Política
Las familias que Washington no recibe acampan frente a su embajada
Mientras Washington reconoce legitimidades y negocia la transición, un grupo de familias pernocta hace 16 días frente a su embajada en Caracas pidiendo ser escuchadas.
Un grupo de familiares de presos políticos pernocta desde el 7 de junio frente a la embajada de Estados Unidos en Caracas. Piden que el encargado de negocios interceda por la liberación de sus seres queridos. La misma embajada que reconoce legitimidades y dialoga con el gobierno aún no los ha recibido.
| Qué | Familiares de presos políticos mantienen un campamento frente a la embajada de EE.UU. para exigir mediación por la liberación de los detenidos. |
| Quién | Familiares de presos políticos, el encargado de negocios John Barrett y, como referencia de cifras, el Foro Penal. |
| Cuándo | Desde el 7 de junio de 2026; al 23 de junio suman 16 días de pernocta. |
| Dónde | Sector Valle Arriba, en las inmediaciones de la embajada estadounidense en Caracas. |
| Por qué | Las familias denuncian que los anuncios de excarcelación no se cumplen y buscan un interlocutor que sí tenga peso. |
| Cómo | Mediante una vigilia permanente con carpas, sostenida pese a la lluvia y a presiones para que la levanten. |
Dieciséis días bajo la lluvia, frente a una puerta cerrada
Desde el 7 de junio, un grupo de familiares de presos políticos venezolanos duerme en carpas en el sector Valle Arriba de Caracas, a pocos metros de la embajada de Estados Unidos. Al 23 de junio acumulan 16 días de pernocta. Son, en su mayoría, mujeres: madres, esposas, hermanas de hombres detenidos por razones políticas. Su petición es concreta y se repite cada día: que el encargado de negocios estadounidense, John Barrett, las reciba e interceda ante el gobierno venezolano por la liberación de sus seres queridos.
Hasta ahora, esa puerta no se ha abierto. Las familias relatan que no han sido atendidas por la representación diplomática, mientras soportan las lluvias y el cansancio. Una de las manifestantes sufrió un episodio de malestar por el agotamiento; varias son personas de la tercera edad.
El contraste que define la jornada
Aquí está el dato que ordena la lectura de este episodio. El mismo 22 de junio en que la embajada estadounidense ratificaba a Dinorah Figuera como presidenta de la Asamblea Nacional de 2015 y respaldaba el diálogo con el gobierno interino de Delcy Rodríguez, esas mismas oficinas seguían sin recibir a las familias acampadas a metros de su entrada.
No se trata de acusar a Washington de incoherencia, sino de mostrar la jerarquía real de su agenda. La diplomacia estadounidense tiene tiempo y disposición para las reuniones que hacen avanzar su hoja de ruta política —legitimidades, cronogramas, interlocutores institucionales—, pero el reclamo humano de quienes esperan en la calle ocupa otro lugar en esa lista. La transición tutelada se construye en los despachos; el dolor de los presos y sus familias toca a la puerta y espera.
Una protesta que ya carga 160 días
El campamento frente a la embajada es la fase más reciente de una espera mucho más larga. Una de las familiares, Gabriela Álvarez —pariente de Gabriel Guerra, recluido en el centro penitenciario Yare 3—, recordó que, al cumplir 12 días de campamento, sumaban ya 160 días de protesta constante, porque antes se manifestaron frente a la sede del Sebin en El Helicoide. El traslado de la vigilia a la embajada ocurrió tras comprobar que lo que esperaban como una liberación se convirtió en el traslado de los detenidos a otras cárceles.
Las familias sostienen que su reclamo va más allá de los casos individuales. Afirman que la liberación de los presos políticos y el saneamiento del sistema de justicia son condiciones indispensables para la recuperación institucional del país. Según el balance del Foro Penal, organización que documenta estos casos, en Venezuela permanecen tras las rejas más de 400 presos políticos.
Las presiones para que se vayan
Hay un elemento que merece registrarse con cuidado. Varias familias denunciaron haber recibido mensajes y visitas para que levanten el campamento, con el argumento de que estaban «creando un problema» y de que la liberación «ya estaba hablada». Una de las manifestantes denunció además una amenaza de traslado de su familiar como represalia por mantener la protesta, y responsabilizó públicamente a las autoridades penitenciarias de cualquier daño a su integridad.
Esas presiones, lejos de debilitar la vigilia, parecen haberla endurecido. «El campamento no se va a levantar hasta que el último sea libre», repiten las familias. Es una decisión colectiva, no individual.
Lo que esta vigilia le dice al lector hispano
Para el venezolano en la diáspora, este campamento ofrece una imagen que ningún comunicado transmite con la misma fuerza. La transición avanza en sus grandes piezas —Washington negocia, el chavismo reformula su discurso, las cúpulas calculan—, pero a ras de suelo hay un costo humano que sigue sin resolverse. Más de 400 personas siguen presas por razones políticas, y sus familias esperan, literalmente, a la intemperie.
El reclamo de Valle Arriba no compite con la geopolítica: la complementa con la pregunta que la geopolítica suele posponer. De qué sirve una hoja de ruta hacia la democracia si quienes pagaron con su libertad la exigencia de esa democracia siguen presos. Mientras esa pregunta no tenga respuesta, las carpas seguirán ahí, frente a la puerta que aún no se abre.
Fuentes principales: Infobae (12 de junio de 2026); Runrun.es, El Nacional, Crónica.Uno y Correo del Caroní (junio de 2026); Foro Penal (cifras de presos políticos); declaraciones de familiares recogidas por TalCual.
Alfredo Yánez
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Trump celebra una Venezuela feliz mientras Machado calla
Mientras Trump celebra una Venezuela «feliz» y bien administrada, María Corina Machado mantiene un silencio público que muchos leen como cálculo, espera o desplazamiento.
El relato del «país feliz»
Donald Trump tiene una frase favorita sobre Venezuela y la repite cada vez que puede. «Venezuela es un país muy feliz ahora mismo; eran miserables, ahora son felices. Está bien administrado», ha dicho, vinculando esa felicidad al auge petrolero y a la llegada de empresas estadounidenses. En sus palabras, la captura de Maduro abrió una era de prosperidad: «el petróleo que está saliendo es enorme», «tenemos una relación fantástica con el pueblo de Venezuela».
El relato es funcional para Washington. Presenta la intervención del 3 de enero como un éxito rotundo y la alianza con el gobierno de Delcy Rodríguez como una victoria. Pero choca de frente con la realidad que viven los venezolanos. Un reportaje reciente del New York Times lo resumió en el título: Trump dice que Venezuela es un país feliz, su gente no está de acuerdo. La recuperación económica es lenta, los salarios siguen siendo insuficientes y, según el Foro Penal, aún quedan presos políticos pese a las excarcelaciones registradas desde enero.
El silencio que habla
En ese ruido de declaraciones triunfales, hay una ausencia notable: la de María Corina Machado. La dirigente con mayor respaldo en la opinión pública venezolana, premio Nobel de la Paz, que en enero llamó a la movilización y reclamó que Edmundo González asumiera como presidente, hoy guarda un silencio público llamativo sobre el rumbo concreto de la transición tutelada.
Ese silencio se ha vuelto, por sí mismo, materia de especulación. ¿Es una estrategia, una forma de no legitimar un proceso que la excluyó de su primera fase? ¿Es una espera calculada, el cálculo de quien guarda su capital político para un momento más decisivo? ¿Es indiferencia, distancia de un proceso que avanza por carriles que no controla? ¿O es el reconocimiento tácito de un desplazamiento, de haber quedado fuera del tablero que diseñó Washington? Cada interpretación tiene defensores, y ninguna puede confirmarse, porque la protagonista no habla.
Lo que sí está documentado
Conviene separar lo verificable de la especulación. Lo documentado es que Machado fue excluida de la primera etapa de la transición tras la captura de Maduro. Que Trump, en enero, dijo que «tal vez» podría involucrarla «de alguna manera», sin precisar cómo. Que la dirigente entregó a Trump su medalla del Nobel en un gesto interpretado como acercamiento. Y que, esta semana, fue un dirigente de la Plataforma Unitaria —Freddy Superlano— quien pidió públicamente que Machado se incorpore a las negociaciones, no la propia Machado.
Es decir: otros piden por ella, Washington la menciona de pasada, y ella no se pronuncia sobre el fondo. Esa configuración —ser nombrada por terceros mientras se mantiene en silencio— es lo que alimenta las lecturas. En política, callar también es una posición, aunque su significado quede abierto.
Por qué importa para el lector hispano
Para el venezolano en la diáspora, que en buena parte ve en Machado a su referente, este silencio es una incógnita cargada de consecuencias. Su voz tiene un peso que ningún cargo otorga, y su decisión de hablar o callar puede inclinar el rumbo de la transición en un momento decisivo. Que no se pronuncie no es un vacío menor: es una de las variables abiertas más importantes del proceso.
La pregunta que queda flotando excede a Machado. Si la líder con mayor respaldo popular permanece al margen —por estrategia o por desplazamiento—, ¿qué tan representativa será la transición que se negocia sin ella? El «país feliz» de Trump y el silencio de Machado son, en el fondo, dos caras de la misma incógnita: cuánta voz venezolana real hay en un proceso que se decide, en buena medida, fuera de Venezuela.
Política
Teléfonos y rutas de emergencia tras el terremoto: a dónde acudir
En medio de una emergencia, saber a dónde llamar y qué información dar puede acelerar un rescate. Esta es una guía de servicio con las rutas y los teléfonos para reportar personas atrapadas, daños estructurales y emergencias, dentro y fuera de Venezuela. Conviene guardarla y compartirla.
ESPECIAL INCÍSOS · EL PAÍS QUE TEMBLÓ
En medio de una emergencia, saber a dónde llamar y qué información dar puede acelerar un rescate. Esta es una guía de servicio con las rutas y los teléfonos para reportar personas atrapadas, daños estructurales y emergencias, dentro y fuera de Venezuela. Conviene guardarla y compartirla.
Ficha 6W
FICHA 6W
| Qué | Una guía de teléfonos y pasos para reportar emergencias, personas atrapadas y daños tras el terremoto. |
| Quién | Personas en las zonas afectadas y familiares dentro y fuera de Venezuela que buscan ayudar. |
| Cuándo | Tras los sismos del 24 de junio de 2026 y mientras dure la emergencia. |
| Dónde | En las zonas afectadas de Venezuela y para la diáspora que sigue la situación. |
| Por qué | Una ruta de reporte clara acelera las labores de búsqueda y rescate. |
| Cómo | Contactando a Protección Civil, bomberos y los canales oficiales con la información correcta. |
Antes de llamar: la información que salva tiempo
En una emergencia, una llamada bien hecha vale más que diez llamadas confusas. Antes de reportar una persona atrapada o desaparecida, conviene reunir y tener a mano estos datos, porque son los que permiten priorizar el rescate: la dirección exacta de la estructura afectada, con puntos de referencia; el número aproximado de personas que podrían estar atrapadas; las posibles zonas de resguardo dentro del edificio, como sótanos, áreas reforzadas o la conserjería; una descripción de la persona, incluida su vestimenta; y cualquier condición médica que requiera atención prioritaria. Dar estos datos de entrada acelera la respuesta.
Los canales oficiales en Venezuela
Las autoridades indican que los reportes de personas desaparecidas o atrapadas bajo estructuras colapsadas deben dirigirse de inmediato al Sistema Nacional de Gestión de Riesgo, conformado por Protección Civil y los cuerpos de Bomberos. Quienes necesiten informar pueden comunicarse con la Protección Civil y Administración de Desastres o dirigirse a los puestos de comando que se instalan en los sectores afectados.
En su mensaje a la nación, la presidenta encargada informó que se habilitó la plataforma oficial VenApp (referida también como BNAP) para que los ciudadanos reporten un familiar desaparecido o una situación específica con su vivienda. Según el anuncio, esa plataforma quedó conectada con el Estado Mayor de contingencia que coordina la respuesta, por lo que un reporte cargado ahí debería llegar al mando que dirige los rescates. Es, al cierre de esta edición, el canal digital que el propio gobierno señaló como vía directa para alertar sobre vidas en riesgo.
Para reportar daños estructurales, la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS) habilita formularios que ayudan a identificar los sectores con mayor probabilidad de personas atrapadas. Reportar un daño no es solo un trámite: alimenta el mapa que orienta a los equipos de rescate hacia donde más se les necesita.
Una advertencia práctica importante: tras el sismo se reportaron cortes de electricidad, internet y telefonía en varias zonas. Si una vía de comunicación no funciona, conviene intentar otra —llamada, mensaje de texto, redes— y, si es posible, pedir a un familiar en una zona con señal que haga el reporte por uno. En estas situaciones, el que tiene línea ayuda al que no la tiene.
Para la diáspora: cómo ayudar desde afuera
Para el venezolano en el exterior que no logra comunicarse con su familia, la angustia es enorme y la sensación de impotencia, también. Algunas recomendaciones que ayudan. Mantener la calma y no saturar las líneas con llamadas repetidas, que pueden congestionar canales que otros necesitan. Usar mensajes de texto y aplicaciones, que a veces pasan cuando la llamada no entra. Coordinar dentro de la familia para que una sola persona haga el seguimiento y comparta la información, en lugar de que todos llamen a la vez. Y verificar la información antes de difundirla: en una emergencia, los rumores corren más rápido que los hechos y generan pánico innecesario.
Si eres ciudadano de otro país en Venezuela
Quien tenga doble nacionalidad o sea ciudadano extranjero puede recurrir también a su representación consular. La embajada de México habilitó un teléfono de asistencia consular para sus connacionales: +58 412 2524675. Los ciudadanos estadounidenses cuentan con las líneas del Departamento de Estado: +1-202-501-4444 (desde el exterior) y +1-888-407-4747 (desde EE.UU. y Canadá), además de la línea de emergencia de la embajada de EE.UU. en Colombia, +57-1-275-2000. Conviene que cada quien verifique los canales de su propio país de ciudadanía.
Una nota final de cuidado
Esta guía reúne los canales y datos verificables al cierre de esta edición. En una emergencia que evoluciona hora a hora, la información oficial puede actualizarse, así que conviene contrastar con las fuentes oficiales más recientes. Y una advertencia que nunca sobra: las catástrofes atraen a estafadores que se hacen pasar por organismos de ayuda o que abren falsas colectas. Antes de donar o entregar datos, hay que verificar que el canal sea legítimo. La solidaridad es necesaria; la prudencia, también.
Compartir esta información con quien la necesite es, en sí mismo, una forma de ayudar. En medio del temblor, los datos correctos en las manos correctas también salvan.
Política
Las cifras de presos liberados no cuadran entre sí
El chavismo reporta cientos de liberaciones, pero el Foro Penal verifica cifras menores y sigue contando presos políticos. La opacidad marca el proceso de excarcelación.
Dos contabilidades que no coinciden
Desde el 8 de enero, cuando el gobierno de transición anunció que comenzaría a excarcelar detenidos por razones políticas, dos contabilidades corren en paralelo y rara vez coinciden. La oficial tiende a los números altos: el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, llegó a anunciar la liberación de unas 300 personas, y la presidenta encargada Delcy Rodríguez aseguró que se alcanzarían 500 excarcelaciones en breve. La independiente, que lleva el Foro Penal, verifica cifras más modestas y exige nombres.
El contraste se vio con claridad en distintos momentos del proceso. Cuando el Estado habló de 116 excarcelaciones «en las últimas horas», las ONG solo habían podido confirmar una fracción de esa cifra. El Foro Penal llegó a desmentir versiones que hablaban de más de 50 liberaciones en una jornada, precisando que solo había verificado 15. La diferencia no es un detalle estadístico: es la distancia entre el anuncio y la comprobación.
Lo que sí está verificado
Conviene atenerse a lo confirmado. Según el Foro Penal, desde el 8 de enero y hasta mediados de junio se excarcelaron 894 presos políticos, una cifra significativa que la organización reconoce como un avance real. Pero el mismo Foro Penal advierte que el proceso no redujo de manera proporcional el total: a comienzos de junio seguía contando alrededor de 400 presos políticos, de los cuales varias decenas tienen doble nacionalidad.
Es decir, hubo liberaciones masivas y, al mismo tiempo, siguen quedando cientos de personas presas. Las dos cosas son ciertas a la vez. Por eso el proceso genera, en palabras de las propias organizaciones, «expectativas y cuestionamientos»: avanza, pero no termina, y avanza sin la transparencia que permitiría medir cuánto falta.
La transparencia como cuenta pendiente
El nudo del problema es la opacidad. El gobierno anuncia cifras globales pero no siempre publica las listas con los nombres de los excarcelados, lo que impide a las organizaciones verificar caso por caso y a las familias saber si su ser querido está en la lista. Esa falta de información alimenta la desconfianza y convierte cada anuncio en una incógnita: ¿quiénes salieron exactamente? ¿bajo qué condiciones? ¿quedaron en libertad plena o con medidas?
A esta semana, el contexto internacional sumó presión. La Secretaría General de la Organización de Estados Americanos emitió una declaración sobre la ampliación del espacio democrático en Cuba, Nicaragua y Venezuela, e instó a la liberación de los presos políticos en la región. La exigencia de transparencia ya no es solo de las ONG locales: es parte de la conversación hemisférica sobre la transición venezolana.
Por qué importa para el lector hispano
Para el venezolano en la diáspora, este baile de cifras tiene una lectura directa. Cada número que no se puede verificar es una familia que no sabe. Detrás de la diferencia entre los 500 que promete el gobierno y los que confirma el Foro Penal hay personas concretas, con nombre, que siguen presas o cuya situación nadie puede precisar. La estadística, aquí, es profundamente humana.
Y hay una lección sobre el carácter de la transición. Un proceso que libera presos pero no publica los nombres, que anuncia cifras que no se pueden comprobar, revela cómo entiende la rendición de cuentas. Mientras las excarcelaciones se midan en anuncios y no en listas verificables, la pregunta sobre cuántos siguen presos —y por qué— seguirá sin respuesta clara. Y esa, en una transición que se dice democrática, no es una cuenta menor.
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