Inciso
Quién elige al gobernador
La mesa por el CNE, la fantasía del gobernador designado y el voto del 28 de julio. Un inciso sobre soberanía y sobre quién decide, al final, el destino de Venezuela.
# Quién elige al gobernador
Esta semana hubo una foto y hubo una frase. La foto fue la de Dinorah Figuera sentada frente a Jorge Rodríguez, en el mismo Palacio Federal Legislativo donde durante años se la insultó, acordando una mesa para parir un árbitro electoral. La frase no salió de ninguna rueda de prensa: la rescató un libro. Donald Trump, en privado, les dijo a sus allegados que Venezuela podría ser el estado 51 y que él elegiría al gobernador para dirigirla. La foto y la frase, juntas, cuentan la historia entera. Solo hay que saber leerlas.
El profesor Carrasquero, cuyo análisis publicamos en esta misma edición, hizo la pregunta correcta sobre la foto. No es «quién está en ella» —el error en que cayó media Venezuela, contando ausencias como quien cuenta agravios—. La pregunta es «para qué sirve». Y si uno la mira con esa lente, la foto deja de ser un desplazamiento y se vuelve un andamio: alguien está construyendo las reglas de una elección. La pregunta que queda, entonces, no es quién posó el jueves en Caracas. Es quién gana cuando llegue el día de votar. Y esa respuesta, guste o no a quien diseña los andamios, tiene un nombre que las urnas ya pronunciaron una vez, el 28 de julio de 2024.
Pero está la otra frase. La del gobernador. Y confieso que es la que no me deja dormir tranquilo. Porque revela cómo, en algún rincón de la cabeza del hombre más poderoso del mundo, Venezuela no es un país: es una propiedad con problemas de administración. Algo que se arregla nombrando a la persona correcta, como quien pone un gerente en una sucursal que da pérdidas. No un pueblo con dos siglos de historia, sino un activo de cuarenta billones de dólares en petróleo y un gobernador por designar.
Lo escribo desde Columbus, a las nueve de la noche, mirando por la ventana una calle de Ohio donde nadie se pregunta quién es el dueño de su país, porque la respuesta se da por sentada. Y pienso en lo que significa que, para los venezolanos, esa respuesta haya vuelto a estar en disputa. No frente a una dictadura esta vez —esa ya cayó—, sino frente a la tentación de quien vino a ayudar a tumbarla. Es una ironía amarga: el mismo poder que sacó a Maduro fantasea con quedarse con la casa.
No soy ingenuo, y los lectores de INCÍSOS saben que esta página no ha sido complaciente con nadie. La intervención de enero liberó a Venezuela de un tirano, y eso es un hecho que ninguna incomodidad posterior borra. Agradecer esa liberación y, al mismo tiempo, vigilar a quien la ejecutó no es contradictorio: es, precisamente, lo que hace un pueblo adulto. Se puede dar las gracias por el rescate y, acto seguido, dejar muy claro que la casa no está en venta. Las dos cosas a la vez. Esa es la madurez política que a Venezuela le ha faltado tantas veces, y que ahora le toca aprender a marchas forzadas.
Porque aquí está el punto, y con esto cierro. Carabobo cumple esta semana doscientos cinco años. Doscientos cinco años desde que un puñado de hombres decidió que este país no tendría dueño extranjero. No conquistaron la independencia para que, dos siglos después, alguien la rifara en una sobremesa de Mar-a-Lago entre un comentario sobre Groenlandia y otro sobre Canadá. La soberanía que se ganó en aquella sabana no es un trofeo de vitrina: es una responsabilidad que cada generación tiene que volver a sostener. Y a esta generación le tocó sostenerla en el momento más confuso, cuando el peligro no viene con uniforme enemigo sino con la sonrisa del aliado.
¿Quién elige al gobernador? La pregunta, formulada así, ya contiene su propia indignación, porque presupone que hay un gobernador que elegir, y que lo elige alguien que no votó nunca en Venezuela. La única respuesta decente a esa pregunta es que en Venezuela no se elige gobernador: se elige presidente. Y lo elige el pueblo venezolano, con su voto, en una elección de verdad, con el árbitro que esa mesa de Caracas dice estar construyendo. Si esa mesa cumple, bienvenida sea. Si la foto sirve para eso, valió la pena. Pero que nadie —ni en Caracas ni en Washington— se confunda sobre de quién es la casa. La casa es de los que votaron el 28 de julio. Y esa escritura, por más libros que se publiquen y más fotos que se tomen, no está a nombre de nadie más.
Alfredo Yánez Mondragón es periodista y editor de INCÍSOS. Escribe desde Columbus, Ohio.
Alfredo Yánez
9 libros que te cambian la perspectiva
Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon
VER LIBROS →Inciso
Se fue la luz donde se vendía la energía
El país con más petróleo del mundo no pudo mantener encendida la sala donde se hablaba de su energía. Un Inciso sobre una paradoja que no es accidente.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Dos cortes de electricidad en la cumbre que debía convencer al mundo de invertir en la energía venezolana. No fue un accidente de la cumbre. Fue su mejor resumen.
El martes 29 de septiembre de 2026, en un salón del JW Marriott de Caracas, cientos de ejecutivos de la industria energética escuchaban por qué este es el momento de invertir en Venezuela. Y se fue la luz. Dos veces.
Hasta la planta del hotel, según reportó un medio internacional, cedió ante los bajones. Por unos momentos, la cumbre que debía vender la energía venezolana al mundo se quedó sin energía.
Sería fácil contarlo como anécdota. No lo es.
La paradoja completa
Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. Quema en mechurrios gas que podría convertirse en electricidad. Y aun así arrastra, según Reuters, un déficit de más de 1.500 megavatios, con regiones que pasan hasta 10 horas diarias sin luz. Niños que no llegan a la escuela, negocios que no abren, noches enteras sin dormir por el calor.
Esa semana, por un rato, los ejecutivos vivieron lo que el venezolano vive a diario. La diferencia es que ellos se van el jueves.
La isla de luz
Hay una norma de enero que exige a los nuevos proyectos energéticos generar su propia electricidad. Tiene lógica para quien invierte: nadie pone un pozo a depender de una red que falla. Pero conviene ver el país que dibuja esa regla si se queda sola: un pozo iluminado y, al lado, una escuela a oscuras. Islas de luz para el negocio en un mar de apagones para la gente.
Eso no es recuperación. Es un enclave.
Lo que falta
La pregunta que conviene hacer es simple: ¿qué falta, exactamente, para que pase?
No faltan permisos: Washington renovó las licencias un día antes de la cumbre. No falta interés: sobraron ejecutivos y hubo lista de espera. Falta lo menos vistoso y lo más difícil. Falta quién pague el mantenimiento que no se hizo en años. Falta quién responda cuando no lleguen los 4.800 megavatios prometidos para fin de año. Falta que el gas que hoy se quema encienda casas antes que titulares.
La luz volvió al salón. En buena parte del país, esa misma noche, no volvió.
Ese es el tamaño de la paradoja: el petróleo puede atraer al mundo a Caracas, pero no puede, por sí solo, encender Venezuela. Para eso hacen falta instituciones que funcionen, y esas no se importan en un memorando.
Fuentes principales: Reuters, 30 de septiembre de 2026; Diario Las Américas, 30 de septiembre de 2026; Infobae (con EFE), 30 de septiembre de 2026.
Inciso
Pasos en alguna dirección
Los gestos se agradecen. Lo que mide una transición es si se convierten en reglas que nadie puede retirar.
INCISO
Excarcelaciones, desbloqueos, una amnistía y ahora la reforma de la ley contra el odio. Cada paso cuenta. Lo que todavía no se sabe es si caminan hacia algún lugar o en círculo.
En noviembre de 2017, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó por unanimidad la ley contra el odio. La presidía Delcy Rodríguez. Nueve años después, el 28 de septiembre de 2026, la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó un oficio para pedir que se despenalicen las conductas que esa ley castiga. Con urgencia.
Sería fácil quedarse en la ironía. Prefiero la pregunta que la ironía esconde: hacia dónde van estos pasos.
Porque son varios. Desde enero salieron presos políticos, aunque a cuentagotas y sin lista pública. Hubo una ley de amnistía. Se desbloquearon decenas de dominios, aunque otros tantos siguen cerrados. Se habla de elecciones, aunque sin fecha. Y ahora, una reforma para que opinar deje de ser un delito con pena de homicidio.
Cada uno de esos pasos cambió la vida de alguien. Eso no se discute ni se desprecia. Pero todos comparten un rasgo: fueron concedidos. Llegaron por decisión de quien gobierna, en el momento que eligió y en la medida que quiso. Y lo que se concede por voluntad se puede retirar por voluntad.
Una transición no se reconoce por la cantidad de gestos, sino por el momento en que los gestos se convierten en reglas. Cuando un preso sale porque la ley lo ordena y no porque alguien lo decidió esa semana. Cuando un medio publica sin calcular si lo van a bloquear. Cuando un partido existe sin que un funcionario pueda declararlo promotor del odio.
La reforma de la ley contra el odio puede ser eso o puede ser otra concesión. Lo sabremos por el texto: si despenaliza de verdad, si ordena revisar cada causa, si elimina las herramientas contra medios y partidos. Y lo sabremos por la forma: si se discute a la vista de quienes documentaron a sus víctimas, o se aprueba en familia.
Vladimir Petit escribió que una transición se mide por lo que el país puede preguntar sin miedo. Añado algo menos elegante: también se mide por lo que el país puede decir sin que alguien tenga que autorizarlo primero.
Los pasos se agradecen. La dirección todavía hay que exigirla.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Oficio de Delcy Rodríguez, 28 de septiembre de 2026.
Inciso
Palos de golf prestados en un país que paga cisternas
La reconstrucción se anuncia en el Country Club. La vida diaria se resuelve con cisternas.
INCISO
Para recibir a los ejecutivos del petróleo hubo que salir a buscar palos de golf. Para recibir agua, en Coro, en Margarita y en tantos otros lugares del país, hay que pagar una cisterna.
El lunes 28 de septiembre de 2026, decenas de ejecutivos petroleros jugaron un torneo de golf en el Caracas Country Club, la víspera de una cumbre de petróleo y gas con entradas agotadas: 650 asistentes y 150 en lista de espera. Los organizadores contaron a Bloomberg que días antes estaban en pánico. Tuvieron que llamar a todos los clubes y tiendas de la ciudad, pedir prestados juegos de palos y comprar otros. Caracas tiene tres clubes privados de golf y ningún campo público. «Muy pocos venezolanos juegan golf», explicó la dueña de la tienda que los sacó del apuro.
Ese mismo lunes, vecinos de Coro denunciaban dos meses sin agua y la obligación de pagar cisternas para llenar los tanques de sus casas. No es una excepción ni una emergencia pasajera: en Margarita, y en muchos otros lugares del país, pagar un camión de agua es desde hace años una partida más del presupuesto familiar.
No hay nada reprochable en que unos ejecutivos jueguen golf. Los negocios se hacen también así, y Venezuela necesita inversión. Lo que la escena retrata es otra cosa: la distancia entre el país que se anuncia y el país que se vive.
El país que se anuncia tiene 100.000 millones de dólares prometidos para el petróleo, licencias renovadas cada mes en Washington, una cumbre con lista de espera y un torneo para abrir el apetito. El país que se vive produce 1,2 millones de barriles diarios, menos de la mitad de lo que producía en los noventa, sufre apagones que sacan a la gente a la calle y compra agua por camión.
Las dos imágenes caben en la misma semana porque la reconstrucción empezó por arriba. Primero los contratos, después las reglas; primero el crudo, después la luz y el agua. Es un orden defendible si los beneficios bajan. El problema es que nadie ha explicado cómo ni cuándo.
Mientras tanto, conviene recordar la frase de la tienda de golf. Muy pocos venezolanos juegan golf. Casi todos, en cambio, saben lo que cuesta una cisterna.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y La República, 28 de septiembre de 2026; La Patilla, 28 de septiembre de 2026.
-
Entrevistas4 meses agoZair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»
-
Política3 meses agoDelcy Rodríguez enfrenta a la prensa internacional: la rueda de prensa que no cerró la brecha
-
Política4 meses agoEl economista, los bonos y Citgo
-
Política3 meses agoEl semáforo de las estructuras: qué significa cada color tras el terremoto
-
Política5 meses agoRoberto Smith Perera: «La reconstrucción no puede esperar a la elección»
-
Especiales4 meses agoMedia vuelta… mar.
-
Inciso1 mes agoMárquez sabe qué pasó el 28 de julio
-
Inciso5 meses agoLa paciencia de Washington
