Política
El voto hispano en las elecciones de noviembre de 2026: más poder del que parece, menos del que podría ser
36 millones de hispanos pueden votar en EE.UU. En 2024, votaron 18 millones. La mitad. Quien se beneficia de esa brecha no es quien mejor representa a la comunidad.
36 millones de hispanos pueden votar en EE.UU. En 2024, votaron 18 millones. La mitad. Quien se beneficia de esa brecha no es quien mejor representa a la comunidad.
Las claves de esta historia
| Qué | Las elecciones de medio término del 3 de noviembre de 2026 renuevan toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado. En al menos ocho estados el voto hispano puede cambiar el resultado. |
| Quién | 36 millones de hispanos elegibles para votar en EE.UU. En 2024 solo votaron 18 millones — exactamente la mitad. |
| Cuándo | Elecciones generales: 3 de noviembre de 2026. Inscripción en varios estados cierra entre junio y agosto. |
| Dónde | Estados clave: Nevada, Arizona, Colorado, Texas, Florida, Nueva York y California. |
| Por qué | Migración, aranceles y educación pública se deciden en estas elecciones. El hispano que no vota le regala esa decisión a quienes más le afectan. |
En las elecciones del 3 de noviembre de 2026 se renuevan todos los escaños de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y varios gobernadores estatales. En al menos ocho estados, la comunidad hispana tiene capacidad para cambiar el resultado final. En la mayoría de ellos, no vota en proporción a su peso demográfico.
La brecha entre el poder potencial y el poder ejercido del voto hispano es, posiblemente, el dato político más relevante y menos discutido de la democracia estadounidense. Hay 36 millones de hispanos elegibles para votar. En 2024, según datos de Pew Research Center, solo votaron alrededor de 18 millones —exactamente la mitad.
Las razones son conocidas: desconfianza en el sistema, barreras de idioma, trabajo en días de elección sin posibilidad de ausentarse, desinformación activa. Lo que menos se analiza es quién se beneficia de esa baja participación: exactamente los candidatos que más se oponen a los intereses de la comunidad hispana.
En 2026, con la política migratoria, los aranceles, la educación pública y el acceso a salud como temas centrales de la campaña, los demócratas lanzaron estrategias específicas orientadas al voto hispano en Texas y otros estados. Pero la historia reciente demuestra que el acercamiento táctico en año electoral no reemplaza la presencia y la credibilidad construida en los años entre elecciones.
La inscripción para votar cierra en la mayoría de estados entre junio y agosto. El tiempo es ahora. La pregunta que cada hispano elegible debería hacerse es simple: ¿quién decide sobre mi vida cuando yo no voy a votar?
Alfredo Yánez
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María Corina Machado irá a Japón el 25 de abril
Este 25 de abril, venezolanos en Tokio se reúnen con María Corina Machado en Akihabara y el Parque Ueno. La diáspora no espera a que Washington ponga fechas. Ya está organizando.
No hay rincón del planeta donde la diáspora venezolana no haya llegado. Y donde llega, organiza.
Este viernes 25 de abril, venezolanos residentes en Japón tienen una cita doble en Tokio: a las 9:45 de la mañana en el Akihabara Lounge, en el barrio de Chiyoda, y a la 1:30 de la tarde en el Parque Ueno. El encuentro es parte de la gira internacional de María Corina Machado bajo el lema #ConVzla — la misma que la tiene recorriendo el mundo mientras en Caracas se sigue debatiendo si habrá elecciones y cuándo.
Pedro de Mendonca, quien convocó el evento en Japón, resumió el estado de ánimo con una frase: «Venezuela se levanta hasta el final.» Y prometió regalitos venezolanos.
Hay algo en esa imagen que los análisis políticos no capturan con facilidad. Mientras Rubio habla de «hitos» y Kozak evita dar fechas, hay venezolanos en Tokio que buscaron una sala en Akihabara, pusieron sillas en círculo y esperan a su líder opositora con cachitos de queso y papelón en la maleta. La política grande — la de las fases, los cronogramas, las negociaciones entre capitales — se construye también así: en los márgenes, lejos, con mucho café y mucha nostalgia.
La diáspora venezolana no está esperando. Lleva años sin esperar.
Política
La ruta electoral es extremadamente sinuosa
El escenario venezolano post-Maduro tiene todos los ingredientes de un drama político de largo aliento: un gobierno interino que administra sin mandato claro, una oposición histórica que regresa del exilio, una potencia extranjera que dirige la transición desde afuera, y elecciones que todo el mundo menciona pero nadie convoca.
Nicolás Maduro fue capturado en enero de 2026. Desde entonces, Delcy Rodríguez ejerce como presidenta encargada. Washington celebró el cambio y diseñó un plan en tres fases. El subsecretario de Estado Michael Kozak lo explicó ante el Congreso: «La primera fase fue la estabilización. No queríamos que la situación de seguridad se rompiera y que la gente no pudiera obtener servicios, que las pandillas deambularan. Esa fue la fase uno, hecha.»
La fase dos — recuperación económica y reconciliación política — está en curso. Kozak confirmó que se reanudaron las operaciones de la Embajada de Estados Unidos en Caracas el 30 de marzo, y que Washington custodia los fondos venezolanos provenientes del petróleo para que «beneficien al pueblo venezolano.»
La fase tres es la que a todos interesa: elecciones libres. Kozak evitó dar fechas concretas. «No tenemos una fecha para elecciones en Venezuela, pero estamos enfocados en los pasos», dijo ante el Congreso el 16 de abril.
El mapa de actores
María Corina Machado aspira a regresar del exilio y exige elecciones cuanto antes. El chavismo, representado ahora por Jorge Rodríguez, habla de elecciones pero no las apura. Trump elogia públicamente a Delcy Rodríguez — la llama su «amiga y socia» — mientras Rubio exige condiciones democráticas. La contradicción es evidente y nadie la explica.
Rubio fue claro en enero: «El objetivo último es que queremos una transición donde podamos trabajar y tener una nación próspera, democrática y aliada, donde esté representada toda la sociedad y haya elecciones libres y justas.» Pero también advirtió que el proceso «tomará meses, no años.»
Kozak dijo que Estados Unidos quiere ver a María Corina Machado participar libremente: «Hemos sido muy claros en que eso es lo que esperamos. Toda la gente, incluyendo a María Corina Machado, a quien también respeto mucho.» Pero respetarla y garantizar su participación son cosas distintas.
Venezuela sigue siendo Venezuela: un país donde todos los actores dicen querer lo mismo, y donde ese algo sigue sin materializarse.
→ Ver también: Venezolanos en Tokio: la diáspora que también organiza
Política
El primer Papa americano le habla al mundo desde el continente olvidado
León XIV eligió África como su viaje más largo. No Europa, no América Latina. El continente donde vive el 20% de los católicos del mundo y donde nadie esperaba que un Papa americano fuera primero.
El Papa León XIV llegó a Argelia el 13 de abril y se convirtió en el primer pontífice en pisar ese país. Era la primera parada de una gira de 11 días y cuatro naciones. No era un viaje cualquiera. Era, desde el primer día, una declaración.
Robert Francis Prevost, el hombre que el 8 de mayo de 2025 se convirtió en el primer Papa nacido en Estados Unidos, eligió África como su destino más ambicioso. No Europa. No América Latina. África — el continente que el mundo católico institucional ha tratado históricamente como misión y no como centro. Él mismo lo explicó desde el avión papal: «Vengo a África, ante todo, como pastor; para estar con todos los católicos de África, para celebrar con ellos, para alentarlos y acompañarlos.»
El viaje tenía también una dimensión personal imposible de separar del cargo. Prevost había visitado Argelia dos veces antes, como Prior General de los Agustinos — la orden fundada bajo el legado de San Agustín de Hipona, el teólogo del siglo IV que vivió y murió en lo que hoy es territorio argelino. Regresar ahora como Papa era algo distinto. Era un hombre volviendo a la tierra de su padre espiritual con el peso del mundo sobre los hombros.
El itinerario fue exigente: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Cuatro países que un Papa no había visitado en décadas — y en el caso de Argelia, que ningún Papa había pisado jamás.
La sombra de Trump
Antes de que el avión aterrizara en Argel, algo había ocurrido que marcaría todo el viaje. La noche anterior a la partida, Donald Trump publicó en Truth Social un ataque directo contra el pontífice: lo acusó de ser «terrible para la política exterior» y le pidió que se concentrara en «ser un gran Papa, no un político.»
León XIV respondió desde el aire, con serenidad y firmeza: «No le tengo miedo a la administración de Trump, ni de hablar en voz alta del mensaje del Evangelio. Creo que es a lo que estoy llamado, y a lo que la Iglesia está llamada.»
Era un momento sin precedente moderno: un Papa americano enfrentando públicamente a un presidente americano, a 30,000 pies de altitud, en ruta al continente más pobre del planeta. Obispos de América Latina y España salieron públicamente a respaldar al Papa.
Días después, a bordo del vuelo entre Camerún y Angola, el Papa intentó bajar la temperatura. Dijo a los periodistas que «no me interesa» debatir con el presidente, y que «cierta narrativa» en torno al viaje había sido alimentada por la «situación política» creada por Trump. No quería que el titular fuera él contra Trump. Quería que el titular fuera África.
Lo que encontró
En Argelia celebró misa ante apenas 1,500 fieles — en un país donde los católicos son 6,500 personas en total. Visitó la Gran Mezquita de Argel, una de las más grandes del mundo, en un gesto deliberado de diálogo interreligioso. Recorrió las ruinas de Hipona. En Camerún se reunió con el presidente Paul Biya, quien a sus 92 años es el jefe de Estado en activo de mayor edad del mundo, reelegido en octubre de 2025 para su octavo mandato. Visitó un orfanato. Celebró misas multitudinarias. En Angola denunció abiertamente los intereses que acaparan los recursos naturales del continente.
El mensaje fue consistente en todas las paradas: África no es el margen de la Iglesia. Es su futuro. El primer Papa americano lo entendió, y fue allá.
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