Política
Franquicias hispanas en 2026: por qué crecen donde otras se contraen y qué necesita el inversionista hispano para entrar con criterio
El modelo de franquicia hispana ha demostrado resiliencia singular en un mercado de restauración estadounidense que se contrae en sus marcas mainstream. La International Franchise Association proyecta crecimiento moderado del sector en 2026, y dentro de ese promedio las franquicias con identidad hispana clara crecen por encima de la media. La pieza explica las tres razones operativas, las cuatro categorías con tracción, y entrega cinco preguntas concretas que cualquier inversionista hispano debería responder antes de comprometer capital. |
La International Franchise Association publicó en febrero su 2026 Economic Outlook con proyección de crecimiento moderado del sector de franquicias en Estados Unidos. Empleo, ventas y aperturas nuevas mantienen ritmo positivo en un contexto macro de inflación corregida y tasas de interés elevadas. Dentro de ese promedio sectorial, las franquicias con identidad cultural hispana clara —restauración mexicana, venezolana, colombiana, argentina, peruana, caribeña, panadería latinoamericana, y conceptos híbridos— han mostrado, según reportes de la industria y datos de cámaras hispanas de comercio, una velocidad de expansión superior al promedio. Mientras franquicias mainstream estadounidenses con décadas de historia cierran tiendas en barrios suburbanos, conceptos hispanos abren puntos de venta en barrios mixtos, áreas comerciales secundarias y corredores de alta densidad latina. La pregunta para el inversionista hispano con capital medio (USD 50.000 a USD 300.000) no es si la oportunidad existe. Es cómo distinguir un proyecto de franquicia hispana sólido de uno que solo aprovecha el momento del mercado.
Las claves
| Qué | Crecimiento por encima del promedio sectorial de franquicias con identidad cultural hispana clara en Estados Unidos, en contraste con desaceleración o contracción de franquicias mainstream estadounidenses tradicionales. |
| Quién | Marcas hispanas con modelo de franquicia (mexicanas, venezolanas, colombianas, argentinas, peruanas, caribeñas y conceptos pan-latinos). Inversionistas hispanos con capital pequeño-medio. La International Franchise Association como fuente de datos sectoriales. Cámaras hispanas de comercio estatales como fuentes complementarias. |
| Cuándo | Tendencia consolidada entre 2024 y 2026. IFA 2026 Economic Outlook publicado en febrero de 2026. Velocidad de expansión hispana documentada por cámaras estatales. |
| Dónde | Estados Unidos en su totalidad, con concentración en Texas, Florida, California, Nueva York, Illinois, Georgia, Arizona y Nevada como mercados principales. |
| Por qué | Porque la demografía hispana en Estados Unidos (62 millones, poder de compra USD 3,4 billones) genera demanda autóctona, y porque la generación más joven de inversionistas hispanos prefiere modelos donde la identidad cultural es activo, no decoración. |
| Cómo | A través de franquicias con FDD (Franchise Disclosure Document) registrado, fee inicial entre USD 25.000 y USD 60.000, royalties típicos del 5-7% sobre ventas brutas, y ROI proyectado entre 24 y 48 meses según operación. |
Por qué crecen donde otras se contraen
Tres razones operativas concretas explican el patrón.
Primera: identidad como producto. Las franquicias hispanas no compiten con McDonald’s o Burger King en su mismo terreno. Compiten en un terreno paralelo donde la oferta es comida culturalmente reconocible, la atención al cliente es bilingüe por defecto, y la decoración del local refleja la identidad de origen. Para el consumidor hispano (y crecientemente, para el consumidor no hispano que busca autenticidad), esa propuesta tiene valor que el mainstream no replica fácilmente.
Segunda: cadena de suministro y conocimiento operacional. Las franquicias hispanas tienen acceso a proveedores especializados (importadores de productos latinoamericanos, proveedores de masa para arepas o pupusas, productores de carne preparada al estilo asadero argentino, distribuidores de productos peruanos) que las franquicias mainstream no necesitan. Ese acceso es ventaja competitiva. El franquiciado nuevo no tiene que construir la cadena; la hereda.
Tercera: empleabilidad. Para hispanos calificados en cocina, servicio, gestión y trastienda, las franquicias hispanas ofrecen ambiente de trabajo culturalmente cómodo y proyección profesional clara. La retención de personal es más alta. Para el franquiciado, costos de rotación menores se traducen en margen mayor.
Cuatro categorías con tracción documentada
Restauración rápida casual mexicana. Tacos, burritos, tortas y conceptos de comida mexicana auténtica (no tex-mex) tienen demanda creciente. Marcas con FDD registrado y diez o más unidades operando en Estados Unidos son las que ofrecen menor riesgo para el inversionista. Capital de arranque típico: USD 250.000 a USD 700.000 por unidad (incluye fee inicial, build-out, equipo, inventario y capital de trabajo). ROI proyectado: 30-48 meses según mercado.
Panadería y dulcería latinoamericana. Conceptos como panadería colombiana, panadería venezolana, panadería mexicana, panadería puertorriqueña, y conceptos pan-latinos. Categoría con barreras de entrada menores. Capital: USD 150.000 a USD 350.000. ROI: 24-36 meses. Crítico: la calidad y consistencia del producto depende de hornero principal; el modelo de franquicia debe garantizar formación rigurosa.
Pollo a la brasa y rostizado. Concepto peruano y colombiano, también venezolano. Margen alto, ticket promedio razonable, demanda estable. Capital: USD 200.000 a USD 500.000. ROI: 30-42 meses.
Cafetería con identidad latinoamericana. Café colombiano, café cubano, café venezolano, conceptos pan-latinos. La categoría donde Starbucks no tiene réplica cultural. Capital de arranque más bajo: USD 80.000 a USD 200.000 según formato. ROI: 24-36 meses si el flujo peatonal es correcto.
Las cinco preguntas antes de invertir
Para el inversionista hispano con capital de USD 50.000 a USD 300.000 que evalúa entrar en una franquicia hispana.
Pregunta 1: ¿La franquicia tiene FDD registrado y vigente? El Franchise Disclosure Document es obligatorio bajo ley federal estadounidense. Si la marca no tiene FDD o si el documento no está actualizado, no es franquicia formal. Es asociación informal con riesgos jurídicos importantes. Sin FDD, no hay protección legal real.
Pregunta 2: ¿Cuántas unidades operativas tiene actualmente en Estados Unidos? Una franquicia con menos de 10 unidades operativas es franquicia naciente: alto potencial pero alto riesgo. Una franquicia con 50 o más unidades es franquicia consolidada: menor potencial pero menor riesgo. La regla operativa: como primera inversión, preferir franquicias con 20+ unidades probadas y 3+ años de operación franquiciada.
Pregunta 3: ¿Cuál es el fee inicial y cuáles son los royalties y publicidad? Fee inicial típico para franquicias hispanas: USD 25.000 a USD 60.000. Royalties típicos: 5-7% sobre ventas brutas. Aporte publicitario: 1-3% adicional. Si los royalties exceden el 8%, el modelo erosiona margen del franquiciado. Si están por debajo del 4%, el franquiciador no genera fondo suficiente para apoyo operativo, lo que comprometerá calidad del soporte.
Pregunta 4: ¿Cuál es el item 19 del FDD? El item 19 (Financial Performance Representations) es la sección que indica ventas promedio reportadas por unidades existentes. Si el franquiciador no incluye item 19 o lo deja en blanco, el inversionista no tiene base para proyectar retorno. Conviene franquicias con item 19 detallado y unidades comparables al mercado donde se quiere operar.
Pregunta 5: ¿Qué territorio se cede y por cuánto tiempo? La cláusula territorial determina si otros franquiciados de la misma marca pueden abrir cerca y diluir el mercado. Territorio mínimo razonable: dos millas de radio en mercado urbano denso, mayor en suburbano. Duración del contrato: típicamente 10 años con opción de renovación.
Tres tipos de error que conviene evitar
El error de la marca emocional. Invertir en franquicia porque la marca es del país de origen del inversionista, sin evaluar fundamentos. La identidad cultural agrega valor, pero no sustituye a los fundamentos financieros.
El error de la ubicación errada. La franquicia hispana en barrio sin densidad hispana significativa fracasa con frecuencia mayor que en barrios mixtos o de alta densidad. Conviene estudios de mercado previos con datos de censo y de flujo peatonal.
El error de la capitalización insuficiente. Muchos inversionistas hispanos calculan capital inicial sin reservas para capital de trabajo de los primeros doce meses. Es la causa más común de fracaso. Regla práctica: capital total debe cubrir 18 meses de operación sin facturar al máximo.
El reloj que mide
El mercado de franquicia hispana en Estados Unidos está en momento operativo favorable. La demografía hispana crece. El poder de compra hispano crece. La oferta de franquicias hispanas con FDD profesional crece. Las cámaras hispanas de comercio estatales (US Hispanic Chamber of Commerce, cámaras hispanas de Texas, Florida, California, Illinois) tienen programas de orientación al inversionista.
El emprendedor hispano que entra ahora, con criterio y con asesoría profesional, accede a un sector más resistente a la contracción macro que el promedio de la economía estadounidense. La franquicia no es para todos. Para quien tiene capital de USD 50.000 a USD 300.000, vocación operativa, tolerancia a riesgo medio, y tiempo dedicado a la operación, es una de las pocas vías de construcción patrimonial que el mercado todavía ofrece con barrera de entrada manejable.
INCÍSOS no recomienda marcas específicas. Recomienda preguntar bien antes de invertir.
Alfredo Yánez
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El segundo frente venezolano no está en los pozos: está en las minas
El petróleo venezolano se abre a la inversión con estabilidad. El oro de Bolívar se abre entre disparos, bandas armadas y militarización. Dos industrias, dos riesgos, un mismo objetivo: el capital extranjero.
Mientras el mundo mira los pozos de petróleo venezolanos, el verdadero campo de batalla de la apertura económica está más al sur, en las minas de oro del estado Bolívar. Allí, la inversión extranjera que promueve Washington no avanza con calma sino entre detonaciones, sobrevuelos de helicópteros y bandas armadas que controlan el territorio. Una foto falsa hecha con inteligencia artificial enturbió esta semana el panorama, pero no debe distraer de lo esencial: en Bolívar hay un conflicto real, y es el segundo frente de la reconstrucción venezolana.
Dos industrias, dos riesgos
Venezuela se está abriendo al capital extranjero en dos frentes a la vez, pero con perfiles de seguridad opuestos. El primero es el petróleo, concentrado en la zona urbana y en la Franja del Orinoco, que opera con relativa estabilidad —alrededor de 1,1 millones de barriles diarios— y donde una ley en trámite busca atraer inversión privada para hacer crecer la producción. Ese frente avanza con calma.
El segundo frente es distinto, y mucho más peligroso. El Arco Minero del Orinoco, esa franja del sur rica en oro, diamantes, coltán y tierras raras, no lo controla del todo el Estado: lo dominan el ELN, disidencias de las FARC y bandas armadas locales que imponen impuestos, gobiernan el territorio y deciden quién entra y quién no. Abrir esa zona a la inversión no es un trámite económico: es meterse en un territorio en disputa armada. Por eso, mientras el petróleo se abre con papeles, el oro se abre con plomo.
La situación de esta semana
En los últimos días se reportó una situación irregular en la zona minera de Bolívar. Según información atribuida a Venevisión, hubo sobrevuelos de helicópteros y detonaciones en el área. Conviene ser claros con lo que se sabe y lo que no: al momento de esta publicación no hay confirmación oficial ni corroboración independiente plena de un episodio puntual. Es un reporte en desarrollo, y como tal debe leerse, a la espera de que las fuentes permitan confirmarlo.
Lo que sí está sólidamente documentado es el patrón. La Fuerza Armada venezolana ha ejecutado durante años operaciones contra la minería ilegal en la región, y organizaciones de derechos humanos han denunciado que varias de esas incursiones, presentadas como «enfrentamientos», dejaron decenas de muertos y desplazamiento forzado de comunidades. La violencia en El Callao y los sectores mineros vecinos no es una novedad de hoy: es una condición permanente, con guerras entre bandas por el control de los yacimientos que estallan con regularidad. Cualquier operación militar reciente, de confirmarse, se inscribiría en esa historia larga y sangrienta.

El bulo que enturbió el panorama
En medio de esa tensión real circuló, el 8 de junio, una imagen que aseguraba mostrar a militares estadounidenses y venezolanos «tomando» las minas de El Callao. La foto es falsa: fue generada o modificada con inteligencia artificial, según verificaron de forma independiente medios como El Pitazo y el portal de verificación Cotejo.info. La «primicia» había salido de una publicación extraoficial y se viralizó sin sustento.
El episodio deja una lección que vale la pena subrayar, sobre todo cuando el tema es serio: una imagen falsa no solo engaña, sino que ensucia el terreno informativo y le resta credibilidad a los hechos verdaderos. Y los hechos verdaderos en Bolívar son suficientemente graves como para no necesitar invenciones. Desconfiar de la imagen impactante y esperar la verificación de fuentes confiables es, hoy más que nunca, un acto de defensa propia.
El telón de fondo: Washington mira al sur
Lo que vuelve este frente especialmente delicado es el contexto de cooperación militar entre Caracas y Washington de los últimos meses. La cadencia de contactos es notable: el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Francis Donovan, visitó Venezuela en febrero y de nuevo el 23 de mayo, durante un inédito ejercicio de respuesta rápida sobre Caracas. El 3 de junio llegó el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, en su primera visita. Y antes, en marzo, el secretario del Interior Doug Burgum había declarado que el gobierno de Delcy Rodríguez se comprometió a garantizar la seguridad de las empresas mineras, incluso en zonas que el propio Estado reconoce bajo control ilegal.
Sobre ese tablero, el análisis del medio especializado Geostrategos, con lectura del capitán retirado Daniel Pinto Chacón, plantea una hipótesis inquietante: para asegurar las inversiones, Washington tendría tres caminos —contratistas privados, tropas propias o emplear a la Fuerza Armada venezolana—, y la opción de menor costo sería usar a la fuerza local. Bajo esa lectura, una operación militar de limpieza en Bolívar funcionaría a la vez como señal al capital extranjero y como prueba de coordinación con Washington. Es una hipótesis, no un hecho probado, pero encaja con la secuencia de visitas militares y conviene tenerla sobre la mesa.
El ejecutor comprometido
Hay, además, una paradoja de fondo que ninguna inversión puede ignorar. La seguridad de las minas se le encargaría a la misma institución que durante años ha lucrado con la economía ilícita del oro. Está documentado que oficiales de la Fuerza Armada han cobrado a organizaciones criminales por el acceso a las minas, y que la enorme mayoría del oro venezolano se produce de manera ilegal, con el control delegado de hecho a grupos armados a cambio de lealtad. Pedirle a ese actor que desmantele las estructuras de las que se ha beneficiado es una apuesta de resultado, cuando menos, incierto.
Para el lector hispano, y en especial para el venezolano de la diáspora, este frente importa tanto como el petrolero, aunque reciba menos atención. Porque revela la verdadera naturaleza de la reconstrucción que se está negociando: no ocurre en el vacío ni sobre una hoja en blanco, sino sobre territorios reales, disputados por las armas, donde el Estado y el crimen llevan años entrelazados. El oro de Bolívar es la prueba de que abrir Venezuela al mundo será, en muchas zonas, mucho más difícil y más sangriento que firmar un contrato petrolero. Y de que el segundo frente, el silencioso, puede terminar siendo el más decisivo.
Reporte en desarrollo. Algunos elementos sobre la situación reciente en la zona minera de Bolívar no cuentan, al momento de esta publicación, con confirmación oficial ni corroboración independiente plena; se presentan como tales y serán actualizados. Esta nota es informativa.
Fuentes principales: análisis de Geostrategos con lectura del capitán (ret.) Daniel Pinto Chacón; El Pitazo y Cotejo.info sobre la verificación de la imagen falsa generada con IA; Reuters sobre las visitas de los generales Francis Donovan (18 de febrero y 23 de mayo de 2026) y Dan Caine (3 de junio) y las declaraciones del secretario Doug Burgum (marzo de 2026) sobre la seguridad de las mineras; Observatorio Venezolano de Violencia y Provea sobre la violencia estructural y las operaciones militares en el Arco Minero del Orinoco.
Política
Seiscientos mil venezolanos viven en un limbo que ningún papel resuelve
Más de 600.000 venezolanos perdieron el TPS en Estados Unidos, pero la batalla judicial sigue abierta. Un fallo del 5 de junio reabrió trámites congelados. Esta es la primera entrega de una serie sobre la diáspora en el limbo.
Más de seis millones de venezolanos viven fuera de su país, y dos de sus destinos mayores —Estados Unidos y Chile— acaban de tomar, en la misma semana, decisiones que los sacuden. En EE.UU., un juez reabrió el viernes trámites que el gobierno había congelado. Pero detrás de ese alivio parcial late un problema más hondo: cientos de miles de venezolanos viven en un limbo legal que ningún papel termina de resolver. Esta es la primera de tres entregas sobre esa diáspora atrapada.
Una semana que sacudió dos hemisferios
Hay semanas en que la suerte de una diáspora entera se mueve en dos lugares a la vez. La del venezolano fue una de esas. El viernes 5 de junio, un juez federal en Estados Unidos anuló una política que mantenía congelados los trámites migratorios de personas de 39 países, Venezuela entre ellos. Dos días después, a miles de kilómetros, el presidente de Chile anunciaba una ofensiva para endurecer la expulsión de migrantes irregulares, en su mayoría venezolanos. Dos decisiones opuestas en su signo, una misma comunidad sacudida por ambas.
Esta serie recorre ese laberinto en tres entregas. La primera mira a Estados Unidos, donde el caso del TPS resume como pocos la incertidumbre que define la vida de la diáspora. La segunda viajará a Chile, el espejo del sur. La tercera entrará en lo que casi nadie cuenta: el negocio que florece alrededor de la irregularidad y el costo humano de vivir esperando.
Conviene empezar por la escala. Más de siete millones de venezolanos han abandonado su país en la última década, en uno de los mayores desplazamientos del hemisferio. Estados Unidos y Chile figuran entre los destinos que más recibieron. Hablar de «los venezolanos en el exterior» no es hablar de un grupo pequeño ni lejano: es una de cada cuatro o cinco personas nacidas en Venezuela.
Qué era el TPS, y por qué importaba tanto
El Estatus de Protección Temporal —TPS, por sus siglas en inglés— es una figura que el gobierno estadounidense concede a nacionales de países en crisis. No es una visa ni un camino directo a la residencia: es un escudo temporal que protege de la deportación y permite trabajar legalmente mientras dure la designación. Para cientos de miles de venezolanos, fue durante años la diferencia entre una vida estable y la clandestinidad.

Venezuela recibió el TPS en dos momentos: una primera designación en 2021 y una segunda en 2023, otorgadas por las condiciones de hambre, represión y colapso que el propio gobierno estadounidense reconoció entonces. Según el Foro Nacional de Inmigración, para marzo de 2025 había más de 605.000 venezolanos amparados por esas dos designaciones. Era el grupo de beneficiarios más numeroso de todo el programa.
La cancelación y el limbo
Desde el inicio de su segundo mandato, el gobierno de Trump puso el TPS en el centro de su ofensiva migratoria. Revocó las designaciones de Venezuela, y el 3 de octubre de 2025 la Corte Suprema autorizó esa terminación. El resultado fue inmediato y masivo: cientos de miles de personas que habían entrado y vivido bajo las reglas quedaron, de un día para otro, expuestas a la deportación.
Pero la historia no terminó ahí, y aquí empieza el limbo. El 28 de enero de 2026, un tribunal de apelaciones calificó de ilegal el fin del TPS para venezolanos. El problema es que ese fallo no restableció el estatus de forma automática. Se abrió así una de las situaciones más angustiantes que puede vivir un migrante: la de quien no sabe, de un mes a otro, si está protegido o expuesto. La batalla sigue en los tribunales inferiores y en la Corte Suprema, y los expertos advierten que una resolución definitiva puede tardar meses, quizá más que la vigencia de los últimos permisos de trabajo renovados.
Las cifras de ese limbo asustan. Contando todas las nacionalidades bajo TPS, más de 1,3 millones de personas transitan hoy ese caos legal. Si las cancelaciones se confirman de forma definitiva, la mayoría volvería a su estatus anterior, que para muchos es, sencillamente, el de indocumentado.
El fallo del 5 de junio: un respiro, no una solución
En ese cuadro irrumpió la decisión del viernes. Un juez federal anuló la política que había congelado el procesamiento de solicitudes —permisos de trabajo, green cards, asilo, ciudadanía— de personas de 39 países afectados por las restricciones de viaje, incluida Venezuela. En un fallo extenso y de tono severo, el magistrado reprochó al gobierno haber actuado fuera de la ley y haber arrojado, según escribió, las vidas de incontables inmigrantes a un limbo legal indeterminado. Sostuvo que esas personas seguían las reglas y fueron señaladas, sin embargo, por su lugar de origen.
La decisión abre la puerta a que cientos de miles de solicitudes congeladas vuelvan a moverse. Es un respiro real. Pero conviene leerlo con precisión: descongelar trámites no es lo mismo que restituir el TPS, y el fallo puede ser apelado. Quedan, además, demandas pendientes en otras cortes por la suspensión de visas que afecta a personas de decenas de países. El alivio es genuino y, a la vez, frágil. Es el patrón de toda esta historia: cada avance llega envuelto en una advertencia.
Qué le queda al venezolano que perdió el TPS
Para quien quedó sin la protección, la pregunta es práctica y urgente: ¿qué opciones hay? Los abogados de inmigración señalan algunas vías, aunque ninguna es automática ni sencilla. Está el asilo, para quien pueda demostrar un temor fundado de persecución; con un matiz útil, haber tenido TPS por un tiempo razonable puede considerarse una circunstancia que justifica solicitarlo aun fuera del primer año de llegada. Está el ajuste de estatus, para quien califique por una petición familiar o de empleo. Y está, sobre todo, la necesidad de no tomar decisiones a ciegas: cada caso es distinto, y un error de cálculo puede costar años de prohibición de reingreso.
Lo que casi todos los especialistas repiten es lo mismo: no quedarse quieto ni quedarse mal informado. Revisar el propio expediente, consultar fuentes oficiales, desconfiar de las soluciones milagrosas. Porque en el limbo, la peor decisión suele ser la que se toma por miedo o por rumor. En la segunda entrega de esta serie, el foco se traslada al sur, a un Chile que esta semana endureció su política y que enfrenta, con la diáspora venezolana, una paradoja que ni el discurso más duro logra resolver.
Esta nota es informativa y no constituye asesoría legal. Cada situación migratoria es distinta; ante una decisión, consulte a un abogado de inmigración acreditado y verifique la información en fuentes oficiales como USCIS.
Fuentes principales: CNN en Español y Univision sobre el alcance y la cancelación del TPS para venezolanos; La Nación sobre el estado de las designaciones de 2021 y 2023 en 2026; Associated Press, Courthouse News y The Washington Post sobre el fallo del juez John McConnell del 5 de junio de 2026; datos del Foro Nacional de Inmigración sobre el número de beneficiarios.
Navegación de la serie
Serie «La diáspora en el limbo» · 1 de 3 Estás en la entrega 1. · [Entrega 2: Chile y la paradoja de Kast →](https://incisos.com/2026/06/10/chile-kast-paradoja-expulsion-venezolanos-irregulares/) · [Entrega 3: el negocio del limbo →](https://incisos.com/2026/06/10/negocio-estafas-migrantes-limbo-notarios-gestores/)
Política
Kast quiere expulsar venezolanos, pero no tiene a dónde mandarlos
El presidente chileno José Antonio Kast anunció una ofensiva contra la migración irregular, que golpea sobre todo a los venezolanos. Pero enfrenta un obstáculo de fondo: sin relaciones con Caracas, no tiene a dónde deportarlos. Segunda entrega de la serie.
En Chile viven unos 340.000 migrantes en situación irregular, en su mayoría venezolanos. El presidente José Antonio Kast llegó al poder prometiendo expulsarlos, y esta semana anunció dos proyectos de ley para acelerar el proceso. Pero choca con una paradoja que ningún discurso resuelve: para deportar a un venezolano hace falta que Venezuela lo reciba, y entre Santiago y Caracas no hay relaciones. Segunda entrega de la serie sobre la diáspora en el limbo.
El espejo del sur
Si Estados Unidos es el destino que la diáspora venezolana mira primero, Chile es su gran espejo en el sur del continente. Durante la última década, cientos de miles de venezolanos cruzaron el continente entero —a pie buena parte del trayecto, atravesando la selva, los Andes y el desierto— para llegar a un país que prometía estabilidad. Hoy ese país cambió de signo político, y con él, el clima para quienes llegaron.
José Antonio Kast asumió la presidencia el 11 de marzo de 2026, tras ganar el balotaje con más del 58% de los votos, impulsado por la preocupación ciudadana con la seguridad, el crimen y la migración irregular. Es el primer presidente de la derecha dura chilena desde el fin de la dictadura de Pinochet, y llegó al poder con una promesa central: poner orden en la frontera y revertir lo que describe como una migración descontrolada.
La ofensiva de esta semana
El domingo 7 de junio, durante una gira por la zona norte, Kast anunció desde el complejo fronterizo de Arica dos proyectos de ley para endurecer el control migratorio. El primero amplía de cinco a sesenta días, prorrogables, el período durante el cual se puede retener a un extranjero con orden de expulsión, una medida pensada para facilitar las deportaciones. El segundo modifica el Código Penal para convertir en delito —con agravantes— el traslado de personas en situación irregular, apuntando a las redes que operan en la frontera.
Los anuncios se enmarcan en el llamado «Plan Escudo Fronterizo», que contempla zanjas, vigilancia y refuerzo de la seguridad en el límite norte, por donde ingresan muchos migrantes desde Bolivia y Perú. El gobierno vincula de forma explícita la migración irregular con el crimen organizado, y en particular con el Tren de Aragua, la banda de origen venezolano que Estados Unidos declaró organización terrorista.

La paradoja que el discurso no resuelve
Aquí aparece el muro con el que choca toda la retórica. Expulsar a un migrante no depende solo de la voluntad del país que lo expulsa: hace falta que el país de origen acepte recibirlo. Y entre Chile y Venezuela las relaciones diplomáticas están cortadas. El resultado es una contradicción difícil de sortear: el gobierno puede emitir miles de órdenes de expulsión contra venezolanos, pero no tiene un canal para ejecutarlas.
Las cifras lo dejan en evidencia. Pese al endurecimiento del discurso, hasta hace pocas semanas el gobierno había concretado apenas dos vuelos de expulsión, con unos cuarenta migrantes cada uno, y con destino a países como Colombia, Bolivia, Ecuador, Haití y República Dominicana, no a Venezuela. El propio Kast reconoció, al matizar su promesa de campaña de expulsar a cientos de miles, que no existe capacidad para hacerlo de inmediato. Una cosa es el anuncio y otra, como dice el refrán, es con la guitarra en la mano.
Cómo se cae en la irregularidad
El caso chileno ilustra bien algo que vale para toda la diáspora: cómo una persona termina siendo «irregular» sin haberlo buscado. Pocos cruzan una frontera con la intención de vivir en la sombra. La irregularidad suele ser el resultado de un proceso, no de una decisión.
Se cae en ella de varias maneras. Por entrar fuera de un paso habilitado, cuando las vías legales se cierran o se vuelven inalcanzables. Por agotar el plazo de una visa de turista sin lograr regularizar la estadía. Por quedar atrapado en un trámite que el propio Estado paraliza o demora durante años. O, como se vio en la primera entrega de esta serie, por perder de golpe un estatus que se tenía en regla, cuando un gobierno cancela una protección como el TPS. En casi todos los casos, la persona pasó por un momento en que estaba dentro de las reglas, y fue el cierre de las vías —no su voluntad— lo que la empujó al margen.
Una vez en la irregularidad, sortearla es durísimo. Sin documentos, el migrante queda excluido del empleo formal, de la banca, a veces de la salud y la educación. Y queda, sobre todo, expuesto: a la explotación laboral, al abuso y a un mercado de intermediarios que prospera precisamente a costa de esa vulnerabilidad. De ese mercado —el negocio que crece alrededor del irregular— trata la tercera y última entrega de esta serie.
Esta nota es informativa y no constituye asesoría legal. Cada situación migratoria es distinta; ante una decisión, consulte a un profesional acreditado y verifique la información en fuentes oficiales.
Fuentes principales: T13 y Confirmado sobre los proyectos de ley anunciados por Kast el 7 de junio de 2026 en Arica; Infobae sobre las dificultades para ejecutar las órdenes de expulsión y los vuelos concretados; France 24 y Swissinfo sobre la política migratoria de Kast y la cifra de irregulares en Chile.
Navegación de la serie
Serie «La diáspora en el limbo» · 2 de 3 [← Entrega 1: EE.UU. y el limbo del TPS](https://incisos.com/2026/06/10/limbo-tps-venezolanos-estados-unidos-fallo-mcconnell/) · Estás en la entrega 2. · [Entrega 3: el negocio del limbo →](https://incisos.com/2026/06/10/negocio-estafas-migrantes-limbo-notarios-gestores/)
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