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Política

Trump aterrizó en Pekín con la guerra de Irán encima

Donald Trump aterrizó en Pekín el miércoles 13 de mayo. La primera visita de un presidente estadounidense a China desde 2017. Tres mesas formales. Doce CEOs. Una sombra: Irán.

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Donald Trump tocó suelo chino el miércoles 13 de mayo de 2026 a las 7:50 de la noche, hora local. El jueves 14 empieza la cumbre formal con Xi Jinping. La agenda declarada habla de comercio, Taiwán e Irán. La agenda real cabe en una pregunta: ¿quién tiene las cartas?

Qué Cumbre formal Trump-Xi en Pekín. Primera visita de un presidente estadounidense a China desde la del propio Trump en 2017.
Quién Donald Trump, Xi Jinping. Delegación estadounidense: David Perdue (embajador en Pekín), más de doce CEOs incluidos Tim Cook (Apple) y Elon Musk (Tesla).
Cuándo Aterrizaje: miércoles 13 de mayo, 7:50 p.m. hora local. Reuniones bilaterales: jueves 14. Cierre: viernes 15 de mayo de 2026.
Dónde Pekín. Sede principal de las reuniones, el Gran Salón del Pueblo. Cena de Estado y tour al Templo del Cielo.
Por qué Porque la guerra con Irán, que arrancó el 28 de febrero y se proyectó a cuatro o seis semanas, sigue activa en mayo. Y porque Trump llega con popularidad en mínimos y necesita resultados.
Cómo Trump quiere acuerdos de compra de soya, carne y aviones Boeing; Xi quiere movimiento en Taiwán y reconocimiento. Ambos buscan estabilizar la relación.

El Air Force One aterrizó en el Aeropuerto Internacional Capital de Pekín a las 7:50 de la noche del miércoles 13 de mayo de 2026, hora local. Trescientos niños chinos vestidos con uniformes azules y blancos, ondeando banderas de Estados Unidos y de China, recibieron al presidente Donald Trump al pie de la escalerilla. Lo esperaban el vicepresidente chino Han Zheng, el embajador chino en Washington Xie Feng, el viceministro ejecutivo Ma Zhaoxu y el embajador estadounidense en Pekín David Perdue. La ceremonia incluyó banda militar y guardia de honor.

Por el protocolo, la primera visita de un presidente estadounidense a China desde 2017 —la del propio Trump— se inauguró con todos los honores. Por el contexto, la visita encubre algo más urgente: una negociación entre dos potencias que no llegan al encuentro en condiciones simétricas. Trump aterriza con la guerra de Irán encima, con inflación derivada del conflicto en máximos, con popularidad doméstica en mínimos. Xi recibe con calma de quien sabe que el tiempo, este mes, juega para él.

La sombra de Irán

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel atacaron a Irán. La administración Trump proyectó entonces un conflicto de cuatro a seis semanas. El miércoles 13 de mayo, dos meses y medio después del primer disparo, la guerra sigue. El alto el fuego que Trump anunció en abril está, según describió el propio presidente esta misma semana, «en soporte vital masivo». Algunos asesores le sugieren reanudar operaciones de combate.

02 politica pekin trump xi infografia

La consecuencia más inmediata, leída desde Pekín, es energética. El Estrecho de Ormuz —por donde pasa aproximadamente el 30% del petróleo marítimo mundial— atraviesa zonas de combate. Los precios globales del crudo subieron casi 40% desde marzo. La inflación estadounidense, que había bajado en los primeros meses de 2025, repuntó al 5,2% interanual en abril por la cadena de costos derivada del combustible.

Y aquí aparece la fuerza de Xi. China es el principal socio comercial de Irán y el mayor comprador de su petróleo. Si Beijing presiona a Teherán, Ormuz se abre. Si Beijing no presiona, Ormuz sigue donde está. Como dijo Dong, un analista del think tank Pangoal citado por NBC esta semana: «Esto le proporciona a China cierto grado de palanca».

Trump intentó minimizar el factor antes del despegue. «Tenemos muchas cosas que discutir. No diría que Irán es una de ellas, para ser honesto contigo, porque tenemos a Irán muy bajo control». La frase contradice el cuadro real. Y Pekín lo sabe.

Las tres mesas

La cumbre cubre tres mesas formales que se discutirán este jueves y viernes.

Mesa uno: comercio. Trump quiere anuncios. La administración aspira a acuerdos de compra adicionales de soya, carne y aviones Boeing. Quiere, además, abrir el proceso para establecer una Junta de Comercio bilateral que canalice las diferencias futuras sin recurrir a guerras arancelarias. La tregua arancelaria firmada en octubre de 2025 —la que se logró tras la primera reunión Trump-Xi en Busan al margen de la APEC— venció en abril y se renovó por un año. La intención estadounidense es formalizarla.

Mesa dos: Taiwán. China está descontenta con el paquete de armas de 11 mil millones de dólares que el Pentágono autorizó para Taipéi en diciembre y que aún no se ha empezado a entregar. Es el paquete más grande jamás aprobado para la isla. Trump dijo a la prensa el lunes que discutiría el paquete con Xi: «Él va a hablar de Taiwán, creo, más que yo». Algunos analistas del lado estadounidense temen que Trump, conocido por hablar improvisadamente, pueda flexibilizar la posición tradicional de Washington sobre el estatus de Taiwán —fórmula deliberadamente ambigua durante décadas— en un comentario fuera de libreto que Pekín pueda capitalizar.

Mesa tres: Irán. Aunque Trump diga lo contrario, todos los analistas independientes —incluido Kyle Chan de Brookings y Melanie Hart del Atlantic Council— coinciden en que Irán domina la visita. Lo que está sobre la mesa, en términos prácticos, es si Xi acepta usar su influencia para abrir Ormuz a cambio de algo. Ese algo, en la lógica de Pekín, es Taiwán. En la lógica de Washington, es flexibilidad arancelaria.

Lo que Trump trae en el avión

La delegación estadounidense que acompaña al presidente es la más empresarial que se ha visto en una visita de Estado en años. Más de doce CEOs de las mayores empresas estadounidenses viajan con Trump. Entre ellos, Tim Cook de Apple, Elon Musk de Tesla, los presidentes de Boeing y Citigroup. La señal hacia Pekín es clara: el sector privado estadounidense viene a cerrar negocios, no solo a observar.

La presencia de esta delegación tiene un costado periodístico interesante. Apple, Tesla y Boeing tienen, individualmente, exposición masiva al mercado chino. Tim Cook ha sostenido la cadena de producción de Apple en China durante años, incluso bajo la presión arancelaria de la primera administración Trump. Elon Musk opera la fábrica más grande de Tesla en Shanghái. Boeing es uno de los exportadores estadounidenses más vulnerables a las represalias chinas, como demostró Pekín en 2025 al suspender pedidos. Trump trae con él, en otras palabras, a los rehenes corporativos del status quo.

Lo que se juega para Venezuela

En el cuadro estratégico que dibujó la operación del 3 de enero —captura de Maduro, instalación de Delcy Rodríguez, tutelaje petrolero— China ocupa un lugar específico. Pekín fue, durante la última década del chavismo, el principal acreedor financiero de Caracas y el comprador alternativo de su crudo cuando las sanciones estadounidenses cerraron el mercado tradicional. La caída del régimen Maduro implicó, para China, la pérdida de un punto de apoyo regional. La administración Trump aprovechó ese vacío para reinstalar a ExxonMobil y Chevron, y para reordenar los flujos del crudo venezolano hacia refinerías del Golfo de México.

La cumbre de esta semana no incluye Venezuela en la agenda formal. Pero los movimientos comerciales que se acuerden o no se acuerden tendrán consecuencias directas sobre la flexibilidad de Caracas frente a Washington. Si China obtiene concesiones en Taiwán a cambio de presión sobre Irán, su capital político en el hemisferio occidental se preserva —y la presión sobre Delcy Rodríguez para acelerar la transición democrática gana margen—. Si China sale con menos, Pekín necesitará reposicionarse en América Latina con más agresividad —y Caracas vuelve a ser un punto de apoyo potencial—.

La frase de Trump del martes 12 antes de subir al avión —«vamos a sacar a todos los presos políticos venezolanos»— y su elogio a Delcy operan en este contexto. La administración Trump asegura ante su propia opinión pública que el frente venezolano avanza, mientras se concentra en la mesa real, que es la china.

El cálculo de popularidad

Trump llega a Pekín con la popularidad doméstica más baja de su segundo mandato. La combinación de guerra con Irán prolongada, inflación derivada del combustible, primarias demócratas en Nebraska que esta semana mostraron escaños republicanos al alcance opositor, y una economía que crece menos de lo prometido configura un cuadro de necesidad. El presidente necesita ganar visiblemente.

Por eso lo que la administración Trump espera anunciar en las próximas 48 horas son entregables concretos: compras de soya (mensaje al votante agrícola del Medio Oeste), compras de aviones Boeing (mensaje al obrero industrial), apertura de la Junta de Comercio (mensaje al sector financiero). El detalle, según fuentes citadas por NPR esta semana, es que los anuncios todavía estaban «en flujo» a 24 horas del aterrizaje. Algo inusual. Normalmente los entregables económicos están cerrados con antelación.

Eso sugiere que parte de la cumbre se va a definir en tiempo real. Y eso, en una negociación donde el más necesitado es Trump y donde Xi controla la pieza más urgente —Irán—, conviene leerlo como ventaja estructural china.

Lo que viene

Jueves 14 de mayo: cena de Estado y primeras bilaterales formales. Viernes 15: continuación de reuniones, tour al Templo del Cielo, anuncio conjunto. La declaración final está, al cierre de esta edición, sin texto cerrado.

La próxima semana —independientemente del comunicado oficial— los movimientos relevantes serán dos. Vladímir Putin viaja a Pekín días después de la salida de Trump. Y el ministro de Relaciones Exteriores de Irán estuvo en Pekín la semana del 5 al 11 de mayo. China negocia, simultáneamente, con tres potencias adversarias entre sí. Esa es la posición real del tablero.

Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →

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Política

Terror al baremo

Bellorín reclama que los criterios de evaluación del TSJ sean públicos antes de abrir las postulaciones y cuestiona la opacidad de las designaciones anteriores.

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Sin el necesario baremo hecho público en forma previa al llamado para que el 28 de octubre de 2026 se dé inicio al proceso de postulaciones para el TSJ, ya anunciado por el diputado chavista presidente del siempre írrito Comité de Postulaciones Judiciales, la señal de un nuevo fraude a la Constitución es demasiado evidente y hay que dejar constancia previa.

Sin baremo público, el método a utilizar para la evaluación de credenciales seguirá siendo un misterio y un cheque en blanco para los «ungidos» por el régimen para encargarse de un proceso ya viciado de origen.

No debe causar sorpresa que ninguno de los involucrados, algunos pocos con algo de credibilidad, se atreva a mencionar la ausencia de dicho baremo.

Alguien podrá atreverse a afirmar que el baremo existe, pero será confidencial y solo manejado por ellos. Ese cuento es viejo y se debe recordar su utilización en boca de antiguos diputados chavistas, anteriores presidentes del secuestrado Comité de Postulaciones Judiciales, como Pedro Carreño y Saúl Ortega.

Sus declaraciones sobre la existencia de algún supuesto baremo que nunca mostraron están en las noticias de la época.

La revolución siempre le ha tenido pavor al mérito diferenciador. En cualquier nombramiento, jamás ha permitido concursos transparentes, necesarios para el escrutinio ciudadano. Por tal razón, la mediocridad acabó con Venezuela.

En lo que respecta a los anteriores nombramientos de magistrados al TSJ, es notorio que siempre ha brillado por su ausencia alguna escala valorativa de los únicos requisitos técnicos y académicos previstos a partir de los mínimos exigidos por el numeral 3 del artículo 263 constitucional.

Sin ese «baremo público», la posibilidad de títulos chimbos, de requisitos fraudulentos y de tantas «barbaridades» cometidas en nombramientos anteriores, como muchas denunciadas a lo largo de los años, es inminente. Sin baremo no hay esperanza de rectificación.

Este párrafo que aquí comparto ha sido el último ejemplo publicado en un reciente artículo sobre las confesiones públicas de una exmagistrada. Cito:

Aun con todas las concesiones anteriores a su favor, sería bueno entender cómo la abogada Bárbara César Siero (no sé si doctora), siendo jueza penal, se postuló a la Sala Político Administrativa y no a la Sala Penal, como lo ordena la Constitución.

¿Será que para esas designaciones poco importan el conocimiento y la necesaria experiencia de más de 15 años en la especialidad, como lo ordena la Constitución?

La culpa nunca será del ciego, sino de quien le da el garrote.

Fin de la cita. Artículo citado: «De barbaridades y lecciones».

Caracas, 25 de octubre de 2026.

Dr. Ángel Alberto Bellorín. Abogado, especialista, magíster y doctor en Derecho Constitucional.

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Política

El país salió a recibir a María Corina

El recibimiento en su recorrido desde Lara agrega una dimensión pública al regreso: su capacidad de movilización entra en el escenario de una negociación que no encabeza.

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María Corina Machado saluda a personas que la reciben durante el recorrido hacia Caracas

María Corina Machado regresó a Venezuela el domingo 25 de octubre y reapareció en el santuario de la Divina Pastora, en Santa Rosa, Lara. Desde allí emprendió un recorrido por carretera hacia Caracas y fue recibida por seguidores en Chivacoa, Yaracuy, y en Morón, Carabobo, según imágenes difundidas por Vente Venezuela y reportes recopilados por CNN en Español. El mensaje «Estoy aquí. Con ustedes» acompañó un regreso que pasó a ser, de inmediato, un reencuentro público con quienes sostienen su liderazgo.

Las imágenes y reportes disponibles documentan recibimientos en Lara, Yaracuy y Carabobo. Vente Venezuela informó además paradas previstas en Guacara y Palo Negro y convocó a sus simpatizantes a Valle-Coche. Esas convocatorias describen la ruta prevista; a la hora de cierre de esta edición no prueban por sí mismas una llegada ni una intervención en Caracas.

Ese recibimiento importa por el momento político en que se produce. El gobierno encargado de Delcy Rodríguez y la representación de la Asamblea Nacional elegida en 2015 participan en un diálogo respaldado por Washington. Machado conserva un liderazgo propio y ha reclamado una fecha electoral, pero no conduce esa mesa. Su presencia dentro del país introduce una capacidad de intervención que no se mide solamente por el acceso a las reuniones.

La calle ofrece una expresión visible de respaldo. No permite contar automáticamente a todo el electorado ni anticipar una elección, pero sí muestra organización, disposición a movilizarse y expectativas dirigidas a una persona concreta. Esas expectativas tendrán que encontrarse con los tiempos y resultados de la negociación.

El siguiente dato sustantivo será el mensaje que Machado dirija al país desde esta nueva posición: qué prioridades fija, cómo se relaciona con el diálogo y qué propone para canalizar el respaldo que la recibe. El regreso es un hecho; sus efectos sobre el proceso se construyen a partir de las decisiones que siguen.

El especial de INCÍSOS «Vuelta a la patria» reúne los antecedentes del retorno, el recibimiento y la escena institucional que rodea su regreso.

Fuentes y documentos

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Política

Desde Panamá, la agenda que Machado llevó de vuelta a Venezuela

En sus entrevistas de octubre desde Panamá, María Corina Machado articuló una agenda de elecciones, institucionalidad, seguridad y energía. El regreso ya consumado transforma esas definiciones en un programa que ahora deberá contrastarse con su acción política dentro del país.

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Machado concedió desde Panamá entrevistas a medios nacionales e internacionales durante octubre y allí habló de elecciones, transición institucional, seguridad fronteriza y recuperación energética. La conversación más extensa disponible, publicada por el Grupo de Diarios América en El Nacional el 19 de octubre, permite seguir los contornos de esa agenda y distinguir entre lo que propuso y lo que ya tiene forma institucional.

Panamá no apareció solo como escenario de entrevistas. En el diálogo con el GDA, Machado dijo que el país alberga las actas electorales de 2024 y agradeció al presidente José Raúl Mulino, a la Asamblea y a las instituciones panameñas por acoger a la oposición venezolana. Esa referencia sitúa su exposición pública fuera de Venezuela dentro de una disputa política que seguía reclamando presencia y representación en el país.

Entonces presentó el retorno como parte de un esfuerzo para completar el mandato que atribuye a la elección del 28 de julio de 2024. No ofreció una fecha concreta: dijo que las condiciones cambiaban diariamente y que trabajaba para volver junto con los venezolanos. El 25 de octubre, su aparición pública en Barquisimeto convirtió esa promesa en un hecho. La agenda expuesta desde Panamá queda ahora como un conjunto de prioridades que deberá trasladar al terreno político venezolano.

En esas intervenciones, el retorno no se planteaba como un hecho aislado ni como un desenlace suficiente. Machado lo vinculaba con una elección presidencial, instituciones independientes, reglas para la inversión y una redefinición de la seguridad. Reúne compromisos de campaña, exigencias a otros actores y una visión de transición; ninguna de esas piezas es, por ahora, un acuerdo institucional adoptado.

Una fecha electoral como punto de partida

El eje más reiterado de Machado es la convocatoria de elecciones presidenciales. En la entrevista con el GDA sostuvo que “la fecha electoral es la fecha de la liberación” y pidió que se fijara un calendario. También afirmó que no había una fecha concreta acordada en las conversaciones. Las dos ideas importan por igual: la dirigente establece la elección como prioridad, pero el planteamiento no documenta que exista un cronograma definido.

Machado mencionó como propuesta del senador Bernie Moreno el 24 de julio de 2027, aniversario del natalicio de Simón Bolívar. Esa mención permite registrar que la fecha fue parte de la conversación, no que tenga respaldo institucional o esté incorporada a una negociación. En otra entrevista, el Financial Times —resumido por Reuters el 9 de octubre— reportó que Machado pidió elecciones en 2027 y sostuvo que había tiempo suficiente para prepararlas antes de julio.

La entrevista audiovisual que EL TIEMPO fechó el 18 de octubre también giró en torno a la urgencia de convocar elecciones y a su disposición a ser candidata en un escenario de comicios limpios y libres. La formulación se presenta aquí como parte de la agenda política atribuida a Machado, no como una decisión electoral vigente.

Instituciones, participación y límites de la transición

La agenda de Machado no se limita a un día de votación. Ante el GDA reclamó un Consejo Nacional Electoral constitucional, independiente y sin reparto de cuotas, y un Tribunal Supremo de Justicia con características similares. Propuso además participación ciudadana mediante asambleas en escuelas, fábricas y comunidades, con herramientas tecnológicas e inteligencia artificial para sistematizar propuestas.

Son definiciones programáticas. No equivalen a crear esos organismos, convenir cómo designarlos ni aprobar una ruta de participación. El regreso cambia el lugar desde el que Machado puede defender esas propuestas, pero no resuelve por sí solo la representación institucional, el calendario electoral ni la composición de los organismos.

En materia de justicia, Machado rechazó una amnistía para crímenes de lesa humanidad y sostuvo que no habría “revancha”. La posición fija un límite político frente a la impunidad, sin describir un diseño judicial pactado. Las afirmaciones sobre liberaciones o cambios en la represión requieren documentos y registros independientes para poder evaluarse caso por caso.

Seguridad fronteriza y cooperación internacional

La relación con Estados Unidos y los países vecinos aparece como otro componente de la agenda. En la entrevista con el GDA, Machado planteó que una futura Fuerza Armada venezolana debería servir a la Constitución y coordinarse con Colombia para que la frontera sea un espacio de legalidad y desarrollo. Añadió que militares y policías involucrados en narcotráfico, extorsión o violaciones de derechos humanos deberían salir de las instituciones.

Se trata de una propuesta de reforma y depuración institucional. La cooperación que describe es, por ahora, una orientación política; no hay en las entrevistas un acuerdo de seguridad suscrito con Colombia ni un plan operativo anunciado.

En la conversación con Rachel Campos-Duffy, difundida el 17 de octubre, Machado reafirmó en X su intención de volver a Venezuela para acompañar al pueblo y trabajar por una transición democrática “exitosa e irreversible”. La promesa se cumplió el 25 de octubre con su presencia pública en Barquisimeto. Las metas políticas que la acompañaban —elecciones libres, instituciones independientes y garantías— siguen siendo propuestas por concretar.

Petróleo, inversión y reglas

La dimensión económica de la agenda se concentra en la recuperación de Venezuela como potencia energética y en condiciones para atraer capital. Reuters reportó, al resumir una entrevista del Financial Times, que Machado pidió transparencia en la administración de los ingresos procedentes de ventas petroleras supervisadas por Washington. La agencia reprodujo su planteamiento de que una democracia estable es necesaria para que el proceso sea sostenible.

En materiales secundarios sobre la conversación con Fox News, se atribuye a Machado la promesa de respetar los acuerdos petroleros firmados conforme a la ley y la propuesta de captar inversión estadounidense con mercados abiertos, estabilidad fiscal y arbitraje internacional. Newsroom Panama también reseñó que respetaría contratos que cumplieran la legislación venezolana. Estas expresiones describen una posición de la dirigente; todavía no explican qué autoridad determinaría el cumplimiento de los contratos ni cómo se aplicaría una revisión.

El criterio que atraviesa esas intervenciones es político y jurídico: continuidad para los contratos que, según Machado, se ajusten a la ley venezolana, junto con reglas que den previsibilidad a la inversión. El regreso permite que esa agenda sea defendida desde el país, pero no sustituye las decisiones institucionales que tendrían que convertirla en política pública.

Esta nota se integra al especial Vuelta a la patria desde un ángulo específico: no vuelve a narrar la aparición en Barquisimeto ni a medir el respaldo de calle. Identifica las prioridades que Machado llevó desde Panamá y las preguntas que siguen abiertas ahora que su retorno ya ocurrió.

Qué sigue abierto

  • El calendario electoral, la autoridad que lo fijaría y las garantías para unas elecciones libres y competitivas.
  • La forma de integración de un CNE y un TSJ independientes, más allá de la propuesta de la dirigente.
  • Los mecanismos verificables de cooperación con Colombia, Estados Unidos y otros países en seguridad y transición.
  • El alcance de la revisión de contratos petroleros y las reglas que regirían una estrategia de inversión.
  • La manera en que Machado articulará esa agenda con su presencia pública, la coordinación opositora y las conversaciones en curso dentro del país.

Fuentes y documentos

  1. Entrevista de María Corina Machado con el GDA, publicada por El Nacional el 19 de octubre de 2026.
  2. Entrevista exclusiva de EL TIEMPO con María Corina Machado, 18 de octubre de 2026.
  3. Publicación de María Corina Machado sobre la entrevista con Rachel Campos-Duffy.
  4. Reuters: Venezuela’s Machado calls for elections by July, FT reports, 9 de octubre de 2026.
  5. Newsroom Panama: entrevista y extracto de audio de Machado, 16 de octubre de 2026.
  6. CNN en Español: cobertura del regreso y de la aparición pública en Barquisimeto.
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