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Política

Venezuela firma con General Electric para recuperar el sistema eléctrico

Delcy Rodríguez firmó con GE Vernova un memorando para recuperar el sistema eléctrico: 1.000 MW en 24 meses. Qué promete y qué distancia hay entre la firma y la luz.

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El memorando con GE Vernova promete recuperar 1.000 megavatios en dos años y más de 5.000 en cuatro. Qué dice el acuerdo, qué significa un memorando de entendimiento y qué falta para que la firma se convierta en luz.

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Qué Venezuela firmó un memorando con GE Vernova para recuperar el sistema eléctrico.
Quién La presidenta encargada Delcy Rodríguez y el CEO de GE Vernova, Eric Gray.
Cuándo El lunes 15 de junio de 2026, en Caracas.
Dónde En el palacio de Miraflores.
Por qué El colapso eléctrico es uno de los mayores obstáculos para la recuperación del país.
Cómo Mediante un memorando que prevé 1.000 MW en 24 meses y más de 5.000 en cuatro años.

El lunes 15 de junio, en el palacio de Miraflores, la presidenta encargada Delcy Rodríguez firmó con el director ejecutivo de GE Vernova, Eric Gray, un memorando de entendimiento para recuperar el Sistema Eléctrico Nacional. El acto se presentó como «un paso histórico». Conviene mirar con cuidado qué se firmó exactamente, porque entre lo que un memorando promete y lo que finalmente alumbra hay una distancia que la historia venezolana conoce bien.

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Qué dice el acuerdo

El memorando fija metas concretas. A corto plazo, recuperar 1.000 megavatios durante los primeros 24 meses de ejecución; a mediano y largo plazo, incorporar más de 5.000 megavatios en cuatro años. Según el gobierno, la firma siguió a un levantamiento técnico que la empresa realizó durante seis semanas sobre el estado del sistema, tanto en su generación hidroeléctrica como termoeléctrica.

GE Vernova —la división de energía del histórico conglomerado General Electric— aporta, según el Ejecutivo, más de 130 años de experiencia en sistemas eléctricos. El acuerdo contempla la renovación tecnológica de las instalaciones, sistemas de control digitalizado y la participación de empresas mixtas. Rodríguez instruyó a sus equipos a acelerar los trámites para convertir el memorando en un contrato operativo «a la brevedad».

Qué es un memorando (y qué no es)

Aquí conviene una precisión que el entusiasmo oficial tiende a difuminar. Un memorando de entendimiento no es un contrato ni una obra: es una declaración de intenciones, una hoja de ruta que fija el rumbo pero no garantiza el destino. La propia Rodríguez lo reconoció al pedir que se transforme «cuanto antes» en un contrato operativo. Es decir, lo firmado es el punto de partida, no la meta.

La distinción importa porque la diferencia entre un memorando y una red encendida son años de ejecución, financiamiento, ingeniería y, sobre todo, cumplimiento. Celebrar la firma como si fuera ya el resultado es confundir el plano con el edificio.

El factor estadounidense

Un elemento no menor: Rodríguez agradeció expresamente al encargado de negocios de Estados Unidos, John Barrett, por «el impulso dado para lograr estos acuerdos». La frase confirma que la recuperación energética venezolana avanza dentro del marco de cooperación con Washington, el mismo que esta cobertura viene siguiendo en el plano de la seguridad y las sanciones. La energía, como el resto, se mueve al ritmo que ese marco permite.

Las preguntas pendientes

El acuerdo, presentado como histórico, deja abiertas las preguntas que esta edición desarrolla en su dossier. ¿Pasó por el aval que la Constitución exige para los contratos de interés público con empresas extranjeras? ¿Incorpora las salvaguardas y auditorías que la historia eléctrica venezolana —con sus miles de millones perdidos— hace imprescindibles? El memorando con GE no se firma en el vacío: se firma sobre las ruinas de proyectos anteriores que prometieron lo mismo.

Nada de esto niega lo evidente: Venezuela necesita con urgencia recuperar su sistema eléctrico, y la entrada de una empresa con la trayectoria de GE es, en principio, una buena noticia. La cuestión no es si el país necesita el acuerdo, sino si esta vez se hará con la solidez legal y la transparencia que faltaron antes.

Lo que sigue

Para los venezolanos que sufren los apagones a diario, el memorando ofrece una esperanza concreta: 1.000 megavatios en dos años cambiarían vidas. Para la diáspora, es una señal más de que el país se reordena. Pero la esperanza, para no terminar en frustración, conviene acompañarla de vigilancia: que el memorando se vuelva contrato, que el contrato se vuelva obra, y que la obra, esta vez sí, encienda las luces que tantas veces se prometieron.

Esta nota tiene carácter informativo y no constituye asesoría financiera ni de inversión.

Infografía INCÍSOS

Fuentes principales: Nota de prensa de la Presidencia de Venezuela sobre la firma con GE Vernova (15 de junio de 2026); reportes de Reuters, La Jornada, RT y EFE; declaraciones de Delcy Rodríguez en el acto de firma.

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Política

La doble nacionalidad enfrenta a dos países y a un mismo dilema

En Colombia cuestionan al favorito por su ciudadanía estadounidense; en EE.UU. un senador quiere prohibir la doble nacionalidad. El mismo dilema sobre la lealtad, en dos países.

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De la Espriella aspira a la presidencia de Colombia con tres nacionalidades. Un senador de Ohio quiere prohibir la doble ciudadanía en EE.UU. Dos caras del mismo debate sobre la lealtad, las fronteras y a quién pertenece un ciudadano.

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Qué La doble nacionalidad genera debate jurídico en Colombia y en EE.UU. a la vez.
Quién El candidato Abelardo de la Espriella y el senador Bernie Moreno, entre otros.
Cuándo En la coyuntura de junio de 2026.
Dónde En Colombia, de cara al balotaje, y en EE.UU., en el Senado.
Por qué Ambos casos giran en torno a la lealtad de un ciudadano con dos países.
Cómo Mediante una controversia electoral en Colombia y un proyecto de ley en EE.UU.

Hay debates que estallan en dos países a la vez, como si el mismo dilema buscara expresarse en distintos idiomas. La doble nacionalidad es uno de ellos. En Colombia, el favorito a la presidencia es cuestionado por tener pasaporte estadounidense. En Estados Unidos, un senador quiere prohibir que los ciudadanos tengan cualquier otra nacionalidad. Son las dos caras de una misma moneda, y juntas dicen mucho sobre la época.

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El caso colombiano

Abelardo de la Espriella, que llega como favorito al balotaje del 21 de junio, tiene tres nacionalidades: colombiana por nacimiento, italiana por ascendencia familiar y estadounidense, adquirida por naturalización en febrero de 2023. Días antes de la elección, un grupo de exmagistrados y juristas cuestionó si esa ciudadanía estadounidense le impediría ejercer la presidencia, y un ciudadano interpuso una demanda de nulidad de su inscripción.

El argumento de los críticos no es la doble nacionalidad en sí, sino el juramento de lealtad —el «oath of allegiance»— que De la Espriella prestó al naturalizarse estadounidense. Sostienen que ese compromiso con otro Estado es incompatible con las obligaciones de un jefe de Estado colombiano.

Lo que dice la ley colombiana

La respuesta jurídica, sin embargo, se ha inclinado mayoritariamente a favor del candidato. El artículo 191 de la Constitución colombiana es escueto: para ser presidente se requiere ser colombiano por nacimiento, ciudadano en ejercicio y mayor de 30 años. No exige una nacionalidad única ni la renuncia a otras.

Constitucionalistas como Mauricio Gaona y Ramiro Bejarano coincidieron en que la doble nacionalidad no genera, por sí sola, una inhabilidad para la presidencia, y que el juramento estadounidense no crea un impedimento constitucional en Colombia. La discusión, según los expertos, no anularía automáticamente una eventual victoria, aunque sí podría derivar en demandas de nulidad ante el Consejo de Estado que prolongarían el debate. El foco, en suma, se desplazó: de la elegibilidad del candidato a la eventual judicialización de su mandato.

El espejo estadounidense

Mientras Colombia debate si castiga la doble nacionalidad, en Estados Unidos un senador quiere prohibirla del todo. Y aquí aparece una de las ironías más reveladoras de la coyuntura. El senador republicano por Ohio Bernie Moreno —él mismo nacido en Colombia, aunque renunció a su nacionalidad colombiana— presentó el «Exclusive Citizenship Act», un proyecto que establecería que los ciudadanos estadounidenses deben tener «lealtad única y exclusiva» a Estados Unidos.

La propuesta obligaría a los millones de estadounidenses con doble nacionalidad a elegir: renunciar a su ciudadanía extranjera en el plazo de un año o perder la estadounidense. Quien adquiriera otra nacionalidad en el futuro perdería automáticamente la de Estados Unidos. El argumento de Moreno es idéntico al de los críticos de De la Espriella: la doble ciudadanía crea «conflictos de interés y lealtades divididas».

El mismo dilema, dos respuestas

Vistos juntos, los dos casos iluminan el fondo del asunto. La pregunta es la misma: ¿puede una persona ser leal a dos países a la vez? En Colombia, la respuesta jurídica mayoritaria es que sí, que la doble nacionalidad es compatible con la ciudadanía plena. En la propuesta de Moreno, la respuesta es que no, que la lealtad debe ser exclusiva.

El proyecto de Moreno, conviene decirlo, enfrenta serios obstáculos. Juristas lo consideran de dudosa constitucionalidad: la Decimocuarta Enmienda y un fallo de la Corte Suprema de 1967 establecen que un ciudadano estadounidense no pierde su ciudadanía a menos que renuncie a ella voluntariamente. Y las encuestas muestran que solo un tercio de los estadounidenses apoya eliminar la doble nacionalidad. Pero su sola presentación marca un clima.

Por qué importa para la comunidad hispana

Aquí está lo que vuelve este debate tan relevante para los lectores. Millones de hispanos en Estados Unidos son, precisamente, doble nacionales: ciudadanos estadounidenses que conservan la nacionalidad de su país de origen. Para ellos, el dilema no es teórico. Una eventual prohibición como la que propone Moreno los obligaría a una elección dolorosa entre el país que los acogió y el que los vio nacer.

El debate toca, además, una fibra identitaria profunda. La doble nacionalidad no es para la mayoría una «lealtad dividida», sino una identidad doble: la posibilidad de pertenecer a dos mundos sin renunciar a ninguno. Que en Colombia se cuestione a un candidato por ello y que en Estados Unidos se quiera prohibir refleja una corriente de época que mira con sospecha esa pertenencia múltiple.

Para una comunidad construida sobre la idea de tender puentes entre orígenes y destinos, el asunto no es menor. Cómo se resuelvan estos debates —en las cortes colombianas y en el Senado estadounidense— dirá mucho sobre el lugar que las sociedades reservan a quienes, como tantos hispanos, llevan más de una patria en el pasaporte y en el corazón.

Esta nota tiene carácter informativo y no constituye asesoría legal. Las normas sobre nacionalidad varían por país y caso.

Infografía INCÍSOS

Fuentes principales: Constitución Política de Colombia (artículo 191); conceptos jurídicos de Mauricio Gaona y Ramiro Bejarano; «Exclusive Citizenship Act» del senador Bernie Moreno y su sitio oficial; fallo Afroyim v. Rusk (1967); encuesta de YouGov sobre doble nacionalidad; reportes de Semana, Infobae, El Colombiano y The Hill.

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Política

Curazao estudia eliminar la visa a venezolanos por la caída del turismo

El turismo venezolano hacia Curazao se desplomó 63%. La isla evalúa quitar el visado para reactivarlo. Un gesto que mezcla economía, cercanía y la «nueva Venezuela».

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El turismo venezolano hacia Curazao se desplomó un 63% en un año. La isla evalúa eliminar el requisito de visado para recuperarlo. Detrás del gesto hay economía, cercanía histórica y un guiño a la «nueva Venezuela».

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Qué Curazao estudia eliminar el requisito de visado para los venezolanos.
Quién El ministro de Desarrollo Económico de Curazao, Roderick Middelhof.
Cuándo Anunciado en la semana del 15 de junio de 2026.
Dónde En Curazao, con efecto sobre los viajeros venezolanos.
Por qué El turismo venezolano hacia la isla cayó un 63% en un año.
Cómo Mediante el restablecimiento de las condiciones migratorias previas a la restricción.

A apenas unos 60 kilómetros de la costa venezolana, Curazao mira de nuevo hacia el continente. El gobierno de la isla caribeña evalúa eliminar el requisito de visado para los venezolanos, un gesto que tiene tanto de cálculo económico como de reconciliación con un vínculo histórico que las circunstancias habían roto.

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El dato que explica el gesto

La razón es contundente y se mide en números. Según cifras de la Oficina de Turismo de Curazao difundidas por el vicepresidente de la Cámara de Comercio La Vela de Coro, Juan Gotopo, el turismo venezolano hacia la isla se desplomó un 63% en un año: de 10.025 pernoctaciones de venezolanos entre enero y mayo de 2025 a apenas 3.714 en el mismo período de 2026.

El ministro de Desarrollo Económico, Roderick Middelhof, fue directo sobre la intención: «Estamos evaluando eliminar el requisito de visado, porque, como saben, Venezuela tuvo un tiempo en que no se necesitaba visa para entrar. El objetivo es restablecer esa condición para atraer nuevamente el turismo desde Venezuela». La isla planea, además, crear desde 2027 un fondo específico para promocionarse en el mercado venezolano.

La doble barrera

Conviene entender por qué cayó tanto el turismo, porque la respuesta involucra a más de un actor. La contracción refleja el efecto acumulado de dos barreras. La primera, el propio visado que Curazao impuso durante la oleada migratoria venezolana. La segunda, las restricciones del Departamento de Estado de Estados Unidos al visado venezolano, que eliminaron el flujo de quienes usaban la isla como escala o como punto para renovar su visa estadounidense.

Es decir, la caída no se explica solo por decisiones de Curazao, sino también por la política migratoria de Washington. Levantar el visado isleño aliviaría una de esas barreras, pero no la otra. La recuperación plena del flujo dependería de factores que la isla no controla.

Un vínculo que va más allá del turismo

La relación entre Venezuela y Curazao trasciende lo turístico. El ministro lo reconoció al admitir que la isla depende en buena medida de las frutas y verduras provenientes de Venezuela, y al hablar de una «deuda histórica» con el país vecino. Durante décadas, el intercambio entre la costa venezolana y las islas ABC —Aruba, Bonaire y Curazao— fue natural y fluido, parte de la vida cotidiana del Caribe.

El gesto de Middelhof, con su referencia cariñosa a «la nueva Venezuela», se inscribe en el mismo clima regional que recorre esta edición: vecinos que, tras años de distancia, vuelven a tender puentes hacia Caracas. El turismo, como la energía, se convierte en lenguaje de reaproximación.

Lo que significa para la diáspora

Para los venezolanos, dentro y fuera del país, la noticia tiene un sabor particular. Curazao fue, durante años, un destino cercano y querido; recuperar el acceso sin visa sería devolver una posibilidad que la crisis había cerrado. Para la diáspora, es otra señal de que el aislamiento de Venezuela empieza a resquebrajarse.

Conviene, eso sí, mantener la medida: se trata de una evaluación, no de una decisión tomada, y su efecto real dependerá de barreras que exceden a la isla. Pero el solo hecho de que Curazao mire de nuevo hacia Venezuela con intención de abrir sus puertas dice algo sobre el momento que vive la región. Después de años en que las fronteras se cerraban, el gesto de querer reabrirlas —aunque sea por turismo— marca un cambio de ánimo que vale la pena registrar.

Esta nota tiene carácter informativo.

Infografía INCÍSOS

Fuentes principales: Declaraciones del ministro Roderick Middelhof en entrevista (15 de junio de 2026); cifras de la Oficina de Turismo de Curazao difundidas por Juan Gotopo; reportes de El Nacional, La Patilla, Aporrea y ALnavío.

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Política

Colombia invierte en conectar su red eléctrica con Venezuela

Colombia anunció una inversión de unos 25 millones de dólares para la interconexión eléctrica con Venezuela. Un proyecto que venía gestándose y que no está libre de riesgos.

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Bogotá anunció una inversión desde el departamento del Vichada para avanzar en la interconexión eléctrica con Venezuela. El proyecto venía gestándose desde antes y enfrenta alertas por las sanciones estadounidenses.

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Qué Colombia anunció una inversión para la interconexión eléctrica con Venezuela.
Quién El ministro de Minas y Energía de Colombia, Edwin Palma, y ambos gobiernos.
Cuándo El lunes 15 de junio de 2026.
Dónde Desde Puerto Carreño, en el departamento fronterizo del Vichada.
Por qué Busca fortalecer el servicio en la frontera e integrar las redes binacionales.
Cómo Mediante una inversión de unos 89.000 millones de pesos (unos 25,7 millones de dólares).

El mismo día en que Venezuela firmaba con General Electric, al otro lado de la frontera Colombia anunciaba su propia apuesta energética hacia Caracas. El ministro de Minas y Energía, Edwin Palma, formalizó desde el Vichada una inversión para avanzar en la interconexión eléctrica entre los dos países. La coincidencia de fechas no es casual: refleja un momento en que la energía se ha vuelto el lenguaje de la integración regional.

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Qué se anunció

La inversión, de unos 89.000 millones de pesos colombianos —cerca de 25,7 millones de dólares—, se estructura desde Puerto Carreño, capital del Vichada, una zona fronteriza estratégica. Incluye la construcción de la Planta Solar El Merey, un proyecto de 5 megavatios que, según el gobierno colombiano, reducirá la dependencia de combustibles fósiles en la región y contribuirá a la interconexión con Venezuela.

Palma enmarcó el anuncio en una visión de integración: «El Vichada está llamado a convertirse en un territorio estratégico para la integración energética de Colombia con Venezuela», afirmó, hablando de fortalecer la confiabilidad del servicio y «consolidar la hermandad entre nuestros pueblos».

Un proyecto que venía de antes

Conviene precisar algo que el entusiasmo del anuncio podría difuminar: esta interconexión no nace de la firma con GE ni de esta semana. Es el resultado de un proceso que se viene tejiendo desde hace más de un año. En abril de 2026, las entidades eléctricas de ambos países —el IPSE colombiano y Corpoelec— firmaron un acuerdo para reactivar la cooperación, saldando deudas acumuladas. Antes, en febrero, Palma ya se había reunido en Miraflores con Delcy Rodríguez para avanzar en una agenda de gas, energías limpias e interconexión.

La relación bilateral, además, se reconstruyó deliberadamente desde 2022, cuando Colombia restableció relaciones con Venezuela y reabrió la frontera. La interconexión de hoy es, por tanto, un capítulo de una historia más larga, no un efecto inmediato de los acuerdos recientes.

Las alertas que conviene no ignorar

El proyecto, sin embargo, no está libre de sombras, y esta cobertura no las pasa por alto. La principal es el riesgo de las sanciones: los acercamientos energéticos con Venezuela han generado alertas sobre posibles complicaciones con las sanciones de Estados Unidos a través de la OFAC. No es un temor abstracto: en el pasado, empresas del sector han rechazado acuerdos directos con Venezuela por riesgos legales y reputacionales.

A ello se suma el escepticismo sobre los costos y el beneficio real para las comunidades, y la pregunta de fondo sobre la confiabilidad de un socio cuyo propio sistema eléctrico atraviesa una crisis crónica. Integrarse con una red inestable conlleva sus propios riesgos técnicos.

La lectura regional

Para el lector hispano, el episodio ilustra una tendencia mayor: la reintegración de Venezuela en la región a través de la energía. Tras años de aislamiento, el país vuelve a tejer vínculos con sus vecinos, y la electricidad —junto con el petróleo y el gas— es el hilo con que se cose esa reintegración.

La pregunta, como en el caso de los acuerdos internos venezolanos, es bajo qué reglas y con qué garantías. La integración energética puede ser una fuente de desarrollo compartido o una apuesta arriesgada, según cómo se maneje. Que Colombia avance hacia Venezuela mientras Washington mantiene su propia presión sobre Caracas dibuja un tablero complejo, donde cada país calcula sus pasos. Para las comunidades fronterizas, que conocen de cerca el costo de la desconexión, la promesa de una red más confiable es, al menos, una esperanza concreta.

Esta nota tiene carácter informativo y no constituye asesoría financiera.

Fuentes principales: Anuncio del Ministerio de Minas y Energía de Colombia desde el Vichada (15 de junio de 2026); reportes de TalCual, El Colombiano, Efecto Cocuyo y El Universal; antecedentes del acuerdo IPSE-Corpoelec de abril de 2026.

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