Inciso
El silencio también es una posición
Columna de Alfredo Yánez Mondragón sobre el lugar de Machado en una transición que avanza sin convocarla, y lo que ese vacío deja al descubierto.
Hay un detalle en la política venezolana de estos días que pesa más por lo que falta que por lo que ocurre. El tablero se mueve: una dirigente regresa del exilio, se abre un canal directo con el chavismo, una coalición se reúne a puerta cerrada, Washington pone la mano sobre la mesa y un presidente estadounidense repite que el país «es feliz». Y en medio de ese movimiento, la figura que concentró durante meses la esperanza de millones de venezolanos no aparece en la fotografía. María Corina Machado no está en la mesa que se está armando. Y, por ahora, tampoco habla de ello.
Conviene tener cuidado con el lugar desde donde se interpreta ese silencio. Es tentador llenarlo de intenciones —que si es estrategia, que si es cálculo, que si es desplazamiento—, pero esas son lecturas que decimos más sobre quien las hace que sobre quien calla. Lo que sí podemos afirmar, porque es verificable, es el contorno del vacío: Machado quedó fuera de la primera fase de la transición que diseñó Estados Unidos; el canal que hoy avanza lo encabeza otra dirigente, con otro mandato; y dentro de su propia coalición ya hay voces, como la de Freddy Superlano, que piden en voz alta que se la incluya. El silencio, entonces, no es de ella sola. Es también el de un proceso que no la convoca.
Y ahí está lo que de verdad importa, más allá de cualquier figura. Una transición que se presenta como el regreso de la democracia tendría que poder explicar por qué la líder que ganó la calle, la que movilizó, la que recibió un Nobel por su defensa de la libertad, está fuera del cuarto donde se decide el futuro. No es una pregunta sobre las preferencias de Washington ni sobre los méritos de quienes sí están en la mesa. Es una pregunta sobre la naturaleza del proceso: si una transición democrática puede construirse dejando afuera al liderazgo que la mayoría reconoce, entonces hay que mirar con atención qué clase de democracia se está negociando.
El plan de tres fases que impulsa el secretario de Estado tiene una arquitectura ordenada y no nació de la improvisación. Pero su punto ciego sigue siendo el mismo desde enero: no hay fechas de cierre, no hay un cronograma electoral que le ponga relojes a la transición. En ese vacío de plazos, el silencio de Machado y la exclusión de Machado terminan siendo la misma cosa vista desde dos ángulos. Mientras no haya calendario, la pregunta de quién está dentro y quién está fuera no es un detalle de protocolo: es la pregunta de fondo.
Tal vez Machado esté esperando su momento. Tal vez calcule que intervenir ahora la debilita y que el tiempo juega a su favor. Tal vez, sencillamente, prefiera no avalar con su voz un proceso que no la incluyó. No lo sé, y desconfío de quien diga saberlo con certeza. Lo que sí sostengo es esto: en política, el silencio nunca es neutral. Cuando quien calla es la persona que más representa, su silencio se vuelve un mensaje que todos leen, aunque cada quien lo lea a su manera. Y un proceso que necesita que su figura más popular guarde silencio para avanzar debería preguntarse si está avanzando hacia donde dice.
La transición venezolana se juega estos meses su credibilidad. No la mide el entusiasmo de un presidente extranjero ni la velocidad de los acuerdos energéticos. La mide algo más simple y más difícil: si al final del camino los venezolanos sienten que decidieron, o que les decidieron. El silencio de hoy es, en ese sentido, una advertencia. Conviene escucharla.
Alfredo Yánez
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Se fue la luz donde se vendía la energía
El país con más petróleo del mundo no pudo mantener encendida la sala donde se hablaba de su energía. Un Inciso sobre una paradoja que no es accidente.
INCISO · ALFREDO YÁNEZ MONDRAGÓN
Dos cortes de electricidad en la cumbre que debía convencer al mundo de invertir en la energía venezolana. No fue un accidente de la cumbre. Fue su mejor resumen.
El martes 29 de septiembre de 2026, en un salón del JW Marriott de Caracas, cientos de ejecutivos de la industria energética escuchaban por qué este es el momento de invertir en Venezuela. Y se fue la luz. Dos veces.
Hasta la planta del hotel, según reportó un medio internacional, cedió ante los bajones. Por unos momentos, la cumbre que debía vender la energía venezolana al mundo se quedó sin energía.
Sería fácil contarlo como anécdota. No lo es.
La paradoja completa
Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del planeta. Quema en mechurrios gas que podría convertirse en electricidad. Y aun así arrastra, según Reuters, un déficit de más de 1.500 megavatios, con regiones que pasan hasta 10 horas diarias sin luz. Niños que no llegan a la escuela, negocios que no abren, noches enteras sin dormir por el calor.
Esa semana, por un rato, los ejecutivos vivieron lo que el venezolano vive a diario. La diferencia es que ellos se van el jueves.
La isla de luz
Hay una norma de enero que exige a los nuevos proyectos energéticos generar su propia electricidad. Tiene lógica para quien invierte: nadie pone un pozo a depender de una red que falla. Pero conviene ver el país que dibuja esa regla si se queda sola: un pozo iluminado y, al lado, una escuela a oscuras. Islas de luz para el negocio en un mar de apagones para la gente.
Eso no es recuperación. Es un enclave.
Lo que falta
La pregunta que conviene hacer es simple: ¿qué falta, exactamente, para que pase?
No faltan permisos: Washington renovó las licencias un día antes de la cumbre. No falta interés: sobraron ejecutivos y hubo lista de espera. Falta lo menos vistoso y lo más difícil. Falta quién pague el mantenimiento que no se hizo en años. Falta quién responda cuando no lleguen los 4.800 megavatios prometidos para fin de año. Falta que el gas que hoy se quema encienda casas antes que titulares.
La luz volvió al salón. En buena parte del país, esa misma noche, no volvió.
Ese es el tamaño de la paradoja: el petróleo puede atraer al mundo a Caracas, pero no puede, por sí solo, encender Venezuela. Para eso hacen falta instituciones que funcionen, y esas no se importan en un memorando.
Fuentes principales: Reuters, 30 de septiembre de 2026; Diario Las Américas, 30 de septiembre de 2026; Infobae (con EFE), 30 de septiembre de 2026.
Inciso
Pasos en alguna dirección
Los gestos se agradecen. Lo que mide una transición es si se convierten en reglas que nadie puede retirar.
INCISO
Excarcelaciones, desbloqueos, una amnistía y ahora la reforma de la ley contra el odio. Cada paso cuenta. Lo que todavía no se sabe es si caminan hacia algún lugar o en círculo.
En noviembre de 2017, la Asamblea Nacional Constituyente aprobó por unanimidad la ley contra el odio. La presidía Delcy Rodríguez. Nueve años después, el 28 de septiembre de 2026, la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó un oficio para pedir que se despenalicen las conductas que esa ley castiga. Con urgencia.
Sería fácil quedarse en la ironía. Prefiero la pregunta que la ironía esconde: hacia dónde van estos pasos.
Porque son varios. Desde enero salieron presos políticos, aunque a cuentagotas y sin lista pública. Hubo una ley de amnistía. Se desbloquearon decenas de dominios, aunque otros tantos siguen cerrados. Se habla de elecciones, aunque sin fecha. Y ahora, una reforma para que opinar deje de ser un delito con pena de homicidio.
Cada uno de esos pasos cambió la vida de alguien. Eso no se discute ni se desprecia. Pero todos comparten un rasgo: fueron concedidos. Llegaron por decisión de quien gobierna, en el momento que eligió y en la medida que quiso. Y lo que se concede por voluntad se puede retirar por voluntad.
Una transición no se reconoce por la cantidad de gestos, sino por el momento en que los gestos se convierten en reglas. Cuando un preso sale porque la ley lo ordena y no porque alguien lo decidió esa semana. Cuando un medio publica sin calcular si lo van a bloquear. Cuando un partido existe sin que un funcionario pueda declararlo promotor del odio.
La reforma de la ley contra el odio puede ser eso o puede ser otra concesión. Lo sabremos por el texto: si despenaliza de verdad, si ordena revisar cada causa, si elimina las herramientas contra medios y partidos. Y lo sabremos por la forma: si se discute a la vista de quienes documentaron a sus víctimas, o se aprueba en familia.
Vladimir Petit escribió que una transición se mide por lo que el país puede preguntar sin miedo. Añado algo menos elegante: también se mide por lo que el país puede decir sin que alguien tenga que autorizarlo primero.
Los pasos se agradecen. La dirección todavía hay que exigirla.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Oficio de Delcy Rodríguez, 28 de septiembre de 2026.
Inciso
Palos de golf prestados en un país que paga cisternas
La reconstrucción se anuncia en el Country Club. La vida diaria se resuelve con cisternas.
INCISO
Para recibir a los ejecutivos del petróleo hubo que salir a buscar palos de golf. Para recibir agua, en Coro, en Margarita y en tantos otros lugares del país, hay que pagar una cisterna.
El lunes 28 de septiembre de 2026, decenas de ejecutivos petroleros jugaron un torneo de golf en el Caracas Country Club, la víspera de una cumbre de petróleo y gas con entradas agotadas: 650 asistentes y 150 en lista de espera. Los organizadores contaron a Bloomberg que días antes estaban en pánico. Tuvieron que llamar a todos los clubes y tiendas de la ciudad, pedir prestados juegos de palos y comprar otros. Caracas tiene tres clubes privados de golf y ningún campo público. «Muy pocos venezolanos juegan golf», explicó la dueña de la tienda que los sacó del apuro.
Ese mismo lunes, vecinos de Coro denunciaban dos meses sin agua y la obligación de pagar cisternas para llenar los tanques de sus casas. No es una excepción ni una emergencia pasajera: en Margarita, y en muchos otros lugares del país, pagar un camión de agua es desde hace años una partida más del presupuesto familiar.
No hay nada reprochable en que unos ejecutivos jueguen golf. Los negocios se hacen también así, y Venezuela necesita inversión. Lo que la escena retrata es otra cosa: la distancia entre el país que se anuncia y el país que se vive.
El país que se anuncia tiene 100.000 millones de dólares prometidos para el petróleo, licencias renovadas cada mes en Washington, una cumbre con lista de espera y un torneo para abrir el apetito. El país que se vive produce 1,2 millones de barriles diarios, menos de la mitad de lo que producía en los noventa, sufre apagones que sacan a la gente a la calle y compra agua por camión.
Las dos imágenes caben en la misma semana porque la reconstrucción empezó por arriba. Primero los contratos, después las reglas; primero el crudo, después la luz y el agua. Es un orden defendible si los beneficios bajan. El problema es que nadie ha explicado cómo ni cuándo.
Mientras tanto, conviene recordar la frase de la tienda de golf. Muy pocos venezolanos juegan golf. Casi todos, en cambio, saben lo que cuesta una cisterna.
Alfredo Yánez Mondragón
Fuentes principales: Bloomberg vía Bloomberg Línea y La República, 28 de septiembre de 2026; La Patilla, 28 de septiembre de 2026.
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