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Inciso

Ni uno menos que todos

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Esta es una jornada que quedará registrada en el proceso venezolano y que no quisiera dejar pasar sin poner por escrito lo que creo que debe decirse, con la mayor precisión que este editor pueda alcanzar.

Durante las últimas horas ocurrieron liberaciones de presos políticos en Venezuela. Ocurrieron en centros de detención específicos: en el Rodeo I, en el INOF, en otros recintos venezolanos. El Programa para la Paz y la Convivencia Democrática, creado por Delcy Rodríguez, emitió un comunicado oficial fechado en Caracas el 14 de agosto que informa el otorgamiento de medidas alternativas a la privación de libertad para un total de 131 personas. Foro Penal, dirigido por Alfredo Romero y con Gonzalo Himiob como vicepresidente, verificó caso por caso durante la tarde con actualizaciones progresivas que subieron de 17 a 29 y luego a al menos 40. El Comité por la Libertad de los Presos Políticos (CLIPPVE) reportó 43 verificaciones directas. El analista político Nicmer Evans publicó al cierre del día una lista consolidada de 62 excarcelados verificados con nombre y apellido.

Sesenta y dos, entonces, es la cifra verificada al momento en que escribo. De 131 anunciadas por el gobierno, 62 confirmadas con nombre por observadores independientes. Sesenta y nueve personas cuya situación específica queda por documentar en las próximas horas o días. Y cientos más que siguen presos y no aparecen en ninguna de las dos listas.

Entre los 62 verificados por Nicmer Evans hay un dato editorial que corresponde señalar: la proporción alta de militares. Capitanes, tenientes, teniente coroneles, coroneles, sargentos, sargentos primero, sargentos segundo, tenientes primero, tenientes coroneles. Casi una docena de nombres con rango militar. Muchos de ellos vinculados a casos como Gedeón, drones y otros procesos que durante años el régimen anterior usó como justificación para condenas de hasta treinta años en tribunales sin garantías. Que hoy salgan libres es demostración editorial de que su detención sostenida durante años era políticamente motivada y no jurídicamente justificada.

Que se anuncie la libertad de más de un centenar de personas es una noticia. Que se hayan verificado 62 con nombre y apellido al cierre editorial es otra noticia. Que ambas cifras estén separadas por 69 personas cuya situación específica queda por confirmar es una tercera noticia. Las tres son ciertas simultáneamente. Ninguna anula a las otras.

Este Inciso se llama «ni uno menos que todos» y quiero explicar exactamente por qué. Y quiero explicarlo ahora que las liberaciones están ocurriendo, no antes de que ocurrieran ni después de que se resuelvan del todo.

Es fácil escribir sobre la necesidad de liberar a los presos políticos cuando no se está liberando a nadie. Cualquiera puede hacer ese ejercicio, y muchos lo han hecho durante los últimos años con integridad y con constancia. Es también fácil celebrar cuando ocurre una liberación individual conmovedora. La atención mediática se orienta hacia esos momentos con vocación natural. Lo verdaderamente difícil, lo que exige criterio editorial, es sostener la exigencia mientras las liberaciones parciales están ocurriendo. Porque ese es exactamente el momento en el que aparece la tentación política de conformarse.

Hoy, mientras 131 personas se anuncian y 62 se verifican, la pregunta que quiero formular con claridad es: ¿y las otras? Las 69 personas que separan las dos cifras. Las que no están en ninguna de las dos listas. Las que llevan años en centros de detención sin juicio. Las que fueron condenadas mediante procesos que instituciones venezolanas e internacionales han caracterizado como carentes del debido proceso. Los tres pescadores de Falcón (Pérez, Guédez y Dirinot) que fueron detenidos en la represión postelectoral de 2024 y que, según denunció públicamente Ramón Guillermo Aveledo en la mañana del jueves, fueron condenados a seis años cuando ya estaba en marcha el proceso de diálogo cuyo primer ciclo culminó el 12 de agosto. Y todos los demás que este editor no puede nombrar aquí porque cada nombre merece verificación antes de la mención pública.

Ni uno menos que todos.

La formulación tiene precisión que quiero sostener. No dice «todos ya o nada». No dice «si no salen todos hoy, el proceso está fracasado». Ambas serían formulaciones absolutistas que ignorarían la naturaleza gradual de cualquier proceso institucional real. Dice algo distinto y más exigente. Dice que la meta debe permanecer clara mientras avanzan las etapas parciales. Dice que cada liberación individual es motivo genuino de alegría para la familia específica, pero no puede ser motivo para reducir la presión sobre las liberaciones pendientes. Dice que ninguna cifra intermedia, ni 131 ni 62 ni 200 ni 500, puede ser presentada como cumplimiento suficiente mientras haya un solo preso político venezolano que continúe detenido injustamente.

La presidenta de la Asamblea Nacional 2015, la diputada Dinorah Figuera, publicó en la tarde del 14 de agosto un mensaje breve y editorialmente preciso: «Con esperanza por el reencuentro de las familias venezolanas recibimos la información de las excarcelaciones. No son todos y merecen libertad plena, sigamos exigiendo sin descanso hasta que cada ciudadano se reencuentre con su familia». La formulación de Figuera dice, con menos palabras, lo mismo que quiere sostener este Inciso. Esperanza por lo que ocurre. Reconocimiento de que no son todos. Exigencia sostenida hasta que la libertad sea completa.

Es la misma posición que se argumentó el 13 de agosto en el análisis del cierre del primer ciclo del diálogo, cuando Figuera se comprometió a trabajar durante los próximos días por las liberaciones. Ese compromiso comenzó a ejecutarse un día después. Es dato verificable y es dato insuficiente. Ambas cosas simultáneamente.

Repasemos brevemente el registro. Diciembre de 2025: 187 excarcelaciones. Ronda posterior: 116 anunciadas, 24 verificadas por Foro Penal. Otra ronda: 80 en un día. Ley de amnistía de febrero de 2026: 379 liberaciones ordenadas, la mayoría con medidas restrictivas. Rondas parciales durante los meses siguientes. 14 de agosto de 2026: 131 anunciadas, 62 verificadas con nombre y apellido al cierre. La suma agregada de todas las excarcelaciones desde el 3 de enero de 2026 es sustantiva, y este editor no la minimiza. Pero la cifra que Foro Penal contabilizaba antes de la jornada del 14 era de 382 presos políticos aún detenidos, y esa cifra es la brújula. Cuánto se reduce, cuánto tarda en reducirse, y bajo qué condiciones se reduce. Nada más y nada menos.

Hay una lectura que quiero hacer explícita y que apareció formulada con precisión editorial en un mensaje que circuló durante la jornada: estas excarcelaciones también demuestran que es posible liberar presos políticos a pesar de que los tribunales hayan recibido órdenes durante años de imponer condenas de hasta 30 años en procesos sin garantías básicas. Con suficiente presión sostenida, las excarcelaciones ocurren. El 3 de enero de 2026 cambió las condiciones estructurales. Lo que hoy ocurre no habría ocurrido bajo el régimen anterior. Ese es el argumento correcto para celebrar sin conformarse, para reconocer lo que se ha ganado sin dejar de exigir lo que queda por ganar.

Hay una segunda lectura que no puede omitirse. Durante la misma jornada del 14 de agosto, mientras las liberaciones ocurrían, se registraron incidentes de censura contra periodistas venezolanos. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) alertó que un funcionario de la Guardia Nacional fotografió y grabó a periodistas de En El Mapa 360, de Reporte Ciudadano y de VPITV mientras cubrían las excarcelaciones. El hashtag #InformarNoEsDelito circuló durante la jornada. Que las excarcelaciones ocurran es paso significativo. Que la cobertura periodística de esas excarcelaciones sea objeto de vigilancia y presión es demostración simultánea de que las restricciones sobre la libertad de prensa persisten. Ambas cosas ocurren en el mismo día. Ninguna de las dos puede reportarse sin la otra.

Escribo desde Columbus, Ohio, a miles de kilómetros de las cárceles donde las excarcelaciones están ocurriendo esta noche. Escribo para lectores hispanos que viven en Estados Unidos, algunos de los cuales son venezolanos con familiares aún privados de libertad injustamente, otros que son venezolanos con familiares que salieron en libertad hoy, y muchos que son hispanos de otras nacionalidades para quienes lo que ocurre en Venezuela es asunto propio por razones humanitarias, políticas y de solidaridad regional. Para todos ellos escribo lo que sigue.

La exigencia es una sola: ni uno menos que todos. Hasta que la última persona detenida por motivos políticos en Venezuela camine libre por la calle. Hasta ese día, el proceso no está cerrado. Ni el Programa para la Paz y la Convivencia Democrática con sus 131 medidas alternativas, ni el Ministerio Público, ni los tribunales que emitieron las decisiones judiciales, ni el gobierno interino de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, ni la propia Asamblea Nacional 2015 que se comprometió con este trabajo pueden interpretar las excarcelaciones parciales como cumplimiento cerrado del compromiso.

La libertad plena de los presos políticos venezolanos no es programa negociable ni etapa dispensable de la transición. Es requisito material para que la transición sea, efectivamente, una transición. Sin esa libertad completa, cualquier arquitectura institucional posterior se construirá sobre un cimiento agrietado. Las próximas rondas del diálogo entre el Gobierno Nacional y la Asamblea Nacional 2015, tanto las plenarias como las mesas técnicas, tendrán que aterrizar esta agenda con calendario específico. El segundo ciclo tendrá que abordarla explícitamente, como ya han exigido públicamente Tomás Guanipa desde Unión y Cambio, Andrés Velásquez desde La Causa R, Convergencia desde Falcón, y otras voces documentadas durante las últimas jornadas.

Ni uno menos que todos.

Esa es la única cifra editorialmente aceptable. Cuando Foro Penal pueda reportar cero presos políticos en Venezuela, este editor firmará un Inciso distinto. Hasta entonces, el argumento no cambia, aunque cambien las cifras.

Este 15 de agosto de 2026, cuando este texto se publique, sesenta y dos familias venezolanas estarán viviendo un reencuentro que hasta hace pocas horas parecía distante. Ese reencuentro es genuinamente motivo de alegría. Y decenas o cientos de otras familias estarán mirando las imágenes de esos reencuentros desde el otro lado de una cerca que aún no se ha roto para ellas. Ese contraste no puede ignorarse.

Que el reencuentro sea completo. Que sean todos.

*Alfredo Yánez Mondragón · Editor en jefe · INCÍSOS*

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Se fue la luz donde se vendía la energía

El país con más petróleo del mundo no pudo mantener encendida la sala donde se hablaba de su energía. Un Inciso sobre una paradoja que no es accidente.

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Calle de Caracas durante un apagón, imagen editorial.

INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN

Dos cortes de electricidad en la cumbre que debía convencer al mundo de invertir en la energía venezolana. No fue un accidente de la cumbre. Fue su mejor resumen.

El martes 29 de septiembre de 2026, en un salón del JW Marriott de Caracas, cientos de ejecutivos de la industria energética escuchaban por qué este es el momento de invertir en Venezuela. Y se fue la luz. Dos veces.

Hasta la planta del hotel, según reportó un medio internacional, cedió ante los bajones. Por unos momentos, la cumbre que debía vender la energía venezolana al mundo se quedó sin energía.

Sería fácil contarlo como anécdota. No lo es.

La paradoja completa

Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. Quema en mechurrios gas que podría convertirse en electricidad. Y aun así arrastra, según Reuters, un déficit de más de 1.500 megavatios, con regiones que pasan hasta 10 horas diarias sin luz. Niños que no llegan a la escuela, negocios que no abren, noches enteras sin dormir por el calor.

Esa semana, por un rato, los ejecutivos vivieron lo que el venezolano vive a diario. La diferencia es que ellos se van el jueves.

La isla de luz

Hay una norma de enero que exige a los nuevos proyectos energéticos generar su propia electricidad. Tiene lógica para quien invierte: nadie pone un pozo a depender de una red que falla. Pero conviene ver el país que dibuja esa regla si se queda sola: un pozo iluminado y, al lado, una escuela a oscuras. Islas de luz para el negocio en un mar de apagones para la gente.

Eso no es recuperación. Es un enclave.

Lo que falta

La pregunta que conviene hacer es simple: ¿qué falta, exactamente, para que pase?

No faltan permisos: Washington renovó las licencias un día antes de la cumbre. No falta interés: sobraron ejecutivos y hubo lista de espera. Falta lo menos vistoso y lo más difícil. Falta quién pague el mantenimiento que no se hizo en años. Falta quién responda cuando no lleguen los 4.800 megavatios prometidos para fin de año. Falta que el gas que hoy se quema encienda casas antes que titulares.

La luz volvió al salón. En buena parte del país, esa misma noche, no volvió.

Ese es el tamaño de la paradoja: el petróleo puede atraer al mundo a Caracas, pero no puede, por sí solo, encender Venezuela. Para eso hacen falta instituciones que funcionen, y esas no se importan en un memorando.


Fuentes principales: Reuters, 30 de septiembre de 2026; Diario Las Américas, 30 de septiembre de 2026; Infobae (con EFE), 30 de septiembre de 2026.

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Inciso

Pasos en alguna dirección

Los gestos se agradecen. Lo que mide una transición es si se convierten en reglas que nadie puede retirar.

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Weathered signpost marking two diverging country roads at sunset

INCISO

Excarcelaciones, desbloqueos, una amnistía y ahora la reforma de la ley contra el odio. Cada paso cuenta. Lo que todavía no se sabe es si caminan hacia algún lugar o en círculo.

En noviembre de 2017, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó por unanimidad la ley contra el odio. La presidía Delcy Rodríguez. Nueve años después, el 28 de septiembre de 2026, la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó un oficio para pedir que se despenalicen las conductas que esa ley castiga. Con urgencia.

Sería fácil quedarse en la ironía. Prefiero la pregunta que la ironía esconde: hacia dónde van estos pasos.

Porque son varios. Desde enero salieron presos políticos, aunque a cuentagotas y sin lista pública. Hubo una ley de amnistía. Se desbloquearon decenas de dominios, aunque otros tantos siguen cerrados. Se habla de elecciones, aunque sin fecha. Y ahora, una reforma para que opinar deje de ser un delito con pena de homicidio.

Cada uno de esos pasos cambió la vida de alguien. Eso no se discute ni se desprecia. Pero todos comparten un rasgo: fueron concedidos. Llegaron por decisión de quien gobierna, en el momento que eligió y en la medida que quiso. Y lo que se concede por voluntad se puede retirar por voluntad.

Una transición no se reconoce por la cantidad de gestos, sino por el momento en que los gestos se convierten en reglas. Cuando un preso sale porque la ley lo ordena y no porque alguien lo decidió esa semana. Cuando un medio publica sin calcular si lo van a bloquear. Cuando un partido existe sin que un funcionario pueda declararlo promotor del odio.

La reforma de la ley contra el odio puede ser eso o puede ser otra concesión. Lo sabremos por el texto: si despenaliza de verdad, si ordena revisar cada causa, si elimina las herramientas contra medios y partidos. Y lo sabremos por la forma: si se discute a la vista de quienes documentaron a sus víctimas, o se aprueba en familia.

Vladimir Petit escribió que una transición se mide por lo que el país puede preguntar sin miedo. Añado algo menos elegante: también se mide por lo que el país puede decir sin que alguien tenga que autorizarlo primero.

Los pasos se agradecen. La dirección todavía hay que exigirla.

Alfredo Yánez Mondragón


Fuentes principales: Oficio de Delcy Rodríguez, 28 de septiembre de 2026.

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Inciso

Palos de golf prestados en un país que paga cisternas

La reconstrucción se anuncia en el Country Club. La vida diaria se resuelve con cisternas.

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Ilustración conceptual sobre producción petrolera y medición.

INCISO

Para recibir a los ejecutivos del petróleo hubo que salir a buscar palos de golf. Para recibir agua, en Coro, en Margarita y en tantos otros lugares del país, hay que pagar una cisterna.

El lunes 28 de septiembre de 2026, decenas de ejecutivos petroleros jugaron un torneo de golf en el Caracas Country Club, la víspera de una cumbre de petróleo y gas con entradas agotadas: 650 asistentes y 150 en lista de espera. Los organizadores contaron a Bloomberg que días antes estaban en pánico. Tuvieron que llamar a todos los clubes y tiendas de la ciudad, pedir prestados juegos de palos y comprar otros. Caracas tiene tres clubes privados de golf y ningún campo público. «Muy pocos venezolanos juegan golf», explicó la dueña de la tienda que los sacó del apuro.

Ese mismo lunes, vecinos de Coro denunciaban dos meses sin agua y la obligación de pagar cisternas para llenar los tanques de sus casas. No es una excepción ni una emergencia pasajera: en Margarita, y en muchos otros lugares del país, pagar un camión de agua es desde hace años una partida más del presupuesto familiar.

No hay nada reprochable en que unos ejecutivos jueguen golf. Los negocios se hacen también así, y Venezuela necesita inversión. Lo que la escena retrata es otra cosa: la distancia entre el país que se anuncia y el país que se vive.

El país que se anuncia tiene 100.000 millones de dólares prometidos para el petróleo, licencias renovadas cada mes en Washington, una cumbre con lista de espera y un torneo para abrir el apetito. El país que se vive produce 1,2 millones de barriles diarios, menos de la mitad de lo que producía en los noventa, sufre apagones que sacan a la gente a la calle y compra agua por camión.

Las dos imágenes caben en la misma semana porque la reconstrucción empezó por arriba. Primero los contratos, después las reglas; primero el crudo, después la luz y el agua. Es un orden defendible si los beneficios bajan. El problema es que nadie ha explicado cómo ni cuándo.

Mientras tanto, conviene recordar la frase de la tienda de golf. Muy pocos venezolanos juegan golf. Casi todos, en cambio, saben lo que cuesta una cisterna.

Alfredo Yánez Mondragón


Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y La República, 28 de septiembre de 2026; La Patilla, 28 de septiembre de 2026.

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