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Economía

Una empresa de generación eléctrica entra en el acuerdo petrolero

Sin electricidad confiable no hay recuperación térmica. La lista de firmantes describe el problema mejor que los comunicados.

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Cuatro de las cinco empresas del reporte están en el negocio del petróleo. La quinta no. Y esa es la que dice dónde está el problema.

Qué Entre las empresas que firmarían contratos figura una dedicada a equipos de generación eléctrica y redes, no a producción petrolera.
Quién GE Vernova, empresa estadounidense del sector energético.
Cuándo Reporte del 31 de agosto de 2026.
Dónde Venezuela.
Por qué La producción petrolera venezolana, en especial la recuperación térmica, depende de suministro eléctrico confiable.
Cómo Mediante equipamiento de generación y de transmisión asociado a los proyectos.

De las cinco empresas mencionadas en el reporte, cuatro están en el negocio del petróleo. La quinta no.

GE Vernova fabrica y mantiene equipos de generación eléctrica y de redes de transmisión. Su presencia en una lista de proyectos energéticos venezolanos no es un detalle: es un diagnóstico.

Por qué la electricidad decide

El crudo pesado y extrapesado de la faja del Orinoco no fluye por sí solo. Producirlo exige, según el método, inyección de vapor, bombeo y calentamiento, además del mejoramiento posterior para poder refinarlo.

Todo eso consume electricidad, y la consume de manera continua. Una interrupción no significa producir menos ese día: puede dañar el pozo y el equipo.

Un estudio publicado en agosto de 2026 por el Oxford Institute for Energy Studies enumera, entre las condiciones para una recuperación sostenible, el suministro confiable de electricidad y de diluentes. No lo menciona como detalle logístico, sino como requisito.

El estado de la red

La red eléctrica venezolana arrastra un deterioro documentado durante años, con generación por debajo de la capacidad instalada y una transmisión afectada por falta de mantenimiento. A eso se sumaron, en 2026, los daños asociados a los sismos.

Levantar producción petrolera sobre esa base exige, en la práctica, construir generación dedicada para los proyectos o reparar la red que los alimenta. Ambas cosas cuestan y tardan.

Lo que la lista revela

Que una empresa de generación aparezca junto a las petroleras indica que quienes negocian conocen el problema.

También indica que una parte de los 100.000 millones de dólares anunciados no se destinaría a perforar, sino a producir electricidad. Eso es sensato desde el punto de vista técnico y tiene una consecuencia que conviene anotar: cada dólar invertido en generación es un dólar que no se invierte en producción, aunque sin él la producción no ocurra.

La pregunta que abre

Si se construye generación dedicada para los campos, queda una cuestión que ninguna nota oficial ha mencionado.

¿Esa electricidad alimenta solo a los proyectos, o se conecta al sistema nacional?

De la respuesta depende que la inversión beneficie únicamente a la operación petrolera o que mejore también el servicio de las poblaciones cercanas. Es la diferencia entre un enclave y una infraestructura.

Y es una cláusula, no una intención.


Fuentes principales: Reporte de Reuters del 31 de agosto de 2026. Orlando Ochoa, «Venezuela’s Oil and Gas Industry: The Challenge of Sustainable Recovery», Oxford Institute for Energy Studies, agosto de 2026.

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Economía

El BID prepara US$2.000 millones para Venezuela sin anuncio oficial

US$2.000 millones para bonos, salud y educación. Falta saber quién los recibe.

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Foto editorial de una instalación petrolera o de un paisaje de la faja. Sin logotipos corporativos.

ECONOMÍA · FINANZAS

Un primer desembolso del Banco Interamericano de Desarrollo llegaría entre finales de octubre y principios de noviembre, para bonos, salud y educación, dentro de un plan de US$12.000 millones. La cifra la repiten medios oficiales y privados. El BID no la ha anunciado.

Las 6W · INCÍSOS

QuéUn primer desembolso de US$2.000 millones del BID a Venezuela, según reportes no oficiales.
QuiénEl Banco Interamericano de Desarrollo y el Gobierno encargado de Delcy Rodríguez.
CuándoEntre finales de octubre y principios de noviembre de 2026, con un segundo tramo igual a comienzos de 2027.
DóndeVenezuela.
Por quéTras años de relaciones interrumpidas, Venezuela estaría saldando unos US$2.500 millones de deuda atrasada con el banco.
CómoEl dinero iría a «fortalecimiento social»: bonos, salud y educación. No se conocen las condiciones ni el mecanismo.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) haría un primer desembolso de US$2.000 millones a Venezuela entre finales de octubre y principios de noviembre de 2026, según informó la columna Bitácora Económica, que dijo haber obtenido el dato «de manera extraoficial». La cifra la repitieron después la Agencia Venezolana de Noticias, Radio Nacional de Venezuela y medios privados.

Según esa versión, el BID prevé prestar US$12.000 millones en total; un segundo tramo de US$2.000 millones llegaría a comienzos de 2027. El primero se usaría «única y exclusivamente» para fortalecimiento social: bonos, mejoras en salud y educación.

La deuda previa

Venezuela le debe al BID unos US$2.500 millones en atrasos, que se estarían pagando con un fondo aportado por Catar, Emiratos Árabes Unidos y Turquía, según la misma fuente. Sin saldar esa deuda, el banco no puede volver a prestar.

¿Qué falta, exactamente?

  1. El anuncio del BID: no encontramos un comunicado oficial del banco con estas cifras.
  2. El receptor y los controles: quién recibe el dinero y quién audita su uso.
  3. Los bonos: si se pagarían por el sistema Patria y con qué criterio de asignación.
  4. La relación con la mesa: si el préstamo depende de avances en la negociación política.

Para leer más en INCÍSOS

  1. Hambre cero en Venezuela depende de quién haga la cuenta: por qué los bonos y las cifras sociales necesitan auditoría independiente.
  2. El Cabildo rechaza votar por Mendoza y contra Machado: el Cabildo vota el viernes si el BID debería hacer este préstamo.

Fuentes principales: Bitácora Económica, vía Confirmado (13 de octubre de 2026); AVN y RNV (octubre de 2026); La Patilla (12 de octubre de 2026).

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Economía

KEO Energy opera PetroUrdaneta, la empresa mixta que heredó de Odebrecht

Los 8.000 millones de barriles están en el subsuelo. La producción conocida es de 1.000 al día.

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Davide Tomassoni, Philippe Bize y Roberto Alfonso de KEO Energy frente a un edificio en Venezuela

ECONOMÍA · PETRÓLEO

La filial estadounidense de KEO Capital asumió la gestión técnica y operativa de PetroUrdaneta, la sociedad con PDVSA en la cuenca del Lago de Maracaibo. Entra con el 24 % que compró a la constructora brasileña, un crédito de hasta US$350 millones y el control de las cuentas. Lo que todavía no dice es cuánto petróleo produce.

Las 6W · INCÍSOS

QuéKEO Energy asumió la operación de PetroUrdaneta, empresa mixta en la que PDVSA tiene el 60 %. Dirigirá su gestión técnica y operativa.
QuiénKEO Energy, filial estadounidense de KEO Capital AB, que cotiza en la bolsa Nasdaq de Estocolmo. Su director ejecutivo es Davide Tomassoni; Philippe Bize es el nuevo director de Operaciones y Roberto Alfonso, gerente en Venezuela.
CuándoLos acuerdos con PDVSA se firmaron el 28 de agosto de 2026. La compañía presentó a su nuevo equipo en Maracaibo el 14 de octubre de 2026.
DóndeEn campos petroleros de la cuenca del Lago de Maracaibo, estado Zulia.
Por quéKEO compró a Novonor, el antiguo grupo Odebrecht, la mayor parte de su participación en PetroUrdaneta, y la licencia general 52 de la OFAC, de marzo de 2026, permitió cerrar la operación.
CómoCon un acuerdo integral con PDVSA que la designa operadora, un contrato de servicios, un financiamiento de hasta US$350 millones y la administración de las cuentas de la empresa mixta, según la propia KEO.

KEO Energy, la filial petrolera de la financiera sueca KEO Capital, asumió la operación de PetroUrdaneta, una empresa mixta con Petróleos de Venezuela (PDVSA) que trabaja campos en la cuenca del Lago de Maracaibo. La compañía presentó el 14 de octubre de 2026 en Maracaibo al equipo que la dirigirá: Philippe Bize, recién nombrado director de Operaciones, y Roberto Alfonso, su gerente en Venezuela. Al frente de KEO Energy está Davide Tomassoni, quien negoció los acuerdos con PDVSA.

La estructura accionaria es la que fija la ley para las empresas mixtas: PDVSA conserva el 60 %. KEO Energy tiene hoy el 24 % y un acuerdo vinculante para llegar al 40 %, según su nota de prensa. La empresa la presenta como algo que la distingue de otros actores de la reapertura petrolera: una compañía estadounidense con participación directa en activos que producen y con responsabilidad sobre su operación.

De quién era

Lo que la nota de prensa no cuenta es de dónde salió ese 40 %. Era de Odebrecht. La constructora brasileña, hoy llamada Novonor, tenía su parte en PetroUrdaneta a través de Odebrecht E&P España, según comunicados bursátiles de la propia KEO y la prensa especializada de Brasil. Es la misma empresa que en diciembre de 2016 admitió ante el Departamento de Justicia de Estados Unidos haber pagado sobornos en una docena de países. En Venezuela, unos US$98 millones.

La compra fue por etapas. En octubre de 2023, cuando la empresa todavía se llamaba Maha Energy, pagó por la exclusividad para negociar. En marzo de 2024 firmó con Novonor el derecho a comprar entre el 60 % y el 100 % de su vehículo español. El 18 de marzo de 2026, el mismo día en que la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) publicó la licencia general 52, que autoriza negocios con PDVSA y nuevas empresas mixtas, ejerció la opción sobre el 24 %. En julio firmó la compra del 16 % restante por US$37,5 millones, más un pago condicionado a la producción.

Lo que se sabe porque cotiza en bolsa

A diferencia del acuerdo con NABEP, firmado el mismo 28 de agosto y todavía sin texto público, los términos de PetroUrdaneta se conocen en parte porque KEO Capital cotiza en Estocolmo y está obligada a informar al mercado. Su comunicado del 29 de agosto detalla cuatro piezas:

  1. Acuerdo integral: designa a KEO Energy operadora de PetroUrdaneta, con la responsabilidad técnica y operativa que prevé el artículo 36 de la Ley Orgánica de Hidrocarburos.
  2. Servicios integrados: KEO se encarga en exclusiva de compras, contrataciones y suministro de personal para los campos.
  3. Financiamiento: una línea de crédito de hasta US$350 millones, que se libera según el plan de trabajo.
  4. Administración de pagos: KEO maneja cuentas separadas por las que pasan ingresos, impuestos, regalías, costos, deuda y dividendos de la empresa mixta.

Esa última pieza es la que más pesa. Quien administra las cuentas decide en qué orden se paga y ve primero cada dólar que entra. Es un candado contra el desvío de fondos, un problema conocido en las empresas mixtas, y es también una cesión de control poco habitual. Un precedente cercano es el de la francesa Maurel & Prom, que en noviembre de 2023 obtuvo más control operativo y financiero sobre su empresa mixta en el mismo lago, según Bloomberg. Todos los acuerdos, aclara la empresa, dependen de las licencias de la OFAC.

Los 8.000 millones de barriles

KEO ha dicho que los campos de PetroUrdaneta guardan más de 8.000 millones de barriles. La cifra necesita una precisión: se refiere a petróleo original en sitio, todo el que hay en el subsuelo, no a reservas que se puedan extraer de forma rentable. La consultora Rystad Energy, que dio una estimación similar, advirtió que las cifras venezolanas tienen alta incertidumbre. KEO contrató un auditor independiente de reservas; espera su primer informe en el segundo semestre de 2026.

El dato de producción es más modesto. La última cifra pública, de 2023, era de unos 1.000 barriles diarios, según la prensa especializada que cubrió la venta. La nota de prensa de octubre no da ninguna cifra actual ni una meta. El plan, según los comunicados, es recuperar la producción sobre la infraestructura existente y construir plantas y gasoductos para procesar y vender el gas asociado.

El empleo

La nota de prensa dedica un apartado al Zulia: la operación requiere personal técnico, trabajadores especializados, servicios y logística, y KEO considera el empleo local «uno de los componentes fundamentales» de su participación. No dice cuántos puestos ni en qué plazo. Su propio texto lo resume en la última línea: el alcance de la apuesta «dependerá de la ejecución de sus planes, de las inversiones que concrete» y de convertir la actividad en más producción y más empleo.

¿Qué falta, exactamente?

  1. La producción: cuántos barriles diarios saca hoy PetroUrdaneta y cuál es la meta para 2027.
  2. Las reservas auditadas: el informe independiente que KEO prometió para este semestre.
  3. El texto de los acuerdos: los conoce el mercado de Estocolmo en resumen; los venezolanos no los han visto en Gaceta Oficial.
  4. El empleo: cuántos puestos, cuántos locales y cuándo.
  5. El cierre con Novonor: si la compra del 16 % que lleva a KEO al 40 % ya se completó; los comunicados de la empresa no son claros en ese punto.

Para leer más en INCÍSOS

  1. Seis semanas después, el acuerdo petrolero sigue sin texto público: el otro gran acuerdo petrolero del 28 de agosto, con NABEP, y lo que no se sabe de él.
  2. Un libro mide el acuerdo petrolero por petrodólar, no por barril: la Hoja de Ruta Energética de Venezuela 2026-2050, de Juan Carlos Sánchez M., sobre cómo evaluar estos negocios.
  3. Activos varados, el riesgo que el debate petrolero venezolano no mira: por qué tener barriles en el subsuelo no garantiza que valgan algo en 2050.
  4. Lo que votó el Cabildo: el 93 % de los participantes pidió frenar el acuerdo petrolero hasta que se explique.

Fuentes principales: Nota de prensa de KEO Energy (Maracaibo, 14 de octubre de 2026); comunicados de KEO Capital AB a Nasdaq Estocolmo (10 y 29 de agosto de 2026) y de Maha Capital (18 de marzo de 2026); The Energy Year (23 de octubre de 2023); eixos (20 de octubre de 2023); Energynews (1 de septiembre de 2026); Departamento de Justicia de EE. UU., acuerdo con Odebrecht (21 de diciembre de 2016), vía Folha de S.Paulo.

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Economía

Un libro mide el acuerdo petrolero por petrodólar, no por barril

No cuánto petróleo saldrá, sino en qué se convertirá la renta.

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Portada del libro Hoja de Ruta Energética de Venezuela 2026-2050, de Juan Carlos Sánchez M.

ECONOMÍA · LIBROS

Hoja de Ruta Energética de Venezuela 2026-2050, de Juan Carlos Sánchez M., examina el acuerdo entre Washington y Caracas con una pregunta distinta a la del debate público: no cuánto petróleo saldrá, sino en qué se convertirá la renta. Su respuesta es una hoja de ruta de ocho pasos hasta 2050.

Las 6W · INCÍSOS

QuéHoja de Ruta Energética de Venezuela 2026-2050. ¿Acuerdo petrolero o transición energética?, un libro de estudio sobre el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela y una propuesta de transición energética.
QuiénJuan Carlos Sánchez M., profesor de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Central de Venezuela, especialista en cambio climático y miembro de Grupo Orinoco. El texto desarrolla una presentación del propio autor.
CuándoPrimera edición de septiembre de 2026, con datos hasta el 29 de septiembre.
DóndeVenezuela. El acuerdo cubre 17 campos en la Faja Petrolífera del Orinoco y el Lago de Maracaibo.
Por quéPorque, según el autor, un acuerdo de esa escala «no puede discutirse solo en términos de barriles y dólares».
CómoCuatro capítulos de diagnóstico, tres escenarios hasta 2050 y una propuesta de ocho pasos y tres fases, con glosario y preguntas para debatir.

El debate sobre el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela se ha contado en barriles: 17 campos, unos 65.000 millones de barriles de reservas probadas, hasta US$100.000 millones de inversión anunciada. El libro de Juan Carlos Sánchez M. propone cambiar la unidad de medida: «Lo relevante no es cuántos barriles se producen, sino en qué se convierte cada petrodólar de renta capturada».

Sánchez no es un recién llegado al tema. Es doctor ingeniero por el Instituto Nacional de Ciencias Aplicadas de Toulouse, profesor de la Escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Central de Venezuela y miembro de Grupo Orinoco, un centro de pensamiento sobre energía y ambiente que firma la edición. Coordinó el primer inventario nacional de gases de efecto invernadero, fue coautor de la Primera Comunicación Nacional de Venezuela sobre cambio climático, asesoró a las delegaciones venezolanas en las negociaciones de la Convención sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kioto, y fue autor principal del informe especial del IPCC sobre captura y almacenamiento de carbono. El IPCC, el panel científico de la ONU sobre el clima, recibió el Nobel de la Paz en 2007.

Es un libro didáctico, pensado para estudiantes, funcionarios, periodistas y dirigentes, y está escrito como tal. Cada capítulo abre con objetivos, cierra con preguntas y distingue lo que se sabe por anuncios oficiales, lo que reportó la prensa y lo que es interpretación del autor. Con un acuerdo cuyo texto no se ha publicado, esa distinción vale tanto como el análisis.

Lo que el libro ve en el acuerdo

Para Sánchez, el acuerdo no es una inversión extranjera convencional, sino una «arquitectura de gobernanza» que traslada a Washington las decisiones sobre la producción y la venta del crudo. Lo inédito, escribe, no son los montos sino que el Gobierno estadounidense se queda con el 35 % del operador, North American Blue Energy Partners (NABEP), con veto sobre su junta directiva.

El libro descompone el esquema comercial en dos piezas. Vender el 20 % de la producción al costo, para la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos, es una transferencia de renta: ese barril se vende sin ganancia. La prioridad de compra sobre el 80 % restante limita a quién más se le puede vender. Y entre lo que Venezuela cede y lo que recibe hay una «asimetría temporal»: la operación se entrega de inmediato y la inversión depende de que el operador la encuentre rentable. Lo resume en una línea: «el país entrega hoy lo que tiene y recibe mañana, quizás, lo prometido».

Legalidad como costo

El capítulo más útil para el lector no especializado separa cuatro objeciones que suelen mezclarse: la ilegitimidad (quién firmó y con qué autoridad), la ilegalidad (si el diseño respeta los artículos 12, 150, 187, 302 y 303 de la Constitución y la Ley de Hidrocarburos reformada en enero de 2026), la opacidad (el texto y sus anexos no se conocen) y la discrecionalidad (se negoció en secreto y se aprobó en una sola sesión, el 1 de septiembre).

Su argumento central no es moral sino financiero: la duda sobre la validez del acuerdo encarece el dinero. Un inversionista que no sabe si su contrato sobrevivirá a un cambio de gobierno exige más rentabilidad y prefiere los proyectos de retorno rápido. Así, «la legalidad y la transparencia son condiciones de viabilidad económica».

«Si el Estado no mide, no cobra»

El libro dedica un capítulo a PDVSA, que pasa de operador único a socio minoritario, regulador residual y receptor de renta. El problema está en esa última función. Los impuestos y regalías se calculan sobre costos que declara el operador, y una PDVSA con dos taladros activos y refinerías que han trabajado en 2026 entre un cuarto y un tercio de su capacidad difícilmente podrá auditarlos. El autor lo plantea como pregunta: «PDVSA dependerá de auditar costos, pero no puede auditarlos. ¿Qué le quedará entonces del beneficio prometido?».

Tres futuros y una hoja de ruta

Sánchez plantea tres escenarios, sin asignarles probabilidades. En el primero, el acuerdo no colapsa pero queda reducido a «una mediocridad estable». En el segundo, se renegocia y las empresas solo explotan los campos maduros del Zulia, los «mangos bajitos», mientras crece el riesgo de que el crudo pesado pierda valor antes de agotarse (la nota Activos varados explica ese concepto). En el tercero, la renta financia la transición. Lo que separa uno de otro, concluye, «no es el precio del petróleo ni la geología, sino la calidad de las instituciones».

La propuesta tiene ocho pasos. Los más concretos son separar en organismos distintos la política, la regulación y la operación, con una Agencia Nacional de Hidrocarburos que mida la producción y audite los costos; crear un Fondo de Transición Energética alimentado por el ingreso extraordinario sobre un precio de referencia del barril, con reglas de retiro y de uso blindadas por ley; y reparar la red eléctrica antes de instalar renovables a gran escala. Calcula que 700 a 800 megavatios renovables para 2033 son factibles. Los otros pasos atienden a los estados petroleros, a los trabajadores del sector y a la minería ilegal en Guayana.

Seis semanas después

El libro cerró sus datos el 29 de septiembre. Desde entonces, sus advertencias han ganado actualidad. El 12 de octubre, más de cien académicos, economistas, dirigentes y gremios firmaron un manifiesto que pide suspender el acuerdo por su «extrema opacidad y precariedad legal». El 13 de octubre, NABEP anunció la llegada de sus primeros taladros, justo el cuello de botella que el libro identifica (lo contamos aquí). Y el texto íntegro sigue sin publicarse (lo que se sabe y lo que no).

¿Qué falta, exactamente?

  1. Números para el fondo: el libro explica bien cómo debe funcionar el Fondo de Transición, pero no propone qué precio de referencia usar ni cuánto dinero reuniría con la producción actual. Sin esa cifra, la propuesta cuesta más de discutir.
  2. Quién la ejecuta: la hoja de ruta exige instituciones que hoy no existen, y el libro no dice qué gobierno ni qué mayoría la impulsaría ni en qué orden, frente a una autoridad que firmó el acuerdo tal como está.
  3. El operador real: el libro describe a NABEP como una empresa casi desconocida con tres proyectos en el país, pero no analiza su producción declarada, unos 200.000 barriles diarios según la propia compañía, que es su principal carta de presentación.

Veredicto

Es el material más ordenado que hemos leído para entender qué se firmó, qué se discute y qué se podría hacer con la renta. Su mayor acierto es cambiar la pregunta. Su mayor límite es que, entre el diagnóstico y la propuesta, falta el camino político para llegar de uno a otro.

Ficha

  1. Título: Hoja de Ruta Energética de Venezuela 2026-2050. ¿Acuerdo petrolero o transición energética?
  2. Autor: Juan Carlos Sánchez M.
  3. Edición: Grupo Orinoco, primera edición, septiembre de 2026; 53 páginas, con cinco figuras, nueve tablas, referencias en formato APA y glosario
  4. Estructura: introducción, ocho capítulos y conclusiones

Fuentes principales: Juan Carlos Sánchez M., Hoja de Ruta Energética de Venezuela 2026-2050. ¿Acuerdo petrolero o transición energética?, libro didáctico, primera edición, septiembre de 2026 (Grupo Orinoco); El Nacional (12 y 13 de octubre de 2026); Finanzas Digital, con información de Bloomberg (10 de septiembre de 2026).

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