Política
ICE registró 675,000 deportaciones en 2025. Los datos que el gobierno no pone juntos
La administración Trump presenta las deportaciones como un logro. Los números detrás de ese logro necesitan contexto para entenderse.
La administración Trump presenta las deportaciones como un logro. Los números detrás de ese logro necesitan contexto para entenderse.
Las claves de esta historia
| Qué | En su primer año del segundo mandato, la administración Trump deportó 675,000 personas —por debajo de su meta declarada de 1 millón anual. |
| Quién | ICE, DHS, migrantes de México, Centroamérica, Venezuela y otros países. Stephen Miller como arquitecto de la política de deportación masiva. |
| Cuándo | Balance del año 2025. En 2026 la presión para alcanzar el millón de deportaciones anuales es creciente. |
| Dónde | Todo EE.UU., con mayor concentración en estados con alta población hispana indocumentada. |
| Por qué | Los hispanos en EE.UU. necesitan entender la escala real —no el dato aislado, sino lo que significa para comunidades, familias y economías locales. |
En el primer año del segundo mandato de Donald Trump, el Departamento de Seguridad Nacional reportó más de 675,000 deportaciones de inmigrantes indocumentados. Esa cifra está por debajo del objetivo declarado de 1 millón de deportaciones anuales, aunque funcionarios sostienen que cientos de miles de personas adicionales salieron del país voluntariamente.
El número, presentado como logro, necesita contexto. 675,000 deportaciones en 12 meses equivale a 1,850 personas deportadas cada día. No son estadísticas abstractas: son familias divididas, negocios cerrados, niños que pierden a un padre, comunidades que funcionan con el miedo como clima permanente.
El impacto más profundo de la política de deportación masiva no es el volumen, sino el efecto disuasorio que genera: miles de migrantes abandonan casos de asilo activos, aceptan salidas voluntarias antes de que los encuentren, o se desplazan de ciudades donde el nivel de operaciones de ICE aumentó visiblemente.
Para 2026, la administración escala los mecanismos: mayor coordinación con autoridades locales en estados que antes se declaraban santuario, uso de acuerdos con terceros países para resolver el problema de los deportados que sus países no readmiten, y legislación en proceso en el Congreso para ampliar las categorías de personas sujetas a deportación expedita.
La meta de 1 millón anual no es solo una cifra política. Es el marco dentro del cual cada hispano con estatus migratorio incierto en EE.UU. toma decisiones sobre su trabajo, su vivienda, sus hijos y su presencia en espacios públicos.
Alfredo Yánez
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María Corina Machado irá a Japón el 25 de abril
Este 25 de abril, venezolanos en Tokio se reúnen con María Corina Machado en Akihabara y el Parque Ueno. La diáspora no espera a que Washington ponga fechas. Ya está organizando.
No hay rincón del planeta donde la diáspora venezolana no haya llegado. Y donde llega, organiza.
Este viernes 25 de abril, venezolanos residentes en Japón tienen una cita doble en Tokio: a las 9:45 de la mañana en el Akihabara Lounge, en el barrio de Chiyoda, y a la 1:30 de la tarde en el Parque Ueno. El encuentro es parte de la gira internacional de María Corina Machado bajo el lema #ConVzla — la misma que la tiene recorriendo el mundo mientras en Caracas se sigue debatiendo si habrá elecciones y cuándo.
Pedro de Mendonca, quien convocó el evento en Japón, resumió el estado de ánimo con una frase: «Venezuela se levanta hasta el final.» Y prometió regalitos venezolanos.
Hay algo en esa imagen que los análisis políticos no capturan con facilidad. Mientras Rubio habla de «hitos» y Kozak evita dar fechas, hay venezolanos en Tokio que buscaron una sala en Akihabara, pusieron sillas en círculo y esperan a su líder opositora con cachitos de queso y papelón en la maleta. La política grande — la de las fases, los cronogramas, las negociaciones entre capitales — se construye también así: en los márgenes, lejos, con mucho café y mucha nostalgia.
La diáspora venezolana no está esperando. Lleva años sin esperar.
Política
La ruta electoral es extremadamente sinuosa
El escenario venezolano post-Maduro tiene todos los ingredientes de un drama político de largo aliento: un gobierno interino que administra sin mandato claro, una oposición histórica que regresa del exilio, una potencia extranjera que dirige la transición desde afuera, y elecciones que todo el mundo menciona pero nadie convoca.
Nicolás Maduro fue capturado en enero de 2026. Desde entonces, Delcy Rodríguez ejerce como presidenta encargada. Washington celebró el cambio y diseñó un plan en tres fases. El subsecretario de Estado Michael Kozak lo explicó ante el Congreso: «La primera fase fue la estabilización. No queríamos que la situación de seguridad se rompiera y que la gente no pudiera obtener servicios, que las pandillas deambularan. Esa fue la fase uno, hecha.»
La fase dos — recuperación económica y reconciliación política — está en curso. Kozak confirmó que se reanudaron las operaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas el 30 de marzo, y que Washington custodia los fondos venezolanos provenientes del petróleo para que «beneficien al pueblo venezolano.»
La fase tres es la que a todos interesa: elecciones libres. Kozak evitó dar fechas concretas. «No tenemos una fecha para elecciones en Venezuela, pero estamos enfocados en los pasos», dijo ante el Congreso el 16 de abril.
El mapa de actores
María Corina Machado aspira a regresar del exilio y exige elecciones cuanto antes. El chavismo, representado ahora por Jorge Rodríguez, habla de elecciones pero no las apura. Trump elogia públicamente a Delcy Rodríguez — la llama su «amiga y socia» — mientras Rubio exige condiciones democráticas. La contradicción es evidente y nadie la explica.
Rubio fue claro en enero: «El objetivo último es que queremos una transición donde podamos trabajar y tener una nación próspera, democrática y aliada, donde esté representada toda la sociedad y haya elecciones libres y justas.» Pero también advirtió que el proceso «tomará meses, no años.»
Kozak dijo que Estados Unidos quiere ver a María Corina Machado participar libremente: «Hemos sido muy claros en que eso es lo que esperamos. Toda la gente, incluyendo a María Corina Machado, a quien también respeto mucho.» Pero respetarla y garantizar su participación son cosas distintas.
Venezuela sigue siendo Venezuela: un país donde todos los actores dicen querer lo mismo, y donde ese algo sigue sin materializarse.
→ Ver también: Venezolanos en Tokio: la diáspora que también organiza
Política
El primer Papa americano le habla al mundo desde el continente olvidado
León XIV eligió África como su viaje más largo. No Europa, no América Latina. El continente donde vive el 20% de los católicos del mundo y donde nadie esperaba que un Papa americano fuera primero.
El Papa León XIV llegó a Argelia el 13 de abril y se convirtió en el primer pontífice en pisar ese país. Era la primera parada de una gira de 11 días y cuatro naciones. No era un viaje cualquiera. Era, desde el primer día, una declaración.
Robert Francis Prevost, el hombre que el 8 de mayo de 2025 se convirtió en el primer Papa nacido en Estados Unidos, eligió África como su destino más ambicioso. No Europa. No América Latina. África — el continente que el mundo católico institucional ha tratado históricamente como misión y no como centro. Él mismo lo explicó desde el avión papal: «Vengo a África, ante todo, como pastor; para estar con todos los católicos de África, para celebrar con ellos, para alentarlos y acompañarlos.»
El viaje tenía también una dimensión personal imposible de separar del cargo. Prevost había visitado Argelia dos veces antes, como Prior General de los Agustinos — la orden fundada bajo el legado de San Agustín de Hipona, el teólogo del siglo IV que vivió y murió en lo que hoy es territorio argelino. Regresar ahora como Papa era algo distinto. Era un hombre volviendo a la tierra de su padre espiritual con el peso del mundo sobre los hombros.
El itinerario fue exigente: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Cuatro países que un Papa no había visitado en décadas — y en el caso de Argelia, que ningún Papa había pisado jamás.
La sombra de Trump
Antes de que el avión aterrizara en Argel, algo había ocurrido que marcaría todo el viaje. La noche anterior a la partida, Donald Trump publicó en Truth Social un ataque directo contra el pontífice: lo acusó de ser «terrible para la política exterior» y le pidió que se concentrara en «ser un gran Papa, no un político.»
León XIV respondió desde el aire, con serenidad y firmeza: «No le tengo miedo a la administración de Trump, ni de hablar en voz alta del mensaje del Evangelio. Creo que es a lo que estoy llamado, y a lo que la Iglesia está llamada.»
Era un momento sin precedente moderno: un Papa americano enfrentando públicamente a un presidente americano, a 30,000 pies de altitud, en ruta al continente más pobre del planeta. Obispos de América Latina y España salieron públicamente a respaldar al Papa.
Días después, a bordo del vuelo entre Camerún y Angola, el Papa intentó bajar la temperatura. Dijo a los periodistas que «no me interesa» debatir con el presidente, y que «cierta narrativa» en torno al viaje había sido alimentada por la «situación política» creada por Trump. No quería que el titular fuera él contra Trump. Quería que el titular fuera África.
Lo que encontró
En Argelia celebró misa ante apenas 1,500 fieles — en un país donde los católicos son 6,500 personas en total. Visitó la Gran Mezquita de Argel, una de las más grandes del mundo, en un gesto deliberado de diálogo interreligioso. Recorrió las ruinas de Hipona. En Camerún se reunió con el presidente Paul Biya, quien a sus 92 años es el jefe de Estado en activo de mayor edad del mundo, reelegido en octubre de 2025 para su octavo mandato. Visitó un orfanato. Celebró misas multitudinarias. En Angola denunció abiertamente los intereses que acaparan los recursos naturales del continente.
El mensaje fue consistente en todas las paradas: África no es el margen de la Iglesia. Es su futuro. El primer Papa americano lo entendió, y fue allá.
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