Política
El voto colombiano redefine la posición regional sobre Venezuela
Lo que pase el 31 de mayo en Colombia no se queda en Colombia. Caracas escucha. Washington escucha. La diáspora venezolana también.
A dos semanas de la primera vuelta presidencial colombiana, Caracas escucha con más atención que en cualquier momento de los últimos cuatro años. Gustavo Petro fue el primer jefe de Estado en visitar a Delcy Rodríguez después de la captura de Maduro. Iván Cepeda, su candidato natural, heredaría esa línea. La derecha colombiana se alinearía con Washington. Y la transición venezolana, conducida desde Mar-a-Lago, espera saber qué vecino tendrá enfrente. —
Caracas escucha
El viernes 24 de abril de 2026, el presidente Gustavo Petro aterrizó en Caracas y se reunió con la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Fue la primera visita oficial de un jefe de Estado a Venezuela después del 3 de enero, día en que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro y Cilia Flores en un operativo militar en la propia Caracas.
La reunión, en términos formales, abordó tres temas: seguridad fronteriza, cooperación energética y comercio bilateral. En términos políticos, fue un movimiento diplomático que reescribió, por unos días, la conversación regional sobre quién tiene voz en la transición venezolana. Por ese momento, esa voz era la del presidente saliente de Colombia. Por ese momento, esa voz era la del jefe del Pacto Histórico, la misma coalición cuyo candidato compite por la sucesión el 31 de mayo.
A dos semanas de esa elección, vale preguntarse qué cambia el lunes 1 de junio. Vale, también, preguntarse qué pasa el 21 de junio si hay segunda vuelta. Las respuestas no son simétricas. La elección colombiana redefine la geometría regional de la transición venezolana en proporciones que el debate público colombiano apenas empieza a procesar.
Cinco hitos diplomáticos en cuatro meses
La reunión Petro-Rodríguez del 24 de abril en Caracas no fue un evento aislado. Fue el cierre de un proceso diplomático de cuatro meses que incluyó al menos cinco hitos relevantes.
El primer hito fue la conversación telefónica Petro-Rodríguez del 18 de febrero, dos días después de que Petro se reuniera con Donald Trump en la Casa Blanca.
El segundo hito fue la visita de una delegación liderada por el ministro de Minas y Energía colombiano, Edwin Palma, al Palacio de Miraflores el 20 de febrero, cuyo eje fue el tema energético, incluyendo el futuro de la empresa Monómeros.
El tercer hito fue el intento fallido de encuentro Petro-Rodríguez del 13 de marzo en el puente Atanasio Girardot, que une Cúcuta con el estado Táchira. La cita se canceló, según información oficial, por razones de seguridad en la zona fronteriza.
El cuarto hito fue el encuentro efectivo del 24 de abril en Caracas, con presencia colombiana de la canciller Rosa Yolanda Villavicencio y del ministro de Defensa Pedro Sánchez, y presencia venezolana de Diosdado Cabello e Iván Gil.
El quinto hito, todavía abierto, es la posible operación conjunta «Catatumbo» entre fuerzas armadas de ambos países, con énfasis en inteligencia militar contra el ELN, disidencias FARC y el Tren de Aragua.
Lo que ese itinerario muestra es una política exterior colombiana activa hacia Venezuela durante toda la transición. Lo que el 31 de mayo decide es si esa política continúa, se modifica radicalmente o se interrumpe.
El veredicto de los expertos
La analista colombiana Sandra Borda y el experto del Atlantic Council Geoff Ramsey, citados por la BBC en su análisis de la reunión Petro-Rodríguez del 24 de abril, llegaron a una conclusión incómoda para el oficialismo colombiano: «Sería justo decir que Colombia ha quedado marginada de la transición en Venezuela, si es que alguna vez tuvo un papel activo». La frase es de Ramsey. Y agrega: «Petro nunca logró mediar en un diálogo político entre Maduro y Trump».
La conducción de la transición venezolana corresponde, en la práctica, a Estados Unidos bajo el plan de tres fases del secretario Marco Rubio formulado ante el Congreso el 7 de enero de 2026. Las decisiones sobre sanciones, sobre presencia de Chevron en la Faja del Orinoco, sobre relaciones con el FMI, sobre el alcance del retorno político de María Corina Machado, se han tomado o se están tomando en Washington.
Borda, en el mismo análisis, plantea una hipótesis que vale considerar: «Estados Unidos no tiene un interés directo y explícito en que haya una transición democrática rápido». La razón, según ella, sería pragmática: la encargaduría de Delcy Rodríguez, formalmente legitimada por Estados Unidos según el analista Jaime Wilches en declaraciones a Infobae, está conducida bajo términos que favorecen los intereses estadounidenses en la región.
Tres futuros posibles para la posición colombiana
El primer futuro es Cepeda gana. La línea Petro de diálogo amplio con Caracas continúa. Cepeda, como senador, ha viajado a Venezuela en varias ocasiones a lo largo de su trayectoria política. Como presidente, probablemente intensificaría la cooperación bilateral en seguridad fronteriza, energía y comercio, manteniendo una distancia crítica con las violaciones de derechos humanos documentadas y mostrando apertura a procesos de transición que no sean conducidos exclusivamente desde Washington.
El segundo futuro es Valencia gana. Colombia rompe con la línea Petro y se alinea explícitamente con la posición del Departamento de Estado de Estados Unidos. Eso significa apoyo activo al plan Rubio de tres fases, presión por elecciones libres en plazos definidos, distancia diplomática con la encargaduría de Rodríguez si esta no avanza hacia transición real, y disposición a contribuir con infraestructura logística colombiana para el plan regional de Washington.
El tercer futuro es De la Espriella gana. La incertidumbre es mayor. De la Espriella tiene menos trayectoria diplomática verificable. Su retórica anti-corrupción y anti-narcotráfico podría traducirse en una línea más confrontativa con cualquier residuo del chavismo institucional. El alineamiento con Washington sería casi automático, pero el estilo sería distinto al de Valencia: más mediático, menos institucional, más cercano a la estética política bukelista.
Lo que la diáspora venezolana debe leer
Para los venezolanos en Estados Unidos, la elección colombiana del 31 de mayo no es lejana. Es la pieza inmediata que se suma al tablero de la transición. Tres consideraciones merecen registro.
Primera. El retorno político de Venezuela depende en parte de los plazos que Washington imponga al plan Rubio. Esos plazos son, hasta hoy, indefinidos. La crítica más sustantiva al plan Rubio es la ausencia de fechas-tope para el cierre de cada fase. Si gana Cepeda en Colombia, esa indefinición podría tener un interlocutor regional que la cuestione. Si gana Valencia o De la Espriella, ese interlocutor desaparece.
Segunda. La situación de la diáspora venezolana en Colombia —cerca de 2,8 millones de personas según la plataforma R4V— depende directamente de las políticas migratorias que adopte el próximo gobierno. Cepeda heredaría la línea Petro de regularización y acceso a servicios. Valencia o De la Espriella tendrían enfoques más restrictivos.
Tercera. La conexión energética entre los dos países es uno de los temas más sensibles del momento. Trump le pidió a Petro en febrero que Colombia facilitara infraestructura para refinar petróleo venezolano. Petro no ha aceptado activamente. Si gana Valencia o De la Espriella, esa cooperación energética probablemente se acelere.
Una elección, dos países, una región
Lo que pase el 31 de mayo en Colombia no se queda en Colombia. Caracas escucha. Washington escucha. Y la diáspora venezolana en Estados Unidos, que ya vivió la captura de Maduro y observa con cautela la encargaduría de Rodríguez, recibe una pieza más en un rompecabezas regional que se está armando en tiempo real.
A dos semanas del voto colombiano, los analistas regionales coinciden en una lectura mínima: la transición venezolana no se conducirá desde Bogotá. Se conducirá desde Washington. Pero el papel de Bogotá —de interlocutor menor a observador alineado, según quién gane— sí afecta el ritmo, los términos y las garantías de esa transición.
El domingo 31 de mayo, Colombia decide. Caracas espera el resultado. Y la diáspora venezolana en Estados Unidos —que ya votó con los pies hace tiempo— tiene una buena razón para seguir esta elección con atención.
- —

Fuentes principales
- BBC Mundo, cobertura de la reunión Petro-Rodríguez del 24 de abril de 2026.
- Infobae Colombia, declaraciones de Jaime Wilches sobre la encargaduría venezolana.
- Análisis del Atlantic Council por Geoff Ramsey sobre el papel colombiano en la transición.
- Plataforma R4V de Naciones Unidas, datos diáspora venezolana en Colombia.
Alfredo Yánez
9 libros que te cambian la perspectiva
Finanzas, emprendimiento, migración y más — disponibles en Amazon
VER LIBROS →Política
La aprobación de Delcy Rodríguez cae sin freno a cinco meses
AtlasIntel y Bloomberg registran a Delcy Rodríguez en 25,2% de aprobación y 58,7% de desaprobación. La caída sostenida revela el desgaste de la transición venezolana.
| **6W** | |
|---|---|
| Qué | La aprobación de Delcy Rodríguez cae de forma sostenida y llega a 25,2% a cinco meses de asumir. |
| Quién | La presidenta encargada Delcy Rodríguez y la población venezolana que evalúa su gestión. |
| Cuándo | La última medición de AtlasIntel y Bloomberg corresponde a mayo de 2026. |
| Dónde | Venezuela, con eco en la diáspora que sigue la transición. |
| Por qué | La distancia entre las expectativas de la transición y la vida cotidiana se ensancha. |
| Cómo | A través de una serie de encuestas mensuales que no registran ningún mes de rebote. |
El activo más valioso de un gobierno de transición es el optimismo de su gente. Cinco meses después de asumir, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, está viendo cómo ese activo se agota mes a mes, sin un solo período de recuperación.
Una caída en línea recta

La última encuesta de AtlasIntel y Bloomberg sitúa la aprobación de Rodríguez en 25,2% frente a 58,7% de desaprobación. El dato cobra fuerza al mirar la serie completa: cuando asumió, las primeras mediciones le daban un margen razonable, con 37% de aprobación. Desde entonces, la curva solo ha bajado, sin un mes de rebote.
Que la caída sea constante descarta que responda a un episodio puntual y apunta a algo estructural: la brecha entre lo que la transición prometió y lo que la mayoría de los venezolanos experimenta cada día. El 79% considera que la economía va mal, y ese juicio se traslada directamente a la evaluación del gobierno.
El detalle revelador
Lo más significativo no es el rechazo ideológico, sino su naturaleza. La franja que califica la gestión como «regular» se mantuvo estable, cerca del 38%, durante todo el período. El movimiento no viene de una oposición que se endurece, sino de personas que antes esperaban resultados y ya no los ven: quienes consideraban el gobierno aceptable están migrando hacia la evaluación negativa.
Es el desgaste de la expectativa, no el de la confrontación. La gente no se radicaliza en contra; simplemente deja de creer que la mejora llegará. Y para un gobierno que se sostiene sobre la promesa de estabilización y recuperación, esa pérdida silenciosa de fe es la más peligrosa.
Lo que está en juego en el segundo semestre
La conclusión que se desprende de los números es clara. Si la segunda mitad del año no trae mejoras concretas y perceptibles en salarios y costo de vida, el optimismo que aún sostiene al gobierno seguirá erosionándose, y con él, el margen político de Rodríguez para conducir la transición en sus propios términos.
Para la diáspora venezolana en Estados Unidos, que evalúa cada paso del proceso con una mezcla de esperanza y escepticismo, la tendencia confirma una intuición: la legitimidad de la transición no se mide en acuerdos diplomáticos ni en barriles de petróleo, sino en si una familia llega o no a fin de mes. Ahí, por ahora, los números no acompañan.
Esta nota tiene carácter informativo. Las cifras de encuestas reflejan mediciones de opinión con su propio margen de error.
Fuentes principales: Encuesta Venezuela Latam Pulse de AtlasIntel y Bloomberg (mayo de 2026); serie histórica de aprobación de la gestión de Delcy Rodríguez desde febrero de 2026.
Política
La OEA pone a Venezuela en el centro de su próxima Asamblea General
Ramdin recibió a Machado y declaró que Venezuela es prioridad de su gestión. El dialoguista que llegó conciliando con el chavismo ahora respalda la transición.
| **6W** | |
|---|---|
| Qué | La OEA anticipa que Venezuela será un punto clave de su próxima Asamblea General. |
| Quién | El secretario general Albert Ramdin y la líder opositora María Corina Machado. |
| Cuándo | La reunión se produjo el 12 de junio de 2026; la Asamblea se celebrará en Panamá. |
| Dónde | El encuentro fue en la OEA; la 56ª Asamblea General tendrá lugar en Panamá. |
| Por qué | El organismo busca definir cómo apoyar la transición venezolana en su fase crítica. |
| Cómo | Mediante cooperación electoral, reformas de justicia e iniciativas de reconciliación. |
Hay reuniones cuyo peso está menos en lo que se dice que en quién lo dice. El encuentro del 12 de junio entre el secretario general de la Organización de los Estados Americanos, Albert Ramdin, y la líder opositora María Corina Machado es una de ellas, porque marca la distancia entre el Ramdin que llegó al cargo y el que hoy coloca a Venezuela en el centro de la agenda hemisférica.
El anuncio
Ramdin fue explícito sobre la prioridad. «Venezuela es una prioridad para la región y para mi gestión», declaró tras la reunión, y anticipó que la próxima 56ª Asamblea General de la OEA, que se celebrará en Panamá, será el espacio donde los Estados miembros evalúen cómo apoyar mejor al país en lo que describió como una coyuntura crítica.
El secretario general detalló el menú de herramientas que la organización pone sobre la mesa: cooperación y observación electoral, iniciativas de reconciliación, reformas de justicia y apoyo en materia de seguridad. En sus palabras, son áreas donde la OEA cuenta con ventajas comparativas, y el objetivo declarado es que cualquier esfuerzo priorice el bienestar de todos los venezolanos.
El giro que da peso a la escena

Aquí está el ángulo que no debe pasarse por alto. Cuando Ramdin asumió en 2025, sucediendo al uruguayo Luis Almagro, llegó con una etiqueta precisa: la del dialoguista. Frente al estilo frontal y confrontativo de Almagro, que durante una década fue uno de los críticos más duros del chavismo, Ramdin prometió un enfoque conciliador y abogó abiertamente por el diálogo con el entonces gobierno de Nicolás Maduro, llegando a criticar las sanciones.
Ese contraste vuelve significativo el momento actual. El secretario general que apostaba por entenderse con el chavismo es ahora quien recibe a la líder de la oposición y eleva la transición al primer punto de la agenda regional. El cambio de circunstancias —la captura de Maduro, el gobierno de transición, la presión por un cronograma— reordenó las prioridades, y la OEA acompaña ese reordenamiento.
Por qué importa para la diáspora
Para los venezolanos en el exterior, el dato tiene una lectura concreta. La Asamblea General no es un trámite protocolar: es el foro donde los países del hemisferio fijan posición conjunta, y que Venezuela ocupe allí un lugar central significa presión internacional formal sobre el proceso. La cooperación electoral que ofrece la OEA, en particular, es una de las garantías que la oposición viene reclamando para cualquier futura votación.
La cautela, sin embargo, es necesaria. Una declaración de prioridad no es todavía una acción, y la capacidad real de la OEA para incidir en el terreno venezolano ha sido históricamente limitada. Lo que la reunión confirma es que el caso venezolano dejó de ser un asunto que se evita y pasó a ocupar el centro del debate hemisférico. Falta ver si ese centro produce resultados o se queda, como tantas veces, en la declaración.
Fuentes principales: Declaraciones del secretario general de la OEA, Albert Ramdin, tras su reunión con María Corina Machado (12 de junio de 2026); antecedentes sobre su elección en 2025 y su postura inicial de diálogo con el gobierno de Maduro; agenda de la 56ª Asamblea General de la OEA en Panamá.
Política
El voto del exterior dio vuelta el balotaje peruano a favor de Fujimori
Keiko Fujimori lidera por unos 1.030 votos gracias al sufragio del exterior, donde obtuvo el 63%. La proclamación oficial del balotaje no llegará hasta julio.
| **6W** | |
|---|---|
| Qué | El voto del exterior permitió a Keiko Fujimori remontar y ponerse al frente del balotaje por un margen mínimo. |
| Quién | Keiko Fujimori (Fuerza Popular), Roberto Sánchez (Juntos por el Perú), la ONPE y el JNE. |
| Cuándo | El balotaje fue el 7 de junio; el conteo seguía abierto al 12 de junio de 2026. |
| Dónde | Perú y el voto en el exterior, decisivo en una elección sin margen. |
| Por qué | Fujimori obtuvo cerca del 63% del sufragio exterior, lo que revirtió su segundo lugar. |
| Cómo | A través de la incorporación de las actas del exterior al cómputo nacional de la ONPE. |
Hay elecciones que se deciden lejos de donde se cuentan. El balotaje peruano del 7 de junio es una de ellas: lo que hasta esta semana parecía una ligera ventaja del candidato de izquierda se transformó en un liderazgo de la derecha gracias a un factor preciso, el voto de los peruanos que viven fuera del país.
La remontada

Durante buena parte del escrutinio, Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú, se mantuvo levemente al frente. Pero a medida que la ONPE incorporó las actas del exterior, la balanza se movió. Al cierre de esta cobertura, Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, superaba a Sánchez por poco más de mil votos: 50,002% frente a 49,998%, una de las diferencias más estrechas que se recuerden en la región.
La clave está en el desagregado. En el sufragio del exterior, Fujimori obtuvo cerca del 63% frente al 37% de Sánchez. Ese bloque, que en una elección holgada habría sido un complemento, en una definida por centenares de votos resultó determinante. Fue el voto de fuera el que permitió a Fujimori pasar del segundo al primer lugar.
Una definición que se estira
Pese al avance del conteo por encima del 98%, el sistema electoral peruano no proclamará un ganador de inmediato. Quedan por resolver cientos de actas observadas en manos de los jurados electorales especiales, que ya iniciaron audiencias públicas. La vocería del Jurado Nacional de Elecciones anticipó que la proclamación oficial llegará recién a mediados de julio.
En el ínterin, la tensión sube. Sánchez pidió respeto a la voluntad de las urnas y cuestionó lo que llamó «cosas extrañas» en el proceso, tras señalar movimientos en torno a las proyecciones de las encuestadoras. Fujimori, por su parte, llamó a la prudencia a la espera del resultado final.
El peso de los que se fueron
La elección deja una lección que trasciende a Perú. La diáspora latinoamericana, a menudo vista como un actor marginal en la política de sus países de origen, demostró tener capacidad de inclinar un resultado nacional. Para los millones de peruanos en Estados Unidos, España y otros destinos, su papeleta dejó de ser simbólica: fue, esta vez, la que movió la aguja. Esa constatación cambia la forma en que los partidos mirarán, de aquí en adelante, a sus comunidades en el exterior.
Fuentes principales: Reportes oficiales de la ONPE sobre el escrutinio de la segunda vuelta y el voto en el exterior; declaraciones del Jurado Nacional de Elecciones sobre el calendario de proclamación; cobertura de prensa peruana del balotaje del 7 de junio de 2026.
-
Política3 semanas agoEl economista, los bonos y Citgo
-
Inciso1 mes agoLa paciencia de Washington
-
Entrevistas1 semana agoZair Mundaray: «Enfrenté al poder con ciencia»
-
Política4 semanas agoRoberto Smith Perera: «La reconstrucción no puede esperar a la elección»
-
Política1 mes agoDelsa Solórzano: «Sin reinstitucionalización no hay estabilización; sin estabilización no hay recuperación; sin recuperación no hay elecciones libres»
-
Inciso2 semanas agoIn-Maduros
-
Política1 semana agoDiego Arria escribió en 2012 el guion de la transición de hoy
-
Política1 mes agoVenezuela First World: el plano más ambicioso de reconstrucción nacional
