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Economía

Jorge Jraissati quiere reconectar a Venezuela con los mercados globales

El economista venezolano Jorge Jraissati, presidente del Economic Inclusion Group, plantea que la reconstrucción de Venezuela empieza por darle herramientas financieras a la gente común.

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Nació en Barquisimeto en 1996 y creció viendo a un país volverse cada año más pobre. Esa experiencia se convirtió en el centro de su trabajo: una propuesta de reconstrucción de Venezuela que empieza por darle herramientas financieras a la gente común.

Jorge Jraissati es economista venezolano y presidente del Economic Inclusion Group. Su trabajo nació de una pregunta que enfrentó por primera vez en Venezuela: por qué un país con tanto talento y tanta riqueza deja a tanta gente sin las herramientas básicas para construir una vida estable. Hoy trabaja en la reconstrucción económica de Venezuela y, en el plano internacional, en cómo avanzar en inclusión financiera y seguridad económica.

Para Jraissati, esos temas no son categorías abstractas de política pública. Empezaron en Barquisimeto, donde nació en 1996 y donde creció viendo a su país volverse más pobre, más dividido y menos capaz de recompensar el trabajo honesto.

Recuerda haber escuchado a sus padres hablar de la economía cada año con una decepción más profunda. Los precios cambiaban. Las regulaciones se multiplicaban. El conflicto político entraba en la vida cotidiana. El país que debía permitir a las familias trabajar, ahorrar, invertir y ascender a la clase media se convirtió en un lugar donde la actividad comercial dependía cada vez más del acceso político.

Sus padres no eran personas políticas, según los describe. Eran hijos de inmigrantes. Por el lado de su madre, la familia tenía raíces italianas y se asentó en Acarigua. Por el de su padre, raíces libanesas, en Barquisimeto. Querían trabajar, formar una familia, tener casa propia y vivir una vida estable de clase media alta.

Esa ambición común se volvió difícil de sostener en Venezuela. Jraissati recuerda a su padre intentando importar mercancía desde Panamá alrededor de 2012, solo para chocar con controles de precios, controles de cambio y regulaciones que hacían casi imposible expanderse. En 2013, cuando Nicolás Maduro impuso controles de precios sistemáticos, Jraissati vio a su padre obligado a remarcar la mercancía y absorber pérdidas.

«Eso me marcó», dijo Jraissati en una entrevista. Lo que lo marcó no fue solo la pérdida financiera. Fue la contradicción entre el esfuerzo y el resultado. Sus padres trabajaban duro, pero el sistema a su alrededor hacía que el éxito comercial honesto fuera cada vez más difícil.

De Barquisimeto a la economía

A los 16 años ya había decidido estudiar economía. Quería entender por qué un país con los recursos de Venezuela podía empobrecerse cada año. Quería entender por qué la política pública podía permitir que la gente construyera un futuro o destruir las condiciones que hacen posible ese futuro.

Su meta declarada se ha mantenido constante: entender la economía lo suficiente como para aplicar ese conocimiento a Venezuela. Suele describir su trabajo en términos de reducción de pobreza, formación de clase media, inversión, acceso financiero y las condiciones institucionales que permiten a las familias vivir con dignidad.

Jraissati salió de Venezuela por primera vez siendo adolescente para estudiar inglés en Saint Joseph’s University, en Filadelfia. Su plan era regresar. Pero las protestas de 2014 cambiaron el cálculo. Concluyó que estudiar en Estados Unidos le permitiría aprender más rápido y, eventualmente, aportar más. Más tarde obtuvo títulos en economía y negocios en el Wilkes Honors College de Florida Atlantic University, y luego cursó una maestría en finanzas en Harvard University. Su formación académica no estuvo separada de Venezuela: estuvo organizada alrededor de ella.

El regreso y la observación de campo

En 2017, las protestas en Venezuela lo devolvieron a la incidencia pública. Desde Estados Unidos veía a gente de su edad protestar, enfrentar la represión e ir a prisión. Ha dicho que no podía permanecer cómodo en Estados Unidos mientras jóvenes venezolanos arriesgaban su libertad en casa.

Ese año empezó a hablar en universidades estadounidenses para explicar la crisis venezolana a audiencias internacionales, en instituciones como la Universidad de Minnesota, la Universidad de Nueva York y la Universidad de Maryland. Su trabajo académico también siguió enfocado en Venezuela: entre 2017 y 2018 escribió su tesis de pregrado sobre macroeconomía venezolana y petróleo, premiada por su facultad.

Tras graduarse en 2019 con dos títulos, Jraissati regresó a Venezuela. Esperaba quedarse solo unos meses antes de seguir con estudios de posgrado. En cambio, se quedó cerca de un año y medio, desde principios de 2020 hasta finales de 2021. Ese regreso se volvió un período formativo: le dio exposición directa a la crisis humanitaria y económica de Venezuela. Durante esos años escribió sobre la crisis venezolana para medios estadounidenses e internacionales, entre ellos —según su relato— Foreign Policy, National Review, publicaciones de la Universidad de Princeton y el Institute of Economic Affairs.

Vio la crisis no solo como una tragedia venezolana, sino como un caso institucional de estudio. Venezuela, en su lectura, mostró lo que ocurre cuando un país pierde el Estado de derecho, la estabilidad monetaria, los derechos de propiedad, la credibilidad financiera, la confianza para invertir y los servicios públicos básicos.

Una mirada comparada

Después de salir de Venezuela de nuevo a finales de 2021, Jraissati amplió el alcance de su investigación. Según su relato, se vinculó con Harvard a través del Abigail Adams Institute, donde tuvo un rol de investigador visitante, y tomó una posición de investigación en IESE Business School, en España.

Empezó a estudiar otros países de forma más sistemática. Ha visitado numerosos países para entender mejor sus desafíos de política pública, entre ellos Sudáfrica, Corea del Sur, Kenia, México, Colombia, Argentina, Brasil, Polonia, Estonia y Letonia. La pregunta detrás de todo ese recorrido era constante: ¿qué puede aprender Venezuela de la experiencia de otros países?

Ese camino lo llevó a crear el Economic Inclusion Group, una organización sin fines de lucro 501(c)(3) enfocada en proteger a personas y empresas frente a riesgos de exclusión financiera, ayudar a los países a fortalecer su seguridad económica y apoyar la reconstrucción económica de Venezuela. Sus áreas de trabajo incluyen inclusión financiera, debanking, regulación contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, represión financiera transnacional, seguridad financiera nacional y reconstrucción de Venezuela.

Los cinco pilares de la reconstrucción

Su agenda de reconstrucción para Venezuela tiene varios pilares.

El primero es la energía. Jraissati argumenta que Venezuela es un país con abundancia energética donde mucha gente todavía vive con electricidad poco confiable. En su análisis, esa contradicción es resultado de mal mantenimiento, diseño débil, baja inversión, corrupción y deterioro de la red eléctrica. Señala el complejo hidroeléctrico de Guri como ejemplo de un sistema cuya capacidad de generación no llega de forma eficiente a hogares y negocios. Para él, la reforma energética no es solo una cuestión de infraestructura: es un asunto de pobreza, de inversión y de capacidad del Estado.

El segundo es la reforma del sector financiero. Jraissati sostiene que Venezuela no puede atraer inversión de base amplia sin un sistema financiero que inversionistas, emprendedores y ciudadanos comunes puedan usar. Rechaza la idea de que el capital fluirá automáticamente hacia Venezuela una vez que mejoren las condiciones políticas. En su visión, el capital necesita garantías legales, reguladores creíbles, instrumentos financieros usables e instituciones capaces de reducir el riesgo.

Aquí se vuelve central su trabajo sobre inclusión financiera, debanking y seguridad financiera nacional. Venezuela está sujeta a sanciones y ha sido identificada por el Grupo de Acción Financiera Internacional (FATF, por sus siglas en inglés) como una jurisdicción bajo monitoreo intensificado, categoría a menudo llamada «lista gris». El FATF señala que las jurisdicciones bajo monitoreo intensificado trabajan con el organismo para corregir deficiencias estratégicas en sus sistemas contra el lavado de dinero, el financiamiento del terrorismo y el financiamiento de la proliferación. Para Jraissati, esa clasificación importa porque las evaluaciones de riesgo financiero afectan el comportamiento económico real: un país percibido como de alto riesgo tendrá dificultades para atraer capital ordinario.

El tercero es la inclusión financiera. Jraissati argumenta que suele malentenderse. No basta con que una persona tenga técnicamente una cuenta bancaria. La inclusión financiera real significa acceso a crédito, derechos de propiedad, garantías, herramientas de ahorro, sistemas de pago, financiamiento para negocios e instrumentos que permitan a los hogares formalizar activos y construir patrimonio. Eso conecta directamente con Venezuela: un plan de reconstrucción enfocado solo en petróleo, elecciones, sanciones o inversión extranjera sería incompleto. La reconstrucción, en su visión, también debe crear herramientas financieras para venezolanos comunes: emprendedores, propietarios de vivienda, agricultores, pequeños comerciantes, migrantes que regresan y jóvenes profesionales.

El cuarto es el de los activos digitales. Jraissati sostiene que el futuro sistema financiero de Venezuela no puede diseñarse como si las stablecoins, el Bitcoin, los criptoactivos y la tokenización no existieran. En su visión, los activos digitales pueden ayudar a reducir costos de transacción, apoyar la formalización de la propiedad y modernizar partes del sistema financiero. Es cuidadoso al ubicarlos dentro de un marco institucional más amplio: la tokenización por sí sola no reconstruye un país, ni el Bitcoin por sí solo resuelve la pobreza. Pero, debidamente regulados e integrados a un sistema financiero creíble, pueden ser parte de una estrategia moderna de reconstrucción.

El quinto es el liderazgo generacional. Jraissati argumenta que la reconstrucción de Venezuela no puede significar simplemente restaurar el viejo orden político y económico. Ha trabajado con un grupo de jóvenes expertos venezolanos, muchos menores de 40 años, en campos como petróleo, electricidad, seguridad, comercio internacional y atracción de inversión. Su énfasis no es la edad: es la formación, el mérito, la capacidad técnica y un apego compartido a Venezuela. También rechaza el clientelismo. Argumenta que Venezuela no puede reconstruirse mediante el nepotismo, las conexiones familiares o el favoritismo político.

Más allá de Venezuela

A través del Economic Inclusion Group, el trabajo de Jraissati se ha expandido hacia la incidencia internacional. Según su currículum, sus recomendaciones de política se han reflejado en reformas de inclusión financiera, protecciones de política de seguridad económica, estrategias internacionales de apoyo a la democracia en Venezuela, recomendaciones relacionadas con el Acuerdo Comercial UE-Mercosur y medidas para fortalecer la participación juvenil en procesos del Consejo de Europa.

Su currículum afirma además que ese trabajo involucró cooperación con más de 100 legisladores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo, así como deliberaciones de política en el FATF y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y contactos con el Tesoro y el Departamento de Estado de Estados Unidos, entre otras instituciones. INCÍSOS no verificó de forma independiente esas afirmaciones, que provienen del relato y el currículum del propio Jraissati.

Es investigador (research fellow) en IESE Business School y en el College of Business de Florida Atlantic University, según su currículum. Su comentario en medios ha aparecido, de acuerdo con la misma fuente, en The Wall Street Journal, Foreign Policy y National Review. También ha sido invitado a foros internacionales y, según su currículum, a dictar conferencias en universidades como Harvard, MIT y Cambridge.

El regreso al punto de partida

Aunque su trabajo es inherentemente político, Jraissati no se presenta principalmente como alguien atraído por la práctica diaria de la política. En la entrevista se describió como más interesado en construir proyectos, políticas públicas, fundaciones, centros de estudio y programas que generen empleo y aceleren el desarrollo económico. Dice que quiere ayudar a la gente, pero no a través del populismo. Su enfoque preferido es institucional.

Su visión de largo plazo regresa al hogar donde empezó la historia. Quiere que Venezuela se convierta en un país donde la gente pueda trabajar, tener casa, comprar carro, acceder a crédito, mandar a sus hijos a buenas universidades y vivir con electricidad confiable y comida decente. Quiere que los jóvenes venezolanos que desarrollaron habilidades en el exterior regresen a construir empresas e instituciones nuevas.

Por eso su trabajo sobre Venezuela es inseparable de su trabajo sobre inclusión financiera y seguridad financiera nacional. Un país no puede reconstruirse si sus ciudadanos no pueden acceder a financiamiento. No puede atraer inversión si su sistema financiero genera desconfianza. No puede crear una clase media si los hogares carecen de crédito, garantías, derechos de propiedad, electricidad y herramientas económicas formales.

Si su trabajo tiene éxito, dice, no se medirá solo en leyes cambiadas o informes publicados. Se medirá en familias que puedan comprar comida sin miedo, emprendedores que puedan abrir negocios sin conexiones políticas, jóvenes venezolanos que puedan regresar del exterior y millones de personas que finalmente puedan construir la vida que Venezuela les negó durante demasiado tiempo.


Preguntas frecuentes

¿Quién es Jorge Jraissati?
Jorge Jraissati es un economista venezolano, experto en política pública y presidente del Economic Inclusion Group.

¿Por qué es conocido Jorge Jraissati?
Por su trabajo sobre la reconstrucción económica de Venezuela, la inclusión financiera, el debanking, la política de activos digitales y la seguridad financiera nacional.

¿Qué es el Economic Inclusion Group?
Es una organización sin fines de lucro 501(c)(3) enfocada en los riesgos de exclusión financiera, la seguridad económica y la reconstrucción económica de Venezuela.

¿Cuál es la conexión de Jorge Jraissati con Venezuela?
Nació en Barquisimeto, Venezuela, en 1996. Su trabajo en economía y política pública estuvo moldeado por el deterioro económico del país: controles de precios, controles de cambio, declive institucional y crisis humanitaria.

¿Qué plantea Jorge Jraissati sobre la reconstrucción de Venezuela?
Argumenta que la reconstrucción requiere reforma energética, modernización del sector financiero, garantías de inversión, activos digitales, formalización de la propiedad, reducción de la pobreza y una nueva generación de expertos venezolanos con formación técnica.

¿En qué consiste su trabajo sobre debanking?
Se centra en cómo la exclusión financiera y las reglas de cumplimiento pueden afectar a los ciudadanos al cerrarles el acceso a servicios financieros y socavar sus oportunidades económicas.

¿Qué es la seguridad financiera nacional?
Es la protección de ciudadanos, empresas, sociedad civil e inversionistas frente a la exclusión financiera arbitraria, los riesgos de finanzas ilícitas, el debanking por motivos políticos y las debilidades institucionales que restringen el acceso al sistema financiero.

¿Ha trabajado Jorge Jraissati con legisladores e instituciones internacionales?
Según su currículum, ha cooperado con más de 100 legisladores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo, y su trabajo ha involucrado contactos con instituciones como el FATF, la OCDE y dependencias de gobierno en Estados Unidos y Europa. INCÍSOS no verificó de forma independiente estas afirmaciones.

¿Dónde ha publicado?
Según su currículum, ha publicado análisis en medios como The Wall Street Journal, Foreign Policy y National Review, además de artículos revisados por pares, documentos de trabajo y estudios de caso.

¿Qué estudió?
Su formación incluye títulos en economía y negocios en el Wilkes Honors College de Florida Atlantic University y estudios de maestría en finanzas en Harvard University.


Fuentes: Entrevista con Jorge Jraissati. Currículum y materiales públicos del Economic Inclusion Group. Las afirmaciones sobre cargos, reconocimientos académicos y vínculos institucionales provienen del relato y el currículum del entrevistado, y se atribuyen como tales.

Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →

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Economía

Las remesas a Centroamérica siguen subiendo, pero las mandan menos personas

El Triángulo Norte recibió 29.064 millones en remesas hasta julio, 7,1 % más. Pero hay menos migrantes, más deportaciones y un impuesto de 1 %.

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Foto editorial de la fachada de una agencia de envíos de dinero en un barrio latino, sin marcas identificables.

ECONOMÍA · CENTROAMÉRICA · ESTADOS UNIDOS

Guatemala, Honduras y El Salvador recibieron 29.064 millones de dólares en remesas entre enero y julio de 2026, un 7,1 % más que un año antes. Pero el aumento esconde un freno: llegan menos migrantes, hay más deportaciones y cada envío pesa más sobre menos espaldas.

Las 6W · INCÍSOS

QuéLas remesas a Centroamérica siguen creciendo, pero a menor ritmo y con menos remitentes.
QuiénMigrantes guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y nicaragüenses en EE.UU. y sus familias.
CuándoDatos de enero a julio de 2026 y proyecciones de septiembre para todo el año.
DóndeEstados Unidos y el norte de Centroamérica.
Por quéLlegan menos migrantes nuevos y aumentan las deportaciones.
CómoSegún cifras oficiales recogidas por EFE y un informe de Manuel Orozco para el Inter-American Dialogue.

Guatemala, Honduras y El Salvador recibieron 29.064 millones de dólares en remesas entre enero y julio de 2026, un 7,1 % más que en el mismo periodo de 2025, según datos recogidos por EFE. Guatemala recibió 15.447 millones; Honduras, 7.692 millones; El Salvador, 5.925 millones. Honduras fue el que más creció: 11,2 %.

Contexto: economías que dependen de un envío

Para estos países, las remesas no son un complemento. Según un informe de septiembre de Manuel Orozco para el Inter-American Dialogue, equivalen al 34 % del PIB de Honduras, al 33 % del de Nicaragua, al 28 % del de El Salvador y al 22 % del de Guatemala. Sostienen el consumo de los hogares, el comercio y el crédito.

Desde enero de 2026, además, los envíos en efectivo desde Estados Unidos pagan un impuesto de 1 %, aprobado en la ley que Trump firmó en julio de 2025.

Análisis: más dinero, menos remitentes

El informe de Orozco ubica a Centroamérica como la subregión más expuesta a la desaceleración de las remesas en América Latina. La razón es doble: llegan menos migrantes nuevos y aumentan las deportaciones. Proyecta 414.298 deportaciones de latinoamericanos y caribeños en 2026; de ellas, 73.324 de guatemaltecos, 51.150 de hondureños, 17.050 de salvadoreños y 9.300 de nicaragüenses.

Eso explica la paradoja. Las remesas siguen subiendo porque quienes se quedan envían más, a veces por miedo a ser deportados. Pero el número de transacciones baja. Para El Salvador, otro estudio proyecta que el crecimiento caerá a 2,5 % en 2027.

Para las familias centroamericanas en Estados Unidos, incluidas las de Columbus, cada envío carga hoy con más presión: menos hermanos para repartir la ayuda, más miedo y un impuesto nuevo si se manda en efectivo.

Criterio: tres pruebas

  1. Agosto y septiembre. Si los bancos centrales confirman que el crecimiento se frena en el segundo semestre.
  2. Las transferencias digitales. Si los envíos se pasan a cuentas bancarias y tarjetas para evitar el impuesto de 1 % al efectivo.
  3. Las deportaciones. Si el ritmo de deportaciones a Guatemala y Honduras sigue subiendo en el último trimestre.

Fuentes principales: EFE (vía Infobae, El Diario NY y ABC Color), 18 y 19 de septiembre de 2026; Infobae, 30 de septiembre de 2026 (informe de Manuel Orozco para el Inter-American Dialogue); El Diario de Hoy (elsalvador.com), 30 de septiembre de 2026; Bloomberg Línea, 11 de septiembre de 2025 (impuesto a las remesas).

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Economía

Las obras que Venezuela pagó y nunca recibió

Fechas prometidas, avances reales y millones comprometidos. El inventario de las obras que el chavismo anunció, cobró y no terminó.

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Obras inconclusas del puente Cacique Nigale en el Lago de Maracaibo
Alianza INCÍSOS+El Canal de Nitu

ECONOMÍA · VENEZUELA · OBRAS PÚBLICAS

Puentes, trenes, túneles y un río que iba a ser balneario: cada promesa llegó con su partida de dinero, y casi ninguna con su obra. Son deudas sin dueño. Una transición que quiere reconstruir el país tendrá que saber primero cuánto se pagó por lo que nunca existió.

Las 6W · INCÍSOS

QuéInventario documentado de las grandes obras públicas anunciadas, financiadas y no terminadas desde 2005.
QuiénLos gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, sus ministerios y contratistas como Odebrecht.
CuándoObras iniciadas entre 2005 y 2013; la mayoría debió terminar entre 2006 y 2019.
DóndeCaracas, Miranda, La Guaira, Zulia, Bolívar, Guárico, Cojedes, Anzoátegui y Lara.
Por quéLas fallas de servicios que hoy sufre el país, de la luz al transporte, tienen detrás obras pagadas y no entregadas.
CómoCon los registros de Transparencia Venezuela, informes de la Asamblea Nacional de 2015 e investigaciones periodísticas.

Venezuela tiene un registro de promesas que se puede medir en kilómetros de puente que no existe. Transparencia Venezuela contabilizó en 2022 246 obras inconclusas en 21 estados. En 153 de ellas pudo reconstruir el dinero comprometido: unos 316.000 millones de dólares, según la organización. Ninguna de las grandes tiene un responsable condenado por su abandono.

La lista volvió a la conversación el 30 de septiembre de 2026, en un programa del canal de Nitu Pérez Osuna en el que participó el editor de INCÍSOS, cuando la audiencia empezó a enviar sus propias obras pendientes. Aquí están las que se pueden documentar.

Contexto: ocho obras, ocho fechas vencidas

ObraInicioPrometida paraEstado conocidoDinero
Metro Caracas–Guarenas–Guatire20062012Paralizado; tuvo al menos cuatro fechas de inauguraciónOdebrecht. La AN de 2015 estimó unos 5.000 millones de dólares invertidos
Segundo puente sobre el Lago de Maracaibo (Nigale)20082014; luego 201816,7 % de avance; paralizado desde marzo de 2017USD 3.187 millones (valor total)
Tercer puente sobre el Orinoco20062010; luego 201770,3 % de avance; paralizadoUSD 2.525 millones (valor total); USD 828 millones comprometidos
Ferrocarril Tinaco–Anaco20092013; luego 2019Paralizado desde finales de 2013Obra con China; el Estado no pudo pagar la deuda ferroviaria
Túnel Baralt y prolongación de la Cota Mil20122016–201730 % de avance; paralizadoUSD 1.475 millones (valor total)
Estación Central Simón Bolívar, Barquisimeto20052006; luego 200950 % de avanceUSD 597 millones (valor total); USD 300 millones comprometidos
Modernización del aeropuerto de Maiquetía20132015; luego 201934 % de avance; paralizadaUSD 305 millones (valor total)
Saneamiento del río Guaire20052014Ejecución no superior al 26 % en 2016Préstamo del BID de USD 300 millones (2012)
Fuente: base de datos de obras inconclusas de Transparencia Venezuela, salvo donde se indica otra. Montos y porcentajes según su último registro disponible.

Algunas fechas cuentan su propia historia. En 2006, Hugo Chávez anunció que el tercer puente sobre el Orinoco llevaba 30 % de avance y estaría listo en 2011. Odebrecht, la contratista, admitió en 2016 ante la justicia de EE.UU. haber pagado 98 millones de dólares en sobornos en Venezuela. La obra quedó a medio cruzar el río.

En marzo de 2005, Chávez invitó a los caraqueños a bañarse en el Guaire. Su ministra del Ambiente, Jacqueline Faría, prometió el río saneado. En 2016, la Asamblea Nacional denunció que se habían gastado 77 millones de dólares con una ejecución que no pasaba del 26 %. Faría dirige hoy la Misión Venezuela Renace, encargada de reconstruir La Guaira tras los terremotos del 24 de junio.

Lo que la memoria colectiva recuerda distinto

No todo lo que se recuerda como abandonado lo está, y la precisión importa. El hotel del aeropuerto de Maiquetía sí abrió: Nicolás Maduro lo inauguró en septiembre de 2025, unos 25 años después de anunciado. Según Armando.Info, en 2013 la empresa de Alex Saab y Álvaro Pulido había recibido 42 millones de dólares para terminarlo en un año. Lo que sigue paralizada es la modernización del aeropuerto encargada a Odebrecht.

El sistema de buses Transbarca, en Barquisimeto, funciona desde septiembre de 2013. Lo que no se terminó es su Estación Central, el nuevo terminal de la ciudad, por el que en 2008 se aprobaron 340 millones de dólares con la promesa de inaugurarlo en 2009.

Y la promesa eléctrica tiene fecha: en 2001, tras un apagón, Chávez ofreció que en diez años Venezuela tendría el mejor sistema eléctrico del continente. Quince años después de ese plazo, el país arrastra un déficit de más de 1.500 megavatios.

Análisis: deudas huérfanas

Cada promesa llegaba con su asignación presupuestaria. Por eso estas obras no son solo infraestructura que falta: son deudas sin dueño. Se pagaron con petróleo, con préstamos del Fondo Chino o del BID, con fondos como el Fonden, y nadie ha rendido cuentas por ellas.

El patrón importa ahora por dos razones. La primera es la reconstrucción tras los terremotos, que vuelve a mover grandes contratos públicos. La segunda es la electricidad: el ministro Rolando Alcalá anunció 1.300 megavatios nuevos para el último trimestre de 2026, y el plan del gobierno encargado habla de hasta 4.800. Son promesas con cifra y con fecha, como lo eran las de 2001, 2005 y 2006. La diferencia la hará su verificación.

Criterio: tres pruebas

  1. Una auditoría con nombres. Si la mesa de Caracas o la nueva Asamblea incluyen una revisión pública de las obras inconclusas: cuánto se pagó, a quién y quién lo autorizó.
  2. Contratos a la vista. Si los contratos de la reconstrucción de La Guaira y de la Misión Venezuela Renace se publican con montos, contratistas y plazos.
  3. Megavatios verificables. Si el 31 de diciembre se pueden contar, con datos del sistema eléctrico, los megavatios prometidos para el último trimestre.

Las preguntas sobre el destino del dinero público forman parte del especial En voz alta.


Fuentes principales: Transparencia Venezuela, base de datos de obras inconclusas e informe de 2022; Transparencia Venezuela, presentación sobre obras del Ministerio de Transporte (2016); Asamblea Nacional (2016), informe sobre obras inconclusas; Armando.Info (vía La Patilla), 28 de septiembre de 2025; Voz de América, 2024 (río Guaire); BID, proyecto VE-L1037; NTN24 (Jacqueline Faría y la Misión Venezuela Renace); teleSUR, 29 de septiembre de 2026 (anuncio de 1.300 MW); La Patilla, 17 de diciembre de 2021 (promesa eléctrica de 2001); Departamento de Justicia de EE.UU., acuerdo con Odebrecht (2016); El Diario, 11 de mayo de 2025 (túnel Baralt).

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Economía

Qué falta para que las petroleras pasen del foro al pozo

Licencias renovadas, memorandos sin contrato y una red eléctrica que no alcanza. Lo que dejó la cumbre petrolera de Caracas.

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Foro energético con instalaciones petroleras al fondo.

ECONOMÍA · VENEZUELA · PETRÓLEO

La cumbre petrolera de Caracas cerró con cientos de ejecutivos dispuestos a entrar y casi ningún contrato definitivo. Los permisos de Washington ya están; lo que falta es lo que ningún permiso resuelve: contratos firmes, reglas estables y electricidad suficiente para producir.

Las 6W · INCÍSOS

QuéCerró la Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela (VIOGS 2026), con el Caracas Gas Forum integrado.
QuiénMás de 600 delegados de unas 250 empresas y más de 30 países, según los organizadores; entre ellas Repsol, Siemens, Hunt Oil, Maurel & Prom y la catarí UCC Oil and Gas Holding.
CuándoDel 28 al 30 de septiembre de 2026.
DóndeIESA y hotel JW Marriott, Caracas.
Por quéEs la primera gran conferencia energética desde que Washington lanzó un plan de reconstrucción petrolera de 100.000 millones de dólares, según Reuters.
CómoPaneles, mesas y reuniones bilaterales para convertir recursos en proyectos, bajo licencias de la OFAC renovadas el 28 de septiembre.

La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela terminó el 30 de septiembre de 2026 en Caracas con un mensaje repetido desde el escenario: las empresas quieren entrar. «Toda Venezuela es una tremenda oportunidad para nosotros», dijo Erik Keskula, de la catarí UCC Oil and Gas Holding. Lo que no salió de la cumbre fue una lista de contratos definitivos.

Contexto: la puerta legal ya está abierta

El obstáculo de los últimos años eran las sanciones. Ya no es el principal. El 28 de septiembre, en vísperas de la cumbre, la OFAC renovó la licencia 46E y las licencias 48D y 49B, que permiten a petroleras estadounidenses operar e invertir en Venezuela. El jefe adjunto de misión de la embajada de EE.UU., Michael García, dijo en la cumbre que Washington trabajó con el gobierno encargado para reabrir las puertas a empresas de renombre.

Los acuerdos de septiembre son, sin embargo, preliminares. Continental Resources, de Harold Hamm, firmó el 16 de septiembre un memorando de entendimiento con PDVSA para el bloque Ayacucho 2 y dijo que esperaba cerrar un acuerdo de largo plazo en semanas. TotalEnergies firmó otro memorando el 20 de septiembre. Y la empresa del acuerdo que la Casa Blanca llamó el mayor de la historia, North American Blue Energy Partners, con 17 campos, no participó en el encuentro, según Infobae.

La producción ronda 1,2 millones de barriles diarios, frente a los más de tres millones de hace dos décadas.

Análisis: lo que ningún permiso resuelve

Con las licencias en regla, la conversación de los paneles se desplazó hacia lo que ninguna licencia arregla. Según Reuters, el país arrastra un déficit eléctrico de más de 1.500 megavatios, con apagones de hasta 10 horas diarias en algunas regiones. Una norma aprobada en enero exige a los nuevos proyectos energéticos generar su propia electricidad, pero muchos ejecutivos no ven viable ampliar operaciones si no se repara la red. Varias empresas presentaron proyectos para producir electricidad con el gas que hoy se quema o se ventea; ninguno ha arrancado.

Hunter Hunt, de Hunt Energy, admitió no tener la respuesta, aunque recordó que la demanda máxima del país, unos 16.000 megavatios, no es tan alta como para hacer imposible la solución. Pidió identificar primero las debilidades institucionales y luego las de infraestructura. El orden no es casual: sin reglas estables, nadie construye una planta eléctrica para alimentar un pozo.

El gobierno encargado respondió con cifras. El ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, anunció avances con Eurobras, IMPSA, GE Vernova y Siemens Energy, y el plan de Delcy Rodríguez promete restituir hasta 4.800 megavatios antes de fin de año. Reuters recogió las dudas de analistas tras años de promesas incumplidas.

La propia cumbre sufrió dos cortes de luz el 29 de septiembre. Es el detalle que más circuló, pero no es la noticia. La noticia es que la pregunta cambió: ya no es si Washington deja invertir, sino si Venezuela puede sostener la inversión.

Criterio: tres pruebas antes de fin de año

  1. El contrato de Continental. Si el memorando de Ayacucho 2 se convierte en un acuerdo de largo plazo en las semanas prometidas.
  2. Los 4.800 megavatios. Cuánta de esa generación está operando el 31 de diciembre, con cifras verificables del sistema eléctrico.
  3. El primer proyecto de gas a electricidad. Si alguno de los proyectos para aprovechar el gas venteado recibe aprobación y arranca.

INCÍSOS publicó al inicio de la cumbre el balance de expectativas y compromisos.


Fuentes principales: Reuters (Deisy Buitrago y Vivian Sequera), 30 de septiembre de 2026; Infobae (con EFE), 30 de septiembre de 2026; El Nacional, 30 de septiembre de 2026; Inspenet, 29 de septiembre de 2026; Diario Las Américas, 28 y 30 de septiembre de 2026; CNBC y Bloomberg, 16 de septiembre de 2026 (acuerdo de Continental Resources).

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