Herederos
Los indocumentados financian programas de los que están excluidos
En 40 estados los inmigrantes indocumentados pagan tasas efectivas de impuestos estatales y locales más altas que el 1% más rico de esos mismos estados.
Mes Nacional de la Herencia Hispana
El argumento de la carga fiscal es el más repetido contra la presencia de inmigrantes sin estatus regular. Los números disponibles apuntan en dirección contraria y con un detalle incómodo.
| Qué | Los inmigrantes indocumentados pagaron 96.700 millones de dólares en impuestos federales, estatales y locales en un año. |
| Quién | Unos 10,9 millones de trabajadores sin estatus regular, según la estimación del estudio. |
| Cuándo | Datos de 2022, publicados en 2024 por el Institute on Taxation and Economic Policy. |
| Dónde | Los cincuenta estados. |
| Por qué | Más de un tercio de esos pagos financia programas a los que quienes los pagan no tienen acceso. |
| Cómo | Retenciones de nómina, impuestos sobre ventas y consumo, impuestos a la propiedad y declaraciones con número ITIN. |
Los números
El Institute on Taxation and Economic Policy publicó en 2024 un estudio sobre los aportes fiscales de la población inmigrante sin estatus regular correspondiente al año 2022.
El total: 96.700 millones de dólares en impuestos federales, estatales y locales. De esa suma, 59.400 millones fueron al gobierno federal y 37.300 millones a gobiernos estatales y locales. El promedio ronda los 9.000 dólares por persona.
Dentro del componente federal, la parte más significativa corresponde a impuestos sobre la nómina: 25.700 millones de dólares al Seguro Social, 6.400 millones a Medicare y 1.800 millones al seguro de desempleo.
Son tres programas a los que, en la mayoría de las circunstancias, quienes hicieron esos aportes tienen prohibido acceder por ley.
El dato que descoloca
En 40 estados, los inmigrantes indocumentados pagan tasas efectivas de impuestos estatales y locales más altas que el 1% de hogares de mayores ingresos de esos mismos estados.
La razón es estructural y no dice nada sobre el mérito de nadie. Los sistemas tributarios estatales y locales se apoyan de forma desproporcionada en impuestos al consumo. Casi la mitad de lo que esta población paga a nivel estatal y local, unos 15.100 millones de dólares, corresponde a impuestos sobre ventas y consumos específicos: combustible, alcohol, tabaco, servicios públicos.
Quien gasta la mayor parte de lo que gana paga proporcionalmente más bajo ese diseño. Y quien no puede acceder a la mayoría de las deducciones y créditos disponibles, tampoco los descuenta.
Los trabajadores sin estatus regular que declaran impuestos pero no tienen número de Seguro Social válido, para ellos o para sus hijos, quedan excluidos del crédito tributario por ingreso del trabajo y del crédito tributario por hijos a nivel federal.
Sobre la fuente
El Institute on Taxation and Economic Policy se define como una organización de política tributaria sin fines de lucro y no partidista, con una misión declarada de justicia fiscal. Es decir, tiene posición.
Su metodología es pública. Aplica tasas efectivas derivadas de su propio informe Who Pays? sobre el impacto de los impuestos estatales y locales por nivel de ingreso, complementado con la Encuesta de Gastos del Consumidor de la Oficina de Estadísticas Laborales.
El estudio no ha sido rebatido con una metodología alternativa que produzca un resultado sustancialmente distinto, aunque sus supuestos sobre tamaño de la población y tasas de cumplimiento son discutibles y han sido discutidos.
El punto
La conversación pública suele plantear la pregunta al revés: cuánto cuesta esta población.
Los datos disponibles permiten formularla en el otro sentido. Casi 100.000 millones de dólares anuales entran al sistema por vía de personas que financian pensiones que no cobrarán, atención médica que no recibirán y seguros de desempleo que no podrán reclamar.
Eso no es una carga que el sistema soporta. Es un subsidio que el sistema recibe.
Y es la parte del aporte hispano que ninguna proclamación de septiembre menciona.
Fuentes principales: Institute on Taxation and Economic Policy, Tax Payments by Undocumented Immigrants, publicado el 30 de julio de 2024, con datos de 2022, identificado como organización con misión declarada. ITEP, Who Pays?, séptima edición, 2024. Bureau of Labor Statistics, Encuesta de Gastos del Consumidor.
Alfredo Yánez
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A Ellen Ochoa le dijeron que las mujeres no estudiaban ingeniería
Segunda de treinta y una semblanzas. Ellen Ochoa llegó al espacio en 1993 y veinte años más tarde dirigía el centro que entrena a los astronautas.
Semblanza diaria · 02/31
Segunda de treinta y una semblanzas de hispanos que cambiaron algo en Estados Unidos.
| Qué | Ellen Ochoa fue la primera mujer hispana en viajar al espacio y después dirigió el Centro Espacial Johnson. |
| Quién | Ingeniera eléctrica y astronauta, de familia mexicano-estadounidense, nacida en California. |
| Cuándo | Primer vuelo en 1993. Dirección del Centro Espacial Johnson entre 2013 y 2018. |
| Dónde | La Mesa, California; Stanford; Houston; la órbita terrestre. |
| Por qué | Su carrera muestra la distancia entre lo que se le dice a alguien que puede hacer y lo que efectivamente hace. |
| Cómo | Doctorado en ingeniería eléctrica, patentes en sistemas ópticos, selección como astronauta, dirección institucional. |
El consejo que ignoró
Cuando Ellen Ochoa era estudiante universitaria y consideraba estudios de posgrado en ingeniería, recibió el consejo que recibían las mujeres de su generación: que ese no era un campo para ellas.
Lo ignoró. Hizo un doctorado en ingeniería eléctrica en Stanford.
El consejo tenía además una ironía particular. En el año en que ella nació no había mujeres astronautas en Estados Unidos, ni las hubo hasta veinte años después. Nadie podía decirle que aspirara a algo que aún no existía como posibilidad.
Óptica
Antes de ser astronauta fue investigadora, y ese periodo se cuenta poco porque el espacio se lleva toda la atención.
Trabajó en sistemas ópticos para procesamiento de información y figura como coinventora en patentes relacionadas con inspección óptica, reconocimiento de objetos y reducción de distorsión en imágenes. Es decir: trabajó en enseñarle a una máquina a distinguir lo que está viendo.
Ese trabajo es la razón por la que entró a la NASA. No entró por vocación aeronáutica: entró como ingeniera con obra propia.
Nueve días de abril
En abril de 1993 despegó a bordo del transbordador Discovery como especialista de misión. El vuelo estudiaba la actividad solar y su efecto sobre la atmósfera terrestre. Fue la primera mujer hispana en salir del planeta.
Voló cuatro veces en total y acumuló cerca de mil horas en el espacio. Operó el brazo robótico de la estación espacial y participó en misiones de ensamblaje.
También llevó consigo una flauta. Tocaba desde niña, con nivel de concertista aficionada, y practicó en órbita.
Del asiento a la silla
La segunda mitad de su carrera es la que más dice sobre lo que significa abrir una puerta.
Pasó de volar a dirigir. Fue subdirectora y luego directora del Centro Espacial Johnson en Houston, entre 2013 y 2018: el centro donde se entrena a los astronautas y desde donde se controlan las misiones tripuladas. Fue la segunda mujer y la primera persona hispana en ocupar ese cargo.
La diferencia entre ser la primera en entrar y ser quien decide quién entra después no es menor. Una primera vez es un hecho biográfico. La dirección de la institución es una posición estructural, y es desde ahí desde donde cambian las cifras.
Después de la NASA presidió el Consejo Nacional de Ciencia y ha seguido vinculada a la política científica del país.
Lo que queda
Hay escuelas públicas en Estados Unidos que llevan su nombre. Eso significa que hay niñas que ven ese nombre todos los días en la fachada y no tienen que enterarse de que existe la posibilidad: la posibilidad ya está escrita en el edificio.
A ella le dijeron que las mujeres no estudiaban ingeniería. Terminó dirigiendo el lugar donde Estados Unidos decide quién va al espacio.
Fuentes principales: NASA, biografías oficiales de astronautas y del liderazgo del Centro Espacial Johnson. Registros de misiones del programa del transbordador espacial. Universidad de Stanford, registros académicos públicos. Consejo Nacional de Ciencia, integración de su directiva.
Herederos
La proclamación de 2020 presumió el financiamiento que 2025 retiró
El mes hispano depende de una firma presidencial anual. La serie completa de esas firmas revela un cambio de calendario y otro de contenido.
El Mes Nacional de la Herencia Hispana no ocurre solo: requiere que un presidente lo proclame cada año. Leer esas proclamaciones en serie, y no de una en una, produce un hallazgo.
| Qué | Las proclamaciones del mes hispano cambiaron de fecha de firma y de contenido entre el primer y el segundo mandato de Donald Trump. |
| Quién | La Casa Blanca, autora de los textos; las instituciones al servicio de hispanos, mencionadas en uno de ellos. |
| Cuándo | Firmas del 13 de septiembre en 2017, 2018 y 2019. Firma del 22 de septiembre en 2025. |
| Dónde | Estados Unidos. |
| Por qué | Un texto de 2020 presume un financiamiento que una decisión de 2025 redirigió. |
| Cómo | La Public Law 100-402 autoriza y solicita al presidente emitir la proclamación cada año. |
La obligación
La ley de 1988 autoriza y solicita al presidente emitir anualmente una proclamación que designe el período del 15 de septiembre al 15 de octubre como Mes Nacional de la Herencia Hispana. Desde 1990, todos los presidentes la han emitido.
Cada proclamación reproduce esa fórmula legal en su penúltimo párrafo. Es el único elemento que no varía entre administraciones.
Todo lo demás varía, y ahí está el material.
El calendario
En el primer mandato de Donald Trump, las cuatro proclamaciones se emitieron con puntualidad y con una regularidad casi idéntica.
La Proclamación 9637, correspondiente a 2017, lleva fecha del 13 de septiembre. La 9783, de 2018, también del 13 de septiembre. La 9927, de 2019, del 13 de septiembre. La 10076, de 2020, se divulgó en torno al arranque del período.
Tres firmas consecutivas el mismo día del calendario, dos jornadas antes de que comenzara el mes que proclamaban.
La Proclamación 10974, correspondiente a 2025, lleva fecha del 22 de septiembre. Siete días después de iniciado el período.
Son nueve días de desplazamiento respecto del patrón que la misma administración había sostenido cuatro años seguidos.
El contenido
Aquí conviene ser preciso, porque la lectura fácil se equivoca.
El encuadre que restringe el reconocimiento a los ciudadanos hispanos no es una novedad de 2025. Aparece ya en el primer mandato: la proclamación de 2018 honra a los ciudadanos estadounidenses de ascendencia hispana. La de 2025 habla igualmente de ciudadanos hispanoamericanos.
Lo que cambió es la densidad y el inventario.
La proclamación de 2020 es larga y está construida sobre afirmaciones concretas de política pública. Cita la tasa de graduación de estudiantes hispanos en secundaria pública durante el ciclo 2017-2018, el ingreso mediano hispano previo a la pandemia, el descenso del desempleo y de la pobreza, la incorporación de 362.000 nuevos propietarios de vivienda hispanos entre 2017 y 2018, las zonas de oportunidad creadas por la reforma fiscal de 2017 y la comisión asesora presidencial sobre prosperidad hispana.
La de 2025 es breve y temática. Habla de contribuciones extraordinarias, de espíritu, de resiliencia, de patriotas hispanos en las líneas del frente militar, policial y de seguridad fronteriza, de defender la soberanía y proteger la bandera.
Ninguna cifra. Ningún programa. Ninguna partida.
El párrafo que importa
Dentro de aquella proclamación de 2020 hay una frase que merece leerse dos veces.
El texto afirma que ese año la administración entregó mil millones de dólares en financiamiento a instituciones al servicio de minorías, incluidas las instituciones al servicio de hispanos.
Es decir: la proclamación del mes hispano de 2020 presenta ese financiamiento como logro propio, con esas palabras, en un documento oficial firmado por el presidente.
Para el año fiscal 2025, el Departamento de Educación cuestionó la constitucionalidad de los programas destinados a instituciones al servicio de minorías y redistribuyó ese financiamiento hacia otros programas. La cifra afectada incluye 229 millones de dólares que el Congreso había asignado por el Programa Título V al desarrollo de instituciones al servicio de hispanos.
Se trata de la misma red de 631 universidades que matricula al 65% de los universitarios latinos del país y gradúa al 67% de quienes obtienen título.
Lo que la serie deja ver
No hace falta atribuir intenciones. Basta con poner los documentos en orden.
Un texto oficial de 2020 exhibe como mérito el financiamiento de una red universitaria. Una decisión administrativa de 2025 lo redirige invocando un problema constitucional. Y la proclamación de 2025, que en teoría celebra a la misma comunidad, ya no menciona el asunto.
El mes conmemorativo siguió proclamándose. Lo que dejó de estar en el texto fue el inventario de lo que el gobierno hacía por la comunidad que celebra.
Una conmemoración sin partida presupuestaria adjunta cuesta una firma. Eso también es información sobre el lugar que ocupa una comunidad en las prioridades de un Estado.
Fuentes principales: Proclamaciones 9637 (2017), 9783 (2018), 9927 (2019), 10076 (2020) y 10974 (2025), Compilación de Documentos Presidenciales, govinfo y archivos de la Casa Blanca. Public Law 100-402. Library of Congress, guía de investigación legal sobre el Mes Nacional de la Herencia Hispana. Excelencia in Education, análisis de instituciones al servicio de hispanos difundido el 8 de abril de 2026, con datos del Centro Nacional de Estadísticas de Educación.
Nota de la redacción: al cierre de esta edición no se había emitido la proclamación correspondiente a 2026. INCÍSOS actualizará esta pieza cuando el documento sea publicado.
Herederos
Nos están conjugando en pasado
La herencia es lo que queda de quien ya no está. Aplicar esa palabra a setenta millones de personas vivas hace un trabajo que conviene nombrar.
Mes Nacional de la Herencia Hispana
Por Alfredo Yánez Mondragón
Fundador y editor en jefe
Durante un mes al año, este país celebra algo que llama herencia hispana. He pasado semanas revisando qué contiene exactamente esa palabra, y quiero detenerme en ella antes que en cualquier cifra, porque la palabra hace un trabajo que casi nadie mira.
Herencia es lo que queda de alguien que ya no está. Es un término del derecho sucesorio antes que del vocabulario cultural: el conjunto de bienes, derechos y obligaciones que una persona transmite al morir. Por extensión lo usamos para hablar del legado de civilizaciones que cumplieron su ciclo, de imperios que dejaron ruinas y lenguas, de generaciones que se fueron dejando algo detrás. En todos esos usos hay un elemento común, y es que el causante no está presente en la lectura del testamento.
La Oficina del Censo contabilizó setenta millones cien mil hispanos en este país. Una quinta parte de la población. Su edad mediana es de treinta y un años, en una nación que envejece y cuyos principales competidores económicos registran contracción de su fuerza laboral. Esa población no está en tránsito hacia el pasado. Está en la mitad de su curva, y crece cada vez más por nacimientos dentro de estas fronteras que por llegadas desde fuera, lo cual significa que una proporción creciente de esos setenta millones son ciudadanos estadounidenses desde el primer día de su vida.
A eso se lo llama herencia. Y ahí está la operación.
Conjugar en pasado no es un adorno del lenguaje. Es una decisión sobre el estatus de aquello que se nombra. Lo que se declara legado sale automáticamente de ciertas conversaciones. Un legado no compite por presupuesto: se conmemora. No reclama escaños: se exhibe. No exige medición: se agradece. Al pasado se le agradece; con el presente hay que negociar. Y esa diferencia, que parece de matiz, es en realidad una diferencia de derechos.
Miren lo que ocurrió mientras yo revisaba los rubros de este especial, uno por uno, sin buscar un patrón. El museo nacional dedicado a la historia latina fue creado por ley hace casi seis años, tiene director, tiene junta, tiene colección, y no tiene edificio; su apertura se calcula a diez o doce años vista, y en el presupuesto presidencial de un año reciente no apareció un solo dólar para él. Las seiscientas treinta y una universidades que gradúan a dos tercios de los universitarios latinos del país vieron redistribuido el financiamiento que el Congreso ya les había asignado, doscientos veintinueve millones, invocando un cuestionamiento constitucional. La representación hispana en la Cámara de Representantes bajó de cuarenta y ocho a cuarenta y cinco. Los actores latinos ocuparon menos del tres por ciento de los papeles protagónicos del cine estadounidense, mientras la población latina es el veintiuno por ciento del país. Y cerca de dieciocho millones de adultos hispanos quedaron fuera de la fuerza laboral, más de un millón que doce meses antes.
Cinco rubros distintos, cinco instituciones distintas, y el mismo verbo: contraerse.
No afirmo que exista un plan. No tengo documento que lo pruebe y no voy a inventarlo; este especial se construyó sobre la regla de no publicar lo que no se puede sostener. Lo que sí puedo afirmar es que hay una coincidencia y que tiene una lógica interna reconocible. La celebración y la contracción no se contradicen entre sí. Se complementan. Se celebra en septiembre precisamente aquello que se está retirando el resto del año, y la celebración cumple una función: convierte el retiro en clausura ordenada. Un homenaje es la manera elegante de dar por concluido algo.
Ahí está el cerco. No consiste en prohibir la presencia hispana, que sería inviable con setenta millones de personas y además ilegal. Consiste en reclasificarla. En moverla del presente al pasado por vía del vocabulario, y celebrarla con entusiasmo justamente para poder hacerlo. Un mes de reconocimiento no es lo contrario del desplazamiento. Puede ser su forma más eficiente, porque desarma la protesta antes de que se formule: quién va a quejarse de que lo homenajeen.
Hace muchos años, cuando consideré seriamente una vocación religiosa, leí con atención a Agustín de Hipona. En el libro undécimo de sus Confesiones se pregunta qué es el tiempo, y llega a una conclusión que nunca me abandonó: que hablar de tres tiempos es impreciso, porque en rigor existen tres presentes. El presente de las cosas pasadas, que es la memoria. El presente de las cosas presentes, que es la atención. Y el presente de las cosas futuras, que es la espera. Los tres ocurren ahora. Ninguno está en otro lugar.
Traduzco. Ni siquiera el pasado es pasado; existe solamente como una operación que alguien realiza en este momento. Y si eso es cierto, entonces llamar herencia a una comunidad viva no la envía a ningún sitio. La mantiene aquí, presente, y deja al descubierto que quien la nombra así está haciendo algo ahora, con un propósito de ahora.
Por eso este especial no se llama Herencia. Se llama Herederos.
Una herencia es un objeto. Un heredero es una persona con derecho a reclamar. Un objeto se cataloga, se guarda, se exhibe en la sala que el presupuesto permita, y si el presupuesto no alcanza se guarda en depósito y no protesta. Un heredero se presenta ante el tribunal con la escritura en la mano.
La escritura existe. San Agustín se fundó en mil quinientos sesenta y cinco, cuarenta y dos años antes que Jamestown. La capital más antigua de este país se llama Santa Fe. En mil ochocientos cuarenta y ocho México cedió el cincuenta y cinco por ciento de su territorio y la gente que vivía allí no emigró a ninguna parte: la frontera se movió y el tratado los hizo ciudadanos sin que tuvieran que mudarse de casa. Y durante treinta años, la primera constitución de California ordenó publicar todas las leyes del estado en inglés y en español, disposición que sus delegados aprobaron sin oposición y a la que deliberadamente no le pusieron plazo, porque no la entendían como un acomodo transitorio.
Nada de eso es herencia recibida. Es sustrato. Lo que llegó después a esos lugares fue Estados Unidos.
De modo que quiero terminar donde empecé, con la gramática, porque el asunto es más simple de lo que parece y quiero dejarlo dicho sin ornamento.
No somos lo que este país recibió. Somos parte de lo que este país es, hoy, en presente de indicativo. Cuatro billones cuatrocientos mil millones de dólares de producción corriente no son un legado de nadie: se generaron este año, con manos que están trabajando ahora mismo mientras usted lee esto. Y a un heredero se le puede negar la casa, se le puede retrasar la lectura del testamento, se le puede regatear la partida presupuestaria durante diez o doce años.
Lo que no se le puede hacer es declararlo muerto para simplificar el trámite.
Alfredo Yánez Mondragón es periodista con más de dos décadas de ejercicio y autor de más de veinte títulos publicados. Su libro Entra en ti recoge parte de su lectura de Agustín de Hipona.
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