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Economía

El empleo hispano que el dato oficial no muestra

El reporte del Bureau of Labor Statistics dice que el desempleo hispano está en 4,8 por ciento. La misma encuesta, leída por origen migratorio, cuenta otra historia: 664.589 plazas perdidas en un trimestre solo entre trabajadores inmigrantes mexicanos, 14.870 millones de dólares en masa salarial perdida en doce meses, contracción transversal en construcción, alimentación, manufactura. La asimetría que explica la caída de remesas y el ajuste del consumo.

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London skyline at night with digital financial graphs showing market trends and stock data

El reporte mensual del Bureau of Labor Statistics dice que el desempleo hispano está en 4,8 por ciento y que la construcción agregó plazas en marzo. Otra lectura de la misma encuesta cuenta una historia distinta cuando se mira a los trabajadores inmigrantes. La diferencia no son dos métricas. Es la profundidad con la que se lee.

El reporte oficial. El 3 de abril de 2026, el Bureau of Labor Statistics publicó su Employment Situation Summary correspondiente a marzo. La nómina no agrícola creció en 178.000 puestos. La tasa de desempleo nacional, prácticamente sin cambio, en 4,3 por ciento. El desempleo hispano, también sin cambio, en 4,8 por ciento. Los sectores que sumaron empleo: salud, construcción, transporte y almacenamiento. La lectura general del mercado laboral, según ese documento, es de estabilidad con leve crecimiento.

Esa es la fotografía oficial. Y es técnicamente correcta. La pregunta editorial es por qué esa fotografía no coincide con lo que reportan las casas de cambio, los contratistas en Texas, las gasolineras en Georgia, los supermercados en Florida y las clínicas comunitarias en California: que la cuadrilla está incompleta, que las horas se cortaron, que el envío mensual a casa cayó y que la fila del lunes en la mañana es notoriamente más corta.

El dato hispano del BLS proviene de la Current Population Survey, una encuesta mensual a hogares que la Oficina del Censo conduce y que el BLS publica. Esa encuesta tiene la información necesaria para desagregar al hispano por nacimiento y por origen nacional, pero el reporte mensual del BLS publica la tasa agregada: hispano nativo de Estados Unidos más hispano inmigrante, todos juntos.

El Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos, una institución técnica con sede en Ciudad de México, lee la misma Current Population Survey con desagregación específica. Sus notas trimestrales han documentado, primero para 2025 y ahora con datos del cierre de marzo de 2026, una caída sostenida del empleo del inmigrante mexicano: 664.589 puestos perdidos en el primer trimestre de 2026, sobre una base de 7,2 millones de inmigrantes mexicanos ocupados.

La asimetría se explica con aritmética simple. Si los nativos hispanos ganan 1,1 millones de plazas en el año, y los inmigrantes hispanos pierden 360.000, la suma neta sigue siendo positiva. El titular agregado dice “crecimiento del empleo hispano”. El dato real, leído por dentro, dice “recuperación del nativo, contracción del inmigrante”. No son dos métricas distintas. Es una sola encuesta leída con dos resoluciones distintas.

Los sectores que están sangrando

La construcción es el principal empleador del trabajador inmigrante mexicano en Estados Unidos: 1.450.943 puestos al cierre del primer trimestre de 2026. Es también el sector con mayor caída relativa según los datos del CEMLA. La paradoja es que ese mismo sector aparece en el reporte del BLS de marzo como uno de los que sumó empleo. La explicación es que los nativos están reemplazando, parcialmente y con menor intensidad por hora, a los inmigrantes que están saliendo del mercado por deportación, retorno voluntario o ausentismo por miedo.

Alimentación, recreación y hospedaje, manufactura, y servicios profesionales agrupan otros 3,8 millones de puestos del trabajador inmigrante mexicano, todos con señales de desaceleración. La agricultura merece párrafo aparte: la administración Trump ha reconocido públicamente, en audiencia judicial federal en Fresno en marzo de 2026, que “no hay suficientes estadounidenses para ocupar estos puestos”. La política simultánea — reducir salarios mínimos del programa H-2A para abaratar la mano de obra extranjera legal — confirma que el problema no es la oferta de trabajo, sino la salida acelerada del trabajador indocumentado del mercado.

No es solo el inmigrante mexicano

El foco mediático tiende a concentrarse en el trabajador mexicano por su peso demográfico: 7,2 millones de inmigrantes mexicanos ocupados representan el 4,4 por ciento del empleo total de Estados Unidos. Pero el fenómeno es transversal. Los datos del BLS sobre tasas de participación laboral muestran que salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y otros centroamericanos tienen tasas de participación de 71,2 por ciento, las más altas entre todos los grupos hispanos. Sudamericanos, también: 71 por ciento. Eso significa que cuando la persecución migratoria se intensifica, el shock laboral se traslada al hogar centroamericano y sudamericano con la misma o mayor velocidad que al hogar mexicano.

La diferencia es que los corredores de remesas centroamericano y sudamericano son más pequeños en términos absolutos, pero más sensibles en términos relativos. Para Honduras, El Salvador y Guatemala, las remesas representan entre 20 y 26 por ciento del PIB. Una caída del empleo del trabajador centroamericano en Estados Unidos se siente en las economías de origen casi tan rápido como se factura.

El caso venezolano tiene su propia capa. Con la diáspora reciente todavía en proceso de regularización, la suspensión y modificación del Temporary Protected Status para venezolanos, junto con la desactivación gradual de las protecciones humanitarias activadas en 2022 y 2023, ha empujado a una porción significativa de la fuerza laboral venezolana hacia la informalidad o hacia retornos forzados. Los datos consolidados todavía no son públicos, pero el patrón en los corredores de envío de dinero hacia Venezuela en los primeros meses de 2026 confirma una contracción en el flujo, no un crecimiento.

Las tres causas que se acumulan

Primera: deportaciones efectivas. Las cifras de ICE para el primer trimestre de 2026 marcan máximos de la última década. Cada deportación es, mecánicamente, un puesto de trabajo desocupado.

Segunda: ausentismo y abandono de plaza por miedo. El mismo CEMLA documentó, en su análisis de 2025, que la ausencia o asistencia irregular de inmigrantes a sus puestos de trabajo — por temor a operativos en lugares de trabajo, en estaciones de transporte público, en cortes — se reflejó directamente en sus niveles de empleo. El trabajador no necesariamente pierde la plaza por enforcement: la pierde porque deja de ir.

Tercera: autodeportación. Es el efecto que la administración Trump ha promovido explícitamente como objetivo de política. El cálculo del trabajador, especialmente del trabajador con familia y bienes acumulados durante años, lo lleva a salir antes de ser detenido. La salida es voluntaria en términos administrativos pero forzada en términos económicos.

Las cifras que casi nadie suma

664.589 plazas perdidas en un trimestre, solo en inmigrantes mexicanos. 14.870 millones de dólares de masa salarial perdida en doce meses, que es el flujo que sostenía consumo, alquileres y envíos a casa. Aproximadamente un millón menos en población en edad de trabajar de origen mexicano inmigrante, lo que indica que la salida es estructural y no solo coyuntural.

Y un dato que conviene mirar con detenimiento: el 88 por ciento de los puestos perdidos en 2025 fueron de hombres. La construcción, agricultura y manufactura son los sectores donde el inmigrante hispano hombre se concentra. Es el rostro estadístico del que sostiene económicamente a hogares binacionales: el padre, el hermano, el hijo mayor que envía el dinero del mes.

Lo que viene en el dato del 8 de mayo

El 8 de mayo de 2026, el BLS publicará el Employment Situation Summary de abril. Es muy probable que ese reporte vuelva a mostrar una tasa de desempleo agregada nacional cercana a 4,3 por ciento, y un desempleo hispano cercano a 4,8 por ciento. Será presentado como estabilidad. Y será técnicamente correcto.

Pero la lectura desagregada — la que el BLS no resalta en su nota de prensa pero la encuesta sí permite — seguirá mostrando contracción del empleo del trabajador inmigrante hispano. La masa salarial seguirá cayendo. Las remesas seguirán por debajo del año anterior. El consumo en barrios con alta densidad inmigrante seguirá ajustándose. Y el titular oficial seguirá sin nombrarlo.

La pregunta para el lector hispano que vive esa contradicción no es si el dato oficial está mal. El dato oficial está bien dentro de su definición. La pregunta es si esa definición es la que sirve para entender lo que está pasando en su hogar, en su cuadra, en su sector. Para 7,2 millones de inmigrantes mexicanos ocupados — y para varios millones más de centroamericanos, sudamericanos y caribeños — la respuesta es que no.

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Economía

Aranceles abril: los cinco productos donde el alza ya llegó al supermercado hispano

Tomate, aguacate, pescado fresco, café y azúcar registran subidas en supermercados con base de clientela hispana en cinco mercados clave. La incidencia es desigual y revela qué tan profundo entró el costo arancelario.

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El primer trimestre de aranceles bajo la segunda administración Trump ya entró al supermercado. Cinco productos con presencia central en la canasta hispana muestran el efecto, con incidencia desigual que vale leer producto por producto. TOMATE. El tomate fresco mexicano —que representa más del 70% del tomate consumido en EE.UU.— subió entre 12% y 18% en mercados de Texas, Arizona y California, según muestreos de marzo y abril.

Es el producto de mayor exposición arancelaria en la canasta hispana de uso diario. AGUACATE. Subió entre 8% y 14%. Pero el aumento ha sido absorbido parcialmente por mayoristas, lo que significa que el efecto se va a sentir más en mayo y junio cuando los inventarios actuales se rotan.

PESCADO FRESCO. La incidencia es desigual. Camarón mexicano y pescado del Golfo registran alzas de 6% a 11%. Pescado importado de Asia, en cambio, sube más por el efecto compuesto con aranceles a productos chinos.

CAFÉ. La presión es indirecta. El café mexicano sube poco porque el grueso del café consumido en EE.UU. viene de Brasil y Vietnam.

Pero envases, etiquetado y maquinaria de procesamiento sí enfrentan aranceles, y eso se traslada. AZÚCAR. Es el caso más sensible. La cuota de azúcar mexicana hacia EE.UU.

se renegoció en marzo, y los precios al detalle de azúcar mexicana subieron entre 15% y 22% en mercados específicos de Texas y Florida. Lo que estos cinco productos revelan es algo que los reportes macroeconómicos no capturan: el arancel no entra parejo. Entra primero en productos de origen único o de alta exposición. La canasta hispana —rica en frutas frescas, verduras, pescado y elementos de cocina latinoamericana— concentra muchos de esos productos.

Para mayo, el patrón se va a profundizar en aguacate y café. Lo que cada familia hispana puede hacer es contestable: comparar mercados, considerar productos sustitutos cuando aplica, y ajustar el presupuesto semanal para los productos cuya alza ya llegó.

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Economía

Fed mayo: lo que la decisión 8-4 significa para tu hipoteca y tu renta

La pausa por tercera reunión consecutiva, la disidencia más grande desde 1992 y la transición Powell-Warsh definen un escenario que pesa directo en cuota mensual del lector hispano.

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El miércoles 29 de abril la Fed dejó tasas sin cambio en el rango de 3.5%-3.75% por tercera reunión consecutiva. La votación 8-4 marcó la mayor disidencia interna desde 1992. Y Jerome Powell terminará su mandato como presidente del banco central el 15 de mayo, con Kevin Warsh esperando confirmación del Senado para reemplazarlo. Para el lector hispano que paga hipoteca o renta, las tres piezas se traducen así.

Tasa quieta. La pausa por tercera vez consolida el costo del crédito en un nivel que no había estado tan alto durante tanto tiempo en quince años. Las hipotecas a treinta años se mantienen en torno a 6.5%, una cifra que reduce capacidad de compra del comprador de primera vivienda y que pesa especialmente sobre familias hispanas, donde el comprador primerizo es proporcionalmente más alto que en el promedio nacional. Disidencia 8-4.

Los cuatro disidentes —Hammack, Kashkari, Logan y Cook— quieren mensajes más restrictivos sobre inflación. Los ocho mayoritarios mantienen el sesgo de eventual recorte. Esta tensión interna sugiere que la próxima decisión de la Fed —ya con Warsh— podría inclinarse hacia recortes más rápidos. Pero los mercados no están descontando recortes en lo que queda de 2026.

Transición Powell-Warsh. Warsh es percibido por mercados como más dovish, dispuesto a recortar tasas con menos reticencia que Powell. Si esa lectura se confirma, podría haber alivio en costo de crédito en el segundo semestre. Si la inflación —presionada por guerra en Irán y aranceles— se mantiene elevada, Warsh va a tener menos margen del que el mercado espera.

Para el lector hispano que renta y considera comprar, el cálculo es: las tasas no van a bajar pronto en términos significativos. Para el que tiene hipoteca de tasa fija a 6%+, refinanciar en 2026 difícilmente va a ser ventajoso. Para el que renta y la propietaria sube precio en aniversario, la respuesta del mercado todavía está lejos. Mayo trae el cambio de mando.

Junio traerá la primera reunión con Warsh confirmado. Lo que decidan en julio será la primera lectura real de hacia dónde va el ciclo.

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Economía

Remesas a México caen: el corredor más grande de Hispanoamérica empieza a moverse

Tras 24 meses sin crecimiento sostenido, el primer bimestre cerró con retroceso interanual de 0.5%. Las dos causas no son las que más se discuten.

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Banco de México publicó este mes los datos del primer bimestre de 2026. La cifra titular es la caída interanual de 0.5%. La cifra que pesa más, sin embargo, es otra: 24 meses sin dos o más periodos consecutivos de crecimiento. El corredor de remesas más grande de Hispanoamérica —de Estados Unidos a México— empieza a moverse en una dirección que no se veía desde 2013.

En febrero México captó 4,468 millones de dólares en remesas. En enero fueron 4,594 millones. La caída mensual de 2.7% mete dos meses seguidos por debajo de los 5,000 millones, una marca que el corredor había superado consistentemente durante años. Las dos causas que se repiten en titulares —impuesto del 1% a remesas y política antimigratoria de Trump— son reales pero no completas.

Hay dos causas adicionales que merecen atención. La primera es el cambio de comportamiento del migrante. El envío promedio bajó de 401 dólares en enero a 395 en febrero. Y el número de operaciones cayó 4.2% en el bimestre.

Es decir: hay menos personas mandando, y las que mandan, mandan menos. Eso no se explica solo por el impuesto. Se explica por incertidumbre laboral, por temor a auditorías I-9 que reducen ingresos, por familias que están priorizando ahorro de emergencia sobre envío regular. La segunda es estructural.

La economía mexicana captadora de remesas —los estados de Michoacán, Guanajuato, Jalisco, Oaxaca, Guerrero— depende del flujo para complementar ingresos rurales y peri-urbanos. La caída de 0.5% interanual en bimestre, proyectada al año, implicaría una pérdida de cerca de 300 millones de dólares respecto a 2025. La presidenta Claudia Sheinbaum implementó un programa de reembolso del impuesto del 1%. Es una compensación parcial, no estructural.

Para el hispano de origen mexicano que vive en Estados Unidos y manda remesa, el dato leído desde su realidad es este: lo que tu familia recibe está cayendo, no porque tú mandes menos por error o mala voluntad, sino porque el sistema entero está bajo presión. Y la pregunta que vale hacer en mayo es si la caída se profundiza o se estabiliza con el reembolso de Sheinbaum operando en su tercer mes. Lo que viene en mayo: cifras de marzo, ya con el programa de reembolso plenamente operativo. Esa será la primera medición real de si la política mexicana está logrando contener el efecto del impuesto estadounidense.

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