Economía
Lo que no se está negociando entre Caracas y Washington está en el subsuelo
La reanudación de vuelos comerciales no es la causa de la nueva relación bilateral: es uno de sus subproductos. Lo que se está negociando entre los dos gobiernos no se ve en la puerta D55 del aeropuerto de Miami. Está en la faja petrolífera del Orinoco y en el arco minero del estado Bolívar.
La reanudación de vuelos comerciales no es la causa de la nueva relación bilateral: es uno de sus subproductos. Lo que se está negociando entre los dos gobiernos no se ve en la puerta D55 del aeropuerto de Miami. Está en la faja petrolífera del Orinoco y en el arco minero del estado Bolívar.
El AA3599 despegó este 30 de abril de 2026. Cuatro meses antes, el 29 de enero, la Asamblea Nacional venezolana aprobó por unanimidad la reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos, sancionada por Delcy Rodríguez horas después en Miraflores. Dos semanas antes del vuelo, el 16 de abril, fue promulgada la nueva Ley Orgánica de Minas. Entre esas tres fechas se estructura la verdadera operación bilateral, y el avión es solo su episodio más visible.

La reforma petrolera mantiene la propiedad estatal de los yacimientos, pero flexibiliza los esquemas contractuales: reduce la participación obligatoria de PDVSA, abandona la prohibición de las concesiones perpetuas y, sobre todo, reconoce el arbitraje internacional para resolver disputas de inversión. Para inversionistas extranjeros, este último punto es la diferencia entre invertir y no invertir. La ley minera, aprobada en segunda discusión a inicios de abril y promulgada el 16, replica la lógica: concesiones de 30 años renovables por 20 más, regalías de hasta 13% sobre el valor comercial, cláusulas de protección a la inversión y posibilidad de regir contratos por derecho extranjero.
Las cifras que ordenan la lectura
Dos cifras dan dimensión al cuadro. La primera, del Departamento de Estado de Estados Unidos: el valor de mercado del oro extraído en Venezuela promedia 2.200 millones de dólares anuales, aunque el control estatal sobre la actividad ha sido históricamente limitado. La segunda, de Conindustria: el esquema híbrido derivado de la apertura petrolera podría inyectar hasta 6.000 millones de dólares en liquidez al sistema bancario nacional durante 2026. La meta gubernamental venezolana es elevar la producción de crudo a 1,5 millones de barriles diarios para fin de año.
Antes de la captura de Maduro, en abril de 2025, la producción promediaba alrededor de un millón de barriles diarios. La meta declarada implica un salto del 50%. Para lograrlo no basta con cambiar la ley: hace falta capital extranjero, tecnología y, sobre todo, garantías de que las licencias del Departamento del Tesoro no serán revocadas por una administración futura. Esa garantía no se firma en un papel: se construye con presencia visible y sostenida. Como la del avión inaugural.
Quiénes ya están moviendo fichas
La canadiense Gold Reserve recibió licencia estadounidense para negociar con el gobierno venezolano, aunque no ha confirmado si busca retomar la mina Brisas, expropiada en 2009. La suiza Trafigura participa en un esquema de suministro con Minerven bajo licencia del Departamento del Tesoro. La española Repsol presentó propuestas en el sector hidrocarburos que el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, mencionó explícitamente al defender la nueva ley. El secretario del Interior estadounidense, Doug Burgum, viajó a Caracas en marzo con una delegación de empresarios y se reunió con Delcy Rodríguez. Su mensaje público fue que el nuevo marco legal abriría oportunidades, siempre que existan garantías de seguridad.
Esa frase —«siempre que existan garantías de seguridad»— es la condicionalidad que define la dimensión real de la relación. Y es también el punto donde el cuadro se complica. Reuters reportó en abril que en zonas como el estado Bolívar el control efectivo del territorio sigue compartido con sindicatos criminales y economías ilegales, sin mecanismos claros de protección para operaciones a gran escala. El gobierno de transición ha intentado transmitir confianza —«ustedes tienen garantías, certeza jurídica, seguridad política», dijo Rodríguez en marzo— pero la implementación práctica todavía está abierta.
Por qué el vuelo importa para esto
El AA3599 no es la causa de este movimiento. Es uno de sus indicadores. Cumple tres funciones específicas en la economía política del momento. Primero, facilita el traslado de delegaciones técnicas y empresariales sin necesidad de tres días de aeropuertos en Bogotá o Panamá. Segundo, manda una señal de normalización a inversionistas y bancos que evalúan exposición a Venezuela: si el cielo está abierto, los negocios pueden seguir. Tercero, construye un hecho consumado que pesa sobre cualquier intento futuro de revertir la apertura. Cancelar vuelos comerciales, una vez reanudados, tiene un costo político que cancelar licencias del Tesoro no tiene.
La administración Trump cerró un acuerdo con Caracas por 500 millones de dólares en enero, según declaraciones del propio mandatario estadounidense en el contexto de la captura de Maduro. Ese marco se está expandiendo a través de las dos reformas legales y de la cadena de visitas de funcionarios —Burgum en marzo, los del Departamento de Transporte en el AA3599 este 30 de abril. La conectividad aérea es la cara visible de un proceso cuya sustancia se decide en Miraflores y en el Departamento del Interior.
Qué significa esto para el lector hispano en EE.UU.
Para el venezolano que vive en Estados Unidos, hay tres consecuencias prácticas que conviene anticipar. La primera: el flujo de remesas hacia Venezuela puede beneficiarse de un canal financiero más normalizado, pero todavía depende de decisiones específicas del OFAC sobre licencias para entidades bancarias venezolanas. La segunda: el acceso a inversión desde la diáspora —compra de propiedades, retorno de pequeños negocios, repatriación de ahorros— está condicionado a la implementación efectiva del arbitraje internacional contemplado en la nueva ley. La tercera, y más estructural: la recuperación del empleo formal y de salarios reales en Venezuela, que es lo que determinaría si las visitas se vuelven permanencias, depende de cuánto del capital extranjero efectivamente llegue, y eso depende de un calendario que apenas comienza.
La conectividad familiar va a depender, en los próximos meses, de cosas que ocurren muy lejos de la puerta D55 del Aeropuerto de Miami. Mientras la negociación de fondo siga abierta, los vuelos seguirán despegando. Si se traba, los vuelos también se trabarán. La regla es simple: en este momento, la conectividad aérea es síntoma; el petróleo y el oro son el contenido.
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Seis meses después de la apertura petrolera no hay contratos firmados
Ninguna de las empresas que participaron en la reunión de la Casa Blanca ha firmado contratos definitivos. La capacidad productiva no aumentó y la inseguridad jurídica persiste.
Hubo reunión en la Casa Blanca, licencias, visitas de altos funcionarios y anuncios. Lo que no hubo, seis meses después, es una sola firma vinculante.
| Qué | La apertura petrolera venezolana acumula memorandos de entendimiento y cartas de intención, pero no contratos definitivos ni despliegue de inversión real. |
|---|---|
| Quién | PDVSA, el Departamento de Energía de Estados Unidos encabezado por Chris Wright, y las empresas convocadas a la reunión de la Casa Blanca del 9 de enero. |
| Cuándo | Desde la reunión del 9 de enero de 2026 hasta el balance de agosto de 2026. |
| Dónde | Venezuela, con foco en la Faja Petrolífera del Orinoco y el occidente del país. |
| Por qué | Sin contratos vinculantes no hay inversión, y sin inversión la recuperación de la producción es nominal. |
| Cómo | Mediante licencias, reforma de la Ley de Hidrocarburos y sucesivas revisiones del modelo de contrato. |
El diagnóstico de quien estuvo en la primera apertura
Evanan Romero, que participó en los años noventa en la Apertura Petrolera junto al entonces presidente de PDVSA Luis Giusti y al ministro de Minas e Hidrocarburos Erwin Arrieta, formuló un balance a seis meses de la nueva apertura.
Sus tres señalamientos son verificables por separado:
Sin firmas vinculantes. Ninguna de las empresas que participaron en la reunión del 9 de enero en la Casa Blanca ha suscrito contratos definitivos. Solo memorandos de entendimiento y cartas de intención, sin compromiso de inversión, de taladros ni de empleo.
Taladros inactivos. Ninguna de esas empresas ha desplegado personal ni maquinaria.
Capacidad productiva. No ha comenzado la inversión real para recuperar los campos, y la capacidad ha disminuido.
Romero cuestionó además la aprobación de contratos que, según su lectura, no cumplen la legislación venezolana y comprometen derechos de la República durante treinta y cinco años. Y calificó de creciente la inseguridad jurídica.
Es la evaluación de una parte, y como tal se consigna. Pero coincide con lo que reportan actores que no tienen relación con él.
Lo que dicen las empresas
Chevron, la única de las grandes que nunca se fue y que opera bajo licencia especial, frenó inversiones masivas. Su consejero delegado Mike Wirth señaló que aún existen interrogantes, en referencia a la inseguridad jurídica y a la volatilidad fiscal. Mientras tanto, la empresa optó por optimizar la producción existente y hacer reparaciones menores.
El Instituto de Finanzas Internacionales advirtió que el marco legal vigente favorece más una estabilización operativa de corto plazo que el inicio de un ciclo masivo de inversiones. Su argumento es preciso: la protección al inversionista extranjero sigue dependiendo en gran medida de contratos específicos, mientras persisten la discrecionalidad estatal, la debilidad operativa de PDVSA y el riesgo de reversión regulatoria.
ExxonMobil envió un equipo técnico a evaluar futuras inversiones. Su director ejecutivo resumió la posición de la industria con una frase que explica la cautela: las inversiones del sector duran décadas.
El obstáculo que nadie puede firmar por decreto
Hay una razón estructural, y es de deuda.
Venezuela arrastra una deuda externa superior a los 150.000 millones de dólares. Y muchos de sus acreedores son exactamente las mismas petroleras a las que el plan busca atraer. ConocoPhillips y ExxonMobil reclaman cerca de 14.000 millones de dólares por expropiaciones de hace dos décadas.
El temor concreto de esas empresas es que los ingresos petroleros que generen puedan ser embargados en tribunales internacionales por otros acreedores. Invertir en un país donde el producto de la inversión puede ser capturado por un litigio ajeno es un riesgo que ningún comité de inversión aprueba.
La administración estadounidense intentó neutralizarlo con una medida excepcional: una orden ejecutiva que designa los ingresos por ventas de crudo venezolano como activos soberanos bajo custodia del Departamento del Tesoro, lo que los blinda temporalmente frente a acciones judiciales privadas.
Esa decisión resuelve el problema del embargo. Y a la vez confirma otra cosa: el Estado venezolano ha perdido la libre disposición sobre su renta petrolera, que pasa a administrarse bajo un esquema de tutela financiera externa.
El contrato que se reescribió
En junio de 2026, Venezuela revisó su propuesta de contrato modelo después de que las empresas se quejaran de que el borrador inicial daba demasiada influencia a Caracas y no estaba en sintonía con las normas estadounidenses sobre licencias.
El nuevo borrador, de unas noventa páginas, eliminó una cláusula que habría permitido al Estado rescindir los contratos por razones de interés público con compensación limitada para las empresas.
En paralelo, PDVSA ha venido reduciendo en la práctica el control operativo y comercial del Estado sobre los nuevos acuerdos, permitiendo a las empresas asumir mayor peso en operaciones, contratación de proveedores y venta de crudo.
Es un movimiento significativo. También abrió un debate interno sobre privatización encubierta que no se ha resuelto.
Lo que la industria dice que falta
Los especialistas coinciden en una lista de reformas estructurales que ningún anuncio ha abordado todavía: reducir la participación obligatoria del Estado en las empresas mixtas, bajar regalías e impuestos —hoy del 30% y 50% respectivamente— y revisar el monopolio de PDVSA sobre la comercialización del crudo.
Se estima que modernizar el sector requiere inversiones del orden de los 100.000 millones de dólares. Además del capital, hace falta el regreso de proveedores de servicios que aún reclaman pagos atrasados.
Para dimensionar la distancia: Venezuela produce alrededor de 1,1 millones de barriles diarios. En los años noventa superó los 3,5 millones.
Por qué esto importa fuera de la industria
Hay una conexión directa con el resto del expediente venezolano y conviene hacerla explícita.
El plan de tres fases que rige la política estadounidense contempla la recuperación económica como su segunda etapa. Si la apertura petrolera no produce inversión real, esa fase no se cumple, y el cronograma completo se desplaza.
Y hay un vínculo con la reconstrucción: el Banco Mundial estimó los daños de los sismos del 24 de junio en 19.600 millones de dólares, una cifra del orden del presupuesto nacional anual. Sin renta petrolera creciente, la reconstrucción depende de activos congelados en el exterior y de cooperación internacional.
La observación de la industria, entonces, no es solo comercial. Las promesas políticas no alcanzan porque las inversiones duran décadas y las condiciones jurídicas duran, por ahora, lo que dure un contrato específico.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni de inversión.
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Fuentes principales: Declaraciones y balance público de Evanan Romero sobre la apertura petrolera, difundidos en agosto de 2026. Declaraciones de Mike Wirth, de Chevron, sobre seguridad jurídica y volatilidad fiscal. Informe del Instituto de Finanzas Internacionales reseñado por Bloomberg sobre el entorno operativo de la industria venezolana. Reporte de Bloomberg del 5 de junio de 2026 sobre la revisión del contrato modelo. Reportes sobre la reunión del 9 de enero de 2026 en la Casa Blanca y sobre la orden ejecutiva que designa los ingresos petroleros venezolanos como activos soberanos bajo custodia del Tesoro. Estimación de daños del Banco Mundial por los sismos del 24 de junio de 2026.
Economía
El oro venezolano en Londres irá a cuentas del Tesoro estadounidense
Los recursos del oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra serían depositados en cuentas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, con auditoría de firmas internacionales.
Son 31 toneladas de lingotes valoradas en torno a 4.000 millones de dólares. Equivalen a cerca de una quinta parte del presupuesto nacional venezolano de 2026. El acuerdo define quién las custodia después.
| Qué | Los recursos derivados del eventual desbloqueo del oro venezolano depositado en el Banco de Inglaterra serían depositados en cuentas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. |
|---|---|
| Quién | Ramón López, integrante de la delegación de la Asamblea Nacional de 2015 en las mesas de diálogo, en entrevista con Venevisión. |
| Cuándo | Declaraciones difundidas el 14 de agosto de 2026, tras el acuerdo del 12 de agosto. |
| Dónde | El oro permanece en las bóvedas del Banco de Inglaterra, en Londres. El destino de los fondos sería Washington. |
| Por qué | Es la mayor fuente de financiamiento disponible para la reconstrucción tras el doblete sísmico del 24 de junio. |
| Cómo | Mediante un plan de vivienda, centros de salud y escuelas sujeto a auditoría permanente por firmas internacionales calificadas. |
El dato nuevo
El acuerdo firmado el 12 de agosto por las delegaciones establece que ambas partes concentrarán esfuerzos en promover la recuperación de los activos de reserva internacional de Venezuela depositados en el Banco de Inglaterra, con mecanismos de transparencia, trazabilidad y auditoría para garantizar su uso en beneficio de los afectados por los sismos.
El texto firmado no dice dónde quedarían depositados esos recursos. Esa pieza la aportó después Ramón López, integrante de la delegación de la Asamblea Nacional de 2015, en entrevista con Venevisión: los fondos serían depositados en cuentas del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.
López precisó que la liberación se ejecutará «siempre y cuando haya toda la planificación necesaria y mecanismos de control», con un plan orientado a vivienda, centros de salud y escuelas en las zonas afectadas, y con un plan de auditoría permanente del gasto a cargo de empresas internacionales.
Es la primera vez que se identifica públicamente la arquitectura financiera del acuerdo, y no proviene del documento firmado sino de la explicación posterior de un negociador.
Por qué el detalle no es menor
El oro venezolano en Londres lleva bloqueado desde 2018 por una razón específica: la disputa sobre quién tiene autoridad legítima para reclamarlo.
El Banco de Inglaterra impidió el retiro alegando dudas sobre la legitimidad de las autoridades venezolanas, luego de que el Reino Unido, Estados Unidos y más de cincuenta países cuestionaran la reelección de Nicolás Maduro en 2018. En 2020 el Tribunal Superior de Londres negó el acceso al gobierno del entonces usurpador, y sucesivos fallos en 2021 y 2022 mantuvieron esa negativa. La presidencia interina de Juan Guaidó concluyó en enero de 2023 sin haber accedido tampoco al oro. El asunto quedó en un limbo jurídico que se prolongó años.
Ese limbo tenía una causa que sigue vigente: el obstáculo nunca fue técnico, sino de titularidad reconocida.
La solución que aparece ahora no resuelve la pregunta de fondo sobre quién representa al Estado venezolano. La sortea. En lugar de transferir los fondos a una cuenta del Banco Central de Venezuela o del gobierno de transición encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, los coloca en una cuenta del Tesoro estadounidense, bajo auditoría de terceros, con destino de gasto predefinido.
Es una fórmula que permite mover el dinero sin que ninguna de las partes tenga que reconocer formalmente la autoridad de la otra sobre él.
Las cifras, en proporción
En las bóvedas del Banco de Inglaterra están depositadas 31 toneladas métricas de oro venezolano, con un valor estimado en torno a los 4.000 millones de dólares. Venezuela tendría en total unas 61 toneladas, incluyendo las reservas custodiadas en Caracas.
El presupuesto nacional de Venezuela para 2026 ronda los 19.900 millones de dólares, cerca de 12% menos que el de 2025, estimado en 22.660 millones.
Las 31 toneladas representan, por tanto, alrededor de una quinta parte de todo el presupuesto anual del país.
Y frente a la magnitud del daño: el Banco Mundial estimó los daños físicos directos del doblete sísmico en 19.600 millones de dólares. El oro cubriría aproximadamente una quinta parte de la factura de la reconstrucción.
Es mucho dinero. Y no alcanza.
Las preguntas que el anuncio deja abiertas
Ninguna autoridad británica se ha pronunciado. El desbloqueo depende del Banco de Inglaterra y, en última instancia, de los tribunales del Reino Unido que han conocido el caso durante años. Un acuerdo entre dos delegaciones venezolanas y una cuenta en Washington no constituye por sí solo una orden de liberación.
No se identificaron las firmas auditoras. Se anunció que serán empresas internacionales calificadas. No se publicó cuáles, bajo qué contrato, con qué periodicidad de reporte ni ante quién responden.
No se definió el mecanismo de desembolso. Vivienda, centros de salud y escuelas es un destino, no un procedimiento. Quién aprueba cada desembolso, con qué criterio de priorización territorial y qué ocurre si las partes discrepan son preguntas sin respuesta pública.
No hay cronograma. El acuerdo señala que la ejecución comienza en agosto. No fija fecha para el primer dólar.
Lo que significa para el venezolano en Estados Unidos
Para la diáspora, este expediente tiene una lectura directa que conviene no perder de vista.
Durante ocho años, el oro de Londres funcionó como símbolo de una disputa política: cada bando lo reclamaba y ninguno lo tocaba. Si el mecanismo anunciado se ejecuta, dejará de ser símbolo y pasará a ser presupuesto de obra, con destinatarios identificables en La Guaira y el Distrito Capital.
La diferencia entre una cosa y la otra se medirá en un dato verificable: cuántas de las 9.567 viviendas catalogadas en alto riesgo dejan de estarlo.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni legal.
Fuentes principales: Comunicado conjunto de las delegaciones del 12 de agosto de 2026. Declaraciones de Ramón López a Venevisión difundidas el 14 de agosto de 2026. Antecedentes judiciales del caso ante el Tribunal Superior de Londres entre 2020 y 2022. Estimación de daños del Banco Mundial. Cifras del presupuesto nacional venezolano de 2026 y 2025.
Economía
Corpoelec promete 160 megavatios en noventa días
El acuerdo para rehabilitar Macagua y culminar Tocoma llega mientras el interior del país registra apagones prolongados y los ministerios recortan jornada por ahorro energético.
El contrato se firmó el 12 de agosto. La primera entrega es de 160 megavatios. Para dimensionar la cifra hace falta compararla con la demanda del país, no con el anuncio.
| Qué | Corpoelec y la firma IMPSA firmaron un contrato para rehabilitar la central Macagua y culminar Tocoma, con una primera entrega de 160 megavatios en noventa días. |
|---|---|
| Quién | Corporación Eléctrica Nacional, la empresa estadounidense-argentina IMPSA y su presidente Jorge Salcedo. La embajada estadounidense en Caracas respaldó el acuerdo públicamente. |
| Cuándo | Acuerdos definitivos y addendum contractual formalizados el miércoles 12 de agosto de 2026. |
| Dónde | Centrales Macagua y Tocoma, en Ciudad Guayana, estado Bolívar. |
| Por qué | El sistema eléctrico nacional arrastra daños del doblete sísmico del 24 de junio y una demanda que supera la generación disponible. |
| Cómo | Mediante tres horizontes de entrega, comenzando por la puesta en operación comercial de las unidades 5 y 6 de Macagua. |
Lo que dice el contrato
El presidente de IMPSA, Jorge Salcedo, confirmó el inicio de los trabajos tras la formalización de los acuerdos definitivos y un addendum contractual con la Corporación Eléctrica Nacional el miércoles 12 de agosto.
El objetivo declarado es la rehabilitación de la planta Macagua y la culminación de la Central Hidroeléctrica Tocoma, dentro del Plan de Ahorro Energético que ejecuta el Ejecutivo.
La primera entrega, prevista a noventa días, contempla la puesta en operación comercial de las unidades 5 y 6 de Macagua, con 160 megavatios de capacidad firme incorporados al sistema nacional. La meta combinada de ambas instalaciones, a largo plazo, es de 2.640 megavatios.
La embajada de Estados Unidos en Caracas difundió el acuerdo el jueves 13 de agosto y lo vinculó de manera explícita al plan de tres fases para Venezuela.
La comparación que ordena la cifra
Venezuela registró en agosto de 2026 un récord de demanda eléctrica de 15.625 megavatios.
Los 160 megavatios de la primera entrega equivalen a alrededor de uno por ciento de esa demanda.
La meta de largo plazo de 2.640 megavatios sí es significativa: representa cerca de 17% de la demanda récord. Pero es una meta de largo plazo sin fecha pública de cumplimiento, y la culminación de Tocoma es un proyecto que lleva años inconcluso.
El contraste entre ambas cifras define el problema del anuncio: lo que está comprometido con fecha es marginal, y lo que es significativo no tiene fecha.
Lo que ocurre mientras tanto
Tres hechos, todos verificables, describen el estado del servicio en el mismo período.
Apagones prolongados en el interior. Se documentan interrupciones de hasta quince horas diarias en zonas del interior del país, en contraste con la relativa estabilidad del servicio en Caracas. La demanda supera ampliamente la generación disponible.
Recorte de jornada en la administración pública. El Ministerio de Salud emitió una circular fechada el 5 de agosto de 2026, firmada por el ministro encargado Carlos Humberto Alvarado González, que establece jornada presencial interdiaria de 8:00 a. m. a 12:30 p. m. en sedes administrativas y entes adscritos. Quedan exceptuados el personal asistencial de centros de salud, custodia y logística de insumos, laboratorios de procesamiento de muestras y control de calidad, vigilancia epidemiológica y laboratorios de diagnóstico nacional. La circular contempla teletrabajo complementario, guardias rotativas y medidas de uso racional de energía, incluido aire acondicionado a 23 grados y desconexión total de equipos al cierre de la jornada.
Reorganización de autoridades. El sábado 8 de agosto, la presidenta encargada Delcy Rodríguez designó a José Luis Betancourt como viceministro de Servicios Eléctricos y a Juan Crisóstomo Fernández en la presidencia de Corpoelec. En esa misma jornada se reportó la restitución de 300 megavatios en la planta TermoCarabobo, equivalentes a la mitad de su capacidad de generación.
La variable que nadie controla
Sobre todo el expediente pesa un factor climático. Las autoridades venezolanas adoptaron medidas contingentes para mitigar el impacto del fenómeno que denominan Súper Niño sobre el sistema eléctrico.
Es un asunto estructural, no coyuntural. El sistema eléctrico venezolano depende en proporción abrumadora de la generación hidroeléctrica del complejo del bajo Caroní. Cuando el ciclo climático reduce el aporte de agua al embalse de Guri, la capacidad de generación cae por una razón que ningún contrato de rehabilitación puede corregir.
Esa dependencia explica por qué el diagnóstico técnico realizado el 3 de agosto en la represa de Guri —con participación del encargado de negocios estadounidense John Barrett, expertos técnicos del Departamento de Energía de Estados Unidos y funcionarios del Ministerio de Energía y de Corpoelec— es probablemente más relevante que el contrato firmado nueve días después.
Un contrato añade megavatios. Un diagnóstico de Guri dice cuántos megavatios se pueden perder.
El criterio para evaluar esto en noventa días
El compromiso público es concreto y por eso es verificable: unidades 5 y 6 de Macagua en operación comercial, 160 megavatios de capacidad firme, noventa días desde el 12 de agosto de 2026.
Es una vara que la propia empresa fijó. Se cumple o no se cumple, y el plazo vence a mediados de noviembre de 2026.
Esa es la única forma útil de leer un anuncio eléctrico en Venezuela: no por lo que promete, sino por la fecha que acepta que le cuenten.
Fuentes principales: Anuncio de IMPSA a través de su presidente Jorge Salcedo sobre los acuerdos definitivos con Corpoelec del 12 de agosto de 2026. Comunicación de la embajada de Estados Unidos en Caracas del 13 de agosto de 2026. Ministerio del Poder Popular para la Energía Eléctrica — registro de demanda récord de 15.625 megavatios. Circular del Ministerio de Salud del 5 de agosto de 2026. Anuncio de designaciones de la presidencia del 8 de agosto de 2026. Reporte del diagnóstico técnico en la represa de Guri del 3 de agosto de 2026.
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