Economía
Jorge Jraissati quiere reconectar a Venezuela con los mercados globales
El economista venezolano Jorge Jraissati, presidente del Economic Inclusion Group, plantea que la reconstrucción de Venezuela empieza por darle herramientas financieras a la gente común.
Nació en Barquisimeto en 1996 y creció viendo a un país volverse cada año más pobre. Esa experiencia se convirtió en el centro de su trabajo: una propuesta de reconstrucción de Venezuela que empieza por darle herramientas financieras a la gente común.
Jorge Jraissati es economista venezolano y presidente del Economic Inclusion Group. Su trabajo nació de una pregunta que enfrentó por primera vez en Venezuela: por qué un país con tanto talento y tanta riqueza deja a tanta gente sin las herramientas básicas para construir una vida estable. Hoy trabaja en la reconstrucción económica de Venezuela y, en el plano internacional, en cómo avanzar en inclusión financiera y seguridad económica.
Para Jraissati, esos temas no son categorías abstractas de política pública. Empezaron en Barquisimeto, donde nació en 1996 y donde creció viendo a su país volverse más pobre, más dividido y menos capaz de recompensar el trabajo honesto.
Recuerda haber escuchado a sus padres hablar de la economía cada año con una decepción más profunda. Los precios cambiaban. Las regulaciones se multiplicaban. El conflicto político entraba en la vida cotidiana. El país que debía permitir a las familias trabajar, ahorrar, invertir y ascender a la clase media se convirtió en un lugar donde la actividad comercial dependía cada vez más del acceso político.
Sus padres no eran personas políticas, según los describe. Eran hijos de inmigrantes. Por el lado de su madre, la familia tenía raíces italianas y se asentó en Acarigua. Por el de su padre, raíces libanesas, en Barquisimeto. Querían trabajar, formar una familia, tener casa propia y vivir una vida estable de clase media alta.
Esa ambición común se volvió difícil de sostener en Venezuela. Jraissati recuerda a su padre intentando importar mercancía desde Panamá alrededor de 2012, solo para chocar con controles de precios, controles de cambio y regulaciones que hacían casi imposible expanderse. En 2013, cuando Nicolás Maduro impuso controles de precios sistemáticos, Jraissati vio a su padre obligado a remarcar la mercancía y absorber pérdidas.
«Eso me marcó», dijo Jraissati en una entrevista. Lo que lo marcó no fue solo la pérdida financiera. Fue la contradicción entre el esfuerzo y el resultado. Sus padres trabajaban duro, pero el sistema a su alrededor hacía que el éxito comercial honesto fuera cada vez más difícil.
De Barquisimeto a la economía
A los 16 años ya había decidido estudiar economía. Quería entender por qué un país con los recursos de Venezuela podía empobrecerse cada año. Quería entender por qué la política pública podía permitir que la gente construyera un futuro o destruir las condiciones que hacen posible ese futuro.
Su meta declarada se ha mantenido constante: entender la economía lo suficiente como para aplicar ese conocimiento a Venezuela. Suele describir su trabajo en términos de reducción de pobreza, formación de clase media, inversión, acceso financiero y las condiciones institucionales que permiten a las familias vivir con dignidad.
Jraissati salió de Venezuela por primera vez siendo adolescente para estudiar inglés en Saint Joseph’s University, en Filadelfia. Su plan era regresar. Pero las protestas de 2014 cambiaron el cálculo. Concluyó que estudiar en Estados Unidos le permitiría aprender más rápido y, eventualmente, aportar más. Más tarde obtuvo títulos en economía y negocios en el Wilkes Honors College de Florida Atlantic University, y luego cursó una maestría en finanzas en Harvard University. Su formación académica no estuvo separada de Venezuela: estuvo organizada alrededor de ella.
El regreso y la observación de campo
En 2017, las protestas en Venezuela lo devolvieron a la incidencia pública. Desde Estados Unidos veía a gente de su edad protestar, enfrentar la represión e ir a prisión. Ha dicho que no podía permanecer cómodo en Estados Unidos mientras jóvenes venezolanos arriesgaban su libertad en casa.
Ese año empezó a hablar en universidades estadounidenses para explicar la crisis venezolana a audiencias internacionales, en instituciones como la Universidad de Minnesota, la Universidad de Nueva York y la Universidad de Maryland. Su trabajo académico también siguió enfocado en Venezuela: entre 2017 y 2018 escribió su tesis de pregrado sobre macroeconomía venezolana y petróleo, premiada por su facultad.
Tras graduarse en 2019 con dos títulos, Jraissati regresó a Venezuela. Esperaba quedarse solo unos meses antes de seguir con estudios de posgrado. En cambio, se quedó cerca de un año y medio, desde principios de 2020 hasta finales de 2021. Ese regreso se volvió un período formativo: le dio exposición directa a la crisis humanitaria y económica de Venezuela. Durante esos años escribió sobre la crisis venezolana para medios estadounidenses e internacionales, entre ellos —según su relato— Foreign Policy, National Review, publicaciones de la Universidad de Princeton y el Institute of Economic Affairs.
Vio la crisis no solo como una tragedia venezolana, sino como un caso institucional de estudio. Venezuela, en su lectura, mostró lo que ocurre cuando un país pierde el Estado de derecho, la estabilidad monetaria, los derechos de propiedad, la credibilidad financiera, la confianza para invertir y los servicios públicos básicos.
Una mirada comparada
Después de salir de Venezuela de nuevo a finales de 2021, Jraissati amplió el alcance de su investigación. Según su relato, se vinculó con Harvard a través del Abigail Adams Institute, donde tuvo un rol de investigador visitante, y tomó una posición de investigación en IESE Business School, en España.
Empezó a estudiar otros países de forma más sistemática. Ha visitado numerosos países para entender mejor sus desafíos de política pública, entre ellos Sudáfrica, Corea del Sur, Kenia, México, Colombia, Argentina, Brasil, Polonia, Estonia y Letonia. La pregunta detrás de todo ese recorrido era constante: ¿qué puede aprender Venezuela de la experiencia de otros países?
Ese camino lo llevó a crear el Economic Inclusion Group, una organización sin fines de lucro 501(c)(3) enfocada en proteger a personas y empresas frente a riesgos de exclusión financiera, ayudar a los países a fortalecer su seguridad económica y apoyar la reconstrucción económica de Venezuela. Sus áreas de trabajo incluyen inclusión financiera, debanking, regulación contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo, represión financiera transnacional, seguridad financiera nacional y reconstrucción de Venezuela.
Los cinco pilares de la reconstrucción
Su agenda de reconstrucción para Venezuela tiene varios pilares.
El primero es la energía. Jraissati argumenta que Venezuela es un país con abundancia energética donde mucha gente todavía vive con electricidad poco confiable. En su análisis, esa contradicción es resultado de mal mantenimiento, diseño débil, baja inversión, corrupción y deterioro de la red eléctrica. Señala el complejo hidroeléctrico de Guri como ejemplo de un sistema cuya capacidad de generación no llega de forma eficiente a hogares y negocios. Para él, la reforma energética no es solo una cuestión de infraestructura: es un asunto de pobreza, de inversión y de capacidad del Estado.
El segundo es la reforma del sector financiero. Jraissati sostiene que Venezuela no puede atraer inversión de base amplia sin un sistema financiero que inversionistas, emprendedores y ciudadanos comunes puedan usar. Rechaza la idea de que el capital fluirá automáticamente hacia Venezuela una vez que mejoren las condiciones políticas. En su visión, el capital necesita garantías legales, reguladores creíbles, instrumentos financieros usables e instituciones capaces de reducir el riesgo.
Aquí se vuelve central su trabajo sobre inclusión financiera, debanking y seguridad financiera nacional. Venezuela está sujeta a sanciones y ha sido identificada por el Grupo de Acción Financiera Internacional (FATF, por sus siglas en inglés) como una jurisdicción bajo monitoreo intensificado, categoría a menudo llamada «lista gris». El FATF señala que las jurisdicciones bajo monitoreo intensificado trabajan con el organismo para corregir deficiencias estratégicas en sus sistemas contra el lavado de dinero, el financiamiento del terrorismo y el financiamiento de la proliferación. Para Jraissati, esa clasificación importa porque las evaluaciones de riesgo financiero afectan el comportamiento económico real: un país percibido como de alto riesgo tendrá dificultades para atraer capital ordinario.
El tercero es la inclusión financiera. Jraissati argumenta que suele malentenderse. No basta con que una persona tenga técnicamente una cuenta bancaria. La inclusión financiera real significa acceso a crédito, derechos de propiedad, garantías, herramientas de ahorro, sistemas de pago, financiamiento para negocios e instrumentos que permitan a los hogares formalizar activos y construir patrimonio. Eso conecta directamente con Venezuela: un plan de reconstrucción enfocado solo en petróleo, elecciones, sanciones o inversión extranjera sería incompleto. La reconstrucción, en su visión, también debe crear herramientas financieras para venezolanos comunes: emprendedores, propietarios de vivienda, agricultores, pequeños comerciantes, migrantes que regresan y jóvenes profesionales.
El cuarto es el de los activos digitales. Jraissati sostiene que el futuro sistema financiero de Venezuela no puede diseñarse como si las stablecoins, el Bitcoin, los criptoactivos y la tokenización no existieran. En su visión, los activos digitales pueden ayudar a reducir costos de transacción, apoyar la formalización de la propiedad y modernizar partes del sistema financiero. Es cuidadoso al ubicarlos dentro de un marco institucional más amplio: la tokenización por sí sola no reconstruye un país, ni el Bitcoin por sí solo resuelve la pobreza. Pero, debidamente regulados e integrados a un sistema financiero creíble, pueden ser parte de una estrategia moderna de reconstrucción.
El quinto es el liderazgo generacional. Jraissati argumenta que la reconstrucción de Venezuela no puede significar simplemente restaurar el viejo orden político y económico. Ha trabajado con un grupo de jóvenes expertos venezolanos, muchos menores de 40 años, en campos como petróleo, electricidad, seguridad, comercio internacional y atracción de inversión. Su énfasis no es la edad: es la formación, el mérito, la capacidad técnica y un apego compartido a Venezuela. También rechaza el clientelismo. Argumenta que Venezuela no puede reconstruirse mediante el nepotismo, las conexiones familiares o el favoritismo político.
Más allá de Venezuela
A través del Economic Inclusion Group, el trabajo de Jraissati se ha expandido hacia la incidencia internacional. Según su currículum, sus recomendaciones de política se han reflejado en reformas de inclusión financiera, protecciones de política de seguridad económica, estrategias internacionales de apoyo a la democracia en Venezuela, recomendaciones relacionadas con el Acuerdo Comercial UE-Mercosur y medidas para fortalecer la participación juvenil en procesos del Consejo de Europa.
Su currículum afirma además que ese trabajo involucró cooperación con más de 100 legisladores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo, así como deliberaciones de política en el FATF y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y contactos con el Tesoro y el Departamento de Estado de Estados Unidos, entre otras instituciones. INCÍSOS no verificó de forma independiente esas afirmaciones, que provienen del relato y el currículum del propio Jraissati.
Es investigador (research fellow) en IESE Business School y en el College of Business de Florida Atlantic University, según su currículum. Su comentario en medios ha aparecido, de acuerdo con la misma fuente, en The Wall Street Journal, Foreign Policy y National Review. También ha sido invitado a foros internacionales y, según su currículum, a dictar conferencias en universidades como Harvard, MIT y Cambridge.
El regreso al punto de partida
Aunque su trabajo es inherentemente político, Jraissati no se presenta principalmente como alguien atraído por la práctica diaria de la política. En la entrevista se describió como más interesado en construir proyectos, políticas públicas, fundaciones, centros de estudio y programas que generen empleo y aceleren el desarrollo económico. Dice que quiere ayudar a la gente, pero no a través del populismo. Su enfoque preferido es institucional.
Su visión de largo plazo regresa al hogar donde empezó la historia. Quiere que Venezuela se convierta en un país donde la gente pueda trabajar, tener casa, comprar carro, acceder a crédito, mandar a sus hijos a buenas universidades y vivir con electricidad confiable y comida decente. Quiere que los jóvenes venezolanos que desarrollaron habilidades en el exterior regresen a construir empresas e instituciones nuevas.
Por eso su trabajo sobre Venezuela es inseparable de su trabajo sobre inclusión financiera y seguridad financiera nacional. Un país no puede reconstruirse si sus ciudadanos no pueden acceder a financiamiento. No puede atraer inversión si su sistema financiero genera desconfianza. No puede crear una clase media si los hogares carecen de crédito, garantías, derechos de propiedad, electricidad y herramientas económicas formales.
Si su trabajo tiene éxito, dice, no se medirá solo en leyes cambiadas o informes publicados. Se medirá en familias que puedan comprar comida sin miedo, emprendedores que puedan abrir negocios sin conexiones políticas, jóvenes venezolanos que puedan regresar del exterior y millones de personas que finalmente puedan construir la vida que Venezuela les negó durante demasiado tiempo.
Preguntas frecuentes
¿Quién es Jorge Jraissati?
Jorge Jraissati es un economista venezolano, experto en política pública y presidente del Economic Inclusion Group.
¿Por qué es conocido Jorge Jraissati?
Por su trabajo sobre la reconstrucción económica de Venezuela, la inclusión financiera, el debanking, la política de activos digitales y la seguridad financiera nacional.
¿Qué es el Economic Inclusion Group?
Es una organización sin fines de lucro 501(c)(3) enfocada en los riesgos de exclusión financiera, la seguridad económica y la reconstrucción económica de Venezuela.
¿Cuál es la conexión de Jorge Jraissati con Venezuela?
Nació en Barquisimeto, Venezuela, en 1996. Su trabajo en economía y política pública estuvo moldeado por el deterioro económico del país: controles de precios, controles de cambio, declive institucional y crisis humanitaria.
¿Qué plantea Jorge Jraissati sobre la reconstrucción de Venezuela?
Argumenta que la reconstrucción requiere reforma energética, modernización del sector financiero, garantías de inversión, activos digitales, formalización de la propiedad, reducción de la pobreza y una nueva generación de expertos venezolanos con formación técnica.
¿En qué consiste su trabajo sobre debanking?
Se centra en cómo la exclusión financiera y las reglas de cumplimiento pueden afectar a los ciudadanos al cerrarles el acceso a servicios financieros y socavar sus oportunidades económicas.
¿Qué es la seguridad financiera nacional?
Es la protección de ciudadanos, empresas, sociedad civil e inversionistas frente a la exclusión financiera arbitraria, los riesgos de finanzas ilícitas, el debanking por motivos políticos y las debilidades institucionales que restringen el acceso al sistema financiero.
¿Ha trabajado Jorge Jraissati con legisladores e instituciones internacionales?
Según su currículum, ha cooperado con más de 100 legisladores de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa y del Parlamento Europeo, y su trabajo ha involucrado contactos con instituciones como el FATF, la OCDE y dependencias de gobierno en Estados Unidos y Europa. INCÍSOS no verificó de forma independiente estas afirmaciones.
¿Dónde ha publicado?
Según su currículum, ha publicado análisis en medios como The Wall Street Journal, Foreign Policy y National Review, además de artículos revisados por pares, documentos de trabajo y estudios de caso.
¿Qué estudió?
Su formación incluye títulos en economía y negocios en el Wilkes Honors College de Florida Atlantic University y estudios de maestría en finanzas en Harvard University.
Fuentes: Entrevista con Jorge Jraissati. Currículum y materiales públicos del Economic Inclusion Group. Las afirmaciones sobre cargos, reconocimientos académicos y vínculos institucionales provienen del relato y el currículum del entrevistado, y se atribuyen como tales.
Alfredo Yánez
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El impuesto a las remesas cumple medio año y casi nadie lo paga
Seis meses después de entrar en vigor, el impuesto del 1% a las remesas afecta casi solo a quien paga en efectivo. La vía digital y bancaria sigue exenta. Guía práctica.
El gravamen del 1% que entró en vigor el 1 de enero solo se aplica a envíos en efectivo, giros postales y cheques de caja. Quien transfiere por cuenta bancaria o app sigue exento. Conviene saber dónde está la línea.
| Qué | El impuesto del 1% a las remesas grava únicamente los envíos pagados en efectivo o instrumentos físicos, no las transferencias digitales o bancarias. |
| Quién | Quienes envían dinero al extranjero desde EE.UU.: ciudadanos, residentes y no ciudadanos por igual. |
| Cuándo | Vigente desde el 1 de enero de 2026; cumple medio año en estos días. |
| Dónde | En todo Estados Unidos, sobre transferencias hacia cualquier país. |
| Por qué | La ley One Big Beautiful Bill incorporó el gravamen como nueva fuente de recaudación federal. |
| Cómo | El proveedor de remesas cobra el 1% y lo reporta al IRS solo cuando el pago es físico. |
Medio año del impuesto: lo que de verdad cambió
El 1 de enero de 2026 entró en vigor el impuesto del 1% a las remesas, incluido en la ley conocida como One Big Beautiful Bill. La medida generó alarma inmediata entre millones de migrantes que envían dinero a sus familias. Seis meses después, el balance es más matizado de lo que el ruido inicial anticipaba: el gravamen existe, sí, pero alcanza a una porción muy pequeña de los envíos.
La razón es técnica y decisiva. El impuesto solo se aplica cuando el remitente paga en efectivo, con giro postal, cheque de caja u otro instrumento físico similar. Las transferencias electrónicas de banco a banco o mediante aplicaciones digitales quedan exentas. Y según el Banco de México, alrededor del 99% de las remesas ya se realizan por transferencia electrónica. Solo cerca del 0,9% se hace en efectivo.
Quién paga y quién no
La distinción es la clave práctica de toda la medida. Si una persona envía 100 dólares en efectivo a través de un giro postal, el costo final sube a 101 dólares, más la comisión de la empresa de envíos. Si esa misma persona transfiere desde una cuenta bancaria o con tarjeta de débito o crédito, no paga el impuesto, sin importar el monto.
Conviene además poner el 1% en perspectiva. Las comisiones por servicio y por tipo de cambio que cobran los proveedores suelen pesar más que el propio impuesto. Quien busca cuidar cuánto llega del otro lado debería comparar el costo total de cada plataforma, no solo fijarse en el gravamen. En envíos digitales, por ejemplo, varias plataformas cobran comisiones de pocos dólares por transferencias de 200, y algunas ofrecen el primer envío sin costo.
Las alternativas para no pagarlo
Para quienes no tienen cuenta bancaria en Estados Unidos, existen salidas diseñadas precisamente para esquivar el gravamen. El gobierno mexicano lanzó la tarjeta Finabien (Tarjeta Paisano), emitida por la Financiera para el Bienestar, que procesa la transferencia como bancaria y cobra una comisión fija por operación. Permite tramitarse en consulados mexicanos en Estados Unidos y, según las autoridades mexicanas, reembolsa el 1% en el saldo del destinatario.
El dato relevante para el lector es que el 84% de los migrantes mexicanos en EE.UU. ya tiene cuenta bancaria, lo que significa que la mayoría puede evitar el impuesto simplemente eligiendo el método de pago correcto.
La advertencia de fondo
No todo es alivio. Organismos como el Center for Global Development advierten que el impuesto podría reducir los envíos formales alrededor de un 1,6%, una pérdida de más de 1.500 millones de dólares anuales para México, el país más afectado. Y hay un riesgo menos visible: al encarecer o complicar los envíos formales, parte de los remitentes podría recurrir a vías informales, más expuestas a fraudes y robos.
La conclusión para quien manda dinero a casa es clara y sin dramatismo. El impuesto del 1% existe, pero es evitable para la inmensa mayoría. La decisión correcta no está en dejar de enviar, sino en enviar bien: por canal digital o bancario, comparando comisiones y verificando cuánto llega realmente del otro lado.
Fuentes principales: IRS (código IRC sobre el gravamen); Banco de México; BBVA Research; Center for Global Development; Financiera para el Bienestar (Finabien).
Economía
El petróleo venezolano vale más cuando Oriente Medio arde
Mientras el estrecho de Ormuz estuvo cerrado, el petróleo venezolano ganó valor estratégico para EE.UU. La energía explica buena parte de la transición tutelada.
La crisis del estrecho de Ormuz revalorizó el crudo venezolano para Estados Unidos. Detrás de la tutela política sobre Caracas hay una ecuación energética que rara vez se nombra: Washington necesita ese petróleo.
| Qué | El conflicto en Oriente Medio elevó el valor estratégico del petróleo venezolano como fuente de suministro para EE.UU. |
| Quién | La administración Trump, las petroleras estadounidenses y el gobierno interino de Delcy Rodríguez. |
| Cuándo | Entre el inicio de la guerra con Irán el 28 de febrero y el acuerdo del 17 de junio de 2026. |
| Dónde | El eje energético entre Venezuela, EE.UU. y el golfo Pérsico. |
| Por qué | Con Ormuz interrumpido, asegurar crudo cercano y accesible se volvió prioridad para Washington. |
| Cómo | Mediante la flexibilización de licencias y la tutela política que mantiene operativa la industria venezolana. |
La causa energética que casi nadie pone sobre la mesa
La transición venezolana suele contarse en clave política: la captura de Maduro, el gobierno interino de Delcy Rodríguez, el plan de tres fases de Marco Rubio, la negociación con la oposición. Todo eso es cierto y relevante. Pero hay una dimensión que ordena buena parte del cuadro y que rara vez se explica con claridad: la energética. Washington necesita el petróleo venezolano, y lo necesita más cuando el petróleo del mundo se vuelve incierto.
La guerra entre Estados Unidos e Irán, iniciada el 28 de febrero, cerró el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del crudo global. El precio del Brent saltó de unos 70 a 118 dólares por barril. En ese escenario, asegurar suministro cercano, abundante y bajo control dejó de ser una opción y pasó a ser una urgencia estratégica. Y Venezuela tiene las mayores reservas probadas de crudo del planeta.
Una tutela con lógica de mercado
La cobertura del proceso venezolano ha documentado cómo el chavismo reformó la industria petrolera, aprobó leyes favorables a la inversión internacional y flexibilizó condiciones para las petroleras. Lo que esa secuencia revela, leída desde la energía, es que la tutela política de Washington sobre Caracas tiene un correlato comercial preciso: mantener funcionando una industria que, en plena crisis de Ormuz, ganó peso en la ecuación de seguridad energética estadounidense.
Análisis recientes sobre la transición venezolana plantean justamente que la democratización no es la prioridad de la actual administración, que parece sentirse cómoda con la tutela que ejerce sobre los sucesores de Maduro. La estabilidad del suministro pesa más que la velocidad del cambio político. Un gobierno interino predecible y dispuesto a producir es, para esa lógica, más útil que una transición acelerada e incierta.
Qué cambia ahora que Ormuz se reabre
El acuerdo del 17 de junio cambia parte de la ecuación, pero no toda. Con Ormuz comprometido a reabrirse y el crudo de Oriente Medio volviendo al mercado, la presión inmediata sobre el suministro afloja. Eso podría reducir la urgencia que revalorizó el petróleo venezolano en los meses más tensos del conflicto.
Pero la dependencia estructural no desaparece de un día para otro. El memorando con Irán tiene plazo de 60 días y una amenaza explícita de Trump de retomar los bombardeos si no se cumple. Mientras esa incertidumbre persista, el crudo venezolano conserva su valor como póliza de seguro energética para Washington.
Por qué esto le importa al lector hispano
Para el venezolano en la diáspora, esta lectura ofrece una clave para entender por qué la transición avanza como avanza. No se trata solo de geopolítica o de derechos: hay un interés material que condiciona el ritmo y la forma del proceso. Quien quiera anticipar los próximos movimientos de Washington sobre Caracas hará bien en mirar el precio del barril tanto como los comunicados diplomáticos.
Y para el hispano en general, la conexión es aún más concreta. El mismo crudo que define la política estadounidense hacia Venezuela determina, al final de la cadena, cuánto cuesta llenar el tanque en una gasolinera de Florida o de Texas. La energía es el hilo que une la transición venezolana con el bolsillo de millones de familias en Estados Unidos.
Fuentes principales: CNN en Español (3 de junio de 2026); Centro de Política e Investigación Interamericana de la Universidad de Tulane; EIA (datos de tránsito por Ormuz); reportes de precios del crudo Brent.
Economía
El Mundial mueve millones, pero no para todos los hispanos
El Mundial 2026 es un motor económico para las sedes estadounidenses. Pero los precios dinámicos y la incertidumbre migratoria condicionan quién accede de verdad al negocio.
La Copa del Mundo derrama dinero en las once ciudades sede de Estados Unidos. Pero el precio dinámico de los boletos y la incertidumbre migratoria condicionan quién participa realmente del negocio y quién lo mira desde afuera.
| Qué | El Mundial 2026 genera un fuerte movimiento económico en EE.UU., con beneficios desiguales para la comunidad hispana. |
| Quién | Ciudades sede, pequeños negocios latinos, aficionados hispanos y la FIFA. |
| Cuándo | Del 11 de junio al 19 de julio de 2026, con la fase de grupos en curso. |
| Dónde | Las once sedes estadounidenses, varias en ciudades de alta población hispana. |
| Por qué | El torneo concentra consumo y turismo, pero los precios dinámicos y el temor migratorio limitan el acceso de parte de la comunidad. |
| Cómo | A través del gasto en hospedaje, comida y comercio, filtrado por el costo de las entradas y la cautela de los aficionados. |
Un torneo que reparte dinero de forma desigual
El Mundial 2026 está en marcha. De los 104 partidos del torneo, la mayoría se juega en Estados Unidos, repartidos en sedes como Miami, Dallas, Nueva York, Los Ángeles, Atlanta, Houston y Seattle, varias de ellas en ciudades con fuerte presencia hispana. El derrame económico es real: hospedaje, restaurantes, comercio, transporte y servicios reciben un empujón durante seis semanas.
Pero el dinero no llega parejo. La pregunta que conviene hacerse no es cuánto mueve el Mundial, sino quién captura ese movimiento. Y ahí el cuadro se vuelve menos festivo de lo que la euforia deportiva sugiere.
El precio dinámico filtra a la afición
El primer filtro es económico. La FIFA aplicó un esquema de precios dinámicos para las entradas, similar al de las aerolíneas: el costo sube con la demanda. Eso significa que los partidos más atractivos —incluidos varios de las selecciones latinoamericanas que el público hispano más quiere ver— terminan con boletos a precios que dejan fuera a buena parte de la familia trabajadora.
El aficionado hispano de ingresos medios, que vive el fútbol como pasión central, se encuentra así con una paradoja: el Mundial se juega en su ciudad, con su selección, y aun así el estadio queda fuera de su presupuesto. El consumo se desplaza entonces hacia los espacios alternativos —bares, fan fests, reuniones en casa, negocios de barrio— donde el comercio latino sí puede capturar parte del movimiento.
La sombra migratoria sobre el negocio
El segundo filtro es la incertidumbre. La preocupación por la presencia de agentes migratorios en torno a las sedes ha introducido cautela en parte de la comunidad. Algunas ciudades sede han buscado enviar señales de tranquilidad y han comunicado que no colaborarán en operativos migratorios durante el torneo, pero la inquietud persiste, sobre todo en estados donde la política migratoria es más agresiva.
Esa cautela tiene un costo económico concreto. Un aficionado que duda en asistir a un partido o a un evento por temor a un control migratorio es también un consumidor que no gasta. El miedo, además de un problema de derechos, es un freno al consumo que recae justo sobre los negocios que esperaban beneficiarse del torneo.
Cómo aprovechar el Mundial sin quedar fuera
Para el pequeño empresario hispano, el torneo sigue siendo una oportunidad si se lee bien. Los espacios de consumo alternativo —donde se ve el partido sin pagar la entrada del estadio— concentran a una afición numerosa y dispuesta a gastar en comida, bebida y ambiente. Negocios de comida, transmisión de partidos y servicios asociados pueden capturar ese flujo durante las seis semanas.
La lección económica del Mundial para la comunidad es de matices. El torneo trae dinero, pero lo reparte según quién pueda pagar la entrada y quién se sienta seguro para salir a la calle. Entender esos dos filtros —el precio y el miedo— es la diferencia entre aprovechar el torneo y verlo pasar.
Fuentes principales: FIFA (calendario y formato del torneo); reportes sobre precios dinámicos de entradas; UnoTV y LA Nación (cobertura sobre operativos migratorios y sedes).
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