Política
La ruta electoral es extremadamente sinuosa
El escenario venezolano post-Maduro tiene todos los ingredientes de un drama político de largo aliento: un gobierno interino que administra sin mandato claro, una oposición histórica que regresa del exilio, una potencia extranjera que dirige la transición desde afuera, y elecciones que todo el mundo menciona pero nadie convoca.
Nicolás Maduro fue capturado en enero de 2026. Desde entonces, Delcy Rodríguez ejerce como presidenta encargada. Washington celebró el cambio y diseñó un plan en tres fases. El subsecretario de Estado Michael Kozak lo explicó ante el Congreso: «La primera fase fue la estabilización. No queríamos que la situación de seguridad se rompiera y que la gente no pudiera obtener servicios, que las pandillas deambularan. Esa fue la fase uno, hecha.»
La fase dos — recuperación económica y reconciliación política — está en curso. Kozak confirmó que se reanudaron las operaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas el 30 de marzo, y que Washington custodia los fondos venezolanos provenientes del petróleo para que «beneficien al pueblo venezolano.»
La fase tres es la que a todos interesa: elecciones libres. Kozak evitó dar fechas concretas. «No tenemos una fecha para elecciones en Venezuela, pero estamos enfocados en los pasos», dijo ante el Congreso el 16 de abril.
El mapa de actores
María Corina Machado aspira a regresar del exilio y exige elecciones cuanto antes. El chavismo, representado ahora por Jorge Rodríguez, habla de elecciones pero no las apura. Trump elogia públicamente a Delcy Rodríguez — la llama su «amiga y socia» — mientras Rubio exige condiciones democráticas. La contradicción es evidente y nadie la explica.
Rubio fue claro en enero: «El objetivo último es que queremos una transición donde podamos trabajar y tener una nación próspera, democrática y aliada, donde esté representada toda la sociedad y haya elecciones libres y justas.» Pero también advirtió que el proceso «tomará meses, no años.»
Kozak dijo que Estados Unidos quiere ver a María Corina Machado participar libremente: «Hemos sido muy claros en que eso es lo que esperamos. Toda la gente, incluyendo a María Corina Machado, a quien también respeto mucho.» Pero respetarla y garantizar su participación son cosas distintas.
Venezuela sigue siendo Venezuela: un país donde todos los actores dicen querer lo mismo, y donde ese algo sigue sin materializarse.
→ Ver también: Venezolanos en Tokio: la diáspora que también organiza
Alfredo Yánez
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El primer Papa americano le habla al mundo desde el continente olvidado
León XIV eligió África como su viaje más largo. No Europa, no América Latina. El continente donde vive el 20% de los católicos del mundo y donde nadie esperaba que un Papa americano fuera primero.
El Papa León XIV llegó a Argelia el 13 de abril y se convirtió en el primer pontífice en pisar ese país. Era la primera parada de una gira de 11 días y cuatro naciones. No era un viaje cualquiera. Era, desde el primer día, una declaración.
Robert Francis Prevost, el hombre que el 8 de mayo de 2025 se convirtió en el primer Papa nacido en Estados Unidos, eligió África como su destino más ambicioso. No Europa. No América Latina. África — el continente que el mundo católico institucional ha tratado históricamente como misión y no como centro. Él mismo lo explicó desde el avión papal: «Vengo a África, ante todo, como pastor; para estar con todos los católicos de África, para celebrar con ellos, para alentarlos y acompañarlos.»
El viaje tenía también una dimensión personal imposible de separar del cargo. Prevost había visitado Argelia dos veces antes, como Prior General de los Agustinos — la orden fundada bajo el legado de San Agustín de Hipona, el teólogo del siglo IV que vivió y murió en lo que hoy es territorio argelino. Regresar ahora como Papa era algo distinto. Era un hombre volviendo a la tierra de su padre espiritual con el peso del mundo sobre los hombros.
El itinerario fue exigente: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Cuatro países que un Papa no había visitado en décadas — y en el caso de Argelia, que ningún Papa había pisado jamás.
La sombra de Trump
Antes de que el avión aterrizara en Argel, algo había ocurrido que marcaría todo el viaje. La noche anterior a la partida, Donald Trump publicó en Truth Social un ataque directo contra el pontífice: lo acusó de ser «terrible para la política exterior» y le pidió que se concentrara en «ser un gran Papa, no un político.»
León XIV respondió desde el aire, con serenidad y firmeza: «No le tengo miedo a la administración de Trump, ni de hablar en voz alta del mensaje del Evangelio. Creo que es a lo que estoy llamado, y a lo que la Iglesia está llamada.»
Era un momento sin precedente moderno: un Papa americano enfrentando públicamente a un presidente americano, a 30,000 pies de altitud, en ruta al continente más pobre del planeta. Obispos de América Latina y España salieron públicamente a respaldar al Papa.
Días después, a bordo del vuelo entre Camerún y Angola, el Papa intentó bajar la temperatura. Dijo a los periodistas que «no me interesa» debatir con el presidente, y que «cierta narrativa» en torno al viaje había sido alimentada por la «situación política» creada por Trump. No quería que el titular fuera él contra Trump. Quería que el titular fuera África.
Lo que encontró
En Argelia celebró misa ante apenas 1,500 fieles — en un país donde los católicos son 6,500 personas en total. Visitó la Gran Mezquita de Argel, una de las más grandes del mundo, en un gesto deliberado de diálogo interreligioso. Recorrió las ruinas de Hipona. En Camerún se reunió con el presidente Paul Biya, quien a sus 92 años es el jefe de Estado en activo de mayor edad del mundo, reelegido en octubre de 2025 para su octavo mandato. Visitó un orfanato. Celebró misas multitudinarias. En Angola denunció abiertamente los intereses que acaparan los recursos naturales del continente.
El mensaje fue consistente en todas las paradas: África no es el margen de la Iglesia. Es su futuro. El primer Papa americano lo entendió, y fue allá.
Política
Venezuela regresa al FMI. Delcy le agradeció a Trump. La diáspora venezolana necesita entender qué acaba de pasar
El 16 de abril, el FMI y el Banco Mundial reconocieron al gobierno de Delcy Rodríguez. Ella agradeció a Trump. MCM no estaba en ese comunicado. Eso lo dice todo.
El 16 de abril, el FMI y el Banco Mundial reconocieron al gobierno de Delcy Rodríguez. Ella agradeció a Trump. MCM no estaba en ese comunicado. Eso lo dice todo.
El 16 de abril de 2026, mientras la diáspora venezolana celebraba el acto de Madrid con MCM, en Washington el FMI emitía un comunicado que ningún discurso en la Plaza Mayor podía contrarrestar: Venezuela regresa al FMI. Bajo Delcy Rodríguez. Delcy Rodríguez —ex vicepresidenta de Maduro, ex canciller del régimen— fue reconocida por el FMI como la interlocutora legítima del gobierno venezolano. En su agradecimiento público, Rodríguez nombró uno por uno a quienes posibilitaron ese reconocimiento: Donald Trump, Marco Rubio, Brasil, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. MCM no estaba en esa lista. Edmundo González tampoco. El significado técnico es concreto: Venezuela recupera el acceso a aproximadamente $5,100 millones en derechos especiales de giro congelados desde 2019. Rodríguez dijo que esos fondos se destinarán a los servicios públicos. El Banco Mundial también reanudó relaciones el mismo día, abriendo la puerta a líneas de crédito para infraestructura. El significado político es más perturbador para quien esperaba una transición genuina. Henry Ziemer, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington, lo explicó con precisión: el reconocimiento institucional del FMI va más allá de lo personal y es la señal verde que los inversores extranjeros —especialmente en petróleo y minería— estaban esperando para entrar en Venezuela. Las nuevas leyes de inversión aprobadas por el gobierno de Rodríguez ya esperaban esa señal. Para la diáspora venezolana en EE.UU., la pregunta que este hecho plantea no es económica. Es política: ¿puede considerarse una transición democrática real un proceso en el que el chavismo —ahora sin Maduro pero con la misma estructura— recibe el respaldo de las instituciones financieras internacionales antes de que haya elecciones verificadas? Los 485 presos políticos que siguen encarcelados en Venezuela al 16 de abril de 2026 no estaban en el comunicado del FMI.
Política
Dos médicos venezolanos, dos semanas, el mismo punto de control. Lo que sus casos dicen sobre cómo ICE elige a quién detener
Ezequiel Véliz salió libre tras 11 días y una fianza de $8,000. La doctora Rubeliz Bolívar sigue detenida. Su hija de 5 años, ciudadana estadounidense, estuvo 19 horas sin sus padres.
Ezequiel Véliz salió libre tras 11 días y una fianza de $8,000. La doctora Rubeliz Bolívar sigue detenida. Su hija de 5 años, ciudadana estadounidense, estuvo 19 horas sin sus padres.
El punto de control de Sarita, en el condado de Kenedy al sur de Texas, no es un nombre que aparezca en los noticieros. Es un retén de la Patrulla Fronteriza en una región donde escasean los médicos, donde el 30% de la población tiene diabetes y donde dos venezolanos en residencia médica se convirtieron, en dos semanas consecutivas, en los casos más visibles de cómo la política migratoria actual afecta a profesionales que ya estaban dentro del sistema legal.
El 6 de abril, el Dr. Ezequiel Véliz, de 32 años, viajaba hacia Houston con su esposo Joseph Williams, ciudadano estadounidense. En el punto de control presentó su solicitud de cambio de TPS a visa J-1 —un trámite en curso. El agente determinó que no era suficiente.
Véliz fue detenido y trasladado a un centro en Del Río, Texas. Estuvo 11 días bajo custodia. El 16 de abril salió libre tras una fianza de $8,000.
El 12 de abril, la Dra. Rubeliz Bolívar llegó al aeropuerto de McAllen para viajar a Los Ángeles, donde su esposo tenía una cita de asilo programada —una cita que llevaban más de 10 años esperando.
Presentó su licencia Real ID y su autorización de trabajo válida hasta 2030. Un agente preguntó su nacionalidad y si tenía prueba de residencia permanente. La detuvieron. A su hija de 5 años, ciudadana estadounidense, la retuvieron 19 horas antes de entregarla a los abuelos.
La cita de asilo de su esposo avanzó sin ella. Ese proceso, que llevaba más de una década en trámite, tuvo que continuar sin la presencia de quien era parte esencial del mismo.
Lo que estos casos tienen en común no es la profesión. Es que ambos estaban dentro del sistema legal con procesos activos. La política migratoria actual no distingue entre quien elude el proceso y quien lo sigue a paso.
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