
La pregunta era si la electricidad nueva alimentaría solo a los campos o también a las casas. Hay dos acuerdos, y eso ya es una respuesta.
La estructura del acuerdo se explica por esa negativa previa. Y las razones que la motivaron siguen intactas.
Su posición no es rechazo ni respaldo. Es que el negocio es necesario, las condiciones legales no existen y quien firma no tiene mandato para hacerlo.
Están en Medio Oriente, Canadá, Estados Unidos, Colombia y México. Ninguno de los dos comunicados oficiales los menciona.
Quien escoge al operador decide quién produce, con qué tecnología y bajo qué costos. Esa facultad es normalmente del Estado dueño del recurso.
Por primera vez las dos partes describen la misma operación. Y por primera vez hay una cifra de lo que percibiría el Estado venezolano.
No es lo mismo diecisiete campos convencionales rehabilitables que diecisiete bloques de crudo extrapesado. La diferencia son años y miles de millones.
La inversión la hacen y la recuperan las empresas. Lo que recibe el Estado es la regalía y el impuesto, y esos siguen sin anunciarse.