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Política

«No es una fiesta que necesite invitación»: el reclamo de Fico Gutiérrez por sus bomberos varados

El alcalde de Medellín, Federico «Fico» Gutiérrez, denunció que su equipo de bomberos especializados esperó horas en un aeropuerto venezolano sin autorización para ingresar. Su reclamo destapa la tensión entre la urgencia del rescate y los protocolos de coordinación que rigen la ayuda internacional.

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Equipo de bomberos con equipos de rescate esperando en un aeropuerto

El alcalde de Medellín denunció que su equipo de bomberos especializados pasó horas varado en un aeropuerto venezolano sin permiso para entrar a ayudar. Su reclamo, más allá de la indignación, abre una pregunta de fondo sobre cómo se coordina —y cómo se traba— la ayuda internacional en una emergencia.

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Qué El alcalde de Medellín denunció que sus bomberos esperaron horas para poder entrar a Venezuela.
Quién Federico «Fico» Gutiérrez, los Bomberos de Medellín y las autoridades de Venezuela y Colombia.
Cuándo El reclamo se difundió el viernes 26 de junio de 2026, en plena emergencia.
Dónde En un aeropuerto en territorio venezolano, con la misión rumbo a las zonas del desastre.
Por qué La ayuda internacional debe pasar por una coordinación oficial que, denuncia, retrasó el ingreso.
Cómo A través de un mensaje público del alcalde en la red social X.

La solidaridad internacional con Venezuela tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026 chocó, en al menos un caso, con una traba burocrática que se volvió pública. El alcalde de Medellín, Federico «Fico» Gutiérrez, denunció que un equipo de bomberos de su ciudad, enviado para sumarse a las labores de rescate, quedó varado durante horas en un aeropuerto venezolano sin autorización para ingresar.

El reclamo

En un mensaje difundido en la red social X, el alcalde no midió palabras. Calificó la situación de «absurdo» y relató que los Bomberos de Medellín llevaban cuatro horas en una sala de un aeropuerto en territorio venezolano. «El pueblo venezolano necesitando atención en la búsqueda de personas con y sin vida por el terrible terremoto y las «autoridades» de Venezuela no los deja ingresar», escribió Gutiérrez, entrecomillando con ironía la palabra autoridades.

La frase que resumió su indignación apuntó al corazón del asunto: «Es una emergencia. No es una fiesta que necesite invitación. Se trata de la vida de la gente». El alcalde repartió críticas en dos direcciones: hacia las autoridades venezolanas, por no permitir el ingreso, y hacia el propio gobierno colombiano, al que cuestionó por insistir en que toda la ayuda debía canalizarse a través de sus instancias de coordinación.

El contexto de la misión

La denuncia cobra peso por lo que estaba en juego. Los Bomberos de Medellín no eran un grupo improvisado: se trata de una misión de 22 especialistas —21 bomberos y un ingeniero— con cuatro toneladas de equipos de alta tecnología, según había detallado la propia Alcaldía. El equipo cuenta con capacidades para búsqueda y rescate en estructuras colapsadas, localización electrónica de víctimas, rescate vertical, drones, estabilización de edificaciones e iluminación para operaciones nocturnas, además de autonomía logística para operar siete días sin generar carga al país receptor. El traslado fue posible, además, gracias a una aerolínea de origen venezolano que donó el vuelo y a empresarios de Medellín que aportaron recursos.

En un escenario donde los especialistas insisten en que las primeras 72 horas son decisivas para hallar sobrevivientes, cada hora de un equipo así detenido en una sala de aeropuerto es, en efecto, tiempo que no se recupera.

La otra cara: por qué existe la coordinación

El reclamo de Gutiérrez, siendo legítimo, convive con una realidad que conviene explicar para no quedarse en la indignación. La ayuda internacional en desastres no entra a un país de forma libre: se canaliza a través de protocolos de coordinación con las autoridades nacionales. Venezuela estableció que las misiones extranjeras se integran «bajo la coordinación de las autoridades venezolanas», y el propio gobierno de Colombia gestionó el grueso de su ayuda —un contingente de 63 rescatistas con perros, transportado en aviones militares— a través de su Unidad Nacional de Gestión del Riesgo, en articulación con Caracas.

Esa coordinación tiene una razón de ser: evitar el caos de equipos que llegan sin un destino asignado, duplican esfuerzos o, como advirtió la propia presidenta encargada Delcy Rodríguez respecto de los voluntarios, terminan obstaculizando la circulación que necesitan las operaciones de rescate. El problema, en la práctica, aparece cuando esos protocolos —pensados para ordenar— se vuelven lentos y dejan a un equipo capacitado esperando mientras el reloj corre. Ahí, la coordinación deja de ser una herramienta y empieza a ser un obstáculo.

Una arista política

El episodio tuvo también una lectura política interna colombiana. Gutiérrez, alcalde de oposición y crítico del gobierno de Gustavo Petro, aprovechó para cuestionar el manejo de la ayuda por parte de la Casa de Nariño. La emergencia venezolana, así, se cruzó con la política colombiana, en un país donde la relación con Caracas es un tema de permanente tensión. Más allá de ese cruce, el episodio dejó expuesta una verdad incómoda que distintos actores vienen señalando desde el primer día: en esta tragedia, buena parte de la fricción no estuvo en la falta de ayuda, sino en la dificultad para hacerla llegar a tiempo.

Este episodio forma parte del hilo de la descoordinación que INCÍSOS viene documentando: el reportaje sobre la sociedad civil que se organizó sola, la nota sobre la ayuda que llega a cuentagotas en La Guaira y la denuncia sobre la suspensión del registro en el Poliedro completan el cuadro.


Fuentes principales: Mensajes públicos de Federico Gutiérrez en la red social X; comunicados de la Alcaldía de Medellín y el DAGRD; Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia (UNGRD); reportes de Semana, Minuto30 y El Colombiano (25 y 26 de junio de 2026).

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Política

Registro de voluntarios en el Poliedro: lo anunciaron, lo suspendieron entre reclamos y lo reabrieron

El centro de registro de voluntarios para La Guaira, instalado en el Poliedro de Caracas, vivió una noche accidentada: se anunció para las 7, se suspendió entre reclamos hacia las 11 y horas después fue rehabilitado. La cronología de una gestión que tropezó y corrigió sobre la marcha.

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Fila de personas esperando en la noche para registrarse como voluntarios

El centro de registro de voluntarios para La Guaira, en el Poliedro de Caracas, vivió una noche en tres actos: se anunció para las 7, se suspendió entre reclamos hacia las 11 y horas después fue rehabilitado. Una secuencia que retrata, en pocas horas, la gestión de la emergencia.

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Qué El registro de voluntarios para La Guaira se anunció, se suspendió entre reclamos y luego se reabrió.
Quién Ciudadanos voluntarios, el Gobierno y organizaciones de la sociedad civil que denunciaron la pausa.
Cuándo La noche del viernes 26 de junio de 2026, en cuestión de horas.
Dónde En el Poliedro de Caracas, centro único de acreditación para ingresar a La Guaira.
Por qué El registro es obligatorio para entrar a la zona del desastre, restringida desde las 8 de la noche.
Cómo Con cédula, datos del vehículo y entrega de un chaleco con código de acceso.

El centro de registro de voluntarios instalado en el Poliedro de Caracas, pensado para ordenar el ingreso de ciudadanos a las labores de rescate en La Guaira, protagonizó una noche accidentada que se cuenta mejor en tres actos. Su recorrido, en pocas horas, condensó buena parte de lo que ha caracterizado la respuesta a la emergencia: una intención de orden que tropieza en la ejecución y corrige sobre la marcha.

Acto uno: el anuncio

Durante la tarde del viernes 26 de junio de 2026, el Gobierno anunció que a partir de las 7 de la noche funcionaría en el Poliedro un centro de registro de voluntarios. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el ministro de Interior, Diosdado Cabello, lo presentaron como requisito obligatorio: desde las 8 de la noche, el acceso a La Guaira quedaría restringido, y solo podrían entrar quienes contaran con la acreditación. El procedimiento contemplaba clasificar a los voluntarios por experticia y entregarles una credencial con código QR; a los motorizados, un chaleco identificatorio. El argumento era la urgencia: el país atravesaba, en palabras de Rodríguez, «las horas más críticas y sensibles» del rescate.

Acto dos: la suspensión y los reclamos

Pero la noche no transcurrió según el guion. Hacia las 11, los ciudadanos que habían acudido al Poliedro a inscribirse fueron informados de que el proceso no continuaría durante la jornada y que debían regresar al día siguiente. La medida generó malestar entre las decenas de personas que esperaban para colaborar, y derivó en reclamos y expresiones de inconformidad que quedaron registrados en video y fueron reportados por La Patilla.

La denuncia tuvo voceros con nombre. El área de derechos humanos de Vente Venezuela —el partido de la dirigente opositora María Corina Machado—, a través de su cuenta Vente DDHH, señaló que desde el Poliedro los voluntarios «exigen la apertura del sistema de registro» y que los funcionarios se negaban, alegando que debían acudir al día siguiente. La organización planteó una acusación de fondo: que las autoridades no solo cerraban el acceso de voluntarios, sociedad civil y periodistas a las zonas afectadas, sino que instalaban «protocolos que alargan la espera de las víctimas que permanecen bajo los escombros». «Basta de jugar con la necesidad de los venezolanos», reclamó.

Acto tres: la reapertura

Horas después, el proceso fue rehabilitado. Según reportó Globovisión, el registro volvió a quedar operativo en el Poliedro: para inscribirse, los voluntarios deben presentar su cédula de identidad e indicar el tipo de vehículo que utilizarán para la labor; a continuación, se les entrega un chaleco con un código que les permite el acceso a La Guaira. El requisito se mantiene como vía única para ingresar a la zona del desastre.

Lo que la secuencia revela

Que el registro se reabriera no borra lo ocurrido; lo enmarca. La pregunta que deja la noche no es si finalmente hubo acreditación —la hubo—, sino por qué un proceso anunciado con tanta urgencia tuvo que suspenderse y devolver a su casa, así fuera por horas, a decenas de personas dispuestas a ayudar, justo cuando las propias autoridades insistían en que cada hora contaba para hallar sobrevivientes. La interrupción, en un operativo verdaderamente planificado, no debería haber ocurrido.

El episodio se inscribe en una secuencia más amplia que ha marcado estos días. Primero se pidió a la gente que no bajara a La Guaira por su cuenta. Luego se anunció un registro para canalizarla de forma ordenada. Ese registro se suspendió entre reclamos y se reabrió de madrugada. Cada paso, por separado, admite una explicación; juntos, dibujan el patrón que vecinos, voluntarios y rescatistas vienen describiendo desde la primera noche: el de una respuesta que se construye sobre la marcha, a fuerza de tropiezos y correcciones, en lugar de desplegarse desde un plan previo a la altura de la emergencia.

Este episodio forma parte del hilo de la descoordinación que INCÍSOS viene documentando: el reportaje sobre la sociedad civil que se organizó sola, la nota sobre la ayuda que llega a cuentagotas en La Guaira y el reclamo de Fico Gutiérrez por sus bomberos varados completan el cuadro.


Fuentes principales: Reportes de Globovisión sobre la reapertura del registro; cobertura de La Patilla sobre la suspensión y los reclamos; pronunciamiento de Vente DDHH (Vente Venezuela); declaraciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez y del ministro Diosdado Cabello; cobertura de El Universal, El Nacional y El Espectador (26 de junio de 2026).

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Política

La Plataforma Unitaria exige transparencia en la ayuda y convoca a una jornada de oración

A 48 horas del terremoto, la Plataforma Unitaria Democrática emitió un comunicado en el que exige que la ayuda llegue con transparencia a los damnificados, reclama concentrar maquinaria en La Guaira, ofrece sus sedes como centros de acopio y convoca a una jornada nacional de oración.

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Voluntarios organizando cajas de ayuda humanitaria en un centro de acopio

A 48 horas de la tragedia, la coalición opositora fijó posición en un comunicado: pidió concentrar maquinaria pesada en La Guaira, exigió transparencia en el manejo de las donaciones, puso sus sedes como centros de acopio y convocó a orar. Esto es lo que dice y lo que reclama.

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Qué La Plataforma Unitaria Democrática exigió transparencia en la ayuda y reclamó concentrar recursos en La Guaira.
Quién La coalición opositora que agrupa a los partidos de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD).
Cuándo En un comunicado fechado en Caracas el viernes 26 de junio de 2026.
Dónde Dirigido a las zonas del desastre, con énfasis en el estado La Guaira.
Por qué La coalición sostiene que el Estado no estaba preparado para una tragedia de esta magnitud.
Cómo Mediante exigencias concretas, la apertura de sus sedes como acopio y una convocatoria a orar.

A 48 horas del doble terremoto del 24 de junio de 2026, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) —la coalición que agrupa a los principales partidos de la oposición— fijó su posición en un comunicado. El texto combina una lectura crítica de la respuesta estatal, una serie de exigencias concretas y un llamado a la unidad nacional ante la emergencia.

El diagnóstico

El punto de partida del documento es una afirmación directa: las primeras horas de la emergencia, sostiene la coalición, dejaron en evidencia que el Estado venezolano no estaba preparado para responder a una tragedia de esta magnitud. La PUD atribuye a la insuficiencia de recursos, equipos especializados y capacidad de respuesta el que miles de ciudadanos, voluntarios y organizaciones hayan tenido que asumir tareas que —según el texto— debieron contar con una estructura pública robusta y plenamente operativa. De ahí deriva su conclusión de fondo: el país necesita instituciones capaces de prevenir, responder y proteger la vida de su gente.

Este diagnóstico coincide con el que documentó INCÍSOS en el reportaje «Los que decidieron ir: la sociedad civil que se organizó sola mientras el Estado improvisaba», que reconstruye las primeras horas de la respuesta ciudadana frente a la ausencia de planificación estatal.

Las exigencias

El comunicado plantea dos reclamos concretos. El primero es operativo: un llamado urgente a concentrar todos los recursos humanos, equipos especializados y maquinaria pesada en las zonas más afectadas, en particular en el estado La Guaira, donde —subraya— cada minuto puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

El segundo apunta al manejo de la ayuda: la coalición exige que todas las donaciones, insumos médicos, alimentos y medicamentos destinados a la emergencia sean administrados con absoluta transparencia y lleguen oportunamente a quienes realmente los necesitan. Es un reclamo que conecta con una preocupación extendida en la sociedad civil sobre la trazabilidad de la ayuda en contextos de catástrofe.

Lo que la coalición dice estar haciendo

El texto también detalla acciones propias. Según el comunicado, los partidos que integran la PUD pusieron sus sedes al servicio de la emergencia, habilitándolas como centros de acopio y coordinación para apoyar a hospitales, refugios y comunidades afectadas, con equipos de voluntarios desplegados en distintas labores de asistencia.

El llamado a orar

Finalmente, la coalición convocó a los venezolanos, «sin distinción alguna», a una jornada nacional de oración desde hogares, iglesias y templos, para orar por los fallecidos, por la recuperación de los heridos y por el rescate con vida de quienes permanecen desaparecidos. La convocatoria a la oración coincide con un llamado similar de la Conferencia Episcopal Venezolana, que fijó una jornada nacional para el domingo 28 de junio —una iniciativa distinta, convocada de forma independiente por la jerarquía de la Iglesia Católica.

El comunicado cierra con una apelación a la unidad: la coalición sostiene que, más que nunca, Venezuela necesita que prevalezcan la solidaridad y el compromiso de todos, con un propósito común de proteger la vida y acompañar a quienes sufren.


Nota de contexto: Esta nota reseña un comunicado de la Plataforma Unitaria Democrática y atribuye a la coalición sus afirmaciones y exigencias. No constituye una toma de posición de INCÍSOS sobre el contenido del documento.

Fuentes principales: Comunicado de la Plataforma Unitaria Democrática «A 48 horas de la tragedia: unidad, solidaridad y compromiso con Venezuela» (Caracas, 26 de junio de 2026); Conferencia Episcopal Venezolana (26 de junio de 2026).

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Política

Los que decidieron ir: la sociedad civil que se organizó sola mientras el Estado improvisaba

Frente al doble terremoto, miles de venezolanos tomaron una decisión consciente: ir a ayudar. Lo hicieron sin maquinaria y sin instrucciones, mientras las autoridades, sin un plan previo para ninguna fase de la emergencia, primero los frenaban y solo después intentaban organizarlos. Un reportaje sobre dos formas de responder a la catástrofe.

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Cadena humana de voluntarios pasando escombros en zona de desastre del terremoto

Frente a la catástrofe, dos respuestas se midieron en tiempo real. Una nació de abajo: miles de personas que decidieron, una por una, ir a ayudar. La otra venía de arriba y llegó tarde, sin un plan previo para ninguna fase de la emergencia. Esta es la crónica de esa distancia.

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Qué La sociedad civil se organizó sola para rescatar mientras el Estado respondía sin un plan previo.
Quién Voluntarios, vecinos y rescatistas improvisados, frente a las autoridades de la emergencia.
Cuándo Desde las primeras horas tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026.
Dónde En La Guaira y Caracas, las zonas más golpeadas por los sismos.
Por qué La ausencia de planificación estatal dejó el primer rescate en manos de la ciudadanía.
Cómo Con herramientas propias y cadenas humanas, ante la falta de maquinaria y coordinación oficial.

Hubo un momento, en las horas que siguieron al doble terremoto del 24 de junio de 2026, en que miles de venezolanos tomaron la misma decisión por separado. No la tomó un ministerio ni una sala situacional. La tomó cada uno, en su casa, mirando las imágenes de los edificios caídos: ir. Bajar a La Guaira, salir a las calles de Altamira, cargar el carro con agua y palas y herramientas y manejar hacia donde la tierra se había tragado a la gente. Esa decisión —individual, repetida miles de veces hasta volverse colectiva— es el verdadero sistema de respuesta que Venezuela tuvo en las primeras horas. No el del Estado. El de su gente.

Este reportaje trata de esa distancia: la que separa a quienes decidieron ir de quienes, teniendo la obligación de planificar, llegaron a improvisar.

La decisión de abajo

Las escenas se repitieron en cada zona afectada. Por la autopista que une La Guaira con Caracas bajaban vecinos en moto cargando herramientas para sumarse a los rescates. En Altamira, los habitantes se volcaron a las calles con linternas y agua para apoyar a los equipos de rescate y bomberos. En los escombros de los edificios colapsados, familiares y desconocidos cavaban codo a codo, removiendo concreto con las manos porque no había otra cosa con qué hacerlo.

Conviene detenerse en lo que significa esa decisión. Ir a una zona de desastre no es un acto reflejo: es una elección que implica riesgo —réplicas, estructuras inestables, ausencia de seguridad— y un esfuerzo físico extremo. Quien cargó agua hasta un refugio, quien prestó su camioneta, quien hizo cadena humana para pasar escombros, eligió hacerlo. Como han documentado los reportes en el terreno, la solidaridad ciudadana fue fundamental para las primeras labores de búsqueda. En un país donde los expertos coinciden en que las primeras 72 horas son decisivas para encontrar personas con vida, esa movilización espontánea no fue un gesto simbólico: fue, literalmente, la primera línea de rescate.

La respuesta de arriba

Frente a esa marea de voluntad, ¿qué hizo el aparato estatal? La respuesta es incómoda, y se entiende mejor observando un detalle. Dos días después del sismo, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, pidió a la ciudadanía abstenerse de dirigirse a La Guaira porque, dijo, estaban obstaculizando la circulación que necesitaban las fuerzas de rescate. Y anunció que esa misma noche comenzaría un registro oficial de voluntarios en el Poliedro de Caracas, organizado por experticia.

Leído con cuidado, ese anuncio dice más de lo que parece. Significa que, cuarenta y ocho horas después de la catástrofe, recién se montaba el mecanismo para organizar a los voluntarios. La energía ciudadana llevaba dos días desplegada por su cuenta, sin canalización oficial, y la respuesta del Estado no fue dirigirla desde el primer minuto sino, primero, pedirle que se detuviera, y solo después, ofrecerle un registro. No es un matiz menor: revela que no existía un plan previo para incorporar a la sociedad civil a la respuesta. Se improvisó sobre la marcha, reaccionando a la gente en lugar de organizarla.

Un Estado sin plan para ninguna fase

La gestión de desastres se piensa en fases: preparación, respuesta inmediata, estabilización y reconstrucción. Cada una exige planificación anticipada. Lo que el terremoto dejó al descubierto es la ausencia de esa planificación en prácticamente todas ellas.

En la preparación: a diferencia de Chile o Japón —países sísmicos que desarrollaron durante décadas simulacros periódicos y protocolos conocidos por la población—, en Venezuela los programas de capacitación masiva no alcanzaron continuidad ni profundidad, según los especialistas. En la respuesta inmediata: bomberos y rescatistas pedían maquinaria pesada que no llegaba, y algunos fueron vistos pidiendo prestados teléfonos para iluminarse, ante la falta de linternas. En la atención sanitaria: el sistema hospitalario llegó al desastre ya colapsado, con un noventa por ciento de los hospitales en escasez crónica de medicinas y equipos, según organizaciones internacionales. La diferencia entre disponer o no de excavadoras y grúas, en una emergencia así, puede ser la diferencia entre rescatar a un sobreviviente o recuperar un cuerpo.

El exdirector nacional de Defensa Civil Ángel Rangel lo resumió, en entrevista con este medio, en una idea que el terremoto confirmó: la voluntad sola no salva vidas si no hay un mando único, equipos especializados y un plan que los coordine. Hubo declaraciones de altos funcionarios, pero no, en esas primeras horas, un equipo de gestión visible operando con un plan.

Las dos lecciones

De esta tragedia salen dos lecciones que conviene no confundir. La primera es luminosa: la sociedad civil venezolana demostró una capacidad de auto-organización notable, capaz de suplir durante días la ausencia del aparato estatal. Esa fuerza es real y merece reconocimiento.

La segunda es una advertencia: esa misma fuerza no debería haber tenido que suplir nada. El heroísmo ciudadano no es un sistema de protección civil; es lo que ocurre cuando ese sistema falla. Apoyarse en él como si fuera la respuesta —celebrarlo desde el poder como un logro— es, en el fondo, una forma de admitir la propia ausencia. Los voluntarios decidieron ir. La pregunta que queda abierta, y que excede a esta emergencia, es por qué tuvieron que decidirlo solos.


Fuentes principales: Reportes en el terreno de CNN en Español, Infobae, France 24, Acento y Reuters (25 y 26 de junio de 2026); declaraciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez en Venezolana de Televisión; entrevista de INCÍSOS con Ángel Rangel, exdirector nacional de Defensa Civil; Comité Internacional de Rescate (IRC).

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