Política
Trump usa el fraude electoral venezolano como prueba en su discurso a la nación
Venezuela reapareció en el discurso presidencial estadounidense no como socio petrolero, sino como caso probatorio de un fraude que Washington ahora invoca para su propio debate electoral.
En un discurso dedicado a China y a la seguridad de las máquinas de votación, el presidente de Estados Unidos citó un supuesto reporte de inteligencia sobre el amaño digital de las elecciones venezolanas de 2020. La mención duró segundos. Sus implicaciones para el lector venezolano son mayores de lo que su brevedad sugiere.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Trump citó un supuesto reporte de la CIA sobre el fraude electrónico del chavismo en 2020 como prueba de que las máquinas de votar pueden alterarse sin dejar rastro. |
| Quién | El presidente Donald Trump, la CIA según su cita, el usurpador Nicolás Maduro nombrado en el reporte, y los votantes hispanos en EE.UU. como audiencia. |
| Cuándo | Discurso a la nación del jueves 16 de julio de 2026, transmitido en horario estelar desde la Casa Blanca. |
| Dónde | East Room de la Casa Blanca, Washington D.C., con efecto sobre el debate electoral estadounidense. |
| Por qué | La afirmación convierte un caso venezolano en argumento de la política interna de EE.UU. y en respaldo a la reforma electoral que impulsa la Casa Blanca. |
| Cómo | Mediante la desclasificación de documentos presentados esa noche, sin verificación independiente hasta el cierre de esta nota. |
La mención que pocos verán
El jueves 16 de julio de 2026, el presidente Donald Trump se dirigió a la nación en horario estelar desde la East Room de la Casa Blanca. El eje anunciado era la integridad electoral, y el eje real terminó siendo China: la afirmación de que el Partido Comunista Chino se apropió de 220 millones de registros de votantes estadounidenses entre 2020 y 2023. En medio de esa acusación, y para sostener su tesis de que las máquinas de votación pueden manipularse sin dejar huella, el mandatario recurrió a un ejemplo que casi nadie fuera de la audiencia venezolana registrará como propio: Venezuela.
Trump sostuvo que la CIA obtuvo un reporte sobre un plan para amañar digitalmente las elecciones venezolanas de 2020 en favor del régimen. El pasaje ocupó menos de un minuto de un discurso de veinticinco. Para el lector estadounidense fue una nota de color dentro de un argumento sobre la Save America Act. Para el venezolano de la diáspora, fue algo distinto: su historia nacional, invocada como pieza probatoria en una disputa ajena.
Qué dijo exactamente, y qué no dijo
Según la transcripción íntegra del discurso, Trump afirmó que la CIA obtuvo reporte de un plan específico para inclinar el resultado en favor de «the corrupt Maduro regime» en Venezuela, y que el chavismo procedió a «amañar digitalmente sus propias elecciones de 2020». Describió métodos que, según su relato, permitían alterar los totales de votos «de forma que no podía detectarse ni con una auditoría, por profunda que fuera».
La cita se reproduce aquí con su formulación original porque su literalidad importa. Pero conviene precisar el estatuto de lo dicho: se trata de la caracterización que hizo el presidente de un documento que su propia administración desclasificó esa misma noche. No hay, hasta el cierre de esta nota, verificación independiente del contenido de ese reporte ni confirmación de la CIA fuera del acto presidencial. INCÍSOS lo consigna como lo que es: una afirmación atribuida, no un hecho establecido.
El petróleo, en una sola frase
La otra mención venezolana del discurso fue aún más breve. Al enumerar los logros de su política exterior, Trump dijo: «Ganamos en Venezuela, que ahora trabaja con nosotros para producir millones y millones de barriles de petróleo».
Vale la pena detenerse en esa economía de palabras. Hace seis meses, la captura del usurpador Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 ocupó una conferencia de prensa entera y dominó la cobertura mundial durante días. La reapertura petrolera, la relación con la presidenta encargada Delcy Rodríguez y el plan de tres fases presentado por el secretario de Estado ante el Congreso el 7 de enero fueron, durante meses, materia de horario estelar. Esa etapa quedó atrás. En el discurso del 16 de julio, todo ese proceso cupo en catorce palabras. La diplomacia del petróleo se ha vuelto rutina, y la rutina no se anuncia.
Una prueba sin verificación independiente
El uso probatorio del caso venezolano tiene una función precisa dentro del discurso. Trump necesitaba demostrar que la manipulación electrónica de votos no es una hipótesis, sino algo que ya ocurrió en el mundo real. Venezuela le sirvió de precedente: si allá se pudo alterar totales sin que una auditoría lo detectara, entonces —según su razonamiento— el sistema estadounidense es igualmente vulnerable y la reforma que impulsa resulta urgente.
El problema del razonamiento no es venezolano, es metodológico. La denuncia de que el chavismo manipuló procesos electorales está ampliamente documentada por la oposición y por observadores durante años, en particular alrededor de la elección presidencial del 28 de julio de 2024, cuyas actas el usurpador nunca exhibió mesa por mesa. Pero el reporte que Trump citó se refiere a 2020 y a un método técnico específico, y de ese reporte solo se conoce la descripción que hizo el presidente. Presentar esa descripción como confirmación de la vulnerabilidad de las máquinas estadounidenses exige un salto que la evidencia pública, por ahora, no acompaña.
Para quién es útil esta afirmación
La instrumentalización tiene destinatario. El discurso cerró con un llamado explícito: que los ciudadanos telefoneen a sus representantes para exigir la aprobación de la Save America Act, la ley que impondría prueba de ciudadanía para registrarse y restringiría el voto por correo. El caso venezolano no estaba allí para informar sobre Venezuela. Estaba para reforzar una agenda legislativa estadounidense.
Para la comunidad venezolana en Estados Unidos, esto plantea una tensión incómoda. La denuncia del fraude chavista es una causa propia, sostenida durante años a un costo altísimo. Verla convertida en munición de un debate partidista estadounidense —junto a una acusación mucho más frágil sobre China y máquinas de votar— no la fortalece: la diluye. Una causa que fue reclamo de derechos humanos corre el riesgo de quedar reducida a analogía retórica.
Lo que el lector venezolano ya sabía
Hay algo que Trump presentó como revelación y que para el venezolano no lo es. Que el chavismo manipuló elecciones no es inteligencia desclasificada: es experiencia vivida. La novedad, si la hubiera, estaría en el método técnico preciso que describe el supuesto reporte de la CIA, y ese método aún no puede examinarse.
El valor de la noche, para quien mira desde la diáspora, no está en lo que el discurso reveló sobre Venezuela. Está en lo que reveló sobre el lugar que Venezuela ocupa hoy en la conversación estadounidense: ya no es la operación militar de portada ni el gran socio energético celebrado en cada cumbre. Es un ejemplo de utilería, invocado por segundos, para un argumento que no es el suyo. Ese desplazamiento —de protagonista a nota al pie— es, en sí mismo, la información.
Fuentes: Transcripción íntegra del discurso a la nación de Donald Trump, 16 de julio de 2026 (Casa Blanca / registro audiovisual). Cobertura en vivo de CNN, CBS News y AP del 16 de julio de 2026. whitehouse.gov (documentos desclasificados anunciados en el discurso, pendientes de análisis).
Alfredo Yánez
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El Congreso de EE.UU. debate Venezuela: qué se dijo sobre Machado y los presos
La Comisión Tom Lantos del Congreso de EE.UU. celebró una audiencia sobre derechos humanos en Venezuela, donde el Departamento de Estado aseguró que no obstaculizará el regreso de María Corina Machado y se debatió la situación de los presos políticos y la represión. Un análisis de lo que se dijo y lo que quedó pendiente.
La Comisión Tom Lantos del Congreso celebró una audiencia sobre derechos humanos en Venezuela, donde el Departamento de Estado aseguró que no obstaculizará el regreso de Machado y se debatió la situación de los presos políticos y la represión. Qué se dijo y qué quedó pendiente.
Ficha 6W
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Una audiencia del Congreso analizó los derechos humanos y la transición en Venezuela. |
| Quién | La Comisión Tom Lantos, congresistas, el Departamento de Estado y organizaciones civiles. |
| Cuándo | El 15 de julio de 2026, en el Capitolio. |
| Dónde | En el Congreso de Estados Unidos, en Washington. |
| Por qué | La crisis tras el terremoto y la transición reactivaron el interés legislativo por Venezuela. |
| Cómo | Con testimonios de defensores de derechos humanos y respuestas de funcionarios. |
El Congreso de Estados Unidos volvió a poner a Venezuela en el centro del debate. El 15 de julio, la Comisión de Derechos Humanos Tom Lantos celebró una audiencia titulada «Derechos humanos en Venezuela: situación y oportunidades», en la que congresistas de ambos partidos, funcionarios del Departamento de Estado y representantes de organizaciones civiles abordaron la grave situación humanitaria tras el terremoto, la represión y las perspectivas de la transición. Para la comunidad venezolana, atenta a cada señal sobre el rumbo del país, lo que allí se dijo —y lo que quedó pendiente— merece un análisis atento.
Lo que dijo el Departamento de Estado sobre Machado
El titular más comentado de la audiencia fue la posición oficial sobre María Corina Machado. Ante una pregunta de la congresista republicana María Elvira Salazar, el subsecretario Cartwright Weiland fue tajante: «La postura del Departamento de Estado es clara, no vamos a obstaculizar el regreso de María Corina Machado a Venezuela. Ella es ciudadana venezolana y tiene derecho a volver». Añadió que se deben realizar gestiones para garantizar que, al regresar, la dirigente no sea detenida.
La declaración es significativa por su contexto. Llega después de que varios medios estadounidenses reportaran que la propia administración habría desaconsejado el regreso de Machado tras los terremotos, por temor a desatar una crisis política. La afirmación pública de que «no se obstaculizará» su retorno puede leerse, así, como un intento de despejar esa percepción. Pero conviene notar el matiz: una cosa es no obstaculizar el regreso, y otra es promover activamente su protagonismo en la transición. La declaración afirma lo primero sin comprometerse con lo segundo, y esa distinción es reveladora del lugar ambiguo que la dirigente ocupa en los planes de Washington.
La represión y los presos políticos
Más allá del caso de Machado, la audiencia tuvo un foco central en la situación de derechos humanos. Los comisionados subrayaron que el pueblo venezolano ha sufrido durante años violaciones sistemáticas de sus derechos, incluyendo detenciones arbitrarias, tortura y ejecuciones extrajudiciales, según informes de organismos internacionales. Defensores de derechos humanos venezolanos y representantes de organizaciones no gubernamentales expusieron ante los congresistas la realidad de la represión, con énfasis en la necesidad de la liberación de los presos políticos.
Este punto es crucial y conecta con una realidad incómoda: pese al cambio de etapa tras la captura de Maduro, la maquinaria de represión no se ha desmontado por completo, y numerosos presos políticos siguen privados de libertad o bajo restricciones. Que este tema haya ocupado un lugar central en la audiencia refleja que, para las organizaciones de derechos humanos, la transición no puede considerarse real mientras persistan estas violaciones. La exigencia de liberar a los presos políticos y de garantizar condiciones de libertad plena es un termómetro de la autenticidad del cambio.
Lo que quedó pendiente
Toda audiencia revela tanto por lo que aborda como por lo que deja en el aire. En este caso, un elemento notable es que las preguntas sobre la estrecha relación de Washington con la presidenta encargada Delcy Rodríguez no obtuvieron mayor desarrollo por parte del funcionario del Departamento de Estado. La tensión entre la retórica de los derechos humanos y la realpolitik de un acercamiento con el gobierno de transición quedó, en buena medida, sin resolver en el debate.
Para la comunidad venezolana, la audiencia deja un balance agridulce. Por un lado, es valioso que el Congreso mantenga la atención sobre Venezuela y que se afirme el derecho de Machado a regresar y la exigencia de liberar a los presos políticos. Por otro, persiste la distancia entre las declaraciones y las acciones concretas, y entre el discurso de derechos humanos y los arreglos pragmáticos de la política real. Seguir de cerca estas comparecencias es importante, porque en ellas se expresan —con sus contradicciones— las verdaderas prioridades de Washington hacia Venezuela. Y en esas prioridades se juega buena parte del futuro del país.
Nota: Esta nota analiza una audiencia legislativa a partir de declaraciones públicas verificables, distinguiendo los hechos de su interpretación. El tema de los derechos humanos se aborda con rigor y con respeto por las víctimas.
Fuentes principales: Cobertura de la audiencia de la Comisión Tom Lantos (15 de julio de 2026) por NTN24, Martí Noticias, Efecto Cocuyo, La Patilla, ABC Color y El Nacional; declaraciones del subsecretario Cartwright Weiland ante el Congreso.
Política
Colombia se alinea: Restrepo, Rubio y el «Escudo de las Américas»
El vicepresidente electo de Colombia, José Manuel Restrepo, se reunió con Marco Rubio en Washington y confirmó la solicitud de ingreso al «Escudo de las Américas». El encuentro escenifica el giro de la política exterior colombiana hacia Estados Unidos con el gobierno entrante de Abelardo de la Espriella. Un análisis del realineamiento regional.
El vicepresidente electo de Colombia se reunió con Marco Rubio en Washington y confirmó la solicitud de ingreso al «Escudo de las Américas». El encuentro escenifica el giro de la política exterior colombiana hacia Estados Unidos con el gobierno entrante de De la Espriella.
Ficha 6W
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Colombia solicitó ingresar al «Escudo de las Américas» en una reunión con el Departamento de Estado. |
| Quién | El vicepresidente electo José Manuel Restrepo y el secretario de Estado Marco Rubio. |
| Cuándo | El 15 de julio de 2026, antes de la posesión del nuevo gobierno el 7 de agosto. |
| Dónde | En el Departamento de Estado, en Washington. |
| Por qué | El gobierno entrante busca reconducir la relación con EE.UU. y atraer respaldo. |
| Cómo | Con una reunión de alto nivel que incluyó a varios ministros designados. |
Los cambios de gobierno suelen traer giros en la política exterior, pero pocos tan marcados como el que se anuncia en Colombia. El vicepresidente electo, José Manuel Restrepo, se reunió el 15 de julio en Washington con el secretario de Estado Marco Rubio, en el encuentro de más alto nivel de la gira del gobierno entrante de Abelardo de la Espriella antes de su posesión el 7 de agosto. El mensaje del encuentro fue inequívoco: Colombia se dispone a un realineamiento decidido hacia Estados Unidos, que incluye la solicitud de ingreso a una alianza regional de gobiernos afines. Para la comunidad hispana y para el equilibrio de la región, el movimiento merece atención.
Un giro escenificado
La reunión, de unos 45 minutos y con la participación de varios ministros designados —Defensa, Relaciones Exteriores, Comercio—, tuvo un fuerte valor simbólico. Rubio la calificó de «buena» y afirmó que la administración Trump espera trabajar estrechamente con el gobierno de De la Espriella para fortalecer los lazos económicos y la cooperación en seguridad. Restrepo, por su parte, la describió como «muy importante» y habló de reconducir una relación bilateral que, según el nuevo gobierno, se había deteriorado. El Departamento de Estado subrayó su interés en ser el «socio preferencial» de Colombia.
El elemento más concreto del encuentro fue la confirmación de que Colombia solicitará su ingreso al «Escudo de las Américas», una alianza que agrupa a gobiernos latinoamericanos afines a Washington, particularmente de la derecha regional. La adhesión a ese bloque marcaría un contraste con la orientación del gobierno saliente y ubicaría a Colombia en un eje de alineamiento explícito con Estados Unidos. En el trasfondo, el gobierno entrante busca también respaldo financiero de organismos multilaterales como el Banco Mundial.
El contexto del realineamiento
Este giro se entiende en el marco del cambio político que vivió Colombia. De la Espriella, que se impuso en las elecciones del 21 de junio, representa una orientación de derecha que contrasta con la del gobierno saliente, y contó durante la campaña con expresiones públicas de apoyo por parte de Trump. Su llegada al poder supone, así, un realineamiento de Colombia —país clave en la región— hacia la órbita de Washington, con implicaciones en materia de seguridad, comercio y política regional. Entre los temas abordados figuró, según trascendió, la cooperación en la lucha contra el narcotráfico y, de manera relevante para nosotros, la situación de Venezuela.
Que la democratización de Venezuela haya formado parte de la conversación no es casual. Colombia, por su frontera y por la magnitud de la migración venezolana que acoge, es un actor central en cualquier escenario de transición. Un gobierno colombiano alineado con Washington podría convertirse en una pieza importante del esquema regional con que Estados Unidos gestiona la situación venezolana, lo que añade una dimensión adicional al realineamiento.
Qué significa para la región
Conviene analizar este giro con equilibrio. Para sus defensores, el acercamiento a Estados Unidos es una decisión pragmática que puede traer beneficios en inversión, seguridad y cooperación, y que corrige lo que consideran un distanciamiento perjudicial del gobierno anterior. Un vínculo sólido con la mayor potencia del hemisferio tiene, desde esta óptica, ventajas tangibles para Colombia.
Para sus críticos, un alineamiento demasiado estrecho puede comprometer la autonomía de la política exterior colombiana y arrastrar al país a las prioridades de Washington, no siempre coincidentes con las suyas. La incorporación a un bloque de gobiernos afines por ideología, más que por intereses nacionales, plantea preguntas sobre la independencia de las decisiones. Como en todo realineamiento, el reto será equilibrar los beneficios de la asociación con la preservación de la soberanía. Para la región en su conjunto, el giro colombiano refuerza una tendencia de polarización entre bloques que conviene seguir con atención, porque redefine el mapa de alianzas de América Latina en un momento particularmente sensible. Y para la comunidad hispana en Estados Unidos, entender estos movimientos es clave para comprender hacia dónde se dirige la relación entre Washington y los países de origen de buena parte de nuestra comunidad.
Nota: Esta nota analiza un hecho de política internacional y su contexto, presentando las distintas lecturas sin asumir una postura de parte.
Fuentes principales: Síntesis oficial del Departamento de Estado de EE.UU. sobre la reunión Rubio-Restrepo (15 de julio de 2026); cobertura de El Nacional, Infobae, Semana, La Patria y Cambio Colombia; declaraciones de José Manuel Restrepo en el Atlantic Council.
Política
El aislamiento de Machado: cómo la líder más votada quedó al margen
Construyó la maquinaria opositora más articulada en más de dos décadas, ganó las primarias de forma abrumadora y unificó a la disidencia. Hoy, María Corina Machado observa desde afuera una negociación de transición diseñada sin ella. Un reportaje sobre cómo la líder más votada de Venezuela quedó al margen.
Construyó la maquinaria opositora más articulada en más de dos décadas, ganó las primarias de forma abrumadora y unificó a la disidencia. Hoy observa desde afuera una negociación de transición diseñada sin ella. Cómo la líder más votada de Venezuela quedó al margen.
Ficha 6W
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | La líder opositora más votada quedó al margen de la negociación central de la transición. |
| Quién | María Corina Machado, la Plataforma Unitaria y los actores que conducen el proceso. |
| Cuándo | En el proceso que se consolida hacia el 1 de agosto de 2026. |
| Dónde | En Venezuela, con la dirigente operando en buena parte desde la clandestinidad o el exterior. |
| Por qué | La vía negociada avalada por Washington discurre por canales que ella no encabeza. |
| Cómo | Con una transición conducida por otras figuras e instancias institucionales. |
Hay una paradoja en el centro de la política venezolana de este momento, y conviene mirarla de frente. La dirigente que logró lo que ninguna otra en más de dos décadas —unificar a una oposición históricamente fragmentada, construir una maquinaria política articulada y ganar de forma abrumadora el respaldo popular— es, hoy, la gran ausente de la negociación que define el futuro del país. María Corina Machado, la figura más votada de la oposición venezolana, observa desde los márgenes un proceso de transición que se diseña sin ella. Este reportaje intenta explicar cómo se llegó a esa situación y qué significa.
La construcción de un liderazgo
Para entender la magnitud de la paradoja hay que recordar lo que Machado construyó. En un panorama opositor marcado durante años por las divisiones, los personalismos y las estrategias contrapuestas, ella logró articular un liderazgo unificador. Su victoria en las primarias opositoras fue contundente, y a partir de ahí tejió una estructura política y social de alcance nacional, con una capacidad de movilización que sorprendió incluso a sus adversarios. Cuando su inhabilitación le impidió ser candidata, respaldó a Edmundo González Urrutia, quien reivindica haber ganado las elecciones presidenciales de 2024, con actas que la oposición difundió como prueba.
Ese liderazgo no se construyó desde la comodidad. Machado ha operado durante largos períodos en la clandestinidad, enfrentando la persecución del chavismo, la inhabilitación política y amenazas constantes. Su tenacidad le ganó un enorme respaldo popular y un reconocimiento internacional que incluyó, según ha trascendido en la cobertura de estos meses, gestos de alto perfil. Es, sin discusión, la figura opositora con mayor capital político de la Venezuela reciente.
El desplazamiento
¿Cómo, entonces, quedó al margen? La respuesta está en el giro que tomó la transición tras la captura de Nicolás Maduro. El proceso que Washington impulsa ha discurrido por una vía negociada e institucional en la que la protagonista no es Machado, sino otras figuras: la presidenta de la Asamblea de 2015, Dinorah Figuera, ungida por Washington como interlocutora, y las mesas de diálogo entre las dos asambleas. El plan de trabajo que arranca el 1 de agosto —avalado por el secretario de Estado Marco Rubio— es la culminación de esa vía, y en él Machado no figura.
Los reportes de la prensa estadounidense han añadido un elemento revelador: la administración habría desaconsejado el regreso de Machado a Venezuela tras los terremotos, por temor a que desencadenara una nueva crisis política, en el contexto de la estrecha relación de Washington con la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Aunque en una audiencia reciente el Departamento de Estado aseguró que no obstaculizará su regreso —afirmando que es una ciudadana con derecho a volver—, el conjunto de señales dibuja el cuadro de una dirigente cuyo protagonismo Washington ha preferido, en la práctica, moderar.
Las lecturas en pugna
Este desplazamiento admite lecturas opuestas que conviene exponer con equidad. Para los partidarios de Machado, se trata de un apartamiento injusto y contraproducente: se margina precisamente a quien encarna la voluntad mayoritaria, en favor de una transición tutelada que el chavismo tolera porque no lo amenaza de verdad. Desde esta óptica, la vía negociada sin Machado corre el riesgo de producir un cambio cosmético, y su exclusión debilita la legitimidad democrática de todo el proceso.
Para otros observadores, el desplazamiento responde a una lógica de pragmatismo. Machado es una figura que el chavismo ha vetado de manera absoluta, y una transición que la coloque en el centro chocaría con un muro. Avanzar por canales menos confrontativos —aunque impliquen ceder protagonismo— sería, según esta lectura, la única forma realista de destrabar reformas concretas. No es que se la excluya por debilitarla, sino que se buscaría un camino viable donde su presencia lo haría imposible. Ambas lecturas describen la misma realidad desde valores y cálculos distintos.
Lo que revela y lo que viene
Más allá del caso individual, el aislamiento de Machado revela una tensión estructural de la transición venezolana: la que existe entre la legitimidad electoral y la viabilidad negociada. La figura con mayor respaldo popular no es la que conduce el proceso, y esa disociación introduce una fragilidad de fondo. Una transición que no integre plenamente a la fuerza mayoritaria arrastra una pregunta sobre su representatividad que no desaparecerá por más avances técnicos que produzca.
La reacción de Machado y González —convocar a la Plataforma Unitaria para fijar postura— muestra que la dirigente no acepta pasivamente su desplazamiento, y que la última palabra sobre su papel no está dicha. El futuro dirá si logra reincorporarse al centro del proceso, si este avanza sin ella, o si su respaldo popular termina condicionando el resultado desde afuera. Para los venezolanos que la respaldaron masivamente, y para la diáspora que siguió su lucha, la pregunta es dolorosa: ¿puede haber una transición genuinamente democrática que deje al margen a quien ganó los votos? La respuesta, todavía abierta, definirá el carácter del cambio que vive Venezuela.
Nota: Este reportaje analiza un proceso político en desarrollo a partir de hechos verificados y de las distintas posiciones en pugna, distinguiendo los hechos de su interpretación. No asume como propia ninguna postura de los actores.
Fuentes principales: Cobertura de EFE, Infobae, El Tiempo, El Nacional y The Wall Street Journal sobre el rol de María Corina Machado en la transición y la reunión de la Plataforma Unitaria (julio de 2026); declaraciones del Departamento de Estado en la audiencia del Congreso del 15 de julio de 2026.
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