Economía
El costo económico de 40 semanas: cuánto vale un periodo de transición sin elecciones para la economía venezolana
Si las 40 semanas que María Corina Machado plantea como tiempo técnico para preparar elecciones se vuelven realidad, Venezuela atravesará 10 meses con calendario electoral abierto. Si no se vuelven realidad, la indefinición se prolonga indefinidamente. Las dos hipótesis tienen consecuencias económicas diferentes para inversionistas, empresarios, trabajadores, remesas y diáspora. Una valoración cuantitativa del costo de cada escenario.

Cuarenta semanas. Diez meses. La cifra que María Corina Machado planteó al Financial Times como tiempo técnico para preparar elecciones venezolanas tiene, además de su dimensión política, una dimensión económica que merece análisis específico. Si el cronograma se vuelve operativo, Venezuela vivirá un periodo de transición con horizonte calculable. Si no se vuelve operativo, la indefinición electoral del gobierno encargado de Delcy Rodríguez se prolonga sin fecha de cierre. Las dos hipótesis generan consecuencias económicas distintas. Esta nota cuantifica las que se pueden cuantificar y dimensiona las que no.
EL ESCENARIO BASE
El punto de partida del análisis es la economía venezolana al cierre de abril de 2026. Tres datos centrales dimensionan el momento. Primero, el salario mínimo legal sigue congelado en 130 bolívares mensuales, lo que equivale a aproximadamente 27 centavos de dólar al cambio oficial del Banco Central de Venezuela (489 bolívares por dólar al cierre de abril). El ingreso integral recientemente anunciado por la presidenta encargada el 30 de abril sube a 240 dólares mensuales mediante bonos y complementos, pero el salario base como referencia legal no varía.
Segundo, la brecha cambiaria entre el dólar oficial del Banco Central (489 bolívares) y el dólar paralelo de mercado (USDT a 631 bolívares al cierre de abril) supera el 30%, con tendencia a ampliarse. Esa brecha es indicador clásico de tensiones macroeconómicas que el gobierno encargado intenta gestionar con anuncios de apertura privatizadora y normalización fiscal pero sin resolver la causa estructural.
Tercero, las remesas hacia Venezuela —estimadas conservadoramente entre 5 y 6 mil millones de dólares anuales— sostienen aproximadamente 6 millones de hogares venezolanos, según estimaciones de organismos multilaterales y observatorios académicos. Sin esas remesas, la economía doméstica venezolana enfrentaría colapso prácticamente inmediato.
HIPÓTESIS A: 40 SEMANAS COMO CRONOGRAMA OPERATIVO
Imaginemos que el plan de Machado se vuelve operativo. El Ejecutivo encargado autoriza las reformas necesarias en el CNE durante mayo o junio. La depuración del registro electoral se inicia con auditoría externa creíble. El registro de venezolanos en el exterior comienza a operar con respaldo institucional. La observación internacional se formaliza. Las elecciones se realizan hacia febrero o marzo de 2027.
Las consecuencias económicas inmediatas serían varias. Primero, la inversión extranjera directa probablemente aumentaría durante el segundo y tercer trimestre de 2026 ante un horizonte calculable. Empresas energéticas, mineras y agroindustriales que actualmente operan con cautela podrían acelerar inversiones programadas. Estimaciones del sector petrolero sugieren que la producción podría aumentar entre 8% y 12% durante el periodo si la incertidumbre política se reduce significativamente.
Segundo, las remesas hacia Venezuela podrían experimentar dos efectos contrapuestos. Por un lado, la diáspora podría aumentar transferencias temporalmente para apoyar movilización electoral y campañas familiares. Por otro lado, parte de la diáspora podría comenzar a planificar regresos eventuales, redirigiendo recursos hacia preparación de retorno (compra de propiedades, inversión empresarial, ahorros locales) más que hacia consumo familiar inmediato.
Tercero, el sector privado tradicional venezolano, que actualmente colabora pragmáticamente con el delcismo, podría diversificar apuestas con empresarios opositores y nuevos actores. La actividad económica privada, especialmente en sectores como construcción, comercio minorista y servicios, podría experimentar repunte sostenido durante el periodo. La economía formal mejoraría su participación en el producto interno respecto a la economía informal.
Cuarto, la moneda venezolana podría apreciarse moderadamente frente al dólar paralelo, con reducción de la brecha cambiaria. Una brecha de 30%+ podría comprimirse hacia 15-20% si la confianza en el cronograma electoral se sostiene.
HIPÓTESIS B: INDEFINICIÓN PROLONGADA
Imaginemos el escenario opuesto. El «no sé, algún día» de Delcy Rodríguez se sostiene durante los próximos diez meses. La reforma del CNE no se autoriza. La oposición democrática mantiene presión pero no logra movilizar respuesta institucional. La diplomacia bilateral con la administración Trump avanza en términos económicos sin que el componente electoral entre en agenda. El delcismo consolida su modelo.
Las consecuencias económicas serían diferentes. Primero, la inversión extranjera directa probablemente continuaría su patrón actual: cautelosa, concentrada en sectores con respaldo de la administración Trump (energía, gas), con horizonte de retorno corto. Empresas que requieren horizontes más largos —infraestructura, manufactura compleja, servicios profesionales— mantendrían postura de espera.
Segundo, las remesas hacia Venezuela mantendrían patrón de soporte estructural sin cambios significativos. La diáspora seguiría enviando los recursos necesarios para sostener consumo familiar pero sin apuestas hacia regreso o inversión local. La economía doméstica venezolana continuaría dependiendo críticamente de esos flujos sin perspectiva de reducción.
Tercero, el sector privado tradicional consolidaría su colaboración con el delcismo. Las comisiones de privatización (como la Comisión de Activos Públicos instalada el 22 de abril) avanzarían con más rapidez. Empresarios afines al gobierno encargado consolidarían posiciones competitivas. Los emprendedores opositores enfrentarían barreras crecientes.
Cuarto, la brecha cambiaria probablemente se ampliaría hacia 35-40% durante el periodo. La presión inflacionaria sobre productos básicos continuaría. La economía informal se mantendría como sector dominante en términos de empleo y actividad.
EL COSTO DE LA AMBIGÜEDAD
El escenario más probable, dada la dinámica política actual, es uno intermedio que el sector privado y los analistas suelen llamar «ambigüedad gestionada». El delcismo no ofrece cronograma electoral pero tampoco rechaza explícitamente la posibilidad. Las 40 semanas de Machado funcionan como referencia mediática pero no como compromiso institucional. Los inversionistas internacionales operan con descuentos de riesgo significativos pero no con desinversión total. La diáspora envía remesas con patrón estable pero sin compromisos de regreso a corto plazo.
El costo económico de esa ambigüedad es difícil de cuantificar con precisión, pero los estimados disponibles sugieren que Venezuela pierde entre 2 y 4 puntos porcentuales de crecimiento del producto interno bruto cada año por la prima de riesgo asociada a la incertidumbre política. En términos absolutos, eso equivale a entre 2 y 4 mil millones de dólares anuales en producto interno bruto no realizado.
Para los hogares venezolanos, la ambigüedad se traduce en planificación familiar imposible. Las decisiones sobre inversión en vivienda, educación universitaria de los hijos, apertura de pequeñas empresas, regreso de familiares migrantes, todo eso queda postergado. La economía doméstica vive en estado de espera permanente.
QUÉ DEBE OBSERVAR LA DIÁSPORA
Para los venezolanos en Estados Unidos, tres elementos económicos merecen atención específica. Primero, los movimientos del sector privado tradicional venezolano. Si Conindustria, Fedecámaras y gremios empresariales empiezan a articular posiciones públicas más claras sobre cronograma electoral, eso señalaría inflexión hacia el escenario A. Si mantienen la colaboración con el delcismo sin presionar por elecciones, eso indica continuidad del escenario B o de la ambigüedad gestionada.
Segundo, el comportamiento del USDT y la brecha cambiaria. Si la brecha se mantiene estable o se amplía, indica que el mercado paralelo no está pricing en cronograma electoral. Si se comprime, indica creciente confianza en horizonte calculable.
Tercero, los flujos de inversión extranjera directa. Las decisiones públicas de empresas como Chevron, Eni, Repsol y otras energéticas durante los próximos seis meses serán indicadores concretos del termómetro económico. Movimientos hacia mayores compromisos sugieren confianza en horizonte. Movimientos hacia retiros o reducciones señalan deterioro de expectativas.
LO QUE SIGNIFICA PARA LA REMESA INDIVIDUAL
Para la madre venezolana en Doral, en Houston, en Madrid, en Buenos Aires, en Columbus, que envía cada mes 200 a 400 dólares a su familia en Caracas, Maracay o Valencia, las 40 semanas son cifra abstracta. Pero las consecuencias prácticas son concretas. Si el escenario A se materializa, ese envío puede empezar a transformarse de subsidio de subsistencia en componente de planificación de regreso o inversión local. Si el escenario B se sostiene, ese envío seguirá siendo subsidio de subsistencia indefinidamente.
La diferencia entre ambos escenarios para una familia migrante venezolana no es retórica. Es la diferencia entre tener horizonte y no tenerlo. Y los horizontes, en economía familiar, valen mucho más que cualquier cifra macroeconómica.
Este análisis se publica bajo los criterios editoriales de INCÍSOS. Cómo trabajamos →
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Un exviceministro sostiene que catorce campos nunca han producido
Sostiene además que las reservas venezolanas nunca fueron certificadas como recuperables por una empresa internacional, sino estimadas como petróleo en sitio.
| Qué | Un exviceministro de Energía y Minas sostiene que la mayoría de los campos comprometidos en el acuerdo están en un área que nunca ha producido. |
|---|---|
| Quién | Evanán Romero, exviceministro de Energía y Minas, cofundador del instituto de investigación petrolera y exmiembro de la junta directiva de la estatal durante la apertura. |
| Cuándo | Entrevista difundida el 3 de septiembre de 2026. |
| Dónde | Faja petrolífera del Orinoco y lago de Maracaibo. |
| Por qué | El volumen anunciado de 65.000 millones de barriles depende de que esas áreas contengan reservas recuperables. |
| Cómo | Mediante el contraste entre las áreas anunciadas y las que registran producción histórica. |
Las objeciones al acuerdo petrolero han sido hasta ahora jurídicas, políticas y fiscales. Esta es técnica, y por eso merece atención propia.
Evanán Romero fue viceministro de Energía y Minas, participó en la fundación del instituto de investigación de la industria petrolera venezolana e integró la junta directiva de la estatal durante la apertura petrolera de los años noventa. Lleva más de seis décadas en el sector.
En una entrevista difundida el 3 de septiembre de 2026 planteó tres objeciones sobre la base física del acuerdo.
Primera. Campos no es lo mismo que pozos
Señala que en la comunicación oficial se emplean como sinónimos dos términos que no lo son.
Un pozo es una perforación. Un campo es un área geológica que puede contener decenas o cientos de pozos. Las reservas se atribuyen a campos, no a pozos, porque un pozo drena únicamente el área inmediata que lo rodea.
La confusión no es semántica. Si se anuncian reservas por pozo, la cifra resultante no significa nada.
Segunda. Solo tres estarían activos
Sostiene que, de los diecisiete campos comprendidos, los únicos que están en producción son tres ubicados en el lago de Maracaibo, otorgados originalmente en 1955 y transferidos en 2012 bajo otra figura societaria que después cambió de denominación.
Los catorce restantes, según su lectura de los anuncios, están en la faja del Orinoco.
Y ahí formula la objeción central: la faja produce alrededor de 750.000 barriles diarios, pero esa producción proviene de regiones determinadas. Las áreas que él ubica en los anuncios no son esas.
Afirma que en esas zonas no existe producción y que nunca la ha habido.
Tercera. La certificación de las reservas
Es la afirmación de mayor alcance y también la más verificable.
Sostiene que la empresa internacional contratada en 2004 para evaluar la faja certificó el petróleo en sitio, es decir, el volumen existente en el subsuelo, y no las reservas recuperables, que es el volumen que puede extraerse en condiciones técnicas y económicas conocidas.
Según su relato, esa empresa se abstuvo de certificar reservas porque sin un plan de desarrollo definido no es posible determinar cuánto se recupera.
Y añade que la cifra de 303.000 millones de barriles que Venezuela reporta desde entonces se construyó a partir de trabajos encargados a compañías de varios países, con un número reducido de sondeos y sin certificación de una firma internacional de referencia.
Por qué esa distinción decide todo
Petróleo en sitio y reservas recuperables son magnitudes distintas, y la diferencia entre ambas puede ser enorme.
En crudos extrapesados, el factor de recuperación con tecnología convencional ronda el seis o siete por ciento. Aplicado a un volumen en sitio, ese porcentaje reduce drásticamente lo que efectivamente puede extraerse.
Si el volumen de 65.000 millones de barriles anunciado corresponde a petróleo en sitio y no a reservas recuperables, la cifra describe lo que hay bajo tierra, no lo que puede venderse.
El costo ambiental que advierte
Romero sostiene que producir en esas áreas exigiría minería a cielo abierto, en un esquema comparable al de las arenas bituminosas canadienses, y advierte que una de esas zonas coincide con un área bajo protección ambiental.
Su conclusión es que ninguna empresa se ha instalado allí no por falta de voluntad, sino porque el crudo no fluye y la extracción exigiría remover el terreno.
Lo que propone en cambio
Su planteamiento alternativo es concreto y no se opone a la inversión estadounidense.
Propone concentrar el esfuerzo en la recuperación del lago de Maracaibo mediante técnicas de recuperación secundaria y terciaria: restituir las plantas compresoras de gas, la inyección de agua, el transporte por tubería y la infraestructura lacustre desmantelada.
Sostiene que las empresas estadounidenses de equipamiento pesado están en capacidad de hacerlo y que allí el riesgo técnico es bajo. Lo que hace falta, dice, es conocimiento, capital, transparencia, seguridad jurídica y un gobierno legítimo.
Lo que corresponde
Estas son afirmaciones de una fuente, no conclusiones de esta casa. Y son verificables.
La ubicación de los bloques puede contrastarse con los mapas oficiales de la faja y con los registros de asignación de áreas.
La producción histórica de cada área consta en las estadísticas del sector.
El alcance de la certificación de 2004 puede confirmarse con la propia empresa evaluadora, que opera en Estados Unidos.
Las tres comprobaciones están en curso. Y corresponde solicitar respuesta a las autoridades venezolanas y a la empresa operadora antes de dar por establecida cualquiera de estas afirmaciones.
Fuentes principales: Entrevista a Evanán Romero difundida el 3 de septiembre de 2026 en el canal de la periodista Nitu Pérez Osuna. Datos públicos sobre producción de la faja petrolífera del Orinoco. Declaraciones de Humberto Calderón Berti del 31 de agosto de 2026.
Economía
Sectores de Caracas acumulan ocho días sin servicio eléctrico
Ocho días en La Candelaria, cinco en Las Delicias, San Bernardino sin servicio. El costo de un apagón largo no lo paga solo quien lo vive: lo paga también quien manda la remesa.
| Qué | Vecinos del municipio Libertador protestaron por cortes eléctricos prolongados que en algunos sectores alcanzaron ocho días continuos. |
|---|---|
| Quién | La convocatoria fue encabezada por Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente Norte de Caracas. |
| Cuándo | Martes 8 de septiembre de 2026. |
| Dónde | La Candelaria, la parroquia El Recreo y San Bernardino, en Caracas. |
| Por qué | Sin electricidad se detienen las bombas hidráulicas y se pierde la refrigeración de alimentos. |
| Cómo | Según el dirigente, trabajadores de Corpoelec informan a los vecinos que no cuentan con repuestos ni herramientas para las reparaciones. |
Lo denunciado
Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente Norte de Caracas, encabezó el 8 de septiembre de 2026 una convocatoria vecinal para denunciar la situación del servicio eléctrico en el municipio Libertador.
Según su relato, en la esquina de Miguelacho a Tracabordo, en La Candelaria, los vecinos pasaron ocho días sin luz. En el sector Las Delicias, de la parroquia El Recreo, el corte duró cinco días. Y San Bernardino se encontraba sin servicio al momento de la denuncia.
Rojas sostuvo que los apagones en la capital ya no se miden en horas sino en días, y describió dos consecuencias inmediatas: la comida que se pudre en las neveras y las bombas hidráulicas que dejan de funcionar, con lo cual los edificios se quedan también sin agua.
Añadió que trabajadores de Corpoelec les han dicho a los vecinos que no cuentan con los repuestos ni las herramientas necesarias para hacer las reparaciones, y se refirió además a los salarios del personal de la estatal.
Al cierre de esta nota no consta pronunciamiento de Corpoelec ni del Ministerio de Energía Eléctrica sobre estos casos concretos.
Por qué esto es una nota de economía
Porque un apagón de ocho días no es una molestia. Es una destrucción de patrimonio doméstico, y se puede describir con precisión.
Se pierde el contenido de la nevera. En un país donde alimentar a una familia cuesta más de 700 dólares mensuales, el contenido de un refrigerador representa una fracción significativa del presupuesto del mes. Se pierde entero y hay que reponerlo.
Se pierde el agua. Los edificios de Caracas dependen de bombas eléctricas para subir el agua a los tanques. Sin luz no hay bombeo, y a las pocas horas la falta de electricidad se convierte en falta de agua. Reponerla implica comprar cisternas o botellones, que es gasto en efectivo y a precio de emergencia.
Se detiene el ingreso. Un comercio pequeño sin electricidad no vende. Una peluquería, una panadería, un taller, un cibercafé: ocho días cerrados es un mes malo.
Se dañan los equipos. Las fluctuaciones de voltaje al restablecerse el servicio queman electrodomésticos. Reponer una nevera cuesta varios meses de salario formal.
Ninguno de esos cuatro costos aparece en las estadísticas de inflación. Todos aparecen en el presupuesto de una casa.
Quién termina pagando
Aquí está la parte que le toca directamente al lector de este medio.
Cuando una familia en Caracas pierde la comida del mes, no hay seguro, no hay reclamo y no hay compensación. La reposición sale de donde salga. Y con enorme frecuencia sale de una transferencia enviada desde Estados Unidos.
Eso significa que un apagón prolongado en Libertador se convierte, con un retraso de días, en una remesa extraordinaria enviada desde Houston, Miami, Dallas o Chicago. El costo no se queda en Caracas: se traslada al bolsillo de quien manda.
Es un mecanismo silencioso y no aparece en ninguna serie estadística. Las remesas se miden como flujo agregado, no por causa. Pero cualquier venezolano que sostenga un hogar allá reconoce el patrón: la llamada que avisa que se dañó la nevera llega siempre después de un corte largo.
Por eso la infraestructura eléctrica venezolana es, para efectos prácticos, una variable del presupuesto familiar de miles de hogares hispanos en Estados Unidos.
El contraste que ordena todo
El 2 de septiembre de 2026 se firmaron en el Palacio de Miraflores los acuerdos energéticos con Chevron, ENI y GE Vernova. El de GE Vernova es específicamente de recuperación de infraestructura eléctrica.
Seis días después, hay sectores de la capital que acumulan ocho días sin servicio.
No hay contradicción lógica entre las dos cosas: un contrato firmado el 2 de septiembre no podía producir efectos el 8. Pero sí hay una lección sobre plazos, y conviene fijarla ahora, antes de que empiecen los anuncios.
El petróleo se verifica en años. La meta de Chevron de 600.000 barriles diarios está a cinco años.
La luz se verifica en semanas. Si el acuerdo de recuperación eléctrica funciona, la duración de los cortes en Caracas y en el resto del país tiene que bajar de forma medible en un plazo corto. Y si no baja, también se sabrá pronto.
De todos los documentos firmados ese día, el eléctrico es el único que rendirá cuentas a corto plazo. Ocho días sin luz en La Candelaria es la línea base contra la cual se va a medir.
Lo que falta saber
El monto y el cronograma del acuerdo con GE Vernova no son públicos.
No hay diagnóstico público del estado del sistema, sin el cual no existe una referencia contra la cual medir mejora.
No se publican datos operativos de disponibilidad de generación con regularidad.
Y no consta respuesta oficial sobre los cortes de Libertador.
Lo que hay que vigilar
Los registros de organizaciones civiles que documentan cortes por estado, que son la única serie continua disponible.
Si se publica un cronograma de intervención con metas por zona.
Y si el próximo corte largo en Caracas dura más o menos que ocho días. Ese es el indicador, y no requiere ninguna cifra oficial para leerse.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera.
Fuentes principales: Declaraciones de Carlos Julio Rojas, coordinador del Frente Norte de Caracas, del 8 de septiembre de 2026, reseñadas por El Nacional y La Patilla. Cobertura de la ceremonia de firma de acuerdos energéticos del 2 de septiembre de 2026 en el Palacio de Miraflores. Registro del costo de la canasta alimentaria difundido el 17 de agosto de 2026.
Economía
Rubio pidió transparencia absoluta y el contrato venezolano no es público
La columna de Marco Rubio propone un estándar para distinguir la inversión buena de la predatoria. El estándar es útil. El problema aparece al aplicarlo al acuerdo que su propio gobierno firmó.
| Qué | Marco Rubio publicó una columna, «Un hemisferio que cumple», donde fija criterios para distinguir la inversión extranjera legítima de la predatoria. |
|---|---|
| Quién | El secretario de Estado de Estados Unidos, en medios de Colombia y Perú. |
| Cuándo | Martes 8 de septiembre de 2026, primer día de su gira por Colombia, Ecuador y Perú. |
| Dónde | Publicada en Semana, de Colombia, y en El Comercio, de Perú. |
| Por qué | Los criterios que propone son verificables y aplicables a cualquier acuerdo, incluido el que su propio gobierno firmó con Venezuela. |
| Cómo | Contrastando la inversión privada estadounidense con los proyectos respaldados por el Estado chino. |
El estándar que propone
La columna de Rubio hace algo que la retórica diplomática rara vez hace: propone criterios comprobables.
Su argumento central es que cuando los activos críticos de un país quedan bajo la propiedad o el control de otra nación, ese país pierde el derecho a decidir su propio destino y enfrenta amenazas a su soberanía, a la privacidad de sus datos y a su independencia económica. Sostiene que los proyectos respaldados por el Estado chino llegan con contratos poco transparentes, endeudamiento insostenible, explotación laboral y daño ambiental, y que la alternativa estadounidense es inversión privada, abierta y guiada por el mercado.
De ahí extrae la petición que da sentido a toda la pieza: que cada país elija a sus socios con «transparencia absoluta» y que la totalidad de los términos sean visibles para el público.
Reduciendo su texto a criterios, quedan cuatro.
Uno. Que los términos completos sean públicos.
Dos. Que la inversión sea privada y no de un Estado extranjero.
Tres. Que los activos estratégicos no queden bajo control de otra nación.
Cuatro. Que el país conserve la capacidad de decidir su destino.
Son criterios sensatos y, sobre todo, son verificables. Por eso vale la pena aplicarlos.
Aplicados al acuerdo venezolano
Uno. Términos públicos. El contrato con North American Blue Energy Partners no se ha publicado. Lo que existe es una hoja informativa de la Casa Blanca del 31 de agosto y declaraciones de funcionarios venezolanos. No hubo, además, proceso de licitación: la ministra de Hidrocarburos lo justificó por razones de continuidad y rapidez. No se cumple.
Dos. Inversión privada y no estatal. El Departamento de Defensa de Estados Unidos tiene una participación del 35% en NABEP, según la hoja informativa de la Casa Blanca y según lo confirmó el presidente de PDVSA. Es participación accionaria de un Estado extranjero en la empresa operadora. No se cumple.
Tres. Activos estratégicos sin control de otra nación. El gobierno estadounidense tiene poder de veto sobre el nombramiento de la junta directiva de NABEP, cuya mayoría debe ser de nacionalidad estadounidense. El Departamento de Estado compra el 20% de la producción a precio de costo y tiene derecho de primera opción sobre el 80% restante. No se cumple.
Cuatro. Capacidad de decidir el destino propio. Este es el único que admite discusión. El gobierno venezolano sostiene que la propiedad del recurso sigue siendo nacional y que se trata de un acuerdo comercial. Es un argumento defendible en términos de titularidad jurídica del subsuelo. Queda abierto.
Tres de cuatro criterios, redactados por el propio secretario de Estado, no se cumplen en el acuerdo que su gobierno firmó.
Por qué esto no es una acusación
Conviene ser preciso, porque la conclusión fácil sería decir que Rubio se contradice. No es exactamente eso.
Un gobierno puede sostener legítimamente que la participación estatal estadounidense es distinta de la china porque los sistemas políticos son distintos, porque hay contrapesos institucionales, prensa libre y controles del Congreso que en el otro caso no existen. Ese argumento existe y merece ser escuchado.
Lo que no admite discusión es que ese argumento no aparece en la columna. El texto no distingue entre buenas y malas participaciones estatales: distingue entre inversión privada y participación estatal, y coloca la segunda del lado del problema.
El estándar, tal como está escrito, es más exigente que la práctica.
El criterio que se puede resolver de inmediato
De los cuatro, hay uno que no requiere ninguna discusión conceptual y se puede satisfacer con un acto administrativo: publicar el contrato.
Rubio pidió que la totalidad de los términos sea visible para el público. En el caso venezolano no lo es. Publicarlo no exige negociación, no compromete seguridad nacional en un contrato de hidrocarburos y no depende de un tercero.
Sería, además, el argumento más eficaz que Washington podría exhibir en Bogotá, en Quito y en Lima: aquí está el nuestro, léanlo, y comparen.
El contexto de la gira
Rubio anunció el 8 de septiembre la incorporación de Perú al Escudo de las Américas, la alianza contra el crimen organizado transnacional impulsada desde marzo de 2026, y describió al país como aliado importante extra-OTAN. En Colombia anunció que el próximo Diálogo para la Prosperidad Bilateral buscará canalizar inversión privada estadounidense hacia infraestructura energética, logística y transporte.
Esos tres sectores son los mismos donde el argumento sobre soberanía y control de activos estratégicos se vuelve verificable. Los acuerdos que se firmen en esta gira van a poder someterse a los mismos cuatro criterios.
Vale la pena guardarlos.
Lo que hay que vigilar
Si se publican los términos completos de los acuerdos que resulten de la gira.
Si alguno de los tres gobiernos solicita publicidad contractual como condición.
Y si el contrato venezolano se hace público en algún momento.
Esta nota tiene fines informativos y no constituye asesoría financiera ni de inversión.
Fuentes principales: Columna de Marco Rubio «Un hemisferio que cumple», publicada el 8 de septiembre de 2026 en Semana, de Colombia, y en El Comercio, de Perú. Declaraciones de Rubio a periodistas antes de partir hacia Barranquilla, reseñadas por Infobae, NTN24 y El Espectador. Anuncio de la incorporación de Perú al Escudo de las Américas, según EFE. Hoja informativa de la Casa Blanca del 31 de agosto de 2026. Declaraciones de Héctor Obregón del 7 de septiembre y de Paula Henao del 6 de septiembre de 2026.
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