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Política

Mayo: el mes que define qué universidad puede pagar un graduando hispano

Para los cerca de 700.000 hispanos que se gradúan de high school en Estados Unidos esta primavera, el último mes antes del verano no es ceremonia: es decisión. FAFSA, deudas, paquetes de ayuda, in-state, mixed-status. Las cuatro preguntas que más pesan.

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Student placing money on one side of balance scale and diploma on the other

Para los cerca de 700.000 hispanos que se gradúan de high school en Estados Unidos esta primavera, el último mes antes del verano no es ceremonia: es decisión. FAFSA, deudas, paquetes de ayuda, in-state, mixed-status. Las cuatro preguntas que más pesan.

El paisaje. En esta primavera de 2026, alrededor de 700.000 jóvenes hispanos cierran la etapa de high school en Estados Unidos. Una parte saldrá directamente al mercado laboral. Otra, mayoritaria, irá a alguna forma de educación superior: comunidad college, universidad estatal, universidad privada o programas técnicos. Los datos del National Center for Education Statistics muestran que el porcentaje de hispanos que ingresa a college subió de manera sostenida en las últimas dos décadas, pero la tasa de finalización en cuatro años sigue siendo significativamente menor que la del estudiante promedio. La diferencia no se explica por capacidad. Se explica por dinero.

La decisión de mayo es la decisión que determina cuánto dinero se va a deber. No la decisión de qué universidad acepta al estudiante, sino la decisión de cuánto cuesta realmente cada universidad después de aplicar el paquete de ayuda financiera. Esa es la operación central de las próximas cuatro semanas, y es la que muchas familias hispanas están realizando con información incompleta o equivocada.

Decisión 1 · ¿FAFSA federal o aplicación estatal alternativa?

La Free Application for Federal Student Aid es la puerta única al dinero federal: Pell Grant, Direct Loans, Federal Work-Study, Federal Supplemental Educational Opportunity Grant. Sin FAFSA enviado y procesado, no hay dinero federal para el año académico que empieza en agosto. La fecha máxima federal para el ciclo 2025-2026 es el 30 de junio de 2026, pero los estados y las universidades tienen plazos propios mucho más tempranos. Connecticut cerró su consideración prioritaria el 15 de febrero. California cerró Cal Grant el 2 de marzo. Arizona cerró el 1 de abril. West Virginia cierra el 15 de abril. Carolina del Norte cierra el 1 de junio para universidades del sistema UNC. Cada estado tiene su reloj.

Para familias donde todos los miembros son ciudadanos o residentes legales, la respuesta es clara: FAFSA siempre, lo más pronto posible. Estudiantes que envían su FAFSA en los primeros tres meses del ciclo reciben en promedio el doble de subvenciones que los que envían tarde, según datos del Departamento de Educación.

Para familias de estatus mixto — estudiante ciudadano con uno o ambos padres sin Social Security — la respuesta es matizada. El padre contribuyente sin SSN puede crear cuenta en StudentAid.gov, obtener su FSA ID y firmar el FAFSA con su ITIN o sin él. El estatus migratorio del padre no afecta la elegibilidad federal del estudiante. Pero la fricción procedimental — verificación manual de identidad, fallas de cruce de datos con la Social Security Administration — puede retrasar el procesamiento más allá de los plazos institucionales de matrícula. El consejo operativo: si la familia decide presentar FAFSA, hacerlo cuanto antes y mantener consistencia exacta de nombres, direcciones y fechas en todos los documentos.

En estados con aplicación estatal paralela — California Dream Act Application, Texas Application for State Financial Aid, NY Senator José Peralta DREAM Act — la familia mixed-status puede aplicar al sistema estatal sin tocar el federal. California ha sido explícito en mantener la separación entre los datos del CADAA y cualquier sistema federal de control migratorio. Las aplicaciones estatales son la red de seguridad para familias que evalúan no presentar FAFSA federal por miedo.

Decisión 2 · ¿Cuánto miedo justifica saltar el FAFSA?

La pregunta merece respuesta honesta. La información del FAFSA no se ha utilizado históricamente para enforcement migratorio, y organizaciones especializadas en ayuda financiera reportan que no hay casos conocidos de enforcement derivado del envío del formulario. Pero también es honesto reconocer la incertidumbre del momento: futuras administraciones pueden buscar acceso a datos federales, y los marcos de privacidad federal son fuertes pero no inmutables.

La decisión racional, según la guía de la mayoría de las oficinas de ayuda financiera de universidades que sirven a comunidades hispanas, es esta: si la familia vive en un estado con alternativa estatal robusta y el estudiante planea quedarse en una institución pública del estado, la aplicación estatal puede ser suficiente. Si el estudiante planea ir a una universidad fuera del estado o a una privada, el FAFSA federal sigue siendo la única vía para acceder al grueso del dinero disponible.

La asesoría confidencial con un consejero escolar bilingüe, una organización comunitaria reconocida o una oficina de admisiones de la universidad destino — antes de tomar la decisión — reduce significativamente el riesgo de errores que retrasan el procesamiento.

Decisión 3 · ¿Quién paga si los padres no pueden pedir Parent PLUS?

Esta es la decisión que pocos consejeros explican bien. Los padres indocumentados — incluso si presentan ITIN — generalmente no pueden pedir un préstamo federal Parent PLUS. Esa es una herramienta que muchas familias clase media usan para cerrar la brecha entre el costo de la universidad y el paquete de ayuda. Para familias de estatus mixto, esa herramienta sencillamente no existe.

Las alternativas reales son cuatro: planes de pago institucionales mensuales (la mayoría de universidades los ofrecen sin intereses); becas privadas dirigidas a hispanos (Hispanic Scholarship Fund, Excelencia in Education, becas estatales y locales); préstamos para el estudiante tomados a su nombre (Direct Subsidized y Unsubsidized Loans, con límites anuales); y, como último recurso bien evaluado, préstamos privados con cosignatario que tenga crédito establecido.

La aritmética importa. Un estudiante que pide los préstamos federales máximos sin Parent PLUS sale a los cuatro años con una deuda de entre 27.000 y 31.000 dólares. Un estudiante cuya familia complementa con préstamo privado puede salir con 50.000 a 70.000 dólares. La diferencia no es solo el monto: es la tasa de interés, la flexibilidad de pago y los planes de condonación disponibles. Los préstamos federales son negociables. Los privados, no.

Decisión 4 · ¿In-state, out-of-state o community college?

La diferencia de matrícula entre un estudiante in-state y uno out-of-state en la misma universidad pública oscila entre dos y cuatro veces. Para un graduando hispano que vive en California, Texas, Florida, Nueva York o Illinois — los estados con mayor concentración de hispanos y con sistemas universitarios públicos robustos — quedarse en estado suele ser la decisión financieramente correcta, salvo que la universidad fuera del estado ofrezca un paquete de mérito más necesidad que cubra la diferencia.

El community college como punto de entrada con transferencia a la universidad estatal en el tercer año es el camino que más hispanos eligen, y el que mejor protege contra el endeudamiento. Programas como California’s ADT (Associate Degree for Transfer) o el Texas Common Course Numbering System garantizan que los créditos del community college sean reconocidos por las universidades públicas estatales. La operación financiera de fondo: el estudiante paga dos años a 4.000-7.000 dólares anuales en lugar de 12.000-15.000, y luego dos años con el grueso del costo cubierto por ayuda.

Las fechas que cierran este mes

1 de mayo — National College Decision Day. Plazo límite para depositar la matrícula en la universidad elegida en la mayoría de instituciones.

Primera quincena de mayo — fechas límite de scholarships privados con cierre primaveral, especialmente fondos comunitarios y de fundaciones locales que repartirán dinero antes del verano.

1 de junio — deadline de FAFSA para Carolina del Norte (UNC system). 30 de junio — deadline federal final para 2025-2026 (último día absoluto).

1 de octubre — abre el FAFSA 2027-2028. Para padres de juniors actuales que se gradúan en 2027, ese día es el primer día del próximo ciclo. La fila importa.

La aritmética del egresado hispano

Datos del NCES y del Pew Research muestran que el egresado hispano sale en promedio con menos deuda absoluta que el egresado no hispano, pero con mayor proporción de deuda respecto a su ingreso familiar. La explicación es doble: las familias hispanas tienden a inscribir a sus hijos en universidades menos costosas (públicas estatales, community college con transferencia), pero arrancan con menos colchón financiero familiar. La deuda relativa, no absoluta, es la que pesa.

La pregunta final que pocas familias hispanas se hacen, pero deberían, es la opuesta a la que dominan las conversaciones de mayo: no “¿cuánto cuesta ir?”, sino “¿cuánto cuesta no ir?”. Datos del Department of Labor de los últimos cinco años muestran que el ingreso medio del hispano con bachelor’s degree es 65 a 80 por ciento mayor que el del hispano con solo high school. El cálculo de costo de oportunidad rara vez aparece en la mesa familiar. Pero es el cálculo que más determina la próxima generación.

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Política

Cuando un nombre intenta tapar lo que la agencia hace

Trump endorsó renombrar a ICE como NICE. El DHS publicó un video de agentes «amables». Mientras tanto, las muertes bajo custodia rompieron el récord de las últimas dos décadas. La pregunta no es si el rebranding va a funcionar. Es por qué se está intentando ahora.

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Red stage curtains framing silhouetted domed building with flag and fog

Trump endorsó renombrar a ICE como NICE. El DHS publicó un video de agentes «amables». Mientras tanto, las muertes bajo custodia rompieron el récord de las últimas dos décadas. La pregunta no es si el rebranding va a funcionar. Es por qué se está intentando ahora.

La cronología de un cambio de nombre

El 25 de marzo, una influencer conservadora publicó en X una idea: cambiar el nombre de Immigration and Customs Enforcement a National Immigration and Customs Enforcement, para que el acrónimo fuera NICE y los medios estuvieran obligados a decir «agentes NICE» todos los días. La publicación viajó un mes por las redes hasta que el domingo 26 de abril el presidente Donald Trump la compartió en Truth Social con tres palabras: GREAT IDEA. DO IT.

Veinticuatro horas después, el Department of Homeland Security difundió un video en el que agentes de ICE aparecen sin pasamontañas, interactuando con la comunidad, en escenas que no se parecen a ninguna pieza institucional reciente de la agencia. La Casa Blanca, por su parte, acompañó la conversación con una imagen generada por inteligencia artificial.

Para la noche del lunes, el rebranding ya estaba operando. Sin ley, sin enmienda, sin trámite formal.

Lo que un cambio de nombre suele requerir

Renombrar una agencia federal estadounidense exige, en condiciones normales, una acción del Congreso que enmiende la ley que la creó. ICE fue establecida en 2003 dentro del DHS y su nombre actual proviene de un cambio administrativo de 2007. Pero ese cambio fue cosmético dentro de la misma estructura legal.

Convertir ICE en NICE no es una corrección menor: implica modificar la denominación oficial en cientos de instrumentos legales, contratos, tratados y procedimientos. La administración ya intentó algo similar el año pasado al rebautizar al Department of Defense como Department of War, una maniobra que terminó en los tribunales.

Lo nuevo aquí no es la propuesta. Es la velocidad con la que la marca se empezó a usar antes de que existiera la ley.

Las cifras que el nombre intenta cubrir

El cambio de marca llega en el peor año de ICE en términos de fallecimientos bajo custodia desde 2004. Hasta mediados de abril, al menos 29 personas habían muerto en detención durante el año fiscal 2026, que comenzó el 1 de octubre de 2025. La cifra ya superó el récord de hace dos décadas y, según organizaciones de monitoreo, equivale aproximadamente a una muerte por semana.

El DHS atribuye el aumento al crecimiento de la población detenida —de unas 40,000 personas a comienzos de 2025 a cerca de 66,000 en diciembre, el nivel más alto registrado—. La aritmética es clara: más detenciones, más fallecimientos. Pero la aritmética no es la misma para una familia que recibe un cuerpo.

A esto se suman dos casos que detonaron la crisis política de la agencia. En enero, agentes federales abatieron en Minneapolis a Alex Pretti, enfermero de cuidados intensivos y ciudadano estadounidense de 37 años, y a Renee Good, también ciudadana, madre de tres hijos. Ambas muertes fueron grabadas. Ambas obligaron a una recomposición del DHS y al reemplazo de Kristi Noem por Markwayne Mullin como secretario.

En el centro East Montana de Fort Bliss, en Texas, el médico forense del condado de El Paso dictaminó la muerte de Geraldo Lunas Campos, ocurrida el 3 de enero, como homicidio por compresión de cuello y torso. El DHS sigue afirmando que fue suicidio.

Estas cifras no llegan al video del DHS. Ese es el inciso.

La aprobación entre hispanos: el dato que no se nombra

El gesto del rebranding es legible solo si se lee junto al deterioro acelerado de la aprobación de la política migratoria entre votantes hispanos. La aprobación de Trump en ese terreno cayó de un 36 % al inicio de su segundo mandato a aproximadamente un cuarto del electorado hispano hoy. Encuestas internas de Navigator Research muestran arrepentimiento entre quienes lo apoyaron, particularmente en migración.

Una agencia que opera por encima de los 234,000 procesos de remoción en seis meses —un 74 % más que en el mismo periodo del año anterior— y cuyo objetivo presupuestal interno es alcanzar un millón de remociones en un año fiscal, no puede sostener una política con un cuarto del apoyo del electorado al que más le habla. La salida no es modificar la política: la salida que eligió la administración es modificar el adjetivo.

Lo que cambia y lo que no para el hispano en EE.UU.

Para una familia de Houston, de Miami o de Chicago, la diferencia entre que un agente se identifique como ICE o como NICE es nula. La placa, el chaleco, el procedimiento, el centro de detención al que se traslada al detenido y la velocidad con la que avanza un caso no dependen del acrónimo. Dependen de la ley, del presupuesto y de la orientación política del DHS. Ninguna de esas tres variables cambió esta semana.

Lo que sí cambió es el espacio simbólico. Cada vez que un noticiero pronuncie la palabra NICE, una capa de familiaridad benigna se interpondrá entre el oyente y la realidad de la agencia. Esa capa no es accidental. Es el producto.

El uso del idioma inglés agrega una dimensión adicional para la audiencia hispana. NICE en inglés significa amable, cordial, agradable. Es el adjetivo más blando del repertorio anglosajón. Aplicarlo a la agencia que ejecuta el mayor operativo de remociones en la historia reciente del país no es un error de coherencia. Es la propuesta entera.

La pregunta que deja abierta

Si el cambio formal de nombre nunca llega al Congreso —y todo indica que va a costar trabajo conseguir los votos— el rebranding habrá funcionado igual. La marca NICE ya circula. El video del DHS ya está publicado. Los medios ya están escribiendo el nombre, aunque sea entre comillas. Esa es la victoria buscada: la instalación del adjetivo.

Lo que queda por verse es si la audiencia hispana, que ya conoce a la agencia desde el otro lado del cristal, deja que un nombre redefina lo que ve. La historia reciente sugiere que no. Pero la historia reciente también sugiere que las administraciones siguen apostando a que sí.

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Política

El FAFSA contra los indocumentados: un cierre silencioso al acceso educativo hispano

La administración Trump construyó un cerrojo digital sobre la principal vía pública de financiamiento universitario en Estados Unidos. La operación es técnica. La consecuencia es política: redefine quién tiene derecho a aspirar a la universidad.

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Student looking at closed sign on financial aid office door

La administración Trump construyó un cerrojo digital sobre la principal vía pública de financiamiento universitario en Estados Unidos. La operación es técnica. La consecuencia es política: redefine quién tiene derecho a aspirar a la universidad.

El Departamento de Educación anunció este lunes que el FAFSA, el formulario federal del que dependen los Pell Grants y los préstamos estudiantiles, opera ahora con un sistema de detección de fraude en tiempo real conectado al Departamento de Seguridad Nacional. La Casa Blanca presentó la medida como un esfuerzo antifraude. Es eso. También es otra cosa: el cierre administrativo, sin debate legislativo, de una de las pocas puertas que aún quedaban abiertas para que estudiantes indocumentados financiaran la universidad.

La medida funciona así. Cada solicitud cruza datos con la Administración del Seguro Social y con bases del DHS. Si el sistema clasifica al solicitante como «de riesgo», debe presentar identificación gubernamental antes de poder acceder a un peso del fondo federal. La revisión es retroactiva: alcanza al ciclo 2026-27 ya en curso. La secretaria Linda McMahon estima un ahorro de mil millones de dólares en este ciclo. La cifra es la métrica del éxito que la administración está pidiendo que se juzgue.

Lo que no aparece en el comunicado es la otra cifra. Aproximadamente 408,000 estudiantes Dreamers están matriculados en universidades de Estados Unidos, según estimaciones del Higher Ed Immigration Portal. Cinco estados —California, Texas, Florida, Nueva York e Illinois— concentran la mayor parte de esa población. Para muchos de ellos, el acceso a financiamiento federal ya era limitado o nulo, pero el rediseño del FAFSA cambia algo más profundo: convierte el formulario mismo en un mecanismo de identificación migratoria. Llenar la solicitud deja de ser una gestión académica. Pasa a ser un acto que entrega información a DHS.

Eso tiene un efecto disuasorio que no necesita ley para producirse. Familias mixtas —con padres indocumentados e hijos ciudadanos— van a pensar dos veces antes de llenar el formulario, aunque el estudiante sea elegible. Los consejeros escolares en distritos con alta matrícula hispana ya están advirtiéndolo. La consecuencia práctica de esa duda es directa: estudiantes ciudadanos dejarán de aplicar por ayuda federal a la que tienen derecho, por miedo a exponer a su familia.

La administración tiene argumentos. Durante la pandemia, el FAFSA quedó vulnerable a redes de fraude que utilizaron «estudiantes fantasma» y bots de IA para ordeñar Pell Grants y préstamos. La cifra de mil millones recuperados es real. Pero el rediseño que el Departamento de Educación presentó el lunes va más allá del fraude: incluye verificación migratoria explícita y un acuerdo público con DHS para asegurar, en palabras del propio comunicado, que los «extranjeros ilegales» no reciban ayuda federal. Esa parte del paquete no responde a fraude. Responde a doctrina.

La pregunta de fondo es ¿qué tipo de país está construyendo Estados Unidos cuando convierte el formulario universitario en un punto de control migratorio? Los Dreamers no llegaron por su cuenta. Crecieron aquí, terminaron la high school aquí, pagaron impuestos aquí. La política de la administración no resuelve si tienen derecho a estar; resuelve, por la vía administrativa, que no tienen derecho a aspirar.

Para el hispano la lectura debería ser doble. La primera, sobre el caso concreto: si usted o un familiar suyo es elegible para FAFSA, las reglas de presentación de identificación cambian este ciclo y conviene consultar con un consejero escolar antes de aplicar. La segunda, sobre el patrón: el FAFSA es una pieza más de un rompecabezas que esta administración está armando con piezas pequeñas y aparentemente técnicas. Cada pieza es defendible por sí sola. El conjunto no.

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Política

Carrasquero: “Estamos en la definición exacta de un interinato”

El politólogo José Vicente Carrasquero advierte que Venezuela atraviesa un período de excepcionalidad que exige precisión: no hay gobierno, hay administración; no hay presidente, hay encargada; no hay oposición, hay fuerzas democráticas mayoritarias. La Constitución está “en hibernación” y las condiciones para un nuevo proceso electoral aún no están dadas.

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El politólogo José Vicente Carrasquero advierte que Venezuela atraviesa un período de excepcionalidad que exige precisión en los términos: No hay gobierno, hay administración; no hay presidente, hay encargada; no hay oposición, hay fuerzas democráticas mayoritarias. La Constitución está “en hibernación” y las condiciones para un nuevo proceso electoral aún no están dadas.

A cuatro meses de la salida de Nicolás Maduro, el interinato en Venezuela tiene nombre, rostro y discurso, pero todavía no tiene fecha de salida. Así las cosas, la pregunta que se hace el venezolano de a pie ya no es cómo vamos, sino dónde estamos. Para responderla, el profesor de Ciencia Política José Vicente Carrasquero, ofrece un diagnóstico riguroso del momento: Un interinato con narrativa imprecisa, instituciones de origen dudoso, una Constitución reducida a letra muerta y una ciudadanía que empieza a reorganizarse en comanditos mientras la administración de Delcy Rodríguez intenta aferrarse a las estructuras heredadas del madurismo.

¿Dónde estamos?

Estamos en la definición exacta de un interinato. Si suponemos que la Constitución está vigente, está claramente definido: es un tiempo en el cual una persona se encarga de la presidencia —no es un gobierno, es una administración— mientras llega un proceso electoral que nuevamente va a legitimar a alguien como presidente de Venezuela. En eso estamos, y eso exige que utilicemos muy bien los términos.

¿A qué términos se refiere?

Nunca llamamos a la presidente “presidente” a secas, sino presidente interina o encargada, porque hay una implicación constitucional en el asunto. Tampoco llamamos gobierno a lo que hace, le llamamos administración. Un gobierno es alguien que llegó con un programa, lo sometió al debate y al escrutinio, y ganó unas elecciones. La señora Rodríguez no fue electa; está ahí administrando una cuestión. Ella no le ofreció a los venezolanos ninguna política. Esa precisión en la narrativa le transmite al que nos lee, dentro y fuera del país, que no estamos en una situación normal, sino en una excepcionalidad.

¿Y por qué importa tanto esa distinción narrativa?

Hacia adentro, sirve para destacar el carácter minoritario de la gente que está en la administración, hacer ver que ya no tienen la fortaleza de respaldo popular que tenían antes y que, por el contrario, hay un rechazo muy importante a lo que han hecho durante años. Deberían mostrar disposición al cambio, y no lo están haciendo: se aferran a las estructuras previas y hablan como si tuvieran una mayoría que ya no tienen. Hacia afuera, donde la gente observa con más distancia, evita que se traslade una falsa normalidad. Y hay otro punto: lo que desde afuera llaman “oposición” no lo es. Hay una oposición funcional, creada por el propio régimen para cumplir un papel teatral, y están las fuerzas democráticas que participaron el 28 de julio de 2024 y demostraron ser una inmensa mayoría. Oposición significa minoría, haber perdido y haber aceptado la derrota. Ese no es el caso.

Se entiende el argumento sobre el Ejecutivo, pero hay otras ramas del Poder Público alineadas con esa administración: la Asamblea Nacional electa en 2025, que preside el hermano de la presidenta interina, y que se está valiendo de artilugios legales para hacer renunciar al fiscal general, al defensor del pueblo, a magistrados del TSJ y probablemente al CNE. ¿Cómo se entiende esa institucionalidad?

Seguimos en la excepcionalidad. Esa Asamblea Nacional tiene un origen dudoso: son unas elecciones en las que la gente no participó, no hay registros confiables de cuánta gente votó, no se sabe quién ganó; Jorge Rodríguez hizo una lista y dijo “estos son los diputados”. Incluso cambiaron el sistema de atribución para que apareciera gente de la oposición funcional. Y esa Asamblea no tiene realmente facultades para, digamos, abrirle juicio al defensor del pueblo y removerlo. Lo que hacen es presionar para que renuncien. ¿De dónde viene esa orden? De Estados Unidos, que está diciendo: reestructura el Estado para que, cuando llegue alguien, no se encuentre con el desastre actual. ¿Lo han hecho bien? Definitivamente no.

¿Por qué no?

Porque ninguno de los reemplazos es independiente. La nueva defensora tampoco lo es, aunque diga serlo; basta oír sus declaraciones en medios para darse cuenta de que es una persona totalmente cuadrada, incluso con Maduro. A los magistrados del TSJ les piden la renuncia cuando todavía les quedan años de mandato —no es que se envejecieron de golpe—. Estados Unidos necesita generar cierto sentido de institucionalidad para que las empresas inviertan y para que, cuando llegue el momento electoral, quien gane se encuentre con una institucionalidad más o menos cordial. Pero si la nueva defensora quisiera demostrarme algo, a mí me gustaría verla en el Helicoide, en el Rodeo. ¿Dónde está cuando se va la luz, cuando los hospitales no sirven? Sigue en el mismo anonimato y la misma insulsez del defensor anterior.

Usted habla de la Constitución. ¿En qué estado se encuentra el texto fundamental?

La Constitución está en hibernación. El hecho mismo de que esta señora esté en el poder ya la vulnera: inventaron una figura que no existe en la Constitución. La Sala Constitucional no está para inventar lo que no existe y parcharlo; está para interpretar. Lo que debió decir, respecto a Maduro, es que luce muy improbable que vuelva al poder y, por tanto, vamos a elecciones. La Constitución no está escrita para Maduro, está escrita para el pueblo, que tiene derecho a un presidente. Es una buena oportunidad para reformar cosas: acabar con la reelección indefinida, elegir en períodos constitucionales similares al Congreso y a la Presidencia, bajar los términos a cuatro años como en Estados Unidos o Colombia, con una reelección consecutiva. No estos paisajes donde se hace la presidencial y, cuando les da la gana, las parlamentarias.

¿Están dadas las condiciones para un proceso electoral en este momento?

No. El señor Amoroso, presuntamente, cometió un crimen gravísimo el 28 de julio de 2024 y no está en capacidad de dirigir una nueva elección. ¿Qué garantía me da un señor que sabiendo que Maduro perdió, lo declaró ganador? Además, ¿queremos seguir en la misma pachanga o le vamos a dar la oportunidad de votar, en serio, a los venezolanos que están afuera? Que voten el medio millón que vive en España. Vimos la concentración en Madrid: estaban dispuestos. Pero te abren el registro electoral en un cuarto de dos por tres, con un funcionario que a las diez se toma un café y al mediodía se va a almorzar. Lo mismo pasaría en Estados Unidos. Hoy se pueden generar electrónicamente mecanismos de inscripción más seguros que la cédula presentada por una persona, pero no hay disposición de hacerlo. Lo último en la lista de los Rodríguez son las leyes electorales; están haciendo todo lo posible por robárnoslo de nuevo.

Mientras tanto, ¿qué pasa con las expectativas de la ciudadanía?

Hay un malestar creciente y, al mismo tiempo, expectativas totalmente fuera de contexto. Salió por ahí un sindicalista pidiendo mil dólares mensuales de sueldo. Venezuela no puede pagar eso. Dicen: “hay cinco mil millones de dólares”. ¿Y cuánto duran cinco mil millones pagándoles mil dólares a cinco millones de funcionarios, entre activos y jubilados? En números, mucho; en realidad, un mes de salario y se acabaron. Se están vendiendo espejismos. Y el argumento del “es solo para nosotros, los demás no” es insostenible.

En ese panorama, ¿dónde encaja María Corina Machado?

María Corina Machado es la agente principal de las fuerzas democráticas. Es una especie de depositaria: la gente ve en ella a quien supo conducir a Venezuela a unas elecciones que nadie esperaba. En 2023 me decían necio porque yo sostenía que iba a haber primarias, que iba a haber elecciones y que las íbamos a ganar. ¿Por qué? Porque la gente la estaba pasando mal, y si le das la oportunidad de votar para salir de esto, vota y sale. Y pasó. Hubo primarias, hubo elecciones, ganamos. Lo que no hubo fue el acto ético y moral de una clase política derrotada: ellos mismos habían anunciado, en voz de Freddy Bernal y de Nicolás Maduro Guerra, que si perdían se iban. Saben que perdieron. El problema, Alfredo, es que no son demócratas. Chávez tampoco lo era: llegó con ideas fijas desde el golpe del 92, incluidos estadios universitarios para juicios sumarios de justicia popular. Ese es el legado de Hugo Chávez: que haya tenido que intervenir una potencia extranjera para poner orden en el país. Y por eso mismo resulta obsceno que su ex yerno diga que María Corina no puede ser amnistiada porque pidió una invasión, cuando ellos trajeron cubanos, chinos, rusos, iraníes. Pusieron a Venezuela al servicio de potencias extranjeras.

Para cerrar, desde la ciencia política: ¿qué nos falta por ver y cuánto tiempo puede tomar?

La gente de Vente se está movilizando, se están volviendo a montar los comanditos. Acción Democrática hace reuniones en cuanto pueblo siente alguna fortaleza, aparecen los dirigentes, se trata de movilizar a la población hacia un proceso electoral que, evidentemente, va a estar a favor de las fuerzas democráticas de calle. No importa el milagro que haga la señora Rodríguez: no va a tener mayor impacto sobre la percepción de lo que la gente ha sufrido estos años. ¿Qué hay que seguir haciendo? Subirles el costo a estos por mantenerse. Exigir mejoras del servicio eléctrico, presentarse con una agenda en salud, en educación. Mostrarle a la gente que hay alternativas al no hacer nada del chavismo, que no hace nada porque no sabe. Nosotros caímos tan bajo que Delcy Rodríguez fue presidenta de PDVSA: no sabe nada de petróleo. Mientras tanto, su hermano sociópata anda con esa sonrisita aprendida de Edmundo Chirinos, del burlarse del otro como si uno fuera un pobre imbécil. Lamentablemente para ellos, el presidente Trump es un tipo extremadamente frío a quien ese tipo de cosas no le importan: le importa que avance su plan, seguir sacando petróleo, avanzar en lo que tiene previsto. Esa es la frialdad del que ve la cosa como invasor: tomé el control, y dado ese control se me permite hacer estas cosas. Venezuela está en la situación de un país como Japón en el año 45.

Si está como Japón en el 45, entonces hay mucha esperanza.

Mucha.

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