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Colaboradores Invitados

La tarea de los revisores no admite ingenuidad

Doctorados, cátedras y cargos judiciales no pueden valer per se. La carta de Vladimir Petit a los revisores de credenciales del TSJ.

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Los juristas que sí nombraron lo que el TSJ calló

COLABORADORES INVITADOS · VLADIMIR PETIT

Una carta abierta a integrantes del Consejo de Revisión de Credenciales sobre los títulos, cátedras y cargos que, a juicio del autor, no deben valer por sí solos para llegar al TSJ.

Sres. miembros de la Comisión revisora de credenciales para aspirantes a magistrados del TSJ: @bpulidom @funeda @charitobernardoni

Saludos.

La tarea que se les ha encomendado no admite ingenuidad. Toca corregir la manera en que hasta ahora se han evaluado las credenciales para los altos cargos de la República. Eso es oportunidad para hacer historia.

El artículo 263 de la Constitución abre tres vías para llegar al TSJ: el ejercicio profesional con postgrado, la docencia universitaria como titular y la carrera judicial. En estos años el chavismo pervirtió las tres. Por eso les pido que razonen sobre los siguientes puntos.

1. Los doctorados. Cualquier postgrado y, en especial, los doctorados, otorgados por la Universidad Católica Santa Rosa, sean honoris causa o supuestamente cursados, no pueden valer per se. Por esa casa pasó buena parte de la nomenklatura del régimen, y alrededor de ella se denunció el llamado «cartel de las togas». Es una universidad de, para y por el chavismo. Un título obtenido por acuerdo o como gracia, no puede considerarse credencial para concursar, y así son los títulos de la universidad del cartel.

2. La docencia universitaria. El chavismo conformó un subsistema especial de educación superior de factura política partidista: la Bolivariana, UNES, UNEFA y tantas otras. Allí no hubo rigor académico ni en los concursos de ingreso ni en los ascensos dentro del escalafón. Ser «profesor» en esas instituciones no acredita lo que la Constitución le exige a un profesor titular: conocimiento, rigor académico, investigación y constancia.

3. La magistratura y el Ministerio Público. La carrera judicial fue cooptada casi desde la Constituyente del 99. Si el cargo se toma como credencial en sí mismo, quedará despejado el camino para jueces de mala reputación y pobre formación jurídica que entraron por la vía política y montaron su propia alcabala. Además, la gran mayoría de quienes hoy ocupan tribunales y fiscalías llegó allí por su filiación chavista. Cuidado con esto, porque es la única puerta que le queda al chavismo. La mejor prueba es que alguien de esa tipología ya se sienta en esa misma comisión.

4. El conocimiento jurídico. En nuestra historia ningún régimen se caracterizó por menos rigor profesional que este. Hasta Gómez y Pérez Jiménez procuraron rodearse de gente competente. Aquí los buenos abogados, los de verdad, escasean, y por eso tuvieron que fabricar credenciales ficticias que hoy no deben ser tomadas en cuenta. Recuerden que la cadena de empeoramiento que puso en marcha la mediocridad profesional del chavismo consagró rectores que nunca fueron doctores, magistrados que jamás supieron derecho, profesores con errores ortográficos y altos funcionarios que en ninguna otra etapa de nuestra historia republicana hubiesen sido designados como tales.

Hay, además, requisitos para ser magistrado que un funcionario chavista no podría cumplir: reconocida honorabilidad, reconocida competencia, buena reputación y renuncia a toda militancia partidista. Ojo con esto último. La militancia no se agota con el carnet del partido. También la configura la participación en un movimiento ideológico, incluidas las confesiones públicas de fe revolucionaria. Por último, les toca generar garantías para que excelentes juristas del TSJ en el exilio puedan concursar in pari causa.

Si aceptan las credenciales aquí referidas sin examinarlas, le harán un flaco servicio a la República. Si las examinan con rigor, le harán un gran servicio a la patria y darán ejemplo a los muchachos que hoy estudian en las universidades serias: el mérito vale, los estudios rigurosos valen, una carrera judicial limpia vale, la independencia de criterio vale, hacer bien el trabajo tiene premio. Si no lo hacen, la gente quedará con la impresión de otra rebatiña con alcabalas partidistas, como ya ocurrió antes con el CNE, el TSJ y tantos otros. Finalmente, recuerden que el ejemplo que den cascadeará para futuros concursos como el del próximo CNE.

Suerte.

Vladimir Petit

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor.


Fuentes principales: Texto enviado por el autor para la edición del 27 de septiembre de 2026.

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El mito del acento neutro: cuando la voz pierde geografía

El español de Iberoamérica es un archipiélago sonoro. Borrarlo para «no hacer ruido» tiene un costo en la voz y en la presencia.

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Figura solitaria en escenario iluminado por un foco — metáfora de la presencia y el liderazgo

COLABORADORES INVITADOS · MAIGUALIDA GAMERO

La especialista en oratoria desmonta la idea de una voz sin origen y propone una flexibilidad consciente que no borre el acento.

¡Hola a todos! Bienvenidos una vez más a este espacio donde la palabra no es un molde rígido, sino un territorio vivo que habitamos. Hoy quiero que hablemos de un fantasma que recorre cabinas de grabación, estudios de doblaje y escenarios de toda Iberoamérica: el codiciado, impreciso y casi mitológico «acento neutro».

Cuando encendemos la pantalla para ver una serie doblada o escuchamos un audiolibro corporativo, a menudo se nos exige una dicción sin rastro, una pronunciación que no delate de dónde venimos. Pero, a la luz de la riqueza lingüística de nuestro continente, cabe preguntarnos: ¿Existe realmente el acento neutro, o es una entelequia comercial que aplana nuestra identidad? ¿Qué pasa con las variedades dialectales del español de Iberoamérica cuando intentamos encajarlas en un corsé estandarizado?

La riqueza de nuestra cartografía dialectal

El español que se habla desde el Río Bravo hasta la Patagonia no es un monolito; es un archipiélago sonoro vibrante. Desde el canto melódico del Caribe hasta la cadencia andina o el ritmo rioplatense, cada variedad dialectal es la huella de nuestra historia, de nuestra geografía y de nuestros afectos.

Sin embargo, la industria de la locución y el entretenimiento ha operado tradicionalmente bajo la premisa de que para «vender» o «conectar masivamente» hay que borrar las costuras locales. Es ahí donde nace el concepto del «acento neutro»: una construcción artificial —frecuentemente asociada a un español latinoamericano estandarizado, sin los seseos extremos, la aspiración de la ‘s’ o las entonaciones muy marcadas— diseñada para no hacer ruido en ningún país en específico.

La gerencia de la presencia frente al espejismo de la neutralidad

Aquí es donde entra en juego la gerencia de la presencia y la oratoria escénica. En el escenario o ante el micrófono, un orador o locutor que busca sonar «neutro» corre el riesgo de caer en la trampa de una locución técnicamente correcta pero completamente huérfana de verdad emocional.

La verdadera elocuencia no proviene de negar el origen, sino de dominar la técnica vocal (proyección, articulación y modulación) sin amputar la identidad. Cuando una voz se vuelve excesivamente neutra, a menudo pierde alma, porque el alma de la palabra habita precisamente en su acento, en su ritmo vital y en su pulso cultural.

Hacia una Nueva Conciencia Vocal

Desmontar el mito del acento neutro no significa renunciar a la inteligibilidad ni a una buena dicción profesional. Significa entender que la verdadera neutralidad profesional es, en realidad, flexibilidad consciente: la capacidad de modular según el formato audiovisual, pero reconociendo que nuestra acentuación es un escudo y un puente, nunca un defecto que esconder.

La próxima vez que te pares frente a un micrófono o diseñes una estrategia de oratoria, recuerda que tu acento es tu historia narrada en voz alta. ¡No lo borres del mapa! Hasta nuestra próxima entrega en INCÍSOS.

Maigualida Gamero @Maigua_Gamero


Fuentes principales: Texto enviado por la autora para la edición del 27 de septiembre de 2026.

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Colaboradores Invitados

Prontuarios versus credenciales

«Es una burla a la Venezuela decente». La lectura de Ángel Alberto Bellorín sobre tres integrantes del consejo de revisión del TSJ.

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COLABORADORES INVITADOS · ÁNGEL ALBERTO BELLORÍN

El constitucionalista cuestiona la presencia de tres exintegrantes del TSJ en el consejo que revisará a los aspirantes al máximo tribunal.

Es una burla a la Venezuela decente permitir que Deyanira Nieves, Federico Fuenmayor y Silio César Sánchez formen parte de esa comisión. Mencionar la palabra idoneidad en estas personas sin revisar su historial y sus firmas en diversas sentencias aberrantes de un TSJ secuestrado por el chavismo, es una burla a la razón y a la ética. Sus actuaciones son públicas y están en internet; aunque también deberían de mostrar sus títulos universitarios para completar el escrutinio de sus prontuarios. La Asamblea del 2015, de la mano de la Sra. Figuera, se regocija de colocar en esa lista a uno de los firmantes de aquella grotesca decisión que la declaró en desacato.

Caracas, 26 de septiembre de 2026.

Dr. Ángel Alberto Bellorín Profesor de Doctorado en la Universidad Central de Venezuela

Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad exclusiva de su autor.


Fuentes principales: Texto enviado por el autor el 26 de septiembre de 2026.

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Colaboradores Invitados

Carta a Juan Miguel Matheus

Ángel Alberto Bellorín cuestiona la intervención legislativa en el Comité de Postulaciones Judiciales y reclama un baremo público, transparencia y autonomía de la sociedad civil.

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Libro jurídico y documentos sobre un escritorio, con arquitectura institucional desenfocada al fondo.

Por Ángel Alberto Bellorín

Esta columna expresa la opinión de su autor.

Señor Juan Miguel Matheus:

Usted, como abogado que se denomina constitucionalista, debe conocer que el secuestro del Comité de Postulaciones Judiciales por parte del Poder Legislativo desde la aprobación de la primera ley, en el año 2004, es una aberración constitucional. Contradice tanto el párrafo final del artículo 264 como la esencia del 270, determinada con claridad en todo su contenido, así como en el nombre del capítulo y la sección que los contienen.

Callar esa verdad es complicidad o ignorancia. En ambas situaciones se descarta cualquier honorabilidad.

Viniendo de usted, que sabemos no es ignorante, no hay otro nombre para definir a alguien que jamás abrió su boca para opinar sin titubeos sobre este tema en todos los nombramientos anteriores de magistrados del TSJ: sin baremo público, sin transparencia y con diputados usurpando una preselección que no les corresponde. Ustedes ya lo hicieron con eso que llaman TSJ en el exilio.

¿En qué ha cambiado esa práctica?

Están llamando a postularse sin saber aún quiénes serán los encargados del proceso, sin un baremo público previo y sin conocer con cuáles créditos cuentan los posibles evaluadores.

Sorprende que, a pesar de todo lo que pasa en el país, usted aún continúe con su descarada actuación cómplice, engañando con eso de un aparente aumento del número de representantes de sociedad civil, impuesto por los diputados ahora de Jorge Rodríguez. Cualquier ser pensante con honestidad intelectual verdadera sabe que, al ser de esa forma, el Poder Legislativo los subordina y los despoja de su naturaleza original de sociedad civil. Nadie con verdadera honestidad se puede prestar a ser un tonto útil en este nuevo teatro.

Con tal acción, ese poder legislativo ilegítimo al que usted representa continúa violando también la manifestación directa e intransferible de la soberanía popular prevista en el artículo 5. Esa es la verdad constitucional.

Espero que se atreva a contradecir con argumentos lo que aquí le escribo.

Caracas, 21 de septiembre de 2026.

Doctor Ángel Alberto Bellorín
Profesor de Doctorado en la Universidad Central de Venezuela.

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