Política
Perú confirma balotaje Fujimori-Sánchez después de treinta días de conteo
Treinta días después de la primera vuelta del 12 de abril, el Perú confirmó a Roberto Sánchez como rival de Keiko Fujimori. Tres escenarios abiertos para el 7 de junio.
Treinta días después de la primera vuelta del 12 de abril, el Perú confirmó el lunes 11 de mayo de 2026 a Roberto Sánchez como rival de Keiko Fujimori en el balotaje del 7 de junio. La diferencia con el tercero fue de 18.506 votos. El derrotado denuncia fraude sin pruebas. Y el ganador del segundo lugar tiene una pena fiscal pendiente.
| Qué | Confirmación de la segunda vuelta presidencial peruana. Treinta días de conteo, una renuncia institucional, una denuncia de fraude sin sustento y una causa penal abierta. |
| Quién | Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), Rafael López Aliaga (Renovación Popular), Piero Corvetto (exjefe de la ONPE), Tomás Gálvez (fiscal de la Nación). |
| Cuándo | Primera vuelta: domingo 12 de abril. Confirmación oficial de la dupla: lunes 11 de mayo. Segunda vuelta: domingo 7 de junio de 2026. |
| Dónde | Perú. Centro (Fujimorismo y derecha), regiones andinas, amazónicas y rurales (Sánchez y voto castillista), Lima (López Aliaga, voto urbano que no alcanzó). |
| Por qué | Porque el balotaje peruano es la primera prueba electoral grande de Sudamérica en el 2026 y porque el conteo expuso fragilidades institucionales que se replicarán en otras elecciones del año. |
| Cómo | Voto manual y automático combinados, escrutinio que demoró un mes completo, mesas observadas en disputa, denuncia de fraude sin pruebas, causa penal de fondos de campaña sobre el clasificado al balotaje. |
El Perú llegó a la confirmación de su segunda vuelta presidencial el lunes 11 de mayo de 2026, treinta días después de que los ciudadanos votaron. A esa hora, la Oficina Nacional de Procesos Electorales tenía contabilizado más del 99,9% de las actas y la diferencia entre Roberto Sánchez, candidato de Juntos por el Perú, y Rafael López Aliaga, de Renovación Popular, se había estabilizado en 18.506 sufragios a favor del primero. Keiko Fujimori, candidata de Fuerza Popular, había asegurado el primer lugar desde antes con 17,17% de los votos válidos. Sánchez cerró con 12%. López Aliaga, con 11,91%.
La segunda vuelta se realizará el domingo 7 de junio. Por cuarta vez consecutiva, Keiko Fujimori va a un balotaje presidencial. Perdió los tres anteriores: en 2011 contra Ollanta Humala, en 2016 contra Pedro Pablo Kuczynski, en 2021 contra Pedro Castillo. La cuarta oportunidad la enfrenta a un candidato que, en muchos sentidos, hereda el voto del propio Castillo, hoy condenado a once años y cinco meses de prisión por el fallido autogolpe del 7 de diciembre de 2022.
Treinta días de conteo
La primera vuelta peruana se realizó el domingo 12 de abril de 2026 en medio de problemas logísticos visibles. Algunas mesas de Lima abrieron tarde. Los responsables ampliaron el horario de votación y permitieron, sin precedente, que un pequeño número de mesas votara el lunes 13. Esa decisión sembró las primeras dudas. La promesa institucional de tener el 60% del conteo escrutado para la medianoche del domingo no se cumplió. El umbral se alcanzó dieciséis horas después.

Piero Corvetto, jefe de la ONPE, fue citado por la Comisión de Fiscalización del Congreso al día siguiente. Describió los retrasos como «un error puntual extraordinario» y negó manipulación. La explicación no resistió la presión política. Corvetto renunció a la jefatura de la ONPE pocos días después, en lo que se leyó como una concesión institucional para destrabar la legitimidad del proceso.
El reparto territorial del voto explicó, en buena parte, la duración del recuento. López Aliaga concentraba su apoyo en Lima, donde fue alcalde entre 2022 y 2025; alcanzaba alrededor del 20% de los votos válidos en la capital. Pero en el resto del país su voto era residual. Sánchez tenía la imagen inversa: poco voto urbano, alto rendimiento en regiones andinas, amazónicas y rurales, especialmente en Cajamarca, territorio simbólico del castillismo. Las actas de zonas alejadas llegan tarde a la transmisión. Eso favoreció a López Aliaga en la primera ola de conteo y revirtió la ventaja a medida que llegaban las mesas rurales.
El derrotado que no concede
Rafael López Aliaga no ha reconocido el resultado. Sostiene denuncias de fraude que no ha respaldado con pruebas concretas. Pide al Jurado Nacional de Elecciones que no proclame los resultados y exige una auditoría internacional al proceso, lo que alteraría el calendario electoral.
La presión institucional ha intentado contener el daño. El presidente de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep) rechazó públicamente las denuncias del candidato derrotado: «No encontramos elementos». El JNE inició la proclamación descentralizada de resultados el lunes 11 de mayo en Lima Centro 1, Lima Centro 2 y Trujillo, en lo que constituye un paso operativo de cierre del proceso de primera vuelta independientemente de las objeciones pendientes.
La denuncia de fraude sin pruebas tiene un precedente regional. En la primera vuelta colombiana del 31 de mayo de 2026 y en la primera vuelta brasileña de octubre, la posibilidad de que un candidato derrotado rechace los resultados sin presentar evidencia documentada es uno de los escenarios que los organismos electorales y los observadores internacionales estudian como riesgo central de 2026. La estrategia López Aliaga, por su tono y por la falta de sustento, ya quedó como referencia.
Sánchez y la pena que carga
El clasificado al balotaje llega con una situación judicial abierta. La Fiscalía peruana solicitó cinco años y cuatro meses de prisión contra Roberto Sánchez por presuntas irregularidades vinculadas a los fondos de campaña de Juntos por el Perú. Sánchez ha sostenido públicamente, en declaraciones a Epicentro TV el 12 de mayo de 2026, que la denuncia por fraude electoral en su contra fue archivada por el Poder Judicial y que solo enfrenta «una audiencia más». La precisión del candidato apunta a una distinción legal compleja: el delito de fraude electoral fue archivado; los cargos por presunto desvío de fondos de campaña siguen vigentes.
El fiscal de la Nación, Tomás Gálvez, recordó esta semana que Sánchez mantiene plenamente la presunción de inocencia mientras no exista condena firme. Pero admitió, en la misma intervención, que una eventual sentencia de inhabilitación durante el balotaje o después de él podría generar problemas constitucionales relacionados con su participación electoral o con una eventual toma de posesión presidencial.
El escenario abre tres posibilidades distintas para el 7 de junio y el período inmediatamente posterior. Si Fujimori gana, su cuarta candidatura cierra con victoria un ciclo de polarización iniciado en 2011. Si Sánchez gana y la causa fiscal sigue su curso ordinario, asume la presidencia con un proceso penal pendiente que podría usarse políticamente desde el Congreso. Si Sánchez gana y la causa fiscal se acelera hasta producir inhabilitación antes de la toma de posesión, el Perú entra en un escenario de crisis constitucional con pocos precedentes.
Lo que la primera vuelta deja sembrado
Más allá del resultado del 7 de junio, el ciclo electoral peruano de 2026 ya entregó tres lecciones que se transferirán a las elecciones del resto del año en la región.
La primera. La fragilidad de los organismos electorales se mide en horas, no en años. Una mañana de retrasos logísticos puede costar la renuncia del jefe de la ONPE y abrir el espacio para denuncias de fraude que el ecosistema mediático amplifica más rápido que cualquier desmentido institucional.
La segunda. La fragmentación del voto produjo un primer ganador con apenas 17%. En un sistema donde la primera vuelta no exige umbral mínimo, ese resultado es suficiente. Pero la legitimidad de quien gobierne con el voto de un peruano de cada seis dependerá enteramente del desempeño en la segunda vuelta. Si Fujimori o Sánchez ganan con porcentajes históricos bajos, el siguiente gobierno arrancará sin mandato cómodo.
La tercera. La judicialización de la política, leída como herramienta de cierre electoral, se extendió un peldaño más. Que el clasificado al balotaje tenga una solicitud fiscal de cinco años cuatro meses de prisión sobre su cabeza —en pleno cierre de campaña— configura un escenario donde la decisión del votante se mezcla con el cálculo sobre la viabilidad legal del candidato. Es la versión peruana de un patrón ya visto en Brasil, en Argentina, en Ecuador.
El 7 de junio no se decide solo quién gobierna el Perú. Se prueba si el modelo electoral peruano, después de cinco años de inestabilidad presidencial, todavía sostiene una transferencia ordenada de poder.
Alfredo Yánez
9 libros que te cambian la perspectiva
Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon
VER LIBROS →Política
Los estudiantes de la UCV escribieron en el asfalto «reconozcan, entreguen, libérenlos»
La protesta estudiantil del 13 de mayo en Caracas exigió libertad para los presos políticos y cierre de los centros de tortura. La PNB cerró el paso en Plaza Venezuela. Los estudiantes escribieron la consigna en el pavimento.
La Federación de Centros Universitarios de la UCV bajó el miércoles 13 de mayo de 2026 desde la Plaza del Rectorado hasta la autopista Francisco Fajardo. La Policía Nacional Bolivariana los detuvo frente al puente Salvador Allende, a la altura de Plaza Venezuela. Los estudiantes desplegaron una pancarta. Escribieron la consigna en el pavimento. La pieza del movimiento que el rodrigato no logra desactivar.
| Qué | Protesta estudiantil que cerró parcialmente la autopista Francisco Fajardo de Caracas exigiendo libertad para los presos políticos y cierre de los centros de tortura. |
| Quién | Federación de Centros Universitarios de la UCV, encabezada por Miguelangel Suárez. Plataforma estudiantil Viva la UCV. PNB en operativo antimotines. |
| Cuándo | Miércoles 13 de mayo de 2026. Concentración inicial en la Plaza del Rectorado; desplazamiento hacia el puente Salvador Allende al mediodía. |
| Dónde | Caracas. Plaza del Rectorado de la UCV. Autopista Francisco Fajardo a la altura de Plaza Venezuela y el puente Salvador Allende. |
| Por qué | Porque la muerte bajo custodia de Víctor Hugo Quero Navas, reconocida el 7 de mayo, reactivó la indignación contra la amnistía limitada que dejó dentro a 457 detenidos. |
| Cómo | Marcha pacífica, pancartas, consignas pintadas en el asfalto, contención policial con piquete en Plaza Venezuela. Sin represión grave reportada. |
A media mañana del miércoles 13 de mayo de 2026, la Plaza del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela se llenó otra vez. Cientos de estudiantes, dirigentes de la Federación de Centros Universitarios, familiares de presos políticos y miembros de la plataforma Viva la UCV se concentraron para exigir el cierre de los centros de tortura del país, la liberación de todos los detenidos por motivos políticos y justicia por los privados de libertad que han muerto bajo custodia del Estado. Era la séptima movilización estudiantil grande del 2026.
A las doce y veinte del mediodía, la marcha había salido del campus y bajado hasta la autopista Francisco Fajardo. Cruzó por entre los canales viales. Los estudiantes gritaban «¡Que sean todos, ni uno, ni dos!». A la altura del puente Salvador Allende, un piquete de la Policía Nacional Bolivariana cortó el avance. La autopista quedó cerrada en ambos sentidos durante el tiempo que duró el enfrentamiento contenido.
La pancarta y la consigna
Un grupo de estudiantes subió al puente Salvador Allende y desplegó una pancarta con doce palabras: «Cuando las madres lloran, la juventud no ignora». Otro grupo, en el pavimento de la autopista, pintó tres verbos más una orden: «Reconozcan, entreguen, libérenlos».

La elección léxica no es accidental. «Reconozcan» apunta al silencio institucional sobre las desapariciones forzadas. «Entreguen» a la práctica de retener los cuerpos de los presos fallecidos en custodia, documentada por al menos dieciocho casos desde 2014. «Libérenlos» al cierre operativo: las 457 personas que, según el último boletín de Foro Penal del 4 de mayo, siguen detenidas a pesar de la amnistía que Delcy Rodríguez dio por concluida el 24 de abril.
La consigna se construye en gradiente. No exige una sola cosa. Exige el ciclo completo. Es lo que distingue la protesta del 13 de mayo de las primeras movilizaciones del año, centradas en una sola demanda —la ley de amnistía—. El movimiento ha madurado su lenguaje.
El detonante reciente
El catalizador de la protesta del 13 de mayo está documentado. El 7 de mayo de 2026, el régimen reconoció oficialmente la muerte de Víctor Hugo Quero Navas, trabajador detenido en julio de 2024 tras ser acusado de portar explosivos en una caja de bombones destinada a su madre. El Ministerio para el Servicio Penitenciario informó que falleció el 24 de julio de 2025 en el Hospital Militar de Caracas por insuficiencia respiratoria aguda. Las organizaciones de derechos humanos y la familia cuestionaron la versión oficial. Carmen Teresa Navas, madre de Quero, había buscado a su hijo durante nueve meses en distintos centros de reclusión sin obtener respuestas. El reconocimiento llegó cuando el cuerpo estaba enterrado en una fosa común sin notificación.
Los estudiantes del 13 de mayo nombraron a Quero en sus consignas. Lo nombraron también en relación con los otros nombres: Jesús Armas —profesor de la UCV, detenido—, Roalmi Cabeza —estudiante de Derecho, exescolta motorizado de María Corina Machado, detenido desde enero de 2025—. Cada nombre devuelve al expediente venezolano la individualidad que el lenguaje agregado de cifras tiende a borrar.
El bulo y la realidad
Una cadena que ha circulado en WhatsApp y en redes sociales en las últimas horas atribuye al presidente de la FCU-UCV, Miguelangel Suárez, un «ultimátum de 15 días» dirigido a Delcy Rodríguez. La verificadora Efecto Cocuyo desmintió la cadena: las declaraciones citadas pertenecen al 5 de enero de 2026, fueron emitidas en otro tono y no constituyen un plazo formal. La protesta real del 13 de mayo no incluyó ultimátum con fecha de vencimiento.
La distinción importa por dos razones. La primera, periodística: confundir bulo con hecho debilita la causa que el bulo pretende reforzar. La segunda, política: el movimiento estudiantil venezolano no necesita amplificación falsificada. Llegó al 13 de mayo con cifras propias —siete movilizaciones grandes en cuatro meses, presencia coordinada en al menos once universidades del país, capacidad sostenida de poner pancartas en puentes simbólicos— sin recurrir a ultimátums que no respaldaría con acciones.
Lo que se desmoviliza y lo que no
Las protestas estudiantiles del 13 de mayo siguen un patrón documentable. Concentración pacífica, marcha hasta una vía principal, despliegue de mensaje visible, contención policial con piquete, regreso sin enfrentamiento mayor. Es decir, el movimiento ha calibrado su intensidad para sostenerse en el tiempo sin entregar pretextos de represión grave.
Esa calibración no es retroceso. Es estrategia. El movimiento estudiantil venezolano de 2017 perdió decenas de jóvenes a manos de la represión y se desmovilizó cuando el costo se volvió insostenible. El movimiento de 2026 está aprendiendo de aquella curva. Mantiene presencia, sostiene visibilidad, evita la confrontación frontal que invita a la disolución violenta. La consigna pintada en el asfalto del 13 de mayo es, en ese sentido, una pieza táctica: visible, indeleble durante horas, leída por miles de conductores antes de que la PNB pueda borrarla.
Para la administración encargada, ese formato es más difícil de neutralizar que la confrontación abierta. No hay imágenes de violencia para distribuir como advertencia a otros grupos. No hay detenidos famosos para canjear. Hay, en cambio, una consigna pintada en el pavimento de la Francisco Fajardo en pleno mediodía. Una pancarta en un puente que se llama Salvador Allende —nombre que el chavismo no puede repudiar sin contradecirse—. Y un mensaje que vincula directamente a Delcy Rodríguez con la situación de los detenidos sin acusarla por nombre.
El cuadro mayor
La protesta del 13 de mayo se inscribe en una secuencia más amplia. El 27 de enero de 2026, Suárez confrontó a Delcy Rodríguez durante su visita al campus de la UCV. El 3 de febrero, cientos de estudiantes marcharon exigiendo amnistía amplia. El 12 de febrero, Día de la Juventud, miles se movilizaron en Caracas y otras ciudades en la «Marcha de la Generación que venció el miedo». El 25 de marzo, cuarta protesta del año, esta vez en alianza con sindicatos universitarios por la precariedad económica. El 9 de abril, intento de movilización hasta el Palacio de Miraflores con enfrentamientos con la PNB en el centro de Caracas. El 13 de mayo, séptima movilización grande.
El movimiento ha ido construyendo, mes tras mes, una cartografía propia de Caracas: la Plaza del Rectorado como origen, el centro Zona 7 de Boleíta como sitio de vigilias permanentes, la autopista Francisco Fajardo como vía de visibilidad, el puente Salvador Allende como escenario simbólico de pancartas, el Palacio de Miraflores como horizonte que la PNB siempre bloquea.
Mientras la administración encargada negocia con Washington la reestructuración de la deuda y observa, desde la distancia, la cumbre Trump-Xi en Pekín, los estudiantes de la UCV escriben en el asfalto venezolano lo que ningún comunicado oficial ha querido decir: que la transición es libre solo si todos los detenidos salen. Reconozcan. Entreguen. Libérenlos.
Política
Colombia: las encuestas dicen Cepeda, los apostadores dicen De la Espriella
A 18 días del 31 de mayo, dos formas de medir el favoritismo apuntan en direcciones distintas. La divergencia entre encuesta tradicional y mercado de predicción mide algo más que un margen de error.
A dieciocho días de la primera vuelta presidencial colombiana del 31 de mayo de 2026, cinco encuestadoras dan a Iván Cepeda como puntero. Polymarket, el mercado global de predicciones, lo bajó al segundo lugar el sábado 9 de mayo. La divergencia mide algo más profundo que un margen de error.
| Qué | Elecciones presidenciales de Colombia, primera vuelta. Tres candidatos dominan el cuadro: Cepeda, De la Espriella, Valencia. Segunda vuelta probable el 21 de junio. |
| Quién | Iván Cepeda Castro (Pacto Histórico). Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria). Paloma Valencia (Centro Democrático). Once candidaturas en total. |
| Cuándo | Primera vuelta: domingo 31 de mayo de 2026. Eventual segunda vuelta: domingo 21 de junio. Faltan 18 días para la primera. |
| Dónde | Colombia. Con 14 fórmulas presidenciales en la tarjeta electoral y 850.871 jurados designados por la Registraduría Nacional. |
| Por qué | Porque el resultado redibuja el mapa hemisférico y, para Venezuela, define cuánto margen le queda a Delcy frente a Washington. |
| Cómo | Encuestas presenciales con muestreo probabilístico, contrastadas en tiempo real con mercados de predicción y con un volumen creciente de desinformación fabricada con IA. |
A dieciocho días de la primera vuelta presidencial colombiana, dos formas de medir el favoritismo apuntan en direcciones distintas. Las cinco encuestadoras avaladas por el Consejo Nacional Electoral —Invamer, GAD3, AtlasIntel, Guarumo-EcoAnalítica y el Centro Nacional de Consultoría— coinciden en que Iván Cepeda Castro, senador del Pacto Histórico y heredero político del presidente Gustavo Petro, lidera todas las mediciones de intención de voto. Polymarket, la plataforma internacional de predicciones donde los usuarios apuestan dinero real sobre desenlaces políticos, comunicó el sábado 9 de mayo otro escenario: Abelardo de la Espriella, abogado barranquillero y candidato del movimiento Defensores de la Patria, había superado a Cepeda como favorito para llegar a la Casa de Nariño.
La distancia entre los dos métodos no es solo estadística. Las encuestas presenciales miden lo que los ciudadanos consultados declaran que harán. Polymarket mide lo que un mercado global de apostadores —en gran parte no colombianos— calcula que va a ocurrir. Ambas señales conviven en el mismo momento político.
Lo que muestran las encuestas
La medición de Invamer publicada a finales de abril de 2026 fijó la línea de base de la actual recta final. Cepeda obtenía 44,3% de intención de voto en primera vuelta. De la Espriella, 21,5%. Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático, 19,8%. El detalle metodológico del estudio: 3.800 encuestas presenciales en 149 municipios, margen de error global del 1,89% y nivel de confianza del 95%.

El consolidado de las cinco firmas a tres semanas de la elección —preparado por La Silla Vacía— muestra una ventana más amplia. Cepeda oscila entre 36% y 46% según la firma; De la Espriella se acerca al 24% en algunas mediciones; Valencia promedia 18,4%. El centro político no despega: Sergio Fajardo promedia 2,8%, Claudia López 2,5%. Juntos, los dos candidatos del centro no llegan a seis puntos porcentuales.
La pregunta operativa, en estas mediciones, no es quién pasa a segunda vuelta. Es si Cepeda puede ganar en primera. Ninguna firma lo da por encima del umbral del 50% que exige la legislación electoral colombiana para evitar el balotaje. Pero el límite superior de su rango —46% en algunas mediciones— deja la posibilidad técnicamente abierta. Es el escenario que la oposición de derecha trata de bloquear: forzar segunda vuelta para enfrentar a Cepeda con un solo rival concentrado.
En los escenarios de segunda vuelta, las mediciones también divergen. AtlasIntel para Semana proyecta que en balotaje entre Cepeda y De la Espriella, el segundo ganaría 47% a 42%. Invamer, en cambio, da a Cepeda victoria con 45,9% sobre 40,7% del mismo De la Espriella. Frente a Valencia, las cifras son aún más estrechas: Cepeda 51,2%, Valencia 46,6%, según el último consolidado.
Lo que mueve Polymarket
El 9 de mayo de 2026, Polymarket marcaba probabilidades de victoria de Cepeda en 42%, De la Espriella en 40%, Valencia en 16,4%. Dos días después, la plataforma había invertido la primera posición: De la Espriella 43%, Cepeda en segundo lugar. La diferencia entre encuesta tradicional y mercado de predicción se hizo explícita.
Hay tres maneras de leer ese movimiento. La primera, técnica: los apostadores incorporan información que las encuestas no capturan a tiempo, como sondeos internos de campaña filtrados, eventos del día o tendencias en redes. La segunda, política: el voto de derecha colombiano podría estar subreportado en encuestas presenciales por un efecto de «voto oculto» que la cultura política nacional documenta desde hace décadas. La tercera, sospechosa: Polymarket es un mercado pequeño, vulnerable a manipulación coordinada por actores con recursos para mover apuestas.
El caso colombiano de mayo agrega un cuarto elemento. El periodista de NTN24 que cubrió el movimiento de Polymarket el 23 de abril dijo en cámara: «Todo eso hace que caiga en las encuestas el candidato Cepeda, en concreto, en las de Polymarket». La frase confunde dos tipos de medición distintos y fue luego usada como insumo para una imagen viral, fabricada con inteligencia artificial generativa de Google, que circuló entre el 5 y el 12 de mayo en Facebook, X, Instagram, Threads y TikTok presentando porcentajes inventados como si fueran de una encuesta real del Centro Nacional de Consultoría. La verificadora El Filtro de El Tiempo desmontó la pieza el 12 de mayo de 2026. La marca de agua SynthID de Google confirmó la fabricación sintética del contenido.
Es decir: en la misma semana, la divergencia legítima entre dos métodos de medición y un episodio de desinformación electoral producida por IA generativa están circulando por los mismos canales. Distinguirlos requiere alfabetización digital que el votante promedio no necesariamente tiene.
La tarjeta y la logística
La Registraduría Nacional del Estado Civil fijó las posiciones definitivas en la tarjeta electoral el 12 de mayo, mediante sorteo. Cepeda y Quilcué ocupan la posición uno. De la Espriella y Restrepo, la cinco. Valencia y Oviedo, la doce. Hay catorce fórmulas en total. El registrador Hernán Penagos también informó que se designaron 850.871 jurados de votación.
El elemento operativo más significativo de las últimas semanas, sin embargo, es otro. La participación en las elecciones legislativas del 8 de marzo subió tres puntos porcentuales respecto a 2022, del 47% al 50,6%. Veinte millones novecientos mil votantes. Penagos describió el incremento como «descomunal». El dato sostiene una hipótesis para el 31 de mayo: una participación mayor que la histórica colombiana, en una elección polarizada, tiende a beneficiar al candidato con base electoral más organizada.
Lo que mira el resto del hemisferio
Colombia llega al 31 de mayo como el primer país sudamericano del año donde una elección presidencial puede invertir la tendencia regional. Bolivia eligió a Rodrigo Paz —centroderecha— en noviembre de 2025. Honduras, a Nasry Asfura —apoyado por Trump—. Chile, a José Antonio Kast —extrema derecha—. Si Colombia repite el patrón con la victoria de De la Espriella o de Valencia, la línea continental se inclina con mayor decisión hacia la doctrina Trump-Rubio. Si gana Cepeda, frena el avance y deja a Brasil —donde Lula busca cuarto mandato en octubre— como el siguiente domino.
Para Venezuela, el cálculo es aún más directo. La frontera colombiana es la más larga del país, y la posición del próximo gobierno de Bogotá define en buena parte cuánto margen le queda a Delcy Rodríguez frente a Washington. Una Casa de Nariño aliada con Trump cierra el flanco sur. Una Casa de Nariño cercana a Petro lo deja abierto.
Las próximas dieciocho jornadas en Colombia tienen, por lo tanto, peso doble. Definen un gobierno. Y redefinen el lugar de Sudamérica en el reordenamiento hemisférico que la administración Trump puso en marcha el 3 de enero de 2026.
Política
Nebraska abre la temporada con el «blue dot» de Omaha bajo recuento
El martes 12 de mayo arrancaron las primarias estatales de 2026. El gran tema: el 2nd Congressional District de Omaha, uno de los tres distritos donde Harris ganó en 2024 con escaño republicano.
Las primarias estatales de Nebraska y West Virginia abrieron el martes 12 de mayo de 2026 el calendario electoral de medio término. Nebraska puso en juego el distrito más competitivo del mapa nacional. Denise Powell aventaja por menos de mil cien votos a John Cavanaugh al cierre del miércoles 13.
| Qué | Primarias estatales de medio término. Las primeras del calendario electoral 2026 que pone en juego la mayoría de la Cámara. |
| Quién | Denise Powell (D), John Cavanaugh (D), Brinker Harding (R), Eric Michael Foreman (L) en Nebraska 2. Don Bacon (R), retirante. |
| Cuándo | Martes 12 de mayo de 2026. Conteo cerrado a las 10:45 p.m. del 12, resultados sin proclamación oficial al cierre de la edición. |
| Dónde | Estados de Nebraska y West Virginia. Foco operativo: 2nd Congressional District, área metropolitana de Omaha. |
| Por qué | Porque Nebraska 2 es uno de los tres únicos distritos del país donde Kamala Harris ganó en 2024 y que sigue en manos republicanas. |
| Cómo | Conteo cerrado, recuento automático posible bajo umbral del 1%, y un PAC externo gastando a niveles inéditos para una primaria de mayo. |
La temporada electoral del 2026 arrancó el martes 12 de mayo, casi seis meses antes del 3 de noviembre, con dos primarias estatales que en términos de impacto nacional son muy distintas entre sí. En West Virginia, los republicanos eligieron candidatos para escaños que conservarán sin sobresaltos en noviembre. En Nebraska, los demócratas pelearon por el distrito que define matemáticamente el equilibrio de la Cámara: el 2nd Congressional District, anclado en la ciudad de Omaha.
A las 10:45 p.m. del martes 12 de mayo, hora central, los datos parciales del 2nd Congressional District daban a Denise Powell con aproximadamente 39% de los votos demócratas, frente al 37% del senador estatal John Cavanaugh. La diferencia, en términos absolutos, era de unos ochocientos sesenta y nueve votos. Para el amanecer del miércoles 13, la brecha se había ampliado a mil ochenta. La ley de Nebraska activa recuento automático cuando la diferencia entre los dos primeros candidatos es menor o igual al 1% en contiendas con más de quinientos votos emitidos. Con la última actualización pública del miércoles 13, Powell quedaba por encima de ese umbral, pero no por mucho.
El distrito que vale por todos
Lo que se juega en Nebraska 2 trasciende a Nebraska. El distrito es uno de los apenas tres del país donde la entonces vicepresidenta Kamala Harris ganó en las presidenciales de noviembre de 2024 y donde, sin embargo, el escaño de la Cámara siguió en manos republicanas, encabezado por Don Bacon. En el sistema electoral estadounidense, Nebraska es uno de los dos únicos estados —junto con Maine— que asigna votos electorales por distrito y no en bloque. Eso convierte al 2nd Congressional District en el famoso «blue dot»: una mancha azul en medio del estado rojo que entregó un voto electoral a Joe Biden en 2020 y otro a Harris en 2024.

Don Bacon anunció en 2025 que no buscaría la reelección. Su retiro abrió el distrito a una competencia que el Cook Political Report movió de toss-up a lean democratic hace meses. Es decir, los analistas independientes consideran que los demócratas tienen mayor probabilidad —pero no certeza— de ganar la silla en noviembre. Ganarla sería un paso material hacia la recuperación de la mayoría de la Cámara, que los republicanos sostienen por margen estrecho durante el segundo mandato de Donald Trump.
El republicano que les espera en noviembre tiene perfil definido. Brinker Harding, concejal de Omaha desde 2017 y actualmente vicepresidente del Concejo, corrió sin oposición en su primaria. Cuenta con el respaldo explícito de Trump. Su plataforma combina las prioridades que la administración Trump ha impulsado desde enero de 2026: «terminar el muro» y endurecer la aplicación de las leyes migratorias, recortar impuestos, reducir el gasto público.
La primaria demócrata, en dos planos
La contienda demócrata se enmarcó, en sus primeros meses, como una conversación cordial entre candidatos del mismo partido. Cambió en las últimas semanas. Un PAC externo alineado con la candidatura de Powell desplegó una saturación de correos directos, anuncios digitales y spots televisivos contra Cavanaugh, sosteniendo que una victoria suya pondría en riesgo el «blue dot». La campaña de Cavanaugh rechazó la acusación como infundada y la combatió con sus propios anuncios.
Powell, cofundadora de un comité de acción política dedicado al reclutamiento de candidatas demócratas, llegó a esta primaria sin experiencia legislativa. Cavanaugh, senador estatal por Omaha, llega con una credencial familiar: su padre, también John Cavanaugh, representó al mismo distrito como demócrata en el Congreso entre 1977 y 1981. Su hermana, Machaela Cavanaugh, es senadora estatal en activo.
La fractura interna que la primaria expuso tiene dos planos. En el primero, la disputa táctica sobre cómo presentar el «blue dot» al votante medio. Powell apostó por una campaña construida sobre la urgencia del momento Trump, vinculando explícitamente el distrito al destino nacional de la Cámara. Cavanaugh prefirió un mensaje más territorial, basado en agenda local y récord legislativo. En el segundo plano, una disputa más amplia dentro del Partido Demócrata sobre cuánto peso debe darse al dinero externo en primarias internas. El gasto del PAC pro-Powell, descrito por candidatos rivales como «dinero oscuro», alcanzó niveles inéditos para una primaria de mayo en un distrito mediano.
Crystal Rhoades, secretaria del Tribunal del Condado de Douglas, quedó en tercer lugar con cerca del 14% de los votos. La veterana naval Kishla Askins recibió 6%. La autoidentificada socialista democrática Melanie Williams obtuvo 4%. La campaña de Rhoades reconoció el resultado durante la noche: «Soy una buena demócrata, y le deseo lo mejor al nominado del partido».
West Virginia, el contraste
En West Virginia, las primarias confirmaron las tendencias previas sin mayor competencia. La carrera por la gobernación enfrentará al gobernador republicano Jim Pillen contra un exsenador estatal demócrata en noviembre. Sarah Slattery ganó la nominación demócrata para Secretaria de Estado; la primaria republicana del mismo cargo quedó demasiado cerrada para llamar al cierre del 12 de mayo.
Ninguno de esos escaños está en riesgo real de cambiar de partido en noviembre. West Virginia, en su conjunto, es un estado profundamente republicano. La participación demócrata en sus primarias suele leerse como indicador de movilización general más que como contienda definitoria.
Lo que las dos primarias dicen sobre noviembre
Cinco lecturas se desprenden del martes.
La intensidad del gasto externo en Nebraska 2 sugiere que ambos partidos consideran al distrito como uno de los cinco o seis escaños que definirán el control de la Cámara en noviembre. Los demócratas necesitan ganar netamente tres escaños para tomar la mayoría. Nebraska 2 es uno de los que están al alcance.
La fractura demócrata en Omaha es funcional, no ideológica. Powell y Cavanaugh comparten gran parte de la plataforma. Su pelea fue de estilo y de estrategia, no de programa. Eso facilita la unidad de cara a noviembre, pero deja un residuo: los anuncios negativos del PAC pro-Powell ya están en el aire. Harding los va a usar.
La candidatura de Harding está orientada por la prioridad migratoria, en un distrito donde la ciudad de Omaha tiene una comunidad latina creciente. Esa será una de las líneas de fractura visibles del debate de otoño. Para el lector latino de la región, el resultado no es secundario: define qué tipo de representación tendrá la zona en el Congreso 120º.
La ausencia de competencia en West Virginia contrasta con la intensidad de Nebraska. La temporada de medio término se va a definir, escaño por escaño, en distritos como Nebraska 2 y no en estados como West Virginia. El mapa nacional se decide en quince o veinte unidades muy específicas, repartidas entre Iowa, Pensilvania, Michigan, Carolina del Norte, California, Texas y un puñado de otras zonas suburbanas competitivas.
El segundo mandato de Trump enfrenta, históricamente, la gravedad política que castiga al partido del presidente en las elecciones de medio término. Esa gravedad no es destino, pero sí marco. Si la línea demócrata logra capitalizar la fricción acumulada por la administración —en política migratoria, comercial, exterior— el «blue dot» de Omaha podría convertirse en señal nacional. Si la línea republicana logra concentrar el voto en cuestiones de orden público y migración, podría retener el escaño y, con él, la mayoría.
El recuento del distrito 2 continuará en los próximos días. La pelea por noviembre, ya empezó.
-
Inciso1 semana agoLa paciencia de Washington
-
Política2 semanas agoDelsa Solórzano: «Sin reinstitucionalización no hay estabilización; sin estabilización no hay recuperación; sin recuperación no hay elecciones libres»
-
Política3 semanas agoEl revés del mundo
-
Política3 semanas agoRuta tripartita define transición en Venezuela
-
Política4 días ago«La transición comenzará cuando haya cronograma electoral con fecha»
-
Colaboradores Invitados4 semanas agoColores en fuga. Del exilio al regreso.
-
Política4 semanas agoMaría Corina Machado decretó regreso a casa desde Madrid
-
Política3 semanas agoCarrasquero: “Estamos en la definición exacta de un interinato”
