Política
Colombia vota: tres candidatos, dos cambios y una herencia que pesa
El domingo 31 de mayo Colombia elige presidente. Iván Cepeda, candidato del oficialismo, lidera las encuestas pero no alcanza la mayoría absoluta. Abelardo de la Espriella, abogado de derecha, y Paloma Valencia, senadora uribista, disputan el segundo lugar. La elección redefine la relación con Trump, el rol regional ante Venezuela y el futuro de 2,8 millones de venezolanos. Lectura editorial.
Lo que se vota
Colombia vota presidente. Solo presidente. El Congreso fue renovado en marzo de 2026 con elecciones legislativas separadas. El domingo 31 de mayo los votantes encuentran un único tarjetón con catorce candidaturas inscritas y la casilla obligatoria de voto en blanco. La fórmula es presidente más vicepresidente; se vota a los dos al mismo tiempo.
Si nadie alcanza la mayoría absoluta del 50% más un voto, los dos candidatos con más votación pasan a la segunda vuelta del 21 de junio. Todas las encuestas indican que la segunda vuelta es segura. La verdadera incógnita es quién acompañará a Cepeda en el ballotage.
Los tres protagonistas
Iván Cepeda. Senador del Pacto Histórico, defensor de derechos humanos con trayectoria de cuatro décadas, candidato oficial de la coalición que llevó a Gustavo Petro al poder en 2022. Su padre, Manuel Cepeda, fue senador de la Unión Patriótica asesinado en 1994 dentro del exterminio sistemático del partido. La biografía de Cepeda es la biografía del costo humano de la guerra colombiana. Es de la izquierda institucionalizada, no insurgente. Lleva una propuesta de continuidad reformista: reforma agraria, paz total con grupos armados que aún operan, transición energética, política antinarcóticos de salud pública en vez de militarización.
Encuestas. CNC para Cambio (mayo 2026): 33,4%. Invamer Colombia Opina #21 (abril 2026): 44,6%. Las dos cifras coinciden en que lidera pero no alcanza primera vuelta.
Abelardo de la Espriella. Abogado penalista costeño, sin trayectoria política previa, descrito por la prensa internacional como «el Bukele colombiano» o «el Milei caribeño». Su candidatura representa lo que en Estados Unidos sería el populismo de derecha outsider: discurso anti-establishment, propuestas de mano dura contra criminalidad, modelo Bukele para cárceles, alineamiento explícito con la administración Trump. Subió rápido en encuestas durante el primer trimestre de 2026 hasta consolidarse como la opción más viable de la derecha. En la CNC de mayo registra 30,9%, técnicamente empatado con Cepeda. Ha prometido sumarse a la Americas Counter Cartel initiative de Trump y al Shield of the Americas.
Paloma Valencia. Senadora desde 2014, nieta del presidente conservador Guillermo León Valencia (1962-1966) e hija política de Álvaro Uribe. Ganó la Gran Consulta por Colombia, primaria interna del Centro Democrático y aliados de derecha tradicional, en marzo de 2026. Representa el uribismo institucional. Su propuesta de Plan Colombia 2.0 propone una arquitectura bilateral con Estados Unidos para combate al narcotráfico, modelada en el original de 1999. También ha planteado solicitar a Estados Unidos un crédito de 50 mil millones de dólares para refinanciar la deuda externa colombiana y participar como Colombia en la reconstrucción de Venezuela post-Maduro.
El telón de fondo
La elección ocurre con tres tensiones estructurales que la diáspora hispana en Estados Unidos lee con criterio propio.
Una. La relación Trump-Petro. El gobierno Petro ha mantenido relación tensa con la segunda administración Trump. Diferencias en política antidrogas, recortes en asistencia exterior estadounidense a Colombia, aranceles, y la firma del Plan de Cooperación de la Franja y la Ruta con China han contribuido al deterioro. El Congreso de Estados Unidos clasificó esa relación como «strained» en la nota de política exterior de mayo de 2026.
Un presidente Cepeda mantendría la línea Petro con probable continuidad de la fricción. Un presidente De la Espriella o Valencia significaría realineación inmediata con Washington. El Trump-team en política exterior latinoamericana lee esta elección como bisagra regional.
Dos. El factor Venezuela. La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 y la instalación del gobierno tutelado de Delcy Rodríguez introdujeron nueva variable. Colombia hospeda aproximadamente 2,8 millones de venezolanos, la mayor diáspora venezolana del mundo. La política migratoria colombiana, el tratamiento legal de la diáspora, las remesas que cruzan la frontera, y la posibilidad de retorno parcial de venezolanos al iniciarse la transición tutelada, son ahora asuntos políticos de primer orden. Cada candidato tiene posición distinta. Cepeda propone consolidar derechos y vías de regularización para los venezolanos en Colombia. De la Espriella y Valencia han hablado de control fronterizo más estricto y de Colombia como socio de la reconstrucción venezolana, no como puerto migratorio permanente.
Tres. La violencia política. La Misión de Observación Electoral colombiana documentó 565 actos de violencia política desde enero de 2025. El propio Cepeda ha denunciado amenazas a su campaña y a su seguridad personal. La sombra del magnicidio de Luis Carlos Galán en 1989, y la del exterminio de la Unión Patriótica de los noventa donde murió el padre de Cepeda, gravitan sobre cada movimiento de la campaña.
Lo que está en juego para los hispanos en Estados Unidos
Cuatro líneas de lectura.
Una. Política antinarcóticos y comunidad hispana fronteriza. La guerra antinarcóticos cinética de la administración Trump ha matado a más de 200 supuestos contrabandistas en operaciones marítimas en el Caribe y el Pacífico oriental. Un presidente colombiano alineado con Trump probablemente intensifique esa estrategia. Un presidente Cepeda probablemente intente reorientar hacia el modelo de salud pública. Para las comunidades hispanas en el sur de Texas, Florida y California que tienen vínculos familiares y comerciales con corredores antinarcóticos, la diferencia es operativa.
Dos. Diáspora venezolana en Estados Unidos. Aproximadamente 770 mil venezolanos residen en Estados Unidos. Muchos de ellos pasaron por Colombia antes de llegar. Otros tienen familiares todavía en Colombia. Las decisiones del próximo gobierno colombiano sobre regularización, ayuda humanitaria, frontera y reconstrucción venezolana afectan directamente la cadena migratoria que conecta Caracas, Bogotá, Ciudad de Panamá, Ciudad de México y las ciudades estadounidenses con presencia venezolana.
Tres. Comunidad colombiana en Estados Unidos. Más de 1,3 millones de colombianos viven en Estados Unidos. Florida, Nueva York, Nueva Jersey, Texas y California concentran la mayor parte. Los puestos de votación abren en consulados durante el domingo 31. La participación de la diáspora suele ser baja históricamente, pero su peso simbólico es alto: cada candidato necesita demostrar que tiene presencia en el voto exterior.
Cuatro. Comercio bilateral. Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Colombia. Los aranceles de la administración Trump han afectado exportaciones colombianas de café, flores, banano y servicios. Un nuevo presidente con relación diferente a Washington puede renegociar términos en un sentido o el otro. Para las cadenas de suministro que llegan a supermercados hispanos en Estados Unidos, los términos importan.
Lectura desde el archivo
La elección colombiana de 2026 ocurre en un cuadro regional distinto al de cualquier elección colombiana previa. Tres datos lo dicen.
Uno. Es la primera elección colombiana después de la captura de Maduro. Eso reorganiza completamente el papel geopolítico que Colombia juega en la región andina. Durante un cuarto de siglo, Colombia fue percibido como contrapeso al chavismo. Ese marco ya no aplica.
Dos. Es la primera elección colombiana de la segunda administración Trump. Los términos del proyecto regional estadounidense son explícitos: alineamiento con gobiernos amigos, presión sobre los no alineados, operaciones antinarcóticos sin contemplaciones. Colombia es el laboratorio donde esa estrategia se va a probar.
Tres. Es la primera elección colombiana de la era post-Petro vivida con voto duro. La izquierda colombiana institucional, con Cepeda al frente, tiene la oportunidad de demostrar que tiene piso electoral más allá del fenómeno Petro. Si no lo logra, la izquierda colombiana entra en período de reflujo prolongado, similar al que viven las izquierdas argentina y peruana.
Lo que viene
El domingo 31 de mayo cierran las mesas a las 16:00 hora colombiana. Los primeros boletines de la Registraduría Nacional empiezan a circular en las primeras horas de la noche. La cifra final del primer escrutinio suele estar disponible antes de la medianoche.
A partir del lunes 1 de junio empieza el período de campaña para la segunda vuelta. Tres semanas de negociación intensa de adhesiones, fracturas, alianzas, traiciones. La política colombiana se va a comprimir en ese período.
INCÍSOS va a cubrir las cifras del cierre del domingo y el reordenamiento de los días siguientes. La diáspora hispana en Estados Unidos —y especialmente la colombiana y la venezolana— tiene derecho a leer este proceso con todo el contexto necesario.
Alfredo Yánez
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España bicampeona del mundo: la paciencia como arma definitiva
España ganó la final del Mundial 2026 ante Argentina 1-0 en la prórroga. El gol de Ferran Torres en el minuto 106 selló la segunda estrella española, 16 años después de Sudáfrica 2010.
España es campeona del mundo por segunda vez en su historia, dieciséis años después de Sudáfrica 2010. El título llegó en la prórroga, con el marcador en cero durante hora y media larga, y con la frialdad de Ferran Torres para firmar el momento más importante del torneo.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | España ganó la final del Mundial 2026 ante Argentina 1-0 en la prórroga. |
| Quién | Ferran Torres marcó el gol decisivo en el minuto 106. Enzo Fernández fue expulsado en el 93′. |
| Cuándo | 19 de julio de 2026, prórroga (minuto 106). |
| Dónde | MetLife Stadium, East Rutherford, Nueva Jersey. |
| Por qué | España dominó con 20 remates frente a cero de Argentina; la expulsión de Fernández en el 93′ inclinó la balanza. |
| Cómo | Centro de Porro, dejada de cabeza de Nico Williams, definición de Torres. |
Tuvieron que pasar 106 minutos para que el cero se rompiera en el MetLife Stadium. El gol llegó tras un centro de Pedro Porro, un toque de cabeza atrás de Nico Williams, y una definición certera de Torres. Sangre fría, silencio, y después el estallido de una selección que había dominado durante dos horas sin encontrar el camino hasta ese instante preciso.
Los números son demoledores para una final: España acumuló 20 remates frente a cero de Argentina. El portero Emiliano «Dibu» Martínez atajó nueve. Lionel Messi estuvo desconectado del juego durante los 120 minutos. La Albiceleste no hizo un solo tiro al arco de Unai Simón.
La expulsión que inclinó la balanza
El punto de inflexión llegó antes de que empezara la prórroga. En el minuto 93, Enzo Fernández recibió la segunda amarilla por una dura entrada sobre Pau Cubarsí y fue expulsado. Argentina arrancó el tiempo extra con diez hombres. Lo que ya era difícil se volvió prácticamente imposible.
Hubo un momento de confusión antes del gol definitivo: Nico Williams adelantó a España en la prórroga, pero el árbitro anuló el tanto por una presunta falta de Mikel Merino que nadie más vio. España protestó. Y siguió jugando. Y encontró el camino igual.
Ferran Torres, el héroe inesperado
Ferran Torres no era el nombre que todos esperaban para escribir la historia. Pero con su gol en el minuto 106 —aprovechando la dejada de cabeza de Nico Williams tras el centro de Porro— firmó el tanto más valioso de su carrera y elevó su cuenta personal a 26 dianas internacionales con La Roja, colocándose en el top 10 histórico de goleadores de la selección española.
España consigue así su segunda estrella, dieciséis años después de la primera. Una generación construida por Luis de la Fuente —campeón desde sub-18 hasta la absoluta— que demostró en Nueva Jersey que las dinastías no se anuncian. Se construyen partido a partido, hasta que el minuto 106 de una final del mundo te da la razón.
España 1 – Argentina 0 (prórroga) · Gol: Ferran Torres (106′) · Expulsión: Enzo Fernández (93′) · MetLife Stadium, East Rutherford, NJ
Política
EE.UU. avala la negociación entre las dos asambleas venezolanas
Dos parlamentos que se desconocen mutuamente pactaron una agenda común con el aval de Washington. La gran ausente es la líder que la oposición había designado para negociar.
El Departamento de Estado respaldó una agenda conjunta entre la Asamblea electa en 2015 y el Parlamento controlado por el chavismo, que comenzará el 1 de agosto de 2026. Washington conduce el proceso. La oposición que ganó las urnas en 2024 quedó fuera de la mesa.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| **Qué** | La Asamblea de 2015 y la de 2025 anunciaron una agenda de trabajo conjunta para reforma electoral y garantías democráticas. |
| **Quién** | Dinorah Figuera por la Asamblea de 2015, Jorge Rodríguez por la de 2025, con aval del Departamento de Estado de EE.UU. |
| **Cuándo** | Anuncio el martes 14 de julio de 2026; el trabajo conjunto arranca el 1 de agosto de 2026. |
| **Dónde** | Caracas, con conducción política desde Washington. |
| **Por qué** | EE.UU. reconoce a la Cámara de 2015 como última instancia legislativa con legitimidad de origen y la usa como interlocutor de la transición. |
| **Cómo** | Mediante un panel negociador de 12 integrantes y una hoja de ruta que apunta a resultados iniciales hacia diciembre de 2026. |
Dos parlamentos que no se reconocen, una misma mesa
El martes 14 de julio de 2026, dos cuerpos legislativos que durante años se negaron legitimidad mutua anunciaron por separado el inicio de una agenda de trabajo conjunta. De un lado, la Asamblea Nacional electa en 2015, aquella en la que la oposición obtuvo mayoría y que el chavismo vació de competencias, hoy presidida en el exilio por Dinorah Figuera. Del otro, el Parlamento instalado en 2025 tras el proceso marcado por el fraude de 2024, presidido por Jorge Rodríguez, hermano de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. El trabajo conjunto arranca el 1 de agosto.
La agenda, según los comunicados, contempla la reconstrucción de las instituciones democráticas, el fortalecimiento del Consejo Nacional Electoral, el restablecimiento de garantías para la participación política y la protección de las libertades civiles. Es, en el lenguaje del plan de tres fases del secretario de Estado Marco Rubio, la antesala de la fase de transición.
El aval de Washington, por escrito
El respaldo estadounidense llegó formalizado. El 16 de julio de 2026, el Departamento de Estado emitió un comunicado en el que, por voz de su portavoz Tommy Pigott, acogió con beneplácito los anuncios y aplaudió el compromiso de fortalecer las instituciones democráticas y mejorar el sistema electoral. El texto sitúa el punto de partida en una reunión previa, del 18 de junio, entre representantes de ambas instancias.
Conviene precisar el estatuto de esa reunión y de la mesa que la sigue. No es un diálogo que la oposición venezolana haya diseñado y al que Washington se sume. Es un proceso que Washington conduce y cuya cara visible es Figuera. Esa distinción no es un matiz: define quién tiene la iniciativa y quién responde.
Un panel de doce y una fecha lejana
El equipo negociador del lado de la Asamblea de 2015 estará encabezado por Figuera junto a otros cinco diputados, dentro de un panel de doce integrantes que, según reportes de prensa, se completaría con cuadros técnicos de Primero Justicia, Voluntad Popular y Acción Democrática. Aquí conviene una advertencia: esa composición está en disputa. El secretario general de Acción Democrática sostiene que su partido no está representado en la mesa, lo que INCÍSOS aborda en pieza aparte. La distinción entre representación política y aporte de cuadros técnicos puede explicar la discrepancia, pero al cierre de esta nota no está zanjada.
Según ha adelantado Figuera, los primeros resultados deberían conocerse hacia diciembre de 2026, en una ruta que en última instancia conduciría a elecciones presidenciales al cierre del plan Rubio. Aquí aparece la crítica editorialmente válida a ese plan, la misma que INCÍSOS ha sostenido: la ausencia de fechas de cierre de fase. Una hoja de ruta sin plazos vinculantes puede convertirse en un proceso indefinido.
La ausencia que ordena el resto
El dato que reordena la lectura no es quién está en la mesa, sino quién no está. María Corina Machado, a quien los partidos de la Plataforma Unitaria habían designado a finales de abril, en el Manifiesto de Panamá, para liderar los contactos con el chavismo, quedó fuera del arreglo. Washington no comparte esa designación. El desplazamiento de la figura opositora con mayor respaldo popular hacia el margen del proceso es la tensión de fondo de toda esta arquitectura, y el tema de las piezas que acompañan a esta nota.
Fuentes: Comunicado del Departamento de Estado de EE.UU., 16 de julio de 2026 (Embajada de EE.UU. en Caracas).; Cobertura de Mundiario, Infobae, La Patilla y El Observador, 15-16 de julio de 2026.; Comparecencia del subsecretario adjunto Michael Kozak ante el Congreso, 14 de julio de 2026.
Política
Trump usa el fraude electoral venezolano como prueba en su discurso a la nación
Venezuela reapareció en el discurso presidencial estadounidense no como socio petrolero, sino como caso probatorio de un fraude que Washington ahora invoca para su propio debate electoral.
En un discurso dedicado a China y a la seguridad de las máquinas de votación, el presidente de Estados Unidos citó un supuesto reporte de inteligencia sobre el amaño digital de las elecciones venezolanas de 2020. La mención duró segundos. Sus implicaciones para el lector venezolano son mayores de lo que su brevedad sugiere.
| Pregunta | Respuesta |
|---|---|
| Qué | Trump citó un supuesto reporte de la CIA sobre el fraude electrónico del chavismo en 2020 como prueba de que las máquinas de votar pueden alterarse sin dejar rastro. |
| Quién | El presidente Donald Trump, la CIA según su cita, el usurpador Nicolás Maduro nombrado en el reporte, y los votantes hispanos en EE.UU. como audiencia. |
| Cuándo | Discurso a la nación del jueves 16 de julio de 2026, transmitido en horario estelar desde la Casa Blanca. |
| Dónde | East Room de la Casa Blanca, Washington D.C., con efecto sobre el debate electoral estadounidense. |
| Por qué | La afirmación convierte un caso venezolano en argumento de la política interna de EE.UU. y en respaldo a la reforma electoral que impulsa la Casa Blanca. |
| Cómo | Mediante la desclasificación de documentos presentados esa noche, sin verificación independiente hasta el cierre de esta nota. |
La mención que pocos verán
El jueves 16 de julio de 2026, el presidente Donald Trump se dirigió a la nación en horario estelar desde la East Room de la Casa Blanca. El eje anunciado era la integridad electoral, y el eje real terminó siendo China: la afirmación de que el Partido Comunista Chino se apropió de 220 millones de registros de votantes estadounidenses entre 2020 y 2023. En medio de esa acusación, y para sostener su tesis de que las máquinas de votación pueden manipularse sin dejar huella, el mandatario recurrió a un ejemplo que casi nadie fuera de la audiencia venezolana registrará como propio: Venezuela.
Trump sostuvo que la CIA obtuvo un reporte sobre un plan para amañar digitalmente las elecciones venezolanas de 2020 en favor del régimen. El pasaje ocupó menos de un minuto de un discurso de veinticinco. Para el lector estadounidense fue una nota de color dentro de un argumento sobre la Save America Act. Para el venezolano de la diáspora, fue algo distinto: su historia nacional, invocada como pieza probatoria en una disputa ajena.
Qué dijo exactamente, y qué no dijo
Según la transcripción íntegra del discurso, Trump afirmó que la CIA obtuvo reporte de un plan específico para inclinar el resultado en favor de «the corrupt Maduro regime» en Venezuela, y que el chavismo procedió a «amañar digitalmente sus propias elecciones de 2020». Describió métodos que, según su relato, permitían alterar los totales de votos «de forma que no podía detectarse ni con una auditoría, por profunda que fuera».
La cita se reproduce aquí con su formulación original porque su literalidad importa. Pero conviene precisar el estatuto de lo dicho: se trata de la caracterización que hizo el presidente de un documento que su propia administración desclasificó esa misma noche. No hay, hasta el cierre de esta nota, verificación independiente del contenido de ese reporte ni confirmación de la CIA fuera del acto presidencial. INCÍSOS lo consigna como lo que es: una afirmación atribuida, no un hecho establecido.
El petróleo, en una sola frase
La otra mención venezolana del discurso fue aún más breve. Al enumerar los logros de su política exterior, Trump dijo: «Ganamos en Venezuela, que ahora trabaja con nosotros para producir millones y millones de barriles de petróleo».
Vale la pena detenerse en esa economía de palabras. Hace seis meses, la captura del usurpador Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 ocupó una conferencia de prensa entera y dominó la cobertura mundial durante días. La reapertura petrolera, la relación con la presidenta encargada Delcy Rodríguez y el plan de tres fases presentado por el secretario de Estado ante el Congreso el 7 de enero fueron, durante meses, materia de horario estelar. Esa etapa quedó atrás. En el discurso del 16 de julio, todo ese proceso cupo en catorce palabras. La diplomacia del petróleo se ha vuelto rutina, y la rutina no se anuncia.
Una prueba sin verificación independiente
El uso probatorio del caso venezolano tiene una función precisa dentro del discurso. Trump necesitaba demostrar que la manipulación electrónica de votos no es una hipótesis, sino algo que ya ocurrió en el mundo real. Venezuela le sirvió de precedente: si allá se pudo alterar totales sin que una auditoría lo detectara, entonces —según su razonamiento— el sistema estadounidense es igualmente vulnerable y la reforma que impulsa resulta urgente.
El problema del razonamiento no es venezolano, es metodológico. La denuncia de que el chavismo manipuló procesos electorales está ampliamente documentada por la oposición y por observadores durante años, en particular alrededor de la elección presidencial del 28 de julio de 2024, cuyas actas el usurpador nunca exhibió mesa por mesa. Pero el reporte que Trump citó se refiere a 2020 y a un método técnico específico, y de ese reporte solo se conoce la descripción que hizo el presidente. Presentar esa descripción como confirmación de la vulnerabilidad de las máquinas estadounidenses exige un salto que la evidencia pública, por ahora, no acompaña.
Para quién es útil esta afirmación
La instrumentalización tiene destinatario. El discurso cerró con un llamado explícito: que los ciudadanos telefoneen a sus representantes para exigir la aprobación de la Save America Act, la ley que impondría prueba de ciudadanía para registrarse y restringiría el voto por correo. El caso venezolano no estaba allí para informar sobre Venezuela. Estaba para reforzar una agenda legislativa estadounidense.
Para la comunidad venezolana en Estados Unidos, esto plantea una tensión incómoda. La denuncia del fraude chavista es una causa propia, sostenida durante años a un costo altísimo. Verla convertida en munición de un debate partidista estadounidense —junto a una acusación mucho más frágil sobre China y máquinas de votar— no la fortalece: la diluye. Una causa que fue reclamo de derechos humanos corre el riesgo de quedar reducida a analogía retórica.
Lo que el lector venezolano ya sabía
Hay algo que Trump presentó como revelación y que para el venezolano no lo es. Que el chavismo manipuló elecciones no es inteligencia desclasificada: es experiencia vivida. La novedad, si la hubiera, estaría en el método técnico preciso que describe el supuesto reporte de la CIA, y ese método aún no puede examinarse.
El valor de la noche, para quien mira desde la diáspora, no está en lo que el discurso reveló sobre Venezuela. Está en lo que reveló sobre el lugar que Venezuela ocupa hoy en la conversación estadounidense: ya no es la operación militar de portada ni el gran socio energético celebrado en cada cumbre. Es un ejemplo de utilería, invocado por segundos, para un argumento que no es el suyo. Ese desplazamiento —de protagonista a nota al pie— es, en sí mismo, la información.
Fuentes: Transcripción íntegra del discurso a la nación de Donald Trump, 16 de julio de 2026 (Casa Blanca / registro audiovisual). Cobertura en vivo de CNN, CBS News y AP del 16 de julio de 2026. whitehouse.gov (documentos desclasificados anunciados en el discurso, pendientes de análisis).
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