Política
El operativo militar en el Caribe sigue activo bajo la transición tutelada
El lunes 4 de mayo, la Joint Task Force Southern Spear ejecutó un strike letal en el Caribe contra una embarcación que SOUTHCOM atribuye a una «organización terrorista designada». Dos muertos. Es el strike número 47 de la operación, lanzada en septiembre de 2025 cuando Maduro aún gobernaba. Hoy, con Maduro preso en Estados Unidos y Delcy Rodríguez como presidenta interina, el operativo no se ha desmontado. Conviene leer ese dato como lo que es: un estado militar permanente en el Caribe.

El lunes 4 de mayo de 2026, la Joint Task Force Southern Spear ejecutó un strike letal contra una embarcación en el Caribe. Dos hombres muertos, identificados por SOUTHCOM como «narcoterroristas». La inteligencia, según el comunicado oficial, evaluó que la embarcación transitaba por rutas conocidas de narcotráfico y estaba operada por «organizaciones terroristas designadas». Ningún personal militar estadounidense resultó herido. El strike se ejecutó por orden directa del General Francis L. Donovan, comandante de SOUTHCOM. La operación es ya rutina. Pero conviene leer la rutina con atención.
El acumulado: 188 muertos en ocho meses
Desde el primer strike del 2 de septiembre de 2025 —en el que murieron once personas en una embarcación atribuida a Venezuela— la Operación Southern Spear ha ejecutado al menos 47 ataques contra 48 embarcaciones, según los registros públicos del Departamento de Guerra y la base de datos del New York Times sobre el operativo. La distribución geográfica de los strikes hasta el 25 de marzo: 15 en el Caribe, 31 en el Pacífico Oriental, 2 en ubicación no especificada. El acumulado de muertos al 4 de mayo de 2026 alcanza aproximadamente 188 personas.
El presidente Trump notificó formalmente al Congreso el 1 de octubre de 2025 que Estados Unidos estaba en un «conflicto armado no internacional» con «combatientes ilegales» —los carteles de droga del Caribe—. Esa designación es jurídicamente significativa porque, en derecho internacional armado, un país puede legalmente matar combatientes enemigos incluso cuando no representan una amenaza inmediata. La fórmula extiende facultades de uso letal de la fuerza más allá de los marcos tradicionales de aplicación de la ley.
La trayectoria del operativo
Conviene reconstruirla. Mediados de agosto de 2025: Estados Unidos comienza despliegue militar al Caribe en medio de tensiones con Venezuela. 2 de septiembre: primer strike, 11 muertos. Septiembre y octubre: ritmo de aproximadamente un ataque por semana. Mediados de octubre: observadores independientes señalan que el objetivo aparente del operativo se ha desplazado del control narcótico hacia el cambio de régimen en Venezuela. Trump reconoce públicamente la posibilidad de strikes en territorio venezolano.
11 de noviembre: el grupo de portaviones Gerald R. Ford llega a la región del Caribe. 13 de noviembre: Hegseth formaliza el nombre Operation Southern Spear. 20 de noviembre: bombarderos B-52 desde Minot Air Force Base sobrevuelan a pocas millas de la costa de Venezuela en lo que SOUTHCOM describe como «demostración de bombarderos de ataque». A finales de noviembre: la mayor presencia militar estadounidense en la región desde la Crisis de los Misiles de Cuba en 1962.
Diciembre: la administración Trump designa al gobierno de Maduro como Organización Terrorista Extranjera y comienza el abordaje y captura de tanqueros petroleros sancionados. Finales de diciembre: primer strike en territorio venezolano. 3 de enero de 2026: la Operación Resolución Absoluta —operativo conjunto de bombardeos en Caracas y otras ubicaciones— culmina con la captura de Maduro y su traslado a Estados Unidos.
Con la captura de Maduro, la justificación pública original del operativo —presión sobre el régimen para forzar transición— quedó técnicamente cumplida. Y sin embargo, los strikes siguieron.
El operativo después de Maduro
Cuatro meses después de la captura, los strikes continúan. El del 4 de mayo es solo el más reciente. El registro de SOUTHCOM muestra ataques los días 5 y 9 de febrero, 15 de abril (Pacífico Oriental, tres muertos), 19 de abril (Caribe, dos muertos) y 4 de mayo. El Comando ha mantenido el ritmo aproximado de un ataque por semana, con vacíos breves que SOUTHCOM ha atribuido a una posible reducción del propio tráfico marítimo en respuesta a la operación.
La pregunta que las cifras dejan abierta es cuál es el objetivo actual del operativo. Si la captura de Maduro era el fin estratégico, los strikes deberían haberse desescalado tras el 3 de enero. No se desescalaron. Tres lecturas son posibles. Primera: el operativo ahora opera como mecanismo de presión adicional sobre Delcy Rodríguez para acelerar la transición tutelada hacia un escenario electoral. Segunda: el operativo es genuinamente contranarcótico y se mantendrá mientras existan rutas marítimas funcionales. Tercera: el operativo es ahora un instrumento de presencia militar permanente estadounidense en el Caribe, sin objetivo específico de cierre.
Las tres lecturas pueden ser parcialmente verdaderas a la vez.
Las preguntas de rendición de cuentas
Hay tres preguntas que el sistema multilateral todavía no ha resuelto sobre Southern Spear y que conviene mantener visibles.
Primera: la designación de los muertos. SOUTHCOM identifica a los muertos como «narcoterroristas» pero rara vez ha proporcionado detalles públicos sobre qué carteles específicos están involucrados ni ha identificado nombrando a los presuntos traficantes. La identificación posterior ha sido mínima en la mayoría de los casos.
Segunda: la suerte de los sobrevivientes. En al menos cuatro strikes hasta el 31 de diciembre de 2025, miembros de tripulaciones sobrevivieron al ataque inicial. Dos sobrevivientes del strike del 16 de octubre fueron repatriados a sus países de origen. Otros dos fueron muertos en strikes subsecuentes. Un sobreviviente del strike del 27 de octubre permanece desaparecido y se presume muerto. La Guardia Costera estadounidense suspendió en enero de 2026 la búsqueda de un número desconocido de sobrevivientes del strike del 30 de diciembre.
Tercera: la jurisdicción. El Senado controlado por republicanos rechazó dos veces en 2025 resoluciones que habrían limitado la autoridad de Trump para continuar la acción militar contra Venezuela y los strikes contra embarcaciones. La autorización del Congreso, por tanto, no ha sido revocada ni modificada. La operación opera bajo la interpretación ejecutiva del 1 de octubre de 2025.
El factor diplomático regional
Conviene anotar quién apoya el operativo y quién no. Trinidad y Tobago, República Dominicana, El Salvador, Guyana, Panamá y Puerto Rico se han identificado como «apoyo activo». Argentina, Ecuador y Paraguay han mostrado «apoyo político». Reino Unido ha proporcionado apoyo logístico. La mayoría del resto de la región —Brasil, Colombia, México, Cuba— ha guardado distancia explícita o crítica.
Para Venezuela bajo Delcy Rodríguez, la persistencia del operativo es complicada de procesar. La captura de Maduro fue presentada como un acuerdo tácito entre la transición tutelada y Washington. La continuidad de los strikes —incluso si están dirigidos formalmente contra carteles, no contra Caracas— funciona como recordatorio constante de la asimetría de la relación bilateral. Es presión que no se nombra como presión, pero opera como presión.
El cierre que conviene retener
Hay 188 personas muertas en ocho meses. La mayoría no ha sido identificada públicamente por SOUTHCOM. La mayoría no ha sido nombrada en sentencias judiciales. La mayoría no ha sido juzgada en un proceso adversarial. Han sido designadas combatientes, atacadas y eliminadas bajo una interpretación ejecutiva de derecho de guerra que el Congreso no ha revocado.
Para los hispanos en Estados Unidos —y para los estados con altos vínculos familiares con la región del Caribe, particularmente Florida, Nueva York, Texas, Massachusetts y Nueva Jersey— el operativo no es lejano. Cada strike puede tocar redes familiares. Cada muerto sin identificar deja un vacío que las familias en países de origen no llenan con respuestas oficiales. Es una operación militar de estado permanente que ha hecho del Caribe un teatro de guerra de baja intensidad. Y mientras los strikes continúen al ritmo actual, ese estado permanente no es excepcional. Es la nueva normal.
Alfredo Yánez
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Alligator Alcatraz cierra: cuándo el espectáculo cuesta demasiado
Florida notificó el 12 de mayo el cierre del centro de detención migratoria en los Everglades. 1.400 detenidos serán trasladados en junio. El cierre no es victoria humanitaria — es rendición contable.
El estado de Florida notificó el martes 12 de mayo a sus contratistas el desmantelamiento del centro de detención en los Everglades. Los 1.400 detenidos serán trasladados en junio. Costo operativo acumulado: cerca de 1.000 millones de dólares. Reembolso federal pendiente: 608 millones. El cierre no es una victoria humanitaria — es una rendición contable. —
El estado de Florida notificó este martes 12 de mayo de 2026 a los contratistas que operaban el centro de detención migratoria conocido como Alligator Alcatraz —ubicado en los Everglades de Florida— el cierre y desmantelamiento de la instalación. Los 1.400 detenidos actuales serán trasladados en junio. La notificación cierra un proyecto que la administración estatal había presentado en su momento como modelo nacional de detención migratoria, pero que las cifras operativas finales ubican en otra categoría.
Las cifras
El costo operativo acumulado del centro durante su existencia se ubica cerca de 1.000 millones de dólares. El reembolso federal pendiente que el estado de Florida esperaba recibir por la operación es de 608 millones de dólares. La distancia entre lo gastado y lo previsto reembolsar dejó al estado expuesto financieramente.
A esa distancia se sumaron varios elementos contables que progresivamente erosionaron la viabilidad del proyecto. La rotación de detenidos fue más lenta que la proyectada inicialmente, lo que mantuvo costos de operación elevados sin compensación proporcional. Las demandas legales por condiciones de detención, presentadas por organizaciones de derechos civiles, generaron costos jurídicos sostenidos. La cobertura mediática internacional, particularmente las imágenes virales del centro durante 2024 y 2025, dañó el atractivo político del proyecto en distritos clave de Florida.
El cierre como rendición contable
El cierre del Alligator Alcatraz no es una victoria humanitaria. Es una rendición contable. La administración estatal no anuncia un cambio de filosofía sobre detención migratoria. Anuncia que un centro específico dejó de ser rentable.
Para entender la distinción, basta mirar dónde van los detenidos en junio. El destino principal es el «Deportation Depot» del norte de Florida —una instalación recientemente expandida que opera con mayor eficiencia operativa, menor exposición mediática y costos por detenido más bajos—. Es decir: el dispositivo punitivo no se desmantela. Se redistribuye.
Lo que el cierre confirma
El cierre confirma una tendencia que las organizaciones de derechos civiles han documentado durante el primer trimestre de 2026: la operación de detención migratoria está pasando de centros emblemáticos —centros con nombres reconocibles, con cobertura mediática, con identidad pública— a centros dispersos, menos visibles y operativamente más eficientes. La lógica es contable, no política. Cuando un dispositivo punitivo pierde rentabilidad —porque los costos suben, los reembolsos se demoran y la cobertura crítica se intensifica—, el modelo se apaga, pero el aparato continúa.
Para familias migrantes en Florida, el cierre de Alligator Alcatraz no significa alivio sostenido. Las redadas y detenciones continúan. Solo cambia la geografía operativa.
El indicador a vigilar
Tres datos definirán si el cierre marca un cambio real o un reacomodo táctico. Primero, la velocidad de expansión del «Deportation Depot» en el norte de Florida durante el segundo trimestre. Segundo, los costos por detenido en el nuevo modelo. Tercero, el destino de los 608 millones de dólares de reembolso federal pendiente: si llegan finalmente al estado, financian la expansión del nuevo modelo; si no llegan, Florida absorbe la pérdida y el dispositivo se contrae.
Lo que cierra el 12 de mayo es una instalación. Lo que continúa es el aparato.
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Política
Nuevas redadas de ICE en Florida y el ruido de fondo
Operativos del 13 de mayo en el sur de Florida muestran que la operación migratoria está pasando de centros emblemáticos a redadas dispersas y descentralizadas. Cerrar Alligator Alcatraz no es retroceso. Es redistribución.
Operativos reportados el miércoles 13 de mayo en el sur de Florida. La operación migratoria está pasando de centros emblemáticos a redadas dispersas y descentralizadas. El desplazamiento estratégico es preciso: cerrar Alligator Alcatraz no significa retroceso. Significa redistribución. —
El miércoles 13 de mayo de 2026, organizaciones de derechos civiles y reporteros del sur de Florida documentaron operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en distintas localidades del estado. La cobertura describe un patrón consistente: redadas dispersas, sin centro emblemático identificable, con concentración en zonas residenciales y comerciales de trabajadores migrantes en los condados de Miami-Dade, Broward y Palm Beach.
El patrón de desplazamiento
Los operativos del 13 de mayo confirman la lectura que las organizaciones especializadas venían documentando durante el primer trimestre del año. La operación de detención migratoria en Florida está pasando de un modelo concentrado —centros emblemáticos como Alligator Alcatraz, con nombres reconocibles y cobertura mediática internacional— a un modelo descentralizado.
El nuevo modelo opera con menor visibilidad pública, mayor eficiencia operativa y costos por detenido más bajos. Las redadas dispersas tienen tres ventajas operativas. Primero, menor exposición mediática: capturar a 15 personas en cinco operativos separados produce menos imágenes virales que capturarlas a las quince en una sola operación. Segundo, mayor flexibilidad geográfica: los equipos pueden moverse rápido entre condados según información de inteligencia. Tercero, integración con policías locales bajo el Programa 287(g) que mantiene la huella federal baja en cada operativo individual.
El destino de los detenidos
Los detenidos en los operativos del 13 de mayo se distribuyen entre instalaciones federales y el «Deportation Depot» del norte de Florida, que se expande para absorber el flujo que antes manejaba Alligator Alcatraz. La logística cambió. La operación no.
Lo que las comunidades pueden documentar
Para familias migrantes en Florida, el cambio operativo tiene implicaciones prácticas concretas. La estrategia de evitar centros específicos —»no salgas hoy de la zona X porque hay redada en Alligator»— pierde efectividad cuando las redadas se vuelven dispersas. La preparación pasa de geográfica a sistémica: tener planes familiares de contingencia, identificar abogados de inmigración accesibles, conocer derechos básicos en caso de detención, mantener documentación legal organizada y al alcance.
Organizaciones como Florida Immigrant Coalition, American Friends Service Committee y Catholic Legal Immigration Network han actualizado sus materiales informativos durante mayo para incorporar los nuevos patrones operativos. La ACLU de Florida publicó la semana del 12 al 16 de mayo una guía actualizada para familias mixtas que enfrentan la detención de un miembro.
El indicador a vigilar
Tres datos definirán cómo evoluciona el cuadro durante el segundo trimestre. Primero, el número total de detenciones mensuales en Florida durante mayo y junio: si la cifra cae respecto al primer trimestre, el cambio modelo realmente desactiva capacidad operativa. Si se mantiene o sube, la redistribución funciona. Segundo, los costos por detenido del nuevo modelo: las cifras públicas durante el tercer trimestre dirán si Florida estabilizó financieramente la operación. Tercero, la presencia mediática internacional: la disminución sostenida de cobertura indicaría que el desplazamiento estratégico logró su objetivo de baja visibilidad.
El cambio de mapa operativo es claro. Las consecuencias humanas, también.
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Política
El petróleo venezolano como capítulo silencioso de la cumbre Trump–Xi
Rubio enmarcó el martes el petróleo venezolano como pieza geopolítica, no comercial: «no permitiremos que sea controlado por adversarios». Pekín ha sido el principal comprador del crudo venezolano. Lo que se negocia en el Gran Salón del Pueblo tiene escala global.
Rubio enmarcó el martes 12 de mayo el petróleo venezolano como pieza geopolítica, no comercial: «no permitiremos que sea controlado por adversarios». Pekín ha sido el principal comprador de crudo venezolano en la última década. Lo que se negocia en el Gran Salón del Pueblo tiene escala global; sus consecuencias se cobran en Caracas. —
El secretario de Estado Marco Rubio definió este martes 12 de mayo de 2026, en entrevista con Sean Hannity por Fox News desde el Air Force One rumbo a Pekín, el encuadre estadounidense del petróleo venezolano en el contexto de la cumbre con China del 14 y 15 de mayo. La frase fue precisa: «no permitiremos que sea controlado por China, Irán y Rusia». La declaración —emitida 48 horas antes del inicio de las reuniones bilaterales en el Gran Salón del Pueblo— estableció la posición pública de Washington antes de que comenzara la conversación con Pekín.
La trayectoria del flujo
Pekín ha sido el principal comprador del petróleo venezolano durante la última década. Entre 2019 y 2024 —período de sanciones máximas de Estados Unidos contra el régimen de Nicolás Maduro—, China consolidó su posición como principal cliente del crudo venezolano, principalmente a través de operaciones triangulares mediadas por terceros países que eludían las sanciones estadounidenses. Los flujos sostuvieron ingresos para Caracas durante el período de mayor presión.
La captura de Maduro el 3 de enero de 2026 y el reordenamiento financiero ejecutado por Washington reconfiguraron ese flujo. La Orden Ejecutiva 14373 del 9 de enero blindó los fondos del petróleo venezolano frente a acreedores. Las licencias OFAC desde el 29 de enero abrieron compuertas para empresas estadounidenses. La avalancha petrolera operativa documentada durante abril y mayo —Chevron, Repsol, Hunt Oil, HKN Energy, Crossover Energy, posible reentrada de ExxonMobil— inundó el espacio que durante años ocupó China.
Lo que se juega en Pekín
La cumbre Trump-Xi no tendrá comunicado oficial dedicado al petróleo venezolano. Pero la pregunta operativa estructura las conversaciones: ¿qué grado de tolerancia mantiene Pekín hacia el ordenamiento financiero estadounidense en Caracas y a qué cambio? Tres elementos componen el espacio de negociación informal.
Primero, Irán. China es históricamente el principal comprador del petróleo iraní. Si Washington busca presión adicional sobre Teherán en el marco de la guerra del Estrecho de Ormuz, Pekín tiene la palanca clave. La administración Trump podría ofrecer concesiones en otros frentes —comercio, tecnología, Taiwán— a cambio de tolerancia china hacia el ordenamiento venezolano y de coordinación contra Irán.
Segundo, los contratos petroleros chinos en Venezuela. Empresas estatales chinas como CNPC mantienen acuerdos firmados durante el período Maduro. La reconfiguración bajo el rodrigato deja esos contratos en estatus incierto. Una negociación cumbre podría definir si CNPC mantiene su huella o si esos espacios se reasignan a empresas estadounidenses.
Tercero, las exportaciones venezolanas hacia China. Reuters reportó en abril que la producción venezolana superó el millón de barriles diarios. Una parte significativa sigue rumbo a refinerías chinas. La cumbre puede definir si ese flujo se mantiene, se reduce o se reasigna.
El observador desde Caracas
El rodrigato observa la cumbre sin asiento en la mesa. La presidenta encargada Delcy Rodríguez aparece en el cuadro como interlocutora cooperativa con Washington —la portavoz Anna Kelly elogió esa cooperación el 13 de mayo en Fox News— pero no como participante en la decisión sobre el destino del petróleo venezolano. Esa decisión se ejecuta en Pekín, entre Trump y Xi, sin presencia venezolana.
El indicador a vigilar
La métrica operativa que dirá si la cumbre cambió algo es el número de tanqueros venezolanos rumbo a puertos chinos durante el tercer trimestre de 2026. Si el flujo se mantiene, Pekín obtuvo concesiones a cambio de tolerancia. Si se reduce, Washington logró presionar a través de Caracas. Si se reasigna parcialmente —China mantiene volumen pero pierde proporción del total—, el reacomodo es gradual.
Lo que se decida en el Gran Salón del Pueblo el 14 y 15 de mayo de 2026 se medirá, dentro de seis semanas, en métricas de embarque que cualquier analista puede consultar.
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