Inciso
El árbitro no se hereda
Una elección no empieza el día que se vota. Empieza el día que se decide quién la organiza.
ESPECIAL INCÍSOS · QUIÉN CUENTA
El árbitro no se hereda
UN INCISO DE
ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
El Poder Electoral no es una oficina: es la regla que organiza el voto.
ESPECIAL INCÍSOS · QUIÉN CUENTA
Una elección no empieza el día que se vota. Empieza el día que se decide quién la organiza.
Hay una costumbre venezolana que este año conviene romper: hablar de la fecha antes de hablar del árbitro.
Es comprensible. La fecha es concreta. Se puede marcar en un calendario, se puede esperar, se puede desear. El árbitro es un procedimiento con lapsos, un comité de veintiún personas, una lista de elegibles que debe triplicar el número de cargos y seis días de objeciones que nadie cubre. No hay manera de convertir eso en titular.
Y sin embargo, la fecha no existe hasta que existe el árbitro. Literalmente. El artículo 33 de la ley que rige al Poder Electoral le atribuye a ese organismo, y solo a él, realizar la convocatoria y fijar el día del voto. La Constitución venezolana establece cuánto dura un mandato presidencial, cuánto uno legislativo, cuánto uno municipal. No dice cuándo se elige a ninguno. Esa decisión pertenece a cinco personas que todavía no han sido designadas.
Por eso la discusión sobre si las elecciones son en 2027 o antes está, técnicamente, mal planteada. La pregunta que la precede es quiénes las convocan.
He leído estos días la ley de 2002 completa, con la paciencia que estas cosas exigen y que casi nadie tiene. Uno esperaría encontrar un texto vago, de esos que dejan todo al criterio de quien manda. Encuentra lo contrario: una ley obsesivamente detallada. Seis días para el reglamento interno. Catorce para postular. Veinte para evaluar. Seis para objetar. Seis para descargar. Dos para armar el expediente. Diez para designar.
Se pueden sumar. Da sesenta y cuatro días desde que el comité se instala. Con la fase previa, unos setenta y cinco. Dos meses y medio.
Ese número tiene una virtud incómoda: convierte una discusión política en una operación aritmética. Cuando catorce organizaciones dijeron el 19 de agosto que la renovación podía hacerse en unos dos meses y que octubre era posible, no estaban pidiendo un favor. Estaban leyendo la ley en voz alta.
Y cuando el cronograma de la mesa sitúa esa misma designación en diciembre, tampoco está incumpliendo nada. Está escogiendo. Diciembre no es un plazo que la norma imponga: es una decisión que alguien tomó y que puede explicarse. Lo razonable es pedir esa explicación, no denunciar una violación que no existe.
Hay algo más que me llama la atención, y es lo que la ley revela cuando se lee entera.
El país discute cinco nombres. La ley describe cinco direcciones nacionales cuyos titulares son, literalmente, de libre nombramiento y remoción. Veinticuatro oficinas regionales cuyos directores designa el órgano central, y en las que residir en la entidad que administran es una preferencia, no un requisito. Una comisión que centraliza el registro del estado civil de todos los venezolanos vivos y muertos. Y una oficina, la de supervisión del registro civil e identificación, encargada de vigilar que la cédula de identidad se expida correctamente.
Cinco rectores heredan todo eso. Y lo que decidan sobre esas direcciones, en las semanas siguientes a su juramentación, va a pesar más sobre una elección que la mayoría de las declaraciones que se hagan sobre ella.
El árbitro no se hereda. Se construye, o se recibe intacto con otro nombre encima.
Hay una tercera posibilidad, que es la que más me preocupa, porque es la más silenciosa: que se designe a cinco personas impecables y se les entregue una estructura que no pueden mover, un registro que no pueden depurar en el tiempo disponible y un calendario que ya fue decidido en otra parte. Cinco rectores independientes administrando un sistema que no lo es. Sería la versión más elegante del mismo resultado.
De ahí que la lista de cosas que hay que mirar no se agote en la designación.
Si el comité de postulaciones publica su metódica de evaluación, que la ley le obliga a aprobar en seis días. Si esa metódica exige medios de prueba de la no vinculación partidista o se conforma con una declaración. Si los cinco se designan de una vez o se restablece el escalonamiento que la Constitución previó. Quiénes son los diez suplentes, que casi nunca se nombran en la prensa y son quienes cubren las ausencias. Y qué ocurre con las direcciones nacionales en los treinta días siguientes.
Cinco cosas. Todas públicas. Todas comprobables sin acceso privilegiado a nada.
Escribo esto antes de que ocurra a propósito. Después será fácil decir que uno lo sabía. El valor de una lista está en existir cuando todavía no hay resultados con los que compararla.
Una elección no empieza el día que se vota. Empieza mucho antes, en una sesión sin cámaras donde veintiún personas aprueban un documento técnico que nadie va a leer. Ese día también es noticia. Solo que casi nunca se cubre.
Fuentes principales: Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Ley Orgánica del Poder Electoral, Gaceta Oficial 37.573 del 19 de noviembre de 2002.
Alfredo Yánez
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El dato no milita
El chavismo perdió el control de la cifra. Y la cifra no se deja convencer.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Un gobernador dice que en su estado nunca se va la luz, dos días después de anunciar cortes. Una presidenta encargada habla de crecimiento con un salario mínimo de 130 bolívares. Un presidente de la Asamblea promete cuatro elecciones sin fecha. El chavismo perdió el control de la cifra, y la cifra no se deja convencer.
«Aquí no se va la luz». Lo dijo Rafael Lacava, gobernador de Carabobo, a comienzos de octubre de 2026. El 30 de septiembre él mismo había anunciado cortes fraccionados por «falta de megavatios». Cuando le preguntaron por el racionamiento, respondió que eso «es echando broma».
No es un caso aislado. Esta semana pusimos en fila siete frases de dirigentes chavistas y, al lado de cada una, un dato. Delcy Rodríguez habla de crecimiento después del terremoto, con una inflación acumulada de 225,3 % hasta septiembre y un salario mínimo congelado en 130 bolívares. Jorge Rodríguez asegura que «claro que habrá elecciones, habrá cuatro elecciones», y ninguna tiene fecha. Diosdado Cabello defiende la Ley contra el Odio cinco días después de que Jorge Arreaza admitiera que hubo abusos en su aplicación.
El canal y la cifra
Durante dos décadas el chavismo tuvo dos ventajas: controlaba el canal y controlaba la cifra. Decía lo que quería por la televisión del Estado y publicaba, cuando quería, los números que le convenían. Hoy no controla ninguna de las dos por completo.
El Banco Central publica una inflación que contradice el optimismo presidencial. Los vecinos de Valencia graban sus apagones. Los aliados del gobierno discrepan en público. Y la llave del ingreso petrolero ya no está en Caracas: según el economista Asdrúbal Oliveros, el 83 % de los ingresos del país pasa por una cuenta supervisada desde Washington.
Por qué importa ahora
Esto no es un ejercicio de burla. Venezuela entra en una etapa en la que se negocian jueces, leyes y, algún día, una fecha para votar. En esa mesa, la palabra de cada parte vale lo que valen sus datos. Un gobierno que niega lo que la gente vive en su propia casa no puede pedir que le crean cuando promete garantías.
Lo vemos también desde afuera. Desde Columbus, como desde cualquier ciudad donde vive la diáspora, uno llama a la familia y escucha la otra versión: la nevera que se dañó con el apagón, el sueldo que no alcanza para la semana. Esa conversación es el dato que ningún discurso puede editar.
Lo que falta
La pregunta de esta casa es siempre la misma: ¿qué falta, exactamente, para que la palabra oficial vuelva a valer algo? Faltan tres cosas. Que las cifras del Estado se publiquen completas y a tiempo. Que los anuncios lleguen con texto, fecha y responsable. Y que quien gobierna acepte que la realidad no se decreta.
Un gobierno puede comprar canales, nombrar jueces y redactar leyes. Lo que no puede es hacer militar a un dato. El dato no milita. Por eso molesta.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: ACN, 30 de septiembre de 2026; El Pitazo y La Patilla, 3 de octubre de 2026; BCV vía Reuters, 3 de octubre de 2026; Bloomberg Línea; El País, 18 de junio de 2026; especial «Palabra contra dato» de INCÍSOS.
Inciso
La mejor oportunidad, sin fecha
Tres relojes y ninguna fecha: Washington, la mesa y Machado miden distinto el tiempo de la transición.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Washington llama a este momento «la mejor oportunidad que Venezuela ha tenido, casi en una generación». Machado dice que hay tiempo suficiente para votar antes de julio de 2027. La Plataforma dice que una estabilidad sin gobierno legítimo es una fantasía. La mesa vuelve el 14 de octubre a discutir jueces y garantías. La fecha sigue sin aparecer.
«La mejor oportunidad que Venezuela ha tenido, casi en una generación». La frase es de Marco Rubio, el viernes 9 de octubre de 2026, con Dinorah Figuera a su lado en el Departamento de Estado. Le prometió «apoyo al 100 %» y el respaldo «más firme posible desde los niveles más altos» de su gobierno. Pidió también «un poco de paciencia».
Creo que Rubio tiene razón en lo primero. Hace un año nadie habría apostado por una mesa en la que se discuten magistrados, leyes y presos políticos. Según el balance oficial, hay más de mil excarcelados y decenas de portales desbloqueados. Y un comité recibe candidaturas para un nuevo Tribunal Supremo. Nada de eso es poco.
Pero una oportunidad sin fecha se parece mucho a una promesa. Y los venezolanos tenemos experiencia en promesas.
Tres relojes
Esta semana corren tres relojes distintos. El de Washington tiene tres fases: estabilización, recuperación y transición. Las elecciones están en la tercera y no tienen fecha. El de la mesa avanza por rondas: el 14 de octubre, jueces y garantías; después, el poder electoral y las leyes. Tampoco tiene fecha para votar. El tercero lo pone María Corina Machado, que dice que hay «más que suficiente tiempo» para votar antes de julio de 2027 y reconoce una diferencia con Washington «en el ritmo, en los plazos».
Roberto Enríquez, de la Plataforma Unitaria, lo dijo sin diplomacia: creer en una Venezuela estable sin un gobierno legítimo «es una fantasía».
Lo que se mueve más rápido
Mientras tanto, otras cosas sí tienen calendario. Los 105 acuerdos petroleros que anunció Delcy Rodríguez avanzan, aunque nadie sabe con quién ni por cuánto. Las sanciones a la Corte Penal Internacional, que investiga los crímenes de lesa humanidad en Venezuela, tienen plazo hasta el 7 de abril de 2027. Hasta el diésel ruso tiene fecha de entrega. Lo único que no tiene fecha es el día en que los venezolanos elijan a quién los gobierna.
No es un detalle de procedimiento. Un calendario electoral es lo que convierte una negociación en una transición. Sin él, cada ronda puede terminar con avances reales y con la fecha aplazada a la siguiente. Y cada contrato firmado, cada magistrado nombrado y cada ley reformada se decide sin que los venezolanos hayan votado.
Desde aquí
Desde Columbus, como desde cualquier ciudad donde vive la diáspora, la pregunta es concreta. Millones de venezolanos fuera del país quieren saber si podrán votar, dónde y cuándo. Ninguna ronda de la mesa ha puesto ese tema en su agenda. Y sin registro en el exterior, ni siquiera julio de 2027 alcanza.
Lo que falta
La pregunta de esta casa es siempre la misma: ¿qué falta, exactamente, para que la oportunidad tenga calendario? Faltan tres cosas. Que la ronda del poder electoral tenga fecha de inicio. Que esa ronda incluya el día de la votación y el registro de los venezolanos en el exterior. Y que Washington, que tiene la influencia, ponga en su apoyo «al 100 %» un día marcado en el calendario.
Una oportunidad sin fecha no se pierde de golpe. Se gasta de a poco.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Departamento de Estado de EE.UU., 9 de octubre de 2026; Financial Times vía Reuters; EFE, 9 de octubre de 2026; Departamento del Tesoro de EE.UU.; Foro Penal.
Inciso
El tribunal que no tuvimos
La justicia que llega de afuera prueba que el crimen existió. Solo la que se hace en casa prueba que terminó.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Las víctimas de la tortura en Venezuela tocaron todas las puertas: la CIDH, la ONU, la Corte Penal Internacional, un tribunal argentino, cortes civiles de Estados Unidos. Ninguna tenía al acusado. El primer tribunal penal que lo tiene está en Manhattan. Y el mismo viernes, Caracas empieza a escoger a quienes escogerán su nuevo TSJ.
El jueves 8 de octubre de 2026, un tribunal federal de Manhattan hizo pública una acusación que dice, sobre Nicolás Maduro, lo que miles de venezolanos llevan años contando: que autorizó la tortura contra personas concretas y supervisó un sistema para usarla. Descargas eléctricas, asfixia, violaciones, amenazas contra los hijos de los detenidos. Nueve casos detallados. Tres de las víctimas son estadounidenses. Las otras son nuestras.
Es la primera vez que un tribunal penal que tiene a Maduro bajo custodia lo acusa de torturar. Y ese tribunal no está en Caracas.
Las víctimas no esperaron
Sería injusto decir que hizo falta Nueva York para que alguien escuchara. Las víctimas y sus familias llevan años llamando a todas las puertas que encontraron.
Fueron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que pidió medidas cautelares para presos políticos una y otra vez, y que el 6 de octubre volvió a exigir la liberación de los militares presos. Fueron a la Misión de Determinación de los Hechos de la ONU, que desde 2020 documentó crímenes de lesa humanidad y cuyo mandato acaba de renovarse hasta 2028. Fueron a la Corte Penal Internacional, que abrió en noviembre de 2021 una investigación sobre Venezuela, la primera en América Latina. Fueron a Argentina, donde un tribunal federal, con la jurisdicción universal, ordenó en septiembre de 2024 la captura de Maduro y de Diosdado Cabello. Y fueron a las cortes civiles de Estados Unidos, donde un tribunal concluyó que la muerte del concejal Fernando Albán fue un «asesinato por encargo», y donde los estadounidenses Osman Khan y Matthew Heath ganaron en mayo un fallo de 300 millones de dólares contra Maduro.
Detrás de cada una de esas instancias hubo madres con fotos, abogados sin cobrar, organizaciones como Foro Penal contando presos uno por uno, y víctimas que repitieron su historia ante desconocidos sabiendo que el acusado nunca iba a comparecer. Esa fue la tragedia de todos esos expedientes: tenían pruebas, tenían testigos, tenían razón. No tenían al acusado.
Por qué Nueva York sí
Lo que cambió el 3 de enero no fue la evidencia. Fue la custodia. La ley federal que usa la Fiscalía permite juzgar la tortura cometida en otro país si el acusado está en Estados Unidos. Maduro está en Brooklyn. Por eso los tres estadounidenses abren la puerta, pero detrás de ella caben los venezolanos: el general Raúl Baduel, muerto bajo custodia; el concejal Albán; Leopoldo López, según la descripción que hace AP de los casos.
No es poca cosa. Pero tampoco es lo que nos debíamos.
El tribunal que no tuvimos
El tribunal que no tuvimos tenía nombre: Tribunal Supremo de Justicia. Su Constitución le ordenaba «asegurar la integridad» de la Carta. En lugar de eso, firmó lo que el poder pedía. Esta misma semana, una exmagistrada de su Sala Político Administrativa, Bárbara César Siero, contó que firmó inhabilitaciones con su familia presa. Y el constitucionalista Ángel Alberto Bellorín repasó en estas páginas cómo llegó a esa Sala, y si cumplía el concurso que exige la ley y los quince años que pide el artículo 263.
Ese es el punto. Las víctimas tuvieron que ir afuera porque adentro el juez era parte del sistema. Cada puerta internacional que tocaron fue la confesión de que la de casa estaba cerrada.
El viernes 9 de octubre
Por eso la otra noticia de esta semana pesa tanto como la de Manhattan. Este viernes, a las 4:00 p. m., cierra la convocatoria para el comité que preseleccionará a los magistrados del nuevo TSJ. El jueves, ante Fedecámaras, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, dijo que «la justicia que existe en Venezuela no es buena para nadie». Es la primera vez que lo admite quien formó parte del gobierno que la diseñó.
Desde Columbus, como desde Madrid o Bogotá, muchos venezolanos siguieron la audiencia de Cilia Flores por internet. Es una escena extraña: ver hacer justicia en otro idioma, en otro país, con un juez que no conoce Caracas. Se entiende el alivio. Pero un país no puede tercerizar su justicia para siempre.
Lo que falta
La pregunta de esta casa es siempre la misma: ¿qué falta, exactamente, para que pase? Para que el próximo tribunal sea el nuestro faltan cuatro cosas. Que el comité publique quiénes aspiran, con qué baremo se les mide y por qué se descarta a cada uno. Que los nuevos magistrados cumplan el artículo 263 tal como está escrito. Que los casos de las víctimas venezolanas, documentados durante años ante la ONU, la CIDH y la Corte Penal Internacional, se abran también en Venezuela. Y que el Estado venezolano coopere con esas instancias en lugar de expulsarlas.
La justicia que llega de afuera prueba que el crimen existió. Solo la que se hace en casa prueba que terminó.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Reuters, AP, CNN y EFE, 8 de octubre de 2026; CIDH, 6 de octubre de 2026; Consejo de Derechos Humanos de la ONU, 7 de octubre de 2026; Corte Penal Internacional (situación Venezuela I, noviembre de 2021); El Diario, 23 de septiembre de 2024 (orden de captura en Argentina); El Estímulo, 8 de octubre de 2026 (Delcy Rodríguez ante Fedecámaras); Infobae y El Impulso (comité de postulaciones).
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