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Política

Los medios que nacieron de la censura

Un reconocimiento al periodismo digital venezolano, a propósito del Día del Periodista.

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Los medios que nacieron de la censura

Dominical · Día del Periodista

Contexto · análisis · criterio
Especial · Día del Periodista

Los medios que nacieron de la censura

Cuando los grandes diarios cambiaron de línea o desaparecieron, una generación de periodistas levantó medios nuevos desde cero. Hoy informan a un país que, como nunca, necesita saber. Este es un reconocimiento.

Las 6WINCÍSOS
Qué
El panorama de los medios digitales venezolanos que sostienen el periodismo independiente, a propósito del Día del Periodista.
Quién
Runrun.es, Efecto Cocuyo, El Pitazo, Crónica.Uno, TalCual, La Gran Aldea, Punto de Corte y Armando.info, entre otros.
Cuándo
El 27 de junio se celebra el Día del Periodista en Venezuela; estos medios nacieron en su mayoría entre 2009 y 2015.
Dónde
Desde Venezuela y desde el exilio, con redes de colaboración que cruzan fronteras.
Por qué
La censura y el cierre de medios tradicionales abrieron espacio a un periodismo nativo digital de riesgo.
Cómo
Con emprendimiento, financiamiento alternativo, innovación contra los bloqueos y alianzas estratégicas.

El 27 de junio, Venezuela celebra el Día del Periodista. La fecha suele recordarse mirando al pasado, al primer periódico que fundó Bolívar. Pero este año conviene mirar el presente, porque está ocurriendo algo que merece ser contado: en uno de los entornos más hostiles del mundo para la prensa, un grupo de medios digitales mantiene viva la información independiente. No heredaron una redacción ni un edificio. La levantaron desde una tableta, una cuenta de Twitter o el comedor de una casa.

Su historia tiene un origen común. Cuando la censura apretó, cuando los grandes diarios cambiaron de línea editorial tras cambiar de dueño, o cuando simplemente desaparecieron asfixiados por la falta de papel y de publicidad, no quedó un vacío silencioso. Quedó una generación de periodistas que decidió empezar de nuevo, por su cuenta y riesgo. Esto no es una clasificación ni un ranking. Es un reconocimiento, en orden alfabético, a quienes eligieron no callar.

Ocho maneras de no callar

Armando.info

Fundado el 20 de julio de 2014 · Periodismo de investigación

Es el único medio digital venezolano dedicado por entero al periodismo de investigación. Su reportero Roberto Deniz destapó los negocios del contratista Alex Saab con el programa de alimentos CLAP, una investigación que le costó el exilio. Lejos de frenarlo, el destierro lo potenció: en 2025 recibió el Premio Gabo —de forma compartida con colegas de Argentina y Brasil—, y trabaja en red con organizaciones como OCCRP y GIJN.

Sello: la investigación que cruza fronteras
armando.info

Crónica.Uno

Fundado en 2015 · Periodismo comunitario

Nació con un capital semilla de la organización Espacio Público para hacer un periodismo distinto: el de las comunidades. Mientras otros miran al poder, Crónica.Uno mira al barrio —servicios, agua, salud, derechos— y llega a los sectores populares sobre todo a través de Facebook. Su fundador, Carlos Correa, lo resumió con una frase que es casi una declaración de principios: el medio quiere ser grande, pero no nace grande.

Sello: el periodismo del barrio
cronica.uno

Efecto Cocuyo

Fundado en enero de 2015 · Periodismo de interés público

Tres periodistas —Luz Mely Reyes, Laura Weffer y Josefina Ruggiero— lo fundaron tras la compra de Cadena Capriles y los episodios de censura que siguieron. Empezaron con una tableta en una cafetería y un financiamiento colectivo de la propia audiencia. Su cobertura del éxodo migratorio ganó el Premio Gabo en 2018, y la revista Time incluyó a su directora entre los «Guardianes» de la verdad. Hoy también forma a nuevos periodistas con su Escuela Cocuyo.

Sello: nació de su audiencia
efectococuyo.com

La Gran Aldea

Análisis y contexto · Dirigido por Alejandro Hernández

Su lema lo resume: periodismo para construir futuro, información para entender. En un ecosistema donde muchos corren tras la primicia, La Gran Aldea apuesta por la mirada larga: el análisis que va a las raíces históricas de cada hecho y a sus protagonistas para anticipar hacia dónde va el país. Esa vocación de pensar el presente con perspectiva no la libró de la censura: fue bloqueada en 2020 y de nuevo en 2024 por las operadoras, tras publicar sobre un exministro del chavismo.

Sello: la mirada larga, con historia
lagranaldea.com

El Pitazo

Periodismo popular · Dirigido por César Batiz

Fue bloqueado de forma permanente en 2017, y respondió con ingenio: aprendió a esquivar la censura con métodos innovadores para seguir llegando a los venezolanos. Su director, César Batiz, recibió el Premio Knight del Centro Internacional para Periodistas, uno de los mayores reconocimientos del oficio, por revelar la verdad pese a quienes intentan silenciarla. Antes ya había ganado el Ortega y Gasset.

Sello: le gana la pelea a los bloqueos
elpitazo.net

Punto de Corte

Portal informativo nacional

Un portal de noticias nacionales que ha sostenido coberturas sensibles cuando pocos se atrevían: el sistema carcelario, los derechos humanos y el peso del narcotráfico en la frontera, terreno de la reportería de Sebastiana Barráez. En un país donde informar sobre ciertos temas implica riesgo personal, mantener esas fuentes abiertas es, en sí mismo, un acto de servicio público.

Sello: cubre lo que incomoda
puntodecorte.net

Runrun.es

Fundado el 1 de enero de 2009 · Nacido en redes

Nació de un acto de censura: cuando le cancelaron el programa de radio al periodista Nelson Bocaranda Sardi, su hijo le abrió una cuenta en Twitter para seguir conectando con la audiencia. De ahí salió un portal que en 2025 cumplió quince años —una hazaña para un medio digital venezolano— y que, entre otras cosas, lleva un registro propio de los homicidios en Caracas que ningún organismo oficial transparenta.

Sello: de un tuit a una redacción
runrun.es

TalCual

Fundado en 2000 por Teodoro Petkoff · Del papel a lo digital

Lo fundó Teodoro Petkoff, el «guerrillero renegado» que rompió con el comunismo y se atrevió a llamar dictador a Chávez en el apogeo de su poder. Cuando la falta de papel lo obligó a dejar de imprimir en 2015, no cerró: migró a lo digital. Su legado va más allá del medio: de su escuela salieron periodistas que luego fundaron otros de esta misma lista. Petkoff dejó una frase que resume el oficio: solo los imbéciles no cambian de opinión.

Sello: la escuela que formó a los demás
talcualdigital.com

Cuando unirse fue sobrevivir

El rasgo más notable de esta generación no es lo que hizo cada medio por separado, sino lo que hicieron juntos. En un ecosistema donde normalmente todos competirían por la misma audiencia y la misma publicidad, varios eligieron lo contrario: aliarse. La razón la explicó Nelson Bocaranda hijo con sencillez: medios con una línea editorial parecida obtienen mejores resultados si suman fuerzas en lugar de dividirse.

El momento cumbre

La Alianza Rebelde Investiga

Runrun.es
TalCual
El Pitazo

Lo que empezó como un acuerdo comercial para vender publicidad en conjunto se convirtió, el 12 de noviembre de 2019, en algo mayor: una alianza de contenidos. Tres medios independientes unieron sus equipos de investigación para producir reportajes que ninguno habría podido sacar solo. Frente a un poder que concentra recursos, la respuesta fue concentrar talento. La alianza demostró que, en periodismo, sumar no resta: multiplica.

Esa lógica colaborativa se extiende mucho más allá de esos tres. Estos medios comparten créditos entre sí y con redes internacionales —desde Connectas hasta el OCCRP y el ICIJ— para investigaciones que cruzan fronteras. El periodismo venezolano aprendió, a la fuerza, que la cooperación no es una opción romántica: es una herramienta de supervivencia y de impacto.

Frente a un poder que concentra recursos, la respuesta de la prensa fue concentrar talento.

Un hilo invisible los une

Si se tira de un hilo, aparece una genealogía. Buena parte de quienes hoy dirigen estos medios se formaron en redacciones que ya no existen o que cambiaron de manos. La escuela de Teodoro Petkoff, primero en el diario El Mundo y luego en TalCual, formó a periodistas que más tarde fundarían algunos de los medios de esta lista. El periodismo independiente venezolano no surgió de la nada: es la continuación, por otros medios y en otras plataformas, de una tradición que el poder creyó haber clausurado.

Por eso el mapa de hoy se entiende mejor como una sola comunidad que como una suma de competidores. Comparten origen, comparten amenazas —bloqueos, asfixia financiera, exilio, amenazas legales— y comparten un propósito: que el venezolano no se quede a oscuras. En un país donde la información veraz se volvió un bien escaso, estos medios son infraestructura cívica.

Un oficio que se sostiene entre todos

Este reconocimiento no estaría completo sin una invitación, porque el periodismo independiente no se sostiene solo con premios y coraje. Se sostiene con lectores que lo leen, lo comparten, lo financian cuando pueden y lo defienden cuando lo atacan. Cada suscripción, cada aporte, cada vez que alguien comparte un reportaje verificado en lugar de una cadena sin fuente, es un ladrillo más en esa infraestructura cívica.

El Día del Periodista es una buena fecha para decirlo con claridad: a estos medios y a quienes los hacen, gracias. Por no callar cuando callar era más seguro, por innovar cuando los cerraban, por unirse cuando dividirse era lo fácil. Y a la sociedad venezolana, dentro y fuera del país, una sola petición: respáldenlos. Una democracia se mide, también, por la salud de su prensa. Cuidar a quienes informan es cuidar el derecho de todos a saber.

Una democracia se mide, también, por la salud de su prensa. Cuidar a quienes informan es cuidar el derecho de todos a saber.

INCÍSOS

Reportaje especial por el Día del Periodista. Datos verificados con fuentes independientes y los propios medios reseñados (LatAm Journalism Review del Centro Knight, IPYS Venezuela, SembraMedia, Premio Gabo, ICFJ, El Nacional). Esta lista no es exhaustiva ni jerárquica: hay muchos otros medios y periodistas que sostienen el oficio en Venezuela. · Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa.

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Política

Zair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»

El exfiscal venezolano habla sobre el sistema judicial, los presos políticos y lo que viene después de la transición.

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Dominical

Contexto · análisis · criterio
Entrevista

Zair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»

Fue el tercero en la jerarquía del Ministerio Público entre 2014 y 2017, y hoy es fuente obligada de las ONG de derechos humanos. Esa doble condición despierta sospechas. Zair Mundaray —53 años, criminalista, exiliado— se sentó a contestarlas.

Las 6WINCÍSOS
QuéUn exalto fiscal del Ministerio Público responde a la pregunta que lo persigue: cómo combatió el aparato al que sirvió.
QuiénZair Mundaray, criminalista de carrera y exdirector general de Actuación Procesal, hoy exiliado con orden de captura.
CuándoSu gestión clave transcurre entre 2014 y 2017; la conversación se publica el 7 de junio de 2026.
DóndeVenezuela, desde la Unidad Criminalística del Ministerio Público hasta el exilio tras la ruptura de 2017.
Por quéEl testimonio expone desde dentro el aparato penitenciario y judicial que la transición tutelada hereda intacto.
CómoA través de evidencia forense: balística, autopsias y video que le quitaron al poder el monopolio sobre la verdad de sus crímenes.

Hay una pregunta que persigue a Zair Mundaray como una sombra: ¿cómo puede quien ocupó el tercer cargo del Ministerio Público durante los años más represivos del chavismo presentarse hoy como referente de derechos humanos? Es la pregunta correcta, y se la hicimos de entrada, sin amortiguar el golpe. Su respuesta no fue una disculpa ni un mea culpa: fue una reconstrucción minuciosa de casi dos décadas de trabajo criminalístico, articulada alrededor de una tesis que sostiene con la frialdad del forense que es. La frontera entre quien sirvió al aparato y quien lo combatió, dice, no se mide por el cargo sino por lo que cada quien hizo con él. Y lo que él hizo, afirma, fue construir una unidad científica que le quitó al poder el monopolio de la verdad sobre sus propios crímenes.

Lo que sigue es esa conversación, ordenada y depurada. INCÍSOS no avala ni desmiente la totalidad de sus afirmaciones —varias remiten a expedientes que solo un tribunal independiente podría ventilar—, pero sí verificó los hechos estructurales.

La Unidad Criminalística contra la Vulneración de Derechos Fundamentales existió, fue reconocida internacionalmente y figuras como la entonces procuradora argentina Alejandra Gils Carbó visitaron su modelo; organizaciones como Provea documentaron su trabajo; y los casos que cita —Bassil Da Costa, Juan Pablo Pernalete, Carlos Castillo, el psiquiatra Edmundo Chirinos, las masacres de Tumeremo, Barlovento y Cariaco— son parte del registro público.

«Sin anestesia»

Usted es hoy una fuente obligada de ONG y de periodistas para hablar de violaciones de derechos humanos en Venezuela. Pero entre 2014 y 2017 estuvo en la cúspide del Ministerio Público; hay quien dice que fue el número tres del aparato que ejecutó buena parte de esas violaciones. ¿Por qué deberíamos creerle hoy a Zair Mundaray?

Esa pregunta nace de una ignorancia que, debo decirlo, en parte creó el propio modelo de Estado, y en parte el propio Ministerio Público, que nunca explicó bien lo que hacía. De los cargos que tuve, solo uno —Actuación Procesal— era de alta responsabilidad política; los demás eran funciones de apoyo a los fiscales, a la función pública. Pero lo importante es lo que hicimos desde el área de investigación.

Cuando llegué a la Dirección de Investigaciones inauguramos algo único en el mundo: la Unidad Criminalística contra la Vulneración de Derechos Fundamentales. Una unidad de criminalistas, forenses e investigadores —con telefonía, con experticia informática— dedicada solo a investigar casos de derechos humanos. Vinieron de Argentina, de Ecuador, de República Dominicana a ver el modelo. ¿Por qué la creamos? Porque nos dimos cuenta de una realidad: no era posible investigar a un aparato que se investigaba a sí mismo. Si el CICPC mataba a alguien en un supuesto enfrentamiento, los actos de investigación los hacía el propio CICPC. ¿Usted cree que iba a haber investigación? Evidentemente no. Esta unidad tenía la capacidad de deslastrarse de los resultados oficiales. Esa es la diferencia.

No era posible investigar a un aparato que se investigaba a sí mismo. Si el CICPC mataba a alguien, los actos de investigación los hacía el propio CICPC.

El caso Bassil Da Costa

Usted dice que esa unidad llegó a contradecir al propio poder.

El Día de la Juventud, cuando matan a Bassil Da Costa, salimos a la calle en paralelo: el CICPC por un lado y nuestra unidad por el otro. A los pocos días ya sabíamos que lo que había dicho Nicolás Maduro no era cierto. Buscamos más de 150 horas de video y determinamos que los únicos tiradores en el momento del disparo eran cuatro funcionarios del Sebin y el escolta personal de Rodríguez Torres: cinco personas armadas disparando en la misma dirección. El proyectil era ojival, de cañón rayado convencional; el del escolta de Rodríguez Torres tenía otra característica. Hicimos la comparación balística y ahí estaban los responsables. Tan incómodo fue, que destituyeron al director del SEBIN después de que me entregó las armas. Un funcionario del Sebin fue condenado a 30 años. ¿Quién lo demostró? La ciencia. Esa ciencia que después Tarek William Saab desmanteló cuando llegó.

Tumeremo, Barlovento, las OLP

Su cronología se pasea por casos emblemáticos.

¿Quién le dijo al país que en Tumeremo hubo una masacre, cuando habían quitado los cadáveres? La criminalística. Lo mismo en Barlovento: los muertos los conseguí yo, con ayuda de funcionarios que todavía están en Venezuela y por eso no nombro. En las OLP me paré en una reunión del Consejo General de Policía, en 2015, y le dije al ministro en su cara: «Las OLP son asesinatos en masa». Porque las estábamos investigando, y no nos dábamos abasto de tantas muertes. En los casos que pudimos procesar, las personas no eran delincuentes, no tenían registro, se las llevaban vivas de sus casas y las asesinaban; no hubo tal enfrentamiento.

El «doble tap»

¿Cómo lo determinaron técnicamente?

Acumulamos cerca de cien casos con protocolos de autopsia. Aparecía un patrón: dos disparos lineales, uno al lado del otro, en la parte superior del tórax. Eso no ocurre en un enfrentamiento real. En un enfrentamiento real hay tiros en la mano, rasantes en el pie, en cualquier parte, porque el cuerpo está en movimiento, cae y dispara. Estos eran tiros limpios y de frente. Conseguimos el video de San Vicente: un policía sujetaba a la persona por un brazo, otro por el otro, y un tercero disparaba de frente. Creían que si el tiro era frontal podían simular un enfrentamiento. Lo que dejaron fue un patrón de asesinato. Ese «doble tap» está hoy en la Corte Penal Internacional. Lo halló mi equipo. ¿Y quién dio la cara? Yo. Por eso me han perseguido tanto tiempo: porque yo no tenía compromiso.

El doble tap está hoy en la Corte Penal Internacional. Lo halló mi equipo. ¿Y quién dio la cara? Yo.

El caso Chirinos

No todo fue confrontación política. Usted invoca también un caso que marcó al país: el del psiquiatra Edmundo Chirinos.

Ese fue uno de los enfrentamientos jurídicos más hermosos de mi vida, y uno de los primeros grandes choques. Chirinos era el psiquiatra de tres presidentes, exrector de la Universidad Central, excandidato presidencial. Un hombre intocable. Y era un criminal serial: violó a muchas mujeres y mató a Roxana Vargas, una estudiante de diecinueve años. Me eché encima casi a toda la Universidad Central, a buena parte del estamento político que decía que yo estaba mintiendo. Me mandaron emisarios; un consultor jurídico del partido de gobierno, que era su abogado, me dijo que en la tarde estaría destituido. Le respondí que esperaba mi resolución, pero que si me botaban iba a filtrar todos los casos de homicidio, porque ese hombre no se iba a quedar impune por tener contacto político.

Reuní todo: ADN, que en ese momento ni se trabajaba y tuve que procesar con una universidad; planimetría; trayectoria. Enfrenté en el juicio a quien fue mi maestra en la PTJ y a los mejores peritos que trajo la defensa. Después de leer el expediente, su propio equipo técnico dijo que no había nada que hacer. De las pocas veces que un fiscal agotó toda la evidencia. Lo condenaron. Por eso me extrañó tanto que después me llamaran para un caso bancario, el de Arné Chacón, donde mi primera reacción al ver los expedientes fue decirles a los fiscales: «En esta vaina no hay sangre, y sin sangre no es mi terreno». El homicidio siempre fue mi foco.

Verificación INCÍSOS

Edmundo Chirinos, exrector de la UCV y terapeuta de los presidentes Jaime Lusinchi, Rafael Caldera y Hugo Chávez, fue condenado en septiembre de 2010 a veinte años de prisión por el homicidio intencional de Roxana Vargas, estudiante de Comunicación Social de diecinueve años hallada muerta el 14 de julio de 2008 en Parque Caiza. Mundaray actuó como fiscal 48° nacional, junto al fiscal 50° del Área Metropolitana, Pedro Montes; durante seis meses de juicio presentaron entre 70 y 80 órganos de prueba. El tribunal inhabilitó a Chirinos para ejercer la psiquiatría. El caso es registro público y verifica el relato.

La cadena de mando

Volvamos a la estructura. Usted fue el tercero. Luisa Ortega Díaz era la fiscal general y traía un proyecto. ¿Cómo se vivió ese momento, entre 2016 y 2017, con la oposición ya en la Asamblea Nacional?

Yo venía de carrera: fiscal de pueblo en Caucagua, Barlovento, Guarenas; luego fiscal nacional. Nunca había trabajado con Ortega Díaz personalmente porque yo estaba en el campo, en la investigación. Todo el mundo en la institución conocía mi postura política, que no ocultaba y que compartían mayoritariamente los fiscales.

El primer indicio de que algo cambiaba fue cuando me asignaron, a mí, investigar un supuesto magnicidio contra Chávez denunciado por Iris Varela. Es el único caso de magnicidio que se sobreseyó. Presenté un informe: no había tal plan, la denuncia no era seria. Le pregunté a la diputada Varela quién estaba detrás, a quién debía procesar, y me respondió: «Barack Obama». Imagínese. Ahí entendí que, cuando de verdad querían saber la verdad, me mandaban a mí; cuando querían torcer algo, tenían otros nombres para eso.

Después me llamó Ortega Díaz: «Hay que reconducir muchas cosas; quiero que te encargues de Actuación Procesal». Le dije de frente: «¿Usted cree que va a poder trabajar conmigo? Porque lo que yo le informe muy probablemente no se corresponda con lo que usted quiere oír». Me respondió: «Eso es lo que necesito, y probablemente es lo que necesita el país en este momento». Le puse una condición: libertad para hacer lo que hubiera que hacer. Si no, que me dejaran en mi laboratorio.

Castillo y Pernalete

¿Cómo se sostiene una investigación así contra todo el aparato?

Plantándose. A Néstor Reverol le pedí que me entregara a los que mataron a Gruseny Canelón en Barquisimeto; me dijo que si lo hacía, se caía el gobierno, porque eran doce guardias nacionales. En el caso de David José Vallenilla, el estudiante de la Universidad Santa María, me pararon en la puerta de la comandancia de la Carlota y me dijeron: «Aquí no manda usted, aquí manda Maduro». Respondí: «Aquí manda la Constitución». Vallenilla no disparó a nadie; lo mató una metra de plomo, y yo tenía el cuerpo y la evidencia. Querían que el caso lo llevara la Fiscalía Militar; no lo permití. A Juan Pablo Pernalete lo investigué desde el levantamiento del cadáver. A los críticos que hoy hablan desde la tribuna los invito a que hagan lo que hice yo: pararse en el sitio del suceso, frente a cuatro generales, y pedir las órdenes de captura.

Tengo el cuerpo y tengo la evidencia. Ellos tienen la evidencia y nosotros el cuerpo.

«La mano que mece la cuna»

Se ha publicado, con base en información y desinformación, sobre presuntos esquemas de extorsión y manipulación de expedientes que involucrarían a Luisa Ortega Díaz, a Germán Ferrer y, por asociación, a usted. ¿Existió una acusación formal? ¿Funcionó así?

Le cuento de dónde viene ese señalamiento. En 2016, cuando me designan, empiezan mis choques con Gustavo González López. Hubo un caso —el de un joven, Alejandro Puglia— en el que pidieron una orden por una conducta que no encajaba en ningún delito del ordenamiento jurídico. Pedí su libertad. En otro caso, González López puso a un adolescente de quince años a declarar en televisión que le habían pagado para quemar cosas; le habían dado un parlamento y le pusieron una pistola enfrente. Lo desmontamos: conectamos con la fiscalía de menores, el niño explicó la coacción, y con su propia entrevista pedimos la libertad del acusado y del menor. Una jueza de menores —cuyo nombre no sé, pero a quien le agradezco donde esté— se atrincheró en el tribunal con el niño, llamó a la Guardia Nacional y logró sacarlo escoltado hasta su casa, frente al Sebin que quería llevárselo.

Esa noche González López me llamó, furioso: «¿Tú crees que mandas solo?». Le dije: «Yo no trabajo para ti; mi obediencia es a la Constitución». Al día siguiente Mario Silva, en su programa, leyó un informe que decía que «la mano que mece la cuna en el Ministerio Público es Zair Mundaray». A partir de ahí me mandaron los colectivos. Y pusieron a investigarme: a un general de apellido Mora, jefe de la Policía contra la Corrupción, y a un exdirector del Ministerio Público desleal. Me investigaron todo 2016 y todo 2017: una investigación patrimonial completa. ¿El resultado? Le dijeron a Saab que no encontraron nada por corrupción ni por tema patrimonial. Me inhabilitaron por no haber presentado la declaración jurada de 2017 y por no haber entregado el cargo, cosas materialmente imposibles en mi situación. Me allanaron la casa y me apuntaron.

Si ese esquema de extorsión hubiera existido, lo habría encontrado quien me investigó dos años enteros. Yo siempre dije: ¿quiere saber quién es el ladrón del Ministerio Público? Vea quién tiene qué. Yo terminé de pagar mi casa y mis carros en el exilio, por la caja de ahorros, haciendo trabajo manual.

¿Quiere saber quién es el ladrón del Ministerio Público? Vea quién tiene qué.

PDVSA-Cripto

Le ha puesto mucho énfasis al caso PDVSA-Cripto. ¿Qué está ocurriendo ahí?

Es el caso de criminalidad organizada más grande que ha tenido el país, y tiene una particularidad escalofriante: los perpetradores y los investigadores se confunden. Buena parte de los presos son delincuentes, sí —Samark, Tarek y otros—, pero fueron procesados por otra organización criminal, la que dirigían González López y Tarek William Saab. Esa estructura extorsionó, se apoderó de bienes, torturó y violó todos los derechos fundamentales de los detenidos. Y hay personas presas que no tienen relación alguna con la trama: el señor de Mérida que tenía una posada, la muchacha cuyo único vínculo era sentimental.

Lo medular es esto: el daño no está cuantificado. No se sabe dónde está la plata. La Procuraduría, que debe velar por el patrimonio público y es parte del proceso, no ha podido cuantificar el daño patrimonial. Las defensas corren solas porque el Estado no tiene representación real; los venezolanos, como víctimas, no estamos representados. Es, esencialmente, un gran fraude montado para hacer un show: vestir de naranja a sesenta y tantas personas para justificar una pérdida enorme. Y mientras tanto, ¿por qué no están presos quienes hicieron exactamente lo mismo —vender petróleo como brókeres fuera de las sanciones, cambiar la identidad de los barcos— y no devolvieron el dinero? Hay quien me ataca diciendo que defiendo a estos procesados. No: defiendo el derecho de los venezolanos a saber dónde está su dinero.

Al cierre de esta edición

El juicio PDVSA-Cripto, con 64 acusados, atraviesa su audiencia número quince. El 1 de junio de 2026, seis detenidos iniciaron una huelga de hambre en protesta por las audiencias telemáticas; las defensas denuncian que el expediente original no está disponible en sala y han pedido la nulidad del proceso y la presencia de observadores internacionales. Reportes de TalCual coinciden con el diagnóstico de Mundaray: el juicio no esclarece el desfalco ni el paradero del dinero.

Los fiscales invisibles

Una última reflexión.

Lo que me duele como ser humano son los fiscales. Hablé hace poco con uno que fue fiscal superior, que mandaba en todo un estado, y hoy hace delivery en moto en Chile; tiene cuarenta y un años y me dice que le da pena con su madre. Tengo una colega que fue la fiscal nacional de menores, de las más preparadas del país, manejando un montacargas en un depósito. Otra vende tortas; otra hace soldadura de noche. Hay más de cuatrocientos o quinientos fiscales que, por haber enfrentado al poder en 2017, están exiliados, perseguidos, con órdenes de captura. Es una población invisible. Y cuando salen a decir algo, les cae encima una parte de la población que solo recuerda que fueron fiscales en aquella época. ¿Quién nos repone lo que arriesgamos? ¿Quién le repone los años de sufrimiento a la juez Mariela Casado, cuya hermana fue asesinada por error, en un atentado dirigido contra ella?

Hay más de cuatrocientos fiscales exiliados y perseguidos. Es una población invisible.

Ficha del entrevistado

Zair Mundaray Rodríguez. 53 años. Abogado por la Universidad Central de Venezuela. Especialista en criminalística y en derecho penal; magíster en criminología y victimología por la Universidad de Valencia; doctorado en Derecho Constitucional inconcluso por la persecución, según su testimonio. Fiscal de carrera durante cerca de dos décadas, recorrió cargos en Miranda hasta llegar a fiscal nacional. Dirigió la Dirección de Investigaciones y la Unidad Criminalística contra la Vulneración de Derechos Fundamentales del Ministerio Público, y fue Director General de Actuación Procesal hasta 2017. En el exilio desde ese año, con inhabilitación y órdenes de captura dictadas por el chavismo. Es fuente recurrente de organizaciones de derechos humanos.

INCÍSOS

Entrevista editada para publicación a partir de una conversación grabada. Las afirmaciones sobre conversaciones privadas corresponden al testimonio del entrevistado. Los hechos estructurales y los casos citados fueron verificados con fuentes públicas (Provea, Fiscales.gob.ar, El Nacional, El Universal, TalCual, La Patilla). · Contexto, análisis y criterio.

 

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Zair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»

El exfiscal venezolano habla sobre el sistema judicial, los presos políticos y lo que viene después de la transición.

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Entrevista

Zair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»

Fue el tercero en la jerarquía del Ministerio Público entre 2014 y 2017, y hoy es fuente obligada de las ONG de derechos humanos. Esa doble condición despierta sospechas. Zair Mundaray —53 años, criminalista, exiliado— se sentó a contestarlas.

Las 6WINCÍSOS
Qué
Un exalto fiscal del Ministerio Público responde a la pregunta que lo persigue: cómo combatió el aparato al que sirvió.
Quién
Zair Mundaray, criminalista de carrera y exdirector general de Actuación Procesal, hoy exiliado con orden de captura.
Cuándo
Su gestión clave transcurre entre 2014 y 2017; la conversación se publica el 7 de junio de 2026.
Dónde
Venezuela, desde la Unidad Criminalística del Ministerio Público hasta el exilio tras la ruptura de 2017.
Por qué
El testimonio expone desde dentro el aparato penitenciario y judicial que la transición tutelada hereda intacto.
Cómo
A través de evidencia forense: balística, autopsias y video que le quitaron al poder el monopolio sobre la verdad de sus crímenes.

Hay una pregunta que persigue a Zair Mundaray como una sombra: ¿cómo puede quien ocupó el tercer cargo del Ministerio Público durante los años más represivos del chavismo presentarse hoy como referente de derechos humanos? Es la pregunta correcta, y se la hicimos de entrada, sin amortiguar el golpe. Su respuesta no fue una disculpa ni un mea culpa: fue una reconstrucción minuciosa de casi dos décadas de trabajo criminalístico, articulada alrededor de una tesis que sostiene con la frialdad del forense que es. La frontera entre quien sirvió al aparato y quien lo combatió, dice, no se mide por el cargo sino por lo que cada quien hizo con él. Y lo que él hizo, afirma, fue construir una unidad científica que le quitó al poder el monopolio de la verdad sobre sus propios crímenes.

Lo que sigue es esa conversación, ordenada y depurada. INCÍSOS no avala ni desmiente la totalidad de sus afirmaciones —varias remiten a expedientes que solo un tribunal independiente podría ventilar—, pero sí verificó los hechos estructurales.

La Unidad Criminalística contra la Vulneración de Derechos Fundamentales existió, fue reconocida internacionalmente y figuras como la entonces procuradora argentina Alejandra Gils Carbó visitaron su modelo; organizaciones como Provea documentaron su trabajo; y los casos que cita —Bassil Da Costa, Juan Pablo Pernalete, Carlos Castillo, el psiquiatra Edmundo Chirinos, las masacres de Tumeremo, Barlovento y Cariaco— son parte del registro público.

«Sin anestesia»

Usted es hoy una fuente obligada de ONG y de periodistas para hablar de violaciones de derechos humanos en Venezuela. Pero entre 2014 y 2017 estuvo en la cúspide del Ministerio Público; hay quien dice que fue el número tres del aparato que ejecutó buena parte de esas violaciones. ¿Por qué deberíamos creerle hoy a Zair Mundaray?

Esa pregunta nace de una ignorancia que, debo decirlo, en parte creó el propio modelo de Estado, y en parte el propio Ministerio Público, que nunca explicó bien lo que hacía. De los cargos que tuve, solo uno —Actuación Procesal— era de alta responsabilidad política; los demás eran funciones de apoyo a los fiscales, a la función pública. Pero lo importante es lo que hicimos desde el área de investigación.

Cuando llegué a la Dirección de Investigaciones inauguramos algo único en el mundo: la Unidad Criminalística contra la Vulneración de Derechos Fundamentales. Una unidad de criminalistas, forenses e investigadores —con telefonía, con experticia informática— dedicada solo a investigar casos de derechos humanos. Vinieron de Argentina, de Ecuador, de República Dominicana a ver el modelo. ¿Por qué la creamos? Porque nos dimos cuenta de una realidad: no era posible investigar a un aparato que se investigaba a sí mismo. Si el CICPC mataba a alguien en un supuesto enfrentamiento, los actos de investigación los hacía el propio CICPC. ¿Usted cree que iba a haber investigación? Evidentemente no. Esta unidad tenía la capacidad de deslastrarse de los resultados oficiales. Esa es la diferencia.

No era posible investigar a un aparato que se investigaba a sí mismo. Si el CICPC mataba a alguien, los actos de investigación los hacía el propio CICPC.

El caso Bassil Da Costa

Usted dice que esa unidad llegó a contradecir al propio poder.

El Día de la Juventud, cuando matan a Bassil Da Costa, salimos a la calle en paralelo: el CICPC por un lado y nuestra unidad por el otro. A los pocos días ya sabíamos que lo que había dicho Nicolás Maduro no era cierto. Buscamos más de 150 horas de video y determinamos que los únicos tiradores en el momento del disparo eran cuatro funcionarios del Sebin y el escolta personal de Rodríguez Torres: cinco personas armadas disparando en la misma dirección. El proyectil era ojival, de cañón rayado convencional; el del escolta de Rodríguez Torres tenía otra característica. Hicimos la comparación balística y ahí estaban los responsables. Tan incómodo fue, que destituyeron al director del SEBIN después de que me entregó las armas. Un funcionario del Sebin fue condenado a 30 años. ¿Quién lo demostró? La ciencia. Esa ciencia que después Tarek William Saab desmanteló cuando llegó.

Tumeremo, Barlovento, las OLP

Su cronología se pasea por casos emblemáticos.

¿Quién le dijo al país que en Tumeremo hubo una masacre, cuando habían quitado los cadáveres? La criminalística. Lo mismo en Barlovento: los muertos los conseguí yo, con ayuda de funcionarios que todavía están en Venezuela y por eso no nombro. En las OLP me paré en una reunión del Consejo General de Policía, en 2015, y le dije al ministro en su cara: «Las OLP son asesinatos en masa». Porque las estábamos investigando, y no nos dábamos abasto de tantas muertes. En los casos que pudimos procesar, las personas no eran delincuentes, no tenían registro, se las llevaban vivas de sus casas y las asesinaban; no hubo tal enfrentamiento.

El «doble tap»

¿Cómo lo determinaron técnicamente?

Acumulamos cerca de cien casos con protocolos de autopsia. Aparecía un patrón: dos disparos lineales, uno al lado del otro, en la parte superior del tórax. Eso no ocurre en un enfrentamiento real. En un enfrentamiento real hay tiros en la mano, rasantes en el pie, en cualquier parte, porque el cuerpo está en movimiento, cae y dispara. Estos eran tiros limpios y de frente. Conseguimos el video de San Vicente: un policía sujetaba a la persona por un brazo, otro por el otro, y un tercero disparaba de frente. Creían que si el tiro era frontal podían simular un enfrentamiento. Lo que dejaron fue un patrón de asesinato. Ese «doble tap» está hoy en la Corte Penal Internacional. Lo halló mi equipo. ¿Y quién dio la cara? Yo. Por eso me han perseguido tanto tiempo: porque yo no tenía compromiso.

El doble tap está hoy en la Corte Penal Internacional. Lo halló mi equipo. ¿Y quién dio la cara? Yo.

El caso Chirinos

No todo fue confrontación política. Usted invoca también un caso que marcó al país: el del psiquiatra Edmundo Chirinos.

Ese fue uno de los enfrentamientos jurídicos más hermosos de mi vida, y uno de los primeros grandes choques. Chirinos era el psiquiatra de tres presidentes, exrector de la Universidad Central, excandidato presidencial. Un hombre intocable. Y era un criminal serial: violó a muchas mujeres y mató a Roxana Vargas, una estudiante de diecinueve años. Me eché encima casi a toda la Universidad Central, a buena parte del estamento político que decía que yo estaba mintiendo. Me mandaron emisarios; un consultor jurídico del partido de gobierno, que era su abogado, me dijo que en la tarde estaría destituido. Le respondí que esperaba mi resolución, pero que si me botaban iba a filtrar todos los casos de homicidio, porque ese hombre no se iba a quedar impune por tener contacto político.

Reuní todo: ADN, que en ese momento ni se trabajaba y tuve que procesar con una universidad; planimetría; trayectoria. Enfrenté en el juicio a quien fue mi maestra en la PTJ y a los mejores peritos que trajo la defensa. Después de leer el expediente, su propio equipo técnico dijo que no había nada que hacer. De las pocas veces que un fiscal agotó toda la evidencia. Lo condenaron. Por eso me extrañó tanto que después me llamaran para un caso bancario, el de Arné Chacón, donde mi primera reacción al ver los expedientes fue decirles a los fiscales: «En esta vaina no hay sangre, y sin sangre no es mi terreno». El homicidio siempre fue mi foco.

Verificación INCÍSOS

Edmundo Chirinos, exrector de la UCV y terapeuta de los presidentes Jaime Lusinchi, Rafael Caldera y Hugo Chávez, fue condenado en septiembre de 2010 a veinte años de prisión por el homicidio intencional de Roxana Vargas, estudiante de Comunicación Social de diecinueve años hallada muerta el 14 de julio de 2008 en Parque Caiza. Mundaray actuó como fiscal 48° nacional, junto al fiscal 50° del Área Metropolitana, Pedro Montes; durante seis meses de juicio presentaron entre 70 y 80 órganos de prueba. El tribunal inhabilitó a Chirinos para ejercer la psiquiatría. El caso es registro público y verifica el relato.

La cadena de mando

Volvamos a la estructura. Usted fue el tercero. Luisa Ortega Díaz era la fiscal general y traía un proyecto. ¿Cómo se vivió ese momento, entre 2016 y 2017, con la oposición ya en la Asamblea Nacional?

Yo venía de carrera: fiscal de pueblo en Caucagua, Barlovento, Guarenas; luego fiscal nacional. Nunca había trabajado con Ortega Díaz personalmente porque yo estaba en el campo, en la investigación. Todo el mundo en la institución conocía mi postura política, que no ocultaba y que compartían mayoritariamente los fiscales.

El primer indicio de que algo cambiaba fue cuando me asignaron, a mí, investigar un supuesto magnicidio contra Chávez denunciado por Iris Varela. Es el único caso de magnicidio que se sobreseyó. Presenté un informe: no había tal plan, la denuncia no era seria. Le pregunté a la diputada Varela quién estaba detrás, a quién debía procesar, y me respondió: «Barack Obama». Imagínese. Ahí entendí que, cuando de verdad querían saber la verdad, me mandaban a mí; cuando querían torcer algo, tenían otros nombres para eso.

Después me llamó Ortega Díaz: «Hay que reconducir muchas cosas; quiero que te encargues de Actuación Procesal». Le dije de frente: «¿Usted cree que va a poder trabajar conmigo? Porque lo que yo le informe muy probablemente no se corresponda con lo que usted quiere oír». Me respondió: «Eso es lo que necesito, y probablemente es lo que necesita el país en este momento». Le puse una condición: libertad para hacer lo que hubiera que hacer. Si no, que me dejaran en mi laboratorio.

Castillo y Pernalete

¿Cómo se sostiene una investigación así contra todo el aparato?

Plantándose. A Néstor Reverol le pedí que me entregara a los que mataron a Gruseny Canelón en Barquisimeto; me dijo que si lo hacía, se caía el gobierno, porque eran doce guardias nacionales. En el caso de David José Vallenilla, el estudiante de la Universidad Santa María, me pararon en la puerta de la comandancia de la Carlota y me dijeron: «Aquí no manda usted, aquí manda Maduro». Respondí: «Aquí manda la Constitución». Vallenilla no disparó a nadie; lo mató una metra de plomo, y yo tenía el cuerpo y la evidencia. Querían que el caso lo llevara la Fiscalía Militar; no lo permití. A Juan Pablo Pernalete lo investigué desde el levantamiento del cadáver. A los críticos que hoy hablan desde la tribuna los invito a que hagan lo que hice yo: pararse en el sitio del suceso, frente a cuatro generales, y pedir las órdenes de captura.

Tengo el cuerpo y tengo la evidencia. Ellos tienen la evidencia y nosotros el cuerpo.

«La mano que mece la cuna»

Se ha publicado, con base en información y desinformación, sobre presuntos esquemas de extorsión y manipulación de expedientes que involucrarían a Luisa Ortega Díaz, a Germán Ferrer y, por asociación, a usted. ¿Existió una acusación formal? ¿Funcionó así?

Le cuento de dónde viene ese señalamiento. En 2016, cuando me designan, empiezan mis choques con Gustavo González López. Hubo un caso —el de un joven, Alejandro Puglia— en el que pidieron una orden por una conducta que no encajaba en ningún delito del ordenamiento jurídico. Pedí su libertad. En otro caso, González López puso a un adolescente de quince años a declarar en televisión que le habían pagado para quemar cosas; le habían dado un parlamento y le pusieron una pistola enfrente. Lo desmontamos: conectamos con la fiscalía de menores, el niño explicó la coacción, y con su propia entrevista pedimos la libertad del acusado y del menor. Una jueza de menores —cuyo nombre no sé, pero a quien le agradezco donde esté— se atrincheró en el tribunal con el niño, llamó a la Guardia Nacional y logró sacarlo escoltado hasta su casa, frente al Sebin que quería llevárselo.

Esa noche González López me llamó, furioso: «¿Tú crees que mandas solo?». Le dije: «Yo no trabajo para ti; mi obediencia es a la Constitución». Al día siguiente Mario Silva, en su programa, leyó un informe que decía que «la mano que mece la cuna en el Ministerio Público es Zair Mundaray». A partir de ahí me mandaron los colectivos. Y pusieron a investigarme: a un general de apellido Mora, jefe de la Policía contra la Corrupción, y a un exdirector del Ministerio Público desleal. Me investigaron todo 2016 y todo 2017: una investigación patrimonial completa. ¿El resultado? Le dijeron a Saab que no encontraron nada por corrupción ni por tema patrimonial. Me inhabilitaron por no haber presentado la declaración jurada de 2017 y por no haber entregado el cargo, cosas materialmente imposibles en mi situación. Me allanaron la casa y me apuntaron.

Si ese esquema de extorsión hubiera existido, lo habría encontrado quien me investigó dos años enteros. Yo siempre dije: ¿quiere saber quién es el ladrón del Ministerio Público? Vea quién tiene qué. Yo terminé de pagar mi casa y mis carros en el exilio, por la caja de ahorros, haciendo trabajo manual.

¿Quiere saber quién es el ladrón del Ministerio Público? Vea quién tiene qué.

PDVSA-Cripto

Le ha puesto mucho énfasis al caso PDVSA-Cripto. ¿Qué está ocurriendo ahí?

Es el caso de criminalidad organizada más grande que ha tenido el país, y tiene una particularidad escalofriante: los perpetradores y los investigadores se confunden. Buena parte de los presos son delincuentes, sí —Samark, Tarek y otros—, pero fueron procesados por otra organización criminal, la que dirigían González López y Tarek William Saab. Esa estructura extorsionó, se apoderó de bienes, torturó y violó todos los derechos fundamentales de los detenidos. Y hay personas presas que no tienen relación alguna con la trama: el señor de Mérida que tenía una posada, la muchacha cuyo único vínculo era sentimental.

Lo medular es esto: el daño no está cuantificado. No se sabe dónde está la plata. La Procuraduría, que debe velar por el patrimonio público y es parte del proceso, no ha podido cuantificar el daño patrimonial. Las defensas corren solas porque el Estado no tiene representación real; los venezolanos, como víctimas, no estamos representados. Es, esencialmente, un gran fraude montado para hacer un show: vestir de naranja a sesenta y tantas personas para justificar una pérdida enorme. Y mientras tanto, ¿por qué no están presos quienes hicieron exactamente lo mismo —vender petróleo como brókeres fuera de las sanciones, cambiar la identidad de los barcos— y no devolvieron el dinero? Hay quien me ataca diciendo que defiendo a estos procesados. No: defiendo el derecho de los venezolanos a saber dónde está su dinero.

Al cierre de esta edición

El juicio PDVSA-Cripto, con 64 acusados, atraviesa su audiencia número quince. El 1 de junio de 2026, seis detenidos iniciaron una huelga de hambre en protesta por las audiencias telemáticas; las defensas denuncian que el expediente original no está disponible en sala y han pedido la nulidad del proceso y la presencia de observadores internacionales. Reportes de TalCual coinciden con el diagnóstico de Mundaray: el juicio no esclarece el desfalco ni el paradero del dinero.

Los fiscales invisibles

Una última reflexión.

Lo que me duele como ser humano son los fiscales. Hablé hace poco con uno que fue fiscal superior, que mandaba en todo un estado, y hoy hace delivery en moto en Chile; tiene cuarenta y un años y me dice que le da pena con su madre. Tengo una colega que fue la fiscal nacional de menores, de las más preparadas del país, manejando un montacargas en un depósito. Otra vende tortas; otra hace soldadura de noche. Hay más de cuatrocientos o quinientos fiscales que, por haber enfrentado al poder en 2017, están exiliados, perseguidos, con órdenes de captura. Es una población invisible. Y cuando salen a decir algo, les cae encima una parte de la población que solo recuerda que fueron fiscales en aquella época. ¿Quién nos repone lo que arriesgamos? ¿Quién le repone los años de sufrimiento a la juez Mariela Casado, cuya hermana fue asesinada por error, en un atentado dirigido contra ella?

Hay más de cuatrocientos fiscales exiliados y perseguidos. Es una población invisible.

Ficha del entrevistado

Zair Mundaray Rodríguez. 53 años. Abogado por la Universidad Central de Venezuela. Especialista en criminalística y en derecho penal; magíster en criminología y victimología por la Universidad de Valencia; doctorado en Derecho Constitucional inconcluso por la persecución, según su testimonio. Fiscal de carrera durante cerca de dos décadas, recorrió cargos en Miranda hasta llegar a fiscal nacional. Dirigió la Dirección de Investigaciones y la Unidad Criminalística contra la Vulneración de Derechos Fundamentales del Ministerio Público, y fue Director General de Actuación Procesal hasta 2017. En el exilio desde ese año, con inhabilitación y órdenes de captura dictadas por el chavismo. Es fuente recurrente de organizaciones de derechos humanos.

INCÍSOS

Entrevista editada para publicación a partir de una conversación grabada. Las afirmaciones sobre conversaciones privadas corresponden al testimonio del entrevistado. Los hechos estructurales y los casos citados fueron verificados con fuentes públicas (Provea, Fiscales.gob.ar, El Nacional, El Universal, TalCual, La Patilla). · Contexto, análisis y criterio.

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Política

El coronel que le hace juicio constitucional al poder

El caso Bellorín revela cómo el régimen usa el poder constituyente como instrumento de control.

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El coronel que le hace juicio constitucional al poder

Ángel Alberto Bellorín desconfió de Chávez, enfrentó a Maduro y hoy vigila a la transición. Su arma sigue siendo la misma: la Constitución. Aun cuando la fuerza resolvió lo que la norma no pudo, él no suelta el expediente.

Las 6WINCÍSOS
Qué
El pensamiento y las propuestas de un jurista militar que litiga, desde hace tres décadas, por el mérito constitucional.
Quién
El coronel retirado Ángel Alberto Bellorín, doctor en Derecho Constitucional y abogado magna cum laude.
Cuándo
De un reclamo de ascenso en 1992 a sus análisis sobre la transición tutelada de 2026.
Dónde
Venezuela: del cuartel y los tribunales a la tribuna de opinión pública.
Por qué
Su voz activa ilustra el choque entre el argumento jurídico y el realismo político en la crisis venezolana.
Cómo
Agotando la vía administrativa, luego la judicial y, cuando ambas fallan, escribiendo con fecha y artículo exactos.

Hay una manera venezolana de pelear contra el poder que no usa armas ni multitudes, sino artículos, expedientes y fechas. El coronel retirado Ángel Alberto Bellorín la encarna mejor que casi nadie: oficial del Ejército convertido en abogado magna cum laude y doctor en Ciencias Jurídicas mención Derecho Constitucional, lleva más de tres décadas litigando una idea obstinada: que el mérito existe, que está escrito en la Constitución, y que el Estado venezolano lleva años fingiendo que no.

Su historia no es la de un converso. Es la de algo más raro y más difícil: la de alguien cuya desconfianza ha sido siempre pareja, y lo sigue siendo. Desconfió de Chávez cuando aún gobernaba, enfrentó a Maduro hasta pedirle la renuncia, y hoy desconfía de la transición tutelada que llegó después. Y sigue activo: litiga, escribe y publica con la misma constancia. Su coherencia no está en la respuesta —que cambia con los hechos—, sino en la pregunta, que es siempre la misma: ¿quién responde por las instituciones destruidas?

Este perfil combina hechos verificados en fuentes independientes —el llamado público a Maduro a renunciar, los recursos ante el Tribunal Supremo, el contenido del artículo 331— con el testimonio del propio Bellorín, expresado mayoritariamente en sus columnas de opinión. Donde la afirmación proviene solo de su relato, el texto lo indica. Sus interpretaciones son, por naturaleza, suyas.

El origen: un fraude de cinco puntos

Su biografía pública nace, según su propio relato, de un agravio concreto y medible. En abril de 1992, siendo mayor que aspiraba al grado de teniente coronel, Bellorín descubrió que en su calificación de servicios se había colocado una nota de 94,959 cuando, dice, correspondía 99,960: le habían asignado cero puntos en el examen físico —cuya planilla afirma haber entregado con recibo—, restándole cinco puntos y desplazándolo en el orden de ascenso.

Lo que para muchos habría sido una pataleta de cuartel, en él se volvió método. Cuenta que la Inspectoría le dio la razón y recomendó su ascenso en un expediente de julio de 1992, pero no fue ascendido a teniente coronel sino hasta julio de 1993, sin reconocimiento de antigüedad y con la sugerencia de que se quedara tranquilo. No se quedó tranquilo. Esa decisión marcó el patrón que mantiene hasta hoy: agotar la vía administrativa, después la judicial, y cuando ambas fallan, escribir.

La cruzada por el artículo 331

El núcleo doctrinal de Bellorín es un solo artículo de la Constitución de 1999. El artículo 331 establece que los ascensos militares se obtienen por mérito, escalafón y plaza vacante. Para él, esas tres palabras son principios jurídicos vinculantes, no adornos retóricos, y el Estado nunca dictó la ley que debía desarrollarlas.

El 17 de abril de 2001 interpuso ante la Sala Constitucional un recurso de interpretación de ese artículo, para que el máximo tribunal fijara criterio sobre qué significan mérito, escalafón y plaza vacante. La Sala le respondió, en sentencia de octubre de 2001, que el artículo era «claro y preciso», sin ambigüedad, y que al remitir a una ley posterior no era susceptible de interpretación: declaró inadmisible el recurso. En 2005 volvió a intentarlo, pidiendo que el tribunal considerara que seis años eran suficiente omisión legislativa. Según él, se «lavó las manos» otra vez.

El desenlace de su reclamo original es casi una alegoría del país. En 2016 —según su relato, veinticuatro años después de iniciado el reclamo— la Sala Político-Administrativa anuló el acto administrativo de ascensos, pero sin asignar responsabilidades ni resarcimiento. Bellorín la calificó de sentencia «de antología»: más de cincuenta páginas que, denuncia, no mencionaban ni una vez el artículo 331 que estaban obligados a cumplir.

Art. 331
«Los ascensos militares se obtienen por mérito, escalafón y plaza vacante.» Tres palabras de la Constitución de 1999 que, según Bellorín, el Estado nunca quiso desarrollar en ley. Su batalla de tres décadas cabe en esa frase.

El enemigo doctrinal: el «factor de corrección»

Si hay un concepto que Bellorín ha perseguido con saña intelectual, es el llamado factor de corrección: una fórmula de un reglamento de 1986 que faculta a las juntas para modificar discrecionalmente las calificaciones de los oficiales, y con ellas el mérito mismo. Sostiene que la Junta de Ascenso suele estar formada por oficiales que a su vez están siendo evaluados por otras juntas, de modo que se quita mérito a quienes estorban y se otorga a los beneficiarios, todo «con el barniz de órgano colegiado». Una máquina de cooptación disfrazada de procedimiento.

De ahí su proyecto más concreto: una Ley de Ascensos Militares de 71 artículos que redactó en 2020 y que fue presentada a la Asamblea Nacional ese año. Plantea eliminar el factor de corrección y frenar la inflación de grados que ha llevado al país a tener, según su denuncia, cerca de dos mil generales, muchos de ellos ociosos. Para Bellorín, exigir la verdadera meritocracia en la Fuerza Armada es el punto de partida para sanear todas las demás instituciones, y lo sigue planteando.

Una teoría del país: la mediocridad como sistema

Lo que distingue a Bellorín de un simple litigante agraviado es que convirtió su caso en una tesis sobre Venezuela. Habla de «una mediocridad en arraigada metástasis social e institucional» que no quiere medirse de forma transparente. Y esa idea se extiende más allá del cuartel: en sus escritos recientes traslada la misma lógica al escalafón universitario y al salario mínimo, frentes —dice— de una misma guerra contra el mérito.

Su lectura es sistémica. Vincula el artículo 91, sobre el salario mínimo vital, con el 80, que ordena igualar las pensiones al salario mínimo, para denunciar que el «salario mínimo integral» anunciado por el gobierno fragmenta el ingreso en bonos y convierte el salario en dádiva y no en derecho. E insiste en que los artículos 328, 330 y 331 forman «un todo integrado»: desde ese andamiaje denuncia, por ejemplo, los ascensos a general que se otorgaron a oficiales que habían sido gobernadores y militantes del partido de gobierno, en violación —sostiene— del artículo 330, que prohíbe a los militares activos optar a cargos de elección popular.

El llamado a Maduro: rendirse para evitar la tragedia

A finales de diciembre de 2025, su pluma jurídica se volvió intervención política directa. El 23 de diciembre, Bellorín —junto al también coronel retirado y jurista Hidalgo Valero Briceño— instó públicamente a Maduro a reconocer la derrota electoral del 28 de julio de 2024 y a renunciar, calificándolo como la solución menos costosa para el país.

Su posición tuvo un matiz que conviene no perder: rechazó de plano cualquier conflicto armado. «Yo tampoco quiero guerra, y estoy seguro de que ningún venezolano de bien desea una invasión militar ni sufrir las penurias de una guerra», declaró. Le planteó a Maduro que la salida estaba en sus manos: reconocer la derrota y rendir cuentas ante la justicia internacional, donde —a diferencia del sistema venezolano— se respetaría la presunción de inocencia. Y, anticipándose a la acusación de traidor, marcó distancia de cualquier agenda externa: dijo no conocer a ningún norteamericano ni haber pisado ese país, y aseguró que lo único que conoce a la perfección es la Constitución.

Yo tampoco quiero guerra, y estoy seguro de que ningún venezolano de bien desea una invasión militar ni sufrir las penurias de una guerra.

Cuando el realismo político mató al argumento jurídico

Y entonces ocurrió lo que su arma de toda la vida no pudo lograr. El 3 de enero de 2026, comandos estadounidenses capturaron a Maduro y lo sacaron del país. El abogado constitucionalista que llenaba escritos de artículos hizo la confesión más incómoda para alguien de su formación: que la fuerza, no la norma, había resuelto lo que la norma nunca pudo.

En un texto del 4 de enero sostuvo que en Venezuela el estado de derecho había dejado de existir hacía años, y que cuando eso ocurre la política como ciencia de lo posible desplaza a lo jurídico. El antiguo litigante invocó entonces a los teóricos del poder: dijo que la dignidad y la moral de María Corina Machado, apeladas a la razón y a la norma, «nunca fue suficiente para domar a la bestia», y que en 27 años debió aprenderse que «el realismo político mata el argumento jurídico». No celebró la intervención: leyó con frialdad que las armas que sacaron a Maduro están en manos de Trump y de sus intereses.

Donde su voz se volvió más personal fue en la suerte de los soldados. Lamentó que, pasadas las primeras horas, se desconociera aún el listado de jóvenes militares caídos, «venezolanos sacrificados injustamente» por un alto mando que, dice, subordinó la Fuerza Armada a un proyecto partidista. La culpa, para él, no recae en quien disparó desde afuera, sino en quien entregó la institución.

En 27 años de destrucción populista debió aprenderse que el realismo político mata el argumento jurídico.

La misma vara para los nuevos actores

Lo notable es que sus obsesiones no desaparecieron con el régimen caído. Bajo el gobierno de transición que encabeza Delcy Rodríguez como presidenta encargada, Bellorín siguió denunciando lo mismo que antes. Atacó el «salario mínimo integral» anunciado en mayo de 2026 como una falacia más, insistiendo en que ningún gobierno puede legislar por decreto por encima de la Constitución. El aplanamiento del mérito —del escalafón militar, del universitario, de la escala salarial— es, para él, una enfermedad estructural que sobrevive a los gobiernos que la encarnaron.

Tampoco se volvió un celebrante de la tutela extranjera. Cuando la Academia de Ciencias Políticas y Sociales se pronunció sobre la vacancia presidencial, Bellorín no discutió la mecánica jurídica sino la amnesia: criticó que el comunicado pareciera omitir que la ruptura constitucional venía de antes, como si «el 3 de enero de 2026 nació la República», ignorando que el desconocimiento del resultado electoral databa del 28 de julio de 2024. Y en textos recientes, con títulos como «Protectorado gringo en el TSJ», dejó claro que su preocupación por la soberanía y por una reconstrucción auténticamente venezolana sigue viva. El realismo con que aceptó los hechos no se confunde, en él, con entusiasmo por un protectorado.

Tango, expediente y filo

Bellorín escribe como litiga: con la fecha exacta, la cita constitucional textual y una vena literaria que suele desembocar en el tango «Cambalache», que cita para retratar un país donde «es lo mismo ser derecho que traidor». Esa imagen —el aplanamiento moral como metáfora de la abolición del mérito— es su obsesión central. Y su firma lo dice todo sobre cómo quiere ser leído: «Abogado Magna Cum Laude, Doctor en Ciencias Jurídicas mención Derecho Constitucional». No firma como coronel primero. Hace tiempo que su batalla dejó el cuartel.

Su pensamiento gira sobre un eje único y coherente: el mérito como principio constitucional traicionado por el Estado, primero en los ascensos militares, luego en las universidades y los salarios, y finalmente en la propia legitimidad del poder. Su propuesta no es revolucionaria sino, paradójicamente, legalista hasta la médula: que se cumpla la Constitución que el chavismo redactó y que —según él— nunca tuvo intención de obedecer. Por eso desconfía de todos por igual. Y por eso su pregunta, la única que nunca cambia, sigue esperando respuesta — y él, sin soltar el expediente, sigue formulándola.

Su coherencia no está en la respuesta, que cambió con los hechos. Está en la pregunta: ¿quién responde por las instituciones destruidas?

INCÍSOS

Reportaje de perfil. Los hechos públicos —el llamado a Maduro a renunciar del 23 de diciembre de 2025, los recursos ante el Tribunal Supremo, el contenido del artículo 331 y la captura del 3 de enero de 2026— se verificaron en fuentes independientes (Infobae, La Patilla, repositorios del TSJ). Las afirmaciones sobre su caso personal de ascenso y las interpretaciones políticas provienen del testimonio y las columnas del propio Bellorín, y se presentan como tales. · Contexto, análisis y criterio para entender lo que pasa.

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