Cuba
El Departamento de Justicia prepara cargos contra Raúl Castro por el caso Brothers to the Rescue
Fiscales federales en Miami trabajan en una acusación contra el ex presidente cubano de 94 años por el derribo de dos avionetas civiles en 1996, en el que murieron tres ciudadanos estadounidenses. El anuncio podría llegar este miércoles 20 de mayo, según fuentes citadas por CNN, Reuters y CBS. La hoja de ruta penal que se aplicó a Maduro en Venezuela podría repetirse contra Castro.
Recuadro 6W
| § Las 6W de esta nota | |
|---|---|
| Qué | El Departamento de Justicia prepara cargos penales contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas civiles en 1996. |
| Quién | Raúl Castro Ruz, 94 años, ex presidente cubano; Fiscalía Federal del Distrito Sur de Florida, encabezada por Jason Reding Quiñones. |
| Cuándo | Hechos del 24 de febrero de 1996; anuncio formal de cargos previsto para el miércoles 20 de mayo de 2026 en Miami. |
| Dónde | Espacio aéreo internacional al norte de Cuba; presentación de cargos prevista en la corte federal de Miami. |
| Por qué | Existe grabación de comunicaciones de los pilotos cubanos que indicaría que Castro, entonces ministro de Defensa, ordenó el derribo. |
| Cómo | Imputación federal aprobada por gran jurado; sin extradición posible, replica el modelo aplicado a Maduro entre 2020 y 2026. |
El 24 de febrero de 1996, dos avionetas Cessna 337 Skymaster que pertenecían a la organización Hermanos al Rescate fueron derribadas por aviones de combate MiG cubanos en el espacio aéreo internacional, al norte de Cuba. Murieron cuatro personas, tres de ellas ciudadanos estadounidenses: Carlos Costa, Armando Alejandre Jr. y Mario de la Peña. La cuarta víctima, Pablo Morales, era residente permanente legal. Treinta años después, el Departamento de Justicia de Estados Unidos está a días de presentar cargos federales contra el hombre que, según fiscales citados por CBS, CNN y Reuters esta semana, dio la orden.
Ese hombre es Raúl Castro Ruz, 94 años, hermano menor de Fidel, ex presidente de Cuba entre 2008 y 2018 y, hasta abril de 2021, primer secretario del Partido Comunista Cubano. En 1996 era ministro de Defensa de la isla. Aunque oficialmente se retiró de todos los cargos de gobierno hace cinco años, sigue siendo considerado por analistas dentro y fuera de Cuba como la figura política y simbólica más poderosa del régimen.
Las fuentes citadas por los medios estadounidenses indican que la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Florida, encabezada por el fiscal Jason Reding Quiñones —un aliado declarado del presidente Donald Trump—, ha estado trabajando en el expediente durante meses. El anuncio formal de los cargos podría producirse este miércoles 20 de mayo en Miami, coincidiendo con un evento conmemorativo organizado por los propios fiscales en honor a las víctimas. La elección de la fecha no es casual: busca dotar al anuncio del mayor peso simbólico posible ante la comunidad cubanoamericana del sur de la Florida.
La base material de la acusación, según una carta enviada en febrero por el congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart a la entonces fiscal general Pam Bondi, son grabaciones de las comunicaciones por radio entre los pilotos cubanos de los MiG y su cadena de mando durante el derribo. Esas grabaciones, conocidas desde hace décadas, indicarían que la orden de abrir fuego en aguas internacionales provino directamente de quien entonces dirigía las Fuerzas Armadas Revolucionarias: Raúl Castro. En 2003, tres oficiales cubanos vinculados al caso fueron acusados formalmente en cortes estadounidenses, pero nunca fueron extraditados ni juzgados en territorio norteamericano. Ahora la fiscalía busca dar el paso siguiente.
Esta movida hay que leerla en un contexto más amplio. La hoja de ruta no es nueva: es exactamente la misma que Washington aplicó contra Nicolás Maduro y otros altos funcionarios venezolanos a partir de 2020. En aquel momento, el Departamento de Justicia presentó cargos federales por narcoterrorismo, drogas y financiamiento ilícito contra Maduro, Diosdado Cabello y otros, y ofreció recompensas millonarias por información que llevara a su captura. Durante años esos cargos parecieron principalmente una herramienta de presión diplomática. Hasta que el 3 de enero de 2026, una incursión militar estadounidense terminó con Maduro y Cilia Flores capturados en Caracas y trasladados a Nueva York para enfrentar esos mismos cargos.
Trump anunció el 8 de marzo, desde la Casa Blanca, que Cuba «sería la próxima». Sus palabras exactas, recogidas por la cadena CNN, fueron que podía darse «muy bien una toma amistosa de Cuba» después de muchos años. Desde enero, su administración ha cortado el suministro de petróleo venezolano a la isla, ha amenazado con aranceles a cualquier país que envíe combustible a Cuba y ha establecido de facto un bloqueo energético que, según informes recientes, ha desencadenado los apagones más severos en décadas. La isla de once millones de habitantes enfrenta su peor momento económico desde la caída del bloque soviético.
A la presión económica se suma ahora la presión judicial. El miércoles pasado, una delegación encabezada por el director de la CIA John Ratcliffe se reunió en La Habana con funcionarios cubanos. Según fuentes citadas por Al Jazeera, Ratcliffe ofreció cien millones de dólares en ayuda humanitaria a cambio de que el gobierno cubano aceptara «reformas significativas». La oferta no fue rechazada públicamente, pero Cuba reiteró que no representa una amenaza a la seguridad nacional estadounidense y que no hay «razones legítimas» para mantenerla en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Horas después de esa reunión, comenzaron a filtrarse a los medios estadounidenses los detalles sobre los cargos preparados contra Raúl Castro.
Hay aquí dos lecturas que conviene tener separadas. Una es la jurídica: ¿qué probabilidad real hay de que Estados Unidos termine logrando la presencia física de Raúl Castro ante un tribunal federal en Miami? La respuesta, hasta hace menos de dos años, habría sido cercana a cero. Después del 3 de enero de 2026 en Caracas, esa misma respuesta se volvió no cero. Una imputación federal abre la puerta a múltiples mecanismos de presión: la ampliación de recompensas, el uso del cargo como palanca diplomática, y eventualmente —si la situación cubana se deteriora más— operativos cuya posibilidad antes parecía descartada.
La otra lectura es política. Para la comunidad cubanoamericana de Florida, esta imputación cierra un círculo abierto hace treinta años, cuando familias enteras vieron a sus hijos morir en el agua sin que nadie respondiera con nombre y apellido. Es un gesto largamente esperado por una de las bases electorales más fieles de Trump en un estado clave. Para la diáspora hispana en general, es la señal de que la presión sobre los regímenes autoritarios de la región no se detuvo con la operación de Caracas: continúa, ahora en clave judicial, contra el actor más simbólico que queda en pie en el Caribe.
Lo que no se sabe todavía es si el gobierno cubano responderá con apertura o con repliegue. Mientras se conoce el anuncio del miércoles, la isla sigue a oscuras, sin combustible, con su economía estrangulada y con un líder de 94 años a quien Estados Unidos está a punto de convertir, formalmente, en acusado federal. La pregunta de fondo no es si Raúl Castro va a sentarse algún día ante un juez en Miami. La pregunta es qué pasa en La Habana entre el momento del anuncio y la respuesta de un régimen que durante medio siglo aprendió a sobrevivir bajo presión, pero nunca bajo una presión exactamente como esta.
Alfredo Yánez
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131 años después de Dos Ríos: por qué Martí sigue siendo lectura obligada en la diáspora
El 19 de mayo de 1895, José Julián Martí Pérez cayó en combate en Dos Ríos, oriente de Cuba, a los 42 años, intentando impedir, en sus propias palabras, «que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan sobre nuestras tierras de América». 131 años después, la pregunta que él dejó sin terminar sigue abierta sobre la mesa de la diáspora cubana, venezolana y latinoamericana en Estados Unidos.
Recuadro 6W
| § Las 6W de esta nota | |
|---|---|
| Qué | Se cumplen 131 años de la caída en combate de José Martí en Dos Ríos, en oriente de Cuba. |
| Quién | José Julián Martí Pérez (1853-1895), poeta, periodista, fundador del Partido Revolucionario Cubano, mayor general del Ejército Libertador. |
| Cuándo | 19 de mayo de 1895; aniversario 131 este martes 19 de mayo de 2026. |
| Dónde | Dos Ríos, en la confluencia del Cauto y el Contramaestre, en la actual provincia Granma. |
| Por qué | Sus 15 años en Estados Unidos (1880-1895) lo convirtieron en uno de los primeros pensadores hispanos del exilio en suelo estadounidense. |
| Cómo | Lectura del legado martiano desde la perspectiva de la diáspora hispana contemporánea en Estados Unidos. |
Hay una frase escrita en español, en una carta inconclusa a Manuel Mercado, fechada el 18 de mayo de 1895 —un día antes de su muerte—, que cualquier hispano que viva hoy en Estados Unidos debería leer al menos una vez en su vida. Dice así: «Todo lo que hice hasta hoy, y haré, es para eso. En silencio ha tenido que ser y como indirectamente, porque hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas; y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias para alcanzar sobre ellas el fin. Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso. Es mi deber —puesto que lo conozco y tengo ánimo con que realizarlo— impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América.»
La firmó José Julián Martí Pérez, mayor general del Ejército Libertador, fundador del Partido Revolucionario Cubano, poeta, periodista, ensayista, abogado, traductor y profesor. Tenía 42 años. Al día siguiente murió en combate, en una zona del oriente cubano llamada Dos Ríos, alcanzado por tres balas españolas al desobedecer la orden directa de Máximo Gómez de no entrar a la línea de fuego. Fue, en estricto sentido, una muerte evitable. Pero su biografía completa hace casi imposible imaginar que él pudiera haberla evitado.
Cada 19 de mayo, los cubanos dentro y fuera de la isla recuerdan ese momento. Este 2026 marca el aniversario 131. En cualquier otro año, esta nota habría sido un tributo. En este 2026, con Estados Unidos cerrando un ciclo histórico que el propio Martí intentó frenar —la presencia militar y económica directa de Washington en La Habana y en Caracas— la fecha tiene otra textura. No para volverla bandera contra nadie, sino para usarla como lo que siempre fue: una pregunta abierta.
Martí vivió quince años en territorio estadounidense, de 1880 a 1895, casi todos ellos en Nueva York. Allí escribió la mayor parte de su obra periodística, allí fundó el Partido Revolucionario Cubano en 1892, allí enviaba crónicas a periódicos de toda América Latina —a La Nación de Buenos Aires, a El Partido Liberal de México, a La Opinión Nacional de Caracas— sobre la vida estadounidense, la política, la economía, la cultura, los ferrocarriles, los rascacielos, los inmigrantes, los conflictos raciales, la corrupción de Tammany Hall. Esas crónicas son hoy uno de los corpus de periodismo latinoamericano sobre Estados Unidos más extensos y precisos del siglo XIX. Las escribió alguien que entendió desde adentro al país que lo recibió en el exilio y que, al mismo tiempo, lo combatió políticamente porque conocía sus formas de expansión hacia el sur.
Ese doble lugar —en Estados Unidos, pero crítico de su política exterior; agradecido al país que lo dejó vivir, pero no por eso ciego ante sus apetitos imperiales— es lo que vuelve a Martí lectura obligada para cualquier hispano que hoy viva la diáspora. No por nacionalismo. Por método. Martí no escribió desde la nostalgia ni desde el resentimiento. Escribió desde la observación cercana. Decía que había vivido en el monstruo y le conocía las entrañas. La frase es famosa. Lo que se cita menos es que la usó para entender, no para condenar. Su crítica al expansionismo estadounidense convivía con una admiración explícita por la libertad de prensa, por la fuerza creativa de la inmigración, por la energía del trabajo. La complejidad es lo que lo hace tan valioso 131 años después.
En 2026, los hispanos en Estados Unidos somos 62 millones. Trabajamos, pagamos impuestos, sostenemos industrias enteras, votamos. Y al mismo tiempo seguimos siendo, en buena medida, los observadores de un sistema que no diseñamos pero que afecta a nuestras familias en México, en Colombia, en Venezuela, en Honduras, en Cuba. La tensión que Martí vivió es la misma que millones viven hoy, en otra escala y con otras herramientas. Trabajar dentro, pensar afuera. Beneficiarse de las instituciones, criticar sus excesos. Ser parte sin ser idéntico. Esa es, en el fondo, la condición de la diáspora.
Hay un dato que ilustra la actualidad del problema. En la última semana, Estados Unidos formalizó la cooperación bilateral con la presidencia interina de Delcy Rodríguez en Venezuela —reforma petrolera, ley de minas, evaluaciones TSA en aeropuertos, recorridos diplomáticos por hospitales caraqueños— y simultáneamente comenzó a circular la información de que el Departamento de Justicia prepara cargos federales contra Raúl Castro en Cuba. La presencia estadounidense en las Antillas, contra la que escribió Martí en aquella carta inconclusa de Manuel Mercado, no es la presencia militar del 1898. Es otra. Pero el patrón estructural —la potencia del norte definiendo los términos de la transición política de las naciones del sur— no es radicalmente distinto.
Martí no escribió contra Estados Unidos. Escribió a favor de una América Latina que pudiera definir su propia transición. La frase central de su pensamiento maduro no es «Yanquis go home». Es «con todos y para el bien de todos». Su utopía era construir repúblicas propias, sin colonialismo español pero sin tutela norteamericana. Esa utopía sigue, 131 años después, sin resolverse. Lo que se ha movido es el lugar desde el que se piensa: hoy se piensa, en parte, desde Estados Unidos. Es decir, desde el lugar donde Martí pensó la última década de su vida. Esa simetría es la que vuelve la fecha del 19 de mayo de 1895 distinta de cualquier otra efeméride latinoamericana.
Una recomendación práctica para este aniversario, para quienes nunca lo hayan leído: empezar por Nuestra América, ensayo publicado en La Revista Ilustrada de Nueva York el 10 de enero de 1891. Cabe en quince minutos de lectura. Su primera línea es una de las más exactas que se hayan escrito sobre la región: «Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima.»
131 años después, los gigantes siguen ahí. Los aldeanos también. Y los hispanos en Estados Unidos somos, queramos o no, espectadores con asiento de primera fila en el escenario donde se sigue jugando aquella partida. Martí escribió para que esa partida nos importara. Ese sigue siendo, hoy, el mejor uso posible de un 19 de mayo.
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